Mostrando entradas con la etiqueta meditación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta meditación. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de diciembre de 2014

Meditando en el cielo y la vacuidad

.
De Transforma tu vida. Un viaje gozoso de Geshe Kelsang Gyatso
(Segunda parte: Progreso. Capítulo 9: La Verdad última)

En cierta ocasión, Milarepa impartió enseñanzas sobre la vacuidad a una mujer comparando la verdad última con el cielo y las verdades convencionales con las nubes, y le dijo que meditase en el cielo. La mujer siguió sus instrucciones, pero le surgió un problema: cuando meditaba en el cielo de la vacuidad, todo desaparecía y no podía establecer la existencia convencional de los fenómenos.

Entonces, le dijo a Milarepa "Me resulta fácil meditar en el cielo, pero no consigo establecer las nubes, enséñame a meditar en ellas”.

Milarepa respondió “si puedes meditar en el cielo de manera correcta, las nubes no serán un problema, puesto que estas simplemente aparecen en el cielo, de el surgen y en él se disuelven. A medida que mejores tu experiencia del cielo, irás comprendiendo las nubes de manera natural".
.

domingo, 27 de julio de 2014

Como calentarse sin fuego entre las nieves

.
 De Magos y místicos del Tíbet de Alexandra David Néel
(Capítulo 6: Entrenamiento psíquico)

Pasar el invierno en una cueva, situada a veces entre 4.000 y 5.000 metros de altitud, con un vestido ligero o desnudo, y no perecer helado, es un problema complicado. No obstante, numerosos ermitaños tibetanos lo han resuelto, y se atribuye su resistencia al hecho de que poseen el medio de estimular el calor interno, denominado tumo. La palabra tumo (escrito glumo) significa calor, pero  no se emplea en el lenguaje corriente para designar el calor ordinario. Es una palabra técnica de la terminología mística, y los efectos del calor misterioso llamado así, no se limitan a calentar el cuerpo de los ascetas capaces de engendrarlo.

Los adeptos de las ciencias secretas tibetanas distinguen diferentes especies de tumo.

Tumo exotérico, que surge espontáneamente durante ciertos éxtasis y gradualmente envuelve al místico en el «suave y abrigado manto de los dioses».

Tumo esotérico, que acabamos de mencionar, y asegura el bienestar de los ermitaños de las montañas nevadas.

Tumo místico, que no puede pretender más que un parentesco muy distante con la idea de calor, porque se describe como haciendo sentir
en este mundo las «delicias paradisíacas».

En la enseñanza secreta, tumo es también el fuego sutil que da calor al fluido generativo y hace subir la energía latente en él a lo largo de los canales filiformes de los tsas1 hasta la cabeza, dando, en vez del placer carnal, delicias intelectuales y espirituales.

La superstición y nociones fisiológicas extravagantes han creado historias extraordinarias sobre este asunto. Me aventuro a resumir una de ellas:

El célebre asceta Restchunga, atormentado por el deseo de ser erudito, abandonó a su maestro Milarepa, contra la voluntad de éste, para ir a estudiar literatura y filosofía a Lasa.

Por su desobediencia, le fueron las cosas mal, al menos desde el punto de vista religioso.

Un hombre rico se entusiasmó con su erudición y con los poderes mágicos que ya poseía y le acosó para que se convirtiese  en su heredero, casándole con su única hija. Esto hechos ocurrían antes de la reforma de Tong Khapa, cuando todos los lamas tenían libertad para casarse. La muchacha, que en nada participaba de la admiración de su padre por Restchungpa, tuvo que aceptar el marido impuesto, pero le hizo la vida dura, y el pobre marido se arrepintió bien pronto de haber dejado a su maestro y de haber cedido al atractivo de la opulencia.

Su dulzura no desarmó el rencor de su mujer, que llegó un día a darle una puñalada. Y he aquí el prodigio: en lugar de sangre, fue esperma que manó de la herida. Por la práctica del tumo, me dijo muy convencido el lama que me contaba la historia, el cuerpo de Restchungpa se había llenado por completo de simiente de vida. En verdad, debo decir que otro lama se burló de su inocente colega, y me explicó la cosa del siguiente modo: es exacto que con la práctica de cierto género de tumo se llena el cuerpo de fuerza generadora que hace al individuo capaz de reacciones psíquicas, pero es una sutil e invisible energía y no una sustancia corpórea.

