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lunes, 6 de marzo de 2017

Las artes adivinatorias más extrañas

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 Por Andrea Tamayo
(de Algarabía Edición de XV años)
 
Predecir el porvenir siempre ha despertado la curiosidad del ser humano. Desde tiempos remotos, las personas han querido saber qué pasará con ellos, su familia, la caza, el clima y cuanto les rodea.

Cada cultura creó sus propios métodos para hacerlo. Algunos caen en lo absurdo, muestra de que somos capaces de creen en cualquier estupidez con tal de tener cierto "control" de nuestras vidas. Hay muchas y muy variadas, pero en ésta lista presentaremos algunas de las artes adivinatorias más extrañas.

10. Alectomancia

Las gallinas tienen poderes adivinatorios, o al menos, eso pensaba el emperador romano Valente, quien, para conocer el nombre de los que se atreverían a sustituirlo, puso a una gallina entre varios sacos de grano. Cada bolsa representaba una letra y, según donde comiera el ave, era la respuesta a su pregunta.

9)Aruspicina

Técnica de origen etrusco que consiste en analizar las entrañas de los animales - en especial el hígado - para adivinar o modificar el futuro. Fue tanta su importancia en el imperio romano que Julio César llego a consultar a un arúspice, quien predijo su asesinato en el mes de marzo.
8) Orintomancia

Originario del sur de India, éste método se basa en interpretar el canto, vuelo, grito y movimientos de las aves, especialmente de los loros verdes. Es probable que de ésta adivinación haya surgido la frase: "ave de mil agüero".

7) Escatomancia
 
Técnica del Egipto donde se interpretaba la forma, olor y color de las heces fecales, tanto de animales como de las personas.

6) Asparamancia

Consiste en adivinar el futuro según la caída de espárragos en el suelo. Jemina Packington, creadora de éste método, asegura haber aprendido el arte adivinatorio de su madre, quien practicaba la taseomancia o adivinación a partir de las hojas de té.

5) Rumpología

Similar a la lectura de las manos, ésta forma de adivinar el futuro se base en el trasero de las personas: las líneas, hoyuelos, ciacatrices, lunares y pliegues tienen mucho que decir sobre el porvenir de quien consulta.

4) Adivinación por medio de los pezones

Técnica que analiza la forma, color y tamaño de las areolas de los pezones. Eri Koizumi, una "maga" y comediante japonesa, asegura que a través de éste método puede conocer el pasado, presente y futuro de la persona.

3) Patamancia

Traducido del inglés "pawmistry", pretende adivinar el futuro, pasado, influencia cultural y orígenes geográficos de los gatos a partir de sus patas. Los creadores de ésta técnica, Ken Ring y Paul Romhany, sostienen que ayuda a las personas a comprender a sus mascotas.

2) Adivinación en mesas

Desde el imperio Romano hasta la actualidad, muchas persona han acudido a ésta práctica, que consiste en colgar un anillo sobre una mesa que tiene letras grabadas. Supuestamente esto responde a toda pregunta.

1) Escritura automática

Técnica donde escribir en un estado de inconsciencia revela mensajes de entidades sobrenaturales. Supuestamente fue utilizada por las hermanas Fox, tres mujeres estadounidenses pioneras del espiritismo. A pesar de que una de ellas aceptó haber fingido sus "experiencias", éstas técnicas y métodos trascendieron.

lunes, 1 de agosto de 2016

La herida materna. Primera parte

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Traducción del Artículo original 
"Why it's Crucial for Women to Heal the Mother Wound"
(¿Por qué es crucial para la mujer sanar las heridas maternas?) 
de Bethany Webster

De lo que mucha gente no cae en cuenta es que el centro de la problemática del empoderamiento de la mujer son las heridas maternas.
 

Dificultades y desafíos entre madres e hijas son descontrolados y generalizados pero no son comentados abiertamente. El tabú de hablar sobre el dolor que las madres infligen es algo que se mantiene oculto, en las sombras, purulando fuera de la vista de los demás.
 
¿Qué es exactamente una herida materna?
 

Una herida materna es el dolor una mujer legado por generaciones de mujeres en culturas patriarcales. E incluye mecanismos de copia disfuncionales que son usados para procesar ese dolor.
 
Las heridas maternales incluyen los dolores de:
 

- La comparasión: el no sentirse suficientemente buena

- Verguenza: sensación constante de que hay algo malo contigo

- Disminución: El sentir que debes de permanecer haciendote menos para ser amada

- Sentimiento de culpabilidad persistente por querer más de lo que actualmente tienes

 
La herida materna puede manifestarse de las siguientes maneras:
 

- No siendo completamente tú misma  porque no quieres sentirte una amenaza para los demás

- Manteniendo una alta tolerancia a una comportamiento mediocre de los demás hacia ti

- Preocupación por las emociones

- Sentirte competitiva con otras mujeres

- Auto-sabotaje

- Siendo excesivamente rígida y dominante

- Condiciones como desórdenes de alimentación, depresión y adicciones

 

En nuestra cultura patriarcal, dominada por hombres, las mujeres están condicionadas a pensar en elloas mismas como "menos que" y no merecedoras o valiosas. Este sentimiento de ser "menos que" se ha ido interiorizando y pasando a través de incontables generaciones de mujeres.
 
La atomósfera cultural de opresión de mujeres situa a las hijas en un "doble ciego".

Simplemente, pongamos que, si una hija interioriza las creencias inconscientes de su madre (que es una forma sutil de "No soy lo suficientemente buena") entonces gana la aprovación de su madre, pero de cierta manera, se traiciona a si misma y su potencial.
 

Como sea, si no interioriza las creencias inconscientes de su madre en sus propias limitaciones pero en cambio afirma su propio poder y potencial, adquiere consciencia de que su madre pudiera inconscientemente interpretar esto como un rechazo personal. La hija entonces no quiere correr el riesgo de perder el amor y la aprovación de su madre, así que interiorizando estas limitaciones, creencias inconscientes, es una forma de lealtad y supervivencia emocional para la hija.
 
Puede percibirse como peligroso para una mujer el materializar todo su potencial debido a que puede significar alguna forma de rechazo de su madre.
 

Esto es debido a que la hija puede inconscientemente sentir que su empoderamiento completo puede detonar la tristeza o el coraje maternos de tener que renunciar partes de si mmisma en su propia vida. Su compasión por su madre, su deseo de complacerla, y el miedo al conflicto pueden provocarle que e convenza a si misma de que es más seguro disminuirse y permanecer disminuida.
 

Una objeción común del confrontar las heridas maternas es el "dejar el pasado en el pasado". Como sea, nunca "escapamos" realmente del pasado o lo enterramos. Vive en el presente en forma de obstáculos y desafíos que enfrentamos a diario. Si evadimos el tener que  tratar con el dolor asociado con una de las MÁS primordiales y fundamentales en nuestras vidas, nos perdemos de una oportunidad esencial de descubrir la verdad acerca de quienes somos y de vivir de manera auténtica y con gozo esa verdad.
 
Esterotipos que perpetuan la herida materna:
 

- "¡Mira todo lo que tu madre ha hecho por ti!" (de otras personas)
 
- "Mi madre sacrificó mucho por mí. Sería muy egoísta hacer lo que ella no haría. No quiero hacerla sentir mal."
 
- "le debo lealtad a mi madre, sea como sea. Si se disgusta, va a pensar que no la valoro"
 

La hija puede experimentar temores sobre explotar su potencial debido al temor de tener que abandonar a su madre. Puede temer el que su madre se sienta amenazada por sus sueños o ambiciones. Puede llegar a temer sentimientos incómodos de su progenitora, tales como envidia o enojo. Todo esto es generalmente a nivel inconsciente y no es reconocido abiertamente o se habla sobre ello.
 
Todas hemos sentido el dolor que nuestras madres cargan consigo. Y todas nosotras sospechamos de que en cierto grado somos parcialmente culpables de su dolor. En eso recae el remodimiento. Esto tiene sentido cuando consideramos el desarrollo cognitivo limitado de una niña, que se ve a si misma como  la causa de todas las cosas. Si no direccionamos esta creencia inconsciente siendo adultos, podemos seguir yendo por ahí con ello y limitandonos de sobremanera como resultado.
 
