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jueves, 16 de octubre de 2014

El amor y la Pasión

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De cuentos para aprender a aprender
de José María Doria

En un lejano reino, allí donde se cruzan los vientos del Este con los del Oeste, los del Norte con los del Sur, se hallaba una princesa locamente enamorada de un apuesto capitán de su guardia y, aunque tan sólo contaba con 18 años de edad, no tenía ningún otro deseo que casarse con él, aún a costa de lo que perdiera. 

Su padre que tenía fama de sabio no cesaba de decirle: 

“No estás preparada para recorrer el camino del matrimonio. El amor, a diferencia de la pasión, es también voluntad y renuncia y, así como se expande y se recrea en las alegrías, así también profundiza y se adentra a través de las penas. Todavía eres muy joven y a veces caprichosa. Si buscas en el amor del matrimonio tan sólo la paz y el placer no es éste el momento de casarte”. 

"Pero padre", decía ella, "sería tan feliz junto a él que no me separaría ni un sólo instante de su lado. Compartiríamos hasta el más oculto de nuestros deseos y de nuestros sueños." 

Entonces el Rey, reflexionando se dijo: 

"Las prohibiciones hacen crecer el deseo, y si le prohíbo que se encuentre con su amado, su deseo por el mismo crecerá desesperado. Pero, por otra parte, ella se asemeja a un tierno e inexperto capullo que desea abrir su fervor y fragancia...".

 Y así, en medio de sus cavilaciones, de pronto recordó las palabras pronunciadas por el anillo de los sabios que, en ese momento, sonaron a sus oídos en boca de Kalil Gibran: 

"Cuando el amor llame a vuestro corazón seguidlo, aunque sus senderos sean arduos y penosos". "Cuando sus alas os envuelvan, entregáos, aunque la espada entre ellas escondida os hiera".

"Y cuando os hable, creed en él, aunque a veces su voz rompa vuestros sueños, tal como el viento norte azota los jardines, porque así como el amor corona de jazmines y rosas, así también crucifica con espinas." 

"Pero si en vuestro miedo, buscáreis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales hacia un mundo de primaveras donde reiréis pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas."

Tras el paso de esas resonancias, dijo el Rey al fin: 

"Hija Mía, voy a someter a prueba tu amor por ese joven. Vas a ser encerrada con él durante 40 días y 40 noches en una lujosa cámara de la Torre de Marfil del Castillo de Primavera. Si al finalizar este período, sigues queriéndote casar, significará que sabes de individualidad y resistencia. Significará también que ya eres madura de corazón y que estás preparada para la creación de un hogar. Entonces te daré mi consentimiento." 

La princesa, presa de una gran alegría, dio un abrazo a su padre y aceptó encantada someterse a la prueba. Se diría que su mente estallaba plena de imágenes y expectativas en las que rebosaba felicidad. 

Y en efecto, todo discurrió armoniosamente durante los primeros días, en los que los amantes no cesaban de saciar sus deseos anteriormente retenidos, y colmar sus íntimas carencias... pero tras la excitación y la euforia de las caricias, besos y susurros de las luces, no tardaron en presentarse las dudas y contradicciones de las sombras que al no saber como entenderlas y vivirlas, se convirtieron en rutina y aburrimiento. Y lo que al principio sonaba a embelesadora música a oídos de la princesa, se fue tornando en sonido infernal.

Aquella hermosa joven de cabellos púrpura comenzó a vivir un extraño vaivén entre el dolor y el placer, entre la alegría y la tristeza, entre la admiración y el rechazo, por lo que antes de que transcurrieran dos semanas, la princesa ya estaba suspirando por otro hombre del pasado o del futuro, llegando a repudiar todo cuanto dijera o hiciera su amante.

A las tres semanas, se encontraba tan harta de su pareja que, presa de una intensa rabieta, se puso a chillar y aporrear la puerta de la celda. 

Cuando al fin consiguió salir, volvió a los brazos de su padre, agradecida de haber sido liberada de aquel ser que aún no entendía cómo había llegado primero a amar y más tarde aborrecer. 

