Mostrando entradas con la etiqueta superación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta superación. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de octubre de 2017

La historia del burro en el pozo

.
Cuento anónimo

Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer. Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquieto después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de ella. Muy pronto todo el mundo vio sorprendido como el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...
.
.

miércoles, 8 de junio de 2016

El desequilibrio femenino

.
De Un abrazo para el alma
de Rubén Armendáriz Ramírez
(Segunda sección:  Mujeres y Hombres maduros)

El desequilibrio más fuerte en la formación de la mentalidad femenina radica en la necesidad de pertenencia, patentizado por la gran necesidad de compañía que suelen tener las mujeres y que en ocasiones llega a lamentables extremos, lo cual se traduce en miedo a la autonomía, la soledad, la reflexión introspectiva, prefiriendo "desaparecer" en una relación; con ello, anulan el desarrollo de una identidad propia.

Podemos definir este desequilibrio típico femenino como el funcionamiento de un excesivo "tú y yo", por la excesiva importancia que algunas dan al hecho de tener compañía (a costa incluso, a veces, de su propia dignidad y crecimiento).

En efecto, muchas mujeres prefieren la "comodidad" de una vida bastante limitada (hogar, crianza de niños) cuando podrían desplegar una diversidad de habilidades y aportar beneficios reales no sólo a su familia, sino a su comunidad.

La mujer común no requiere ser totalidad, ni única, sino formar parte de algo (una pareja o familia). La consecuencia es una desarmonía que fácilmente llega al exceso cuando permite cualquier trato, por denigrante que sea, al otorgar una exagerada prioridad a ésta clase de meta, para muchas la principal, y en casos extremos la única en su vida, lo cual la orilla a llevar una existencia casi psico-patológica.

Tradicionalmente, la imagen destinada para la mujer ha sido más bien pasiva, receptiva en espera de un ideal romántico (obviamente una pareja adecuada). Pero este modelo formativo no le ayuda mucho en su desarrollo psicoespiritual. Por el contrario, su interés por mejorar como ser humano se ve disminuido (una mujer con tales atavismos no está preocupada por la realización de una conciencia plenamente iluminada).

(...) Pero todo esto no se hace con actitudes competitivas, imposiciones, demandas, quejas, ni rivalidad. Y cuando lo hace, como el reclamo al esposo por ir a la calle prohíbida, es capaz de reaccionar con flexibilidad y demostrar la intención de sostener la relación funcionando. Es decir, su prioridad es sostener la relación, no despreciar ni amargarle la vida al compañero.

Es una mujer, entonces, que metafóricamente nos habla de las capacidades y opciones que puede (¿o acaso debe?) mostrar una mujer para su realización total. Y no sólo en los cuentos existen mujeres que saben encarar madura y hasta contemplativamente la vida.Como ejemplo, consideremos la voz de Ryo-Nen (monja Zen de gran belleza y poetisa consumada):

Atended sólo a la voz de los pinos y cedros, cuando ningún viento se agita
.

lunes, 30 de mayo de 2016

¿Y si no sé cuáles son mis metas?

.
De La mente o la vida: Una aproximación
a la terapia de aceptación y compromiso

de Jorge Barraca (Capítulo 4: camino a Ítaca)

No es un trabajo fácil dilucidar cuáles son los valores que, a cada uno, nos resultan lo suficientemente motivantes para volver a actuar a pesar de la pereza, las dificultades o los problemas psicológicos. El descubrimiento de esos valores a veces llega pronto y a veces tarda en alcanzarnos. En cualquier caso, nuestra actitud no puede ser la de sentarnos y esperar a que la inspiración nos ilumine. Debemos movernos, intentar cosas distintas, mantener una mente abierta, probar... y, sobre todo, tomar en consideración qué sucede cuando nos enfrascamos en unas actividades u otras.