La verdad es que ningún niño puede salvar a su madre
 

Ningún sacrificio de hija será jamás suficiente para compensar por el alto precio que su madre haya tenido que pagar por las pérdidas que haya acumulado a través de los años, simplemente por ser mujer y madre en ésta cultura. Y aún así, esto es lo que muchas mujeres hacen por sus madres desde muy temprano en la infancia. Subconcientemente toman la desición de no abandonar o traicionar a sus madres volviéndose "demasiado exitosa", "demasiado lista" o "muy atrevida". Ésta desición es por amor, lealtad y verdadera necesidad de aprovación y apoyo emocional para con la madre.
 
Muchas de nosotras confundimos el ser leales con nuestras madres con ser leales con sus heridas, somos cómplices de nuestra propia opresión.
 

Estas dinámicas son muy inconscientes y operan contínuamente. Aún la más saludable, servicial relación de madre-hija puede presentar estas dinámicas en algún grado en por el simple hecho de ser mujer en ésta sociedad. Y para las hijas que tienen madres con conflictos serios (adicciones, trastornos mentales, etcétera) el impacto puede ser realmente dañino e incidioso.
 
Las madres deben de aceptar su responsabilidad y lamentar sus pérdidas
 

Ser madre en nuestra sociedad es inexpresablemente difícil. He escuchado a muchas mujeres decir "Nadie jamás te dice lo duro que es" y "nada te prepara para cuando vuelves a casa con el bebé y te das cuenta de todo lo que te es exigido" Nuestra cultura, especialmente en los Estados Unidos, es muy difícil para las madres, el recibir muy poca ayuda y muchas están criando niños ellas solas.
 
Mensajes no-hablados de nuestra sociedad a las madres:
 

- Si la maternidad es difícil entonces es tu culpa
 
- Que verguenza si no eres super-humana
 
- Hay Wmadres naturales" para quienes la maternidad es fácil. Si no eres una de ellas, entonces hay algo profundamente malo contigo
 
- Se supone que debes de ser capaz de manejar todo tranquilamente: tener niños bien educados, ser sexualmente atractiva, tener una carrera exitosa y un matrimonio sólido
 

Para las madres que en verdad se han sacrificado al tener niños en nuestra cultura, verdaderamente puede sentirse como un rechazo cuando los hijos sobrepasan o exceden los sueños que creíste que eran posibles para ti misma. Puede llegar a haber una sensación de sentir la deuda, con derecho a reclamar o con necesidad de ser validados por tu propio hijo, lo cual puede ser una forma muy sutil de poderosa manipulación. Ésta dinámica puede causar que la próxima generación de hijas se mantenga menguada para que sus madres puedan continuar sintiendose validadas y afirmadas en sus identidades como madres, una identidad que muchas han sacrificado por tal motivo, pero que recibieron muy poco apoyo y reconocimiento a cambio.
 

Las madres pueden inconscientemente proyectar una furia profunda contra sus hijas de maneras sutiles. La furia es hacia la sociedad patriarcal que requiere que la mujer se sacrifique y se agote por completo para volverse madre de una niña. Y para un niña que necesita a su madre, sacrificarse en un esfuerzo para - de alguna manera - facilitar el dolor de ser madre, es comúnmente una desición subconsciente tomada muy temprano en la vida y no descubierta como la causa de conflictos subyacentes mucho después, cuando ya es adulta.
 

La herida materna existe porque no hay un lugar seguro para que las madres procesen u coraje debido aal sacrificio que la sociedad les ha exigido. Y porque las hijas siguen inconscientemente temiendo el rechazo por elegir no hacer esos mismos sacrificios que las generaciones anteriores.
 
En nuestra sociedad, no hay un lugar seguro para que una madre descargue su furia. 

Y entonces,a menudo, se proyecta sobre la hija. Una hija es un objetivo muy potente para la ira de la madre porque la hija aún no ha renunciado a su personalidad por su maternidad. Una hija joven puede recordarle a la madre su potencial desvivido. Y si la hija se siente lo suficientemente valiosa para rechazar algo de de los mandatos patriarcales que la madre tiene que tragarse, puede entonces ella disparar esa ira oculta de la madre.

Por supuesto, la mayoría de las madres quiere lo mejor para sus hijas. Como sea, si una madre aún no ha lidiado con su propio dolor o llegado a términos con los sacrificios que había tenido que hacer, entonces su apoyo para la hija puede ser enlazado con vestigios de mensajes que sutilmente infunden verguenza, culpa u obligación. Pueden filtrarse en la situaciones más venévolas, usualmente en forma de crítica o  alguna forma de recibimiento de elogio en retorno hacia la madre. No es usualmente el contenido del alegato, sino la energía con la que  es expresado lo que puede acarrear resentimientos ocultos.
 

La manera en que una madre previene dirigir su furia hacia su hija y transmitirle la herida materna, es lamentar totalmente y llorar sus propias pérdidas. Y asegurarse de que no está dependiendo de su hija como su principal fuente de apoyo emocional.
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sábado, 30 de julio de 2016

¿Artes internas, artes externas? ¿Amor o guerra?

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 De la revista Cinturón negro
Año XV. No. 157
Por Alfredo Tucci
Eros y Eris

Si existe una división esencial y eterna en las Artes Marciales, ésta viene marcada por su propio nombre.De un lado lo artístico, del otro Marte. El Arte como paradigma de Eros y Marte como perfecto ejemplo de Eris.Eros, el antiguo dios del Amor nace del Caos a la vez que su hermano Eris nace de la Guerra. Como veis, en las raíces de nuestra cultura también existía, en sus orígenes, el concepto de los opuestos complementarios del Yin y del Yang del mismo modo que en las tradiciones de Oriente. 

Amor y Guerra son dos fuerzas opuestas y complementarias y todas las culturas participan de ambas, si bien es cierto que en determinados periodos de la historia de los pueblos la tendencia ha sido ensalzar más a una que a otra.Como fuerzas indiferenciadas, Eros es tan necesarios como Eris. El uno crea, el otro destruye para poder renovar así, el ciclo de la vida, la evolución y el cambio siguen su curso eternamente. Pueblos como Esparta pusieron más acento en Eris, mientras Atenas lo puso en Eros, sin embargo de aquella dialéctica surgió una gran cultura de la que todos en Occidente somos deudores.

La guerra tal y como dice el gran estratega chino Sun Tsu, es un asunto de vital importancia, constituye la
base que determina la vida o la muerte, el camino hacia la supervivencia o la aniquilación. La guerra no es un asunto muy popular en nuestros tiempos en los que el valor de la vida del individuo se ha incrementado enormemente, especialmente si miramos hacia atrás en la historia y lo comparamos con el que se le atribuía en tiempos pretéritos. Por empatía, más que por ninguna otra razón, ninguno de nosotros amamos la idea de la guerra. Ni siquiera el principio que representa posee, digámoslo así, lo que se dice una muy buena prensa. Esto eventualmente debería dejar a Eros campando a sus anchas por el Planeta, y el cuerno de la abundancia, la cultura del vino y la miel sería el pan nuestro de cada día… pero todos sabemos que no es así. El fiel de la balanza en los corazones y en las mentes de los humanos (¡al menos formalmente!) se inclinan hoy en día hacia “la hermana suave” antes que hacia el hermano destructivo. Esta preferencia, de facto, ha creado un desequilibrio en nuestras sociedades modernas. Todo aquello que represente a Eris, la fuerza de repulsión, lo guerrero, se ve con desagrado y ha sido apartado y pospuesto: la violencia, la guerra, la muerte… ¡si hasta el propio invierno tiene mala prensa!. El ideal humano, el paradigma del paraíso es Eros y desde luego se asemeja mucho más a una isla paradisíaca llena de jóvenes felices haciendo el amor y por supuesto… ¡en verano! Las Artes Marciales deben, como un todo completo, representar en sí mismas ambos principios y así lo han hecho durante siglos, si bien y dado que todo existe en grados, las ha habido con mayor o menor predominancia de ambas fuerzas a medida que los estilos se han ido especializando.

