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lunes, 8 de diciembre de 2014

天真正伝香取神道流

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De Iaido, el Arte de Cortar el Ego
de Michel Coquet

En 1387, durante el reinado del shogun Asikaga Yoshimitsu, nació uno de los más grandes maestros de sable de la historia: Lizasa Choisai Ienao.

Era este un hombre extremadamente culto, amante de las artes y de las letras, partidario de la paz, y atraído por la vida espiritual, que con el tiempo, se convertiría en monje budista. Se dice que en una ocasión uno de sus siervos lavó las patas de su caballo en las aguas de una fuente sagrada, cerca de un santuario y que el pobre animal, tras caer presa de convulsiones, murió.

El maestro Lizasa creyó que se trataba de un grave error y de una profanación del lugar santo, dedicado a la presencia de una divinidad shinto llamada Futsu Nushi No Mikoto. Así, tras una vida consagrada al sacrificio, a la purificación y al refinamiento del carácter, habiendo llegado a ser, según parece, maestro de armas del shogun Yoshimasa, pero hastiado de la corrupción política del ambiente cortesano, del egoísmo y la barbarie que le rodeaban, Lizasa Choisai decidió, a los sesenta años de edad, consagrarse a un periodo de austeridad, entrenamiento marcial y ascetismo de mil días (sen-nichi-gyo) en la soledad de los bosques cercanos al santuario Katori Jingu. 

Esta accesis (gyo-misogi) consistía en periodos de meditación y estudio de la filosofía budista, entrenamiento en el arte del sable, ayunos y austeridades que emanaban de la tradición esotérica de la escuela Shingon y del chamanismo animista de los «monjes que viven en las montañas», los célebres Yamabushi. 

Se dice que una noche tuvo una visión de la divinidad del santuario, bajo la forma de un muchacho sentado en las ramas de un ciruelo. En esa ocasión, Lizasa sensei recibió la enseñanza misteriosa y secreta de la escuela en un volumen de estrategia marcial (heiho shinsho).

Tras esa visión, creó su escuela de sable, impregnada de su profunda sabiduría e inspirada por su visión celestial: la Tenshin Shoden Katori Shinto Ryu. Cada enseñanza de la escuela es considerada , desde entonces, como «kami waza», una técnica divina.

Cuando algún estudiante o experto de otra escuela lo desafiaba, como era costumbre en la época, Lizasa Sensei le invitaba a tomar el té. Antes del encuentro, colocaba una pequeña esterilla sobre unos brotes tiernos de bambú, y se sentaba después sobre ellos, sin doblarlos ni romperlos. Los adversarios comprendían entonces que se trataba de un hombre santo, un verdadero maestro de la espada y se retiraban, prudente y humildemente, y otros, aún, se convirtieron en sus discípulos.

La escuela Katori Shinto, a diferencia de las otras ryu, añadió la profundidad del pensamiento budista y el ideal de la compasión al arte de la esgrima tradicional. Entre los mandatos de la escuela, que tenían un gran trasfondo budista y esotérico, no vinculados con el Zen, tan influyente en las otras tradiciones, se enseñaba a evitar el combate, sentir compasión hacia el enemigo y perdonar la vida. En una época de revueltas e intrigas políticas y de la búsqueda de la eficacia a cualquier precio, estas inconcebibles ideas constituyeron una verdadera revolución. Otro hecho inusitado era que Lizasa sensei permitía la entrada a su escuela a gentes de toda clase social.
 
Así, no solamente nobles o miembros de la casta de los samurai, sino también comerciantes, trabajadores de todos los gremios y campesinos eran aceptados, transformándose en sus discípulos y muchos de ellos en grandes maestros del sable.

Por medio de la meditación y de una práctica marcial severa, en la que la humildad, la discreción, la ausencia de ambición, liberada del egocentrismo sutil o evidente que caracteriza y revela con excesiva frecuencia a los estudiantes poco avanzados, y una total impersonalidad, las enseñanzas del maestro Lizasa inspiraban a cuantos se le acercaban un sentimiento de paz y de benevolencia.

