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lunes, 28 de noviembre de 2016

De desamores, dementes y desmadres 2: El inverosímil patetiquísimo caso infernal de José e Isabel

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Resulta que desde que volví a San Cristobal para comenzar uno de los proyectos en los que estaba, junto a Akira, un viejito japonés adicto a las novelas y J-pop de su país, me quedé en el lugar donde se estaba hospedando, el cuál pensé que sería una casa que ya estaba rentando formalmente. Y bueno, el lugar resultó ser un pseudo-hostal. Una pseudo-casa de húespedes.

No es que tuviese aversión al lugar, pues, en mis entrenamientos dde Rambo, me he quedado a dormir acampando en el bosque, la playa, y hasta casi- escondido en parques públicos, casi como un indigente. Por ende, el tener una recámara de la cuál guarecerme de las inclemencias del clima, me parecía bien... sí... los otros húpespedes eran un mexicano, con su novia germana, otro japonés, y otros vatos - al juzgar por las apariencias - de las tierras de los orcos, y otros tantos de esos mundos paralelos que hay bajo los alcantarillados.

Pero de estos últimos seres no me preocupo, después de todo, no hacían nada malo, fuera de las apariencias o de sus actitudes, las cuales, fuera de parecerme sospechosas o motivo de observación para estar con cuidado, me parecían graciosas. A saber:

Había un individuo escuálido, alto, todo pálido, de cabello oscuro y corto, de lentes de nerdo, que sólo le faltaba la etiqueta: "patéame en los güevos y una vez que esté en el piso, sométeme aplastándo con tu pie mi cuello".  Este cuate, se la pasaba a la expectativa de lo que hacían todos ahí, paseándose nerviosamente en el interior de un lado a otro entre los pasillos, como si hubiese este flaco puñetín acabado de asesinar a alguien y no supiera qué hacer, si entregarse, suicidarse, auto-hacerse una cirugía plástica con herramientas caseras para hacer bisutería con macramé. Creo que era adicto a esas cosas que se metía Osho para no parpadear y que sus seguidores creyeran que era un tipo místico muy profundo. Nunca le vi hablar, sólo pasearse todo ido nervioso, o bien, quedarse también en su lugar, también ido y nervioso. Fumando siempre. Quizá no quería volver al hospital psiquiátrico.

La pareja del mexicano con la germana... bueno, no hay mucho que contar, vivían de manera regular, aunque el mexicano sí era medio-mierda. Siempre intentaba inculpar a los japoneses de cosas que hacía, como tomar cosas de los demás de la cocina y refrigerados, hasta dejar los cuartos de baño con regalos escatológicos. Hasta que lo descubrieron.

Pero bien, de lo que va el tema "Desamores, dementes y desmadres":

Pese a haber estado ahí durante un mes (que claro, jamás estuve un sólo día todo el día en el lugar, pues me iba a pasear, explorar, a trabajar y hacer otras actividades), no tengo malas experiencias, y de hecho aprendí mucho estando en tal lugar. Aprendí más bien una sóla cosa: a no ser definitivamente lo que no quiero ser. Que fumar hierba no te hace más sabio, inteligente, que no eleva tu nivel de consciencia. Todo lo contrario.

La cosa está así. El tipo que se encargaba de cobrar la estancia a los inquilinos y del "mantenimiento" del lugar, era uno de esos fumadores de weed que no podía estar sin fumar ni una media hora y sin ver los Simpson, que - lo juro por Alláh y el profeta - sino le daba síndrome de abstinencia y se ponía todo temblorino, desesperado, psicótico.

El otrora-hombre, se la pasaba quejándose amargamente de todo el universo a su alrededor. De sol a sol. En verdad, no había hora en que no se la pasaba quejándose de algo: "¡Chingadamadre ya va a llover!" "Puta madre, ya se fue el internet" "¡Pinche gente puerca, limpien la cocina después de usarla, cabrones!" "¡Todo yo, siempre tengo que hacerlo todo yo!" "¡Pinche Homero Simpson, estás bien pendejo!", y otros etcéteras.

Éste especimén de junkie Sancristobalense casi jamás salía del recinto. Sólo para comprar hierba y hash, para ir a fumarselo en la comodidad de su asiento frente al televisor, para ver sus maratones diarios de capítulos de los Simpson.

Lo increíble de éste pseudo-relato es que, el tipo tenía esposa y un crío, al cuál por cierto, nunca lo escuché llorar. La esposa, quien tenía 16 años, tampoco abandonaba el lugar, salvo para ir por las coca-colas de su esposo, el cuál también era adicto a tal bebida azucarada. La mayoría del tiempo se la pasaba paseando por la casa al bebé en su carreola. Supongo que jamás lloraba, porque el papá le rociaba humo de su porro en la cara para mantenerlo adormecido y que no estuviera chingando. Eso o bien, el retoñito era tal vez un muñeco o hasta un tronco, un leño. No lo sé. Tampoco vi alguna vez que lo alzaran o cargaran en brazos. No, nada.

Ahora, para tener un referente de los personajes, paso a describir sus físicos (haría dibujos pero me tomaría más tiempo):

El tipo, es moreno. Pero no un moreno saludable como bronceado, cobrizo, puerto-riqueño o caoba. No. Es de un moreno-cenizo. Como de lagartijo común, luego de 3 días de muerto. De greña larga, complexión rechoncha, barrigón, bigote medio crecido, y pesé a tener 27 años, se veía fácilmente como mínimo el doble de edad. Que bien podría parecer personaje de televisión o de película: el ayudante chemo de un trabajador de taller mecánico. En cuanto a la estatura, quizá medía un metro y 60 centímetros. Casi un Hobbit. Y un razgo característico e inolvidable del chamo, es que siempre tenía la mirada roja y humosa. Voz algo irritada, más bien aguda. Reía como gallina y tosía como carcacha cayéndose a pedazos.

La otra protagonista, la esposa, también era de tez morena, aunque tampoco era de un tono muy saludable. Más bien cenizo, del color de su personalidad. Delgada, cabello oscuro y... no lo sé, es difícil describirla, su apariencia es tan común, tan genérica, que es cosa fácil, imposible de recordar. Eso sí, también tenía la mirada de resignación indestructible a los designios de la providencia. La voz también me  resulta complicado de describir, pues era igual, tan simple, tan cgenérica y carecía tanto de vocabulario, expresiones y tonos singulares, reconocibles.

Completando estas imágenes, pasemos ahora sí, al incidente que es motivo de éste post.

Cierto día, recién llegaba por la mañana a tal hostal, y me disponía a ver el nuevo capítulo de Dragon Ball Super, para después ponerme a hacer unos diseños durante todo el día.

Entonces, lo primero con lo que me encuentro es que todo el lugar está en silencio, debido a que no hay internet. Por lo tanto, no habían ruidos de las computadoras y televisiones a todo volumen, pues los inquilinos solían "amenizar" el lugar con videos musicales  de reggae jamaiquino o psycho de esa que dan convulsiones con tan sólo escucharlo.

Me dio igual, así que me puse a ilustrar. Cuando de pronto, noto el cristalazo del silencio roto:

- ¡Chinagadamadre , Pinche Chabela! ¡Te dije que fueras por mi puta coca y no fuiste, pinche culera!

- ... (silencio)

- ¡Ábreme la puerta, pinche ojete! ¡Te dije que no cerraras la puerta!

- ...

- ¡Hey, te estoy hablando pendeja! ¡Ábreme la puerta, te digo!

- ...

- ¡Hey, te estoy hablando, no te hagas pendeja! ¡Órale, no estoy jugando!

