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domingo, 8 de octubre de 2017

El abuelo de la joroba y el hijo del banano

Cuento chino de la nacionalidad miao

El abuelo jorobado tenía una plantación de varios bananos a la orilla de un sinuoso arroyo. Los frutos crecían en grandes racimos y el anciano iba todos los días, con su espalda doblada, a venderlos en las calles. Así no tenía que preoocuparse por el sustento.

Estaba muy solo, no tenía ni un familiar que lo acompañara y cada vez que veía niños se acercaba a acariciarlos y no podía contener las lágrimas: "¡Ay! ¡Si yo tuviera un niño!" - pensaba.

No obstante, cuando se ponía de cuclillas a la orilla del arroyo y contemplaba los racimos de los bananos, se consolaba a sí mismo diciendo: "¿Acaso éstos no son mis niños?!

Pero un año cayó una gran nevada que estropeó todos los bananos. Luego sopló el viento del norte, tirando todos los frutos al suelo.

El abuelo sufrió un gran dolor.

En la primavera siguiente, sólo las raíces de un banano dieron brotes y el anciano se apresuró a regarle y ponerle fertilizantes. El árbol creció tan rápido que en tres meses ya había dado una banana. Nuestro amigo se sintió afligido al ver que sólo había dado un fruto, pero luego recapacitó y se dio cuenta de que aquello era mejor que nada.

La banana crecía cada vez más, hasta que alcanzó el grosor de un cubo de agua y al estar en la copa del árbol, dobló el tronco con su peso.

Cierto día, un hermoso pavoreal se acercó volando, le dio un picotazo a la fruta y volvió a levantar vuelo. La cáscara de la banana se abrió con ruido y un hermoso niño gordito salió de adentro, cayó y corrió hacia el abuelo, diciéndole, al tiempo que le abrazaba la pierna: "Papá, papá."

El anciano con su espalda encorvada alzó al niño en brazos, acercando hacia él la carita fresca y sonrosada y le llamó "Hijo del banano".

El hijo del banano fue creciendo año tras año. Padre e hijo transplantaron muchos bananos de otros sitios llenando la orilla del arroyo, y en el bosque de bananeros que quedó formado crecían los racimos a montones.

Pero la joroba del viejo crecía cada vez más y cada día se le hacía más dificultoso el trabajo.

El muchacho se sentía muy apenado al ver a su padre en ese estado y cierto día le dijo:

- Papá, voy a ir en busca de medicinas para curar tu espalda - y dicho esto partió.

En el camino, cada vez que se encontraba con alguien le preguntaba: "¿Hay alguna medicina para curar la joroba?" pero todo el mundo movía la cabeza y respondía: "No sé".

Un día que el hijo del banano llegó hasta una oscura montaña, vio a una mujer que, vestida con mucho colorido, se estaba cepillando su largo cabello a la orilla de un arroyo.

- Tía, ¿sabes de alguna medicina que cure la joroba? - le preguntó al acercársele.

La joven respondió:

Las cuevas de la montaña del este son profundas,
las estalactitas despiden brillo,
si se les traga hará bien a la cintura
se enderezará la espalda y se tendrá buen ánimo.


El muchacho, haciendo caso a las palabras de la joven, se dirigió a la montaña del este, penetró en la profundidad de las cuevas y vio una estalactita sobre una piedra; entonces la recogió y emprendió el regreso. Al llegar a una ladera vio que a un niño pastor que estaba echado en el suelo llorando. El pequeño tenía una mano rota y todo el cuerpo lleno de sangre. El hijo del banano se acercó a preguntarle por qué lloraba y el aludido contestó:

- Estaba peleando dos toros. Yo quise separarlos y una cornada me partió la mano.


"Si esto puede curar la joroba es posible que también pueda curarle la mano rota", pensó el muchacho y enseguida le hizo tragar la estalactita. Entonces la mano se curó y dejó de fluir la sangre.

El hijo del banano despidió al pequeño pastor y se dirigió a la oscura montaña a buscar a aquella tía.

Ella estaba en la orilla del arroyo lavando su larga cabellera. El muchacho le relató lo que había ocurrido y le rogó que le indicara dónde podría encontrar una medicina que curara la joroba.

La cima de la montaña del oeste es muy alta
y allí crece una seta roja
si se traga esta seta
se tendrán la espalda y la cintura rectas.


Haciendo caso de las palabras de l tía, el hijo del banano subió la alta cima de la montaña del oeste y vio una seta roja que crecía en la punta de una piedra. La arrancó, bajó la montaña y emprendió el regreso. Pero al llegar a la entrada de un bosque vio a un viejo de barbas blancas que estaba tirado en el suelo quejándose. Sucedía que un inmenso árbol había caído, apretando una de sus piernas.

Nuestro amigo se agachó y le habló, pero el viejo no podía hablar y sólo daban vueltas los ojos. Entonces le puso en la boca la seta roja y el anciano se levantó después de comerla, y se mesó su blanca barba, sonriendo.

El muchacho se despidió del abuelo y volvió otra vez a la oscura montaña donde había hallado a la tía.

La encontró a la orilla del arroyo cepillándose su larga cabellera y le contó todo lo que había sucedido, rogándole una vez más que le señalara cómo encontrar alguna medicina para curar la joroba.

A los pies de la montaña del sur el agua es muy profunda
la tortuga dorada es brillante
si se la toma la cintura y espalda se enderezarán,
y la sonrisa brillará en adelante.


Y agregó

- Pequeño hermanito, en el mundo sólo hay tres medicinas para curar la joroba, así que ya no me vengas a buscar más, pues ya no estaré en este lugar -. Y dicho esto se dio vuelta, se sumergió en el bosque y desapareció.

El muchacho marchó hacia la montaña del sur, se quitó la ropa y se zambulló en el agua en busca de la tortuga dorada, capturándola. Camino y caminó a grandes pasos hasta que llegó a un puente de piedra donde escuchó un llanto lastimoso. Bajó la cabeza y vio una mujer tirada en un arroyo seco y un bebé que mamaba de su regazo.

- Estaba caminando por el puente con el niño en brazos y en un descuido me caí rompiéndome la cintura. Ahora no puedo caminar - le dijo la mujer.

Hijo del banano pensó: "Si le doy la medicina a ella la joroba de mi padre jamás sanará; si no se la doy no sólo a ella sino también al niño le será difícil sobrevivir." Y luego de reflexionar corrió bajo el puente y le dio a la mujer la medicina. La doliente se levantó de golpe y le dijo, señalando un pequeño pavo real que había allí:

- Hermanito, tienes un gran corazón y te voy a regalar este pavo real.

