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martes, 24 de marzo de 2015

⚫ Preceptos del Samurai ⚫

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1.- Conócete a ti mismo

2.- Siempre cumple con los compromisos

3.- Respeta a todos

4.- Mantén fuertes convicciones que no sean alteradas por las circunstancias

5.- No hagas un enemigo de ti

6.- Vive sin arrepentimientos

7.- Asegúrate de dar una buena primera impresión

8.- No te aferres al pasado

9.- Nunca rompas una promesa

10.- No dependas de lo demás

11.- No hables mal de otras personas

12.- No le tengas miedo a nada

13.- Respeta las opiniones de los demás

14.- Ten compasión y entendimiento para todos

15.- No seas impetuoso

16.- Hasta las pequeñas cosas deben ser atendidas

17.- Nunca te olvides de ser elogioso

18.- Se el primero en aprovechar la oportunidad

19.- Haz un esfuerzo desesperado

20.- Ten un plan para tu vida

21.- Nunca pierdas el espíritu del principiante

22.- Se empieza con honor y se termina con honor
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viernes, 15 de febrero de 2013

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Del Hagakure de Jocho Yamamoto

El grafismo chino "Gen"* se puede leer en japonés "maboroshi", y significa "ilusión".
En japonés a los magos hindúes se les llama "genjutsushi" (幻術師) o "ilusionistas".

Los seres humanos son como marionetas en este mundo. Por eso se utiliza el grafismo "gen" para sugerir la ilusión de un libre albedrío.


*Gen - 幻 (huàn) maboroshi = ilusión
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miércoles, 26 de septiembre de 2012

La aurora de la verdad


......................................................De Antología Zen "Cien historias de iluminación"
......................................................Versión y recopilación de Thomas Cleary


Genrō viajo por todo el Japón visitando a Maestros Zen desde que tenía 19 años. Más adelante, pensó para sí mismo: "Los instructores son iguales en todas partes y guían al azar. No se puede confiar en ellos. Si permanezco en una comunidad, perderé un montón de tiempo en cosas triviales. Será mejor para mí si viviera solo en un lugar desierto para meditar con resolución."
Una tarde, mientras contemplaba la puesta de sol, Genrō reflexionaba internamente: "He pasado ya cinco años trabajando sobre el zen día y noche. Si paso mis días de esta manera, ¿llegaré a recorrer algún día todo el camino?."
Genrō se sentó entonces en una piedra y se sumergió en una intensa concentración. Sin darse cuenta se quedó allí sentado toda la noche. No siendo consciente del rayar del alba, Genrō oyó repentinamente la campana de un templo distante. En ese momento su mente se abrió y alcanzó una gran iluminación.
En aquella época Genrō tenía 24 años y compuso un poema improvisado sobre aquel feliz evento:

Al amanecer, en respuesta a la campana del templo, el universo se abre;
la órbita del sol, brillante, procede del Gran Este.
Cuál sea la escencia de este principio, no lo sé. Sin saberlo, mi quijada está llena de un vendaval de risas.
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miércoles, 12 de septiembre de 2012

El viejo Samurai


De Cuentos Zen


Jingaro sentado confortablemente delante de la chimenea se encontraba rodeado por sus juveniles nietos. Había servido en el Ejército del Emperador por largos 20 años, recibiendo los más altos honores por sus meritorios servicios en los campos de batalla. Comenzó como simple soldado hasta convertirse en sabio y respetado consejero no sólo en asuntos militares sino de alta política.

Ahora, cargado de medallas y de años, pasaba las horas recordando su vida y experiencias para sus traviesos nietos, los cuales se deleitaban al escuchar las entretenidas historias, las cuales enriquecían su cultura y conocimientos, claro está, a menudo interrumpían a su abuelo consultándole acerca de tantas parábolas. Como el caso, cuando uno de sus nietos exclamó…

- ¡Abuelo, no puedo comprender el sentido!

- ¿Qué es lo que no entiendes, Hana? - replicó el venerable anciano.

