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martes, 6 de septiembre de 2016

El loro que pedía libertad

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Cuento indio

Esta es la historia de un loro que desde hacía un buen número de años vivía enjaulado. Su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía.

Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a saborear un delicioso té de Cachemira.

Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistentemente: ¡Libertad, libertad!

Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el hombre se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: ¡Libertad, libertad!

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto lo angustiaba el estado del animalito que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: ¡Libertad, libertad! Al invitado se le partía el corazón.

¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Rápido, se acercó a la jaula y abrió la puerta de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla mientras seguía gritando: ¡Libertad, libertad!
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jueves, 3 de diciembre de 2015

Tú eres eso

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Del Chāndogya- Upaniṣad (6.12.1)

Cuando Svetaketu tuvo doce años, fue mandado a un maestro, con el que estudió hasta cumplir los veinticuatro. Después de aprender todos los Vedas, regresó al hogar lleno de presunción en la creencia de que poseía una educación consumada, y era muy dado a la censura. Su padre le dijo:

- Svetaketu, hijo mío, tú que estás tan pagado de tu ciencia y tan lleno de censuras, ¿has buscado el conocimiento por el cual oímos lo inaudible, y por el cual  percibimos lo que no puede percibirse y sabemos lo que no puede saberse?

- ¿Cuál es este conocimiento, padre mío? - preguntó Svetaketu

Su padre respondió:

- Como conociendo un terrón de arcilla se conoce todo lo que está hecho de arcilla, pues la diferencia es sólo en el nombre, pero la verdad es que todo es arcilla, así, hijo mío, es el conocimiento que una vez adquirido, nos hace saberlo todo

- Pero sin duda esos venerables maestros míos ignoran este conocimiento; pues, si lo poseyesen, me lo habrían comunicado. Dame, pues, tú, padre mío, este conocimiento.

- Así sea - contestó el padre. Y dijo - : Tráeme un fruto del árbol nyagrodha

- Aquí está, padre

- Rómpelo

- Roto está, padre

- ¿Qué ves ahí?

- Unas simientes, padre, pequeñísimas

- Rompe una

- Rota está

- ¿Qué ves ahí

- Nada

El padre dijo:

- Hijo mío, en la esencia sutil que no percibes ahí, en esa esencia está el ser del enorme árbol del nyagrodha. En eso que es la sutil esencia, todo lo que existe tiene su yo. Eso es lo Verdadero, eso es el Yo, y tú, Svetaketu, eres Eso.

- Por favor, padre -dijo el hijo -, dime más.

- Así sea, hijo mío - respondió el padre; y dijo -: pon esta sal en agua, y vuelve mañana por la mañana

El hijo cumplió lo mandado.

A la mañana siguiente, el padre dijo:

- Tráeme la sal que pusiste en el agua

El hijo la busco, pero no pudo encontrarla; pues la sal, por supuesto, se había disuelto.

El padre dijo:

- Prueba el agua de la superficie de la vasija. ¿Cómo es?

- Salada

- Prueba del medio. ¿Cómo es?

- Salada

- Prueba del fondo. ¿Cómo es?

- Salada.

El padre dijo: - Tira el agua y vuelve.

Así lo hizo el hijo, pero la sal no se perdió, pues la sal existe para siempre.
Entonces dijo el padre:

- Ahí igualmente, en ese cuerpo tuyo, hijo mío, no percibes lo Verdadero; pero ahí está realmente. En eso que es la esencia sutil, todo lo que existe tiene su yo. Eso es lo Verdadero, eso es el Yo, y tú, Svetaketu, eres Eso.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Más allá de los sentidos y de la mente...

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De Las Eneñanzas Místicas de la Reina Kunti
de Bhaktivedanta Swami Prabhupada)
(Capítulo 22: Belleza en presencia de Kṛṣṇa)

A la mente se le considera el undécimo sentido. Hay diez sentidos — cinco sentidos de trabajo y cinco sentidos de adquisición de conocimiento —, y el centro de los sentidos es la mente. El bhagavad-gita (3.42) dice:

indriyāni parāny āhur
indriyebhyah param manah
manasas tu parā buddhir
yo buddheh paratas tu saḥ

En este verso, Kṛṣṇa explica que aunque consideremos que los sentidos son muy importantes, más allá de los sentidos hay algo superior — la mente  —, más allá  de la mente está la inteligencia, y más allá de la inteligencia está el alma.