Al tiempo, cuando la princesa recobró la serenidad perdida, y encontrándose junto a las azucenas del jardín real, dijo a su padre:

"Háblame del matrimonio, Padre". 

Y el sabio Rey contestó:

 "Escucha atentamente lo que dicen los poetas de mi reino":

"Nacisteis juntos y juntos para siempre. Pero, 
Dejad que en vuestra unión crezcan los espacios. 
Amaos el uno al otro, más no hagáis del amor una prisión 
Llenáos mutuamente las copas, pero no bebáis de la misma. 
Compartid vuestro pan, más no comáis del mismo trozo. 
Y permaneced juntos, más no demasiado juntos. 
Porque ni el roble ni el ciprés crecen uno a la sombra del otro."
(palabras de Kalil Gibran. “El Profeta”)

Reflexiones:

¿Es que todavía existe alguien que, al igual que la princesa del relato, confunde la pasión con el amor? 

Su propio padre sabe que la diferencia ente el amor y la pasión es sencilla. Al parecer, el Rey desea transmitir a su hija que la pasión busca la felicidad en el otro, mientras que el amor busca la felicidad del otro.

Un matiz aparentemente minúsculo pero que puede revolucionar una relación desde su raíz más profunda. 

¿Cree todavía alguien que la pasión va a durar a lo largo de ese “viaje de novios” de 40 días en una lujosa celda? 

El Rey sospecha que aunque en los eufóricos inicios de la pasión de su hija se anhele la perpetuidad del placer y del gozo, pasado un tiempo, la Vida reclamará movimientos y renovación. Y sucederá entonces que allí donde se sentía atracción comienzan a experimentarse puntos de rechazo, allí donde había admiración brotan toques de crítica y negación, y allí donde había luz comienza a verse también la sombra. ¿Qué puede hacer cada miembro de la incipiente pareja del cuento de la vida, para paliar esta decadencia que todo ciclo de pasión conlleva? 

"Suavizar las penas de los otros es olvidar las propias. "
- Abraham Lincoln

 Tal vez el arte de la pasión consista en convertirla paulatinamente en amor y consciencia. Y así como un jardín silvestre cuando es cultivado alcanza su máximo esplendor y belleza, de la misma forma, la energía-atención dedicada a la relación de pareja puede convertir la pasión ego-centrada en amor cooperativo y motivadora complicidad. 

¿Qué ventaja tiene tal conversión?

En una sociedad desarrollada en donde la mayor parte de los seres humanos han resuelto el problema de la comida y del techo, resulta que el logro de la felicidad o el padecimiento de la desgracia, comienza a ser una asunto fundamentalmente emocional y ligado a la calidad de las relaciones íntimas. 

¿Cuál es la causa de tantas tormentas en las relaciones actuales? 

¿Cuál parece ser el motivo de los problemas que atraviesan las parejas?

"Acusar a los demás de los propios infortunios es un signo de falta de educación.
Acusarse a uno mismo demuestra que la educación ha comenzado. No acusarse uno mismo ni acusar a los demás demuestra que la educación ha sido completada."
- Epícteto

En este sentido puede considerarse que las “dependencias” es uno de los problemas que desencadenan mayor conflictividad. En el cuento del “Amor y la Pasión” se ve a una princesa que parece no haber todavía desarrollado su plena individualidad e independencia emocional. Se trata de un ser que vive el apego dependiente y siente a su incipiente pareja como la “panacea” de su existencia. La princesa mitifica a su amado, creyendo que la luz que su mente “proyecta” en él con toda clase de virtudes se va a perpetuar, sin saber que ésta perdurará mientras dure la intensa inflación hormonal y las compensaciones emocionales en las que se ve envuelta.

"Después de un tiempo, uno aprende la diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma."
- Anónimo

¿Piensa alguien todavía que el “te quiero porque te necesito” o el “no puedo vivir sin ti” significa más amor?, “no puedo dormir si me llamas”...”si no te quisiese tanto no me preocuparía tanto por ti y viviría mi vida” ¿son manifestaciones de amor o realmente estamos hablando de dependencia e inmadurez emocional? 