Luego de una hora - literal - de rebuznidos rezongones y demás berrinches consistentes en lo mismo. Peticiones de apertura de la puerta:

- ¡Chingadamadre, pinche Isabel! ¡No mames! ¡No mames! ¡Ya estoy cansado de ti! ¡No sirves para nada! ¡No vales madre! ¡No sirves ni para puta madre! ¡Estoy harto de ti! ¡Harto, harto! ¡Me tienes aquí como pendejo más de una hora, pidiéndote  que me abras la pinche puerta! ¡Sólo voy a sacar algo!
 

- No...

- ¡¿Qué no?! ¡Hija de tu puta madre! ¡De verdad, ya me voy a ir a la chingada! ¡Ahora sí, te lo juro! ¡Por Dios, que ya me voy a largar, ahora sí lo digo en serio! ¡Estoy hasta la madre de que siempre me hagas lo mismo! ¡Sólo abreme la pinche puerta, sólo voy a sacar mi dinero!

- No, lo vas a usar para comprar marihuana

- Y si lo quiero para hierba, ¡¿qué?! ¡¿A ti qué putas te importa!? ¡Es mi pinche dinero!

- Pero te lo gastas todo en hierba

- ¡Es mi pedo, estúpida! ¡Yo soy el que aquí hace todo! ¡Sí, son $500 pesos, pero al menos hago algo, no que tú que no trabajas ni haces nada más que aplastarte todo el día a ver la tele! ¡Yo limpio mierda de los baños! ¡¿Y tú qué?! ¡Tú ni siquiera puedes limpiarte el culo,
eres una pinche inútil, eso es lo que eres, pinche mantenida inútil, no sirves pa´puta madres!


Cabe resaltar que la chava en ningún momento sollozó, ni alzó el tono de voz, y lo que es aún más inverosímil: el supuesto bebé tampoco lloró ni hizo ruido y ni siquiera fue mencionado.

- ¡¿Sabes qué?! ¡¿Sabes qué?! ¡Ahora sí! ¡Está bien, quédate ahí encerrada, púdrete ahí adentro, me vale madre! ¡Me vales madre! ¡Tú eres nada sin mí! ¡Ahora sí, ya me largo! ¡Me largo!

El "hombre" entonces se agarra de las greñas y a paso apresurado, avanza unos 6-7 pasos, sólo para dar media vuelta y regresar a la carga.

- ¡Que me abras la puta puerta de una vez, Isabel!

La hitoria se repite con las amenazas de fuga. Fue un loop que duró una hora más. "Ahora sí ya te lo juro, me largo a la verga de aquí". Hubo un momento en el que creí que le habían puesto algún alucinógeno a mi café, porque se repetían las mismas acciones y palabras altisonantes. Un bucle eterno. Pero una hora más después:

- ¡Con una chingada, pinche escuincla mimada! ¡Ábreme por favor, pinche estúpida, mira, te lo ruego! ¡Te lo estoy rogando! ¡Mira, me voy a poner de rodillas, sólo quiero sacar mi libro y te juro por Dios que me voy, ándale! (Mencionó un libro, el tipo tenía un libro, leía, sabía leer ¡Leía! ¿cómo era eso posible? Aunque no sería de extrañarse que fuese un libro de chistes verdes o de Cohello).

- No, José, porque me vas a pegar

- ¡No seas mamona, chabela! ¡¿Cómo te voy a pegar?! ¡Tú ya ni siquiera necesitas que te peguen! ¡Tú no entiendes con nada, tienes mierda en la cabeza! ¡Nunca aprendes! ¡¿Cómo chingados te voy a pegar, ya me da güeva pegarte?! ¡No gano nada!

- ...
- ¡Mira, me voy a poner de rodillas, abre la cortina para que veas! ¡Mira, estoy de rodillas, ábremeeeee, chingadamadre! ¡¿Qué mas quieres, Isabel?! No, ¿sabes qué? Pinche vieja estúpida, no tienes dignidad, ni sirves para anda. No sé que hago contigo, ya ahora si me largo. Jamás me vas a volver a ver. ¡Arréglate como puedas, porque ni para puta sirves! ¡Hasta una muerta ha de coger mejor que tú! ¡Un puto cadáver debe ser más rico que tú! ¡Ojalá te mueras rápido, porque nomás sirves para ocupar espacio. Pinche niñita malcriada!

La bestia repitió los mismos recorridos, y palabras más, palabras menos, el mismo rollo, durante una hora más. En esos momentos, por extraño que parezca, todos nos encontrabamos, cada quien en su cuarto, escuchando atentamente el evento. Que paciencia. Que paciencia de la tipa de estar aguantándo tantas majaderías, groserías en su contra, sin jamás contra-atacar verbalmente, sollozar o pedir que parara. Y que paciencia del tipo para aguantarse a sí mismo chillando como cerdo durante poco más de 3 horas ininterrumpidas, con un discurso que consistía en expresiones concatenadas de 3 insultos + 3 ruegos + 3 amenazas + 1 juramento + 2 inultos.

Y el bebé jamás emitió sonido alguno.

Y, para no redundar más en la historia, al final, luego de 3 horas y media. A las 2:25 e la tarde, por fin, el energúmeno rompió el cristal de la ventana, metió la mano, alcanzando el cerrojo de la puerta y se abrió.

No hubo violencia después, no hubieron más gritos. Surgió el surrealismo: la pareja infernal salió al pasillo a plantarse a ver sus diarios 16 capítulos
de los Simpson, riendo como si nada hubiese sucedido.

Y el bebé nunca hizo el más mínimo sonido.

Esto sucedió a dos semanas de que hubiese llegado al lugar. Y, a modo de bonus, he aquí otro mini-diálogo que había escuchado justamente la primer noche que llegué al lugar:

- ¡José! ¡Déjame ya!

- Ay, hombre, si bien que te gusta, ya deja de estar de apretada...

- No, no quiero, no tengo ganas

- Nunca tienes ganas, siempre te tengo que estar rogando pinche chabelita, ánda ya, no te pongas de mamona

- ¡Que no! ¡No quiero, en serio! de verdad, déjame ya en paz, por favor!

- ¡Ah, está bien, pinche frígida! ¡Hay mil mujeres mejor que tú, y yo podría estar cogiendo con cualquiera de ellas! ¡No sé que chingados hago contigo, pinche vieja creída
Y bueno, estos dos últimos diálogos son de esas cosas que me dejan reflexionando, que me "mejoran", pues mi mente subconsciente queda, además de entretenida, espantada, horrorizada ante el hecho de volverme una persona así.

Así que, vivenciando esto, le hecho más ganas todos los días a todo. El firme propósito de no volverme como ellos, se vuelve más fuerte cada día, y así, cada vez que me siento cansado, sólo pienso en esa desafortunada pareja. Después de esto, cualquier problema de pareja de otras personas (y espero que nunca las mías) parecen juegos de niños de kínder. Así, mejoro en mis actitudes ante la vida, en la toma de desiciones. Visualizar o escuchar casos como estos, le hacen a uno madurar, creo. Saber lo que uno quiere y si no, al menos saber en definitiva lo que uno NO quiere en su vida.

Pero, ya para terminar, a todo esto, he de agregar dos cosas más. Olvidé mencionar que la familia de la chica vivía en la casa de al lado, y ella me había comentado que su papá era alcohólico y no quería a su "esposo" porque fumaba hierba (¡Wow, sólo por eso!). Así que los corrió de la casa, para, luego de unas 3 horas de angustia y desesperación, decidieran instalarse en el hostal de al lado.

Ah, sí, y también olvidé mencionarlo. En todo el mes que estuve en el lugar, el bebé jamás, pero jamás hizo un sonido.

Moraleja: Niños, no piensen que la hierba soluciona todos los problemas de la vida y mucho menos que despierta la glándula pineal otorgándoles super-poderes y sabiduría suprema. No, los hace que tomen desiciones estúpidas, como elegir parejas que les hacen la vida una celda pakistaní.