De todos modos, sólo un pequeño número de lamas, aun en los medios místicos, se familiariza con todas estas categorías de tumo, mientras que los efectos maravillosos del tumo que calienta y mantiene vivos a los ermitaños que invernan en las nieves de las elevadas soledades es conocido de todos los tibetanos. No se desprende de esto que el conocimiento de los medios para que este calor se produzca esté muy extendido; al contrario, el procedimiento se mantiene secreto entre los lamas que lo enseñan, y éstos no dejan de afirmar que los informes adquiridos por lo que se oye o por la lectura de los libros no llevan a ningún resultado práctico. Son necesarias las lecciones personales de un guía que sea experto en tumo.

Además, sólo los calificados para emprender el aprendizaje pueden tener esperanza de alcanzar los frutos. Las condiciones más  importantes son ser ya hábil en la práctica de distintos ejercicios respiratorios, ser capaz de una concentración intensa, que llega hasta el trance en que los pensamientos se objetivan, y haber recibido la iniciación especial de tumo de algún lama que tenga poder para conferirlo.

Un largo período de prueba precede siempre a la iniciación. Me ha parecido que la primera tiene, entre otros fines, el de permitir que el maestro esté seguro de que el aspirante es de constitución robusta. Por mucha confianza que me inspire el sistema de tumo, dudo que puedan practicarlo los delicados del pulmón.

No sé si cediendo a mis vivas instancias, y acortando el período de espera, el venerable lama a quien importunaba con mis demandadas trató de liberarse de mí definitivamente: el caso es que me dijo que fuese a un lugar desierto y me bañase en un río helado, y que luego, sin secarme ni vestirme, pasase la noche inmóvil, meditando. Era el comienzo del invierno y la altura del sitio debía de llegar a unos 3,000 metros. Me sentí orgullosísima de no haberme acatarrado.

Pese a que no lo deseaba, luego sufrí otro baño semejante, esta vez al tropezar y caer en el Mekong, que cruzaba a pie, no lejos de Rakchi, al norte del Tíbet. Al llegar a la orilla, la ropa se heló sobre mi cuerpo... No tenía con qué cambiarme.
Se comprende que los tibetanos, muy expuestos a los accidentes por un clima riguroso, estimen mucho un arte que trata de protegerlos. Una vez iniciados, hay que  renunciar a las prendas de lana y no acercarse nunca al fuego.
Después de haberse ejercitado durante algún tiempo bajo la dirección atenta de su maestro, el novicio se dirige a un sitio apartado, completamente solitario y alto.
En el Tíbet, el calificativo de altura no se aplica más que a los lugares que rebasan los 4.000 metros de altitud.

Según los respas2, no hay que ejercitarse nunca en producir tumo en el interior de la casa ni en una aglomeración de habitaciones, porque el aire viciado por el humo,
los olores y otras causas ocultas contraría los esfuerzos del discípulo y puede perjudicar seriamente su salud.
Una vez instalado en lugar conveniente, el aspirante a respas no puede ver a nadie, salvo a su gurú, que viene de vez en cuando para enterarse de sus progresos o que él va a visitar a su ermita.

El iniciado debe practicar todos os días antes del alba y terminar el ejercicio relativo a tumo antes de la salida del sol, porque otras prácticas le reclaman, generalmente, en aquel momento. Por eso, cuando sale de su choza o de su caverna falta aún mucho para que termine la noche. Ha de estar completamente desnudo o sólo con un vestido de algodón muy fino, por baja que sea la temperatura.

Los debutantes pueden sentarse sobre un pedazo de alfombra o sobre una madera. Los discípulos avanzados se sientan en el suelo desnudo, y si tienen mayor grado de capacidad, en la nieve, en el cielo de un río helado, etcétera. Hay que hacer este ejercicio en ayunas; toda case de bebidas, especialmente las calientes, están prohibidas antes de haberlo terminado.
Se permiten dos posturas. Ya sea la postura habitual de la meditación, con las piernas cruzadas, o sentado al estilo occidental, con cada mano colocada sobre la rodilla correspondiente, el dedo pulgar, el índice y el meñique extendidos y el corazón y el anular doblados bajo la palma de la mano.


Como preludio, hay varios ejercicios de respiración. Uno de sus fines es que pase libremente el aire por la nariz.
Después, el orgullo, la cólera, el odio, la codicia, la pereza y a estupidez se rechazan mentalmente con la espiración.
Con la inspiración se atrae y se asimila la bendición de los santos, el espíritu de Buda, las cinco sabidurías, todo cuanto es noble y bueno en el mundo.