- Gracias, pero no lo quiero.

La mujer alzó al niño, subió al puente y desapareció y a hijo del banano no le quedó más que volver a su casa con el pavo real. Cuando llegó le contó a su padre todo lo que había sucedido en el viaje, a lo cual su progenitor exclamó:

- Buen muchacho, ¡has hecho bien! ¡Has hecho muy bien!

El hijo acarició las hermosas plumas del pavo real.

- Pequeño pavo real, quédate aquí tranquilo, cuando encontremos a tu dueña volverás con ella.

Y el ave abrió el precioso plumaje de su cola y cantó una hermosa canción.

Cierto día al anciano le dolió un poco la joroba y quitándose la ropa, se puso a darse masajes. Entonces el pequeño pavo real se le vino encima volando y le dio unos picotazos en la parte encorvada de la espalda: el viejo cayó al suelo.

Hijo del banano, al ver aquello, se enfadó muchísimo y cogió una vara de bambú para darle al animal. Pero éste desplegó sus alas, dio un gran salto y en medio de un batir de alas se quitó las plumas, convirtiéndose en una hermosa muchachita.

Hijo del banano se quedó estupefacto.

La muchachita recogió un poco de agua del arroyo y le dio de beber al anciano, cuya columna se enderezó de golpe, desapareciéndole la joroba: se veía más joven.

Y desde entonces, la familia del abuelo, que ya tenía tres personas, vivió alegremente a la orilla del arroyo.
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lunes, 2 de octubre de 2017

La historia del burro en el pozo

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Cuento anónimo

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer. Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquieto después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de ella. Muy pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...
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lunes, 12 de junio de 2017

Humanidad y Sabiduría Oculta

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De El Plan Divino
de
Z’ev ben Shimon Halevi


Humanidad

La humanidad es única. No se parece a ninguna otra criatura, ya que, además de poseer el libre albedrío, tiene, como se ha dicho, el poder de entrar o de estar consciente de todos los cuatro mundos. Cada ser humano proviene de un miembro u órgano particular de Adán Kadmón. Esta es una forma simbólica de decir que tiene un propósito específico. Como célula de la Divinidad y con un propósito determinado, cada individuo desciende a la Creación con el grito de “Yo soy” en el momento en que entra en el tiempo. Aquí, la entidad humana se envuelve en un espíritu. Después baja a través de los Siete Cielos y entra al reino de las Formas donde se divide y se viste como dos psiques separadas, pero complementarias, una masculina y una femenina. También son parte de un grupo de almas que tienen sus raíces en un cierto miembro, órgano o función de Adán Kadmón.


De acuerdo con el Zohar, los cónyuges y sus compañeros residen en el Edén o La Casa del Tesoro de las Almas, como le llaman, hasta que llega el momento de su encarnación. Todos dejan el Paraíso muy renuentes, y para nacer, descienden al mundo físico. Aquí comienza un largo viaje de regreso hacia la Fuente. Al principio todos viven juntos, pero más tarde se dispersan para adquirir experiencia. Cuando alcanzan el nivel de madurez individual se encuentran de nuevo y se reúnen con los demás para llevar a cabo su parte en el plan Divino, en el cual sus vidas, así como su trabajo se convertirá en el reflejo del Santo.


No es necesario decir que una vida no es suficiente para completar el entrenamiento ni la misión de cada individuo. De acuerdo a la Kabbalah, el ciclo de la transmigración de las almas llamada Gilgulim o Ruedas, es necesario para completar un destino. Sin embargo, las almas gemelas a menudo tienen que separarse para aprender lecciones importantes antes de que puedan unirse como una pareja sabia y confiable que pueda llevar a cabo su función espiritual conjuntamente. Debido al libre albedrío y a los inevitables errores esta reunión se demora, ya que el karma o el Midah ke-neged Midah, “Medida por Medida”, como le llaman los kabalistas, se cumple. La búsqueda de la alma gemela es parte de este proceso y cuando todo llega a su término la pareja se encuentra y se une.


El individuo descarnado, entre vidas, regresa a los mundos superiores, primero para pasar a través de un período de limpieza purgatoria de reflexión, y después a su nivel apropiado. Esto puede ser Gehenna, o el Infierno, el sitio donde los pecadores persistentes se encuentran aislados soportando la desagradable compañía de todos los demás. O puede ser lo que se llama el Paraíso Terrestre, donde el Jardín del Edén es el medio ambiente para un buen merecido descanso. Algunas almas más avanzadas pueden ascender al Paraíso Celestial donde se vive un orden de vida más refinado después de la muerte. Algunos otros, aquellos que han desarrollado su capacidad espiritual, pueden elevarse para alcanzar uno de los Siete Vestíbulos del Cielo, donde las llamadas Academias de lo Alto se encuentran presididas por eminentes maestros.


El tiempo transcurrido en los mundos superiores depende de muchos factores. En la mayoría de los casos, se trata de una generación para que así los miembros de un solo grupo de almas puedan reunirse y descender a la tierra al mismo tiempo y así continuar su desarrollo o su trabajo colectivo cumpliendo con su destino kármico. Los individuos o los grupos más avanzados, los que han aprendido a vivir en el espíritu, pueden escoger cuándo y dónde renacer para cumplir con sus misiones especiales. Estos son las grandes mujeres y los grandes hombres que hacen la historia. Del otro lado de la balanza existen personas tales como los suicidas, que se encuentran atrapados en un limbo entre los vivos y los muertos. Estos se aparecen como fantasmas o dybbuks, que tratan de resolver su problema vagando por los lugares donde murieron o apoderándose de personas susceptibles a las que tratan de poseer y así poder re-entrar en la fisicalidad sin tener que pasar por el necesario proceso del post-mortem y del prenatal. Como puede verse, existe un vasto proceso en la progresión de los seres humanos que ascienden y descienden por La Escalera de Jacob. Este panorama está descrito en El Libro de Enoch, una obra del período Hekalot, en el cual Metatrón muestra a un cierto rabino, Ishmael, una enorme cortina cósmica que cuelga del Cielo, el Pargod. Su diseño representaba la forma total de la historia, desde el principio de los Tiempos hasta el Final de los Días, hasta completar el Plan Divino. Los hilos individuales que constituyen esta tela señalan la secuencia de los hados que una persona debe vivir para poder aprender y ejecutar su destino.