- ¿Por qué abuelo, el Samurai, confió en el otro hombre… Cómo podía saber que era una buena persona… Es que algunas veces debemos usar otros caminos, si queremos tener éxito en nuestras apreciaciones, Abuelo? ¿Cómo puedes conocer lo que no se puede ver?

El anciano lo tomó afectuosamente, lo atrajo hacia sí y le acarició su cabeza mientras le decía…

-Cierra tus ojos, querido hijito. - ordenó Jingaro - Ahora dime ¿puedes verme?

-¡No, abuelo! - exclamó el niño.

- Pero tú sabes que yo estoy aquí, respondió Jingaro.

Los niños soltaron la risa abriendo los ojos y exclamando:

- Por supuesto que lo sabíamos, nosotros te vimos antes de cerrar los ojos, además podíamos escucharte.

- Pero aún sin verme u oírme, yo estaría aún aquí - respondió el anciano.

Los jóvenes asintieron con la cabeza.

- Y ahora, díganme ¿de qué otro modo podían saber que yo me encuentro aquí?

El silencio fue la respuesta. Sólo después de transcurrido un tiempo, la voz de Hana se escuchó…

- Yo creo que podría sentir que estás cerca de nosotros, abuelo

-¿Qué tratas de decirme…? - respondió Jingaro.

-¡Qué puedo verte aún con los ojos cerraados, abuelo!

Los otros niños empezaron a reírse, pero el anciano con un gesto los detuvo.

-Escuchen hijos míos. Existen muchas maneras de conocer cosas sin verlas con los ojos o escucharlas con nuestros oídos. Estas habilidades son importantes. Pero valiosas… por ejemplo, el Alma… si ustedes se esfuerzan concentrándose correctamente pueden llegar a desarrollar un nuevo tipo de visión. Entonces ustedes estarán más allá de los límites de vuestros ojos y oídos.

Habían transcurrido varios días de aquella conversación, cuando Jingaro, sentado en su silla preferida reparaba una antigua arma; su pelo gris y cara surcada de arrugas reflejaban los años de dura labor, y aunque pasaba los 60, el viejo Samurai aún lucía el vigor y la energía de hombres mucho más jóvenes.
Los quietos pensamientos del anciano fueron de improviso interrumpidos por los gritos de su nuera y los relinchos de numerosos caballos que se acercaban.

-¡¿Qué está sucediendo?! - preguntó secamente el anciano -¡¿Qué pasa, qué es lo que ocurre? -inquiría una y otra vez. Luego, dirigiendo la vista al patio, sólo vio oscuridad.

De pronto su nuera, gimiendo y llorando, entró al cuarto y llena de angustia exclamó:

- ¡Abuelo, abuelo! ¡Por favor, cuide a llos niños! ¡Monjiro y sus bandidos han venido a robarnos, pero no sólo se llevaron el dinero, también han tomado prisioneros a Hana y han colgado a mi esposo y se aprestan a asesinarlo!

Colgándose de las ropas del anciano, le suplicó:

- ¡Debes tomar los niños y correr tratando de salvar sus vidas!

Jingaro comprendió que la huida no era el camino correcto, reaccionó como había sido entrenado años atrás. Instintivamente tomó su arma que colgaba en la pared. Luego se dirigió al exterior. Aún en ese momento crucial, para el anciano fue un agrado tomar nuevamente su arma (Kama-Hoz), de cuyo extremo pendía una cadena (Kusarigama). Jingaro escuchó los lamentos de la familia de su hijo y la terrible risa de los bandidos. El cielo estaba oscuro y caminó rápidamente al centro del patio. De inmediato voces a su alrededor cesaron y todos dirigieron su atención hacia el anciano que erguido los observó lentamente uno a uno.

- ¡Viejo! - exclamó en forma burlona uno de los bandidos-  ¿Qué crees tú que puedes hacer con esa arma? Los ancianos no pueden combatir y ni siquiera puedes ver de noche… esa arma que traes necesita ser usada por un guerrero diestro, no por un anciano decrépito.