Moraleja 2: Por favor, jamás pierdan el miedo a caer al precipicio de la mediocridad, y ahogarse en el océano de la decadencia. No seán jamás como José e Isabel.

¡Shalom! :D
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viernes, 25 de noviembre de 2016

"Gam zeh ya'avor"

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 Relato hebreo

En la tradición se relata que cuando el rey David se encontraba en los umbrales de la muerte, llamó a su hijo y sucesor, Salomón, para la despedida final. Salomón era joven, inexperto y estaba muy preocupado por la corona que pronto sería suya. Le rogó a su padre que le dejara algo que pudiera serle de ayuda en tiempos de crisis. Su padre le dio un joyero que contenía un anillo. "Cuando te encuentres en aprietos", dijo David, "abre este estuche y mira la inscripción del anillo. Pero cuando te encuentres en la cima del bienestar, vuelve a abrirla y entonces mira la cara interna del anillo. Que Dios sea contigo, hijo mío". Y murió.

Los años pasaron y Salomón se encontró asediado por problemas graves, de todo tipo y color. Incluso estuvo separado de su cargo de rey por un tiempo.

Salomón estaba abatido y apesadumbrado cuando recordó el consejo de su padre y abrió el joyero. En la cara del anillo leyó las palabras hebreas:  "גם זה יעבור" (Gam zeh ya'avor) que significan "Esto también pasará". Se sintió profundamente reconfortado por el mensaje y volvió a tomar el control de su destino con confianza y decisión. Se superaron los obstáculos. Se disipó la rebelión. Luego comenzó una época de auge y florecimiento sin igual, a raudales se incrementaban sus riquezas y hacía gala de su sabiduría. Tener tanto poder era otro logro supremo que enriquecía el orgullo de Salomón y aumentaba su sensación de ser invencible. Pero, no olvidó abrir el joyero, extraer el anillo, mirar la inscripción grabado en su interior y leyó: "Gam ze iaavor" , "Esto también pasara". También la riqueza, la fama, la gloria, la pompa, todo el lujo pasadía.

Y así fue como Salomón se convirtió realmente en el ser humano más sabio de todos los tiempos.
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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Lentejas

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 Relato griego

Un día, Diógenes, el filósofo cínico, estaba comiendo un plato de lentejas, sentado en el umbral de una casa cualquiera. No había ningún alimento en toda Atenas más barato que el guiso de lentejas. Comer guiso de lentejas significaba que te encontrabas en una situación de máxima precariedad.

Pasó un ministro del emperador y le dijo:

— ¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y adular un poco más al emperador, no tendrías que comer lentejas.

Diógenes dejó de comer, levantó la vista y, mirando intensamente al acaudalado interlocutor, contestó:

— Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador.
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lunes, 10 de octubre de 2016

Una mirada al futuro

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(De Pensamientos y reflexiones
 de Gibrán Jalil Gibrán)

Desde atrás del muro del Presente oí los himnos de la humanidad. Oí el sonidode las campanas que anunciaban el comienzo de la plegaria en el templo de la Belleza. Campanas moldeadas con el metal de la emoción y suspendidas sobre el altar sagrado, el corazón humano.

Desde atrás del Futuro vi multitudes que cumplían con su culto en el seno de la Naturaleza, sus rostros vueltos al Oriente, esperando la inundación de la luz dela mañana, la mañana de la Verdad

Vi la ciudad en ruinas y que nada quedaba para hablar al hombre de la derrotade la Ignorancia y del tiempo de la luz.

Vi a los ancianos sentados a la sombra de los cipreses y de los sauces,rodeados por jóvenes que oían sus narraciones de otros tiempos.

Vi a los jóvenes rasgueando sus guitarras y tocando sus caramillos, y a las doncellas bailando bajo los jazmines, con las trenzas al viento. 

Vi a los hombres cosechando trigo y a sus esposas reuniendo las gavillas y cantando canciones alegres.

Vi a la mujer adronándose con una corona de lirios y una cinta de hojas verdes.

Vi a la amistad reforzándose entre el hombre y todas las criaturas, y a bandadas de pájaros y mariposas, confiados y seguros, revoloteando sobre losarroyos.

Vi que no había pobreza; tampoco encontré exceso. Vi que la fraternidad y la igualdad reinaban entre los hombres.

Vi que no había médicos, porque todos tenían los medios y el conocimiento para curarse.

No encontré sacerdotes, porque la conciencia se había convertido en el Sumo Sacerdote. Supremo. Tampoco vi un  abogado, porque la naturaleza había tomado el lugar de las cortes yestaban vigentes los  tratados de amistad y compañerismo.

Vi que el hombre sabía que era la piedra angular de la creación y que se ha elevado porencima de la pequeñez y bajeza, y que había descorrido el velo de la confusión de los ojos del alma; ahora ésta alma ya ve lo que escriben las nubes en el rostro del cielo y lo que dibuja la brisa en la superficie del agua; ahora comprende el significado del aliento de las flores y las cadencias del ruiseñor. 

Desde atrás del muro del Presente, sobre el escenario de los tiempos venideros, vi la belleza que era la novia, y al espíritu que era el novio; y a la vida como la noche ceremonial del Kedre*
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* Noche durante la cuaresma musulmana en la que se afirma que Dios cumple los deseos del devoto.
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domingo, 11 de enero de 2015

Reporte de viaje con hongos psilocibes (3)

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Slow Motion dentro de las orgánicas grutas de la lámpara de lava

Sin darme cuenta, ya estaba escuchando la más psicodélica, seductora irresistible y juguetona pieza de la noche: Flow Motion de Can.



Lamenté que Kine no quisiera participar de este tipo de experiencia, ni mi hermana, ni la gran mayoría de mis amistades. Pero el lamento se tornó en una feliz esperanza, al querer repetir la experiencia con mi inigualable compañera y Maestra de viajes luego, cuando volviera a México. Pues este tipo de experiencias, pensé, deben de compartirse, la felicidad se comparte. ¡Y que mejor que con alguien que en verdad quiera compartirla sin miedos!

Volviendo al momento, Creí que ya estaba llegando a la meseta de a experiencia psicodélica de es noche. Lo sentía. Pero esa meseta, aún y con que hubiese una dosis muy pequeña, fue por demás placentera. El tiempo y la atmósfera hacían totalmente alusión al título y la estructura de la canción. Todo era fluidez en cámara lenta. Hubieron ilusiones sutiles. Me sentí como en el interior de una lámpara de lava, con fragmentos del todo derritiéndose hacia abajo y hacia arriba a la vez que nosotros y cada una de nuestras partes de Todo, nos diluíamos, nos separábamos y nos volvíamos a unir, pasando por todos los estaos de la materia: sólidos, líquidos, gaseosos, plasma, cubo e hielo cuántico... ¡Oh, sí!, sensualidad es todo lo que puedo decir de ello. Condensarse, precipitarse, todo con lentitud, sin prisas, a su debido tiempo, disfrutable. Sonreía, sonreía. Me desprendía, me alejaba de mí mismo, me volvía a unir, era uno con la lámpara de lava. Y veía no sé cómo, mi interior al mismo tiempo con luminosidad naranja-cobriza y roja, los glóbulos blancos y rojos, la sangre transportando oxígeno por todo el cuerpo, el vació interior en las cámaras vacías de mis globos oculares, el cerebro, palpitando luminosamente al ritmo de la música, a la vez que los destellos eléctricos de los riffs psicodélicos de las guitarras hacían vibrar huesos, venas y arterias. Vi mi esqueleto, la sonrisa de mi calavera desprovista de piel, de carne.