Las Artes Suaves, las Artes Duras

Un hipotético escenario de origen común (una imagen siempre idealizada) nos hablaría del mítico principio puro en el que un perfecto equilibrio existiría entre ambas. Un Arte Marcial donde tanto el Arte como lo Marcial tuvieran su justa cabida, en el que tanto los aspectos marciales representando a Eris, como los artísticos en representación de Eros, se expresarán y formarán parte de su filosofía y práctica. Sin embargo, con el paso del tiempo se desarrolló una especialización diferencial que existe como bien sabéis entre los estilos. Los hay más propensos, en cuanto a la forma, a los movimientos suaves y lentos; los hay duros y rápidos. En cuanto al contenido: hay estilos que fijan la atención del practicante predominantemente al interior, mientras otros sólo existen en función del contrincante externo. Así, hasta para el mayor de los profanos, hay dos tipos de Artes Marciales: las suaves o internas y las duras o externas.

Bien es cierto que tal división, como todas, es antes una gama de grises que una línea trazada con un palo en el suelo. Los diversos estilos afortunadamente y muy especialmente aquellos más antiguos, inciden en ambas partes de esa línea, aunque la ley de la predominancia está implícita en cada forma de entender el Arte Marcial. Pero permitidme ahondar más en esa característica diferencial para ver hasta donde nos puede llevar y, dislocando así la realidad, poder comprenderla un poco más. A veces sólo poniendo las cosas en los extremos podemos apercibirnos más profundamente de lo que está oculto tras ellas, ¿no es así? Nadie se sienta pues ofendido por una caricatura que, a la postre, sólo nos ofrecerá una ocasión de mirar el conjunto de nuestras prácticas con perspectiva.

Los estilos internos y sus querencias. ¿Bailas o peleas?
 
Los estilos internos, tal como sus hermanos del lado opuesto, atraen decididamente como practicantes a aquellos que les son afines, que vibran en su mismo tono. Por supuesto, los de los estilos predominantemente internos no tendrían ningún empacho en declararse abiertamente y sin ningún pudor como “amantes de Eros”. Los sinuosos y suaves movimientos del Tai Chi son el “queso en la ratonera” de ese hombre longuilíneo, intelectual, interesado en las Artes, amante de la Paz y del silencio, preocupado con la salud, las buenas formas y por el estado de la capa de ozono. El practicante de Tai Chi (bien entendido que estamos usando el Tai Chi como ejemplo, y describiendo un personaje estereotipado y en tal medida falso) se siente atraído de forma inconsciente hacia su Arte, pues éste sin duda muestra su cara mas “erótica” (Eros) en un primer contacto. Luego la práctica, si bien enseñada, sorprende al adepto con sus formas de combate, lo contrasta con el esfuerzo, con esas posiciones que, para ser correcta y naturalmente adoptadas, requieren de un enorme trabajo y de una perseverancia a toda prueba, ¡algo mucho más “Erítico”! Pero no sería el primer caso de un Maestro de Tai Chi, ni posiblemente el último, que se acercara a mí para quejarse de lo mucho que le cuesta imbuir a sus alumnos del adecuado “espíritu marcial” en sus prácticas. Hace unos días, y por cambiar de estilo (no sea que se de el caso de que se me queje alguno) grabamos un vídeo con un grupo de practicantes de Esgrima, entiéndase ésta en sentido amplio, es decir no sólo esgrima de espada sino también Escrima filipina y lucha con todo tipo de armas. Su peculiaridad, reside en que sus prácticas se han visto enriquecidas por el estudio de un material interesantísimo vinculado a la historia de su país, Italia, desde la Edad Media y especialmente durante el Renacimiento, donde este Arte era ampliamente practicado por todo el mundo. “Nova Escrimia”, que así se hace llamar este grupo que tan diligentemente dirige Graciano Galvani y del que sin duda oiréis hablar mucho en el futuro, ha escrito varios e interesantes tratados sobre la materia que han despertado la atención de muchos jóvenes universitarios. El D’Artagnan que habita en cada uno de nosotros despertó por supuesto en ellos sus fantasías románticas. Maese Galvani descubrió, no sin desazón y más pronto que tarde, que en el preciso momento que en sus clases apretaba el acelerador de lo marcial (algo por otra parte esencial en su trabajo cotidiano), sus ilustres pupilos desertaban despavoridos. Y es que Maese Galvani trabaja su Arte tal y como debe de hacerse… pero el sudor, el esfuerzo y los golpes no son románticos…Algunas escuelas de Aikido, afortunadamente no todas y cada día menos, siguen danzando entorno a Tori en lugar de aprender a lanzar un ataque verdadero; algunos ¡Aikidokas no aman nada a Eris! y, sin embargo, el verdadero Aikido es imposible sin él, pues tal como lo describió su fundador el Aikido es la unificación de los dos principios.

Los estilos externos:la vía de Robocop

La eficacia en el combate está sin duda en el origen de todas las Artes Marciales como una básica aspiración de justa utilidad. Sin embargo, el reduccionismo de las actuales modas en el sector están relegando a muchos estilos a una colección de técnicas para, deportivamente o sin regla alguna, conseguir reducir al enemigo a un trozo de carne tal y como lo expresó Groucho Marx “despreciado hasta en una carnicería mexicana” (¡y que me perdonen los amigos de México! donde hay, por cierto, magníficas carnes). Casi completamente entregados en brazos de Eris, las formas profesionales de combate se focalizan en un aspecto que, no por ser importante, debe de ser excluyente en la práctica de Artes Marciales. Las formas policiales y militares de combate se podrían confesar abiertamente amantes de “Eris”, como no podría ser de otra manera. Sin embargo, en los estilos nacidos o recreados al calor de los “Vale todo” han transformado al combatiente en un patético remedo del guerrero e incluso del “militia”. Llevado al paroxismo estas tendencias conducen a muchos individuos a entregarse, como es bien sabido en estos círculos, al consumo de esteroides anabolizantes que los convierten verdaderamente en masas espectaculares de carne, tremendos “Robocop” cuya función no parece ser otra que la de conseguir destruir con saña a otra enorme masa de carne en un ring. ¿Cómo puede haber desarrollo personal en quienes se destruyen a sí mismos?, ¿dónde quedó Eros en tal camino?

Es cierto que hay entre los amantes de la eficacia toda suerte de personas, muchos de ellos afortunadamente magníficos deportistas y luchadores que cultivan sanamente su cuerpo y explayan su ardoroso espíritu combativo haciéndonos correr ríos de adrenalina y entusiasmo por su valentía, pundonor y bravura; individuos, algunos de ellos, que además cultivan su lado femenino, su intelecto, y su sensibilidad. Pero éstos son sin duda los menos, no nos vayamos a engañar. Así pues, si eres más ancho que alto, gustas más de la acción que de la reflexión y te pone el heavy metal, es más fácil que termines haciendo Boxeo antes que Aikido, Free-Fight que Tai Chi, que entrenes pesas y no estires adecuadamente y que adores la tensión en lugar del relax.

Verdaderas “Artes Marciales”
Todas las mitologías nos hablan del principio único, de lo indiferenciado y luego de la dualidad. Nuestro mundo esconde tras ella su esencia primordial única y, a medida que nos alejamos de ese principio único, las infinitas combinaciones binarias dan lugar al Universo en todas sus facetas y posibles. De las formas unicelulares a las multicelulares, de lo inanimado a la vida; la evolución es siempre complejidad, multiplicidad, diferenciación. Las Artes Marciales no podrían haber seguido otro criterio. Desde sus orígenes los estilos más diversos han sido estilos completos, donde el adepto era iniciado en formas de combate que implicaban un conocimiento de sí mismo y de los demás cada vez más sofisticados.Había que atender tanto lo interno como lo externo, había que ser capaz de escuchar a la Naturaleza y sus signos, curar a la vez que herir, matar a la vez que dar la vida, pues el guerrero era a la vez chaman, defensor de la tribu y guardián de los conocimientos. La especialización vino después, mucho después y trajo sin duda muchas cosas buenas: nuestra habilidad creció, nuestros arsenales se afinaron, nuestro conocimiento también, pero algo se perdió tal vez en el camino…, algo muy especial que algunos Grandes Maestros se empeñan en no olvidar. Las Artes Marciales son Marciales pero también Artes. Internas, pero externas. Como todo lo grande, las Artes Marciales son paradójicas y su adecuada comprensión y práctica implican nuestro ser total: mente, emoción y cuerpo, en un trabajo transformador y evolutivo que atiende a la persona de un modo completo y no sólo parcial. 