Jingaro, sin perder la calma, murmuró:

- Tomen lo que desean y dejad mi familia en paz. Si Uds. rehúsan hacerlo tendré que matarlos.

Dos de los hombres se acercaron ondeando sus espadas sobre la solitaria figura, pero cuando se encontraban a una distancia adecuada, Jingaro atacó con su Kusarigama y en forma simultánea golpeó a uno de ellos en el cuello con la cadena y al otro lo hirió mortalmente con la hoja afilada de su Kama (Hoz). Los dos hombres cayeron heridos de muerte y nuevamente la voz del jefe de los bandidos se escuchó:

- Así que eres un verdadero guerrero. Lamentablemente para tí está demasiado oscuro y nos hubieras dado muchos problemas de haber contado con la claridad necesaria. Quedamos cuatro hombres, y todos tenemos excelente vista. ¡Prepárate a morir anciano!

Jingaro no replicó y se preparó para el siguiente ataque, escuchando cuidadosamente los movimientos de sus enemigos. Rápidamente tres de ellos tomaron posiciones rodeándole. Él respondió haciendo girar su cadena; en pocos segundos el extremo de la cadena se había convertido en un peligroso proyectil que giraba a una velocidad increíble. Jingaro haciendo un movimiento con su brazo hizo que la cadena alcanzara a su adversario más próximo, al cual le destrozó la cara, luego saltando al costado, el veterano combatiente enrolló la cadena alrededor de la espada de uno de los bandidos y haciéndole perder el equilibrio lo atrajo hacia él, matándole con la afilada hoja de su Kama. Antes que pudiese retomar su Kusarigama, el tercer asesino asestó un terrible golpe con su espada en la espalda del anciano Jingaro.
Sintiendo que el frío acero invadía su cuerpo, recorrió a sus muchos años de Yoroikumi-Uchi y volviéndose rápidamente con un poderoso movimiento envolvente, con sus piernas derribó a su sorprendido adversario para después, con veloz movimiento de su corta espada, terminar la técnica abriendo el cuello de su enemigo. Jingaro cubierto de sangre y mortalmente herido, enfrentó al líder de los bandidos Monjiro, el cual expresó:

- Has llegado al final del camino, anciano guerrero.

 Luego montando su caballo cargó contra el anciano, el cual lo esperaba con su ensangrentada Kusarigama. Monjiro a medida que se acercaba blandía furiosamente su espada, pero Jingaro presintiendo el ataque, saltó en el último instante, evitando así los terrible golpes; el caballo volvió una y otra vez, pero el anciano, el cual llegando casi al límite de sus fuerzas, dobló sus rodillas en el suelo esperando el último y decisivo ataque.

Al verlo arrodillado el bandido se acercó y levantando su espada se aprontó a descargar el último y mortal golpe. Jingaro decidido a salvar su familia y su honor de Samurai, reuniendo sus últimas energías se levantó lentamente del suelo mientras escuchaba el galope del caballo que se acercaba y en el momento apropiado evitó el ataque de la espada del bandido; luego con su cadena alcanzó el brazo del atacante derribándole del corcel, y finalmente con un golpe con la empuñadura de madera de su arma, eliminó al último de sus enemigos.

Jingaro permaneció parado por breves instantes saboreando su más importante triunfo en su larga y brillante carrera de guerrero. Su hijo, nuera y nietos que se habían liberado de sus ataduras, lo alcanzaron en el preciso instante que se desplomaba al suelo. Jingaro trató de ver el cielo pero solamente vio tinieblas; los nietos lloraban desconsoladamente, pero el anciano sonriendo, expresó:

 - Niños, por favor, recuerden lo que les he dicho, "deben de tratar de ver más allá de sus ojos, cierren los ojos y escuchen mi corazón”.