Existen muchas calidades de hilos, algunos son de oro; algunos de plata; y otros de toda clase de fibras. Sin embargo, cada uno tiene su lugar en la característica del patrón, que en su momento se ajusta dentro del gran diseño de esta cortina.

Se dice que el lugar central del Pargod es la residencia del Mesías. Esta es la persona que, estando encarnada, en cada generación sostiene la posición de ser la conexión entre todos los mundos. Solamente un pequeño número de personas en la Tierra sabe quienes son los Lamed Vav, los “Treinta y Seis” justos, aunque El Grande y Santo Concilio del Cielo presidido por Metatrón lo conoce a él o a ella. El Mesías es la punta de lanza de la humanidad encarnada, seguido por la compañía de seres iluminados.


Un día el gran santo del siglo dieciocho, el Baal Shem Tov, fundador del movimiento hasídico de la Europa oriental, iba con un estudiante conduciendo su carreta. De pronto se detuvieron ante una choza frente a la cual, El Maestro del Buen Nombre” (como le llamaban), se inclinó ante un anciano caballero judío. Curioso de saber la razón por la cual su maestro se mostraba tan respetuoso, el estudiante le preguntó a medida que se alejaban, que quién era este hombre. La contestación fue, “EL Mesías”.


Sabiduría Oculta

Todos nacemos con un cuerpo. Este contiene los estados sólidos, líquidos, gaseosos y de radiación; así como vestigios de metales y minerales. También tiene un componente vegetal que puede comer, beber, crecer, propagarse, envejecer y morir. La combinación física se complementa con el alma animal, que tiene una inteligencia instintiva y la habilidad de movilizarse, socializar y expresar estados de ánimo o intercambiar información. A este conjunto de capacidades vitales se le llama Nefesh, en Kabbalah. Esta es la fuerza conductora del mayor número de personas que buscan vivir confortablemente y tener una existencia social placentera. Sin embargo, hay quienes desean cultivar su humanidad y encontrar su lugar y su propósito en el universo. Después de una larga búsqueda dichos individuos eventualmente encuentran una tradición espiritual que instruirá al buscador en las labores del alma, las dinámicas del universo y su relación con el Absoluto.

La primera lección consiste en que cada individuo es una versión en miniatura de toda la Existencia. El cuerpo de un individuo, psique, espíritu y chispa corresponden al macrocosmos de los cuatro mundos. Por otro lado, estos innatos niveles son vehículos por medio de los cuales el aspirante puede realmente entrar y experimentar los reinos de Asiyyah, Yezirah, Beriah y Azilut, y así poder vislumbrar el extenso drama del cual forman parte. Paralelamente a los estudios de teoría, se encuentran las prácticas, que les darán la disciplina que les permitirá hacer frente al poderoso impacto del conocimiento directo y de la iluminación. Estos métodos se dividen dentro de los caminos de la Acción, la Devoción y de la Contemplación.


El primero son los ejercicios físicos y los rituales, el segundo se refiere a la oración o a las meditaciones del corazón, mientras que el tercero pueden ser los estudios intelectuales de la metafísica, tales como la comprensión de las Divinas Sefirot.


El grado de ejecución en todos estos caminos determinará el desarrollo del estudiante. Con el tiempo el aspirante tendrá la capacidad de distinguir entre los estímulos del cuerpo, los bajos impulsos psíquicos centrados alrededor del ego-yesódico y del elevado estado de consciencia del Ser interno, o de Tiferet, que es el pivote del Arbol psicológico. Más tarde, una concientización del alma surgirá mediante la percepción del sino como resultado de la elección y del temperamento. Después de esto, viene la evolución de la dimensión transpersonal del espíritu, que revelará al estudiante su destino o trabajo dentro del esquema Divino. A lo largo de estas fases del desarrollo habrá momentos de revelación de los reinos superiores. Puede ser que, en casos excepcionales, haya la visita de Elías para la instrucción avanzada. Esto es común, como muchos distinguidos kabalistas, a través de los siglos, han reportado o insinuado al visitante.


Muchos kabalistas hablan de tener un Maggid, o un maestro invisible. Este es a veces llamado un ángel guardián que protege a medida que instruye. Un ángel, como ya se ha dicho, es un mensajero. Estos seres particulares, sin embargo, son humanos desencarnados que actúan como tutores del místico. Algunos son santos o sabios que fallecieron hace mucho, otros de calibre inferior, dependiendo de la etapa en que se encuentra el kabbalista. Dichas entidades generalmente intervienen en las vidas de la gente buena y especialmente en la de los niños si éstos se encuentran en peligro. Pueden o no ser vistos, pero su presencia, no terrenal, usualmente se siente durante o después de una intervención milagrosa.


El efecto acumulativo de generaciones de místicos de cada tradición lentamente incrementa la conciencia de la humanidad acerca del universo y de Dios. Cada línea esotérica tiene sus propios métodos, códigos y metafísicas que traen consigo primero, una iluminación individual, y después una evolución masiva de almas. Cuando esto ocurra, el Mesías se le aparecerá a todos y comenzarán los Días de la Resurrección. Esto significa el levantamiento de los diligentes y los muertos o de los que están espiritualmente despiertos y los dormidos, para la última fase de la Existencia a medida que la humanidad se concientiza de todos los mundos.


En esa señal la gente será juzgada de acuerdo a su actuación total a medida que retornan a su origen. En la medida en que cada individuo ascienda y se fusione con su grupo, dentro de su lugar en el Adán Kadmón, así esta Divina imagen incrementará su realización con aquel a quien refleja. Cuando todas las chispas humanas se hayan reunido con el Ser Ultimo, “Yo Soy Quien Soy”, se volverá Uno, a medida que El Rostro se fusiona con El Rostro. En ese momento de conclusión, la Existencia no será más que un destello en el ojo del Anciano de los Ancianos. El Santo se encontrará solo de nuevo, quizá antes del comienzo de un nuevo Shemittah, o Gran Ciclo Cósmico.
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viernes, 26 de mayo de 2017

La abeja y la araña

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Cuento Kabbalista
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Hace muchos años había un conductor de carretas judío muy pobre. Trabajaba día y noche pero nunca pudo guardar un centavo. Ya no podía seguir viniendo a su casa y enfrentar a su mujer sin traer una moneda, por lo que decidió ir al Rebe en busca de ayuda. El consejo del Rebe fue: “Vuélvete un maguid” (Un maguid iba de pueblo en pueblo alentando a la gente a arrepentirse y esforzarse por seguir los senderos de la Torá).