La sangre fluía en cámara lenta. Gozé mi derretimiento durante el transcurso de toda la canción, que me pareció que duró como una hora. No había nada más erótico que la sensación orgánica de un cuerpo, mi cuerpo.

Sentir el cuero cabelludo, el cabello, fue como sentir que era yo un mundo y mi cabello la cúpula en la cima de la montaña más alta de ese mundo, y cuya cúpula en la cima era una bosque de árboles milenarios. Árboles cuyas cortezas de folículos capilares contenían ingredientes que albergaban secretos de vida eterna y larga vida. Reía. "Soy tan sagrado" pensé "sí, soy tan sagrado y éste tipo de descubrimientos sólo los puede lograr uno mismo, yeaaah"

"Ahora mismo no me importa quién soy, no me importa que no me haya encontrado o si nunca me llego a encontrar, probablemente no exista, probablemente no soy real, tendré otras vidas, mis memorias serán borradas, mis momentos, tendré otros padres, otros amigos, tendré otro cuerpo, otra vida, otra naturaleza, otro mundo, pero al final de cuentas, al igual que el Todo de ésta lámpara de lava, me volveré a unir y a desunir y a unir en todas mis partes  en la inpermanencia, nos encontraremos así, viviremos la experiencia humana, la trascendencia, elegiremos tiempo y lugar, las limitaciones serán temporales como todo, pero aquí estaremos, veré a través de otros ojos, sentiré desde otra piel y otro corazón, responderé ante otro nombre, pensaré y reflexionaré con otro cerebro, pero seguiré siendo yo"

Mientras tanto mi cuerpo serpenteaba por sí mismo, se revolcaba, estiraba y retraía plácidamente como un perro sobre el pasto, poseído por la felicidad del autodescubrimiento de la conexión del cuerpo físico y del espíritu, de alma.
Aquí ya no habían palabras, solo felicidad, una felicidad asquerosa como de rascarse una roncha de piquete de mosquito. Una felicidad envolvente, como sabiéndome consentido por los espíritus de los hongos que ahora eran uno conmigo. Me vinieron sólo imágenes de hongos luminosos. Hongos vigias, hongos chamanes, hongos sanadores, hongos sacerdotes, hongos mensajeros, hongos barqueros.

Hubieron luces de cocuyos y luciérnagas, chispas esmeraldas que se encendían y apagaban lentamente, que atribuí a la sinergia de las guitarras distorsionadas.

Sensualidad, ¡oh! sensualidad era todo lo que sentía. "¡Que delicia tan maravillosa es poseer carne, no ser una roca, una planta o una máquina, un mineral, ahora entiendo los textos budistas tibetanos que dicen que es una gran maravilla el poseer un cuerpo humano y lo difícil que es obtenerlo". Valoré mucho tener salud, y se reforzó enormemente la idea de seguir cultivando la salud, la vitalidad, el movimiento expansionista, ya imparable de la mente. Aunque me moría de ganas de fusionarme con otros seres, asimilar por contacto físico seres puros: aves, peces, lagartos, árboles, plantas, seres humanos...hongos.

Quise por escasos segundos levantarme y expresarle a Kine todo eso que estaba pasando, abrazarla, decirle lo hermoso que es estar vivos, pero la inteligencia superior se interpuso diciéndome con justa razón, y acompañado de la imagen automática de rechazo que sobrevendría al verme las pupilas dilatadas, terminando así la cosa en un mal-viaje o una transformación emocional de naufragio en la frustración. Sabía que se daría cuenta y que terminaría con la “fiesta”. En gran parte porque el “Pepito-grillo” de mi moral haría brotar el manantial del aguafiestismo, empapándome todo. Sabía que no podría estr en los mismos niveles de interacción eléctrica de los extasiados delirantes neurotransmisores míos, por lo tanto, no tendría la más remota idea de lo que estaba gozando en ese momento de divinidad psilocybinica.

Pero acepté la sugerencia mental prevista con optimismo, pensando que quizás algún día ella, por si misma, pudiera ser que quisiese experimentar por si misma, dándose cuenta de todo lo que se había perdido.
The Sounds of silence
No dejaba de sonreír a la vez que terminó Flow Motion para dar comienzo a The sounds of silence de The Mystic Moods.

La canción por demás se me hizo mística, y los sonidos de la lluvia, los relámpagos y los instrumentos me sonaron como mensajes de día lejanos, olvidados, de la culminación de una era.



Pensé en los 60´s, en todo lo que se dio, todos los cambios, en que si hubiese sido muy probable que tod la gente de aquellos días si hubiese experimentado un verdadero amor libre, libre de apego y proyecciones personales que distorsionasen la percepción del bien-amado. Pensé en mi país, en éste, en Estados Unidos, en China, no sé. En el mundo, en sus países. En cuantas personas estarían experimentando algo como yo en ese momento, en cuántas estarían teniendo exactamente los mismos pensamientos. Pensé en el sufrimiento, me conmoví. Sonreía pero ya la tristeza comenzaba a corroer la alegría.

Comenzaba el descenso de la Montaña. Volví a mi centro físico. Volví a recordar que tenía un nombre, un lugar en éste mundo. Que no pertenecía ni a los mundos que se me mostraban en la experiencia psicodélica, ni al mundo en que mi cuerpo yacía en cama. Era el final de mi era también. De meditar y hacer, de crear. De recordar que tenía un propósito en el mundo. De crear mi mundo en el mundo.

Sentí un entusiasmo recubierto de alegre tristeza y melancolía. Recordar que era mortal, que todo mi vida en tiempo cósmico equivalía a una millonésima de segundo. Recordé que debía de hacer el bien. Siempre el bien. De ser feliz, pero buscar siempre la felicidad de los demás, y no sólo buscarla, sino lograra. Vino un sentimiento de que pronto me encontraría en el mundo humano otra vez. Y que el mundo humano no estaba bien. Que el mundo humano se rige por un sistema explotador, en el que no tenemos realmente validez, somos productos que consumen productos, nada más. Energía utilizada para materializar los deseos más oscuros de seres realmente egoístas.

Pensé nuevamente en los hongos, comprendía que realmente hay una fuerza mística y misteriosa que reside en ellos, en toda la naturaleza, que interactúa constantemente con todos nosotros y que no logramos apreciarla en su totalidad, sino a través de estados realmente elevados de consciencia, o de uso de enteógenos. Pero que éste sistema está diseñado para sedarnos, para desconectarnos de la realidad. La realidad divina.

La realidad que nos hace ver lo increíblemente bellos que somos como creaturas y de que somos capaces de todo lo imaginable. Que en lugar de eso, el sistema nos hace creer que todas las soluciones a nuestros problemas cotidianos residen en el poder del dinero. Que el universo gira alrededor de un núcleo que tiene marcado con fuego perenne el signo de $.

Me quedé pensativo, ya no sonreía, la canción terminó, dejando al final a los últimos grillos de la madrugada expresar sus últimos versos.

Las palabras cesaron por minutos, apareciendo sólo para confirmar verbalmente lo que veía en mi mente, lo cual se sucedía de manera aleatoria, desorganizada, impredecible: Imágenes de pasto. Deseos de ilustrar imágenes psicodélicas que incluyeran hongos y plantas alucinógenas, trazar mis símbolos y jeroglíficos cósmicos, escribir algo en esas lenguas irreconocibles. Imágenes de cielos llenos de nubes de hielo y fuego y relámpagos, hormigas yendo y viniendo de sus hormigueros...
Allahu Ákbar, la creación es Ákbar
Luego comenzó una canción de llamado a la oración a la mezquita con sonidos de misteriosos vientos de oriente que cruzan desiertos místicos llevando consigo la exhortación a la pronunciación eterna de "Dios es Grande" (Allahú Ákbar).



