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martes, 29 de noviembre de 2016

Las dos ostras

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 Cuento de Gibrán Khalil Gibrán

Dijo una ostra a la ostra vecina:Siento un gran dolor dentro de mí. Es algo pesado y redondo, que me hace daño. 

Alabados sean los cielos y el mar - respondió la otra con altiva condescendencia –. Yo no siento dolor ninguno. Estoy buena y sana,  por fuera y por dentro.

En ese momento, un cangrejito que pasaba oyó a las dos ostras, y dijo a la que estaba buena y sana por dentro y por fuera:

– Sí, estás buena y sana; pero el dolor que siente tu vecina es una perla de extraorinaria belleza.
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martes, 15 de noviembre de 2016

El miedo al fracaso

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Cuentos de Mulla Nasrudin

Una mañana, Nasrudín envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y comenzó a gritar:

– ¡Hoy tendremos un concurso, quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro!

Las personas lo miraban sorprendidas, pero él seguía gritando:

– ¡Lo que está dentro de este pañuelo tiene un centro amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está dentro de una cáscara que se rompe fácilmente!

La gente seguía mirándole con sorpresa y él no paraba de gritar:

– ¡Lo que está dentro de este pañuelo es un símbolo de la fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos! ¿Quién es capaz de decirme de qué se trata?

Evidentemente, todos pensaban que Nasrudín tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza equivocándose delante de los demás.

Nasrudín preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo equivocado. Entonces, abrió el  pañuelo y mostró a todos el huevo.

– Todos conocíamos la respuesta - afirmó - y nadie se atrevió a decirla. Así es la vida de los cobardes, que no tienen el valor de arriesgarse. Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo al fracaso.
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jueves, 8 de septiembre de 2016

Dentadura cariada

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(De Pensamientos y reflexiones
 de Gibrán Jalil Gibrán)

Tenía yo un diente cariado en mi boca que me molestaba mucho. Durante el día no me dolía, pero en la tranquilidad de la noche, cuando los dentistas  estaban dormidos y las farmacias cerradas, empezaba a dolerme.

Un día, me impacienté y fui al dentista. Le dije que me extrajera el maldito diente que me producía tal miseria y me negaba el gozo del sueño, convirtiendo el silencio de mi noche en quejido y conmoción.

El dentista negó con la cabeza diciendo: "Es tonto extraer un diente si puedo curarlo".

Entonces empezó a taladrar y limpiar la caries y utilizó todos los medios disponibles para restaurar el diente y librarlo de ésta. Al terminar de hacer esto llenó la cavidad con oro puro y dijo jactanciosamente: "Tu diente enfermo ahora es más fuerte y más sólido que los sanos". Yo le creí, le pagué y partí del lugar.

Pero antes de que terminara la semana, el diente volvió a enfermar, y la tortura que me infligía convirtió las hermosas canciones de mi alma en agonía y dolor.

Entonces acudí a otro dentista y le dije: "Extráigame este maldito diente sin preguntarme nada, pues no siente lo mismo la persona que recibe los golpes  que las que los cuenta".

Obedeciendo mi petición me extrajo el diente. Mirando el diente después me dije: "Has hecho bien en haber pedido la extracción de este diente podrido".

En la boca de la sociedad existen muchos dientes cariados que afectan los huesos de la mandíbula. Pero la sociedad no hace ningún esfuerzo por extraerlos y librarse de la aflicción que le producen. Se contenta con las tapaduras de oro. Son muchos los dentistas que tratan los dientes cariados de la sociedad con oro brillante.

Y son numerosos los que ceden ante la tentación de tales reformadores y su destino es el dolor, la enfermedad y la muerte.

En la boca de la nación siria hay muchos dientes sucios, negros y podridos que supuran y hieden. Los doctores han intentado curarlos con tapaduras de oro en vez de extraerlos, y la enfermedad continúa.

Una nación con dentadura cariada está destinada a sufrir enfermedades estomacales. Son muchas las naciones afligidas por la indigestión.