Las verdaderas escuelas de Budo buscaban ya antaño la vía de la purificación y la iluminación por medio del refinamiento del espíritu, en que el sable, emblema de trascendencia, se convertía en un instrumento privilegiado de la alquimia sutil del ser, un objeto casi litúrgico para la poda del alma que convierte a un ser humano común, por el proceso místico de la fragua y el templado del ser (seishin-tanren) en un realizado, un tatsujin, un hombre de tao. A través del arte de la espada, Lizasa Choisai sensei enarboló, en una época turbulenta, el ideal de una reconciliación pacífica y no violenta con el adversario, con el mundo y con uno mismo.
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jueves, 8 de mayo de 2014

La espada de la invulnerabilidad

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Cuento Budista japonés

En una ocasión, un fiero samurái escuchó hablar de un asceta que vivía en el profundo bosque que rodeaba una montaña sagrada. Se decía de él que poseía el don de materializar de la nada una «espada de invulnerabilidad» que le concedía la victoria sobre cualquier adversario.

El samurai escaló la montaña y no tardó en encontrar al asceta. Orgulloso de su fuerza y de su habilidad, le preguntó al monje: ¿Es verdad que eres capaz de materializar una espada que concede la invulnerabilidad? El anciano, observando atentamente al guerrero, le respondió afirmativamente, a la vez que, mágicamente, hacía aparecer de la nada la misteriosa espada.
Asombrado, el samurai intentó esgrimirla impetuosamente, pero el monje lo detuvo con un gesto: «¡Detente, insensato, si la tocas ahora, morirás inmediatamente!». Algo turbado, el samurái retrocedió unos pasos. El ermitaño le dijo entonces: «Si de verdad quieres poseer esta espada, debes hacer cuanto yo te diga. Tienes que volver al mundo y durante veinte años, practicar la prudencia, la compasión hacia todas las criaturas, entregarte a largas horas de profunda meditación cada día; deberás también cantar cada mañana y cada tarde el Sutra del Corazón, llevar una vida sobria, casta, austera, huir de los combates y de los placeres del mundo; ser caritativo, hasta con tus enemigos, asumir las peores tareas, los penosos trabajos que los demás rechacen, y dedicarte en cuerpo y alma a purificar tu mente y tu espíritu. ¡ Olvídate de ti mismo y sé una bendición para cuantos se te acerquen¡ Si lo haces, podrás volver aquí y materializaré para ti la “espada de invulnerabilidad”.

El samurái comprendió y guardó silencio. Descendió de la montaña y durante largos veinte años se consagró a poner en práctica, seguro de su ki, las enseñanzas del monje. Transcurrido ese tiempo, volvió a la montaña y encontró sentado al asceta. El anciano le miró profundamente. El rostro del samurái, ya arrugado, reflejaba el paso de los años. Su cabello, encanecido, brillaba bajo la luz de la luna y sus párpados pendían, seguramente de tanto llorar .Sus ojos, esos ojos otrora vehementes, que antaño reflejaban el deseo, el orgullo y a menudo la cólera que caracteriza a los hombres de armas, a los guerreros, expresaban ahora una serena espera, una compasión cálida, una trémula ternura y una profundidad abismal. Sin mediar palabra, el anciano monje materializó la mágica espada, que brilló iluminando la noche, y se la entregó al samurái. Este, desapegadamente, la sostuvo entre sus manos un instante, y sonriendo, la devolvió al monje diciendo: ¡ya no la necesito!

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miércoles, 7 de mayo de 2014

✿⚔☼✌❀

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« Como samurái, debo fortalecer mi carácter; como ser humano, debo perfeccionar mi espíritu. Ningún enemigo puede vencer a un hombre de virtud superior »


- Yamaoka Tesshu
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martes, 9 de julio de 2013

La diferencia entre Deportes de Contacto y Artes Marciales

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De la revista Cinturón Negro

¿Son las Artes Marciales deportes de combates?

Antes de contestar la pregunta que se ha enunciado arriba, hay que definir los dos conceptos que tenemos en ella.

¿Qué es un Arte Marcial?

Cuando uno habla de un Arte Marciales, muchas veces y casi siempre en casos de los que recién se inician en ellas, suelen verlo como un deporte. Si definimos las palabras:
“Arte”, es aquella acción o actividad humana cuyos resultados y procesos de desarrollo pueden ser objeto  de juicio estético, donde uno pone en juego la habilidad y destreza de uno.“Marcial”, adjetivo de la acción militar, guerra.