No emprender ningún camino o adoptar cualquier decisión por temor a equivocarse es también una mala opción. Todos tenemos la experiencia de que muchos sucesos que creímos un error o un fracaso se convirtieron, a la larga, en un acierto o trajeron un bien que no podíamos figurarnos. Por ejemplo, ser despedido de un trabajo o no empezar determinados estudios que en su momento nos atraían supuso, más tarde, un trabajo mejor u optar por una enseñanza que nos enriqueció más. El desengaño amoroso con una pareja en el pasado se convirtió en el medio para estar con la actual. Naturalmente, esos aciertos sólo se ven al cabo de los años. Por eso, aunque, lógicamente, no deben tomarse decisiones a tontas y a locas, gastar un tiempo excesivo para inclinarse por una vía u otra no trae cuenta. Nunca podremos tener todos los datos para adoptar una decisión, pero si ya hemos reunido varias razones importantes para optar por un camino no debemos seguir dando más y más vueltas a las cosas. Por supuesto, hay que emprender cualquier cosa con razones, pero no exactamente por ellas; pues, realmente, tampoco podemos estar seguros de cuál es la causa de que nos inclinemos por una opción determinada.
 
El hecho de que hayamos intentado varias (o muchas) veces emprender una vía y la hayamos abandonado no implica que ese camino no nos conduzca en una dirección que realmente valoramos. Imaginemos que nos regalan un coche. Sentados ya al volante viene la dificultad de decidir hacia dónde dirigirnos. Una posibilidad es dar vueltas alrededor de la vía de circunvalación de la ciudad (por ejemplo, la M-30 de Madrid). Otra, dirigirnos a la costa porque tenemos como objetivo algo hermoso: ver salir el sol sentados en la arena de la playa. En ambos casos nos ponemos en marcha, y, también en ambos, si conducimos durante mucho tiempo, aparecerán los inconvenientes: cansancio, falta de gasolina, pinchazos, averías... Aunque estos problemas pueden ser similares en los dos casos, nuestra vivencia de ellos no lo es. Si sólo damos vueltas y vueltas en esa carretera de circunvalación, cada vez nos desalentarán más y nos sentiremos hundidos, pues no veremos objeto a tanta desgracia. ¿Qué sentido tiene volver a cambiar la rueda si al cabo del tiempo estoy en el mismo sitio? En cambio, si estas cosas pasan cuando nos encaminamos al mar, podemos observar que repararlas nos acerca más y más a nuestro objetivo. Naturalmente, no dejaremos de pensar que llegar al mar no sea importante, sino que el camino parece jalonado de dificultades. Observe que en ambas situaciones nuestra intención no es sufrir, pero, a veces, llegar a la playa implica pasar por estas penalidades. Además, fíjese que en este ejemplo usted opta por una meta externa (llegar a un sitio real como es el mar) y no un estado interno (ser feliz, divertirse...). Además, dado todo lo que acaece, no hay por qué suponer que durante el viaje usted vaya a pasárselo bien. No es esto lo fundamental, sino el encaminarse hacia algo que uno considera importante, tener un propósito. Y, para terminar, tenga en cuenta que a todos nos dieron un coche: nuestra vida.

Pasar revista a distintas áreas de la vida puede ser una manera de acercarse al problema de concretar las metas. Una pregunta tan general como “¿qué es lo que quiero en esta vida?” es siempre difícil de responder. Por eso es mejor pensar durante un momento en qué es lo que usted quiere en distintas áreas de su vida como, por ejemplo: en sus relaciones con sus padres, con hermanos o con otros parientes; en sus relaciones con sus hijos; en su matrimonio o pareja; en sus relaciones con amigos y conocidos; en sus relaciones con vecinos y conciudadanos; en sus relaciones con sus compañeros de trabajo o actividad; en su propio trabajo u ocupación (aspiraciones, deseos de mejora o consolidación...); en sus aficiones, tiempo libre y entretenimientos; en su educación o en formaciones específicas; en su interés por actividades culturales o de información de cualquier tipo; en su crecimiento personal (como quiera que usted desee entender éste); en su actividad cívica y social; en su mejora física; etc.

A lo mejor en esta selección de áreas comunes no encuentra nada importante para usted, o puede que ya tenga muy claro qué desea en cada una de ellas, mientras que necesita un gran esfuerzo de imaginación para saber a qué aspira en otras. El listado sólo pretende facilitar las cosas y no es una guía que haya que seguir en ningún orden.
 