Si desean echar una mirada a la dentadura cariada de Siria, visiten sus escuelas, donde los hijos e hijas de hoy se preparan para ser los hombres y mujeres de mañana.

Visiten las cortes y sean testigos de los actos de los proveedores de la justicia, corruptos y torcidos. Vean cómo juegan con los pensamientos y las mentes de  la gente sencilla como un gato juega con un ratón.

Visiten las casas de los ricos donde reinan la hipocresía, la falsedad y la presunción.

Pero no olviden ir también a las chozas de los pobres donde habitan el temor, la ignorancia y la cobardía.

Después, visiten a los dentistas de manos ágiles, los que poseen delicados instrumentos, argamasas dentales y tranquilizantes, que se pasan los días tapando las  caries de los dientes enfermos de la nación para ocultar su podredumbre.

Hable con aquellos reformadores que figuran como la inteligencia por excelencia de la nación Siria, y que organizan la sociedad, que dan conferencias y discursos públicos. Cuando hablen con ellos, escucharán melodías que probablemente les suenen más sublimes que la molienda de una piedra de molino y más noble que el croar de las ranas en las noches de junio.

Cuando les digan que la nación Siria roe su pan con dientes podridos, y que cada bocado que mastica se revuelve con saliva envenenada que lleva la enfermedad al estómago de la nación, ellos le contestarán: "Sí, pero estamos buscando mejores tapaduras y tranquilizantes".

Y si ustedes sugieren "extracción", se reirán y dirán que todavía no han aprendido el noble arte del dentista que encubre la enfermedad.

Si insisten ustedes, ellos se irán y los esquivarán diciendo para sí:

"Son muchos los idealistas en este mundo y sus sueños son débiles"
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viernes, 10 de junio de 2016

Verdadero maestro, verdadero discípulo

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 De Los 120 mejores cuentos
de las tradiciones espirituales de oriente

de Ramiro Calle

Dos viajeros, uno que venía del norte y otro que venía del sur, se encontraron casualmente en un punto del sendero y decidieron continuar juntos para hacer más llevadero el camino. Uno de ellos preguntó al otro:

- ¿Hacia dónde te diriges?

- Voy a donde pueda encontrar un maestro, un auténtico maestro, llevo años de búsqueda incansable viajando por el mundo - contestó el hombre que venía del sur - pero no desespero, sé que encontrar un auténtico maestro es muy difícil, su aparición en el mundo es muy rara y por tanto la posibilidad de encontrarlo es también muy escasa.

- ¿Y qué harás cuando lo encuentres? - volvió a preguntar el compañero.

- ¡Oh, qué gran momento será ese! Me postraré a sus pies, mi corazón se estremecerá y mis ojos seguramente derramarán lágrimas. Dios quiera que algún día pueda vivir ese momento -contestó.

Pasaron las jornadas y ambos compartieron diversas vivencias cotidianas además de la comida de cada día y el fuego por las noches.

Una mañana, el hombre que venía del norte, dijo:

- Ha llegado el momento de separarnos, tú sigue tu camino, que yo seguiré el mío.

- ¿Adónde irás? - preguntó su compañero.

- Continuaré mi búsqueda.

- ¿Qué búsqueda?

- La de un auténtico discípulo. Encontrar una persona así en el mundo es algo extraordinariamente raro. Es verdaderamente raro que alguien sea capaz por sí mismo primero de reconocer a un auténtico maestro, y después de mostrar el comportamiento y
la actitud correctas que le permitan aprender.

Instantes después, el hombre que venía del sur, pudo ver como el Maestro de su época se alejaba por el camino.
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jueves, 9 de junio de 2016

¿Por qué grita la gente?

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De Cuentos orientales

Un día Meher Baba preguntó a sus discípulos la siguiente interrogante:

- ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?

Los hombres pensaron unos momentos:

Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos. 

Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? - preguntó Baba

¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado? - preguntó Baba

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba. Finalmente, él mismo les explicó:

- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse.  Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego Baba preguntó:

- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?

Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña. Baba continuó - Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego Baba agregó:

- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.
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miércoles, 15 de mayo de 2013

Kali decapitada

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De Cuentos Orientales de Marguerite Yourcenar


Kali, la terrible diosa, merodea por las llanuras de la India. Puede vérsela simultáneamente en el Norte y en el Sur, y al mismo tiempo en los lugares santos y en los mercados. Las mujeres se estremecen al verla pasar, los hombres jóvenes, dilatando las ventanas de la nariz, salen a la puerta para verla, y los niños recién nacidos ya saben su nombre. Kali, la negra, es horrible y bella. Tan delgada es su cintura que los poetas que la cantan la comparan con la palmera. Tiene los hombros redondos como el salir de la luna de otoño; unos senos turgentes como capullos a punto de abrirse; sus muslos ondean como la trompa del elefante recién nacido, y sus pies danzarines son como tiernos brotes. Su boca es cálida, como la vida; sus ojos profundos, como la muerte. Tan pronto se mira en el bronce de la noche como en la plata de la aurora o en el cobre del crepúsculo, y se contempla en el oro del mediodía. Pero sus labios no han sonreído jamás; un collar de huesecillos rodea su alto cuello y en su rostro, más claro que el resto del cuerpo, sus grandes ojos son puros y tristes. El rostro de Kali, eternamente mojado por las lágrimas, está pálido y cubierto de rocío como la faz inquieta de la mañana.
 
Kali es abyecta. Ha perdido su casta divina a fuerza de entregarse a los parias y a los condenados, y su rostro, al que besan los leprosos, se halla cubierto de una costra de astros. Se aprieta contra el pecho sarnoso de los camelleros procedentes del Norte, que nunca se lavan a causa de los grandes fríos; se acuesta en los lechos infectados de piojos con los mendigos ciegos; pasa de los brazos de los Brahmanes al abrazo de los miserables -raza fétida, deshonra de la luzencargados de bañar los cadáveres; y Kali, tendida en la sombra piramidal de las hogueras, se abandona sobre las tibias cenizas. Ama asimismo a los barqueros, que son fuertes y ásperos; acepta hasta a los negros que sirven en los bazares, a quienes se azota más que a las bestias de carga; frota su cabeza contra sus hombros, cuajados de rozaduras por el ir y venir de los fardos.
Triste como una enferma con fiebre que no consiguiera encontrar agua fresca, va de pueblo en pueblo, de encrucijada en encrucijada, a la búsqueda de los mismos monótonos deleites. Sus piececitos bailan frenéticamente, moviendo las ajorcas, que tintinean, pero sus ojos no cesan de llorar, su boca amarga nunca besa, sus pestañas no acarician las mejillas de los que la abrazan, y su rostro permanece eternamente pálido como una luna inmaculada. Hace mucho tiempo, Kali, nenúfar de la perfección, se sentaba en el trono del cielo de Indra como en el interior de un zafiro; los diamantes de la mañana brillaban en su mirada y el universo se contraía o se dilataba según los latidos de su corazón

Pero Kali, perfecta como una flor, ignoraba su perfección y, pura como el día, no conocía su pureza. Los dioses celosos acecharon a Kali una noche de eclipse, en un cono de sombra, en el rincón de un planeta cómplice. Fue decapitada por el rayo. En vez de sangre, brotó un chorro de luz de su nuca cortada. Su cadáver, dividido en dos trozos y arrojado al Abismo por los Genios, rodó hasta llegar al fondo de los Infiernos, por donde se arrastran y sollozan aquellos que no han visto o han rechazado la luz divina. Sopló un viento frío condensó la claridad que se puso a caer del cielo; una capa blanca se acumuló en la cumbre de las montañas, bajo unos espacios estrellados donde empezaba a hacerse de noche. Los dioses-monstruos, el dios-ganado, los dioses de múltiples brazos y múltiples piernas, semejantes a unas ruedas que dan vueltas, huían a través de las tinieblas, cegados por sus aureolas, y los Inmortales, despavoridos, se arrepintieron de su crimen.

