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miércoles, 1 de febrero de 2017

El Contrabandista

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Cuento de Mulla Nasrudin, de Idries Shah

Nasrudin solía cruzar la frontera todos los días, con las cestas de su asno cargadas de paja. Como admitía ser un contrabandista cuando volvía a casa por las noches, los guardas de la frontera le registraban una y otra vez. Registraban su persona, cernían la paja, la sumergían en agua, e incluso la quemaban de vez en cuando.

Mientras tanto, la prosperidad de Nasrudin aumentaba visiblemente.

Un dia se retiro y fue a vivir a otro país, donde, unos años mas tarde, le encontró uno de los aduaneros.

- Ahora me lo puedes decir, Nasrudin, ¿Que pasabas de contrabando, que nunca pudimos descubrirlo?

- Asnos - contestó Nasrudin.
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El hecho de que la persona media piense según unas pautas determinadas y no pueda adaptarse a un punto de vista muy diferente, le hace perder gran parte del sentido de la vida. Puede vivir, incluso progresar, pero no puede comprender lo que ocurre.
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miércoles, 14 de diciembre de 2016

"الحج في الإسلام"

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De Islam, espíritu y forma de Osman Nuri Topbaş
Capítulo 5: La Peregrinación a la Meca

En aquella época Aziz Mahmud Hudai era juez en Bursa, una ciudad Otomana importante. Un día tuvo que confrontarse con un interesante caso. Le vino una mujer y se quejó: “¡Oh juez honorable! Mi marido intenta ir al hayy cada año pero debido a nuestra pobreza nunca ha podido hacerlo. Este año lo intentó también pero no pudo. Sin embargo, unos días antes de la peregrinación desapareció y volvió cinco o seis días más tarde, diciendo que ha hecho la peregrinación. ¿Cómo puede ser posible en un tiempo tan corto? Quiero divorciarme de este mentiroso tan grande.”

El juez se sorprendió y preguntó al marido: “¿Cómo has ido y vuelto en menos de una semana?” En aquella época este viaje duraba, incluso utilizando los medios de transporte más rápidos, muchos meses. El hombre contestó:

- ¡Señor juez! Estaba muy afligido por no poder hacer la peregrinación. Fui a ver a uno de los amigos de Allah, Mehmed Efendi, y le hable de mi problema. Me dijo que cerrara los ojos y cuando volví a abrirlos estaba delante de la Ka’abah.

El juez, quien nunca antes había tenido un caso tan extraño, se negó a creer en sus palabras y no aceptó el testimonio del hombre. Sin embargo, el hombre, todavía bajo el efecto del viaje a estos lugares extraordinarios le hizo al juez la siguiente pregunta:

- ¡Oh juez honorable! Satanás, el enemigo de Allah, puede dar la vuelta al mundo en un segundo. ¿Por qué entonces no puede un amigo de Allah viajar a la Ka’abah en el mismo tiempo?

El juez, Mahmud Hudayi, aceptó como razonable esta respuesta y aplazó su sentencia hasta que los peregrinos volviesen de las tierras  santas para comprobar si el hombre había o no estado allí. Muchas semanas después los peregrinos volvieron y Hudayi les preguntó si vieron al hombre ante la Ka’abah realizando los ritos de la peregrinación. Para su gran sorpresa confirmaron que le habían visto. El juez se vio obligado a rechazar la acusación contra él ya que obviamente no era un embustero.

Después de este interesante incidente Hudayi encontró a Mehmet Efendi, un sufi muy conocido en aquella época y a través de él llegó al gran maestro sufi Uftada. Se convirtió en su seguidor y discípulo espiritual. Bajo la guía de Uftada, Hudayi alcanzó un estado muy alto en el camino sufi y él mismo llegó a ser un gran maestro sufi. Su tumba, en el barrio de Uskudar de Istanbul, esta llena de gente que la visita durante todo el día.
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viernes, 25 de noviembre de 2016

¡Haz!

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 Cuento sufí

Un discípulo llegó a lomos de su camello ante la tienda de su maestro sufí. Desmontó, entró en la tienda, hizo una profunda reverencia y dijo:

— Tengo tanta confianza en Dios, que he dejado suelto a mi camello ahí fuera. Estoy convencido de que Dios protege los intereses de los que lo aman.

— ¡Pues ve afuera y ata tu camello, estúpido! Dios no puede ocuparse de hacer en tu lugar lo que eres perfectamente capaz de hacer por ti mismo — le dijo el maestro.
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miércoles, 23 de noviembre de 2016

El turbante

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Cuento sufí 

Se cuenta que un hombre un día encontró en un baúl un retazo de una preciosa tela que pertenecía a sus antepasados.
 