Por otro lado, cuando se elige una meta y se dirige uno hacia ella es importante especificar las acciones concretas que representan realmente caminar en esa dirección. De lo contrario, todo quedará en buenos propósitos. Esos pasos pueden ser medianos, pequeños o muy, muy pequeños. Eso no importa. Lo fundamental es no tener una sensación de estancamiento. Por ejemplo, usted puede tener una meta como “ser un buen padre para mis hijos” y, durante un período de su vida, concretarlo en acciones como estar todos los días (o no importa que sea sólo un día) diez minutos más con ellos. 

Insisto en que no debe plantearse la meta desde el punto de vista del estado mental deseable. En el ejemplo anterior, no debe proponerse algo como “estar siempre de buen humor cuando esté con mis hijos”. Eso no es realista. Puede usted haber pasado muy mal día y mostrarse incapaz de estar alegre. En cambio, una meta como “pasar más tiempo con mis hijos”, es algo que posiblemente se frustrará muchos días por avatares del trabajo o de lo que sea, pero es algo físico y real, perfectamente objetivo, sobre lo que tiene control, no como el “estar de buen humor”.
.

miércoles, 11 de mayo de 2016

La clave está en perseverar

.
 De El arte de no amargarse la vida
de Rafael Satandreu
Capítulo 7: La Rutina del debate

Me gusta decir a mis pacientes que la terapia cognitiva es un aprendizaje parecido a estudiar un idioma o un instrumento musical. Requiere perseverancia. Lo mejor es adquirir el hábito de practicar de una forma cómoda, e ir acumulando horas de ensayo. Si empleamos la rutina del debate, habrá que realizarla todos los días, durante unos seis meses. Así, poco a poco iremos adquiriendo una nueva forma de pensar y de ver el mundo.

Muchas veces, los pacientes empiezan impetuosamente, avanzan mucho durante las primeras semanas de tratamiento pero, una vez que mejoran, se vuelven perezosos y dejan de practicar. En esos momentos de impasse, el psicólogo tiene que actuar a modo de entrenador de atletismo y exigir más esfuerzo. modo de entrenador de atletismo y exigir más esfuerzo. Todavía hay mucho progreso por conseguir.

Entonces, una vez más, hay que sacar fuerza de voluntad de donde sea y volver a ponerse a revisar las creencias irracionales para reemplazarlas por creencias racionales, cada vez con más fuerza, con mayor profundidad. Se trata de que cada día tengamos menos perturbaciones emocionales.

Nunca me cansaré de decir que este tipo de trabajo personal — en mi experiencia, el que ofrece mejores resultados — requiere perseverancia. Mucha. Con frecuencia, explico un símil: este trabajo es parecido a ir al gimnasio para hacer culturismo. Todo el mundo puede desarrollar su musculatura, sólo se requiere determinado esfuerzo persistente. Los culturistas suelen hacer una hora o, como mucho, hora y media de entreno al día. Entrenarse más sería contraproducente ya que hay que dejar descansar los músculos, darles tiempo a que se recuperen y crezcan. El esfuerzo empleado en levantar las pesas ha de ser intenso y perseverante. Al margen de ese entreno diario, tenemos que dejar pasar el tiempo y, al cabo de unos dos o tres meses, empezaremos a tener una musculatura mucho más desarrollada.

Con nuestro trabajo mental, ocurre algo parecido. Hay que plantearse una rutina de trabajo que suponga cada día un pequeño reto, cambiar esas creencias irracionales más difíciles de cambiar, hacerlo cada vez con mayor intensidad y... dejar pasar el tiempo. Y, sobre todo, digámoslo una vez más: perseverar.
.
.

martes, 16 de febrero de 2016

"ᕙ(•◡•ᕙ)"

.
"La vida ya es dura de por sí, es incluso más dura cuando nos dirigimos  en la dirección equivocada ¿No te encantaría poder mirar retrospectivamente tu vida y saber que has hecho lo que fuiste llamado a ser?" 

- Max Lucado
.

sábado, 23 de enero de 2016

Cómo amar

.
Por Jeff Foster
“Sin ti, no puedo vivir”.
“Tú me completas”.
“Sin ti, no soy nada”.
“Nunca me vayas a dejar”.