Los dioses contritos bajaron del Techo del Mundo hasta el abismo lleno de humo por donde se arrastran los que existieron. Franquearon los nueve purgatorios; pasaron por delante de los calabozos de barro y de hielo en donde los fantasmas, roídos por el remordimiento, se arrepienten de las faltas que cometieron, y por delante de las prisiones en llamas donde otros muertos, atormentados por una codicia vana, lloran las faltas que no cometieron. Los dioses se sorprendían al hallar en los hombres aquella imaginación infinita del Mal, aquellos recursos y aquellas innumerables angustias del placer y del pecado. Al fondo del osario, en un pantano, la cabeza de Kali sobrenadaba como un loto, y sus largos y negros cabellos se extendían a su alrededor como raíces flotantes. 
Recogieron piadosamente aquella hermosa cabeza exangüe y se pusieron a buscar el cuerpo que la había llevado. Un cadáver decapitado yacía en la orilla. Lo cogieron, colocaron la cabeza de Kali encima de aquellos hombros y reanimaron a la diosa.
Aquel cuerpo pertenecía a una prostituta, ajusticiada por haber tratado de entorpecer las meditaciones de un Brahman. Sin sangre, aquel cadáver parecía puro. La diosa y la cortesana tenían ambas, en el muslo izquierdo, el mismo lunar.
Kali no volvió, nenúfar de perfección, a sentarse en el trono del cielo de Indra. El cuerpo, al que habían unido la cabeza divina, sentía nostalgia de los barrios de mala fama, de las caricias prohibidas, de los cuartos en donde las prostitutas meditan secretas orgías, acechan la llegada de los clientes a través de las persianas verdes. Se convirtió en seductora de niños, incitadora de ancianos, amante despótica de jóvenes, y las mujeres de la ciudad, abandonadas por sus esposos y considerándose ya viudas, comparaban el cuerpo de Kali con las llamas de la hoguera. Fue inmunda como una rata de alcantarillas y odiada como la comadreja de los campos. Robó los corazones como si fueran un pedazo de entraña expuesto en los escaparates de los casqueros. Las fortunas licuadas se pegaban a sus manos como panales de miel. Sin descanso, de Benarés a Kapilavistu, de Bangalor a Srinagar, el cuerpo de Kali arrastraba consigo la cabeza deshonrada de la diosa, y sus ojos límpidos continuaban llorando.

Una mañana, en Benarés, Kali, borracha, haciendo muecas de cansancio, salió de la calle de las cortesanas. En el campo, un idiota que babeaba tranquilamente sentado en un montón de estiércol se levantó al verla pasar y se echó a correr tras ella. Ya sólo le separaba de la diosa la longitud de su sombra. Kali aminoró el paso y dejó que el hombre se acercara.
Cuando él la dejó, emprendió de nuevo el camino hacia una ciudad desconocida. Un niño le pidió limosna; ella no le avisó de que una serpiente dispuesta a morder se erguía entre dos piedras. Sentía un gran furor contra todo ser viviente y al mismo tiempo un deseo atroz de aumentar con ello su sustancia, de aniquilar a las criaturas saciándose con ellas. Se la pudo ver en cuclillas junto a los cementerios; su boca masticaba los huesos como los dientes de las leonas. Mató como el insecto hembra que devora a sus machos; aplastó a los hijos que paría como una cerda que se revuelve contra su camada. Y a los que exterminaba, los remataba después bailando encima de ellos. Sus labios, maculados de sangre, exhalaban el mismo olor insípido de las carnicerías, pero sus abrazos consolaban a sus víctimas y el calor de su pecho hacía olvidar todos los males.

En la linde de un bosque, Kali tropezó con el Sabio.