Si unimos esta palabra serian “Acciones y actividad humana cuyos resultados están dirigidos a la acción militar (guerra)”, en palabras mas sencillas diríamos que el Arte Marcial, son técnicas de guerra pulidas (a través de la experiencia).

Para el origen de este término deberíamos retraernos varios siglos atrás en la historia de la cultura oriental. Como ya sabemos en la cultura oriental es estructurada y esquematizada, sobretodo en el ámbito de la clase gobernante como en la clase de guerreros.
En China el monje Bodhidharma introdujo a los monjes shaolines unas pocas técnicas de defensa para que cultiven sus cuerpos dado que carecian de entrenamiento físico y por consiguiente eran personas frágiles, estos las introdujeron como complemento a sus rutinas y pronto las técnicas empezaron a multiplicarse de forma sorprendente más cuando en procesos políticos los templos en donde habitaban eran atacados. Ahora bien, como sabemos los monjes shaolines practican el Budismo Chan, hoy conocido como Zen, y pronto las técnicas de defensa se fueron mezclando con la filosofía de su religión.
Si hablamos de Corea, sabemos que durante la Kochosun hay evidencia de la existencia de tecnicas que formaron al Taekkyon y del desarrollo de la filosofía de vida conocida como Hwarang, que eran exclusivamente para los guerreros.

La filosofía del Hwarang se esparció a otros territorios desencadenando lo que conocemos como Budo, que tuvo nacimiento en Japón. En este país la clase Samurai se regia bajo el Budo, el cual definía cuales eran sus obligaciones y deberes. El fuerte vínculo del Budismo que provenía de China logro que el guerrero sostenga una forma de vida equilibrada, estructurada y donde la practica de meditación era algo fundamental. A fin de la guerra civil cuando toma el control del territorio el Clan Tokugawa, Japón empezó a vivir un tiempo de paz y favoreció el florecimiento de Dojos donde las artes marciales empezaron a tomar un crecimiento.
A través del tiempo y al cabo de tantas guerras, las Artes Marciales fueron madurando y se fueron efectivizando las técnicas sin olvidar que se fue afianzando más la filosofía en ellas. Se puede decir que un Arte Marcial es la práctica de técnicas de guerra con una filosofía que hace tomar conciencia de la responsabilidad y obligaciones que uno tiene con ellas.

¿Qué es un Deporte de Contacto?

Cuando uno habla de Deportes de Contacto, el clásico ejemplo es el del Boxeo occidental, donde dos personas combaten en una pelea regida por reglas.
Si tenemos que decir cuando fue el primer indicio de un Deporte de Contacto, seria muy difícil definir un punto exacto dado que las competencias de este tipo existen en todo tipo de cultura.

Pasando por Grecia a los aborígenes que habitaban nuestro territorio.
Estos combates no eran a muerte sino son peleas regidas según reglas y el objetivo era ganar.
Los deportes se basan en la competición, y el objetivo es la acumulación de victorias.
Los deportes de contactos serian aquellos donde los competidores combaten cuerpo a cuerpo, ya sea pudiendo utilizar las manos y/o piernas, y siendo Light-contact (por puntos) o Full-contact (por puntos pero el Knockout es valido y se toma como objetivo).
Los deportes de combates que mezclan técnicas orientales tuvieron éxito relativamente hace poco tiempo después de la explosión que tuvieron las Artes Marciales en occidente a través del Cine y demás medios de difusión. Fue donde nacieron el Full Contact,  KickBoxing, y otros.
 
¿Cuál es la diferencia entre Deportes de Combate y Artes Marciales?