El tiempo de los extremos
 
Hoy en día la sociedades modernas miran a otro lado cuando quien aparece en escena es el díscolo Eris. Sus virtudes han sido denostadas, sus propósitos más bellos desvirtuados, su presencia apartada. Eris da la vida al destruirla, renueva como los inviernos la tierra, cuando con sus hielos rompe la fibra vegetal caída al suelo en el otoño, permitiendo así que la primavera la pudra para crear el fértil fundamento de un nuevo ciclo de vida.

La muerte se aparta de nuestras vidas, los cementerios se alejan de lo cotidiano; la vejez no es ya algo respetable, sino defectuoso; los niños ya no aprenden de ella pues no conviven con sus abuelos, y al militar, como al policía, no se les considera sino un mal necesario al que hay que acudir para que nos saquen las castañas del fuego. Nuestras sociedades sólo quieren oir hablar de Eros, pero claro está, esto no es posible y acaban encontrando (así lo parece indicar la silenciosa ley no escrita) aquello de lo que huyen. Las Artes Marciales de hoy en día viven tiempos de extremismos, como los del propio Planeta. Los estilos internos cada día se alejan más de todo aspecto duro pues los propios alumnos que acuden a ellos atraídos por su encanto, buscan sólo este aspecto y muchos profesores, que no quieren ver como sus clases se vacían, ceden indefectiblemente a la presión. Los estilos externos más extremos cultivan cada vez de forma más denodada y salvaje la destrucción del oponente olvidando que existe el Arte, la suavidad, la lucha con uno mismo y desde luego otro modo de resolver los conflictos que machacando al prójimo.

La Vía de la armonización
 
La armonía siempre surge de los opuestos y las Artes Marciales, si no quieren stricto sensu dejar de serlo, deben combinar ambos principios para alcanzar la armonía y el equilibrio que los alumnos demandan en el fondo para sí mismos. Tal vez hoy, en este marasmo de miles de estilos sin las referencias de autoridad de antaño, cuando cualquiera opina ¡aún sin saber!, no nos quede más remedio que mirar a nuestro alrededor y mirarnos a nosotros mismos para respondernos sinceramente si el nuestro es un trabajo verdaderamente equilibrado. 

Para saber si es Eros quien nos domina en exceso o tal vez Eris quien gusta de poseernos. Sabemos que no se puede simplificar, que las cosas no son blancas o negras, pero con este artículo sólo aspiramos iniciar una reflexión antes que abrir un debate. Es el típico texto con el que es difícil “hacer amigos” pues es crítico, pero nosotros no queremos “mirar a otro lado” y por ello lo publicamos. Luego que cada cual haga de “su capa un sayo”, pues siempre habrá diversidad y no sólo la aceptamos, sino que además somos de la opinión de que ésta nos enriquece a todos. De un extremo al otro del mapa marcial todo es posible, pero también no es menos verdad que existe un justo medio. Como en la flecha de la evolución el justo medio es la forma mas incisiva de avanzar, la aguzada vanguardia de la evolución y el cambio por el que discurrirán siempre los caminos del futuro.Para todos, sea cual fuere vuestro estilo, ahí va nuestro sencillo consejo. Cada uno debe seguir su naturaleza, pero sin descuidarse de trabajar lo opuesto: como artista marcial pero también y, sobre todo, como personas. 
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martes, 17 de diciembre de 2013

Cinco cosas que la gente lamenta en su lecho de muerte

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La vida es una elección. Es su vida. Elija conscientemente, elija sabiamente, elija honestamente. Elija felicidad”, con esta frase sentencia Bronnie Ware, enfermera australiana, el artículo ‘Lamentos de los moribundos’.
Luego retomaría estas experiencias en el libro ‘Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos’, que pasaría a convertirse en su primer Best Seller.
El texto, producto de su experiencia de muchos años dedicada a los cuidados paliativos de enfermos terminales, ha sido traducido a 27 lenguas alrededor del mundo y recopila los 5 remordimientos más comunes que realizan las personas al terminar su vida:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí. “Cuando las personas se dan cuenta de que su vida está a punto de terminar y miran hacia atrás con claridad, es fácil ver cuántos sueños no se han cumplido”, escribe la australiana en su artículo.
Ware recomienda en el texto “(…) tratar de honrar al menos algunos de sus sueños en el camino. Desde el momento en que se pierde la salud, ya es demasiado tarde. La salud conlleva una libertad de la que muy pocos se dan cuenta, hasta que ya no la tienen”.

2. Ojalá no hubiera trabajado tan duro.
“Esto salió de cada paciente de sexo masculino que cuidé. Se perdieron la juventud de sus hijos y la compañía de su pareja”, comenta la enfermera en el documento.
Y respecto a las mujeres escribe: “(…) también hablaron de este pesar. Pero como la mayoría eran de una generación anterior, muchos de los pacientes de sexo femenino no habían sido el sostén de su familia. Todos los hombres que cuidé lamentaron profundamente el haber gastado tanto sus vidas en una existencia de trabajo”.

3. Ojalá hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos
“Muchas personas suprimieron sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a ser lo que eran realmente capaces de llegar a ser”, narra Bronnie Ware.
Y sentencia: “Muchas enfermedades se desarrollan como un resultado relacionado con la amargura y el resentimiento que cargan”.

4. Me hubiera gustado haber estado en contacto con mis amigos.
“Muchos de ellos habían llegado a estar tan atrapados en sus propias vidas que habían dejado que amistades de oro se desvanecieran por el paso de los años. Pese a los lamentos profundos acerca de no dar a las amistades el tiempo y el esfuerzo que se merecían. Todo el mundo pierde a sus amigos cuando está muriendo”, relata desde su experiencia.
Y describe a las relaciones personales como “(…) todo lo que queda en las últimas semanas”.

5. Me hubiese gustado permitirme a mí mismo ser más feliz.
Menciona Ware que durante su trabajo percibió muchas veces que las personas que atendió “no se dieron cuenta hasta el final de que la felicidad es una elección”.
Según sus declaraciones esto podría deberse a que “el miedo al cambio les había hecho vivir fingiendo a los demás, y para sí mismos, que se encontraban contenidos”.
Para sus lectores alrededor del mundo la enfermera que cuidó a personas de todos los géneros, razas y edades cuenta: “cuando usted está en su lecho de muerte, lo que los demás piensan está muy lejos de su mente. ¡Qué maravilloso es ser capaz de sonreír otra vez, mucho antes de que te estés muriendo!”.

Fuente
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martes, 9 de julio de 2013

La diferencia entre Deportes de Contacto y Artes Marciales

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De la revista Cinturón Negro

¿Son las Artes Marciales deportes de combates?

Antes de contestar la pregunta que se ha enunciado arriba, hay que definir los dos conceptos que tenemos en ella.

¿Qué es un Arte Marcial?

Cuando uno habla de un Arte Marciales, muchas veces y casi siempre en casos de los que recién se inician en ellas, suelen verlo como un deporte. Si definimos las palabras:
“Arte”, es aquella acción o actividad humana cuyos resultados y procesos de desarrollo pueden ser objeto  de juicio estético, donde uno pone en juego la habilidad y destreza de uno.“Marcial”, adjetivo de la acción militar, guerra.

Si unimos esta palabra serian “Acciones y actividad humana cuyos resultados están dirigidos a la acción militar (guerra)”, en palabras mas sencillas diríamos que el Arte Marcial, son técnicas de guerra pulidas (a través de la experiencia).