Se hallaba sentado, con las piernas cruzadas, con las palmas unidas, y su cuerpo descarnado estaba tan seco como la leña preparada para encender la hoguera. Nadie hubiera podido adivinar si era muy joven o muy viejo; sus ojos, que todo lo percibían, apenas eran visibles por debajo de sus párpados medio cerrados. La luz se disponía en torno a él en forma de aureola, y Kali sintió subir de las profundidades de sí misma el presentimiento del gran descanso definitivo, parada áe los mundos, liberación de los seres, día de bienaventuranza en que la vida y la muerte serían igualmente inútiles, edad en que Todo se resorbe en Nada, como si esa pura nada que acababa de concebir se estremeciera en ella a la manera de un futuro hijo.
 
El Maestro de la gran compasión levantó la mano para bendecir a la que pasaba.

- Mi cabeza muy pura fue soldada a la infamia -dijo ella-. Quiero y no quiero; sufro y, no obstante, gozo; me da horror vivir y miedo morir.

-Todos estamos incompletos - dijo el Sabio -. Todos nos hallamos divididos y somos fragmentos, sombras, fantasmas sin consistencia. Todos creemos llorar y gozar desde hace siglos.

- Yo fui diosa en el cielo de Indra - dijo la cortesana.

- Y tampoco estabas libre del encadenamiento de las cosas, y tu cuerpo de diamante no estaba más resguardado de la desgracia que tu cuerpo de barro y carne. Tal vez, mujer sin ventura, al errar deshonrada por los caminos te hallas más cerca de acceder a lo que no tiene forma.

- Estoy cansada -gimió la diosa.

Entonces tocando las trenzas negras y manchadas de ceniza con la punta de los dedos, dijo el Sabio:

- El deseo te enseñó la inanidad del deseo; el arrepentimiento te enseña la inutilidad de arrepentirte. Ten paciencia, ¡oh, Error!, del que todos formamos parte... ¡Oh, Imperfecta!, en quien la perfección toma conciencia de sí misma, ¡oh Furor!, que no eres necesariamente inmortal...
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jueves, 14 de febrero de 2013

El Verdadero Guerrero

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De Relatos eternos para aprender a aprender
de José María Doria


Satoor era un verdadero campeón de las Artes Marciales de su escuela, pero aún a pesar de su destreza, sabía que todavía no conocía plenamente las Artes Marciales que él en su corazón presentía. Y aunque dominaba el manejo de los músculos y sabía de la rapidez y del coraje, también intuía que carecía de algo importante, algo... que quizá tenía que ver con la conciencia despierta.

Llegó el día en que decidió cambiar su vida y dirigirse a un lugar en las montañas en el que se hallaba un conocido maestro de nombre Budham. Satoor pensaba que aunque dicho maestro no era precisamente el más famoso, quizá porque nunca asistía a competiciones, presentía que era el único capaz de transmitir y despertar lo que en tantas ocasiones atrás había percibido.

Cuando se presentó ante las puertas de aquel monasterio, en donde hombres y mujeres eran fuertemente entrenados, pidió a Budham que le admitiese.

Tras escuchar el relato de Satoor, esbozó una enigmática sonrisa y dijo:

- No estás preparado para asimilar la enseñanza de este lugar. No sabes de paciencia y no debo sembrar la semilla en una tierra insuficientemente trabajada

- Pero Maestro - interpeló Satoor -, haré lo que me pidas, vengo desde muy lejos y he llegado aquí tan sólo con el deseo de aprender los secretos milenarios de la flexibilidad y de la fuerza.

- Por lo que te observo - respondió Budham -, No tienes desarrollada tu templanza, eres caprichoso y tu mente está llena de espejismos y burbujas ilusorias. No sabes aplazar tus deseos y además eres un inmaduro para los frutos del alma. Así que lárgate -, dijo dando media vuelta y cerrando aquella enorme puerta.

Satoor se sentía frustrado y deprimido, sin embargo seguía percibiendo que allí, tras aquellas puertas se enseñaba lo que siempre había presentido. Por tal motivo, decidió sentarse y esperar pacientemente junto al umbral de la entrada.

Pasaron tres días y tres noches en los que Satoor se mantuvo ante el umbral, hasta que al final...

Budham apareció de nuevo y dijo:

- Te he dicho que no estás preparado.