Entonces, Jingaro, ese anciano guerrero que había perdido la vista desde hacía más de 20 años, cerró sus ojos por última vez.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Errores

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Del Hagakure de Jocho Yamamoto


Cuando era joven, yo tenía un "diario de errores" en el que escribía, día a día, mis errores. Jamás pasaba uno sin que tuviera que abrirlo veinte o treinta veces. Y como llegué a la conclusión de que siempre iba a ser así, terminé por abandonarlo.
Todavía es hoy el día que, cuando medito, antes de dormirme, en la jornada que ha transcurrido, me doy cuenta de que no hay una en la que no haya cometido una equivocación, ya sea de palabra o de obra.
Vivir sin cometer equivocaciones es casi imposible, pero los "intelectuales" no están dispuestos a admitirlo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Dragón


Del Hagakure de Jocho Yamamoto

Había un hombre en China al que le gustaban mucho las figuras con forma de dragón. Toda su ropa y sus muebles estaban decorados con ese motivo.
El dios de los dragones se enteró de esta profunda afición, y un día le envío un dragón auténtico para que se acercara a su ventana. Se dice que el hombre, al verlo, murió de espanto...
Seguramente se trataba de un brillante charlatán que, cuando llegó el momentode la verdad, reveló su auténtica escencia.
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martes, 4 de septiembre de 2012

La Nostalgia del Pasado

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Del Hagakure de Jocho Yamamoto

No se pueden cambiar los tiempos. Desde el momento en que las condiciones de vida se van degradando de forma regular, está claro que se ha penetrado en la fase última del destino.
Es evidente que no se puede permanecer constantemente en primavera o verano; no se puede permanecer en el mismo día; por ello resulta vano querer cambiar la naturaleza del tiempo para retomar los buenos viejos tiempos del pasado siglo. Lo importante es obrar de modo que dada momento resulte tan agradable como sea posible.
El error de los que cultivan la nostalgia del pasado procede de que no se han impregnado suficientemente de esta idea.
Pero también aquellos que no se ocupan más que del instante presente y pretenden detestar el pasado demuestran ser personas bastante superficiales.
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domingo, 26 de agosto de 2012

Limpiar el trasero del Buda

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De Antología Zen: cien historias de iluminación.
Versión y recopilación de Thomas Cleary


En el grupo del Maestro Zen  Hakuin había un monje loco que pensaba que su ser había alcanzado la identidad del Buda. Arrancaba las escrituras budistas y usaba sus páginas como papel de retrete.

Otros monjes le llamaban la atención por ello, pero él no hacía caso, y replicaba con altanería: "¿Qué hay de malo en usar las escrituras budistas para limpiar el trasero de un Buda?

Entonces alguien repitió esto al Maestro Hakuin, quien preguntó al monje loco: "Dicen que estás utilizando las escrituras budistas como papel de retrete. ¿Es esto verdad?"

El monje loco dijo: "Sí. Yo soy un Buda. ¿Qué hay de malo en usar las escrituras budistas para limpiar el trasero de un Buda?"

Hakuin dijo: "Estás equivocado. Puesto que se trata de un trasero de Buda, ¿por qué utilizar papel viejo ya escrito? Deberías limpiarlo con papel limpio en blanco"

El monje loco se avergonzó y pidió disculpas.
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lunes, 20 de agosto de 2012

Un retiro Zen

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......................................................De Antología Zen "Cien historias de iluminación"
......................................................Versión y recopilación de Thomas Cleary


El maestro zen Taigu vivió por un tiempo adentrado en las montañas en la provincia al norte de kioto. Escribió un par de poemas conmemorando esta estancia:

..............................No más problemas urbanos, 
..............................ni disputas de opiniones:
..............................En otoño barro
..............................las hojas junto al arroyo;
..............................en primavera oigo
..............................a los pájaros en los árboles.

