viernes, 26 de mayo de 2017

La abeja y la araña

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Cuento Kabbalista
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Hace muchos años había un conductor de carretas judío muy pobre. Trabajaba día y noche pero nunca pudo guardar un centavo. Ya no podía seguir viniendo a su casa y enfrentar a su mujer sin traer una moneda, por lo que decidió ir al Rebe en busca de ayuda. El consejo del Rebe fue: “Vuélvete un maguid” (Un maguid iba de pueblo en pueblo alentando a la gente a arrepentirse y esforzarse por seguir los senderos de la Torá).

"¡Rebe!", dijo shockeado el carretero, “¡¿cómo es posible que sea un maguid?!, ¡nunca he hablado en público y no se nada de nada!”. El Rebe le dijo: "aseméjate a la abeja y no a la araña. La araña guarda y guarda y se queda con todo para sí misma; pero la abeja recolecta y entrega todo a los demás”. El carretero siguió el consejo del Rebe, y en su trabajo comenzó a escuchar lo que la gente sabia decía, luego lo entregaba a los demás como maguid. Eventualmente tuvo éxito y pudo alimentar a su familia y educar a sus hijos en los caminos de la Torá.
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Jahahaiku =D (525)

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Y amanece
La luz celeste
se torna dorada
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lunes, 15 de mayo de 2017

Las doce flores de lino

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De Un Abrazo para el alma
de Rubén Armendáriz Ramírez
(Tercera sección: Trascendencia)

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Había una vez doce flores de lino muy hermosas y dichosas de ser lo que eran: disfutaban de estar al sol y alimentarse de agua. Pero un día llegaron unas tijeras haciendo este ruido: cric, crac, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó y cortaron las hermosas flores de lino. Pero las flores decían: "No, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía".

Entonces esas flores se convirtieron en doce metros de hermosa tela de lino muy fino y resistente. Pero de nueva cuenta aparecieron las tijeras, haciendo su sonido: cric, cract, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó. Y la tela decía: "No, no se ha acabado nada, falta lo más hermoso todavía"

La tela, entonces, se convirtió en doce camisas de lino. Doce hermosas camisas de lino que las portaban personas muy fina y muy elegantes, quienes iban a saborear deliciosas comidas; y las camisas se manchaban de exquisitos manjares, de vinos deliciosos, una y otra vez.

Pasó el tiempo y de nueva cuenta aparecieron las tijeras con su sonido: cric, crac, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó. Pero las camisas decían: "No, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía".

Las camisas fueron recicladas para hacer doce hermosos papeles de lino. Dichos papeles fueron a dar con un poeta maravilloso, uno que sabía expresarse bien y con gran emoción. Las ideas que el escritor plasmó entintaron todos los lienzos.

Los doce pliegos adquirieron fama y recorrieron el mundo. Después ocuparon un rincón distinguido de la biblioteca, pues la información que contenía resultaba valiosa para quien los leía.

Esa vez no aparecieron las tijeras, sino el desgaste, el polvo y las polillas que se comieron los doce hermosos pliegos.

Un día, el poeta los vio desgastados, viejos, acabados y, estando junto a la chimenea, los tiró a la leña y dijo: cric, crac, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó. Pero los pliegos decían: "no, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía".

Entonces se convirtieron en doce chispitas que se integraron al universo y todas juntas dijeron: "No, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía"
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"...(´_ゝ`)..."

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"...Llegas a un punto en que la decepción contigo mismo, se vuelve mucho más grande que la decepción que tus padres tienen de ti. No lo sé. Pero de vez en cuando, cuando haces algo bien, te premias...sólo que en una forma, en la que no pueda sentirme comprometido".

- John (Keanu Reeves)
Generation Um (2012)
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