Recogiéndose un rato, hay que rechazar todas las preocupaciones, las reflexiones, y después de abismarse en una calma profunda, hay que imaginarse en el cuerpo, a la altura del ombligo, un loto de oro en el cual está de pie, brillante como el sol, o siendo ella misma un sol, la sílaba ram. Sobre ésta, a sílaba ma, de la que sale la diosa Dordji Naldjorma.

Entre sílabas místicas, que se llaman simientes, no deben considerarse como simples caracteres de escritura que representan simbólicamente diferentes cosas, sino como seres vivientes mantenidos en pie y con facultad de movimientos.
Por ejemplo, ram no es un nombre místico del fuego, sino la simiente del fuego.

Los hindúes dan gran importancia a la pronunciación de estas palabras simientes. Creen que su poder reside en el sonido, que es creador.

En el Tíbet se emplean sobre todo estas palabras como formas esquemáticas de los elementos, de las deidades, etcétera. Sin embargo,  ciertos ocultistas admiten que pueden ser utilizadas también en su calidad de simiente. Pero según ellos, el procedimiento no es emitir un sonido a pronunciarlas. Consiste en emplear la imagen subjetiva de la sílaba. De este modo, siendo ram la simiente del fuego, el mago instruido en este arte puede, por medio de la imagen subjetiva de esa palabra, prender fuego a cualquier cosa y hasta producir llamas sin combustible aparente. Esa es la teoría que tienen.

En cuanto se imagina a Dordji Naldjorma surgiendo de la sílaba ma, hay que identificarse con ella. Se contempla después de la letra A en el sitio del ombligo y la letra Ha3 encima de la cabeza. Inspiraciones lentas y profundas obran como fuelle y reaniman un fuego que dormía bajo la ceniza. Éste reside en A, tiene forma de bola diminuta4. Cada inspiración produce la sensación de una bocanada de aire que penetra en el vientre en el unto en que se encuentra el ombligo, y reanima el fuego. Luego, a cada inspiración profunda sucede la retención de fuego, cuyo grado aumenta paulatinamente.

El pensamiento sigue al despertar del fuego subiendo or la vena uma, que se eleva en el centro del cuerpo.

Los tibetanos han copiado de los hindúes las tres venas místicas que desempeñan un gran papel en el adiestramiento psíquico de los yoguinis.
Las llamadas venas no son consideradas como venas verdaderas que contienen sangre, sino como nervios extremadamente tenues que sirven de hilos conductores de corrientes de energía. Existen muchas otras fuera de las tres principales, que los tibetanos denominan roma, uma y kyangma.

Los místicos avanzados consideran esta especie de red sin realidad física. Según ellos, es una representación imaginaria y ficticia de las corrientes de fuerza.

El ejercicio comprende diez partes o fases, que se suceden sin interrupción. Las visiones subjetivas y las sensaciones que las acompañan se encadenan por una serie de modificaciones graduales. Las inspiraciones, la retención de la respiración y las espiraciones continúan rítmicamente, y se repite sin cesar una fórmula mística.

El espíritu debe permanecer concentrado totalmente sobre la visión del fuego y la sensación de calor que sigue a ella, con exclusión de cualquier otro pensamiento o imagen mental.

Las diez etapas pueden describirse brevemente de este modo:

1.° Hay que imaginar la vena central uma y verla subjetivamente del grueso de un hilo o de un cabello. Está llena de la llama ascendente y la atraviesa la corriente
de aire que produce la respiración.
2.° La vena se convierte en el tamaño de dedo meñique.
3.° Se convierte en el tamaño del brazo.
4.° Llena el cuerpo entero, o más bien el cuerpo es ya una especie de tubo que contiene fuego.
5.° Ya no se siente el cuero. La vena, terriblemente aumentada, engloba el universo entero, y el naldjorpa entra en estado de  éxtasis y se siente convertido en llama azotada por el viento, entre las olas ardientes de un océano de fuego.

Los que se inician y aún no tienen el hábito de meditaciones prolongadas, efectúan las cinco etapas con mayor rapidez que los discípulos más adelantados, que se estacionan en cada una de ellas, sumidos en la contemplación. No obstante, aun el más rápido emplea, por lo menos una hora en llegar a la quinta

Las visiones subjetivas se repiten después en sentido inverso.