..............................Llega la primavera al mundo humano
..............................con vasta y magna bondad;
..............................la eclosión de cada flor
..............................habla ampliamente de un Buda.
..............................Sin saberlo, la nieve restante
..............................se ha fundido por completo.
..............................Miríadas de formas desenfruncen sus cejas
..............................al unísono, cual si fueran sólo una
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martes, 14 de agosto de 2012

El Buda de madera

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 De Cuentos japoneses para niños


Hace mucho, mucho tiempo, vivía un hombre muy rico que se la pasaba lustrando y lustrando un buda de oro del cual hacía alarde mostrándolo a todo el mundo.
En su casa vivía un joven muy trabajador cuya labor consistía en preparar el furo*
Un día, cuando el joven iba a la montaña en busca de leña, encontró un trozo de madera que tenía la forma de un buda. El joven al verlo lo recogió y desde ese momento todos los días oraba ante el buda de madera, pues sentía que lo protegía.

Un día, uno de los empleados que quería congraciarse con el hombre rico se le dirigió diciendo: "Su buda de oro es magnífico. ¿Por qué no organiza una pelea de sumo* con el buda de madera? De todas maneras ganará el suyo."

El hombre le contestó : "¡Sí. Por supuesto!" y llamó al joven del buda de madera y le propuso: "Si tu buda gana al mío te regalaré toda mi fortuna y todos los días te prepararé el furo.
El joven volvió a su habitación y contó a su buda la propuesta que había recibido, pero se sentía un poco mal por tratar a su buda como si fuera un juguete.

El buda de madera al darse cuenta de ello le dijo: "No te preocupes. Está bien. ¡Vamos!"
El joven se sorprendió mucho pues era la primera vez que lo escuchaba hablar.
Y empezó la pelea. Todo el mundo, excepto el joven, pensaba que de todas
maneras ganaría el buda de oro.
La gente alentaba al buda de oro. En eso éste, para sorpresa de la gente, empezó a empujar a su contrincante llevándolo hasta el borde del dogiou*. Ante esto el buda de madera reaccionó y empujando a su adversario lo hizo caer ganando la contienda.

El joven se puso muy contento pues recibió todo lo prometido y vivió feliz para siempre.

Un día, el otrora hombre rico, le preguntó a su buda de oro: "¿Por qué caíste?"
La imagen de oro le contestó: "Tu sólo me lustrabas. Te faltaba devoción. Por  eso no tenía fuerza". En ese momento el hombre se dio cuenta de su error y
prometió cambiar su manera de ser.

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* Furo : Baño, tina.
* Sumo: Lucha tradicional japonesa 
* Dogiou: Campo circular en el cual se realizan las luchas de sumo.
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(también está el audio)
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martes, 5 de junio de 2012

El Dios de la Pobreza y El Dios de la Fortuna

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De Cuentos japoneses para niños

Hace mucho, mucho tiempo, en un pequeño pueblo vivía un hombre muy trabajador. Este a pesar de trabajar tanto vivía en la miseria ya que el dios de la pobreza habitaba también la misma casa. 
Un día decidió dejar de trabajar, cansado de ver que su situación no mejoraba en nada. 
Todo el pueblo al ver que este hombre había perdido las esperanzas en una mejora de su situación decidieron presentarle una mujer que lo acompañe y para la cual continúe luchando por la vida, con quien se casó. 
Ella era muy trabajadora. 
El hombre que no quería que sólo ella trabaje, empezó nuevamente a trabajar con todos sus ánimos. 
El dios de la pobreza al verlos esforzarse tanto dijo: "Cada día se me hace más difícil vivir aquí, ellos esforzándose tanto y mientras yo esté en esta casa no podrán dejar de ser pobres." 

Al final de dicho año, el dios de la pobreza se encontraba llorando en el desván de la casa, la pareja al notarlo fueron a ver qué ocurría. 
Ellos se sorprendieron y le preguntaron: "¿Quien eres?". 
El les contestó: "Soy el dios de la pobreza. Durante mucho tiempo he vivido aquí pero ustedes trabajan tanto que muy pronto tendré que abandonar esta casa ya que vendrá el dios de la fortuna." 