"¡Rebe!", dijo shockeado el carretero, “¡¿cómo es posible que sea un maguid?!, ¡nunca he hablado en público y no se nada de nada!”. El Rebe le dijo: "aseméjate a la abeja y no a la araña. La araña guarda y guarda y se queda con todo para sí misma; pero la abeja recolecta y entrega todo a los demás”. El carretero siguió el consejo del Rebe, y en su trabajo comenzó a escuchar lo que la gente sabia decía, luego lo entregaba a los demás como maguid. Eventualmente tuvo éxito y pudo alimentar a su familia y educar a sus hijos en los caminos de la Torá.
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lunes, 15 de mayo de 2017

Las doce flores de lino

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De Un Abrazo para el alma
de Rubén Armendáriz Ramírez
(Tercera sección: Trascendencia)

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Había una vez doce flores de lino muy hermosas y dichosas de ser lo que eran: disfutaban de estar al sol y alimentarse de agua. Pero un día llegaron unas tijeras haciendo este ruido: cric, crac, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó y cortaron las hermosas flores de lino. Pero las flores decían: "No, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía".

Entonces esas flores se convirtieron en doce metros de hermosa tela de lino muy fino y resistente. Pero de nueva cuenta aparecieron las tijeras, haciendo su sonido: cric, cract, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó. Y la tela decía: "No, no se ha acabado nada, falta lo más hermoso todavía"

La tela, entonces, se convirtió en doce camisas de lino. Doce hermosas camisas de lino que las portaban personas muy fina y muy elegantes, quienes iban a saborear deliciosas comidas; y las camisas se manchaban de exquisitos manjares, de vinos deliciosos, una y otra vez.

Pasó el tiempo y de nueva cuenta aparecieron las tijeras con su sonido: cric, crac, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó. Pero las camisas decían: "No, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía".

Las camisas fueron recicladas para hacer doce hermosos papeles de lino. Dichos papeles fueron a dar con un poeta maravilloso, uno que sabía expresarse bien y con gran emoción. Las ideas que el escritor plasmó entintaron todos los lienzos.

Los doce pliegos adquirieron fama y recorrieron el mundo. Después ocuparon un rincón distinguido de la biblioteca, pues la información que contenía resultaba valiosa para quien los leía.

Esa vez no aparecieron las tijeras, sino el desgaste, el polvo y las polillas que se comieron los doce hermosos pliegos.

Un día, el poeta los vio desgastados, viejos, acabados y, estando junto a la chimenea, los tiró a la leña y dijo: cric, crac, cric, cruc, crac. Se acabó, se acabó, se acabó. Pero los pliegos decían: "no, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía".

Entonces se convirtieron en doce chispitas que se integraron al universo y todas juntas dijeron: "No, no se ha acabado nada; falta lo más hermoso todavía"
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Baal Shem Tov

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Cuento jasídico

La siguiente es una historia hermosa que nos habla de Baal Shem Tov, un famoso rabino jasídico, quien era muy conocido dentro de su comunidad por ser un hombre tan piadoso, bondados y honesto, que Dios escuchaba cuando le hablaba.

Era tradición del pueblo jasídico que todo aquel que tenía un deseo insatisfecho o necesitaba algo que no había podido conseguir iba a ver al rabino. Éste se reunía con todos ellos una vez por año en un día especial y los guiaba a un lugar en medio del bosque y, una vez ahí prendia con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y hermosa, entonando una oración en voz baja casi como su fuera para él mismo.

Y dice el relato que a Dios le gustaban tanto esas palabras, y le encantaba de tal manera el fuego armado de esa manera, y gustaba tanto de la reunión de esas personas en el bosque, que no se resistía al pedido de los deseos de Baal Shem Tov.

El tiempo pasó y Baal Shem Tov, como cualquiera de nosotros, dejó su cuerpo material. Sus seguidores hasta entonces se dieron cuenta de que nadie sabía las palabras exactas que él decía. Sin embargo, conocían el lugar y sabían cómo armar el fuego. Una vez por año, siguiendo la tradición ya instituida, todos los que tenían necesidad y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo claro del bosque, prendían el fuego de la manera en que habían acordado y como no conocían las palabras, cantaban cualquier canción, recitaban un salmo, una oración cualquiera o, simplemente guardaban silencio alrededor del fuego.

Dicen que Dios gustaba tanto del fuego encendido, de ese claro del bosque y de las reuniones de esas personas que, aunque nadie decía las palabras adecuadas, de cualquier forma concedía los deseos.

El tiempo ha pasado rápidamente. Han transcurrido ya alrededor de 500 años y una generación tras otra, y los conocimientos exactos se han ido perdiendo. Hoy ya no se sabe cuál es el claro del bosque, ni cómo encender el fuego, ni mucho menos cuáles son las palabras de Baal Shem Tov; de hecho, no se sabe siquiera ya cuál es el bosque.

Sin embargo... dicen que a Dios le gusta tanto ésta historia que basta que una sola persona en todo el mundo la quiera contar, y una sola persona en el mundo quien la quiera escuchar, para que él se sienta complacido y satisfaga cualquier necesidad, concediendo cualquier deseo tanto a quien la cuenta como a quien la escucha.
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martes, 21 de febrero de 2017

Ideal loco

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 Cuento de Alejandro Jodorowsky

Un arquero quiso cazar la luna. Noche tras noche, sin descanso, lanzó sus flechas hacia el astro. Los vecinos comenzaron a burlarse de él. Inmutable, siguió lanzando sus flechas. Nunca cazó la luna, pero se convirtió en el mejor arquero del mundo.
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domingo, 19 de febrero de 2017

Riqueza y pobreza

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Cuento anónimo

Un día, un padre de familia rica y muy acomodada, llevó a su hijo de viaje al campo, con el firme propósito de que el joven valorara lo afortunado que era de poder gozar de tal posición, y se sintiera orgulloso de él.

 Estuvieron fuera todo el fin de semana, y se alojaron en una granja con gente campesina muy humilde. Al finalizar el viaje, de regreso ya a casa, el padre preguntó a su hijo:

- ¿Qué te pareció la experiencia?

- Buena”, contestó el hijo con la mirada puesta en la distancia.