El archivo sonoro duraba apenas minuto y medio, pero en ese estado de conciencia profunda, se sintió como media hora y que debió durar más, probablemente la recitación completa de algún par de suras.

La emotividad religiosa hizo presencia. Sentí respeto profundo por la religión, lo religioso, los religiosos, sobre todo por aquellos que con sinceridad aman aquello que llaman Dios. La habitación por su parte, seguía teniendo colores ondulantes, los contornos brillaban de color rojo y amarillo, como calientes. Las sábanas se sentían a ratos ligeras, a ratos pesadas, como seda de hábitos de scerdotes, de monjes,  luego como enredadera de árboles del amazonas revistiendo y atavindo mi piel. No había un yo, sino la consagración sincera con la divinidad.

Las oraciones sagradas islámicas continuaban y deje de poner atención a los detalles externos para concentrarme en la visión que la canción me otorgaba. Cerré los ojos y me concentré. Viendo en verdad como los fieles acudían a la mezquita para postrarse ante el Uno y Único. Vi los derviches danzando en estado de trance por toda la eternidad, sonriendo completamente disueltos en éxtasis, siendo uno con Aquél que Es.

Las imagenes se desvanecieron suavemente en el viento del olvido, dándome a entender que al final de los tiempos, toda la existencia humana, así como todas sus religiones habrían de  desaparecer de la faz de la tierra, y al mismo tiempo, se me revelaba imágenes de que en otros mundos, en otros planetas las religiones, incluyendo sus similitudes, diferencias y conflictos eran algo común, y que eran parte razonable e inevitable del desarrollo evolutivo de todas las civilizaciones.

La canción terminó, aunque seguía absorto con las últimas visiones de todas las incontables civilizaciones que desaparecieron sin dejar rastro alguno, en nuestro mundo, y en los otros. Sus vestimentas, sus tradiciones, rituales, lenguas, gestos, morfologías, fenotipos. Fue una delicia visual contemplar estos rostros con muchísimos razgos distintivos. Las líneas de expresión, que parecían ríos atravesando la superficie de los mundos que representaban esas caras, ver sus cueros cabelludos como bosques y selvas. Ver arrugas como grietas de tierras desérticas. Ver ojos como lagos perfectamente redondos en algún oasis en el espacio exterior. Ver labios como entradas a grutas sagradas hacia el interior de la planeta. Narices como volcanes por donde inhalaba y exhalaba la tierra.
つづく
Continuará...
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Reporte de viaje con hongos psilocibes (2)

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La Suprema belleza de Osamu Kitajima
 Di play a la primera canción de la lista: The Elysian Fields, de Osamu Kitajima.

El tiempo se detuvo. La introspección y el conocimiento quitaron suavemente y con dulzura el sedoso velo de la magia de la realidad aparente.

The Elysian Fields - Osamu Kitajima

Aprecié la belleza de la oscuridad de la noche. Aún con ojos cerrados podía ver con todo lujo de detalles la habitación donde me encontraba. La noche se hizo tarde y de pronto me encontré en una peregrinación de nubes. Éramos miles de nubes y a la vez una sola fragmentada. Pero la visión se deshizo y se formaron imágenes mentales distintas: soles de la mañana y soles de la tarde, Lunas llenas, auroras boreales. Y cuando reconocí la imagen que conllevaba la carga asociativa de la palabra aurora, abrí los ojos y me encontraba en la recámara viendo la aurora boreal ondulante, verde esmeralda que tornaba azul con pequeños destellos rosados ahí mismo en la habitación. Alcé mi mano y la toqué sin alterar su efecto holográfico.

Sonreía, no dejaba de sonreír.

Vinieron entonces pensamientos relacionados a los hongos, pensaba que eran demasiado buenos como para darse así tan fácil en la naturaleza, que en verdad eran regalos de los Dioses para ayudarnos a encontrarnos a nosotros mismos, valorarnos, valorar la vida, crecer, expandirnos, amar la vida, amarnos mutuamente, amar, aprender a amar.

No me explicaba cómo era posible que fueran considerados nocivos y que hubiese tanta desinformación al respecto. Pensaba en aquellas personas que simplemente negaban rotundamente con desaprobación y se rehusaban a hablar sobre el tema, incluyendo a Kine y a las personas de Noruega en general, en donde todos viven y actúan dentro del marco de lo que es políticamente “correcto”.
Este último pensamiento coincidió con el alarido de un chico que ya comenzaba con su ritual semana de embriaguez etílica que iba pasando por la calle allá afuera.

Fue una sincronía sorpresiva que mi pensamiento coincidiera con lo que sucedía en el "mundo real". Sí, era sábado, y por éstas calles, todos los viernes y sábados a esas horas ya se acostumbraba a escuchar los ladridos y berreos de jóvenes borrachos que van saliendo de sus clubs, gritando cosas denigrantes hacia las mujeres y a la vez mujeres borrachas gritando cosas denigrantes para toda ser humano en general.

Reflexioné entonces en lo absurdo de cómo se acepta, promueve el alcoholismo, considerarlo hasta cierto punto normal y gracioso, el encontrarse en avanzados estados de ebriedad. Mientras que experimentar con estados de consciencia superiores es tan mal visto. Comparé de inmediato el estado en el que me encontraba, de dicha, ascensión, emoción, conciencia, introspección, al de la idiotez, y envenenamiento por alcohol. Me daba lástima, e imaginé como sería éste país nórdico si más gente se atreviera a probar psicodélicos. Probablemente el gobierno jamás lo permitiría.

La canción cambió, siendo la segunda en la lista de reproducción "Sei (Esencia)" también de Osamu Kitajima. Y al igual que el primer rayo de luz de sol se bifurca al despuntar al amanecer, vinieron otras dos series simultáneas de pensamientos, el primero relacionado con la belleza de la forma humana, de las formas, que a su vez reconocía como ilusorias, y estas imágenes venían acompañadas dentro de los paquetes de regalos filosóficos, de imágenes de rostros sonrientes de niños, de mujeres enamoradas, de madres viendo a sus primogénitos a los ojos por primera vez,  de monjes budistas, de budas, de animales y seres felices. Esto derivo en el florecimiento de un sentimiento aún más profundo de respeto por la vida. Del más profundo respeto por todos los seres, incluyendo a los insectos que nos parecen repugnantes, como las cucarachas, los gusanos, los mosquitos, las larvas. Pero sobre todo, un sagrado respeto por las plantas, por los ecosistemas, por nuestras auténticas casas.
Sei - Osamu Kitajima


Esto a la vez rotó y mostró su lado oscuro pero también didáctico, me pareció realmente estúpido el cómo acudimos a tiendas a comprar alimentos básicos que podemos plantar y criar en nuestras casas. Me parecía una aberración que fuese ilegal en algunos países, plantar sin fines comerciales. Vino el convencimiento de que lo más fácil, correcto, sano, económico y obvio es plantar con cariño nuestros propios alimentos, así como críar animales que nos proporcionasen nutrientes de sus huevos, y leches, etcétera. Pero hoy día ese tipo de acciones se ve como algo retrógrada, de pobre, de tontos. Y nadie quiere aparentar ser pobre o estúpido.

Por la otra línea de reflexión bifurcada, vino la cuestión del pensamiento hippie. Pensé que - aunque no me tocó vivir esa época - realmente había habido un despertar de la humanidad en aquellos tiempos, que realmente hubo un compromiso socio-cultural y político en contra de aquellas ideologías impuestas por los gobiernos en turno, de consumo inmoderado, que realmente los enteógenos ayudaron a ver lo horrendo de la guerra, de los planes armamentísticos y expansionistas de las súper-potencias. Pensé en las revueltas, en la censura, en la prohibición, en la selección de cosas que nos dicen que debemos de ser, hacer, de la increíble y estúpida forma de vida insana que nos promueven, todas las distracciones de lo que realmente es importante, de las terribles trampas de la "realidad" impuesta en la que estamos sumergidos, en la desesperanza, en el egoísmo de querer poseer aquello que no podemos, de ser aquello que no somos. En la confusión y en la crisis existencial que atravesamos por que las cosas no salen como esperamos. Pero aún así no deje de sonreír. La música ayudó mucho.

