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viernes, 10 de junio de 2016

Verdadero maestro, verdadero discípulo

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 De Los 120 mejores cuentos
de las tradiciones espirituales de oriente

de Ramiro Calle

Dos viajeros, uno que venía del norte y otro que venía del sur, se encontraron casualmente en un punto del sendero y decidieron continuar juntos para hacer más llevadero el camino. Uno de ellos preguntó al otro:

- ¿Hacia dónde te diriges?

- Voy a donde pueda encontrar un maestro, un auténtico maestro, llevo años de búsqueda incansable viajando por el mundo - contestó el hombre que venía del sur - pero no desespero, sé que encontrar un auténtico maestro es muy difícil, su aparición en el mundo es muy rara y por tanto la posibilidad de encontrarlo es también muy escasa.

- ¿Y qué harás cuando lo encuentres? - volvió a preguntar el compañero.

- ¡Oh, qué gran momento será ese! Me postraré a sus pies, mi corazón se estremecerá y mis ojos seguramente derramarán lágrimas. Dios quiera que algún día pueda vivir ese momento -contestó.

Pasaron las jornadas y ambos compartieron diversas vivencias cotidianas además de la comida de cada día y el fuego por las noches.

Una mañana, el hombre que venía del norte, dijo:

- Ha llegado el momento de separarnos, tú sigue tu camino, que yo seguiré el mío.

- ¿Adónde irás? - preguntó su compañero.

- Continuaré mi búsqueda.

- ¿Qué búsqueda?

- La de un auténtico discípulo. Encontrar una persona así en el mundo es algo extraordinariamente raro. Es verdaderamente raro que alguien sea capaz por sí mismo primero de reconocer a un auténtico maestro, y después de mostrar el comportamiento y
la actitud correctas que le permitan aprender.

Instantes después, el hombre que venía del sur, pudo ver como el Maestro de su época se alejaba por el camino.
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lunes, 9 de noviembre de 2015

Obsesionado

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(De Cuentos espirituales del Himalaya
de Ramiro Calle)

Era muy supersticioso. Un mago le echó el mal de ojo y estaba obsesionado porque algo muy grave le iba a suceder. Aunque todo el mundo le decía que eso eran pamplinas, él seguía muy preocupado por el mal que el brujo pudiera provocarle con sus maléficas potencias. Nadie lograba convencerle de lo contrario y se sentía muy desdichado. Entonces comenzó a sentirse muy mal físicamente y pensó que estaba comenzando a tener una enfermedad que acabaría por matarle.

Hundido en la desesperación, fue a visitar a un maestro de la mente y le contó lo sucedido. Luego le dijo:

- Ya estoy muy enfermo. No puedo respirar bien, me duelen todos los huesos y me falta la energía. Si no hay algún remedio, moriré.

- Bueno, bueno, no te preocupes, amigo mío. Por fortuna dispongo de una receta infalible - dijo el maestro -. Te voy a entregar una palabra muy sagrada que me transmitió mi maestro y que a él le transmitió el suyo. Ésta palabra todo lo puede. Es una fórmula sanadora. Personas mucho más graves y enfermas que tú se han salvado. El miso Dios entregó ésta palabra a un maestro de la antigüedad y se ha ido legando secreta y celosamente de maestro en maestro. Guárdala muy en secreto.

El mastro acercó sus labios a la oreja del obsesionado y le recitó la palabra.

- Vuelve dentro de un mes. Estarás libre del maleficio y te sentirás mejor que nunca.

 El hombre recitó todos los días la palabra, como se le había indicado. Cada vez se fue sintiendo mejor. Al mes, pletórico y lleno de vitalidad, regresó junto al maestro y le dijo:

- Jamás había sido tan feliz en mi vida. Me siento vital, alegre y con una gran fuerza. Estoy mucho mejor que antes del conjuro del mago. Soy un hombre nuevo. Pero, maestro, dime ¿Qué significa la palabra que me entregaste?


- No tiene el menor significado - rió el maestro -. Me la inventé sobre la marcha. Con una invención te quité otra invención. Mira, amigo, es como ese hombre que soñó que un temible león venía hacia él a devorarlo; pero en el suelo apareció un revólver y, cuando el león iba a saltarle encima para devorarlo, el hombre disparó y mató al león. O sea, que con un revólver ilusorio mató a un león ilusorio y se salvó.
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La mente genera sus creaciones y luego nos identifica con ellas y nos las hace ver como ciertas e incluso "razonables". Nadie es tan hábil en trucos y artimañanas como ese monstruo en el que puede convertirse la mente.
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sábado, 4 de enero de 2014

Un mundo ilusorio

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De Cincuenta cuentos para meditar y regalar
de Ramiro Calle

Era un maestro que predicaba la vacuidad e insustancialidad de todo lo fenoménico e insistía en que todo era ilusorio y en que había que contemplarlo todo como transitorio para desarrollar la visión correcta y el desapego. 
Un día unas fiebres malignas se llevaron a su único hijo. El maestro comenzó a llorar y sus lágrimas anegaron su sosegado rostro. Los discípulos le dijeron:  

- Venerable maestro, pero si siempre nos has dicho que el mundo era ilusorio.