Aunque el mito de la “media naranja” esté divulgado en el cine y en la literatura de manera prolija, si se reflexiona más profundamente, ¿quién osa declararse la mitad de algo o alguien? ¿quién se atreve a decretarse mutilado en espera de la llegada de su mitad existencial, un ente fantasmal que puede vagar por los mundos sin remedio? 

En realidad, el fundamento de la pareja no se basa en dos “medias naranjas” complementarias que se necesitan, sino en dos “naranjas enteras” que se relacionan desde su plena singularidad.
El mito romántico de la “media naranja” es tan bello como lo pueda ser el juego emocional de la pasión. Pero el nivel de amor al que la raza humana va llegando se basa en aspectos tales como la lealtad y el respeto, el cariño y el cuidado, la comprensión y el silencio, que, a menudo, nada tienen que ver con las películas tan adormecedoras de Hollywood.

El “anillo de los sabios” del cuento afirma la necesidad de “darse espacios” en el seno de una relación. El hecho de soltar los apegos y saber vivirse a uno mismo en todos los procesos internos de crisis y transformación a los que nos vemos sometidos es, con frecuencia, un reto de independencia y confianza.

“Amar a un ser humano es ayudarle a ser libre”. 
- Ramayat

En el esfera de la libertad con mayúsculas, no conviene confundir independencia con desamor. La independencia no significa desinterés hacia la vida del otro, sino la posibilidad de ejercer la propia autonomía sabiéndose “naranja entera” que viaja en compañía solidaria y amorosa de otra u otras “naranjas enteras”. La independencia no se basa en vivir la vida ajena en aras de lo importante que la otra persona es para uno, sino más bien, vivir plenamente la propia vida en relación con otra u otras vidas.

Las sabias palabras del cuento: “No comáis del mismo pan ni bebáis de la misma copa... Permaneced juntos más no demasiado juntos...”

¿Significan que la pareja puede incluso vivirse en dos dormitorios o en dos casas? ¿significa que ambos mantienen sus propios amigos, los cuales no tienen por qué ser necesariamente conocidos por el otro miembro de la pareja? ¿significa que el control y el miedo a la pérdida del ser amado ha dejado de ser un virus de la inmadurez y la dependencia?

"Hay un secreto para vivir feliz con la persona amada: no pretender modificarla."
- Simone de Beauvoir

¿Quién es capaz de comprometer algo tan irracional como sus sentimientos y su deseo sexual para toda la vida? 
En todo caso, la persona podrá comprometer su voluntad de querer superar las crisis, de decidir cada día comprender al otro y valorarlo, de optar cada instante por ejercer la complicidad y el respeto, de hacer frente a responsabilidades comunes, pero todo ello no podrá ser otra cosa que una decisión que ocurre de instante a instante... un camino que, paso a paso, puede llegar a durar toda una vida. 

Para las personas comprometidas con su crecimiento interior y en proceso sostenido de despertar, la pareja es un medio de evolución, un trabajo de descentralización de su ego y, una interacción que faculta la expansión de consciencia

Y en este sentido, los procesos de crecimiento personal están sometidos a experiencias muy íntimas que conllevan espacios y descondicionamientos. La repetición de los estímulos y la ausencia de diversidad en las fuentes de información que con los años la pareja enfrenta, son un verdadero reto de cambio constante y, a veces, la causa de amarguras soterradas y crisis sostenidas.

"Al verdadero amor no se le conoce por lo que exige sino por lo que ofrece."
-
Jacinto Benavente

Ante este panorama, el grado de comunicación existente entre los miembros de una pareja es el termómetro de la relación. Una buena comunicación es el “antivirus” más potente a la separatividad y el reproche tan común en las personas frustradas que “pasan factura” a su pareja del propio encarcelamiento emocional. En cierto modo, cuánto mejor es la relación con uno mismo, mejor es la relación con la pareja, porque en última instancia, el que tiene un problema con el otro, lo que, en realidad tiene es un problema consigo mismo, un problema que debe asumir y primeramente enfrentar y resolver.