El baúl siempre había estado en el desván pero nuestro hombre no tuvo curiosidad por ver lo que contenía hasta el día en que decidió cambiarse de casa y tuvo que efectuar los embalajes para la mudanza. Como en su familia era costumbre llevar turbante quiso hacerse uno con aquel tejido, pero por más que lo intentó no lo logró. Los frustrados intentos le dejaron muy pensativo y preocupado: O su cabeza era demasiado grande o sus predecesores tenían "poca cabeza". Sin darle más vueltas al asunto decidió sacarle partido a aquella herencia y llevó el retal al mercado para venderlo en la habitual subasta de los sábados.

Una vez comenzada la subasta nuestro hombre comenzó a ver, con creciente malestar, como el subastador encomiaba la tela y las ofertas iban subiendo más y más. Consideraba que estaban sobrevalorando el tejido, y no quería engañar a sus vecinos. Su desasosiego llegó al límite cuando se dio cuenta que la persona que hasta entonces había hecho la oferta más alta era un erudito profesor muy valorado por sus aportaciones intelectuales en la comunidad. ¡Seguro que un hombre poseedor de tanto conocimiento debe de tener una cabeza más grande que la mía, así que tampoco podrá hacerse un turbante con el trozo de tela de mis antepasados! No puedo tolerar este engaño, pensó. Así que se acercó furtivamente al profesor y le murmuró al oído: ¡No vale la pena comprar esa tela, es demasiado corta para un turbante!

El profesor al escucharle volvió hacia él su rostro y con mirada de asombro le respondió: ¿En "qué cabeza cabe" que quiera hacerme un turbante con esa reliquia? Voy a enmarcar ese valioso tapiz y colocarlo en un lugar destacado de mi estudio para tener siempre presente la leyenda que lleva bordada: "Todo tiene su valor pero hay que saberlo reconocer."
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martes, 15 de noviembre de 2016

El miedo al fracaso

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Cuentos de Mulla Nasrudin

Una mañana, Nasrudín envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y comenzó a gritar:

– ¡Hoy tendremos un concurso, quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro!

Las personas lo miraban sorprendidas, pero él seguía gritando:

– ¡Lo que está dentro de este pañuelo tiene un centro amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está dentro de una cáscara que se rompe fácilmente!

La gente seguía mirándole con sorpresa y él no paraba de gritar:

– ¡Lo que está dentro de este pañuelo es un símbolo de la fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos! ¿Quién es capaz de decirme de qué se trata?

Evidentemente, todos pensaban que Nasrudín tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza equivocándose delante de los demás.

Nasrudín preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo equivocado. Entonces, abrió el  pañuelo y mostró a todos el huevo.

– Todos conocíamos la respuesta - afirmó - y nadie se atrevió a decirla. Así es la vida de los cobardes, que no tienen el valor de arriesgarse. Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo al fracaso.
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viernes, 23 de septiembre de 2016

Los tres consejos del pájaro mágico

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De Rumi: El Loro Maravilloso y otros inspiradores relatos de sabiduría
Contado por Arthur Scholey


Sirviéndose de su astucia y de una trampa cuidadosamente dispuesta, en cierta ocasión un cazador capturó a un ave. Para su sorpresa, cuando estaba a punto de matarla para comérsela, el pájaro le habló del siguiente modo:

- Mi apreciado dueño - dijo el ave -, en su momento has comido cordero e incluso buey y te has levantado de la mesa sin haber saciado completamente tu apetito, ¿cómo crees, pues, que te vas a sentir satisfecho con la escasa carne  que puedas arrancar de mis huesos? Sin embargo, si me liberas, te transmitiré tres consejos mágicos que te serán de incalculable valor. ¿Qué me dices?

El sorprendido cazador no pudo sino mostrarse de acuerdo.

- Entonces, conforme - prosiguió el ave -. Escucha con atención. El primer consejo te lo diré tan pronto como abras tu mano. El segundo te lo transmitiré desde el tejado de tu casa y el tercero desde ese árbol que está ahí. Si prestas la debida atención a lo que voy a decirte, serás muy afortunado. Así pues, ¿estás dispuesto?

En ese momento, el hombre abrió la mano.

- Gracias - dijo el pájaro -. Ahora te diré el primer consejo: Si lo que te dicen es una obvia tontería, no lo creas, sea quien sea que te lo diga.

Habiendo dicho eso, el pájaro se encaramó rápidamente sobre el techo.