Te vendieron una hermosa mentira sobre el amor.
Y en tu inocencia, compraste la mentira, la tomaste como verdad. Porque todos a tu alrededor estaban haciendo lo mismo, y querías encajar, y sentías miedo de estar solo, porque nunca te sumergiste en la alegría oceánica de tu propia soledad para encontrar la seguridad allí. 

Nadie viene a salvarte, ya ves. No hay ningún príncipe a caballo, ninguna Julieta. Ninguna madre sustituta. No existe "Una Persona Especial". No hay ningún mesías que venga a quitarte el dolor, tus sentimientos de vacío, ese sentido de separación y abandono que te ha acompañado desde que eras joven. Nadie será capaz de sentir y metabolizar tus sentimientos por ti. Nadie puede vivir ni morir por ti. Nadie tiene el poder de distraerte permanentemente. Nadie puede apropiarse de ti o ser de tu propiedad. 

Tu otra mitad, tu realización, no está allá fuera, ya ves, sino en lo más profundo de ti. Ella vive como tu propia presencia, arde como el Sol dentro de ti. 

Muchas personas están buscando amor. O están tratando de aferrarse a un amor que parece escaparse de entre sus dedos. O sienten que han perdido el amor, y están tratando de recuperarlo, huyendo de los sentimientos desagradables que implica una separación, adormeciéndose con más sueños, alejándose cada vez más de sí mismos, buscando algo que nunca encontrarán, soñando aún con "Una Persona Especial" que los complete, que les ofrezca una vida de seguridad psicológica, que sea la perfecta madre o padre que nunca tuvieron en la Tierra. 

Por supuesto, eso no es amor. Eso es miedo, una huida inminente de la soledad.
Si puedes hallarlo o perderlo,
si puedes estar 'dentro' o 'fuera' de él,
si te puede ser dado o quitado,
si tienes que luchar por él, rogar por él, manipularte a ti o a los demás para obtenerlo,
si crees que debes merecértelo,
si duele,
entonces es la versión del amor que proviene de la mente.
Esta es la mentira.
Porque si amas, estás presente. Eso es todo. 

Si amas a alguien, estás presente con él. Tan presente como lo estás contigo mismo. Tan presente como el Sol en el cielo, a pesar de las nubes, las tormentas, del clima siempre cambiante. 

No confundas amor con deseo, entonces. El deseo viene y va. Arde intensamente, o la flama se extingue. Pero el deseo no es congruente, como el amor.
No confundas amor con atracción. La atracción es hermosa, pero sube y baja, se eleva y cae como las olas en el océano. Cambia con las estaciones, los días, las horas, los momentos. No está siempre presente, como el amor. 

No confundas amor con sentimientos agradables, cálidos, incluso con los extravagantes sentimientos de estar "enamorado". Los sentimientos agradables se tornan en dolorosos muy rápidamente. El amor no es ni placer ni dolor, no es éxtasis ni sufrimiento; es el campo que perdura, incluso cuando la felicidad se disuelve en desesperación.

No confundas amor con urgencia de poseer o ser poseído por alguien. El amor no es un capricho. El amor no es ni obsesivo ni compulsivo. El amor no se aferra a nada. El amor no posee nada; es sin peso, sin forma. El amor no dice, "eres necesario para mi felicidad, mi alegría, mi vida”. No, el amor es sinónimo de libertad, tiene un corazón abierto de par en par, dispuesto a sentir cada sentimiento, a pensar cada pensamiento. 

El mito más peligroso que hay es el que dice que otra persona puede 'hacerte' feliz. No, no. La felicidad, la verdadera felicidad, la clase de felicidad que no puede comprarse o venderse o empacarse sofisticadamente, es idéntica a tu presencia, algo que nadie puede darte, y nadie puede quitarte. Si buscas a alguien más para conseguir felicidad, siempre dependerás de él, siempre sentirás miedo de perderlo, y el temor y el resentimiento retumbarán por debajo de tu 'amor'. Te acostumbrarás a complacerlo, adormecerás tus pensamientos y sentimientos, cerrarás tus ojos a la verdad y vivirás en la fantasía y en la esperanza. Te harás infeliz para ganar su amor, para mantenerlo a tu lado, para controlarlo. Te harás infeliz tratando de hacerlo feliz... o forzándote a ti mismo a ser feliz. Eso no es amor, es adicción a una persona. Es miedo disfrazado de 'romance'. Esta es la mentira.

