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viernes, 23 de septiembre de 2016

La zorra sin cola

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 Fábula de Esopo

Presa de un improviso en artero lazo, solo pudo escaparse una zorra dejándose entre las mallas de la red su mejor adorno. - "Yo sin cola (decia la cuitada) ¡¿cómo me presento a las compañeras para que no se burlen de mí?!"

En tal desdicha, imaginó una traza para salvarse; y fue a citar a congreso a todas las zorras del país, para exhortarlas a que siguieran su ejemplo cortándose la cola; que, tras de ser poco decente, la consideraba punto menos que inútil.

Una de las zorronas más ladinas de la ciudad tomó la palabra y dijo:

- Tienes razón en cuanto dices, pero, ¿por qué no nos dabas ese mismo consejo cuando tenías cola?
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lunes, 11 de abril de 2016

Las dos ranas

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De las fábulas de Esopo

Un día de caluroso verano, los campos se encontraban amarillentos, los charcos secos, y los pantanos llenos de secas hierbas y muy escasas aguas. Ese día, estaban dos Ranas caminando en busca de agua muertas de sed y con la piel rugosa. Después de mucho caminar, llegaron a la orilla de un profundo pozo, y sentándose en el borde, se pusieron a discutir si debían saltar en él, o no. Una de las Ranas aportaba con razón, que siendo el agua tan abundante, en el fondo del pozo podrían vivir tranquilamente. Sin embargo, la otra, más juiciosa que su compañera, después de reflexionar seriamente dijo: "Todo eso está muy bien amiga. Yo no tengo ningún problema en saltar, pero si el agua se seca, ¿cómo saldremos de aquel pozo?"

Diéronse, pues, el brazo, y se fueron en busca de otra charca que era su que era su verdadero domicilo.
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miércoles, 22 de mayo de 2013

El arte de matar dragones

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Cuento de Zhuang Zi de Fábulas antiguas de China

Zhu Pingman fue a Zhili Yi para aprender a matar dragones. Estudió tres años y gastó casi toda su fortuna hasta conocer a fondo la materia.
Pero había tan pocos dragones que Zhu no encontró dónde practicar su arte.
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miércoles, 15 de mayo de 2013

Demasiados senderos

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Cuento de Lie Zi de Fábulas antiguas de China


Un vecino de Yang Zi, que había perdido una oveja, mandó a todos sus hombres a buscarla y le pidió al sirviente de Yang Zi que se uniera a ellos.

- ¡Qué! – exclamó Yang Zi –. ¿Necesita Ud. a todos estos hombres para encontrar una oveja?

- Son muchos los senderos que puede haber seguido – explicó el vecino. 

Cuando regresaron, Yang Zi preguntó al vecino:

- Bueno, ¿encontraron la oveja?

Este contestó que no. Entonces Yang Zi preguntó por qué habían fracasado.

- Hay demasiados senderos – respondió el vecino –. Un sendero conduce a otro, y no supimos cuál tomar; así es que regresamos.

Yang Zi se quedó hondamente pensativo. Permaneció silencioso largo tiempo y no sonrió en todo el día.

Sus discípulos estaban sorprendidos.

- Una oveja es una nadería – dijeron –, y ésta no era ni siquiera suya. ¿Por qué tiene Ud. que dejar de hablar y sonreír?

Yang Zi no respondió, y sus discípulos se llenaron de perplejidad. Uno de ellos, Mengsun Yang, fue a contarle a Xindu Zi lo que ocurría.

- Cuando hay demasiados senderos – dijo Xindu Zi –, un hombre no puede encontrar su oveja. Cuando un estudiante se dedica a demasiadas cosas, malgasta su tiempo y pierde su ruta. Usted es discípulo de Yang Zi y aprende de él; sin embargo, parece que no ha llegado a comprenderle nada. ¡Qué lástima!
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domingo, 4 de noviembre de 2012

El hombre que no vio a nadie


De Fábulas antiguas de China
Fábula de Lie Zi


Había una vez un hombre en el Reino de Chi que tenía sed de oro. Una mañana se vistió elegantemente y se fue a la plaza. Apenas llegó al puesto del comerciante en oro, se apoderó de una pieza y se escabulló.
 

El oficial que lo llevó preso le preguntó:

- ¿Por qué robó el oro de tanta gente?

- Cuando tomé el oro – contestó
–, no vi a nadie. No vi más que el oro.
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lunes, 29 de octubre de 2012

La parábola del estudio


De El Jardín de las Anécdotas de Armando José Sequera

Ya tengo setenta años dijo el duque Ping de Jin a su músico ciego, Shi Kuang -. Aunque quisiera estudiar y leer algunos libros, creo que ya es demasiado tarde.

- ¿Por qué no enciende la vela? - sugirió Shi Kuang.

- ¿Cómo se atreve un súbdito a bromear con su señor? - exclamó el duque enojado.

- Yo, un músico ciego no me atrevería - protestó Shi Kuang -. pero he oído decir que si un hombre es devoto al estudio en su juventud, su futuro es brillante como el sol matinal; si se aficiona al estudio en su edad media, es como el sol de mediodía; mientras que si comienza a estudiar de viejo, es como la llama de una vela. Aunque la vela no es muy brillante, a lo menos es mejor que andar a tientas en la oscuridad.

Y el duque estuvo de acuerdo.
 
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