La diferencia está en que un Arte Marcial, aunque tiene una faceta deportiva dado que los torneos existen en la mayoría de estos, tienen muchas otras facetas como el técnico, el marcial y sobre todo el aspecto filosófico que contribuye a templar el carácter de la persona para aumentar sus aspectos positivos y cambiar sus aspectos negativos. Mientras que un Deporte haría hincapié en el propósito de ganar un torneo o un combate deportivo, olvidándose  de otras técnicas efectivas en combates reales,  careciendo de conceptos filosóficos que le demuestren a los alumnos las obligación y responsabilidades que tienen con las técnicas que aprenden.
La diferencia se encuentra en el “fin”. El fin de un arte marcial seria adquirir una forma de vida donde a través del crecimiento uno va adquiriendo nuevas responsabilidades, sin descartar la adquisición de técnicas de combates efectivas en situaciones reales. Mientras que el fin de un deporte de combate seria salir victorioso en combates deportivos y conseguir una acumulación de victorias.
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jueves, 27 de junio de 2013

El gallo de pelea Zen

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De Zen y Artes Marciales de Taisen Deshimaru

En China, un discípulo de Lao Tsé, Mishotsu, escribió una historia interesante sobre los gallos de pelea:

“Un rey deseaba tener un gallo de pelea muy fuerte y había pedido a uno de sus súbditos que educara a uno. Al principio, este le enseño al gallo la técnica de la pelea. Al cabo de diez días, el rey pregunto: “¿Se puede organizar un combate con este gallo?” Pero el instructor dijo: “¡No. No. No! El es fuerte, pero esta fuerza esta vacía, siempre quiere pelear; esta excitado y su fuerza es efímera.”

Diez días mas tarde, el rey preguntó al instructor: “Y ahora, ¿se puede organizar esa pelea?” “No. No. Aún no. Todavía esta apasionado, siempre quiere pelear. Cuando oye la voz de otro gallo, incluso el de una aldea vecina, se encoleriza y quiere batirse.”
 
Después de diez nuevos días de entrenamiento, el rey preguntó de nuevo: “¿Y ahora, es posible?” El educador respondió: “Ahora ya no esta apasionado. Si oye la voz de otro gallo, permanece tranquilo. Su postura es justa, pero su tensión es fuerte. Ya no se encoleriza. La energía y la fuerza no se manifiestan en la superficie.”

“Entonces, ¿está listo para un combate?” dijo el rey. El educador respondió: “Quizás”. Se trajeron numerosos gallos de pelea y se organizó un torneo. Pero los gallos de pelea no podían acercarse a este gallo. ¡Huían asustados!.

Por eso no hay necesidad de combatir. El gallo de pelea se había convertido en un gallo de madera. Había superado el entrenamiento de los wasa. Interiormente tenía una energía fuerte que no se manifestaba en el exterior. El poder se encontraba desde entonces en él, y los demás gallos no podían hacer otra cosa que inclinarse ante su seguridad tranquila y su verdadera fuerza oculta.

Si continuáis, zazen, inconscientemente, naturalmente, automáticamente, podréis llegar al secreto del Budo. Entonces no será forzosamente necesario practicar el judo, el aikido, el kárate o el sable. Los demás no se acercaran. No será necesario combatir. La verdadera Vía del Budo no es competición ni conflicto: esta más allá de la vida y de la muerte, más allá de la victoria y de la derrota.
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domingo, 16 de junio de 2013

Concentración y meditación en las Artes Marciales

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La concentración y la meditación son actos inseparables unidos a las prácticas tradicionales de Artes Marciales, sin embargo muy pocos son los que comprenden el sentido y la necesidad de su práctica.

Neófitos (¡y no tan neófitos! se preguntan por la razón de ser de las meditaciones durante las clases. Como siempre repiten la acción que ven realizar al Maestro, pero como éste realmente no hace nada visible, se encuentran desconcertados ante un inquietante silencio, ante una inexplicada situación en la que no hay indicaciones. ¿Es ésta una pérdida de tiempo? ¿Qué se supone que debemos  hacer durante esos momentos? ¿En qué debemos pensar? ¿Qué sentido tienen tales prácticas? A éstas y otras preguntas espero poder responderos en este artículo.

Artículo de Alfredo Tucci
(De la revista Cinturón Negro, Año XVII, No. 182)

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Las meditaciones frecuentemente tienen lugar al final y al comienzo de las aulas. Sin embargo, el propio hecho de llegar al Dojo, liberarse de los ropajes cotidianos para enfundarnos nuestro Guidobok o lo que toque, colocarnos nuestro cinturón, es en sí mismo un acto de preparación para adaptar nuestra mente a ese otro espacio-tiempo que conforma nuestra práctica en el Do-jo (El lugar del despertar).