- Y así es, queridos míos, pero ¡es tan doloroso perder un hijo ilusorio en un mundo ilusorio!
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Reflexión: Aún en un sueño se siente y experimenta. Hay placer y dolor, encuentro y desencuentro. Pero cuando uno despierta sabe que ha sido un sueño. La vida es muy efímera y en su sentido absoluto es ilusoria, pero en su sentido relativo es bien real.
Incluso los seres más elevados espiritualmente han sentido, con su carga de humanidad, una gran pena cuando un ser querido ha muerto, porque son ecuánimes, pero humanos y sensibles, aunque exentos de aferramiento y apego. El sabio Shankaracharya decía:  “Este mundo es como un sueño, colmado de amores y odios. En su dimensión brilla como una realidad, pero al despertar se transforma en irreal. Este mundo pasajero brilla como si fuera real, como la plata imaginada en una concha perlífera; es así en tanto no se conozca al Ser, que es la sustancia sin segundo de todo ”.
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miércoles, 5 de junio de 2013

El arroz despilfarrado

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 De 101 cuentos clásicos de la China recopilados por Chang Shiru y Ramiro Calle

 
La Dinastía Song tuvo dos capitales: primero la el Norte y después la del Sur. El traslado de la capital se debió fundamentalmente a las invasiones de los mongoles.
A pesar de la amenaza constante contra la inseguridad del imperio, tanto el emperador como los ministros se entregaban a un desmesurado despilfarro y ostentación.

Había un ministro corrupto llamado Wang Fu, quien, amparado por el favor monárquico, vivía con mucha opulencia. Mandó construir una majestuosa residencia que igualaba en lujo al Palacio Imperial. Trajeron hermosas piedras para adornar el precioso jardín privado, poblado de plantas exóticas. Todos los recintos de su residencia eran decorados con pinturas y caligrafías de firmas consagradas, y una cantidad de objetos de jade, oro y marfil, como testimonio de su perverso enriquecimiento durante los años en que ocupaba el cargo público.

En las tres suculentas comidas no faltaba nunca lo más delicioso del mar y lo más nutritivo de las montañas: aletas de tiburón, huevos de golondrina, holoturias, setas «cabeza de mono»,  manitas de oso pardo, y otras mil delicias vegetales y animales.

El arroz que acompañaba la exquisitez culinaria era de «perla», una especie muy apreciada ya que se trataba de tributos a la corte. Sus granos redondos lucían un color de marfil casi transparente.
Al final de cada banquete cotidiano, cubos enteros de «perla» se tiraban a un canal de desagüe que corría hacia un monasterio vecino. Un monje veía que todos los dlías las aguas del curso superior arrastraban kilos de arroz blanco. Indignado con tal despilfarro, recogía las «perlas» blancas con un colador, las lavaba con agua limpia y las ponía al sol para secarlas.

Cuando pasaba algún mendigo, le regalaba el arroz deshidratado que tenía almacenado. Así, al cabo de dos años, con el saldo que se quedaba tenía en su poder varias tinajas de «perlas» disecadas.

Cuando los mongoles sitiaron la capital del Norte, el emperador huyó hacia el sur, dejando en el trono decadente a su hijo que se proclamó nuevo monarca.
Las protestas contra la corrupción no se hicieron esperar. Para calmar el descontento general, el nuevo emperador mandó encarcelar a varios ministros corruptos, entre ellos el que tiraba las «perlas» blancas.

En la antigüedad, para alimentarse, los presos dependían de la comida que los amigos o parientes les enviaban a la cárcel. Pero ese ex-ministro corrupto no tenía a nadie que le enviara alimentos.
Al cabo de tres días el hambre lo corroía, drama que se enfatizaba con el contraste de los exquisitos platos que llenaron su mesa durante los días de lujo y poder. Cuando iba a desmayarse de hambre ,vino un monje desconocido que le dio un cuenco de arroz tostado, que le pareció un manjar. Después de terminar con el último grano de arroz, el preso le dijo lleno de gratitud:

- Usted me ha salvado la vida. Le estaré eternamente agradecido. Le suplico que no me abandone Que vuelva mañana con la misma delicia. Mil gracias, santo maestro que tiene un corazón de Buda de misericordia...

El monje le cortó secamente:

- ¿No sabe que este arroz que ha comido viene del canal de desagüe de su casa? En sus tiempos de opulencia no pensó jamás que la vida es una rueda. De la noche a la mañana se puede cambiar el destino. Del rey al plebeyo y de la riqueza a la miseria. Es la Rueda de la Ley Budista. A unos les quita y a otros les da. Hay que ser precavidos ante los cambios dramáticos.  Ayer podías tener mucho, y hoy puedes morir de hambre.
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jueves, 30 de mayo de 2013

Tantos pensamientos

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De Cuentos espirituales del himalaya de Ramiro Calle

El discípulo le comentó al maestro:

- Maestro, se me ocurren tantos pensamientos, ¡tantos pensamientos!

- Sí, no lo dudo - repuso adustamente el maestro -, pero en cambio, necio de ti, no se te pasa por la cabeza preguntarte a quién se le ocurren esos pensamientos.

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Es necesario aprender a desidentificarse de esos duendes que se mueven a su antojo por el escenario de luces y sombras de la mente y que son los pensamientos.
La indagación de ¿Quién soy yo? es excelente para frenar los pensamientos y para mirar en el espacio anterior de los mismos. Los pensamientos son el río,
pero lo escencial es encontrar el manantial.
 