La flauta clásica japonesa resultaba medicinal y en ese momento consideraba a Osamu Kitajima como un verdadero Maestro de la Paz y el Amor espiritual. Podía verlo en mi imaginación tocando en un concierto donde estaban congregadas todas las almas, desprovistas de forma humana, siendo inspiradas, aprendiendo sin palabras, sino a través de los sonidos de la melodía, de lo que realmente se trataba la vida, el amor, la fuerza.

Me sentía tan feliz, y deseé que todos los seres se liberaran de sufrimientos, que todas las personas tuvieran felicidad, que los pobres tuvieran alimento y los enfermos salud.

Deseaba con todo mi ser que los animales dejasen de sentir miedo, que algún día dejara de correr sangre debido a diferencias ideológicas y religiosas, que aún con sus diferencias pudiesen apreciar y obtener a escenci positiva de todas las enseñanzas. Deseaba que la gente se iluminara. Que las almas extraviadas encontraran alivio. Y sobre todo, que la imagen tan negativa e infundada que se tienen de las plantas sagradas fuese destruida. Que se dieran cuenta de que lo realmente malo se encuentra en el abuso de ellas y de todo en general.
Visiones chamánicas
En fin, todo era una delicia emocional, fuertemente influenciada por la música, que ya se encontraba tocando The garden of heavenly delight de Yatha Bhuta Jazz Combo.


Aquí comenzó la introspección propia, cambio de colores y visiones. Ya eran las 10 y algo de la noche. La canción me evocó deliciosas visiones chmánicas, que aparecieron entre colores de arcoíris, de hecho, fue ver con los ojos abiertos como se abría una "pantalla" entre esa otrora aurora boreal que era ahora un arcoíris palpitante. Visión remota, quizá. Fue divertidísimo esto, fue como ver una televisión con bajo brillo, como modorro, como queriendo aparecer (atribuí que esto se debía a la baja cantidad de la dosis, y lamenté sonriente no haber tenido más en ese momento).

Las visiones consistieron en danzas sagradas de Indios americanos que se iban transformando mágicamente en huicholes, mazatecas, tribus africanas, asiáticas, razas prehistóricas, y todas alrededor de círculos mágicos trazados en el suelo, con fuego, pétalos, hierbas, humos, hongos...

Pensé en la magia del ritual, en la innegable importancia del ritual. Me convencí que ejecutar un ritual es mucho más de ayuda que una medicina o un remedio en sí, sean para tratar casos de enfermedad, adicciones, disfunciones, cuestiones emocionales.
Y volvió a reforzarse la idea de que la música es necesaria en nuestra vida diaria. Y sobre todo, que ésta música debe ser bella, que nos llene de emociones positivas, pues las emociones y las sensaciones son interpretadas y transformadas en pensamientos que amplifican el poder de las emociones aún más, manifestándose, claro, en la salud de las personas. Otorgándonos vitalidad, longevidad, inteligencia, coherencia, felicidad.

Y vino entonces lo inevitable: Pensar en mí, en mi vida, lo que había estado haciendo de ella, el rumbo que quería para mí.
 

Fueron muchas cosas que encaré de manera consiente y positiva (todo lo contrario al viaje con LSD) y honesta.

Comprendí entonces que si tan sólo pudiera convencer a los demás de que es posible un cambio radical, que mediante cambios en nuestra alimentación, nuestras actividades físicas,  cultivando y cuidando de nuestros cuerpos y mentes, reconociendo nuestro poder espiritual, entonces podríamos vivir muchísimo más tiempo, sobrepasar los 100 años con plena salud y frescura, aumentando nuestros años fértiles. Sólo así, dejaríamos realmente de sentir presiones negativas que nos hacen tomar decisiones forzadas, apresuradas, y sobre todo, erróneas, trayendo así sufrimiento y decadencia de nuestros cuerpos y psiques.

Supe entonces que hacía bien, que estaba haciendo lo correcto al querer vivir más y mejor, ejercitando cuerpo y mente, expandiéndome. Evolucionando. Supe, sentí entonces que hay muchos más como yo, que son muy pocos pero que con el tiempo seríamos muchos más, hasta que en algún determinado momento, sería verdaderamente un cambio global. Sentí realmente ahora sí que estamos viviendo  en una nueva era y que el cambio en verdad está al alcance, ahora mucho más que nunca. Tenemos todo: la información, la conexión, los medios, la tecnología, la fuerza de la vida... sólo falta la voluntad, el compromiso de realmente cambiar. Pero como todo tiene un pero, uno no puede forzar a nadie a cambiar, el cambio debe de venir de uno mismo, por auténtico interés propio.

Seguía sonriendo. Me hundí bajo las sábanas a explorar la flora y la fauna submarina, llena de auras de medusas y alegres bichos microscópicos bioluminiscentes.

De vez en cuando venían oleadas de luces cálidas, a veces de soles, a veces frías, de auroras boreales.

つづく
Continuará...

-

Reporte de viaje con hongos psilocibes (1)

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Escribo ahora éste reporte a mes y medio de lo sucedido, ya que simultáneamente me encontraba realizando otros experimentos cognitivos, mediante sugestión, meditación y potenciación con químicos nootrópicos que incluyen la sulbutiamina , ginko biloba, ginseng y extractos de Hericium erinaceus (猴头菇) y música sugestiva de estados "ácidos" de conciencia, a saber música psicodélica de 1968 tanto de éste continente como del "nuevo".



Debo confesar que éste reporte resultó luego de dos infructíferas exploraciones previas a los bosques coníferos de las afueras de Moss y Fredrikstad, Noruega.

La primera ocasión fue al sur de Moss, en donde me encontré con una gran variedad de hongos. Recolecté en dos bolsas hasta 20 especies distintas, incluyendo especies venenosas de "Cortinarius" y tanto auténticas como falsas Amanitas muscarias rojas.
Aún así, regresé contento al departamento, con la esperanza de encontrar alguna especie que contuviera psilocibina y psilocina. Más, luego de varias horas frente al monitor de la laptop, investigando en enciclopédicas descargables, foros que obviamente
incluyeron: 



Así como web-sites y foros noruegos y suecos como:


y la sección dedicada a los usuarios conocedores/consumidores de psicoactivos http://freak.no/

Entonces, luego de toda una tarde leyendo, comparando los especímenes recolectados, sin obtener más que aprendizaje de cómo recolectar y reconocer, boté todos a la basura, aprendiendo para la próxima vez, que debería recolectarlos por separado, en bolsas de papel o en cartones,  no de plástico, y sólo aquellos que supusiera eran los "sagrados", los "Maestros del bosque".

Segunda exploración



La segunda vez que salí hacia los bosques del noroeste de Fredikstad, contaba ya con más conocimientos teóricos acerca del reconocimiento, así como también sabía cuales esperar encontrar, aunque sabía también que las especies que buscaba, no se encontraban en bosques, sino en pastizales, en campos abiertos. Aún así, quise ir explorar, sólo por el placer de pasear y descubrir otras áreas, esperando por supuesto, encontrar como fuera, hongos psicodélicos.