La meditación y los saludos iniciales son un paso más en el citado proceso. Incluso en su práctica exclusivamente formal dichas ceremonias facilitan el tránsito del ajetreado día a día, hasta una actitud distinta, donde los valores, los tiempos y hasta la medida de nuestro esfuerzo son muy diferentes. Aquí el dinero no manda, manda el Maestro; nuestro tiempo no nos pertenece, es en lo cotidiano, adquiere ahora un protagonismo distinto, se hace presente y llama a la mente y a las emociones a participar del esfuerzo. Un esfuerzo que no se realiza para conseguir ni dinero, ni objetos, ni sexo; un esfuerzo que sólo nos traerá un regalo: la autosuperación. Tal cambio no es baladí y requiere de un proceso de adaptación, de una especie de "cámara hiperbárica" del ánima para que ésta no "estalle" en la transición.

El Dojo tradicionalmente era un lugar sagrado. En realidad el Dojo es la expresión externa de un estado interior que debemos adquirir parando nuestro mundo, deteniendo el diálogo interno. Lo que hace sagrado al Dojo es penetrar nosotros mismos en un estado sagrado a través del abandono de nuestro pensamiento cotidiano, de nuestras inquietudes, molestias, obsesiones, del "run run" de nuestras tiranas mentes, siempre incapaces de parar de moverse de aquí para allá. Consciente de estos matices los Maestros antiguos dispusieron un ceremonial que nos emplazará a realizar el cambio para así obtener toda la atención de sus adeptos durante el aprendizaje.

Los verdaderos Maestros orientales enseñan mucho más desde el silencio que los occidentales. Esto se debe a dos razones. La primera que la cultura oriental es  mucho más contenida y la segunda que el objeto de su enseñanza frecuentemente no se concentra en lo visible. En tal marco la razón no es una herramienta práctica, antes bien suele ser un estorbo para la evolución del neófito. Los occidentales verbalizamos todo sin parar y así no paramos nunca nuestra mente. El silencio de la meditación puede llegar a ser algo más que inquietante para quién por primera vez se acerca a una clase tradicional. El silencio puede incluso angustiar, tal es la plenitud que rebasa los límites de nuestra capacidad.

La meditación es un acto de vaciamiento no de llenado. No se trata de pensar en esto o aquello, se trata de simplemente dejar de pensar. En un primer momento esto es algo inconcebible para cualquier persona sin experiencia. Han educado nuestras mentes desde nuestro nacimiento para ser una herramienta que hace continuamente cosas para conseguir cosas; no esperéis que cambiar esta rutina sea algo fácil.

La idea del vacío que todo contiene es un concepto muy oriental y procede de la filosofía Taoísta. Esencialmente acceder a ese vacío es entrar en contacto con lo primordial y eterno que hay en todas las cosas. Para ello debemos liberar la atención de las distracciones. Muchas escuelas han desarrollado para ello técnicas de concentración basadas en redirigir la atención al acto más esencial que realizamos automáticamente, al acto que nos permite vivir cada segundo, a la respiración. Dichas técnicas no son desdeñables y ayudarán al principiante a encontrar un apoyo inicial. No deja esto sin embargo de ser un hacer, cuando la esencia de la meditación es precisamente "no acción". Esta "no acción" debe ser sin embargo consciente. ¡No se trata de dormirse! Algo más que frecuente al comienzo si la práctica se alarga demasiado. "La acción de la no acción", el "wu-wei" de los chinos, se asemeja más a la observación desapegada de nosotros mismos.

No os opongáis al "run run" de vuestros pensamientos, cualquier esfuerzo en este sentido creará probablemente el efecto opuesto. Dejarlos volar y pasar frente a vosotros como si tal acto fuera una especie de voyerismo mental. No los detengáis pero tampoco os dejéis enganchar por ninguno en concreto; dejad que la mente salte de uno a otro, como un ruido de fondo mientras sentís como el aire entra y sale de los pulmones a través de la nariz. Ni siquiera os identifiquéis con el que respira, hacedlo con el aire, en cada aliento ir y venid con él, en el flujo y reflujo de la marea de la vida, más allá, donde sólo hay silencio y quietud.

