Mostrando entradas con la etiqueta La señora de la biblioteca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La señora de la biblioteca. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de julio de 2010

...¿El fin de Cthulu?...

.

El universo...
Misterio insondable que nunca llegaríamos a conocer ni un 1 por ciento, ni aunque fuésemos eternos...ni aunque fuesemos...los primigenios...


Monstruos inimaginables, sombras de más allá del tiempo y del silencio sideral, llegados de un abismo aterrador que escapa al control de Dios.
Seres de vidas y formas indescriptibles, imposibles, que llegaron a la tierra desde sus primeros días de formación en medio del caos y la catástrofe.


De entre todos ellos, destacó Cthulu...
Cthulu, un enorme Dios extraterrestre interdimensional desbordante de un poder inimaginable, indestructible, Supremo Dios-demonio y sumo sacerdote de los seres primordiales, cuya morada era el fondo del océano y su reino el mundo entero.

(¡Grrrroooooooaaaaaaaaooooooooooorrrrrrrr!)

Por eones, ninguna criatura viviente podía verle sin morir paralizada de terror, y el que se atreviese a desafiarlo o a invocarlo, condenaba su vida y postvida a los infiernos más dolorosos y terroríficos que la mente humana pudiese llegar a imaginar y atribuir a sus religiones infantiles.


(¡¡Grrruuuuuuoooooooooooooooooorrrr!!)

Cthulu, el dueño innegable del mundo y del inframundo, sabiéndose todopoderoso quizás....

Hasta que...en un enfrentamiento contra otro ser indescriptible y cuyo origen es más desconocido que el suyo propio, perdió hasta el último de los tentáculos al ser devorado sin piedad por ella: ...La señora de la biblioteca.


La señora de la biblioteca, amante insuperable del sexo perverso y de la comida en todas sus formas y apariencias, encontró el Necronomicon en la biblioteca de la facultad donde trabaja, y al leer la descripción física de Cthulu, una bestia indomable parecida a una horrorosa mezcla de pulpo o calamar gigante con dragón...despertó inmediatamente su insaciable lujuria y hambre, imaginó lo declicioso que sería probar una nueva carne, un nuevo sabor jamás probado por paladar humano o divino, un sabor de entre mariscos, carnes rojas y blancas, y no dudó ni un instante en invocarlo, pese a las serias y peligrosas advertencias. Y es así en resumidas cuentas como terminó la vida de este ser temible y ultrapoderoso.

(¡Uuuuuooooh!...ooohh... pero que rico estubo...Dios...no puedo más, ¡uuooh!)


Dicen que el cuerpo escamoso de Cthulu estaba compuesto de una sustancia distinta a las que se encuentran en nuestro planeta, como una especie de masa gelatinosa que lo hace prácticamente indestructible y que si su cuerpo físico era destruido por completo (cosa muy improbable) su naturaleza extra terrenal lo haría reformarse en horas. Sin embargo, no se sabe a ciencia cierta que sucedió después de haber sido defecado por el monstruo de la biblioteca que lo devoró, ya que posiblemente los super corrosivos jugos gástricos de esta pudieron haberlo diluido o cambiar la consistencia bioquímica de Cthulu.

Aun así, ocultistas y sectarios siguen esperando a que "las estrellas estén de nuevo en posición" para que Cthulu despierte de su letargo, sellado en la ciudad sumergida de R'lyeh (en algún lugar del océano Pacífico), para que este pueda volver a extender su poder sobre la Tierra, ignorando por completo este último fatal enfrentamiento. Si así fuera, que Cthulu hubiese sobrevivido y regenerado, no se sabe si volverá buscando una venganza carnicera o se mantendrá sellado y temeroso en sus aposentos de infinita oscuridad.

Y me despido por hoy, disculpar mi falta de fluidez para expresarme o lo fofo que pudiera resultar, pero ando muy desvelado y desmotivado como para hacer una descripción más detallada...En fin, ahí se ven simples mortales, que los desechos de Cthulu los bendigan.