Para el origen de este término deberíamos retraernos varios siglos atrás en la historia de la cultura oriental. Como ya sabemos en la cultura oriental es estructurada y esquematizada, sobretodo en el ámbito de la clase gobernante como en la clase de guerreros.
En China el monje Bodhidharma introdujo a los monjes shaolines unas pocas técnicas de defensa para que cultiven sus cuerpos dado que carecian de entrenamiento físico y por consiguiente eran personas frágiles, estos las introdujeron como complemento a sus rutinas y pronto las técnicas empezaron a multiplicarse de forma sorprendente más cuando en procesos políticos los templos en donde habitaban eran atacados. Ahora bien, como sabemos los monjes shaolines practican el Budismo Chan, hoy conocido como Zen, y pronto las técnicas de defensa se fueron mezclando con la filosofía de su religión.
Si hablamos de Corea, sabemos que durante la Kochosun hay evidencia de la existencia de tecnicas que formaron al Taekkyon y del desarrollo de la filosofía de vida conocida como Hwarang, que eran exclusivamente para los guerreros.

La filosofía del Hwarang se esparció a otros territorios desencadenando lo que conocemos como Budo, que tuvo nacimiento en Japón. En este país la clase Samurai se regia bajo el Budo, el cual definía cuales eran sus obligaciones y deberes. El fuerte vínculo del Budismo que provenía de China logro que el guerrero sostenga una forma de vida equilibrada, estructurada y donde la practica de meditación era algo fundamental. A fin de la guerra civil cuando toma el control del territorio el Clan Tokugawa, Japón empezó a vivir un tiempo de paz y favoreció el florecimiento de Dojos donde las artes marciales empezaron a tomar un crecimiento.
A través del tiempo y al cabo de tantas guerras, las Artes Marciales fueron madurando y se fueron efectivizando las técnicas sin olvidar que se fue afianzando más la filosofía en ellas. Se puede decir que un Arte Marcial es la práctica de técnicas de guerra con una filosofía que hace tomar conciencia de la responsabilidad y obligaciones que uno tiene con ellas.

¿Qué es un Deporte de Contacto?

Cuando uno habla de Deportes de Contacto, el clásico ejemplo es el del Boxeo occidental, donde dos personas combaten en una pelea regida por reglas.
Si tenemos que decir cuando fue el primer indicio de un Deporte de Contacto, seria muy difícil definir un punto exacto dado que las competencias de este tipo existen en todo tipo de cultura.

Pasando por Grecia a los aborígenes que habitaban nuestro territorio.
Estos combates no eran a muerte sino son peleas regidas según reglas y el objetivo era ganar.
Los deportes se basan en la competición, y el objetivo es la acumulación de victorias.
Los deportes de contactos serian aquellos donde los competidores combaten cuerpo a cuerpo, ya sea pudiendo utilizar las manos y/o piernas, y siendo Light-contact (por puntos) o Full-contact (por puntos pero el Knockout es valido y se toma como objetivo).
Los deportes de combates que mezclan técnicas orientales tuvieron éxito relativamente hace poco tiempo después de la explosión que tuvieron las Artes Marciales en occidente a través del Cine y demás medios de difusión. Fue donde nacieron el Full Contact,  KickBoxing, y otros.
 
¿Cuál es la diferencia entre Deportes de Combate y Artes Marciales?

La diferencia está en que un Arte Marcial, aunque tiene una faceta deportiva dado que los torneos existen en la mayoría de estos, tienen muchas otras facetas como el técnico, el marcial y sobre todo el aspecto filosófico que contribuye a templar el carácter de la persona para aumentar sus aspectos positivos y cambiar sus aspectos negativos. Mientras que un Deporte haría hincapié en el propósito de ganar un torneo o un combate deportivo, olvidándose  de otras técnicas efectivas en combates reales,  careciendo de conceptos filosóficos que le demuestren a los alumnos las obligación y responsabilidades que tienen con las técnicas que aprenden.
La diferencia se encuentra en el “fin”. El fin de un arte marcial seria adquirir una forma de vida donde a través del crecimiento uno va adquiriendo nuevas responsabilidades, sin descartar la adquisición de técnicas de combates efectivas en situaciones reales. Mientras que el fin de un deporte de combate seria salir victorioso en combates deportivos y conseguir una acumulación de victorias.
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jueves, 4 de julio de 2013

En busca de un remedio al vacío existencial...

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De Viktor E. Frankl: “La voluntad de sentido” 
En busca de un remedio al vacío existencial
por el Dr. Aquilino Polaino Lorente 

El hombre es un ser empeñado en la búsqueda de un sentido, del logos. Ayudar al hombre a encontrar ese sentido es un deber de la psicoterapia y el objetivo de la logoterapia. Hoy como ayer, el hombre que no encuentra sentido a su vida, se hunde en el vacío existencial. Este es el diagnóstico que viene afirmando ininte-rrumpidamente el psiquiatra austríaco Viktor E. Frankl a lo largo de medio siglo y que ahora retoma en su nuevo libro La voluntad de sentido.

Muchas personas en la actualidad hacen lo que no quieren y tal vez quieren lo que no hacen, o posiblemente imaginen querer o deseen hacer lo que otros parece que quieren. En el fondo, unos y otros parece que ni siquiera saben ya lo que quieren. Tal vez lo que determina finalmente su toma de decisiones es el deseo de imitar lo que los demás hacen (conformismo) o secundar dócilmente y realizar sólo aquello que los demás quieren que realicen (totalitarismo).

Es probable que una persona que se comporta de esta forma descubra, años más tarde, la inutilidad de su existencia. En el fondo, su existencia estaba vacía mucho tiempo atrás, antes de que lo descubriera, puesto que las opciones por las que se decidió en ningún caso comprometieron, como sería de esperar, su libertad personal, sino que eran más bien irresponsables. A esa falta de contenido de la propia vida es a lo que el autor denomina “vacío existencial”.

Más allá de la sexualidad

La imagen del hombre que se puso en circulación a partir del psicoanálisis de Freud, propaló que eran los instintos los que indicaban al hombre lo que tenía que hacer en cada caso. Paradójicamente, este determinismo, negador de la libertad humana, hizo fortuna cultural, hasta el punto de que algunos sectores de nuestra sociedad le dieron cierto crédito. Pero la sexualidad no dice al hombre, lo que éste tiene que hacer — y mucho menos lo que tiene que querer — para ser feliz.
 
Freud, al sexualizar el concepto de neurosis — al vincular la etiología de la neuro-sis a la represión y/o insatisfacción sexual —, neurotizó el concepto antropológico que hasta entonces se tenía de la sexualidad humana. Hoy se descubre que el sexo así entendido no sólo no libera sino que neurotiza. De hecho, la gente que no sabe amar obtiene del sexo una satisfacción mucho más deficitaria que los que sí saben. Es como si únicamente humanizando la sexualidad, ésta alcanzase no sólo su mayor satisfacción sino también la plenitud humana que debe caracterizarla.
 
La promiscuidad, el abuso de la pornografía y la impotencia sexual son algunas de las consecuencias de esta degradación del consumismo erótico, en que ha devenido la sexualidad humana siguiendo el modelo antirrepresivo auspiciado por Freud. Contrariamente a lo que algunos piensan, Freud no sólo no fue el autor que liberó la sexualidad humana, sino el que más contribuyó a neurotizarla.

El modelo del homo necessitudinis

“Hace tiempo — escribe Frankl — que no se reprime el problema sexual, como en la época de Sigmund Freud, sino el problema del sentido (...); hoy los pacientes ya no vienen a nosotros, los psiquiatras, con sus sentimientos de inferioridad como en la época de Alfred Adler, sino con la sensación de falta de sentido, con un sentimiento de vacío, que yo, califico de vacío existencial”.
Cuando un hombre no encuentra sentido a su vida, es posible que satisfaga esa primaria y elemental necesidad de entregarse a la satisfacción de otras necesida-des jerárquicamente más bajas (sexo, alcohol, drogas, etc.). A lo que parece, de lo que toda persona humana tiene necesidad es de encontrar un sentido para su propia existencia. Pero el modelo antropológico que pone de manifiesto esta necesidad primordial ha sido sistemáticamente ignorado por el hombre de nuestro tiempo.

Preguntarse por el sentido de la vida, por su valor, no es una manifestación sin-tomática de que el hombre esté enfermo, como pensaba Freud. “El hombre, al interrogarse por el sentido de la vida, más que eso, al atreverse a dudar de la exis-tencia de tal sentido, sólo manifiesta con ello su esencia humana (...); tal pregunta no es la manifestación de una enfermedad psíquica sino la expresión de madurez mental, diría yo”.