Lo habitual en la meditación es practicarla en la postura del loto o del diamante (Seiza). Lo único indispensable es mantener la columna erguida y perpendicular al suelo. Si la espalda os molesta acudid a un osteópata, ¡al menos la meditación os habrá servido para daros cuenta de algo!

La idea de la posición para meditar es simplemente lograr el máximo de relajación posible. Adaptar el cuerpo a estas posturas a las que no estamos acostumbrados, puede llevar un tiempo. En Seiza los pies pueden molestar y si nuestra circulación no es buena podemos sentir hormigueo y hasta dolor o incomodidad. En el loto o medio loto pueden ser las rodillas las que se quejen o simplemente puede que no podamos ni siquiera hacerlos.

Una vez superados estos inconvenientes debemos en una primera fase practicar una relajación consciente, atendiendo por zonas a todo el cuerpo. Ayuda seguir algún tipo de orden para no dejarnos nada fuera del ejercicio. El objetivo es alcanzar un estado de ataraxia y relajación sin perder el tono y la atención. Los ojos entreabiertos o cerrados, según la escuela, deben "mirar sin ver".

Existen principalmente dos zonas donde podemos dirigir nuestra atención en esta primera fase, el hara, tándem, o la glándula pineal (tercer ojo). Los ojos en el primer caso miran al frente como a dos metros en el suelo por delante de nosotros. En la segunda se elevan cerrados hacia el entrecejo. 


La meditación Zen, que es la que se practica normalmente en los Dojos, pone su atención en el tándem, no en vano su objeto es prepararnos para una práctica en la que dicho punto suele ser el anclaje y partida de nuestra acción. Las manos reposan sobre los muslos sin llegar a descansar sobre el abdomen. Con las palmas hacia arriba, los dedos pulgares se tocan imperceptiblemente cerrando el circuito energético. "Ni valle ni montaña" reza el dicho Zen, los pulgares están extendidos y reposan sin dejar de tener tono.

Existen infinidad de técnicas de concentración y meditación pero no podemos olvidar nunca cual es el objetivo estratégico de su práctica. Perderse en los detalles técnicos es otra forma de "cosificar" y por lo tanto de perdernos de nuevo en las ramas que nos impiden ver el bosque.

Las Artes Marciales son meditación en movimiento, sin embargo al principio, y especialmente al final de las clases, una vez liberadas las tensiones y abiertos los canales energéticos, la ejecución de la meditación aporta al practicante una ocasión única para desacelerarse, templar y aquietar la agitación, tomar perspectiva, ralentizar el ritmo y acceder a un espacio de paz verdadera y perdurable.Ignorar en los entrenamientos, como vero que ocurre cada vez más en los gimnasios, esta
disciplina, es el resultado de la aceleración y la angustia que nos produce nuestra forma de vida moderna.

Aunque de forma imperceptible primero, el tiempo invertido en la meditación se devuelve con creces, favoreciendo el crecimiento y la asimilación de todas las bondades implícitas en la práctica marcial. Mejora la atención en las clases y cada vez más rápidamente podemos acceder a ese estado mental adecuado para atender a nuestro entrenamiento con los cinco sentidos.

La transición hacia un estado de consciencia alerta, pero templado, es un logro descomunal para un ser humano. Lo malo es que al llegar allí no te dan una medalla, un premio o algo que te puedas colgar, nada que te sirva para justificarte desde una perspectiva puramente pragmatista, ésa en la que hemos sido educados con fervor. Sin embargo los logros inmateriales de ese entrenamiento poseen una influencia mucho más honda en lo que nos importa en el mundo, en nuestro "bienestar". Pero ya se sabe, lo dice el refrán: "No hay atajo sin trabajo" y parece que la práctica de "lo inútil" puede paradójicamente convertirse en lo más útil.