6.°La tempestad se desencadena, las olas de fuego son menos altas y menos agitadas, el océano se retrae y el cuerpo lo absorbe.
7.°La vena sólo tiene ya la dimensión del brazo.
8.°Es del tamaño del dedo meñique.
9.°Es fina como un cabello.
10.°Desaparece. Ya no se advierte el fuego ni las demás formas o imágenes. Las ideas que se refieren a un objeto cualquiera desaparecen también. El espíritu se abisma en el gran vacío en que la dualidad del que percibe y el objeto percibido no existe ya.

Este trance dura más o menos, según el grado de desarrollo espiritual y psíquico que tenga el naldjorpa.

El ejercicio con las cinco últimas etapas, o sin ellas, puede repetirse varias veces durante el día, o en cualquier momento, cuando se sufre de frío; pero el aprendizaje propiamente dicho lo constituye el ejercicio matutino.

Milarepa recurrió a la práctica del tumo cuando se encontró inopinadamente prisionero en una cueva de Latchi Khang (Monte Everest) por un alud de nieve, y tuvo que permanecer allí, sin suficientes víveres, hasta la primavera siguiente. Esta aventura le dio tema para un poema, famoso en el Tíbet. Cito una parte, en traducción libre:


Hastiado de la vida del mundo,
del Latchi Khang en las pendientes busqué la soledad.
Los cielos y la tierra celebrando consejo
mandaron la tormenta como su mensajero.
Los elementos de agua y viento, asociados
a hoscas nubes del sur,
a la Luna y al Sol aprisionaron.
Soplando las pequeñas estrellas, las barrieron del cielo
envolviendo en sudario de niebla a las mayores.
Nevó entonces, seguido, nueve días y noches;
eran los grandes copos espesos como copos de lana;
descendían volando como pájaros.
Los pequeños tenían el tamaño de guisantes y granos de mostaza;
descendían rodando en torbellino.
Sobrepujaba la inmensidad de nieve a toda descripción.
En la altura cubrían la cresta de los heleros;
enterraban, abajo, los árboles del bosque hasta la cima.
Los negros montes parecían blanqueados con cal.
La helada alisaba los lagos de olas enfurecidas,
cubriendo el hielo los riachuelos de azuladas aguas.
Semejaban un llano, nivelados, los valles y la altura.
Los hombres, prisioneros en la aldea.
Los animales domésticos padecían hambre
y ayunaban los pajarillos y las fieras.
Cual tesoros, los ratones y ratas yacían bajo tierra
por la ferocidad de la tormenta.
De una parte la nieve, el huracán de invierno y mi liviano traje
en la montaña alba libraron combate.
Al tiempo que caía convertida en arroyo me anegaba la nieve;
dentro de su recinto de fuego ardiente
donde la tempestad rugiendo se estrellaba.
Vióse allí al luchador en guerra a vida o muerte;
mas a los ermitaños legué con mi triungo
ejemplo que demuestra la gran virtud del tumo.

Milarepa describe sus impresiones como poeta, pero no son excepcionales. Muchos anacoretas tibetanos pasan los inviernos en sitios iguales a los que describe, con la diferencia, ciertamente considerable, de que él se encontró de repente cogido entre las nieves sin provisiones suficientes y en un sitio falto de abrigo.


...........................................................................................

1.- Tsa (escrito rtsa) significa vena, arteria y nervio.
2.- «Que se viste de algodón» : ras. Así llaman a los expertos en el arte de producir tumo.
3.- Ha es una de las etras del alfabeto tibetano.
4.- La comparación tibetana es: «Redonda como rima (deyección de cabra) y de su tamaño».

...........................................................................................
.

domingo, 16 de junio de 2013

Concentración y meditación en las Artes Marciales

.
La concentración y la meditación son actos inseparables unidos a las prácticas tradicionales de Artes Marciales, sin embargo muy pocos son los que comprenden el sentido y la necesidad de su práctica.

Neófitos (¡y no tan neófitos! se preguntan por la razón de ser de las meditaciones durante las clases. Como siempre repiten la acción que ven realizar al Maestro, pero como éste realmente no hace nada visible, se encuentran desconcertados ante un inquietante silencio, ante una inexplicada situación en la que no hay indicaciones. ¿Es ésta una pérdida de tiempo? ¿Qué se supone que debemos  hacer durante esos momentos? ¿En qué debemos pensar? ¿Qué sentido tienen tales prácticas? A éstas y otras preguntas espero poder responderos en este artículo.