Sabía de antemano que los hogos existentes en ésta área del planeta eran los siguientes:

- Conocybe cyanopus        
- Gymnopilus junonius     
- Panaeolus cinctulus       
- Psilocybe semilanceata      
- Pholiotina smithii     
- Pluteus salicinus
- Psilocybe serbica     
- Psilocybe silvatica       
- Psilocybe strictipes

Aunque la gran mayoría de estos se encontraban más hacia los estados del norte. Aun así, esperaba contar con un inusitado golpe de suerte, un acto compasivo de los espíritus de la naturaleza y de los Dioses de los reinos superiores de la mente.

Salí a las 8:00 de la mañana en una muy linda y fresca mañana de principios de noviembre. Y luego varios kilómetros, descubrí muchas especies por todas partes, incluyendo la Galerina marginata, la cual confundí con una especie de conocybe, contenedor también de psilocibina, así como otras especies de cortinarius, como el acidophilus.

No fue sino alrededor de las 2:00 PM que, luego de una larga caminata hacia el noroeste, que descubrí en una pequeña área medio-pantanosa, lejos de pinos y árboles, a unos dos kilometros más adelante de un abandonado lugar para practicar tiro al blanco con arms de fuego, unas solitarias parejitas de unos que creí que SÍ eran. Unos ejemplares de Psilocybe semilanceata. Así como también, más adelante, unos tímidos honguitos que creí ejemplares de Conocybe cyanopus, aunque sabía de antemano que era común y terriblemente confundida con Conocybe tenera. Y es que entre éstas mismas familias, también encontramos ovejas negras. Son tantas las especies y los parentescos son increíbles, teniendo - para diferenciarlas - que tomar muestras de esporas, análisis minuciosos de micelos,  observación en estado fresco y seco.

Además, había antes preguntado a personas que conocían del mundo de los enteógenos si sabían reconocer las especies que sí eran de las que no.
Pero me daban información que creían conocer, de oídas. En éste mundo hay que tener suma prudencia, respeto y cautela. Pues si bien son pocas las especies de hongos que pueden provocar una muerte lenta, dolorosa y horrorosa, la otra mayoría de hongos venenosos pueden dejar a quienes le consumen con indeseables secuelas que requieren tratamientos que incluyen la hemodiálisis diaria así como atrofia del hígado.

Así que, luego de 7 horas de recorrido, que me parecieron 2, no fue sino el hambre la que me recordó la idea de retornar para analizar los ejemplares recolectados.

Una vez en el departamento, a las 5:30 PM, fue que comencé la investigación internautita. Luego de otras 3 horas y temiendo mucho consumir especies que no son, decidí finalmente, descartar los que aparentemente eran semilanaceatas y meterme a la boca, en su lugar 5 pequeños "sombreros" de los que aseguré que eran Conocybe cyanopus. Los dejé que se diluyeran bajo mi lengua, como si fueran cartones de LSD. Tardando aproximadamente unos 10 minutos en disolverse por completo antes de pasarlos tragarlos. El sabor no era, como había escuchado decir por ahí, amargos, sino más bien, suaves, como a nueces rebajadas.

Probablemente sí eran amargos, pero acostumbrado ya a tomar casi a diario el poderoso brebaje super-booster de estados de hiper-cognición que acertadamente bauticé como "caca de caballo" ya ninguna otra cosa en el mundo podría tener un sabor más desagradable, nauseabundo y vomitivo, o quizá sí, el "vómito de dragón", otra ocurrencia bioquímica que tendría un mes después.

La cosa es que, entre sugestión tanto positiva como negativa, me puse a escuchar música psicodélica de funkadelic y de bandas alemanas de rock ácido y progresivo de los 70´s, y la preocupación fue menguando mientras pasaban los minutos y - quizá por efecto placebo, no lo sabía con certeza, fui apreciando sutilmente que "algo" realmente estaba ocurriendo en mi organismo. A los 30 minutos luego de la ingesta total de lo que consideré una dosis mínima, comencé a sentir "bienestar", felicidad. Ahora mismo explico en que consistió éste bienestar, así como su progresión:
Bien-estar
Primero vino el sentimiento de felicidad, como de embriaguez alcohólica, pero manteniendo en todo momento la coherencia, no esa pesadez embrutecedora propia del alcohol.

Sonreí, podía sentir oleadas de frescura por la piel, desde las puntas de los dedos de los pies, hasta la punta de los cabellos.  Supuse entonces que eso podía ser reacción debido a la sugestión, la continua búsqueda de conocimiento sobre enteógenos que había estado teniendo ininterrumpidamente durante los últimos meses, o bien, el complemento alimenticio nootrópico "caca de caballo".

Pero enseguida vino una especie de deseo de reír. Me sentía como abrazado por el placer de la risa. Pese a que la ambientación en general me parecía gris, la ciudad, el departamento, el cielo, el lago. Vino la precepción de los colores al rescate. De pronto la luz de los focos me pareció de un ámbar muy bonito, de un naranja-rosáceo propio de un hogar uterino, del interior de las paredes de nervios y tejidos. El piso de madera anunciaba que cambiaría a un color más rosa-corazón-cursi. Y pensar en esto me daba risa. 

Estaba consciente de que a esas dosis tan "pequeñas" no tendría un viaje hacia el innegable centro del universo a velocidades superiores de la luz ni nada de eso. También estaba consciente de que tendría que disimular posibles efectos de euforia, torpeza motora, incoherencias que pudiera pronunciar, pues no quería que Kine se diera cuenta, o su enfado iría más allá de las palabras y actitudes. Ya que desde siempre se ha mantenido con un pensamiento reacio a siquiera hablar a todo lo que esté relacionado con el consumo de enteógenos, aún y con que hayan numerosos argumentos a favor, que demuestran que no producen adicción, y que han sido utilizados en terapias psicoanalíticas o incluso -irónicamente - para tratar problemas de demencia y otros trastornos psiquiátricos provocados por estilos de vida insanos que - también irónicamente - son socialmente aceptados, tolerados y animados: stress, consumismo, mala alimentación, alcoholismo, tabaquismo, egoísmo, fármacos.

Luego de una hora, los efectos mermaron durante unos 5 minutos. No había alteración sustancial de la percepción del tiempo, pero sentí que mi cerebro se "iluminaba" formando rompecabezas de temáticas filosóficas por si sólo. Vino otra oleada de estremecimiento que sentí y comencé a ver sutilmente. Observe mis brazos que tenía sobre el teclado y el mouse, informándome sobre los hongos, pero dije: "vamos, esto ya no es necesario, estos son psicoactivos, ya sientes los efectos, sólo disfruta la música, acurrúcate, disfruta". Y así lo hice,  puse en la playlist canciones de Nujabes y Evisbeats, coloqué los auriculares en mis oídos, me senté sobre el suelo, abrazando mis piernas con mis brazos, cerrando los ojos y a disfrutar.

Abrí los ojos un poco para subir el volumen de la música y sumergirme en el "bienestar emocional" y vi que efectivamente, la luz de los focos ya eran rosas, el piso era morado y las luces que venían de afuera a través de las ventanas era azul zafiro. Ya habían colores. Sentí que eso era lo auténtico. Ver y vivir en colores. Que los colores son necesarios en nuestra vida. Que es una bendición ver a colores, tener colores. Seguía sonriendo. Mis brazos, mis pies tenían auras, auras rosas-doradas.

"Wow, el rosa es muy bonito y acogedor, es el color tan femenino, de la atracción y la interacción sexual" pensé "es un color que es una caricia en sí, y el azul es tan tranquilizante, tan estabilizador, y el morado, ¡woao!, el morado es el rosa y el azul haciendo el amor, los colores Hombre y Mujer están haciendo el amor en ésta sala, y nadie lo nota, que acto tan bello, es una lástima que la gente no aprecie los colores ni los verdaderos actos amorosos, que triste que la gente aquí guste de los colores sombríos". Pero pese a pensar esto, no sentía tristeza, sólo paz. Y luego de percibir la paz interior, sin dejar de sonreír, Kine volteo a verme y con desconfianza y algo de enojo me preguntó: "Hey ¿qué haces? ¿Qué pasa? No te comiste los hongos, ¿verdad?" "No, claro que no" le contesté "¿Entonces dónde están?" "Los tiré, los tiré todos, claro" le volví a responder riendo.