Cuando el crecimiento interior supone el propósito que da sentido a la propia vida, merece la pena “darse espacios” para vivirse a uno mismo en plena consciencia de su íntima metamorfosis. La oruga se convierte en mariposa tras un proceso crítico que le faculta a nuevas capacidades. Y tales procesos del alma se fermentan en la intimidad y el silencio.

"El ser humano grande es quien en medio de la multitud, mantiene con perfecta delicadeza la independencia de la soledad."
- Emerson

Cuando un miembro de la pareja necesita espacio para ser él mismo y observarse y experimentarse en plena intimidad, no siempre es bien entendido por los otros. Los miedos, los apegos y las dependencias tienden a crear situaciones inmaduras de “todo o nada” que, en realidad no resuelven, sino que intoxican y bloquean. 

Tal vez, el trabajo de un ser humano consciente sobre las propias áreas de sus relaciones consista en encontrar, entre los polos del blanco y del negro, su particular gama de grises. Tal y como dijeron los Budas precedentes: En el “sendero medio” está la virtud y el equilibrio.

¿Es posible concebir el amor con mayúsculas? 

¿Acaso existe el amor descondicionado del peso de su propia historia pasada? ¿un amor liberado del natural egoísmo que siente el ser humano de la modalidad promedio?, ¿un amor como estado de conciencia profundo y universal que brote libre desde el propio sujeto?, ¿un amor como seña de identidad esencial que se derrame sobre todas las criaturas de manera indiscriminada y que no requiera de objeto especial para ser y expresarse?


Tal vez, este estado mental y espiritual al que hacen referencia los Despiertos es todo un objetivo evolutivo de la Humanidad. Se trata de una carrera que se inicia con la experiencia del amor primario, una clase de amor que ama al objeto amado mientras éste satisfaga sus necesidades y que más tarde evoluciona hacia un amor que da y recibe a través de acuerdos y pactos constituidos en pleno diálogo y libertad, para llegar, finalmente, al AMOR con mayúsculas, un Amor más allá del sentimiento y la conciencia egoica que, como metaidentidad suprema, es capaz de sentirse por aquellos hombres y mujeres que ya se han reconocido como luz y amor consciente.

"No eres una criatura humana en una aventura espiritual, sino una criatura espiritual en una aventura humana."
- Theilard de Chardín.
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jueves, 11 de julio de 2013

El Agua de reserva

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De cuentos para aprender a aprender
de José María Doria

Érase una vez, hace muchas, muchas lunas, que en un reino más allá de los mares, vivía el anciano Khor, un ser que gozaba de gran fama por sus lúcidas intuiciones acerca de los acontecimientos que se avecinaban.

Un día, el anciano Khor ascendió a la montaña y desde lo alto dirigió a todo el género humano una advertencia:

"En cierta fecha", dijo, "todas las aguas del mundo, desaparecerán para, más tarde, volver nuevamente a fluir, pero ¡Atención! Desde entonces, brotará un agua diferente, un agua que al ser bebida, enloquecerá y desviará a los hombres de su coherencia fundamental".

Acrón y Turak, dos hermanos artesanos que permanecían atentos a las inspiradas palabras de los ancianos, prestaron oídos al significado de esta advertencia, así que comenzaron a recoger agua de su manantial y depositarla en grandes tinajas a fin de guardarla en lugar seguro. Con esta medida, los dos hermanos pretendían mantener la cordura mientras fluyese el agua contaminada que el sabio había anunciado.

Y efectivamente, en la fecha indicada, los torrentes dejaron de correr, los pozos se secaron, y tras tres días de sequía e inquietud, de nuevo las aguas comenzaron a correr. Acrón y Turak, viendo lo que estaba ocurriendo, se dirigieron a su refugio y bebieron del agua que habían guardado.

Al cabo de dos semanas, decidieron visitar el poblado y pasear por sus calles para observar lo ocurrido entre sus habitantes. Tras recorrer las plazas y los mercados, comprobaron asombrados que las gentes pensaban y hablaban de forma totalmente diferente a la anterior. Ni siquiera tenían memoria de lo que había sucedido.