- Aquí está el segundo consejo: No te lamentes por lo que has perdido, olvídalo. Tengo que decirte también - prosiguió diciendo el pájaro - que he ingerido una preciosa perla de más de diez kilos de peso que podría haberte procurado riqueza y prosperidad a ti y a tus descendientes durante varias generaciones. Pero al liberarme, la has perdido.

El hombre comenzó a gemir y a gritar, aullando lastimeramente y rasgándose las vestiduras a causa del pesar y el arrepentimiento.


- Vamos, vamos - dijo el pájaro -, ¿qué sentido tendrían que te hubiese dado todos esos consejos si no pudieses sacar algún partido de ellos? ¿Acaso no te he dicho que uno debe olvidar lo perdido y no lamentarse por ello? Así pues, deja de lamentarte. Has prestado tan poca atención a mi segundo consejo como al primero.

- ¿Qué quieres decir? - preguntó el hombre.

- ¿No te he dicho que no ceas en lo que a todas luces es una insensatez? Yo no peso ni un kilo. Lo sabes porque me has sostenido en tu mano. ¿Cómo podría ocultar en mi interior una perla de diez kilos?

- Por supuesto, por supuesto - respondió aliviado el hombre -. Así que ahora, pájaro sabio, dame el tercer consejo.

Entonces el pájaro se encaramó a la copa del árbol.

- A la vista de la poca utilidad que has sacado de mis dos primeros consejos - respondió el pájaro - he decidido que darte un tercer consejo sería una completa pérdida de tiempo. De manera que adiós.

Y el ave se marchó volando...
   

lunes, 5 de septiembre de 2016

Tú eres mi único tesoro

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Cuento sufí

Hace mucho tiempo, cuando los pueblos todavía eran nómadas y la vida transcurría al abrigo de sencillas tiendas de lona buscando los pastos más adecuados para el ganado, cruzó el desierto una familia de beduinos. El Padre, famoso en la región por su bondad y sabiduría, reunió a todos sus hijos e hijas, yernos y nueras, nietos y nietas, cargando sus pertenencias sobre los camellos, y salió a buscar un nuevo destino. Pero en la travesía, el camello que llevaba el tesoro que había reunido durante muchos años de esfuerzo, tropezó y cayó, desperdigándose todas las joyas sobre la fina arena. El hombre, viendo lo sucedido, llamó a su familia y les dijo: 
 
- Mirad, estos son todos los tesoros que he guardado para vosotros. Que cada cual coja el que más le guste y se lo quede
 
Obedeciéndole, uno cogió una corona, buscando no obstante el permiso paterno con la mirada. Otro cogió un cetro, pidiendo igualmente permiso. Algunos tomaron anillos de oro, otros túnicas de fina tela, gargantillas, pulseras y demás joyas. Solamente el más pequeño de los hermanos permaneció inmóvil al lado del Padre. Pero cuando el hombre se percató, miró a su hijo y le preguntó:
 
- ¿Por qué no coges tú también lo que más te guste? 
 
– Padre – dijo el pequeño - ¿De veras puedo coger lo que más quiera? 
 
– Claro, hijo mío, toma el tesoro que desees 
 
Entonces, el pequeño, poniéndose frente a él, lo abrazó fuertemente, acurrucándose en su regazo, y le dijo:
 
 - Padre, tú eres mi único Tesoro
 
Y el Padre, tocado en lo más profundo de su corazón, igualmente abrazó a su hijo contra su pecho sin poder contener las lágrimas
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 El Padre, en este cuento, representa a Dios, que nos ha ofrecido todos sus tesoros. Y el hijo es el alma del derviche que, aun pudiendo escoger entre todos ellos, sin embargo sabe que el mayor Tesoro es el Dador mismo de Tesoros, por eso lo abraza contra su pecho sin fijarse en nada más.
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sábado, 16 de julio de 2016

La ambición de la hormiga

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De Rumi: El Loro Maravilloso y otros inspiradores relatos de sabiduría
Contado por Arthur Scholey

- De modo que conociste a una hormiga que te dijo que, algún día, esperaba llegar a ser tan poderosa como el rey Salomón. ¿Y no te partiste de risa?

- ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Acaso todo lo que alcanzamos - experiencia, oficio, conocimiento, pericia - no fue alguna vez tan diminuto como una hormiga?

miércoles, 6 de julio de 2016

La importancia de la luna

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Cuento de Mulla Nasrudin

Nasrudin entró a una casa de té y declamó:

- La luna es más útil que el sol.

- ¿Por qué? - le preguntaron.

- Porque por la noche todos nosotros necesitamos más luz.
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lunes, 6 de junio de 2016

¿Saben de qué les voy a hablar?

Cuento de Mulla Nasrudin

Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente. 