¿Cómo podemos apreciar la existencia del alma, si ni siquiera podemos entender los movimientos psicológicos de la mente? Más allá de la mente está la inteligencia, y, mediante la especulación, uno a lo sumo puede acercarse al plano intelectual. Pero para entender el alma y a Dios, uno debe ir más allá del plano intelectual. Es posible entender todo, pero debemos adquirir la comprensión a través del canal indicado. Por consiguiente el mandamiento védico dice:

Tad-vijñānārthaṁ sa gurum evābhigacchet
samit-pāṇiḥ śrotriyam brahma-niṣṭham

"Si uno verdaderamente es sincero en querer entender los temas trascendentales y sobrenaturales, debe acudir a un maestro espiritual genuino" (Mundaka Up. 1.2.12).
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viernes, 14 de agosto de 2015

El árbol atormentado

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Cuento indio de
Swami Jyotirmayananda

Había una vez en un bosque un árbol gigantesco. Tenía varias ramas con muchas hojas hermosas, era el más sano y majestuoso árbol en todo el bosque.Todos los demás árboles lo adoraban y él se volvió orgulloso. Cuando movía sus ramas decía "Yo soy el árbol más poderoso del mundo; hasta el dios del viento me teme".

Pronto todos los demás árboles comenzaron a murmurar acerca de estas palabras orgullosas y finalmente estos murmullos llegaron a los oídos del dios del viento.

Cuando el dios del viento supo que un árbol había desarrollado un gran orgullo y comenzado a alardear de que era más poderoso que él mismo, dijo "Debo cuidarme de ese árbol arrogante. Iré contra él con todas mis fuerzas mañana temprano,  justo cuando los primeros rayos de sol lo toquen".

Los murmullos de los árboles llevaron rápidamente el mensaje al árbol gigante. Una vez que el árbol supo que el dios del viento lo  atacaría a la mañana siguiente, entro en razón y se asustó terriblemente; se paso toda la noche toda la noche temblando de miedo, de manera que todas sus hojas se le cayeron, muchas de sus ramas se quebraron y por la mañana el árbol era la viva imágen de la miseria.

Cuando el dios del viento llegó soplando entre el bosque y vio al árbol, quedó sorprendido y le dijo: "¡Oh, árbol!, yo nunca intenté ponerte en ese estado, yo sólo habría llegado y sacudido algunas de tus ramas, ¿por qué hiciste eso? No había razón de que te pusieras en ésta trágica situación".
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El mensaje de la parábola es que la mente humana es hábil para dramatizar la miseria que aún no ha llegado. Cuando uno dramatiza el dolor y la tristeza, los hace cien veces peores. La miseria real será mucho menor.

Lo que realmente sucede en el mundo nunca es tan terrible como la mente se lo imagina. Cuando piensan en los sucesos de la vida, ¿cuántas veces se han permitido agitarse cuando las cosas no eran tan malas? Las cosas nunca son tan malas como nuestra imaginación dice que va a ser. Una imaginación como ésa debilita a la mente no una, sino mil veces y la mantiene atrapada.

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viernes, 5 de abril de 2013

La Actitud Interior

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 De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle

Eran dos grandes amigos. Trabajaban en un pueblo y decidieron ir a pasar unos días a la ciudad. Comenzaron a caminar y en una gran calle vieron un burdel que estaba frente a frente con un santuario. Uno de los amigos decidió pasar unas horas en el burdel, bebiendo y disfrutando de las bellas prostitutas, en tanto que el otro optó por pasar ese tiempo en el santuario, escuchando a un maestro que hablaba sobre la conquista interior.
Pasaron unos minutos, y entonces el amigo que estaba en el burdel comenzó a lamentar no estar escuchando al maestro en el santuario, en tanto que el otro amigo, por el contrario, en lugar de estar atento a las enseñanzas que estaba oyendo, estaba ensoñando con el burdel y reprochándose a sí mismo lo necio que había sido por no elegir la diversión. De este modo, el hombre que estaba en el burdel obtuvo los mismos méritos que si hubiera estado en el santuario, y el que estaba en el santuario acumuló tantos deméritos como si hubiera estado en el burdel.
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*El Maestro dice: Precediendo a los actos, está la actitud interior.
En la actitud interior comienza la cuenta de méritos y deméritos.