Pero subyacente a cada adicción está el anhelo por llegar a casa, por la Madre, en el sentido más profundo de la palabra. Encuentra el sentido más profundo de casa dentro de ti mismo, entonces. Haz de tu cuerpo tu hogar, de tu aliento y tu vientre, a medida que se elevan y relajan en este momento presente. Encuentra tu suelo en la sensación de estar vivo. Y en ese lugar de presencia, pasa el tiempo con quienes te nutran, con quienes te ayuden a sentirte vivo, con quienes resuenes y sean capaces de validar tus preciosos sentimientos. Cuando no tratas de ganar amor, cuando no huyes de tus propios sentimientos dolorosos, puedes darte el lujo de amar y ser amado verdaderamente. 

Invita a los demás a tu campo de amor; deja que se queden, deja que se vayan, honra su camino y recorre el tuyo con valentía. Pero ni por un momento compres la mentira de que la salvación se encuentra en cualquier lugar excepto en el corazón de tu exquisita presencia, en el lugar donde no hay nadie que pueda ser salvado. El lugar en donde tocas la vida, y en donde eres tocado a cambio, momento a momento... 

Porque tú eres El Indicado, El Uno, tu mejor amante, compañero, amigo, gurú y Madre. 

Y así puedes decirte a ti mismo: 

“Sin ti, no puedo vivir”.
“Tú me completas”.
“Sin ti, no soy nada”.
“Nunca me vayas a dejar”.
.

martes, 5 de abril de 2011

*Atención, Práctica y Paciencia*

.

Mientras escribía la entrada anterior, me acordé de tres viejas enseñanzas japonesas que van más o menos así:



1



- Maestro , ¿Qué hay que hacer para aprender el arte de la espada?
- Hay que poner atención
- ¿Sólo eso?
- No. Hay que poner atención y más atención.
- ¿Sólo falta eso?
- No, hace falta atención, más atención y más atención.


2



Un maestro de la espada presentó a sus tres hijos a un reputado maestro de armas, a fin de mostrarle su grado de evolución en este arte. Puso un jarro de arcilla en equilibrio sobre una puerta entreabierta y a continuación llamó al más joven de sus hijos. Éste, al abrir la puerta, hizo desbalancear el jarro que cayó. Pero antes de que se rompiera en el suelo, el muchacho había tomado su espada y cortado el objeto. El padre, volviéndose hacia el otro maestro, le confió que este hijo no era aún perfecto.

Puso otro jarro sobre la puerta entornada y llamó a su segundo hijo. éste desenvainó su espada en un abrir y cerrar de ojos y partió el jarro mucho antes de que tocará el suelo.
- Mi segundo hijo ha alcanzado un nivel superior - concluyó el padre. Repitió la operación con su hijo mayor. En vez de desenfundar su espada, el mayor cogió el jarro al vuelo y lo puso delicadamente sobre el suelo.

El padre dijo:

- Este ha alcanzado el nivel más alto.

El maestro de armas, testigo de las proezas de los tres hijos, colocó el jarro intacto encima de la puerta y llamó a su mejor alumno. Éste, al asomar la cabeza por la abertura, sonrió, divertido, y, mostrando que había comprendido la intención de su maestro, no empujó la puerta.


3



- Maestro,quiero estudiar el arte de la espada, ¿Cuántos años necesitaré?
- Diez años
- ¡Pero son demasiados!
- Entonces, ¡Veinte años!
- ¡Pero eso es una barbaridad!
- Treinta años


Resumiendo estas tres hermosas y supremas enseñanzas de superación personal definitiva: Para lograr la perfección no hay más que 3 cosas: Atención, práctica y paciencia.

Atención y más atención y más atención, y práctica, práctica, práctica y más práctica...y paciencia, paciencia, más paciencia y más paciencia.

No hay más

Saludos n_n
....

Compartir

 
Creative Commons License
This obra by Arturos (Basiliskus) is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 2.5 México License.
Based on a work at basiliskus.blogspot.com.