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martes, 21 de mayo de 2013

El pintor

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De Cuentos espirituales del himalaya de Ramiro Calle


El monarca de un lejano reino de las montañas llamó al mejor pintor que existía y le preguntó:

- ¿Cuáles son las cosas más difíciles de pintar?

El pintor, sin dudado, aseveró:

- Los perros, los caballos y otras criaturas.

Extrañado, el rey preguntó:

- Entonces, ¿cuáles son las más fáciles?

- Los fantasmas, los monstruos y cosas similares - repuso el pintor, riendo.

Intrigado, el rey preguntó la causa y el artista repuso:

- No hay nadie que no sepa cómo es un perro o un caballo, pero en cambio nadie ha visto monstruos ni fantasmas, por lo que uno los puede representar como quiera.

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Es más fácil perderse en abstracciones metafísicas y especulaciones filosóficas que seguir el método para alcanzar la sabiduría. Del mismo modo, es más sencillo extraviarse en recuerdos y fantasías que afrontar ecuánimamente los hecho como son a cada momento. 
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lunes, 13 de mayo de 2013

Un hábil ilusionista

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De Aprender a vivir, Aprender a morir de Ramiro Calle

Las películas superpuestas de la mente se suceden sin cesar y cada fotograma se superpo ne al otro distorsionándolo. Las memorias corrompen la percepción del presente y la empastan; se termina por creer las propias fantasmagorías mentales. Los pensamientos, como el más hábil de los ilusionistas, escamotean la realidad tal cual es y consiguen engañar a las personas. ¿Cómo salir de esa prisión particular?, solamente utilizando la primera herramienta: la atención. Esta es como la lámpara para un caminante en la oscuridad de la noche.

El hombre es la única criatura que puede ejercitar conscientemente su atención, pero no es la atención mecánica la que interesa trabajar, sino la atención consciente, plenamente ejercitada, capaz de percibir lo agradable y lo desagradable sin reaccionar neuróticamente, aprendiendo de lo grato y de lo ingrato por igual. Es la atención que percibe al desnudo, directa e inmediatamente, y que al hacerlo, como se abre al momento presente, olvida mucho de lo pasado. Es un olvido reconfortante que hace que la persona sienta haber abandonado un pesado fardo. Es la atención que está más allá de prejuicios porque se convierte en maestra de vida; aparece como hermosa y plena pero al mismo tiempo requiere un cultivo tenaz. No puede ser de otro modo porque solamente estando atento se aprende a estar atento.

A menudo es más importante desaprender que aprender; liberar que seguir acumulando. Sólo cuando los nubarrones se disipan, se presenta el sol en todo su esplendor.

El hábito proviene de una acción o reacción repetitiva que termina dejando un curso e imponiendo su presión. El hábito roba frescura y automatiza. La meditación es un método de desautomatización.
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viernes, 5 de abril de 2013

La Actitud Interior

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 De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle

Eran dos grandes amigos. Trabajaban en un pueblo y decidieron ir a pasar unos días a la ciudad. Comenzaron a caminar y en una gran calle vieron un burdel que estaba frente a frente con un santuario. Uno de los amigos decidió pasar unas horas en el burdel, bebiendo y disfrutando de las bellas prostitutas, en tanto que el otro optó por pasar ese tiempo en el santuario, escuchando a un maestro que hablaba sobre la conquista interior.
Pasaron unos minutos, y entonces el amigo que estaba en el burdel comenzó a lamentar no estar escuchando al maestro en el santuario, en tanto que el otro amigo, por el contrario, en lugar de estar atento a las enseñanzas que estaba oyendo, estaba ensoñando con el burdel y reprochándose a sí mismo lo necio que había sido por no elegir la diversión. De este modo, el hombre que estaba en el burdel obtuvo los mismos méritos que si hubiera estado en el santuario, y el que estaba en el santuario acumuló tantos deméritos como si hubiera estado en el burdel.
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*El Maestro dice: Precediendo a los actos, está la actitud interior.
En la actitud interior comienza la cuenta de méritos y deméritos.

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martes, 6 de noviembre de 2012

Los monos


 De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle


Era un aspirante espiritual con mucha motivación, pero tenía una mente muy dispersa. Tuvo noticias de un sobresaliente mentor y no dudó en desplazarse hasta donde vivía y decirle:

- Respetado maestro, perdona que te moleste, pero mi gratitud sería enorme si pudieras proporcionarme un tema de meditación, puesto que tengo decidido retirarme al bosque durante unas semanas para meditar sin descanso.

- Me complace tu decisión. Ve al bosque y estáte contigo mismo. Puedes meditar en todo aquello que quieras, excepto en monos. Trae lo que quieras a tu mente, pero no pienses en monos.

El discípulo se sintió muy contento, diciendo: “!Qué fácil es el tema que me ha proporcionado el maestro!; sí, realmente sencillo”. Se retiró a un frondoso bosque y dispuso una cabaña para la meditación. Transcurrieron las semanas y el aspirante puso término al retiro. Regresó junto al mentor, y éste, nada más verlo, preguntó:

- ¿Qué tal te ha ido?