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“En la sociedad de la abundancia, el estado de bienestar social prácticamente satisface todas las necesidades del hombre; hasta algunas necesidades en realidad son creadas por la misma sociedad de consumo. Sólo hay una necesidad que no encuentra satisfacción y ésa es la necesidad de sentido en el hombre, ésa es su ‘voluntad de sentido’, como yo la llamo”.
Paradójicamente la antropología formulada por Frankl ha sido ignorada, mientras los psicoanalistas defendían otro modelo antropológico, mucho más zoológico, que sólo daba primacía a la vida de los instintos.

Psicoterapeutas sumergidos
 

Desde la perspectiva de la logoterapia, defendida por Frankl, la terapia psicoanalítica — también conocida como psicología profunda — se nos aparece como una psicoterapia enmascaradora, puesto que no va más allá de lo que realmente pre-ocupa al hombre (la busca de sentido), sino que enmascara esta preocupación, a través de interpretaciones, por cuya virtud se centra exclusivamente la preocupación humana en algo periférico (la satisfacción sexual).

Por otra parte, el psicoanalista jamás da la cara al paciente. Parapetado en la neutralidad y en la indiferencia — con esos eufemismos suele describir la situación terapéutica —, reconduce al cliente, a través de sus interpretaciones y silencios, a donde éste ni quiere ni se ha planteado ir: a contar sus experiencias sexuales. Al hacer de la sexualidad la columna vertebral del análisis psicoterapéutico, inevitablemente se conduce al paciente a la consideración de que su sexualidad está alterada, (precisamente por eso, debe ser analizada), al tiempo que se le crea la falsa expectativa de que sus traumas desaparecerán, cuando las represiones a las que la sexualidad fue sometida dejen de estar latentes y se hagan manifiestas, gracias al psicoanálisis. Al proceder así, el psicoanalista actúa como una mano invisible, como un psicólogo sumergido que, desde su escondite, mueve los hilos del guiñol en que ha transformado a su paciente.

Del “yuppie” al “hang up”

A la inflación sexual, consecuencia del freudismo han seguido otras necesidades a cuyo alcance y satisfacción se dedican muchos hombres, sin apresar otra cosa que el vacío de su existencia.
La búsqueda del placer recorre hoy senderos, antiguamente muy poco transitados, que comportan un cierto riesgo. Este es el caso de la voluntad de prestigio, un sucedáneo de la voluntad de poder de antaño, que ahora se formaliza como éxito profesional. Y con la búsqueda de prestigio, la voluntad de tener la mayor cantidad de dinero posible. Como, si el tener más hubiera de dar inevitablemente un mejor sentido al ser.

El placer, el dinero, el éxito y el tener son como los cuatro puntos cardinales que constituyen el mapa de referencias, la carta de navegación que aparentemente toman muchos jóvenes contemporáneos para erróneamente tratar de encontrar un sentido a sus vidas, para conducir a un puerto seguro sus personales trayectorias biográficas. Con esos pseudovalores se ha vertebrado un modelo antropológico exitoso — el yuppie — que, lamentablemente, hoy tratan de imitar muchos jóvenes universitarios.

Pero el protagonismo, de ese modelo es incompleto. Se silencia o se oculta el abismo final en el que terminan algunos de los que siguieron esta trayectoria: el complejo o debilidad en que se sumergieron las personas exitosas que sacrificaron el sentido de su vida y la lealtad a él, a cambio de obtener un mayor éxito, más poder económico o más placer. A esto es a lo que en el argot juvenil norteamericano se le conoce hoy con el término de hang up.

La autotrascendencia como sentido

La experiencia de encontrarse existiendo — algo de lo que se ha venido ocupando el Prof. Arellano — revela un acontecimiento absoluto: aquello por lo que se me da todo lo que se me da, de manera que sin ello no se me da nada por ningún otro acontecimiento. La situación de encontrarse existiendo, cuando uno no tiene en sí la razón de su origen ni la razón de; su término, permite alcanzar por nuestra autoconciencia el hecho de la donación de nuestra propia existencia. Mas aún, el mismo hecho de encontrarse existiendo también me ha sido dado e inicialmente no me pertenece, es decir, no es mío aunque erróneamente lo pueda considerar como lo mío. La autoconciencia de este acontecimiento absoluto da sentido a la vida del hombre, porque la defiende de cualquier enajenación o posible extravío. Esa misma radicalidad de la autoconciencia de encontrarse existiendo puede constituirse en la fuente que da sentido a la propia vida, puesto que encamina a ésta a estar permanentemente dispuesta a darse a sí misma.

En este juego incesante de la aceptación de lo dado y de la permanente disponibilidad del darse es donde emerge la experiencia de la libertad y la misma libertad humana. Este juego es el que en verdad realiza al hombre que, en tanto que aceptante/donante de sí mismo, está siempre y prontamente dispuesto a la solidaridad, sin caer en la seducción ni en la fascinación de tomarse lo dado a sí mismo como algo propio que le perteneciera.

En mi opinión, en esto consiste el sentido de la vida. Como escribe Frankl, “el hombre en último término puede realizarse sólo en la medida en que logra la plenitud de un sentido fuera en el mundo, y no dentro de sí mismo. En otras palabras, la autorrealización se escapa de la meta elegida al tiempo que se presenta como un efecto colateral, que yo defino como autotrascendencia de la existencia humana. El hombre apunta por encima de sí mismo hacia algo que no es él mismo, hacia algo o alguien, hacia un sentido cuya plenitud hay que lograr o hacia un semejante con quien uno se encuentra”.
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domingo, 30 de junio de 2013

¿Cómo se potencia la creatividad?

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Del artículo ¿Cómo se potencia la creatividad?
de Eduardo Punset
(26 de Noviembre del 2006)

Estamos a punto de comprobar un hallazgo que dará respuesta a una de las preguntas que hemos formulado repetidas veces sin dar con la solución.
Aun partiendo de la premisa de que no hay un solo cerebro idéntico a otro, ¿por qué hay personas que son más creativas que otras? Está claro que hace falta un cierto nivel de inteligencia por debajo del cual es muy difícil la creatividad.
Pero está también demostrado que, siendo un factor necesario, no es suficiente. Vayamos por aproximaciones.

La primera pasa por un descubrimiento de hace algunos años del neurólogo Simon Baron Cohen, que no se relacionó entonces con el nivel de creatividad, sino con las diferencias de sexo. Los hombres eran, en promedio, más sistematizadores y las mujeres, más empatizadoras; es decir, el sexo femenino nace con una mayor facilidad para ponerse en el lugar del otro y el masculino, para lidiar con sistemas como la meteorología, la caza o las máquinas.

Recientemente se ha querido aplicar esta diferenciación a los científicos y a los artistas por separado y se ha comprobado que los científicos son más sistematizadores y los artistas, más empatizadores.
Hasta aquí todo es normal y explicable. Un artista como Picasso se relacionaba con el resto del mundo y Newton, con la Naturaleza. El primero intentaba comunicar su visiónal resto del mundo mediante su pintura y el otro, buscar la razón de los sistemas preguntando a la Naturaleza.

La novedad radica en que se está comprobando que, en contra de todas las apariencias, el porcentaje de creativos en el mundo del arte es mayor que en la comunidad científica. ¿Por qué? La respuesta tiene que ver con unos circuitos cerebrales que los neurólogos llaman ‘inhibidores latentes’. Cuando se activan esos circuitos, tendemos a filtrar y hasta eliminar toda la información o ruido ajenos a la tarea que estamos ejecutando: leer un libro en un tren de cercanías abarrotado de gente, bajar el correo electrónico, escalar una montaña o hacer el  amor. Esos inhibidores latentes han permitido focalizar nuestra atención en una tarea en detrimento de lo irrelevante, garantizando con ello la supervivencia de la especie. Son unos circuitos cerebrales fabulosos para sobrevivir, pero – y éste es el nuevo y sorprendente hallazgo – incompatibles con el pensamiento creativo. Los artistas son más creativos que los  científicos, simplemente, porque no les funcionan bien los inhibidores latentes.
En lugar de concentrarse en el objeto de su investigación, sabiendo cada vez más de menos hasta saberlo todo de nada – como decía Marx de los monetaristas –, los artistas mantienen la mente abierta al vendaval de ideas, coherentes o enloquecidas, que les llegan del mundo exterior.