Artículo de Alfredo Tucci
(De la revista Cinturón Negro, Año XVII, No. 182)

.................................................................................................................

Las meditaciones frecuentemente tienen lugar al final y al comienzo de las aulas. Sin embargo, el propio hecho de llegar al Dojo, liberarse de los ropajes cotidianos para enfundarnos nuestro Guidobok o lo que toque, colocarnos nuestro cinturón, es en sí mismo un acto de preparación para adaptar nuestra mente a ese otro espacio-tiempo que conforma nuestra práctica en el Do-jo (El lugar del despertar).

La meditación y los saludos iniciales son un paso más en el citado proceso. Incluso en su práctica exclusivamente formal dichas ceremonias facilitan el tránsito del ajetreado día a día, hasta una actitud distinta, donde los valores, los tiempos y hasta la medida de nuestro esfuerzo son muy diferentes. Aquí el dinero no manda, manda el Maestro; nuestro tiempo no nos pertenece, es en lo cotidiano, adquiere ahora un protagonismo distinto, se hace presente y llama a la mente y a las emociones a participar del esfuerzo. Un esfuerzo que no se realiza para conseguir ni dinero, ni objetos, ni sexo; un esfuerzo que sólo nos traerá un regalo: la autosuperación. Tal cambio no es baladí y requiere de un proceso de adaptación, de una especie de "cámara hiperbárica" del ánima para que ésta no "estalle" en la transición.

El Dojo tradicionalmente era un lugar sagrado. En realidad el Dojo es la expresión externa de un estado interior que debemos adquirir parando nuestro mundo, deteniendo el diálogo interno. Lo que hace sagrado al Dojo es penetrar nosotros mismos en un estado sagrado a través del abandono de nuestro pensamiento cotidiano, de nuestras inquietudes, molestias, obsesiones, del "run run" de nuestras tiranas mentes, siempre incapaces de parar de moverse de aquí para allá. Consciente de estos matices los Maestros antiguos dispusieron un ceremonial que nos emplazará a realizar el cambio para así obtener toda la atención de sus adeptos durante el aprendizaje.

Los verdaderos Maestros orientales enseñan mucho más desde el silencio que los occidentales. Esto se debe a dos razones. La primera que la cultura oriental es  mucho más contenida y la segunda que el objeto de su enseñanza frecuentemente no se concentra en lo visible. En tal marco la razón no es una herramienta práctica, antes bien suele ser un estorbo para la evolución del neófito. Los occidentales verbalizamos todo sin parar y así no paramos nunca nuestra mente. El silencio de la meditación puede llegar a ser algo más que inquietante para quién por primera vez se acerca a una clase tradicional. El silencio puede incluso angustiar, tal es la plenitud que rebasa los límites de nuestra capacidad.

La meditación es un acto de vaciamiento no de llenado. No se trata de pensar en esto o aquello, se trata de simplemente dejar de pensar. En un primer momento esto es algo inconcebible para cualquier persona sin experiencia. Han educado nuestras mentes desde nuestro nacimiento para ser una herramienta que hace continuamente cosas para conseguir cosas; no esperéis que cambiar esta rutina sea algo fácil.

La idea del vacío que todo contiene es un concepto muy oriental y procede de la filosofía Taoísta. Esencialmente acceder a ese vacío es entrar en contacto con lo primordial y eterno que hay en todas las cosas. Para ello debemos liberar la atención de las distracciones. Muchas escuelas han desarrollado para ello técnicas de concentración basadas en redirigir la atención al acto más esencial que realizamos automáticamente, al acto que nos permite vivir cada segundo, a la respiración. Dichas técnicas no son desdeñables y ayudarán al principiante a encontrar un apoyo inicial. No deja esto sin embargo de ser un hacer, cuando la esencia de la meditación es precisamente "no acción". Esta "no acción" debe ser sin embargo consciente. ¡No se trata de dormirse! Algo más que frecuente al comienzo si la práctica se alarga demasiado. "La acción de la no acción", el "wu-wei" de los chinos, se asemeja más a la observación desapegada de nosotros mismos.