Tampoco recordaban haber sido prevenidos.
Y además, cuando los dos jóvenes trataban de comunicarse con cualquiera de ellos, recibían respuestas absurdas e incoherentes. Acrón y Turak, no tardaron en darse cuenta de que todos los habitantes de aquel poblado se habían vuelto locos. Aquellas gentes parecían perturbadas y mostraban hostilidad o compasión en lugar de la lógica habitual que los dos jóvenes esperaban.

Acrón y TuraK regresaron rápido a su refugio y durante las primeras semanas bebieron del agua que habían guardado en sus tinajas. Pero finalmente, al cabo de 40 días de soledad y resistencia, Turak no aguantando más, tomó la decisión de beber de la nueva agua por contaminada que estuviese. Turak reconocía no poder soportar su aislamiento por la diferencia de orientación entre su mentalidad y la del resto del mundo.

Aquella mañana, Turak se despidió de un Acrón que había decidido permanecer, esperar y permanecer fiel a sus Valores, atestiguando lo que sucediese.

Al poco, Turak sació su sed con la nueva agua y, de repente, se volvió como los demás.

Al poco, se produjo la transformación. Turak olvidó completamente todo lo referente al agua especial que tenía almacenada, y cuando volvió al poblado y se entremezcló con sus amigos y vecinos, todos comenzaron a mirarlo asombrados y decir con júbilo:

" ¡Mirad! Es la primera vez que un loco ha sido restituido milagrosamente a la cordura".
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lunes, 1 de abril de 2013

El espejo

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De cuentos para aprender a aprender
de José María Doria


Érase una vez un poblado situado en las altas montañas que tenía la particularidad de no conocer el mundo de los espejos. Por alguna razón, ningún habitante de aquella comunidad se había visto reflejado en uno de ellos, debido quizá a las lejanas distancias que lo separaban con el resto del mundo civilizado.

 Un día, Ismael que tenía fama de curioso, decidió adquirir ese misterioso cosa llamada “espejo”, en el que según decían sus antepasados, tenía la capacidad de reflejar a la persona que lo miraba. Así pues, Ismael encargó uno de estos objetos a un comerciante que, cada siete años solía viajar a los valles. 

Pasado el tiempo, el comerciante le hizo llegar su encargo bien envuelto y protegido. Ismael entonces, presa de emoción, corrió al sótano de su casa y lo desenvolvió con cuidado. Finalmente, cuando lo hubo abierto y examinado, ¡Oh sorpresa! Ante su asombro, en aquel extraño objeto apareció la imagen de su padre. Ismael atónito, lo volvió rápidamente a envolver y se retiró visiblemente pensativo y perturbado.

Aquella noche, mientras dormía junto a su esposa, se despertó inquieto, y decidió volver a mirarse en el espejo recién traído. Para lo cual, descendió silencioso al sótano y tras desenvolver aquella extraña cosa, volvió a contemplar de nuevo, no sin asombro y sorpresa, la imagen de su padre. Y así, noche tras noche, Ismael descendía sigiloso al sótano con el fin de asistir a la aparición de una imagen que no cesaba de repetirse y que tanto le emocionaba.

Una noche, su esposa Astrid, observando las salidas nocturnas que Ismael realizaba, llena de inquietud y sospechas, decidió seguirle, no sin temer el infiel encuentro de su marido con otra mujer más joven y hermosa. Cuando observó que éste gesticulaba ante un oscuro rincón de la estancia y se retiraba de nuevo a su cama, tuvo deseos de comprobar, qué era aquello capaz de inquietar tanto a su pareja. "Seguro que tendrá que ver con otra mujer", pensó. Así que decidió volver al día siguiente, cuando su marido no se encontrase en la casa. De esa forma, investigaría con tranquilidad aquel misterioso objeto que se encontraba en el sótano de su propia casa.

A la mañana siguiente, Astrid bajó apresuradamente y desenvolviendo con cuidado aquello... ¡Oh sorpresa! Sus sospechas se vieron fundadas, ya que lo que vio allí era, efectivamente, otra mujer más joven y hermosa que, por lo que dedujo, tenía todas las trazas de ser el nuevo sueño de amor de su esposo. 