- ¿Te diste cuenta de lo pobre que puede llegar a ser la gente?

- Sí, papá

- ¿Y qué aprendiste, pues? -, insistió el padre.

- Muchas cosas, papá…que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro… nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras bellezas… que nosotros tenemos lámparas importadas para alumbrar nuestro jardín, mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna… que nuestro patio llega hasta la cerca, y el de ellos abarca el horizonte… que nosotros compramos nuestra comida... ellos siembran y cosechan la de ellos… nosotros cocinamos en cocina eléctrica... ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña… para protegernos, nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas… ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos… nosotros vivimos conectados al móvil, al ordenador y al televisor... ellos, en cambio, están conectados a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus labores agrícolas… tú y mamá tenéis que trabajar tanto que casi nunca os veo… ellos tienen tiempo para hablar y convivir cada día en familia…

Al terminar el hijo el relato, el padre se quedó mudo. Entonces, su hijo añadió:

- ¡Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos, y lo ricos que podemos llegar a ser!
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Pregúntale a los muertos

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Cuento árabe

En un amplio patio de la casa más elevada del poblado, descansaba un hombre anciano cuyo rostro se decía que inspiraba una extraña mezcla entre misericordia y firmeza. Era conocido por el nombre de Khalil, y de todos era sabido que de sus palabras parecía brotar un manantial de sabiduría.

Un día de sol, en el que el anciano se hallaba meditando bajo la sombra de una vieja higuera, se presentó ante el umbral de su jardín un joven que dijo:

- Amigo sabio, ¿puedo pasar?

- La puerta está abierta - respondió Khalil.

El joven, cruzando el umbral y acercándose al anciano, le dijo:

- Me llamo Maguín y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento, sin embargo tengo un gran problema: me atormentan las críticas que se hacen de mi vida, mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los críticos de arte, y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando... Sé que eres un hombre sabio y que tu fama de sanador alcanza los horizontes más remotos. Dicen también que tus remedios son extraños, y, sin embargo, no me falta confianza para acudir a ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito en la defensa de mi imagen.

Khalil, mirando al joven con cierta displicencia, le dijo:

- Si quieres realmente curarte, vé al cementerio de la ciudad y procede a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y relátame lo que allí te haya sucedido.

Ante esta respuesta, Maguín se sintió claramente esperanzado en la medicina del anciano. Y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el porqué de tal remedio, se despidió y salió raudo de aquella casa.

Al día siguiente, se presentó de nuevo ante Khalil.

- Y bien, ¿fuiste al cementerio? - le pregunto éste.

- Sí - contestó Maguín, en un tono algo decepcionado.

- Y bien, ¿qué te contestaron los muertos?

- Pues en realidad no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos, y en realidad, ni se inmutaron

El anciano sin variar el tono de su voz le dijo a continuación:

- Escúchame atentamente. Vas a volver nuevamente al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar

La firmeza del sabio eliminó las dudas de la mente del joven artista por lo que despidiéndose, se retiró de inmediato.

Al día siguiente Maguín volvió a presentarse en la casa de anciano...

- ¿Y bien?

- Nada - contestó Maguín en un tono muy abatido y desesperanzado.

- Durante tres horas ininterrumpidas, he articulado los elogios y elegías más hermosos acerca de sus vidas, y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días sobre al tierra, y... ¿qué ha pasado? Nada, no pasó nada. No se inmutaron, ni respondieron. Todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo. Así que... ¿eso es todo?, preguntó el joven con cierto escepticismo.

- Sí - contestó el viejo Khalil.

- Eso es todo... porque así debes ser tú, Magín: indiferente como un muerto a los insultos y halagos del mundo... porque el que hoy te halaga, mañana te puede insultar, y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en tí mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo
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viernes, 10 de febrero de 2017

La seguridad del molusco

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Cuento japonés

Un molusco estaba muy orgulloso de su caparazón. Le decía a un pez:

- Sí señor; el mío es un castillo muy fuerte. Cuando lo cierro, nadie puede hacer más que apuntarme con el dedo.

Así, mientras estaban hablando, se sintió un chapoteo. El pez huyó prestamente, mientras que el otro se encerró en su envoltorio.

Pasó un buen rato y el molusco empezó a preguntarse qué había sucedido.

Como todo parecía muy tranquilo, abrió sus valvas para indagar y notó que ya no se hallaba en su medio habitual.

Efectivamente, estaba junto a cientos de otros animales semejantes a él, en un puesto de mercado, debajo de un cartel que decía:

"A $1000 el kilo"
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sábado, 4 de febrero de 2017

Grano de oro

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Cuento de Rabindranath Tagore

Iba yo pidiendo de puerta en puerta por el camino de la aldea, cuando tu carro de oro apareció a lo lejos como un sueño magnífico. Y, yo me preguntaba maravillado, quién sería aquel Rey de reyes.

Mis esperanzas volaron hasta el cielo, y pensé que mis días malos se habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros derramados por el polvo.

La carroza se paró a mi lado. Me miraste y bajaste sonriendo. Sentí que la felicidad de la vida había llegado al fin. Y de pronto, tú me tendiste tu diestra diciéndome: “¿Puedes darme alguna cosa?”.

¡Qué ocurrencia de tu realeza! ¡Pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo y te lo di.

Pero, qué sorpresa la mía cuando, al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón. ¡Qué amargamente lloré por no haber tenido corazón para dártelo todo!
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La estatua

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Cuento de Khalil Gibrán

Cierta vez, entre las colinas, vivía un hombre poseedor de una estatua cincelada por un anciano maestro. Descansaba contra la puerta de cara al suelo. Y él nunca le prestaba atención.

Un día pasó frente a su casa un hombre de la ciudad, un hombre de ciencia. Y advirtiendo la estatua, preguntó al dueño si la vendería.

Riéndose, el dueño respondió: “¿Y quién desearía comprar esa horrible y sucia estatua?"

El hombre de la ciudad dijo: “Te daré esta pieza de plata por ella”. El otro quedó atónito, pero agradado.

La estatua fue trasladada a la ciudad al lomo de un elefante. Y, luego de varias lunas el hombre de las colinas visitó la ciudad y, mientras caminaba por las calles, vio una multitud ante un negocio y a un hombre que a voz en cuello gritaba: “Acercaos y contemplad la más maravillosa estatua del mundo entero. Solamente dos piezas de plata para admirar la más extraordinaria obra maestra”.