"¿De qué te ríes entonces?" fue la pregunta, "de cosas que estoy recordando" fue la respuesta. Y ella volvió a su computadora a lo suyo (ver artículos de decoración de navidad para pedir por internet).
Eran ya las 9:10 PM, y me sentía genial. Las auras de los colores que hacían el amor, parecían ondular como flamas de velas bailando un vals abrazadas, y me vino a la mente esa canción de "Endless Love" de Lionel Ritchie y Diana Ross.




Así que decidí ponerla, aunque no tenía el archivo en mp3, abrí la pantalla de la laptop, y tecleé en youtube el nombre de la canción, seleccionando el clip musical, donde están estos dos cantantes, y aunque la intención primera era sólo cerrar los ojos y seguir continuando el viaje en mi interior, no pude evitar ver el video.

Al verlos cantar tan bonito, me estremecí enormemente. Pensé "Que seres tan más bonitos, tan más bellos, que canción tan más bella, que necesario es la música en nuestras vidas,  ¿cómo es posible que podamos vivir sin cantar? ¿Cómo es posible que se pueda vivir sin consentir el corazón así? ¿Cómo es posible que existan géneros tan grotescos como el death metal o música banda? ¿Cómo puede la gente de aquí escuchar esa música basura que se escucha aquí?" Pero no paraba de sonreír, me encontraba ya sensorialmente en una cama hecha de abrazaderas de fragantes pétalos de rosas.

En el video borroso, se llenaba de colores rosas y dorados que emergían de la piel morena de Lionel Ritchie y Diana Ross. En ese momento sentí como si mi pecho tuviera ojos, y mi corazón oídos sólo para la canción.

Hubo sinergia. De los colores de sus voces que salían de sus bocas, se expandían por todo el escenario el video. Supe entonces que la gente inconscientemente absorbe la energía de la música, pero no la aprovecha para nada.

Inmersión en Sunshine reggae


La canción terminó junto con la sinergia. Los colores de estos seres terminó y en el silencio, vino un latido que percibí en la periferia de mis ojos, eran los latidos de mi corazón que iban al ritmo de reggae. Tenía una carpeta con canciones de reggae, pero no la única canción que me venía caprichosamente a la mente: "Sunshine Reggae" de Laid Back.



Tecleé en youtube y seleccioné la primera opción de la lista. Quería sólo asimilar, vivir el reggae, sentirlo, experimentarlo. 

Volví a mi posición inicial, me resultaba cómoda, pero quería más comodidad, relajarme bien. Me recosté sobre la alfombra negra que en ese momento se veía como una combinación de azules diamantinos, desde azul marino, azul eléctrico y azul celeste con brillitos y estrellitas amistosas, como diamantina. Las hebras por su parte parecían moverse como algas amorosas, y al acostarme boca arriba, con mis manos entrecruzadas sobre mi nuca, sentí como si me hundiera en la alfombra, sin dejar de sonreír.
Las alguitas parecieron tener manitas, y me mecían al ritmo de la canción. Y sentía como si todas las hebritas fueran quienes cantaban en coro:

"Give me give me/ give me just a little smile/ That it´s all i ask of you"

Así lo hacía, les daba la mejor de mis sonrisas, mientras comprendía y comprobaba la autenticidad del axioma que dice "recibes lo que das", en éste caso le respondía con mi amor a las hebritas de la alfombra nebulosa.

Luego esa parte en que cantaban:

"Don´t Worry/don´t Hurry/take it easy"

Fue cuando me deje "querer" por esas cientos de miles de fibritas sintientes. Me sentí como una gran estrella siendo cargada por sus fans en un concierto.

Suspiraba. Respiraba lenta y profundamente, pensando que así acentuaría los efectos. Vino la asociación de sonidos de la canción. El bello y armónico sonido del acordeón tomó protagonismo, dándome fuertes imágenes de orillas del mar bajo la luz de la luna llena y el reflejo de ésta entre millones de olas, palmeras y sombras de personas-hebras que danzaban al ritmo de la pieza musical.

Era algo tan rico y sensual. Sentir mi piel, sentir la piel de todos esos seres. Comprendí la necesidad de agrupación de los seres, de la convivencia. De estar en contacto con sus auras, sus energías, sus vibras.

Fue precisamente cuando pensé en las vibras, que coincidió exactamente con las letras que decían "Vibes" en:

"Let the good vibes get a lot stronger / Sunshine, sunshine reggae"

Y la canción pareció durar unos 15 minutos, pese a que en realidad dura menos de un tercio de esto.
Ahí con los ojos cerrados, veía las estrellas, y todos alrededor vibrábamos al ritmo de reggae.

"Este ritmo es un bálsamo" pensé "el corazón reacciona, le da un respiro" "Procuraré conocer más del reggae".

El tiempo parecía titubear, recordé entonces que la duración de un viaje con hongos oscilaba entre 5 y 6 horas y pensé, "wow, en verdad ¿podré soportar tanto bienestar? ¿Será todo alegría o será tortuoso? ¿Es posible soportar tanta felicidad? ¿Será poco tiempo o mucho? Aaaah, no importa, disfrutemos, Vivamos. Sintamos"

Terminó la canción (seguía sonriendo) y Kine parecía no notar nada extraño, seguía absorta en sus comparativos de búsqueda.

Sentí algo de ansiedad, quería salir y explorar el mundo bajo la influencia de los Magos y Maestros del bosque. Volver al bosque. Aunque estaba también plenamente consciente de que ese súbito deseo era natural, debido a la ingesta y que probablemente sería una "mala" idea dar un paseo por las calles de la ciudad. Mantuve el control, aún contra las insistentes ganas que me parecieron casi infantiles de salir. Como si de la insistencia de un niño que quiere que lo lleven al parque de diversiones se tratase.

Decidí mejor ir a la cama y hacer un viaje "introspectivo". "Tratemos de ir con nuestra mente" me dije a mi mismo "vayamos al bosque" imaginémoslo.

Ahora, aguántate la risa, aunque todo resulte tan gracioso, aunque ahora seas un Gran bufón cósmico. Levántate, dile a esa chica que vas a descansar un poquito en la cama, aunque con seguridad te responda algo denigrante como "ay ay ay, mexican style, que sueeeeño, que cansacio, mañana, mañana". Y sí, me levanté, apagando mi sonrisa, simulando algo de cansancio, estirándome, exagerando.

Tras mis palabras, me dijo algo muy parecido a lo que esperaba, pero agregando "sí, está bien, y ¿está bien si yo estoy aquí por mientras"? "Sí, claro, tómate tu tiempo, sólo voy a descansar unos 15 o 20 minutos, ahorita vuelvo, ¿ok?" Y asintió con una muy bella sonrisa.
Me fui al dormitorio, cerré la puerta, seleccioné la lista de reproducción de la carpeta intitulada "trip" que había preparado para la ocasión y me tiré al pedazo de nube que era la cama en ese momento. Una algodonada nube en donde los Budas dormían.

La cama se sintió enorme, y en algún momento me sentí inmenso, como si en realidad yo fuera un hombre pequeñito que contemplaba la visión la enorme montaña de mi nariz. Vi mi cuerpo tendido, extendiéndose a través de kilómetros de montañas nubosas. Me recosté boca arriba, me cubrí con las sabanas, que en ese momento se encontraban llenas de estrellitas de cristales de nieve. 
つづく
Continuará...
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