Apesadumbrado, el aspirante repuso:

- Ha sido agotador. Traté incansablemente de pensar en algo que no fuesen monos, pero los monos iban y venían por mi mente sin poderlo evitar. En realidad, llegó un momento en que sólo pensaba en monos.
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*El Maestro dice: La mente es amiga y enemiga; es una mala dueña, pero una buena aliada. Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la voluntad.
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lunes, 29 de octubre de 2012

La puerta


De Cuentos del Tíbet de Ramiro Calle

Un joven llegó hasta su casa y, al mirarse en los bolsillos, se dio cuenta que había perdido la llave de la puerta. Entonces empezó a preguntar a todos los viandantes si habían encontrado una llave. Nadie la había hallado. El hombre, muy desconsolado, comenzó a lamentarse en voz alta:
"¿Qué haré ? ¡ Pobre de mi ! No puedo entrar en mi casa. La puerta no se puede abrir.  ¿Hasta cuándo tendré que estar aquí esperando?"

Pasó otro joven por allí y escuchó los lamentos del muchacho. Se aproximó a él y colocó su mano franca sobre el hombre que se autocompadecía por su pérdida. Le dijo:
 
- Amigo, no te desanimes. ¿Por qué tanta amargura y desconsuelo? Tu puerta está cerrada, pero esta es tu puerta y es tu casa. Sé paciente. No te angusties, no te dejes ganar por la zozobra. Si sabes esperar, tu puerta se abrirá y podrás penetrar en tu acogedora casa. Paciencia, pues, amigo mío.

El joven que había perdido la llave, miró a los ojos de aquel desconocido. Era la mirada del que está solo, irremediablemente solo. En esos ojos insondables, había un destello de tristeza, sí, y de búsqueda sin encuentro, y del camino sin meta cercana, y de viaje sin término próximo. Y el desconocido agregó:

- Al menos tú, aunque cerrada, tienes una puerta y tienes una casa. ¡ Qué diera yo por tener una casa aunque su puerta estuviera cerrada! Tú amigo mío, no tienes llave porque la has perdido.
Yo no tengo ni llave, ni puerta ante la que detenerme, ni casa en la que refugiarme. Y sin embargo, espero sin impacientarme.
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* El Sabio declara: Si has encontrado tu vía, se paciente. Las puertas se cierran, pero esas mismas puertas se abren si eres paciente y perseveras en la búsqueda.
 
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lunes, 22 de octubre de 2012

La búsqueda que no cesaba


De Cuentos del Tíbet de Ramiro Calle

Era la suya una búsqueda larga e incansable, a pesar de ser todavía joven. Rastreaba la Verdad como el sabueso lo hace en búsqueda de alimento.

No cejaba en su empeño, pero ninguna enseñanza terminaba de satisfacerle.

No hallaba la paz interior que tan vivamente anhelaba. Era víctima de una insatisfacción profunda que le consumía y le atormentaba día a día.

Nada terminaba de satisfacerle. Se había abocado en la búsqueda espiritual y había consultado maestros, guías espirituales, eremitas y monjes.

También se había deleitado con los amargos placeres desenfrenados de la diversión, las aventuras más mundanas y los lujos de todo tipo.

Su insatisfacción iba en aumento. Buscaba por doquier, tanto en lo sagrado como en lo profano. Conocía todas las religiones y había disfrutado de viajes de ensueño y de aventuras de todo tipo.
La insatisfacción era como un fuego abrasador. La búsqueda no cesaba.

A pesar de su juventud, las canas de la zozobra habían hecho su aparición en sus cabellos; el brillo de sus ojos se había disipado para convertirse en una sombra de melancolía; nunca reía.Era la insatisfacción como un chacal mordiendo su corazón.

Entonces oyó hablar de un sabio que moraba en el Tíbet. ¿Por qué no ir a visitarle si disponía del tiempo y los medios para ello?
¡Pero tantos sabios, monjes, ermitaños y maestros había visitado ya...!

Como nada tenía que perder, el acaudalado joven decidió viajar hasta el país de las nieves. ¡Ya había hecho tantos viajes infructuosos!

Preguntó en pueblos y aldeas:
 
- Decidme, ¿ dónde puedo hallar a Tenzin, conocido como el sabio solitario?
 

Por fin encontró una indicación fiable y se dirigió hacia el lugar que le habían señalado.
En la empinada ladera de una montaña había una minúscula ermita donde el sabio habitaba. El joven trepó por la ladera y llegó hasta ella. La puerta estaba abierta y en su interior, en la semipenumbra, se divisaba la figura del sabio.

El insatisfecho buscador, sin decir palabra, se sentó a la puerta de la ermita. Transcurrieron los días y sus noches.Un día el sabio salió de la ermita y se sentó a su lado. y le dijo:
 
- Saber esperar es importante. La paciencia es importante. La búsqueda es importante.

- No hago otra cosa que buscar y estoy desesperado - confesó el joven.

- ¿Y en qué puedo ayudarte yo que no hago otra cosa que esperar pacientemente mi disolución y mi entrada en el vacío?

El joven comenzó a hablar de su búsqueda, sus viajes, aventuras y esfuerzos, y en suma, su inmensa y desbordante insatisfacción.

El sabio le escuchaba con atención. El cielo tenía un espléndido color turquesa y un riachuelo descendía por la vertiente, fluido y cantarín.

- Mi insatisfacción es cada día mayor -se lamentó el joven-. He adquirido enormes conocimientos metafísicos y místicos; he obtenido fabulosas sumas de dinero y he contado con los amigos mas leales y las mujeres mas hermosas; he recibido honores y privilegios; he probado innumerables diversiones y he conocido toda clase de personas, incluidas las mas famosas e influyentes. ¿Para qué?