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martes, 6 de noviembre de 2012

Los monos


 De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle


Era un aspirante espiritual con mucha motivación, pero tenía una mente muy dispersa. Tuvo noticias de un sobresaliente mentor y no dudó en desplazarse hasta donde vivía y decirle:

- Respetado maestro, perdona que te moleste, pero mi gratitud sería enorme si pudieras proporcionarme un tema de meditación, puesto que tengo decidido retirarme al bosque durante unas semanas para meditar sin descanso.

- Me complace tu decisión. Ve al bosque y estáte contigo mismo. Puedes meditar en todo aquello que quieras, excepto en monos. Trae lo que quieras a tu mente, pero no pienses en monos.

El discípulo se sintió muy contento, diciendo: “!Qué fácil es el tema que me ha proporcionado el maestro!; sí, realmente sencillo”. Se retiró a un frondoso bosque y dispuso una cabaña para la meditación. Transcurrieron las semanas y el aspirante puso término al retiro. Regresó junto al mentor, y éste, nada más verlo, preguntó:

- ¿Qué tal te ha ido?

Apesadumbrado, el aspirante repuso:

- Ha sido agotador. Traté incansablemente de pensar en algo que no fuesen monos, pero los monos iban y venían por mi mente sin poderlo evitar. En realidad, llegó un momento en que sólo pensaba en monos.
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*El Maestro dice: La mente es amiga y enemiga; es una mala dueña, pero una buena aliada. Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la voluntad.
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martes, 2 de octubre de 2012

La virtud de la compasión

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De Mitos y Leyendas hindúes y budistas 
 de Sister Nivedita y Ananda K. Coomaraswamy


Vivía un cazador en la ciudad de Benarés. Él partió en busca de antílopes, cogiendo un carcaj lleno de flechas envenenadas. Encontró una manada muy adentro del bosque y disparó una flecha hacia ellos; pero no acertó el blanco y la flecha envenenada entró en un gran árbol del bosque.

Herido por el mortífero veneno, el gran árbol se marchitó y dejó caer sus hojas y frutos. Pero cierto santo papagayo había vivido toda su vida en un hueco en ese árbol, protegido por el señor del bosque, y aunque el árbol ahora estaba seco, él no abandonaría su nido, tal era el amor que le tenía. Silencioso y apenado, inmóvil y sin comida, el agradecido y virtuoso papagayo se secó con el árbol.
El trono de Indra se calentó; mirando abajo hacia la Tierra, se maravilló ante la devoción y
extraordinaria resolución del noble pájaro, fiel igualmente en la felicidad y en el dolor.

- ¿Cómo - reflexionó -, puede este pájaro poseer esos sentimientos, que no son encontrados en criaturas inferiores? Tal vez no es tan extraño, dado que toda criatura es amable y generosa hacia otras

Entonces, para probar más el asunto, Indra asumió la forma de un cuerpo de un santo brahmán y se aproximó al árbol.

 -Buen pájaro - dijo -,  ¿por qué no abandonas el árbol seco?

El papagayo se inclinó y respondió:

- Bienvenido, rey de los dioses; por el mérito de mi disciplina, te conozco.

- iBien hecho! - exclamó la deidad de los mil ojos, maravillándose ante la sabiduría del pájaro.

- El preguntó otra vez:

- ¿Por qué te aferras a este árbol sin hojas, inadecuado para proteger a ningún pájaro? Déjalo y elige otro, dado que hay muchos hermosos árboles por aquí en el bosque.

Entonces el papagayo suspiró:

- Soy tú sirviente. Mira la razón de esta cuestión: Aquí en este mismo árbol yo vine a la vida; aquí aprendí toda la sabiduría que tengo; aquí fui protegido de todo enemigo. ¿Por qué quieres desviarme de mi senda, ya que soy compasivo y agradecido? No me aconsejes dejar al árbol; mientras vivía fue mi protector; ¿cómo puedo abandonarlo ahora?