Al instante, el hombre de las colinas pagó dos piezas de plata y entró en el negocio para ver la estatua que él mismo había vendido por una sola pieza de ese mismo metal.
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miércoles, 1 de febrero de 2017

El Contrabandista

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Cuento de Mulla Nasrudin, de Idries Shah

Nasrudin solía cruzar la frontera todos los días, con las cestas de su asno cargadas de paja. Como admitía ser un contrabandista cuando volvía a casa por las noches, los guardas de la frontera le registraban una y otra vez. Registraban su persona, cernían la paja, la sumergían en agua, e incluso la quemaban de vez en cuando.

Mientras tanto, la prosperidad de Nasrudin aumentaba visiblemente.

Un dia se retiro y fue a vivir a otro país, donde, unos años mas tarde, le encontró uno de los aduaneros.

- Ahora me lo puedes decir, Nasrudin, ¿Que pasabas de contrabando, que nunca pudimos descubrirlo?

- Asnos - contestó Nasrudin.
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El hecho de que la persona media piense según unas pautas determinadas y no pueda adaptarse a un punto de vista muy diferente, le hace perder gran parte del sentido de la vida. Puede vivir, incluso progresar, pero no puede comprender lo que ocurre.
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jueves, 26 de enero de 2017

El rey y el mago

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De Un abrazo para el alma
(Segunda Sección: Mujeres y hombres maduros)
de Rubén Armendáriz Ramírez

Había una vez, en un reino muy lejano y perdido, un rey al que le gustaba mucho sentirse poderoso. Su deseo de poder no se satisfacía sólo con tenerlo, él necesitaba, además, que todos lo admiraran por ser poderoso. Así como a la madrastra de Blanca Nieves no le alcanzaba con verse bella, también él necesitaba mirarse en un espejo que le dijera lo poderoso que era. Él no tenía espejos mágicos, pero contaba con un montón de cortesanos y sirvientes a su alrededor a quienes preguntarle si él era el más poderoso del reino. Invariablemente todos le decían lo mismo:

– Alteza, eres muy poderoso, pero tú sabes que el mago tiene un poder que nadie posee: Él conoce el futuro.

El rey estaba muy celoso del mago pues aquel no sólo tenía fama de ser un hombre muy bueno y generoso, sino que además, el pueblo entero lo amaba, lo admiraba y festejaba que él existiera y viviera allí.

No decían lo mismo del rey. Quizás porque necesitaba demostrar que era él quien mandaba y el rey no era justo, ni ecuánime y mucho menos bondadoso.

Un día, cansado de que la gente le contara lo poderoso y querido que era el mago, o motivado por esa mezcla de celos y temores que genera la envidia, el rey urdió un plan: Organizaría una gran fiesta a la cual invitaría al mago. Después de la cena, pediría la atención de todos. Llamaría al mago al centro del salón y delante de los cortesanos, le preguntaría al mago si era cierto que sabía leer el futuro. El invitado tendría dos posibilidades: decir que no, defraudando así la admiración de los demás, o decir que sí, confirmando el motivo de su fama. El rey estaba seguro de que escogería la segunda posibilidad. Entonces, le pediría que le dijera la fecha en la que el mago del reino iba a morir. Éste daría una respuesta un día cualquiera, no importaba cuál. En ese mismo momento, planeaba el rey, sacar su espada y matarlo. Conseguiría con esto dos cosas de un solo golpe: la primera, deshacerse de su enemigo para siempre; la segunda, demostrar que el mago no había podido adelantarse al futuro, ya que se había equivocado en su predicción. Se acabarían, en una sola noche, el mago y el mito de sus poderes...

Los preparativos se iniciaron enseguida, y muy pronto llegó el día del festejo....... Después de la gran cena, el rey hizo pasar al mago al centro y le preguntó:

– ¿Es cierto que puedes leer el futuro?

– Un poco – dijo el mago.

– ¿Y puedes leer tu propio futuro? – preguntó el rey

– Un poco – dijo el mago.

– Entonces quiero que me des una prueba – dijo el rey ¿Qué día morirás? ¿Cuál es la fecha de tu muerte?

EI mago se sonrió, lo miró a los ojos y no contestó.

– ¿Qué pasa mago? – dijo el rey sonriente -¿No lo sabes?... no es cierto que puedes ver el futuro?

– No es eso – dijo el mago – pero lo que sé, no me animo a decírtelo.

-¿Cómo que no te animas? – dijo el rey... Yo soy tu soberano y te ordeno que me lo digas. Debes darte cuenta de que es muy importante para el reino saber cuando perderemos a sus personajes más eminentes... Contéstame pues, ¿cuándo morirá el mago del reino?

Luego de un tenso silencio, el mago lo miró y dijo:

-No puedo precisarte la fecha, pero sé que el mago morirá exactamente un día antes que el rey.

Durante unos instantes, el tiempo se congeló. Un murmullo corrió por entre los invitados.

El rey siempre había dicho que no creía en los magos ni en adivinaciones, pero lo cierto es que no se animó a matar al mago. Lo perdonó, sí por conveniencia, pero le perdonó la vida. Lentamente el soberano bajó los brazos y se quedó en silencio... Los pensamientos se agolpaban en su cabeza.

Se dio cuenta de que se había equivocado.

Su odio había sido el peor consejero

-Alteza, te has puesto pálido. ¿Qué te sucede? – preguntó el invitado.

-Me estoy sintiendo mal – contestó el monarca – voy a ir a mi cuarto, te agradezco que hayas venido. Y con un gesto confuso giró en silencio encaminándose a sus habitaciones...

El mago era astuto, había dado la única respuesta que evitaría su muerte ¿Habría leído su mente? La predicción no podía ser cierta. Pero... ¿Y si lo fuera?... Estaba aturdido... Se le ocurrió que sería trágico que le pasara algo al mago camino a su casa

El rey volvió sobre sus pasos, y dijo en voz alta :

-Mago, eres famoso en el reino por tu sabiduría, te ruego que pases esta noche en el palacio pues debo consultarte por la mañana sobre algunas decisiones reales.

-¡Majestad! Será un gran honor, dijo el invitado con una reverencia.

El rey dio órdenes a sus guardias personales para que acompañaran al mago hasta las habitaciones de huéspedes en el palacio y custodiasen su puerta asegurándose de que nada le pasara...