Aparentemente nada me falta, pero en realidad nada tengo. No se qué puedo hacer.

- Eres un buscador - dijo el sabio - No me cabe duda de ello, pero no has sabido buscar. Te has sabido llenar de todo, pero has dejado vacío lo único importante: tu cuenco interior.

- ¿Mi cuenco interior? - preguntó extrañado el joven-. No tengo ni idea a qué te refieres.

-Pues entonces, escúchame bien. A los buscadores, es decir, a aquellos que tienen inquietudes espirituales, El Absoluto les pone un cuenco vacío en su interior. Este cuenco nunca puede llenarse con experiencias externas o conocimientos librescos o diversiones o logros exteriores.

No hay otro modo, créeme, para poder llenar este cuenco interno, que llenarlo de uno mismo: A través de la ética genuina, la meditación y el desarrollo. Mientras este cuenco interior no se colma, uno experimenta inevitablemente insatisfacción y desconsuelo.
Llénalo y te sentirás pleno de ti mismo.
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* En la voluntad de hacer y acumular no es posible hallar el verdadero reposo de la mente, sino en la experiencia de la mente iluminada.
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lunes, 15 de octubre de 2012

El ignorante


De Cuentos del Tíbet de Ramiro Calle


Un hombre de avanzada edad llamo a la puerta de un monasterio.
Aunque era analfabeto y muy ignorante, vibraba en el, el deseo de purificarse y encontrar la libertad interior. Solicitó humildemente que le aceptasen como novicio, pero los monjes y el abad del monasterio se dieron cuenta de que era analfabeto y de muy corto entendimiento intelectual.
  
Le consideraron totalmente incapacitado para leer las enseñanzas de Buda, recitar mantras o poder efectuar las ceremonias sagradas. Pero contemplaban en el anciano mucha motivación espiritual y un ardiente deseo por perfeccionarse. ¿Qué hacer, pues? No podía llevar a cabo ningún tipo de estudios, no entendería la escencia de los métodos meditacionales y ni siquiera comprendería el sentido de los rituales.

¿Qué hacer entonces? El abad y los monjes hablaron sobre el tema unos minutos y decidieron permitirle al hombre que se quedara en el monasterio. Pero, aunque fuere porque no se sintiera humillado, alguna ocupación había que asignarle. Le dieron una escoba y le dijeron que se encargara de mantener limpio el jardín del monasterio. 

Iban transcurriendo los meses y los años. El anciano se aplicaba con minuciosidad y esmero a su sencilla tarea. En los fríos amaneceres del país de las nieves, imperturbado y muy atento, el hombre barría con precisión el jardín. Ni un solo día falto a su deber. Y poco a poco los novicios, monjes y lamas comenzaron a darse cuenta de que el anciano había conseguido un notable y evidente avance espiritual, un gran progreso anímico.

Siempre era afectivo, nunca se inmutaba y era ecuánime en las palabras.Los monjes y lamas, extrañados, decidieron preguntar al barrendero que practicas o métodos especiales había desarrollado para conseguir un estado de mente tan lúcido, estable y ecuánime.

El anciano dijo:

- No, amigos, no he hecho nada especial, podéis creerme. Diariamente, con mucha atención, me he dedicado a limpiar el jardín. He puesto, eso si, mucho esmero y amor cada vez que barría la basura y limpiaba el jardín, pensaba que estaba barriendo la basura de mi corazón y limpiando mi espíritu. La verdad es que así, día a día, me he ido sintiendo mas sosegado, contento y lúcido.
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* Cuando la motivación y el anhleo espiritual son genuinos y van acompañados por la acción diestra, de desencadena la sabidruía liberadora.
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lunes, 24 de septiembre de 2012

La peregrinación al Kailash


De Cuentos Himalayosrecopilados por Ramiro Calle


Dos monjes se reunieron a conversar. El joven partía al día siguiente para efectuar una larga peregrinación por diversos lugares sagrados, incluido el Kailash, la sagrada morada de Shiva.

- También yo voy a hacer esa peregrinación - dijo el monje mayor - llevo mucho tiempo preparándome para ella, pero voy a partir en seguida para el monte Kailash. Así que ya nos contaremos nuestras impresiones y vivencias de la peregrinación cuando nos encontremos nuevamente.

- Claro que sí. Saldré al amanecer. Además del Kailash, quiero peregrinar a otros lugares santos, por lo que estaré fuera varios meses.

- ¿Varios meses? ¿Y qué llevarás contigo para tanto tiempo?

- Mis sencillas posesiones. No necesito nada más - repuso el monje joven -. O sea, la escudilla para mendigar mis alimenbtos y el jarrito para el agua.

- Pues sí - dijo el monje mayor -. Llevo ya muchos años queriendo hacer esta peregrinación, pero nunca termino de prepararme, pues siempre tengo la sensación de que se me olvida llevarme algo. Pero no voy a dejar pasar más tiempo. Yo también saldré en seguida. Ya nos contaremos.

El monje partió de viaje. Peregrinó hasta el Kailash y también a numerosos santuarios himalayos. Después de un año, regresó al monasterio. Se reunió con el monje mayor, que en seguida le preguntó:

- ¿Qué tal la peregrinación?