Entonces Indra estaba muy agradecido y ofreció un deseo a voluntad al virtuoso pájaro. Éste fue el deseo que eligió el pájaro: "Deja que el árbol reviva"

Entonces Indra lo regó con el agua de la vida y fue llenado con savia, y dio hojas y flores.
Así fue el árbol restituido a la vida por la virtud de los méritos del papagayo, y él, también al final de su vida, obtuvo un sitio en el cielo de Indra. Así los hombres obtienen lo que quieren por la amistad con la virtuosidad y santidad, tal como el árbol por amistad con el papagayo.
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sábado, 1 de septiembre de 2012

Una partícula de Verdad

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 De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle

En compañía de uno de sus acólitos, el diablo vino a dar un largo paseo por el planeta Tierra. Habiendo tenido noticias de que la Tierra era terreno de odio y perversidades, corrupción y malevolencia, abandonó durante unos días su reino para disfrutar de su viaje. Maestro y discípulo iban caminando tranquilamente cuando, de súbito, este último vio una partícula de verdad. Alarmado, previno al diablo:

- Señor, allí hay una partícula de verdad, cuidado, no vaya a extenderse.

Y el diablo, sin alterarse en lo más mínimo, repuso:

- No te preocupes, ya se encargarán de institucionalizarla.

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*El Maestro dice: Nadie puede monopolizar la verdad, ni la verdad es patrimonio de nadie.
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martes, 21 de agosto de 2012

La Llave de la Felicidad

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De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle


El Divino se sentía solo y quería hallarse acompañado. Entonces decidió crear unos seres que pudieran hacerle compañía. Pero cierto día, estos seres encontraron la llave de la felicidad, siguieron el camino hacia el Divino y se reabsorbieron a Él.

Dios se quedó triste, nuevamente solo. Reflexionó. Pensó que había llegado el momento de crear al ser humano, pero temió que éste pudiera descubrir la llave de la felicidad, encontrar el camino hacia Él y volver a quedarse solo. Siguió reflexionando y se preguntó dónde podría ocultar la llave de la felicidad para que el hombre no diese con ella. Tenía, desde luego, que esconderla en un lugar recóndito donde el hombre no pudiese hallarla. Primero pensó en ocultarla en el fondo del mar; luego, en una caverna de los Himalayas; después, en un remotísimo confín del espacio sideral. Pero no se sintió satisfecho con estos lugares. Pasó toda la noche en vela, preguntándose cual sería el lugar seguro para ocultar la llave de la felicidad. Pensó que el hombre terminaría descendiendo a lo más abismal de los océanos y que allí la llave no estaría segura.
Tampoco lo estaría en una gruta de los Himalayas, porque antes o después hallaría esas tierras. Ni siquiera estaría bien oculta en los vastos espacios siderales, porque un día el hombre exploraría todo el universo.

"¿Dónde ocultarla?”, continuaba preguntándose al amanecer. Y cuando el sol comenzaba a disipar la brumamatutina, al Divino se le ocurrió de súbito el único lugar en el que el hombre no buscaría la llave de la felicidad: dentro del hombre mismo. Creó al ser humano y en su interior colocó la llave de la felicidad.

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*El Maestro dice: Busca dentro de ti mismo. “Desafía” a Dios y róbale la suprema felicidad.
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sábado, 18 de agosto de 2012

Hari Om

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Muchos Upaniṣads, tratados de yoga o textos espirituales en general comienzan con la sílaba sagrada OM. En la ciencia sagrada, este sonido reviste una importancia excepcional porque crea determinados efectos en varios niveles de conciencia. El universo entero es la síntesis de un sonido.

En el Chāndogya- Upaniṣad (छान्दोग्योपनिषत्) encontramos escrito:


La esencia de todos los seres es la tierra;
La esencia de la tierra es el agua;
Las plantas son la esencia misma del agua;
El ser humano es la esencia de las plantas;
La esencia del hombre es el Verbo;
La esencia del Verbo es el Rig veda
La esencia del Rig veda es el Sámaveda
La esencia del Sámaveda es el Udgitha (ॐ Om);
Este Udgitha es la mejor, la más alta de todas las esencias,
y merece el más alto lugar: el octavo.


En otros términos: las fuerzas y las propiedades latentes de la tierra y del agua se concentran y se transforman en el organismo más elevado de las plantas; las fuerzas de éstas son transformadas y concentradas en el ser humano; las fuerzas del hombre se concentran en su aptitud para la reflexión intelectual y en su posibilidad de expresión por medio de equivalencias sonoras que, uniendo la forma interior (pensamiento) a la forma externa (palabra audible), producen la palabra, por medio de la cual el ser humano se distingue de las formas vivas inferiores.