- Pero Maestro -, dijo Satoor - Juro por mis padres que obedeceré sin rechistar lo que me ordenes, por difícil que esto me parezca.

Budham, mirándole fijamente, dijo con severidad:
 
- ¿Prometes realmente obedecer sin rechistar lo que aquí se te ordene durante un período de 7 años?

-  Sí, sí, lo juro, lo juro -, dijo Satoor con una ráfaga de esperanza en su rostro.

El Maestro abrió la puerta y Satoor cruzó el umbral.

Cuando transcurrieron los dos primeros años, Satoor seguía haciendo las labores más básicas de la cocina y de la limpieza de aquel enorme lugar, sin todavía haber pisado una plataforma de instrucción. Sin embargo, pensaba para sus adentros: "El Maestro debe estar probándome, por lo que debo aguantar. Seguro que, de un momento a otro, comenzará mi enseñanza".

Cuando habían transcurrido otros dos años sin salir de aquel lugar, Satoor seguía sirviendo en la casa. El joven limpiaba, cocinaba, arreglaba el jardín y cuidaba de las labores más modestas. Y aunque ya no se mostraba tan inquieto e impaciente, a veces se decía:

- No sé, no sé, creo que he caído en manos de un sinvergüenza que me explota. Maldita promesa que le hice. Desde luego, ¡Qué gran error he cometido cayendo en manos de este caradura que encima ni me habla!.

Habiendo transcurrido ya cerca de los cinco años de permanencia en aquel lugar, Satoor se encontraba tan adaptado que ni recordaba lo que había venido buscando. Podría afirmarse que las Artes Marciales y sus juveniles objetivos de llegada le dejaban indiferente. Sentía que una parte ilusionada de sí mismo había sido disuelta, y no contaba ya más que con un inmediato presente.

... Aquella tarde, aparentemente como las demás, encontrándose en el jardín, apareció de repente Budham blandiendo un gran bastón de bambú y, sin venir a cuento, le asestó un formidable golpe en la espalda. Hecho esto, desapareció rápidamente sin decir nada.

- ¡Andá! Si además de explotador está loco el viejo imbécil éste!, se dijo Satoor horrorizado.

Al día siguiente por la noche, encontrándose Satoor dormido fue, de súbito despertado por la nueva llegada de Budham que le propinó un bastonazo en la cabeza, haciéndole ver todas las estrellas del firmamento. Hecho esto se retiró rápido y silencioso...

Satoor se dio cuenta que si quería salvar su vida de manos de ese loco furibundo, tenía que estar atento... tenía que guardar una sostenida alerta.

A los pocos días y encontrándose lavando trastos en la cocina, Budham se presentó de improviso a su espalada y trató nuevamente de golpearlo, pero, ¡Oh sorpresa! Satoor que ya empezaba a despertar, lo intuyó repentino y, girando vertiginoso paró el formidable golpe del maestro con una cacerola. Budham desapareció de inmediato.

Poco a poco, tanto en las noches como en los días, Satoor presentía. Se podía decir que percibía con sus sentidos internos, de pronto abiertos, las llegadas furtivas de Budham, antes de que los golpes llegaran a su dolorido cuerpo. Satoor vivía en un estado acrecentado de atención y ninguna labor que realizaba ocupaba tanto su consciencia como para no percibir la llegada sorpresa de los sucesos que lo probaban.

Y así día a día... abriendo cada vez más su intuición y flexibilidad, expiró el plazo que había jurado mantener. Fue entonces cuando Budham, de manera insólitamente amorosa y con un brillo de lucidez y complicidad en sus ojos, le dijo: "Bien mi querido Satoor. Has finalizado ya tu aprendizaje y estás preparado para enfrentar los tres peores enemigos del guerrero interior:

"La autocompasión, La desatención y la impaciencia"


Lo que aquí has aprendido, de hoy en adelante lo enseñarás sobre la Tierra.
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lunes, 24 de septiembre de 2012

La peregrinación al Kailash


De Cuentos Himalayosrecopilados por Ramiro Calle


Dos monjes se reunieron a conversar. El joven partía al día siguiente para efectuar una larga peregrinación por diversos lugares sagrados, incluido el Kailash, la sagrada morada de Shiva.