- Ha sido fatigosa, pero estoy muy satisfecho de haberla hecho. Pero ¿Y usted? ¿Ya fue y regreso del Kailash?

El monje mayor dijo:

- Será inmediatamente. Todavía no he conseguido acabar con mis preparativos, pero peregrinaré en seguida.

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Por falta de motivación y esfuerzo correcto, todos, también espiritualmente, padecemos la enfermedad del mañana, es decir, de seguir postergando nuestro viaje espiritual como si la vida fuera eterna.
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lunes, 10 de septiembre de 2012

La hoja de jade

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De Cuentos Himalayosrecopilados por Ramiro Calle


El primer ministro y el rey departían a menudo, pues ambos se llevaban bien y compartían sus inquietudes. Al primer ministro le encantaba la naturaleza y cuando se lo confesó al monarca, éste le dijo:

- Por cierto, ¿podrá algún artista imitar la naturaleza?

- La naturaleza es inimitable, señor - contestó respetuosamente el primer ministro.

Pero el monarca no estaba tan convencido de ello y convocó un concurso para premiar al artista que mejor imitase algún elemento de la naturaleza. El monarca le dijo al primer ministro:

- Si alguien imita perfectamente algún elemento de la naturaleza, te dejaré un mes sin paga; si nadie puede conseguirlo, un mes te la duplicaré.

- Me parece justo, majestad - dijo el primer ministro.

Escultures de distintas partes del reino presentaron primorosas esculturas de rocas, árboles, flores y arbustos, pero ninguna era capaz de imitar perfectamente los elementos de la naturaleza.
Cuando el premio iba a declararse desierto, llegó un escultor y mostró una hoja perfectamente tallada en jade. Era como una hoja de verdad y resultaba imposible distinguir la hoja natural de la hoja de jade. Había tardado una década en conseguir una obra tan perfecta. El monarca le concedió el premio y aquella noche le dijo a su primer ministro:

- Me temo, señor ministro, que te voy a dejar un mes sin tu paga.

El ministro repuso:

- Señor, estaría de acuerdo con su majestad si un árbol tardara diez años en hacer una hoja. Claro que en ese caso, ¡Apañados estaríamos!
El rey duplicó ese mes la paga de su primer ministro.

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* Cada uno debe hacer su propio trabajo y cumplir su propio destino, en lugar de dedicarse a la imitación, por perfecta que ésta sea.
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lunes, 3 de septiembre de 2012

El Arte de la Caligrafía

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De 101 cuentos clásicos de la China recopilados por Chang Shiru y Ramiro Calle
 

Xian Zhi era hijo del famoso calígrafo Yi Zhi. Cuando su padre trabajaba en el estudio, el pequeño solía contemplar cómo trazaba los ideogramas en el papel de arroz. Con los pinceles chorreando tinta, el artista plasmaba espíritu y personalidad en los papeles. Poco a poco, el hijo también adquirió el hábito de escribir. A los pocos meses progresó tanto que los amigos y vecinos empezaron a alabarlo sin cesar. El pequeño se sentía engreído creyéndose ya un buen calígrafo.

Cierto día escribió una docena de caracteres y se los mostró a su padre, esperando de él un generoso elogio. Después de examinarlo un momento, el famoso calígrafo, que se había dado cuenta de la vanidad de su hijo, no hizo ningún comentario. Cogió el pincel y agregó un pequeño trazo en un ideograma, convirtiéndolo en otro carácter distinto, y le dijo:

- Enséñaselo a tu madre, a ver qué dice.

El pequeño fue a buscar a su madre en espera de un juicio alentador.

- Mamá, ¡mira lo que he escrito! Se parece al estilo de mi padre, ¡¿verdad que sí?!

Aunque la señora no era calígrafa, entendía la técnica de ese arte y solía emitir unas opiniones muy acertadas al respecto. Después de mirar durante un instante la obra de su hijo, le dijo:

- Has progresado, pero te falta mucho para conseguir el brío y la perfección de su caligrafía. En este carácter que has escrito, sólo este trazo se parece mucho a su estilo, y lo demás no tiene nada que ver señaló, poniendo el dedo justo en el trazo que acababa de agregar el calígrafo.

Avergonzado, el niño se dirigió a su padre y le preguntó:

- Después de tantos días de práctica, ¿por qué no he podido dominar aún el secreto de tu arte?

- Es muy sencillo, hijo, ¿ves las tinajas que hay en el patio? Cuando empecé a aprender la caligrafía, me dijeron que había que llenar de agua las dieciocho tinajas. Y el día que se agotara el agua haciendo tinta para los ejercicios, sería un buen calígrafo. Lo hice, por eso escribo mejor.

Sin decir una palabra más, el niño entendió perfectamente. Corrió hacia el patio y durante toda la mañana estuvo trabajando para llenar de agua aquellas enormes tinajas. Se puso a practicar día y noche.

Veinte años después, cuando agotó la última gota del agua, llegó a tal dominio de la caligrafía china que fue consagrado como el «Santo de los Pinceles».
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sábado, 1 de septiembre de 2012

Una partícula de Verdad

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 De 101 cuentos clásicos de la Indiarecopilados por Ramiro Calle

En compañía de uno de sus acólitos, el diablo vino a dar un largo paseo por el planeta Tierra. Habiendo tenido noticias de que la Tierra era terreno de odio y perversidades, corrupción y malevolencia, abandonó durante unos días su reino para disfrutar de su viaje. Maestro y discípulo iban caminando tranquilamente cuando, de súbito, este último vio una partícula de verdad. Alarmado, previno al diablo:

- Señor, allí hay una partícula de verdad, cuidado, no vaya a extenderse.