La expresión más preciosa de este logro intelectual, la suma de sus experiencias, constituye la ciencia sagrada (veda), bajo la forma de poesía (ऋग्वेद - Rig veda) y de música (सामवेदः - Sámaveda). La poesía está más allá de la prosa, porque su ritmo crea una unidad superior que rompe las cadenas que sujetan al espíritu. Pero la música es aún más sutil que la poesía, en tanto que nos hace trascender el sentido de las palabras y nos coloca en un estado de receptividad intuitiva. Finalmente ambas, lo mismo que el ritmo y la melodía, encuentran su síntesis y su conjunción (que podría aparecer incluso como una disolución del intelecto ordinario) en las vibraciones profundas y penetrantes del fonema sagrado OM. Aquí se alcanza la cúspide de la pirámide, elevándose desde la llanura de las grandes diferenciaciones y de las materializaciones de los elementos groseros (los mahábhüta), hasta la cima de la máxima unificación y espiritualización, que contiene las propiedades latentes de todos los grados intermedios, como es el caso de la semilla o del germen (bija). En este sentido, OM es la quinta esencia, la sílaba germen (bija mantra) del universo, la palabra mágica (este era el sentido original de la palabra brahman), la fuerza universal, la conciencia capaz de penetrarlo todo.

lunes, 11 de junio de 2012

Todo lo que existe es Dios

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De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle

 
El gurú y el discípulo estaban departiendo sobre cuestiones místicas.
El maestro concluyó con la entrevista diciéndole:
Todolo que existe es Dios.
El discípulo no entendió la verdadera naturaleza de las palabras de su mentor. Salió de la casa y comenzó a caminar por una callejuela. De súbito, vio frente a él un elefante que venía en dirección contraria, ocupando toda la calle. El jovencito que conducía al animal, gritó avisando:

- ¡Eh, oiga, apártese, déjenos pasar!

Pero el discípulo, inmutable, se dijo:

- “Yo soy Dios y el elefante es Dios, así que ¿cómo puede tener miedo Dios de sí mismo?

Razonando de este modo evitó apartarse. El elefante llegó hasta él, lo agarró con la trompa y lo lanzó al tejado de una casa, rompiéndole varios huesos. Semanas después, repuesto de sus heridas, el discípulo acudió al mentor y se lamentó de lo sucedido.
El gurú replicó:

De acuerdo, tú eres Dios y el elefante es Dios. Pero Dios, en la forma del muchacho que conducía el elefante, te avisó para que dejaras el paso libre. ¿Por qué no hiciste caso de la advertencia de Dios?

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*El Maestro dice: Afila el discernimiento. No tomes la soga por una serpiente, ni la serpiente por una soga.

domingo, 27 de mayo de 2012

Viaje al corazón

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De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle

Bastami era uno de los más grandes sufíes de la India. Se proponía efectuar una larga peregrinación a La Meca, cuando se encontró con un instructor espiritual que le preguntó:


- ¿Por qué has de ir a La Meca?

- Para ver a Dios - repuso


El instructor le ordenó:


- Dame ahora mismo todo el dinero que llevas contigo para el viaje.


Bastami le entregó el dinero, el instructor se lo guardó en el bolsillo, y dijo:


- Sé que habrías dado siete vueltas alrededor de la piedra sagrada. Pues bien, en lugar de eso, da ahora siete vueltas a mi alrededor.


Bastami obedeció y dio siete vueltas alrededor del instructor, quien declaró a continuación:


- Ahora sí has conseguido lo que te proponías. Ya puedes regresar a tu casa con el ánimo sereno y satisfecho, si bien antes quiero decirte algo más. Desde que La Meca fue construida, ni un solo minuto Dios ha morado ahí. Pero desde que el corazón del hombre fue creado, ni un solo instante Dios ha dejado de habitar en él. Ve a tu casa y medita. Viaja a tu corazón.
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El Maestro dice: Busca refugio dentro de ti. ¿Qué otro refugio puede haber? 
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sábado, 26 de mayo de 2012

Los ciegos y el elefante

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De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle

Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta cuando llegaron un buen número de ascetas de diferentes escuelas metafísicas y tendencias filosóficas.
Algunos sostenían que el mundo es eterno, y otros, que no lo es; unos que el mundo es finito, y otros, infinito; unos que el cuerpo y el alma son lo mismo, y otros, que son diferentes; unos, que el Buda tiene existencia tras la muerte, y otros, que no. Y así cada uno sostenía sus puntos de vista, entregándose a prolongadas polémicas. Todo ello fue oído por un grupo de monjes del Buda, que relataron luego el incidente al maestro y le pidieron aclaración. El Buda les pidió que se sentaran tranquilamente a su lado, y habló así:

- Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos. Había un maharajá que mandó reunir a todos los ciegos que había en Sabathi y pidió que los pusieran ante un elefante y que contasen, al ir tocando al elefante, qué les parecía. Unos dijeron, tras tocar la cabeza: “Un elefante se parece a un cacharro”; los que tocaron la oreja, aseguraron: “Se
parece a un cesto de aventar”; los que tocaron el colmillo: “Es como una reja de arado”; los que palparon el cuerpo: “Es un granero”. Y así, cada uno convencido de lo que declaraba, comenzaron a querellarse entre ellos.

El Buda hizo una pausa y rompió el silencio para concluir:
Monjes, así son esos ascetas disidentes: ciegos, desconocedores de la verdad, que, sin embargo, sostienen sus creencias.
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*El Maestro dice: La visión parcial entraña más desconocimiento que conocimiento.
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lunes, 21 de mayo de 2012

El Rey de los Monos

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De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle

Cuando el rey de los monos se enteró de dónde moraba el Buda predicando la Enseñanza, corrió hacia él y le dijo:

- Señor, me extraña que siendo yo el rey de los monos no hayáis enviado a alguien a buscarme para conocerme. Soy el rey de millares de monos.
Tengo un gran poder.

El Buda guardó el noble silencio.
Sonreía. 
El rey de los monos se mostraba descaradamente arrogante y fatuo.

- No lo dudéis, señor - agregó - soy el más fuerte, el más rápido, el más resistente y el más diestro. Por eso soy el rey de los monos. Si no lo creéis, ponedme a prueba. No hay nada que no pueda hacer. Si lo deseáis, viajaré al fin del mundo para demostrároslo.

El Buda seguía en silencio, pero escuchándolo con atención. El rey de los monos añadió:

- Ahora mismo partiré hacia el fin del mundo y luego regresaré de nuevo hasta vos.
Y partió. Días y días de viaje.
Cruzó mares, desiertos, dunas, bosques, montañas, canales, estepas, lagos, llanuras, valles... Finalmente, llegó a un lugar en el que se encontró con cinco columnas y, allende las mismas, sólo un inmenso abismo. Se dijo a sí mismo: “No cabe duda, he aquí el fin del mundo”. Entonces dio comienzo al regreso y de nuevo surcó desiertos, dunas, valles... Por fin, llegó de nuevo a su lugar de partida y se encontró frente al Buda.

- Ya me tienes aquí - dijo arrogante.
Habrás comprobado, señor, que soy el más intrépido, hábil, resistente y capacitado. Por este motivo soy el rey indiscutible de los monos.

El Buda se limitó a decir:

- Mira dónde te encuentras.

El rey de los monos, estupefacto, se dio entonces plena cuenta de que estaba en medio de la palma de una de las manos del Buda y de que jamás había salido de la misma. Había llegado hasta sus dedos, que tomó como columnas, y más allá sintió el abismo, fuera de la mano del Bienaventurado, que jamás había abandonado.

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*El Maestro dice: ¿A dónde pueden conducirte tu engreimiento y fatuidad que no sea al abismo?
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jueves, 17 de mayo de 2012

Ocho elefantes blancos

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De 101 cuentos clásicos de la India, recopilados por Ramiro Calle


El discípulo quería elaborarlo todo a través del entendimiento intelectual. Sólo confiaba en la razón y estaba encerrado en la propia jaula de su lógica. Visitó al mentor espiritual y le preguntó:


- Señor, ¿quién sostiene el mundo?

El mentor repuso:

- Ocho elefantes blancos.

- ¿Y quién sostiene a los ocho elefantes blancos? preguntó intrigado el discípulo

- Otros ocho elefantes blancos.

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*El Maestro dice: El pensamiento es limitado. Una nueva energía de conocimiento aparece cuando cesa el pensamiento.
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