Aquella noche, cuando Ismael llegó a su casa, Astrid presa de indignación, le desveló el secreto diciéndole: 

"Me estás siendo infiel, he descubierto que todas las noches bajas al sótano y contemplas a esa mujer que aparece en el objeto que guardas envuelto con tanto cuidado."

A lo cual Ismael contestó. 

"Estás en un error Astrid, no se trata de ninguna mujer... ese objeto es un espejo que, según se afirma en tierras lejanas, refleja a cada cual... pero en este caso, sorprendentemente lo que se contempla cuando en él me reflejo, es la imagen de mi padre...".

 "Ni hablar", le interrumpió ella, presa de agitación y cólera. "Me estás mintiendo. Yo he visto con mis propios ojos la imagen clara de otra mujer, que por la forma de mirar y moverse, tenía todas las trazas de ser tu amante."

 "Bajemos y comprobarás que no es cierto lo que dices", repuso él. "Es mi padre el que aparece en el objeto, ninguna mujer he visto jamás en el mismo".

Astrid asintió a la prueba y una vez que descendieron y se observaron, Ismael seguía viendo a su padre y Astrid a la joven muchacha, con lo que el conflicto y la confusión inundaron aquella casa... De pronto, Ismael propuso:

 "Astrid, solicitemos el fallo del sabio anciano, seguro que su visión nos permitirá hallar la verdad y recuperar la calma". 

Astrid aceptó el juicio del anciano, y ambos se dirigieron hasta el mismo y expusieron sus contrariedades, pidiéndole que se asomase al objeto y dirimiera, si lo que allí aparecía era el padre que viera él, o la joven mujer que contemplaba ella. 

El anciano asintió y tras llegar a la casa y reflejarse en el objeto, dijo: 

"Ni es el padre de Ismael, ni la mujer que sospecha Astrid. “Aquí, lo único que se ve es a un anciano".
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jueves, 14 de febrero de 2013

El Verdadero Guerrero

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De Relatos eternos para aprender a aprender
de José María Doria


Satoor era un verdadero campeón de las Artes Marciales de su escuela, pero aún a pesar de su destreza, sabía que todavía no conocía plenamente las Artes Marciales que él en su corazón presentía. Y aunque dominaba el manejo de los músculos y sabía de la rapidez y del coraje, también intuía que carecía de algo importante, algo... que quizá tenía que ver con la conciencia despierta.

Llegó el día en que decidió cambiar su vida y dirigirse a un lugar en las montañas en el que se hallaba un conocido maestro de nombre Budham. Satoor pensaba que aunque dicho maestro no era precisamente el más famoso, quizá porque nunca asistía a competiciones, presentía que era el único capaz de transmitir y despertar lo que en tantas ocasiones atrás había percibido.

Cuando se presentó ante las puertas de aquel monasterio, en donde hombres y mujeres eran fuertemente entrenados, pidió a Budham que le admitiese.

Tras escuchar el relato de Satoor, esbozó una enigmática sonrisa y dijo:

- No estás preparado para asimilar la enseñanza de este lugar. No sabes de paciencia y no debo sembrar la semilla en una tierra insuficientemente trabajada

- Pero Maestro - interpeló Satoor -, haré lo que me pidas, vengo desde muy lejos y he llegado aquí tan sólo con el deseo de aprender los secretos milenarios de la flexibilidad y de la fuerza.

- Por lo que te observo - respondió Budham -, No tienes desarrollada tu templanza, eres caprichoso y tu mente está llena de espejismos y burbujas ilusorias. No sabes aplazar tus deseos y además eres un inmaduro para los frutos del alma. Así que lárgate -, dijo dando media vuelta y cerrando aquella enorme puerta.

Satoor se sentía frustrado y deprimido, sin embargo seguía percibiendo que allí, tras aquellas puertas se enseñaba lo que siempre había presentido. Por tal motivo, decidió sentarse y esperar pacientemente junto al umbral de la entrada.