Es muy fácil leer un libro en el tren cuando los inhibidores latentes funcionan bien. Todo lo que no conviene o es irrelevante no hace mella; ni el ruido ni el pensamiento de los demás. Pero con este tipo de inhibidores es sumamente complicado ser creativo. La creatividad requiere una apertura de espíritu y confianza en las ideas y opiniones de los demás que difícilmente puede darse cuando los inhibidores no tienen imperfecciones flagrantes.

Mi consejo no es tanto que nos esforcemos en ser creativos – se podrá o no incidir en nuestra estructura cerebral – como en saber distinguir entre el pensamiento creativo y el que no lo es en los demás. Desconfiemos de todos aquellos que tienen un mecanismo perfecto de inhibidores neurológicos. Y confiemos en aquellos cuyos defectos les permiten atender a los sentimientos de los otros, intereses diversos, realidades, quimeras; así como desatender – por lo menos durante un rato – lo que es fruto exclusivo de los intereses o las ideas de uno mismo.
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martes, 25 de junio de 2013

Sensibilidad interior

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Del capítulo I de Seitai: Sensibilidad interior de Haruchika Noguchi
Traducido por Luis Crespo

No hace mucho una mujer estuvo al borde de la muerte como resultado de inhalar un gas venenoso. Tras ser reanimada comentó: “Nunca he tenido una experiencia tan placentera. Si uno puede morir así, la muerte es un acto de alivio físico. Pero cuando mi respiración retornó, de repente, y todo volvió de golpe, fue muy difícil. Si vivir es tan duro, pensé, no quiero vivir.”

Estar en un estado de plena sensación de bienestar físico no es distinto a estar muerto. El final del camino en la búsqueda del total bienestar físico es la muerte. Si uno tiene algo mal en su interior pero es incapaz de sentirlo, se debe a que el cuerpo se ha embotado. El sufrimiento es el resultado de estimular en el interior del cuerpo su lucha por vivir. Es absurdo pensar en términos de detener el dolor a fin de conseguir alivio físico; el sufrimiento es algo natural y, debido a que se sufre, uno sabe que está vivo.

Cuando uno practica katsugen o aplica yuki, la sensibilidad se reactiva gradualmente. Entonces uno vuelve a ser capaz de sentir hasta la más ligera anomalía en su interior. Cuando se hace yuki sobre una zona dolorida, el dolor desaparece gradualmente, moviéndose la mano de la persona que hace yuki hacia otra zona [del receptor] de un modo natural, surgiendo una nueva sensación. Suele suceder que una zona que nos dolió hace varios años vuelva a hacerlo del modo en que lo hacía al principio. Esto se debe a que el cuerpo ha recuperado su sensibilidad y se ha vuelto capaz de sentir de nuevo. Cuando uno es capaz de volver a sentir algo que anteriormente era incapaz es un progreso.Si uno es capaz de coger un catarro estará corrigiendo de ese modo una fatiga parcial. Pero si no se coge el catarro la fatiga continuará durante largo tiempo.

Poner el cuerpo en un estado ordenado (seitai) significa que la sensibilidad dentro del cuerpo se ha restablecido, y el hecho de que el cuerpo se haya dirigido hacia la vida muestra que se está recuperando. Aún así hay personas que se han atado al peso de las enfermedades y no están preparadas mentalmente para dar la bienvenida a un nuevo sentimiento de que no hay nada malo por tenerlas.

Incluso un bebé puede escuchar sonidos. Cuando escucha, tiene sentimientos que se armonizan con lo que está oyendo. Cuando un adulto escucha una pieza musical varias veces siente una mayor variedad de cosas entre el sonido. Y un niño también, cuando escucha música durante un rato, marca el ritmo con sus manos, sintiendo la melodía; cada niño desarrolla así su propia manera de sentir.

Recientemente me han hecho escuchar unas cuantas veces la canción para niños “El pequeño pescadero”. Mi hija mayor la pone constantemente. En cuanto entre en mi habitación me pide que se la ponga. Así pues la época en la que yo escuchaba la música que me gustaba ha desaparecido y, con ello, mis ganas de escuchar música. Cua ndo ahora pongo un disco siempre es algún tema como “El pequeño pescadero” o “Los palillos [para comer]”

Los niños aman realmente este tipo de cosas. Se debe a que el modo en que sienten es distinto del nuestro. La gente suele creer que el escuchar un sonido tiene algo que ver la sensibilidad del oído, pero en realidad nuestros oídos difieren de los micrófonos en que hay una función que conecta lo que oímos con los procesos cerebrales. Sentimos los sonidos de varias formas, como cuando escuchamos una melodía que es encantadora o feliz, o cuando cierta pieza musical tiene una atmósfera de tristeza. Si uno escucha un simple golpe sobre un gran tambor como música, lo que percibe no es el simple golpe. El hecho de escucharlo implica hacer que trabaje el oí do y sentir el significado que subyace dentro del sonido.

Y en lo concerniente a los ojos, no llamamos visión a la simple habilidad de ver. Hay algo más profundo que conecta la facultad de ver con el cerebro, así reconocer a alguien como la persona que nos encontramos hace tiempo, o a una persona que no nos gusta, o a una persona de gesto adusto, no es tan sólo una simple cuestión de ver sino de distinguir con lo que podríamos llamar otro ojo.

Entre los ojos existe otro ojo. Y entre los oídos existe otro oído. Y no tan sólo uno – la cosa sería simple si fuese así – sino que puede haber dos, tres, cinco o varias docenas de oídos, y mediante ellos los sonidos llegan a la cabeza.

A esto se debe que nuestros oídos sean capaces de oír. Se puede decir que uno puede verporque tiene ojos o que puede oír porque tiene oídos, pero no se habrá abordado la cuestión de las propiedades internas del cuerpo. Por que, además de los sentidos que perciben lo que es externo al cuerpo, está la manera interior de sentir. Nuestro cuerpo actúa en consonancia con nuestro propio modo de sentir. Es por esto por lo que un niño pequeño puede oír los regaños de su madre sin que pase por sus oídos. Como sabe que lo que oye es un regaño, este no pasa por sus oídos. Y si la madre sigue y sigue regañando, cuando el niño desearía que este fuese tan breve como fuese posible, no podrá aguantar más y deseará hacer lo opuesto a lo que la madre le está diciendo que haga. 

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domingo, 16 de junio de 2013

Concentración y meditación en las Artes Marciales

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La concentración y la meditación son actos inseparables unidos a las prácticas tradicionales de Artes Marciales, sin embargo muy pocos son los que comprenden el sentido y la necesidad de su práctica.

Neófitos (¡y no tan neófitos! se preguntan por la razón de ser de las meditaciones durante las clases. Como siempre repiten la acción que ven realizar al Maestro, pero como éste realmente no hace nada visible, se encuentran desconcertados ante un inquietante silencio, ante una inexplicada situación en la que no hay indicaciones. ¿Es ésta una pérdida de tiempo? ¿Qué se supone que debemos  hacer durante esos momentos? ¿En qué debemos pensar? ¿Qué sentido tienen tales prácticas? A éstas y otras preguntas espero poder responderos en este artículo.

Artículo de Alfredo Tucci
(De la revista Cinturón Negro, Año XVII, No. 182)

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Las meditaciones frecuentemente tienen lugar al final y al comienzo de las aulas. Sin embargo, el propio hecho de llegar al Dojo, liberarse de los ropajes cotidianos para enfundarnos nuestro Guidobok o lo que toque, colocarnos nuestro cinturón, es en sí mismo un acto de preparación para adaptar nuestra mente a ese otro espacio-tiempo que conforma nuestra práctica en el Do-jo (El lugar del despertar).