Esa noche el soberano no pudo conciliar el sueño. Estuvo muy inquieto pensando qué pasaría si al mago le hubiera caído mal la comida, o si se hubiera hecho daño accidentalmente durante la noche, o si, simplemente, le hubiera llegado su hora.

Bien temprano en la mañana el rey golpeó en las habitaciones de su invitado.

Él nunca en su vida había pensado en consultar ninguna de sus decisiones, pero esta vez, en cuánto el mago lo recibió, hizo la pregunta...necesitaba una excusa.

Y el mago, que era un sabio, le dio una respuesta correcta, creativa y justa.

El rey, casi sin escuchar la respuesta, alabó a su huésped por su inteligencia y le pidió que se quedara un día más supuestamente, para “consultarle” otro asunto... (obviamente, el rey sólo quería asegurarse de que nada le pasara). El mago – que gozaba de la libertad que sólo conquistan los iluminados – aceptó.

Desde entonces todos los días, por la mañana o por la tarde, el rey iba hasta las habitaciones del mago para consultarlo y lo comprometía para una nueva consulta al día siguiente.

No pasó mucho tiempo antes de que el rey se diera cuenta de que los consejos de su nuevo asesor eran siempre acertados y terminara, casi sin notarlo, teniéndolos en cuenta en cada una de sus decisiones.

Pasaron los meses y luego los años.

Y como siempre... estar cerca del que sabe vuelve al que no sabe, más sabio.

Así fue: el rey poco a poco se fue volviendo más y más justo. Ya no era despótico ni autoritario. Dejó de necesitar sentirse poderoso, y seguramente por ello dejó de necesitar demostrar su poder.

Empezó a aprender que la humildad también podía tener sus ventajas. Empezó a reinar de una manera más sabia y bondadosa. Y sucedió que su pueblo empezó a quererlo, como nunca lo había querido antes.

El rey ya no iba a ver al mago investigando por su salud, iba realmente para aprender, para compartir una decisión o simplemente para charlar.

El rey y el mago habían llegado a ser excelentes amigos.

Hasta que un día, a más de cuatro años de aquella cena, sin motivo, el rey recordó. Recordó que este hombre, a quien consideraba ahora su mejor amigo, había sido su más odiado enemigo. Recordó aquel plan que alguna vez urdió para matarlo. Y se dio cuenta de que no podía seguir manteniendo este secreto sin sentirse un hipócrita.

El rey tomó coraje y fue hasta la habitación del mago. Golpeó la puerta y apenas entró, le dijo:

-Hermano mío, tengo algo para contarte que me oprime el pecho.

-Dime – dijo el mago – y alivia tu corazón

-Aquella noche, cuando te invité a cenar y te pregunté sobre tu muerte, yo no quería en realidad saber sobre tu futuro, planeaba matarte frente a cualquier cosa que me dijeras, quería que tu muerte inesperada desmistificara tu fama de adivino. Te odiaba porque todos te amaban.... Estoy tan avergonzado...

El rey suspiró profundamente y siguió:

-Aquella noche no me animé a matarte y ahora que somos amigos, y más que amigo, hermanos, me aterra pensar todo lo que hubiera perdido si lo hubiera hecho. Hoy he sentido que no puedo seguir ocultándote mi infamia. Necesité decirte todo esto para que tú me perdones o me desprecies, pero sin ocultamientos.

El mago lo miró y le dijo:

-Has tardado mucho tiempo en poder decírmelo, pero de todas maneras, me alegra que lo hayas hecho, porque esto es lo único que me permitirá decirte que ya lo sabía. Cuando me hiciste la pregunta y acariciaste con la mano el puño de tu espada, fue tan clara tu intención, que no hacía falta ser adivino para darse cuenta de lo que pensabas hacer.

El mago sonrió y puso su mano en el hombro del rey

– Como justa devolución a tu sinceridad, debo decirte que yo también te mentí... Te confieso que inventé esa absurda historia de mi muerte antes de la tuya para darte una lección. Una lección que recién hoy estás en condiciones de aprender, quizás la más importante cosa que yo te haya enseñado: Vamos por el mundo odiando y rechazando aspectos de los otros y hasta de nosotros mismos que creemos despreciables, amenazantes o inútiles... y sin embargo, si nos damos tiempo, terminamos dándonos cuenta de lo mucho que nos costaría vivir sin aquellas cosas que en un momento rechazamos. Tu muerte, querido amigo, llegará justo, justo el día de tu muerte, y ni un minuto antes. Es importante que sepas que yo estoy viejo, y mi día seguramente se acerca. No hay ninguna razón para pensar que tu partida deba estar atada a la mía. Son nuestras vidas las que se han ligado, no nuestras muertes.

El rey y el mago se abrazaron y festejaron brindando por la confianza que cada uno sentía en esta relación que habían sabido construir juntos.

Cuenta la leyenda... que misteriosamente, esa misma noche... el mago... murió durante el sueño.

El rey se enteró de la mala noticia a la mañana siguiente y se sintió desolado. No estaba angustiado por la idea de su propia muerte, había aprendido del mago a desapegarse hasta de su permanencia en este mundo. Estaba triste por la muerte de su amigo.

Qué coincidencia extraña había hecho que el rey le pudiera contar esto al mago justo la noche anterior a su muerte? Tal vez de alguna manera desconocida el mago había hecho que él pudiera decirle esto para poder quitarle su fantasía de morirse un día después. Un último acto de amor para librarlo de sus temores de otros tiempos... Cuentan que el rey se levantó y que con sus propias manos cavó en el jardín, bajo su ventana, una tumba para su amigo, el mago. Enterró allí su cuerpo y el resto del día se quedó al lado del montículo de tierra, llorando como sólo se llora ante la pérdida de los seres más queridos.

Y recién entrada la noche, el rey volvió a su habitación.

Cuenta la leyenda... que esa misma noche... veinticuatro horas después de la muerte del mago, el rey murió en su lecho mientras dormía... quizás de casualidad... quizás de dolor... quizás para confirmar la última enseñanza de su maestro.
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martes, 3 de enero de 2017

Las tres gallinas

Cuento judío 

El célebre rey Shlomó era todavía un niño. Habia hecho su bar mitzvá cuando se convirtió en el rey de los judíos.

Como era tan joven, tenía miedo de no poder gobernar una nación tan grande. Le preocupaba que tal vez no tomara la decisión correcta; que quizás no pudiera resolver los problemas que surgieran entre gente más vieja y sabia que él.