- También yo voy a hacer esa peregrinación - dijo el monje mayor - llevo mucho tiempo preparándome para ella, pero voy a partir en seguida para el monte Kailash. Así que ya nos contaremos nuestras impresiones y vivencias de la peregrinación cuando nos encontremos nuevamente.

- Claro que sí. Saldré al amanecer. Además del Kailash, quiero peregrinar a otros lugares santos, por lo que estaré fuera varios meses.

- ¿Varios meses? ¿Y qué llevarás contigo para tanto tiempo?

- Mis sencillas posesiones. No necesito nada más - repuso el monje joven -. O sea, la escudilla para mendigar mis alimenbtos y el jarrito para el agua.

- Pues sí - dijo el monje mayor -. Llevo ya muchos años queriendo hacer esta peregrinación, pero nunca termino de prepararme, pues siempre tengo la sensación de que se me olvida llevarme algo. Pero no voy a dejar pasar más tiempo. Yo también saldré en seguida. Ya nos contaremos.

El monje partió de viaje. Peregrinó hasta el Kailash y también a numerosos santuarios himalayos. Después de un año, regresó al monasterio. Se reunió con el monje mayor, que en seguida le preguntó:

- ¿Qué tal la peregrinación?

- Ha sido fatigosa, pero estoy muy satisfecho de haberla hecho. Pero ¿Y usted? ¿Ya fue y regreso del Kailash?

El monje mayor dijo:

- Será inmediatamente. Todavía no he conseguido acabar con mis preparativos, pero peregrinaré en seguida.

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Por falta de motivación y esfuerzo correcto, todos, también espiritualmente, padecemos la enfermedad del mañana, es decir, de seguir postergando nuestro viaje espiritual como si la vida fuera eterna.
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lunes, 10 de septiembre de 2012

La hoja de jade

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De Cuentos Himalayosrecopilados por Ramiro Calle


El primer ministro y el rey departían a menudo, pues ambos se llevaban bien y compartían sus inquietudes. Al primer ministro le encantaba la naturaleza y cuando se lo confesó al monarca, éste le dijo:

- Por cierto, ¿podrá algún artista imitar la naturaleza?

- La naturaleza es inimitable, señor - contestó respetuosamente el primer ministro.

Pero el monarca no estaba tan convencido de ello y convocó un concurso para premiar al artista que mejor imitase algún elemento de la naturaleza. El monarca le dijo al primer ministro:

- Si alguien imita perfectamente algún elemento de la naturaleza, te dejaré un mes sin paga; si nadie puede conseguirlo, un mes te la duplicaré.

- Me parece justo, majestad - dijo el primer ministro.

Escultures de distintas partes del reino presentaron primorosas esculturas de rocas, árboles, flores y arbustos, pero ninguna era capaz de imitar perfectamente los elementos de la naturaleza.
Cuando el premio iba a declararse desierto, llegó un escultor y mostró una hoja perfectamente tallada en jade. Era como una hoja de verdad y resultaba imposible distinguir la hoja natural de la hoja de jade. Había tardado una década en conseguir una obra tan perfecta. El monarca le concedió el premio y aquella noche le dijo a su primer ministro:

- Me temo, señor ministro, que te voy a dejar un mes sin tu paga.

El ministro repuso:

- Señor, estaría de acuerdo con su majestad si un árbol tardara diez años en hacer una hoja. Claro que en ese caso, ¡Apañados estaríamos!
El rey duplicó ese mes la paga de su primer ministro.