Si las Artes Marciales no son una puerta hacia la transformación de la consciencia, quedarían reducidas a prácticas físicas de habilidades casi siempre inútiles, pues a la postre ¿cuántas veces nos toca pegarnos en la vida? Y sin embargo, cada día, cada segundo, no nos queda otra opción que "cohabitar" con ese tipo angustiado, estresado y frustrado, que tiene que pagar facturas, ganarse el afecto y el respeto de otros, cumplimentar sus necesidades, ¡y encima sabe que tiene fecha de caducidad!... ese tipo que vemos cada mañana cuando nos miramos al espejo. ¿No podríamos invertir un poco, unos minutos en él? ¡Al fin y al cabo no deja de ser un buen muchacho! al que todo se le complicó... ¡echémosle una cuerda!
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" Dominar un arte por completo sólo es el primer paso
hacia una búsqueda superior "
- Sifu Victor Gutiérrez
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viernes, 15 de marzo de 2013

El Sentido Original de Las Artes Marciales

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 Por Jose Savall

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano en su afán por sobrevivir ha ideado formas de autodefensa que le protegieran de su entorno hostil. Esta búsqueda por la supervivencia le ha llevado a crear formas de lucha con o sin armas donde la familiaridad con la muerte y con situaciones extremas le han acercado al conocimiento de sí mismo abriéndole a dimensiones del ser humano más acordes con su verdadera naturaleza. Por tanto, ¿es correcto pensar que las Artes Marciales únicamente tienen la finalidad de establecer unas pautas de autodefensa y ataque contra uno o varios adversarios, o por el contrario podemos añadir un componente trascendente a su práctica? ¿Puede el acercamiento al límite mismo entre la vida y la muerte, conducirnos a una percepción de la realidad que va más allá de nuestra comprensión? El presente trabajo que se centrará en las artes marciales japonesas (Budo), tiene por finalidad la de añadir un poco más de luz sobre este tema.

Cuenta la leyenda que un coronel llamado Bradford, oficial retirado de la armada británica, marchó a oriente en busca de unas personas que según había oído decir, habitaban en algún lugar de los Himalayas y practicaban en una Lamasería unos ejercicios energéticos y espirituales que fortalecían el cuerpo de tal forma que según él, ”entraban viejos y salían jóvenes”. Dejando de lado el componente mítico y legendario, lo que sí se sabe con seguridad es que los monjes budistas tibetanos ya practicaban desde tiempos muy antiguos alguna forma de lucha corporal que formaría parte seguramente de su formación monacal, conscientes de la íntima relación entre el cuerpo, la mente y el espíritu. Más tarde en su peregrinación por Asia, estos monjes difundirían estos ejercicios como parte de su doctrina por los países de su entorno. Así debió ser como llegaron a la India y se desarrollaron adquiriendo las influencias filosóficas de la cultura hindú, favoreciendo la aparición del Yoga en sus diferentes formas.
Su llegada a China se produciría posiblemente de la mano del monje budista Bodhidharma, el cual a su llegada al Templo de Shaolin (al sur de China), encontró a sus monjes en lastimosas condiciones físicas. En toda la región proliferaban los ladrones y bandidos, por lo que se propuso mejorar físicamente a los monjes y para ello empezó a instruirles en un sistema de combate sin armas basado en formas autóctonas chinas e hindúes, (que a su vez eran herencia de las tibetanas) que les sirviera para hacer frente a situaciones comprometidas. De esta forma se establece la progresión en la enseñanza que demostraba que para alcanzar al espíritu primeramente es necesario el dominio del cuerpo, los pensamientos y las  emociones, marcando una clara directriz para la aparición posterior del Kung Fu y el Tai Chi.