Y el diablo, sin alterarse en lo más mínimo, repuso:

- No te preocupes, ya se encargarán de institucionalizarla.

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*El Maestro dice: Nadie puede monopolizar la verdad, ni la verdad es patrimonio de nadie.
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martes, 21 de agosto de 2012

La Llave de la Felicidad

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De 101 cuentos clásicos de la Indiarecopilados por Ramiro Calle


El Divino se sentía solo y quería hallarse acompañado. Entonces decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía. Pero cierto día, estos seres encontraron la llave de la felicidad, siguieron el camino hacia el Divino y se reabsorbieron a Él.

Dios se quedó triste, nuevamente solo. Reflexionó. Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano, pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad, encontrar el camino hacia Él y volver a quedarse solo. Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde el hombre no pudiese hallarla. Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar; luego, en una caverna de los Himalayas; después, en un remotísimo confín del espacio sideral. Pero no se sintió satisfecho con estos lugares. Pasó toda la noche en vela, preguntándose cual sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad. Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura.
Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas, porque antes o después hallaría esas tierras. Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales, porque un día el hombre exploraría todo el universo.

"¿Dónde ocultarla?”, continuaba preguntándose al amanecer. Y cuando el sol comenzaba a disipar la brumamatutina, al Divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad: dentro del hombre mismo. Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad.

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*El Maestro dice: Busca dentro de ti mismo. “Desafía” a Dios y róbale la suprema felicidad.
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jueves, 16 de agosto de 2012

Interpretar el sueño

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De 101 cuentos clásicos de la China recopilados por Chang Shiru y Ramiro Calle

El Rey Qi Jing estaba enfermo. No había podido levantarse de la cama desde hacía un mes.

El médico del palacio hizo lo imposible para curarlo. Pero el rey no respondió positivamente al tratamiento. Se sentía pesimista y desesperado. Tenía terror a la muerte y se aferraba a la vida por todos los medios.
Una noche tuvo una pesadilla. Soñó que luchaba contra dos soles. Fue derrotado y quemado por unas bolas enormes de fuego. Las llamas al rojo vivo lo abrasaban despiadadamente. Despertó gritando en su delirio, bañado en sudor frío. No pudo volver a conciliar el sueño. Aguantó hasta el amanecer, hasta que vino el consejero, a quien le dijo casi en un tono agonizante:

- Ya no puedo vivir mucho tiempo. Anoche soñé que luchaba contra dos oles. Me derrotaron y me quemaron hasta la muerte. Eso supondrá el fin de mi vida.

Su inteligente consejeró trato de consolarlo:

- No se desespere. Voy a llamar al adivino de los sueños para que le dé su explicación.

Envío un carruaje para traer al divino enseguida. Lo esperó en la antesala. Al cabo de un momento, llegó el vidente y preguntó al consejero:

- ¿Me llamaba para algo? Aquí me tiene a su entera disposición.

- Mire - empezó a ponerlo en antecedentes -, anoche Su Majestad tuvo una pesadilla en la que soñó que luchaba contra dos soles. Lo quemaron hasta la muerte. Este sueño le ha causado gran malestar y miedo. Por eso lo hemos convocado para darle una explicación adecuada.

- Para eso necesito consultar el libro de los sueños - dijo el adivino mientras abría el grueso manual.

- No es necesario - se lo impidió el consejero -, porque la enfermedad que padece nuestro rey es del yin, mientras que el sol es el yang. El hecho de que el yin haya sido derrotado por dos yang supone que su enfermedad será curada. Por eso el sueño es un buen augurio. Vaya a interpretar su pesadilla en estos términos.

Cuando entró el mago en el dormitorio real, el monarca se sintió tan próximo a la muerte que casi ni tuvo fuerzas para contarle su pesadilla. Terminó con los ojos cerrados, agónico.
El mago ya tenía su versión preparada. Le dijo con un tono lleno de júbilo:

- Majestad, permítame felicitarlo.

- ¿Por qué me felicita? - el monarca abrió enseguida los ojos.

- Porque este sueño significa que se va a mejorar inmediatamente. El mal que padece es el yin, el sol es el yang. El hecho de que el yin haya sido derrotado por el yang significa que pronto mejorará sustancialmente su salud.

El rey se incorporó a la cama con ánimo. Sintió que su espíritu, agobiado por el pesimismo, se aliviaba, y se impregnó de una inaudita vitalidad.
Al tercer día se recuperó totalmente. Para celebrar su repentino restablecimiento se entrevistó con el mago que le pronosticó el cambio en la evolución de su enfermedad:

- Realmente estoy muy agradecido. Tú fuiste la persona que me dio ánimo y vitalidad cuando me encontraba en estado crítico. Dime si quieres una recompensa en dinero o en algún puesto público.

El mago no pudo más que decir la verdad:

- Majestad, fue su consejero personal quien me dio las directrices para la interpretación de su pesadilla.