No os opongáis al "run run" de vuestros pensamientos, cualquier esfuerzo en este sentido creará probablemente el efecto opuesto. Dejarlos volar y pasar frente a vosotros como si tal acto fuera una especie de voyerismo mental. No los detengáis pero tampoco os dejéis enganchar por ninguno en concreto; dejad que la mente salte de uno a otro, como un ruido de fondo mientras sentís como el aire entra y sale de los pulmones a través de la nariz. Ni siquiera os identifiquéis con el que respira, hacedlo con el aire, en cada aliento ir y venid con él, en el flujo y reflujo de la marea de la vida, más allá, donde sólo hay silencio y quietud.

Lo habitual en la meditación es practicarla en la postura del loto o del diamante (Seiza). Lo único indispensable es mantener la columna erguida y perpendicular al suelo. Si la espalda os molesta acudid a un osteópata, ¡al menos la meditación os habrá servido para daros cuenta de algo!

La idea de la posición para meditar es simplemente lograr el máximo de relajación posible. Adaptar el cuerpo a estas posturas a las que no estamos acostumbrados, puede llevar un tiempo. En Seiza los pies pueden molestar y si nuestra circulación no es buena podemos sentir hormigueo y hasta dolor o incomodidad. En el loto o medio loto pueden ser las rodillas las que se quejen o simplemente puede que no podamos ni siquiera hacerlos.

Una vez superados estos inconvenientes debemos en una primera fase practicar una relajación consciente, atendiendo por zonas a todo el cuerpo. Ayuda seguir algún tipo de orden para no dejarnos nada fuera del ejercicio. El objetivo es alcanzar un estado de ataraxia y relajación sin perder el tono y la atención. Los ojos entreabiertos o cerrados, según la escuela, deben "mirar sin ver".

Existen principalmente dos zonas donde podemos dirigir nuestra atención en esta primera fase, el hara, tándem, o la glándula pineal (tercer ojo). Los ojos en el primer caso miran al frente como a dos metros en el suelo por delante de nosotros. En la segunda se elevan cerrados hacia el entrecejo. 


La meditación Zen, que es la que se practica normalmente en los Dojos, pone su atención en el tándem, no en vano su objeto es prepararnos para una práctica en la que dicho punto suele ser el anclaje y partida de nuestra acción. Las manos reposan sobre los muslos sin llegar a descansar sobre el abdomen. Con las palmas hacia arriba, los dedos pulgares se tocan imperceptiblemente cerrando el circuito energético. "Ni valle ni montaña" reza el dicho Zen, los pulgares están extendidos y reposan sin dejar de tener tono.

Existen infinidad de técnicas de concentración y meditación pero no podemos olvidar nunca cual es el objetivo estratégico de su práctica. Perderse en los detalles técnicos es otra forma de "cosificar" y por lo tanto de perdernos de nuevo en las ramas que nos impiden ver el bosque.

Las Artes Marciales son meditación en movimiento, sin embargo al principio, y especialmente al final de las clases, una vez liberadas las tensiones y abiertos los canales energéticos, la ejecución de la meditación aporta al practicante una ocasión única para desacelerarse, templar y aquietar la agitación, tomar perspectiva, ralentizar el ritmo y acceder a un espacio de paz verdadera y perdurable.Ignorar en los entrenamientos, como vero que ocurre cada vez más en los gimnasios, esta
disciplina, es el resultado de la aceleración y la angustia que nos produce nuestra forma de vida moderna.

Aunque de forma imperceptible primero, el tiempo invertido en la meditación se devuelve con creces, favoreciendo el crecimiento y la asimilación de todas las bondades implícitas en la práctica marcial. Mejora la atención en las clases y cada vez más rápidamente podemos acceder a ese estado mental adecuado para atender a nuestro entrenamiento con los cinco sentidos.

La transición hacia un estado de consciencia alerta, pero templado, es un logro descomunal para un ser humano. Lo malo es que al llegar allí no te dan una medalla, un premio o algo que te puedas colgar, nada que te sirva para justificarte desde una perspectiva puramente pragmatista, ésa en la que hemos sido educados con fervor. Sin embargo los logros inmateriales de ese entrenamiento poseen una influencia mucho más honda en lo que nos importa en el mundo, en nuestro "bienestar". Pero ya se sabe, lo dice el refrán: "No hay atajo sin trabajo" y parece que la práctica de "lo inútil" puede paradójicamente convertirse en lo más útil.