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* Cada uno debe hacer su propio trabajo y cumplir su propio destino, en lugar de dedicarse a la imitación, por perfecta que ésta sea.
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martes, 7 de agosto de 2012

El punto de equilibrio

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De Cuentos Himalayosrecopilados por Ramiro Calle

 
Un yak y un búfalo habían entablado una gran amistad, pero no les resultaba fácil mantenerla porque, como sabemos, el búfalo es un bovino que se adapta mejor a las planicies y el yak es un animal de alturas, típico de los himalayas. Eso quería decir que cuando el búfalo acudía a visitar al yak, se agotaba, sufría del mal de las alturas, se mareaba y perdía sus fuerzas, mientras que el yak sentía un calor terrible, perdía toda su energía y se sentía muy abatido cuando acudía a visitar a su amigo el búfalo. ¿Qué podían hacer? Se querían entrañablemente, pero cada vez que uno iba a visitar al otro, el encuentro se convertía en un tormento para uno de ellos. Oyeron hablar de un sabio que vivía en meditación en la jungla y decidieron consultarle. Llegaron los buenos animales ante el eremita y le expusieron lo que les ocurría. Estaban visiblemente preocupados, por lo que el sabio les dijo:

- No os intranquilicéis. Calmaos.

Pero estaban tan entristecidos los bovinos que incluso había lágrimas en sus ojos. El sabio añadió:

- Lo importante en esta vida es hallar siempre que sea posible el punto de equilibrio.

- ¿El punto de equilibrio? - preguntaron extrañados los bovinos.

- Sí, sí - dijo el sabio - ¿Para qué creéis que he meditado tanto en esta vida, amigos míos? Pues, para hallar el punto de equilibrio.

Escépticos, los animales preguntaron:

- ¿Y eso puede ayudarnos en nuestras dificultades?

- Por supuesto - aseveró el sabio -. La respuesta siempre está en el punto de equilibrio. Os voy a decir qué tenéis que hacer. Buscad conjuntamente un terreno intermedio en el que podáis encontraros cuando deséeis veros. Ceded cada uno un poco. Tú yak, descenderás hasta donde te sea posible sin sentirte mal, y tú búfalo, ascenderás hasta donde puedas, sin perjudicarte. En esa franja intermedia de terreno celebraréis vuestros encuentros. Cada uno cederá un poco y así encontraréis el punto de equilibrio.

Desde aquel día el búfalo y el yak pudieron encontrarse con periodicidad. Habían hallado la solución y la respuesta en el punto de equilibrio.

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* El equilibrio es la senda clara del medio entre los extremos. Los extremos son trampas, emboscadas. El equilibrio es el orden, armonía, visión esclarecida, comprensión profunda y flexibilidad. El aspirante debe aprender a equilibrar y reequilibrar, evitando la intolerancia, la rigidez, la visión dogmática, la actitud egocéntrica, la ofuscasión y el extremismo.
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jueves, 19 de abril de 2012

Estar despierto

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 .....................................De: Los 120 mejores cuentos de las tradiciones orientales ......................................................................................................de Ramiro Calle

Un grupo de personas fueron a preguntar a un maestro:

- La gente sufre calamidades, muere a veces miserablemente, muchos sufren, tienen problemas, se odian, se traicionan... ¿cómo puedes permanecer indiferente a todo eso?¿Cómo es que si eres un iluminado, no ofreces tu ayuda a los demás?

El maestro contestó:

-Imaginen que están soñando. En el sueño van en un barco y éste se hunde. En ese momento se despiertan. Les pregunto entonces: ¿Se vuelven a dormir para prestar ayuda a los pasajeros de su sueño?

Mi Dios es el único y verdadero




.........................................De: Los 120 mejores cuentos de las tradiciones orientales
...........................................................................................................de Ramiro Calle

Un gato pasó casualmente junto a una asamblea de perros cuyo líder decía:

-¡Hermanos, recemos juntos y pidamos con fervor que el Gran Dios Perro nos envíe del cielo buenos y abundantes huesos!

El gato se alejó de allí, diciendo para sí:

-¡Estúpidos idólatras, ignorantes infieles! ¿Cómo es posible que le recen a ese dios de paganos y no al verdadero Gran Dios Gato, y cómo es posible que en vez de huesos no pidan ratones?
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