Ellos al escucharlo se sintieron muy tristes puesto que él era el dios que cuidaba la casa durante mucho tiempo. Lo invitaron a bajar a la habitación. 
El hombre le dijo: "Queremos que se quede aquí con nosotros para siempre porque ésta es su casa", la mujer insistió : "Sí, está bien". 
El dios de la pobreza se puso muy contento ya que era la primera vez que alguien lo había tratado con tanto afecto. 
En ese momento vino el dios de la fortuna y dijo "¡Todavía estás aquí! ¡Fuera, rápido! 
El dios de la pobreza contestó ¡No! ¡Esta casa es nuestra! y se abalanzó sobre el dios de la fortuna, pero no podía competir con él porque era muy delgado y el dios de la fortuna muy gordo. 

Al ver eso los esposos le ayudaron y echaron de la casa al dios de la fortuna. 
Este no entendía nada de lo que acontecía. Se preguntó a sí mismo: " Yo soy el dios de la fortuna ¿No?" 
Al final, nunca pudieron llegar a ser ricos, pero, vivieron felices para siempre. 
El dios de la pobreza todavía vive en el desván de la casa. 
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miércoles, 9 de mayo de 2012

La suerte grande y la suerte pequeña

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De Cuentos japoneses para niños

Hace mucho, mucho tiempo, vivía un tengu (duende, por lo general rojo y de nariz larga) en el fondo de una montaña.
Éste era un adivino muy famoso.
Un día, Mokube y Tarobe visitaron al tengu para que adivinara sobre las vidas de sus hijos. 
El tengu les dijo: "Mokube, tu hijo tiene poca suerte. Y Tarobe, tu hija tiene mucha suerte." 
Los hijos eran íntimos amigos. 
Un día Mokube y Tarobe se encontraban trabajando cuando sus hijos trajeron unos oniguiris (una bola de arroz cocido). 

"¡Tenemos mucha hambre. Vamos a comer!", dijeron Mokube y Tarobe y los cuatro empezaron a comer inmediatamente. 

Tarobe y su hija exclamaron: "¡Está muy rico!" Mokube en cambio dijo: "¿Qué es esto? ¡el oniguiri tiene piedras!" y lo tiró. 
El hijo de Mokube también hizo lo mismo. 
Tarobe les dijo: "¡No! ¡Tirad sólo las piedras, no el oniguiri!" y él y su hija recogieron lo tirado. 

Después de unos años el hijo trabajaba mucho, pero tenía muy poco dinero, mientras que la hija se había casado con un hombre muy rico. 
Ellos se encontraron después de mucho tiempo. 
Ella al verlo trabajando tanto le dijo: "Voy a traerte unos oniguiri! Espérame", y se    marchó. 
Ella pensó: "Mientras yo vivo con mucha comodidad, él vive en la pobreza. Quiero   compartir mi buena suerte con él." 

Ella cocinó siete oniguiris y metió monedas de oro en cada uno de ellos, monedas que había venido juntando gracias al uso apropiado y consciente del dinero. 

El hijo recibió dichos oniguiri y empezó a comerlos en la orilla del río. 
Cuando comió un bocado sintió un "clic" y dijo: "¡Este oniguiri tiene piedras!" y lo tiró al río.
De igual forma tiró otros cinco.
En eso se preguntó: "¿Por qué hay piedras en los oniguiri?" y partió la última bola de arroz cocido que quedaba. Al ver su interior, exclamó: "¡No, no eran piedras! ¡Eran monedas de oro! ¡Cielos! Después  de todo tengo un poco de suerte." 

En ese momento apareció el Tengu y le dijo: "El destino de una persona está establecido cuando nace, pero depende de cada uno el cambiarlo. Puede ser que tú hayas tenido poca suerte, pero si no buscas mejorarla, no lo lograrás. Tienes que darle importancia a todas las cosas, por pequeñas que te parezcan." 

El, desde entonces se esforzó mucho y logró la felicidad. 
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