Shlomó decidió rezar a Di-s y pedirle que le ayudara a ser un buen rey.

Cierta noche, tuvo un sueño.  En este, Di-s le preguntaba qué era lo que más deseaba en la vida.

"Si pido riquezas", pensó el joven rey, "no tengo ninguna duda de que Di-s me las concederá.  Si solicito que proteja a mi reino de sus enemigos, seguro que también lo hará.  Pero, ¿no he aprendido yo que a la persona sabia nunca le faltará nada?"

"¡Señor del Universo!", dijo Shlomó en su sueño.  "No deseo riquezas.  Lo único que quiero es que me ayudes a ser un hombre sabio y compasivo. Un hombre que sepa juzgar correctamente todas las situaciones que se le presenten. De esa manera seré un buen ejemplo para mi gente y los judíos imitarán mi conducta".

Di-s reconoció en las palabras de Shlomó su fervoroso deseo de ser un buen rey, y le concedió su deseo.  Lo convirtió en el hombre más sabio del mundo.

Shlomó estudiaba Torá día y noche.  Examinaba las razones en virtud
de las cuales era bueno cumplir las Mitzvot, y explicaba a su pueblo todo lo que aprendía. Así, el pueblo compartía con su joven monarca todos sus conocimientos.

Cuenta la historia que cierto día Shlomó salió a pasear con tres hombres sabios. Ya casi habia comenzado el invierno, y hacia mucho frío.  Mientras andaban, se encontraron junto al camino con un hombre que, metido en el río, lavaba unas pieles.

"Perdóname si interrumpo tu trabajo", dijo el rey Shlomó al hombre, "pero... ¿no es siete más que cinco?"

El hombre inclinó la cabeza respetuosamente y respondió:

"Sí, Alteza.  Pero treinta y dos son más que doce".

Shlomó se mostró complacido por la respuesta, en tanto que los hombres sabios que lo acompañaban se miraron extrañados, sin comprender.¡Qué significaban estas adivinanzas?

"Dime", prosiguió Shlomó, "¿cuantas veces se quemó tu casa?"

"Tres veces", contestó el buen hombre. "Faltan dos, si Di-s quiere".

El Rey se mostró nuevamente satisfecho por la respuesta.

"¿De qué estarán hablando?", se preguntaron los hombres sabios.

"¿Si te envío tres gallinas, sabrás como desplumarlas?", volvió a preguntar el rey.

"Envíamelas, que yo me encargare del resto". 

El rey y sus acompañantes emprendieron el regreso.  Mientras caminaban de vuelta al palacio, el Rey preguntó a los tres sabios si habían comprendido la conversación mantenida con el hombre pobre.

"A decir verdad, Alteza, no hemos entendido nada".

"¿Y ustedes dicen ser sabios?", exclamó el Rey. "Cualquier persona común hubiera entendido nuestra conversación.  ¡Les doy tres días para que me digan de qué se trataba!  Si no aciertan, pueden ir buscándose otro empleo".

Los tres sabios pensaron y pensaron, pero por más que se esforzaban no daban con ninguna respuesta satisfactoria.  Finalmente y sin otro remedio, volvieron hasta al río para ver si encontraban al hombre que había estado allí lavando las pieles.

"Por favor, buen hombre", le imploraron apenas se encontraron con el, "explícanos la conversación que mantuviste con el rey. No entendimos nada, y nos gustaría saber de que han hablado".

"Lo siento mucho", respondió el hombre, "pero nada les puedo decir.  Es una cuestión privada".

Los tres sabios estaban desesperados. Tenían que saber cual habia sido el tema de la conversación. Finalmente, y como último recurso, le ofrecieron al pobre hombre todo el dinero que tenían si les explicaba que era lo que habia hablado con el rey.

"Si es así, acepto", respondió el hombre de buena gana.

Los hombres corrieron a sus casas y trajeron toda su fortuna. Entonces el buen hombre les dijo:

"El problema de ustedes es que son egoístas; si les hubiera interesado ayudar a la gente pobre como yo tanto como le importa al rey, lo hubieran entendido todo.

"Cuando el rey me vio parado en medio del agua fría", prosiguió, "sintió lastima por mí.  '¿No son siete más que cinco?', me preguntó. Es decir: '¿No puedes ganar suficiente dinero para mantenerte trabajando solo durante los siete meses cálidos del año?  ¿Tienes que trabajar también durante los meses de helada?'"

"Está bien", aceptaron los sabios la explicación.  "Pero, ¿qué significa la respuesta que tu diste al rey, que 'treinta y dos es más que doce'?"

"Le dije al rey que tengo treinta y dos dientes", contestó el hombre, "y para conseguir suficiente comida como para que todos ellos coman, me veo obligado a trabajar durante todo el año, doce meses y no solo siete, y tampoco eso me resulta suficiente".

Los sabios acariciaron sus barbas en señal de aprobación, y volvieron a preguntar:
"Y qué puedes decirnos respecto de la segunda pregunta que te hiciera el rey, aquello de '¿cuántas veces se quemó tu casa?'  ¿Qué quiere decir eso?"

"Señores, ¿es que todavía no entienden?", exclamó el hombre.  "Cuando un hombre pobre casa una hija, es como si quemara toda la casa. Todo lo que tiene se va en ayudar a la joven pareja a instalarse. Después, no le queda nada.  Nuestro sabio rey lo entendió; yo le dije que tenia cinco hijas, de las que hasta ahora he casado tres, y que, con la ayuda de Di-s, también casaré a las otras dos.  Y como el rey estaba deseoso de ayudarme, me hizo la tercera pregunta".

Dicho esto, el hombre dio media vuelta y continuó con su trabajo.

"¡Oye!  ¡Espera!", gritaron los tres sabios.  "¡Aún no nos explicaste lo de 'desplumar a las tres gallinas'!"

"Mis queridos amigos.  Ustedes son las gallinas que el rey me enviará. ¿No los desplumé lo suficiente?", respondió el hombre en medio de una sonora carcajada, al tiempo que levantaba las pesadas bolsas con el dinero recibido.

Los tres sabios se miraron entre sí, y se dieron cuenta de que el rey les había jugado una broma.

Al principio se enojaron un poco, pero luego reconocieron que debían considerarse afortunados por haber sido elegidos para ayudar al pobre hombre.
Y al mismo tiempo aprendieron otra lección del rey, que dice:

"Para tener un corazón que entiende, primero debes tener corazón".
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