Pasaron tres días y tres noches en los que Satoor se mantuvo ante el umbral, hasta que al final...

Budham apareció de nuevo y dijo:

- Te he dicho que no estás preparado.

- Pero Maestro -, dijo Satoor - Juro por mis padres que obedeceré sin rechistar lo que me ordenes, por difícil que esto me parezca.

Budham, mirándole fijamente, dijo con severidad:
 
- ¿Prometes realmente obedecer sin rechistar lo que aquí se te ordene durante un período de 7 años?

-  Sí, sí, lo juro, lo juro -, dijo Satoor con una ráfaga de esperanza en su rostro.

El Maestro abrió la puerta y Satoor cruzó el umbral.

Cuando transcurrieron los dos primeros años, Satoor seguía haciendo las labores más básicas de la cocina y de la limpieza de aquel enorme lugar, sin todavía haber pisado una plataforma de instrucción. Sin embargo, pensaba para sus adentros: "El Maestro debe estar probándome, por lo que debo aguantar. Seguro que, de un momento a otro, comenzará mi enseñanza".

Cuando habían transcurrido otros dos años sin salir de aquel lugar, Satoor seguía sirviendo en la casa. El joven limpiaba, cocinaba, arreglaba el jardín y cuidaba de las labores más modestas. Y aunque ya no se mostraba tan inquieto e impaciente, a veces se decía:

- No sé, no sé, creo que he caído en manos de un sinvergüenza que me explota. Maldita promesa que le hice. Desde luego, ¡Qué gran error he cometido cayendo en manos de este caradura que encima ni me habla!.

Habiendo transcurrido ya cerca de los cinco años de permanencia en aquel lugar, Satoor se encontraba tan adaptado que ni recordaba lo que había venido buscando. Podría afirmarse que las Artes Marciales y sus juveniles objetivos de llegada le dejaban indiferente. Sentía que una parte ilusionada de sí mismo había sido disuelta, y no contaba ya más que con un inmediato presente.

... Aquella tarde, aparentemente como las demás, encontrándose en el jardín, apareció de repente Budham blandiendo un gran bastón de bambú y, sin venir a cuento, le asestó un formidable golpe en la espalda. Hecho esto, desapareció rápidamente sin decir nada.

- ¡Andá! Si además de explotador está loco el viejo imbécil éste!, se dijo Satoor horrorizado.

Al día siguiente por la noche, encontrándose Satoor dormido fue, de súbito despertado por la nueva llegada de Budham que le propinó un bastonazo en la cabeza, haciéndole ver todas las estrellas del firmamento. Hecho esto se retiró rápido y silencioso...

Satoor se dio cuenta que si quería salvar su vida de manos de ese loco furibundo, tenía que estar atento... tenía que guardar una sostenida alerta.

A los pocos días y encontrándose lavando trastos en la cocina, Budham se presentó de improviso a su espalada y trató nuevamente de golpearlo, pero, ¡Oh sorpresa! Satoor que ya empezaba a despertar, lo intuyó repentino y, girando vertiginoso paró el formidable golpe del maestro con una cacerola. Budham desapareció de inmediato.

Poco a poco, tanto en las noches como en los días, Satoor presentía. Se podía decir que percibía con sus sentidos internos, de pronto abiertos, las llegadas furtivas de Budham, antes de que los golpes llegaran a su dolorido cuerpo. Satoor vivía en un estado acrecentado de atención y ninguna labor que realizaba ocupaba tanto su consciencia como para no percibir la llegada sorpresa de los sucesos que lo probaban.

Y así día a día... abriendo cada vez más su intuición y flexibilidad, expiró el plazo que había jurado mantener. Fue entonces cuando Budham, de manera insólitamente amorosa y con un brillo de lucidez y complicidad en sus ojos, le dijo: "Bien mi querido Satoor. Has finalizado ya tu aprendizaje y estás preparado para enfrentar los tres peores enemigos del guerrero interior:

"La autocompasión, La desatención y la impaciencia"


Lo que aquí has aprendido, de hoy en adelante lo enseñarás sobre la Tierra.
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