La meditación y los saludos iniciales son un paso más en el citado proceso. Incluso en su práctica exclusivamente formal dichas ceremonias facilitan el tránsito del ajetreado día a día, hasta una actitud distinta, donde los valores, los tiempos y hasta la medida de nuestro esfuerzo son muy diferentes. Aquí el dinero no manda, manda el Maestro; nuestro tiempo no nos pertenece, es en lo cotidiano, adquiere ahora un protagonismo distinto, se hace presente y llama a la mente y a las emociones a participar del esfuerzo. Un esfuerzo que no se realiza para conseguir ni dinero, ni objetos, ni sexo; un esfuerzo que sólo nos traerá un regalo: la autosuperación. Tal cambio no es baladí y requiere de un proceso de adaptación, de una especie de "cámara hiperbárica" del ánima para que ésta no "estalle" en la transición.

El Dojo tradicionalmente era un lugar sagrado. En realidad el Dojo es la expresión externa de un estado interior que debemos adquirir parando nuestro mundo, deteniendo el diálogo interno. Lo que hace sagrado al Dojo es penetrar nosotros mismos en un estado sagrado a través del abandono de nuestro pensamiento cotidiano, de nuestras inquietudes, molestias, obsesiones, del "run run" de nuestras tiranas mentes, siempre incapaces de parar de moverse de aquí para allá. Consciente de estos matices los Maestros antiguos dispusieron un ceremonial que nos emplazará a realizar el cambio para así obtener toda la atención de sus adeptos durante el aprendizaje.

Los verdaderos Maestros orientales enseñan mucho más desde el silencio que los occidentales. Esto se debe a dos razones. La primera que la cultura oriental es  mucho más contenida y la segunda que el objeto de su enseñanza frecuentemente no se concentra en lo visible. En tal marco la razón no es una herramienta práctica, antes bien suele ser un estorbo para la evolución del neófito. Los occidentales verbalizamos todo sin parar y así no paramos nunca nuestra mente. El silencio de la meditación puede llegar a ser algo más que inquietante para quién por primera vez se acerca a una clase tradicional. El silencio puede incluso angustiar, tal es la plenitud que rebasa los límites de nuestra capacidad.

La meditación es un acto de vaciamiento no de llenado. No se trata de pensar en esto o aquello, se trata de simplemente dejar de pensar. En un primer momento esto es algo inconcebible para cualquier persona sin experiencia. Han educado nuestras mentes desde nuestro nacimiento para ser una herramienta que hace continuamente cosas para conseguir cosas; no esperéis que cambiar esta rutina sea algo fácil.

La idea del vacío que todo contiene es un concepto muy oriental y procede de la filosofía Taoísta. Esencialmente acceder a ese vacío es entrar en contacto con lo primordial y eterno que hay en todas las cosas. Para ello debemos liberar la atención de las distracciones. Muchas escuelas han desarrollado para ello técnicas de concentración basadas en redirigir la atención al acto más esencial que realizamos automáticamente, al acto que nos permite vivir cada segundo, a la respiración. Dichas técnicas no son desdeñables y ayudarán al principiante a encontrar un apoyo inicial. No deja esto sin embargo de ser un hacer, cuando la esencia de la meditación es precisamente "no acción". Esta "no acción" debe ser sin embargo consciente. ¡No se trata de dormirse! Algo más que frecuente al comienzo si la práctica se alarga demasiado. "La acción de la no acción", el "wu-wei" de los chinos, se asemeja más a la observación desapegada de nosotros mismos.

No os opongáis al "run run" de vuestros pensamientos, cualquier esfuerzo en este sentido creará probablemente el efecto opuesto. Dejarlos volar y pasar frente a vosotros como si tal acto fuera una especie de voyerismo mental. No los detengáis pero tampoco os dejéis enganchar por ninguno en concreto; dejad que la mente salte de uno a otro, como un ruido de fondo mientras sentís como el aire entra y sale de los pulmones a través de la nariz. Ni siquiera os identifiquéis con el que respira, hacedlo con el aire, en cada aliento ir y venid con él, en el flujo y reflujo de la marea de la vida, más allá, donde sólo hay silencio y quietud.

Lo habitual en la meditación es practicarla en la postura del loto o del diamante (Seiza). Lo único indispensable es mantener la columna erguida y perpendicular al suelo. Si la espalda os molesta acudid a un osteópata, ¡al menos la meditación os habrá servido para daros cuenta de algo!

La idea de la posición para meditar es simplemente lograr el máximo de relajación posible. Adaptar el cuerpo a estas posturas a las que no estamos acostumbrados, puede llevar un tiempo. En Seiza los pies pueden molestar y si nuestra circulación no es buena podemos sentir hormigueo y hasta dolor o incomodidad. En el loto o medio loto pueden ser las rodillas las que se quejen o simplemente puede que no podamos ni siquiera hacerlos.

Una vez superados estos inconvenientes debemos en una primera fase practicar una relajación consciente, atendiendo por zonas a todo el cuerpo. Ayuda seguir algún tipo de orden para no dejarnos nada fuera del ejercicio. El objetivo es alcanzar un estado de ataraxia y relajación sin perder el tono y la atención. Los ojos entreabiertos o cerrados, según la escuela, deben "mirar sin ver".

Existen principalmente dos zonas donde podemos dirigir nuestra atención en esta primera fase, el hara, tándem, o la glándula pineal (tercer ojo). Los ojos en el primer caso miran al frente como a dos metros en el suelo por delante de nosotros. En la segunda se elevan cerrados hacia el entrecejo. 


La meditación Zen, que es la que se practica normalmente en los Dojos, pone su atención en el tándem, no en vano su objeto es prepararnos para una práctica en la que dicho punto suele ser el anclaje y partida de nuestra acción. Las manos reposan sobre los muslos sin llegar a descansar sobre el abdomen. Con las palmas hacia arriba, los dedos pulgares se tocan imperceptiblemente cerrando el circuito energético. "Ni valle ni montaña" reza el dicho Zen, los pulgares están extendidos y reposan sin dejar de tener tono.

Existen infinidad de técnicas de concentración y meditación pero no podemos olvidar nunca cual es el objetivo estratégico de su práctica. Perderse en los detalles técnicos es otra forma de "cosificar" y por lo tanto de perdernos de nuevo en las ramas que nos impiden ver el bosque.

Las Artes Marciales son meditación en movimiento, sin embargo al principio, y especialmente al final de las clases, una vez liberadas las tensiones y abiertos los canales energéticos, la ejecución de la meditación aporta al practicante una ocasión única para desacelerarse, templar y aquietar la agitación, tomar perspectiva, ralentizar el ritmo y acceder a un espacio de paz verdadera y perdurable.Ignorar en los entrenamientos, como vero que ocurre cada vez más en los gimnasios, esta
disciplina, es el resultado de la aceleración y la angustia que nos produce nuestra forma de vida moderna.

Aunque de forma imperceptible primero, el tiempo invertido en la meditación se devuelve con creces, favoreciendo el crecimiento y la asimilación de todas las bondades implícitas en la práctica marcial. Mejora la atención en las clases y cada vez más rápidamente podemos acceder a ese estado mental adecuado para atender a nuestro entrenamiento con los cinco sentidos.

La transición hacia un estado de consciencia alerta, pero templado, es un logro descomunal para un ser humano. Lo malo es que al llegar allí no te dan una medalla, un premio o algo que te puedas colgar, nada que te sirva para justificarte desde una perspectiva puramente pragmatista, ésa en la que hemos sido educados con fervor. Sin embargo los logros inmateriales de ese entrenamiento poseen una influencia mucho más honda en lo que nos importa en el mundo, en nuestro "bienestar". Pero ya se sabe, lo dice el refrán: "No hay atajo sin trabajo" y parece que la práctica de "lo inútil" puede paradójicamente convertirse en lo más útil.


Si las Artes Marciales no son una puerta hacia la transformación de la consciencia, quedarían reducidas a prácticas físicas de habilidades casi siempre inútiles, pues a la postre ¿cuántas veces nos toca pegarnos en la vida? Y sin embargo, cada día, cada segundo, no nos queda otra opción que "cohabitar" con ese tipo angustiado, estresado y frustrado, que tiene que pagar facturas, ganarse el afecto y el respeto de otros, cumplimentar sus necesidades, ¡y encima sabe que tiene fecha de caducidad!... ese tipo que vemos cada mañana cuando nos miramos al espejo. ¿No podríamos invertir un poco, unos minutos en él? ¡Al fin y al cabo no deja de ser un buen muchacho! al que todo se le complicó... ¡echémosle una cuerda!
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