El rey convocó a su consejero para manifestar su gratitud. Éste le dijo:

- Lo que hice fue disipar las excesivas preocupaciones que le agobiaban y le causaban pesadez espiritual. Pero si se lo hubiera dicho yo no me hubiera creído. Por eso, el mérito ha sido del intérprete de sueños.

A pesar de la modestia de su consejero, el rey decidió premiar generosamente a los dos.
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lunes, 13 de agosto de 2012

Las aventuras del mono

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De Cuentos Himalayosrecopilados por Ramiro Calle


El mono fue a la barbería y le pidió al barbero que lo afeitara. Mientras lo afeitaba, le cortó una oreja por descuido. Entonces el mono le dijo:

- Bueno, dame una navaja como recompensa por la oreja que me has cortado.

- De acuerdo - convino el barbero.

El mono se fue al campo y vio a una mujer arrancando hierba.

- Te cambio mi navaja por tu abrigo y así te será más fácil cortar la hierba.

Se marchó a otra parte, con el abrigo, y se encontró con un vendedor de mantequilla. Le cambió el abrigo por una tinaja de mantequilla. Luego se cruzó con una pastelera.

- Toma mujer - dijo -, haz dulces con esta mantequilla y nos los repartiremos.

Pero en cuanto estuvieron preparados los dulces, los cogió todos y salió a la carrera. Se tropezó con un campesino con un arado, un caballo y un cebú y le dijo:

- Tú descansa un rato que yo araré por ti.

Tan pronto como el campesino se distrajo, se subió a su caballo y partió al galope, hasta que se encontró con unos novios que iban hacia el templo a celebrar su boda. La novia iba montada en un palanquín y el novio la acompañaba a pie.

- Tú te mereces ir a caballo en un día tan señalado como hoy - le dijo el mono al novio -. Móntate en mi caballo.

Mientras el novio se subía al caballo, el mono aprovechó para huir con la novia. Corrieron y corrieron, pero tuvieron que detenerse a descansar. Entonces, ella le dijo:

- ¡Cuánto me gustaría peinarte el pelo de la cabeza! ¡Eres tan guapo!

El mono se sintió muy halagado.

- Inclina la cabeza para que pueda peinarte bien. ¡Eres tan atractivo!

El mono no cabía de satisfacción. Cuando agachó la cabeza, la novia cogió una piedra y la estrello contra la misma, huyendo a continuación. La pedrada puso termino a las aventuras y desventuras del simio.
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* No es de extrañar que siempre se haya comparado la mente con un mono ebrio y loco, de aquí para allá. Es necesario ir poniendo los medios para que se torne más calma, lúcida y constructiva.

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martes, 7 de agosto de 2012

El punto de equilibrio

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De Cuentos Himalayosrecopilados por Ramiro Calle

 
Un yak y un búfalo habían entablado una gran amistad, pero no les resultaba fácil mantenerla porque, como sabemos, el búfalo es un bovino que se adapta mejor a las planicies y el yak es un animal de alturas, típico de los himalayas. Eso quería decir que cuando el búfalo acudía a visitar al yak, se agotaba, sufría del mal de las alturas, se mareaba y perdía sus fuerzas, mientras que el yak sentía un calor terrible, perdía toda su energía y se sentía muy abatido cuando acudía a visitar a su amigo el búfalo. ¿Qué podían hacer? Se querían entrañablemente, pero cada vez que uno iba a visitar al otro, el encuentro se convertía en un tormento para uno de ellos. Oyeron hablar de un sabio que vivía en meditación en la jungla y decidieron consultarle. Llegaron los buenos animales ante el eremita y le expusieron lo que les ocurría. Estaban visiblemente preocupados, por lo que el sabio les dijo:

- No os intranquilicéis. Calmaos.

Pero estaban tan entristecidos los bovinos que incluso había lágrimas en sus ojos. El sabio añadió:

- Lo importante en esta vida es hallar siempre que sea posible el punto de equilibrio.

- ¿El punto de equilibrio? - preguntaron extrañados los bovinos.

- Sí, sí - dijo el sabio - ¿Para qué creéis que he meditado tanto en esta vida, amigos míos? Pues, para hallar el punto de equilibrio.

Escépticos, los animales preguntaron:

- ¿Y eso puede ayudarnos en nuestras dificultades?

- Por supuesto - aseveró el sabio -. La respuesta siempre está en el punto de equilibrio. Os voy a decir qué tenéis que hacer. Buscad conjuntamente un terreno intermedio en el que podáis encontraros cuando deséeis veros. Ceded cada uno un poco. Tú yak, descenderás hasta donde te sea posible sin sentirte mal, y tú búfalo, ascenderás hasta donde puedas, sin perjudicarte. En esa franja intermedia de terreno celebraréis vuestros encuentros. Cada uno cederá un poco y así encontraréis el punto de equilibrio.

Desde aquel día el búfalo y el yak pudieron encontrarse con periodicidad. Habían hallado la solución y la respuesta en el punto de equilibrio.

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* El equilibrio es la senda clara del medio entre los extremos. Los extremos son trampas, emboscadas. El equilibrio es el orden, armonía, visión esclarecida, comprensión profunda y flexibilidad. El aspirante debe aprender a equilibrar y reequilibrar, evitando la intolerancia, la rigidez, la visión dogmática, la actitud egocéntrica, la ofuscasión y el extremismo.
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