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabia que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba. 

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo: 

- Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.
 
La gente dijo: 

- No… ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte! 

Nasrudin contestó: 

- Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.
 
Dicho esto, se levantó y se fue.
 
La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

- ¡Qué inteligente!
 
Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡si, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir: 

- Qué inteligente.

- Qué inteligente. 

Hasta que uno añadió: 

- Sí, qué inteligente, pero… qué breve. 

Y otro agrego: 

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.
 
Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia. 

Nasrudin dijo: 

- No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.
 
La gente dijo: 

- ¡Qué humilde!
 
Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia. 

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica: 

- Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.
 
La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron: 

- Sí, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido. 

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió: 

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.
 
Se levantó y se volvió a ir.
 
La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó: 

- ¡Brillante!
 
Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir: 

- ¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!
 
- Qué maravilloso

- Qué espectacular

- Qué sensacional, qué bárbaro 

Hasta que alguien dijo: 

- Sí, pero… mucha brevedad.

- Es cierto - se quejó otro

- Capacidad de síntesis - justificó un tercero.

Y en seguida se oyó: 

- Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!
 
Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen. 

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia. 

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo: 

- Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.
 
Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo: 

- Algunos sí y otros no. 

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada. 

Entonces el maestro respondió: 

- En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben.
 
Se levantó y se fue.
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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Maestros y esclavos

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 Cuento sufí

Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche arapiento.
 
El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.

El derviche contestó:
 
- Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes : dinero, poder, posición social. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?.
 
La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.
 
- ¿Qué quieres decir? - gritó.
 
- Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia - dijo el derviche tranquilamente.
 
Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche. .

sábado, 22 de noviembre de 2014

حکمت

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Cuento sufi
Decía un Maestro a sus discípulos:

- Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.

Alguien le preguntó:

-¿Que es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

- Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.
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martes, 28 de octubre de 2014

El Derviche que se encontró con un burro en sus sueños

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De El jardín de los derviches de Sheikh Muzzafer Ozak
(La Importancia de los Sueños)
    
Una vez un gran sheikh tenía entre sus seguidores un derviche que se enorgullecía de su devoción. El sheikh instruyó al piadoso derviche que observe un período de retiro solitario. Recluido en su cuarto, el discípulo se entregó a sí mismo diligentemente al recuerdo y la contemplación hasta que un burro apareció y trastornó su concentración.

“Reverendo Sheikh”, se quejó a su guía, “un burro me atacó en mi cuarto. Me molestó tanto que me sentí muy perturbado para seguir con mi recuerdo y meditación”.

 “Vuelve a tu cuarto”, le dijo el venerable Sheikh.

“Si ese burro vuelve y te interfiere nuevamente, ¡tómalo de las orejas y llámame!
El piadoso derviche asintió. No mucho después de haber vuelto a su cuarto y retomado sus devociones es que el burro hizo su aparición nuevamente. Esta vez el discípulo tomó el animal de las orejas y gritó llamando al sheikh.

El Maestro esperaba el llamado.

Apenas abrió la puerta del cuarto, encontró al piadoso derviche tomándose de sus propias orejas. A la señal de su maestro, el tonto volvió a sus cabales. Viendo el verdadero estado del asunto, el tomó conciencia que las orejas del burro que había tomado no eran otras que las suyas.

Se arrojó a los pies de su Sheikh, lamentándose y humillándose mientras clamaba por una clarificación.

El venerable Sheikh entonces interpreto la ocurrencia diciendo:

“El burro que apareció para atacarte impidiéndote de realizar tu remembranza y meditación, era el animal formado de tu propia naturaleza interior. Su aparición indica que tú todavía no eres interiormente un ser humano”.
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De acuerdo a sus respectivas faltas y debilidades la gente tiene comportamientos de varios animales.

Por ejemplo, una persona sensual, dominada y controlada por deseos carnales, se comportará como un burro; una persona tirana y cruel, como una serpiente; una persona con una lengua maliciosa, como un escorpión; un engañador como un zorro; uno que vive de las ganancias de otro, como una rata o un cerdo; aquél que alienta al opresor y machaca al débil, como un perro; el vicioso desagradecido, como un gato; aquél que es falso con los demás, como un mono; al que hace gala de, como una hiena; un tipo destructivo como un leopardo, un tigre o un oso.

Entrenar a esos animales para desempeñarse en el circo es una tarea mucho más fácil que domesticar el ser humano que esta revestido de ellos en carácter.
La malicia y la corrupción son característica del hombre más que los animales. Pero no nos olvidemos que ser interiormente humano es ser superior que los mismos ángeles.
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