Por aquella época, el comercio chino, japonés y filipino tenía como punto de encuentro un pequeño conjunto de islas situado al sur del Japón conocido como Okinawa. Allí los comerciantes intercambiaban productos y costumbres. Entre esos productos también estaban las Artes Marciales de cada región, produciéndose en la isla una fusión de todas ellas, dando como resultado un estilo denominado Okinawa-Te (Mano de Okinawa), antecesor del Karate. Japón que acababa de salir de una larga guerra civil aspiraba a poseer la riqueza y la cultura de las islas.
Así fue como en el siglo XV las invadió imponiendo sus leyes y estilo de vida. Este ambiente de tiranía favoreció entre la población, el sentido de resistencia al invasor. Los maestros de Okinawa ante esta situación tomaron la decisión de introducir en las artes de lucha a los habitantes de la isla, pero en secreto, ya que estaba prohibido por los japoneses. De esta forma comenzaron a celebrarse reuniones secretas a fin de enseñar a la gente las técnicas de lucha. Observamos aquí el componente clandestino en la enseñanza, algo que ya había ocurrido anteriormente en culturas mucho más antiguas. Para asegurarse que perdurara la enseñanza, los maestros seleccionaban a aquellos discípulos de confianza dignos de recibir los más valiosos secretos de su arte. Se aprecia aquí que en estas artes existía una parte exotérica y otra esotérica, sólo reservada a los alumnos más preparados. Cuando un arte no poseía continuidad en su parte esotérica, cuando ya no existían alumnos preparados para ello, sólo quedaba su parte exotérica, es decir, las técnicas corporales que no conducían a nada.

La influencia del Budhismo Zen y del Shintoismo en estas artes originó la aparición de auténticos guerreros del espíritu; ascetas que junto a un intenso entrenamiento físico que les ponía en contacto con aspectos más sutiles de su propio cuerpo como la energía vital (Prana o Ki), unieron prácticas de meditación, con la finalidad de trascender sus propias limitaciones físicas y alcanzar un estado de vacío mental que abriera las puertas al auto-conocimiento. La ceremonia del Té, el arreglo floral, la caligrafía y especialmente las artes caballerescas de los guerreros samurai son un ejemplo de formas de expresión con un marcado sentido trascendente, donde el control sobre los movimientos confiere a los actos cotidianos un exquisito sentido artístico fruto de la victoria no sobre un enemigo exterior, sino sobre otro mucho más peligroso e importante: la conquista sobre los propios instintos. Observamos que estas artes a condición de ser practicadas con fines fundamentalmente espirituales, constituyen un medio extraordinario para vivenciar la verdadera realidad de sí mismo. Las virtudes y los defectos, la fortaleza y la flaqueza, la sutileza y la torpeza quedan visibles para quién desea su propio enriquecimiento intimo. Los propios maestros no lo eran sólo de un único arte, sino que dominaban diversas facetas artísticas con la finalidad de alcanzar un mayor refinamiento de sus acciones, pensamientos y emociones. Existe una máxima japonesa que expresa que: “Quién alcanza la maestría, lo demuestra en todos sus actos.

Algunos de esos maestros como el fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, considerado el más grande maestro de Artes Marciales que ha existido jamás, llegaron a alcanzar niveles espirituales extraordinarios que supieron plasmar en su arte. El maestro Ueshiba, que según afirman los historiadores, era la persona más religiosa del Japón, tuvo una vida repleta de hechos asombrosos perfectamente documentados y registrados. Esta persona fue y sigue siendo el ejemplo a seguir para muchas personas que más allá del aspecto meramente físico buscaron y siguen buscando el dominio de sus temores, instintos y debilidades no a través de vacías teorías y especulaciones, sino a través de una sufrida y constante práctica que con sinceridad y corazón les abrirá posiblemente el camino al conocimiento de sí mismos, de la Naturaleza y del Universo.

El mensaje que los antiguos maestros velaron bajo la forma de movimientos corporales de todo tipo, queda necesariamente oculto para aquellos corazones demasiado impacientes y soberbios para comprender, y visible para aquellos que con humildad y sencillez, y tras largos años de entrenamiento encontrarán el verdadero sentido que impulsó a tibetanos, hindúes, chinos, japoneses, etc., a crear unos sistemas de lucha externa e interna que conducen a los hombres que anhelan y buscan con sinceridad, a la verdadera y única realidad, convirtiéndolos en auténticos GUERREROS en su más amplio sentido. Actualmente se observa que algunas Artes Marciales por desgracia sólo constituyen una modalidad deportiva más, donde la meta a conseguir se limita a campeonatos y trofeos quedando la verdadera motivación de estas, casi totalmente desplazada, olvidando su esencia, despreciando la Tradición o adaptándola a sus propios intereses, alejándose de aquella que conduce a la auténtica liberación del individuo. Desde aquí un saludo a todos aquellos que desde el anonimato continúan buscando.
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