.

martes, 9 de marzo de 2010

La señora de la biblioteca

-


Basado en un ente de la vida real, la señora de la biblioteca es representada en estos dibujos, llevando a cabo algunas de sus agresiones sexuales más mamastrosas y grotescas, jamás deseadas a ningún ser vivo, o bueno quizás a pederastas y violadores.
La trama es sencilla.
La señora de la biblioteca de la facultad en interminable temporada de celo, de lujuria impasible e insaciable, aparentemente inagotable, deambula por el mundo en busca del macho perfecto, para extraerle sus células reproductoras , sin importar la especie, ni el costo de la destrucción a su paso.
Tiene que luchar con todas sus ansias ninfómanas contra la voluntad de sus víctimas, las cuales, van desde traileros hasta mamíferos enormes como osos grizzly, gorilas del Congo, rinocerontes, caballos siberianos, hipopótamos, elefantes, orcas y ballenas e incluso bestias primigenias como el monstruo -fetiche por excelencia de H.P Lovecraft: Cthulu, claro.

Todo sucedió durante el tercer semestre de la carrera. Un día, cuando obligatoriamente debí de entrar a la biblioteca para investigar un tema y transcribir algunas líneas de libros de lo más desactualizados, la ví.

(Nótese las lágrimas y la angustia del infortunado hipopótamo que va dando por hecho el fin de su dignidad y masculinidad)
La escena parecía correr en cámara lenta a cada lento y pesado paso que daba la doña de incalculables años, quizá centurias, milenios, eones, parecía algo así como el hombre de malvadisco de la primer película de los cazafantasmas, pero sin ese porte infantil y jocoso.
Gorda, fornida, ancha, gelatinosa pero firme, de estaura media, pero revelando una fuerza abrumadora en cada poro celúlitico de su voluminosa y musculosa estructura. De mirada seria y penetrante, amplificada por el grosor de sus anticuados lentes, capaz de hacer llorar y cagarse de miedo a Chuck Noriss, Mr. T y a Clint Eastwood juntos, como bebés maricones hemofílicos y dejarlos en un larguísimo estado de shock, con tan sólo sostener un encuentro visual de 2 segundos.

Fue entonces, en aquél caluroso día, que en mi mente se alojarían de manera inmediata y para siempre imagenes tan fuertes que para superarlas, tuve que plasmarlas en papel.
Ya después y viendo que a los camaradas les causaba gracia ver estos dibujos, se me ocurrió hacer escasas tiras e ilustraciones de las aventuras de la señora de la biblioteca, pero lamentablemente la falta de tiempo y disposción, detuvieron el hipótetico proyecto. Hasta la imaginaba destruyendo el congreso en la ciudad de México y devorando a todos los políticos inmundos esos, cochinos empresarios, combatiendo a las fuerzas armadas estadounidenses, haciendolas polvo y derrocando el dominio mundial bajo el que hoy está sometido nuestro mundo, fanáticos terroristas y en fin, toda una mega arma de destrucción masiva de machos de toda especie.

Ñief jeherrr reeghhh mwahahahghhh mmnññiefff jerrr jerrr hehehe herrrrrrrr sssgghggffggfssf


También, al reflexionar acerca del contenido, supuse que podría llegar a ser algo ofensivo para la Doña, y que de llegar esta a enterarse de su fiel parodia, pudiera yo correr igual suerte que las víctimas de los dibujos, y terminar en terapia intensiva con todos los huesos rotos, múltiples hemorragias internas, cuadripléjico, violado, castrado a mordidas, ciego, sin ningún diente, con derrame cerebral, huesos y viseras expuestas, y por demás traumatizado y en rehabilitación de por vida.

Quizá algún día, ya con estabilidad y seguridad económica, me anime a recrear estas singulares aventuras, pero por mientras, cedo parte de los derechos a cualquier creativo o chistosito para usar a esta bestia para ilustrar sus propias aventuras o imprimirlas en lo que quieran, siempre y cuando especifiquen que se trata de la Señora de la biblioteca. Jó - jó - jó.

Me despido por que tengo que consumir mi maldita dosis diaria de pepsi, sino si se me viene un cuadro hipoglucémico y un verdadero derrame cerebral...maldita adicción, aquí pido ayuda abiertamente a quien haya podido superar este tipo de absurda adicción X_X...

Hasta otra.

Compartir

 
Creative Commons License
This obra by Arturos (Basiliskus) is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 2.5 México License.
Based on a work at basiliskus.blogspot.com.