Si las Artes Marciales no son una puerta hacia la transformación de la consciencia, quedarían reducidas a prácticas físicas de habilidades casi siempre inútiles, pues a la postre ¿cuántas veces nos toca pegarnos en la vida? Y sin embargo, cada día, cada segundo, no nos queda otra opción que "cohabitar" con ese tipo angustiado, estresado y frustrado, que tiene que pagar facturas, ganarse el afecto y el respeto de otros, cumplimentar sus necesidades, ¡y encima sabe que tiene fecha de caducidad!... ese tipo que vemos cada mañana cuando nos miramos al espejo. ¿No podríamos invertir un poco, unos minutos en él? ¡Al fin y al cabo no deja de ser un buen muchacho! al que todo se le complicó... ¡echémosle una cuerda!
.

lunes, 13 de mayo de 2013

Un hábil ilusionista

.
De Aprender a vivir, Aprender a morir de Ramiro Calle

Las películas superpuestas de la mente se suceden sin cesar y cada fotograma se superpo ne al otro distorsionándolo. Las memorias corrompen la percepción del presente y la empastan; se termina por creer las propias fantasmagorías mentales. Los pensamientos, como el más hábil de los ilusionistas, escamotean la realidad tal cual es y consiguen engañar a las personas. ¿Cómo salir de esa prisión particular?, solamente utilizando la primera herramienta: la atención. Esta es como la lámpara para un caminante en la oscuridad de la noche.

El hombre es la única criatura que puede ejercitar conscientemente su atención, pero no es la atención mecánica la que interesa trabajar, sino la atención consciente, plenamente ejercitada, capaz de percibir lo agradable y lo desagradable sin reaccionar neuróticamente, aprendiendo de lo grato y de lo ingrato por igual. Es la atención que percibe al desnudo, directa e inmediatamente, y que al hacerlo, como se abre al momento presente, olvida mucho de lo pasado. Es un olvido reconfortante que hace que la persona sienta haber abandonado un pesado fardo. Es la atención que está más allá de prejuicios porque se convierte en maestra de vida; aparece como hermosa y plena pero al mismo tiempo requiere un cultivo tenaz. No puede ser de otro modo porque solamente estando atento se aprende a estar atento.

A menudo es más importante desaprender que aprender; liberar que seguir acumulando. Sólo cuando los nubarrones se disipan, se presenta el sol en todo su esplendor.

El hábito proviene de una acción o reacción repetitiva que termina dejando un curso e imponiendo su presión. El hábito roba frescura y automatiza. La meditación es un método de desautomatización.
.

viernes, 26 de abril de 2013

Concentración

.
De Los Fundamentos de la Práctica de la Meditación de Ting Chen

Si haces converger a los rayos del sol usando una lupa, y enfocas el punto resultante de luz sobre una hoja de papel, puedes hacer fácilmente un fuego a través de él. Similarmente, cuando concentras tus pensamientos, eres potenciado de muchas formas. Un Budista laico, Yang Jen San, encontró una vez una copia del Sutra Surangama en una vieja librería. Se sintió muy regocijado. Era justo lo que había estado buscando. Se sentó y leyó y leyó en completa absorción, olvidando lo que lo rodeaba, hasta que alguien lo llamó. Súbitamente se dio cuenta de que ya estaba oscuro y que si quería seguir, debía encender una lámpara. Cosas maravillosas deben suceder en la concentración profunda, porque él había estado leyendo en la oscuridad! Un escritor muy famoso de la Dinastía Sung, Su Dong Pu, recordaba una experiencia similar en la que él estaba tan profundamente absorto pintando un cuadro que ya no era conciente de su persona ni de ninguna otra cosa. Es así, entonces, que cuando una aplicación de todo corazón es dirigida, todo el mundo queda de lado.

Mientras tu concentración se fortalece, tu respiración se hace más lenta y se vuelve sutil; zonas de tensión residual se relajan, quizás después de haber existido allí durante un largo tiempo, y no hay esfuerzo. Una sensación de bienestar y comodidad aparece. La concentración sostenida y relajada de este tipo fácilmente se vuelve meditación. Desplegándose naturalmente, si le es permitido continuar, mejora la salud y la vitalidad de uno, mientras emociones atrofiadas y sus concomitantes físicos dan lugar a la sanación. Los beneficios de mejoría de la salud de la meditación son ahora un tema de investigación, y numerosos médicos lo incluyen en el programa de recuperación de sus pacientes.

La mente de las personas comunes está en la confusión. Ellas son el producto de patrones profundamente arraigados de pensamiento resultante del karma acumulado desde tiempos inmemoriales, así como torturados por la ilusión del yo. Estar iluminado es estar libre de todo eso. La concentración ya reduce las confusiones al limitar la atención de uno a una sola cosa. A través de su práctica, la opinión aparente que tienes sobre tu ilusión del yo y de las cosas deja espacio hasta que hay meditación. Entonces, hay una ausencia de pensamientos y una ausencia de palabras. Entonces, sin la presión ni la fuerza de la ignorancia, toma lugar una muy profunda clase de sanación.
.

martes, 12 de marzo de 2013

Reconocimiento

.
De Cómo lograr el milagro de vivir despierto
De Thích Nhất Hạnh

Alguien podría preguntarse: ¿es la relajación la única meta de la meditación? De hecho la meta de la relajación va mucho más allá de todo eso. Aunque la relajación es el necesario punto de partida, una vez que se ha efectuado la relajación, ya es posible realizar un corazón tranquilo y una mente clara. Realizar esto es haber ido lejos en el sendero de la meditación.

Deberíamos recordar siempre que la atención sobre la meditación es un método maravilloso en toda ocasión, no solo para los principiantes. En el siglo tercero, el Maestro Zen Tang Hoi escribí”o en su comentario al Anapanasati Sutra: “La atención sobre la respiración es el gran vehículo del Buda para salvar a todos los seres atrapados en el ciclo de la vida y la muerte”. Medir, seguir y sustentar la respiración son los medios maravillosos para sustentar la propia mente.

Por descontado que para sustentar nuestra mente y calmar nuestro pensamiento, debemos también practicar la atención mental sobre nuestros sentimientos y percepciones. Para sujetar la mente, hay que practicar la atención sobre la mente. Hay que aprender a observar y reconocer la presencia de cada sentimiento y pensamiento que surja en nosotros. El Maestro Zen Thuong Chieu, casi al final de la dinastía Ly, escribió: “Si el practicante conoce bien su propia mente obtendrá resultados con poco esfuerzo. Pero si no sabe nada acerca de su propia mente, todos sus esfuerzos serán en vano”. Si quieres conocer tu propia mente, solo hay un camino: observar y reconocer todo lo que se relacione con ella. Esto debe hacerse en todo momento, no sólo durante la hora de meditación sino también en la vida diaria.

Durante la meditación pueden surgir varios sentimientos y pensamientos. Si no practicamos la atención sobre la respiración, estos pensamientos pronto nos apartarán de la atención mental. Pero la respiración no sólo es un medio para ahuyentar tales pensamientos y sentimientos. La respiración es el vehículo que une el cuerpo a la mente y abre las puertas de la sabiduría. Cuando surge un pensamiento o sentimiento, nuestra intención no debe ser ahuyentarlo, pues si continuamos concentrándonos en la respiración el sentimiento o pensamiento se aleja naturalmente de la mente. Y si nuestro comportamiento no debe ser ahuyentar, odiar, preocuparse o asustarse, ¿qué es exactamente lo que debemos hacer al respecto? Sencillamente, acusar su presencia. Por ejemplo, si surge un sentimiento de tristeza reconocer inmediatamente: “Acaba de surgir en mí un sentimiento de tristeza”. Si ese sentimiento continúa, seguir reconociendo “todavía hay en mí un sentimiento de tristeza. Si, por ejemplo, surge un pensamiento tal como “es tarde pero los vecinos están haciendo mucho ruido”, admitir que el pensamiento de que es tarde y los vecinos están haciendo mucho ruido ha aparecido. Y si el pensamiento se mantiene, seguir reconociéndolo. Y reconocer de la misma manera cualquier sentimiento o pensamiento que pueda surgir. Lo esencial es no permitir que surja algún sentimiento o pensamiento sin reconocerlo con atención mental, como el guardián de un palacio que se da cuenta de cada cara que pasa por el corredor.

Si no hay ningún sentimiento ni pensamiento, reconocerlo así. Esta práctica significa estar atento a los propios pensamientos y sentimientos. Practicando de esta manera pronto llegarás a sujetar tu mente. Se puede unir el método de la atención en la respiración con el de la atención en los sentimientos y pensamientos.
.

Compartir

 
Creative Commons License
This obra by Arturos (Basiliskus) is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 2.5 México License.
Based on a work at basiliskus.blogspot.com.