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lunes, 12 de junio de 2017

Humanidad y Sabiduría Oculta

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De El Plan Divino
de
Z’ev ben Shimon Halevi


Humanidad

La humanidad es única. No se parece a ninguna otra criatura, ya que, además de poseer el libre albedrío, tiene, como se ha dicho, el poder de entrar o de estar consciente de todos los cuatro mundos. Cada ser humano proviene de un miembro u órgano particular de Adán Kadmón. Esta es una forma simbólica de decir que tiene un propósito específico. Como célula de la Divinidad y con un propósito determinado, cada individuo desciende a la Creación con el grito de “Yo soy” en el momento en que entra en el tiempo. Aquí, la entidad humana se envuelve en un espíritu. Después baja a través de los Siete Cielos y entra al reino de las Formas donde se divide y se viste como dos psiques separadas, pero complementarias, una masculina y una femenina. También son parte de un grupo de almas que tienen sus raíces en un cierto miembro, órgano o función de Adán Kadmón.


De acuerdo con el Zohar, los cónyuges y sus compañeros residen en el Edén o La Casa del Tesoro de las Almas, como le llaman, hasta que llega el momento de su encarnación. Todos dejan el Paraíso muy renuentes, y para nacer, descienden al mundo físico. Aquí comienza un largo viaje de regreso hacia la Fuente. Al principio todos viven juntos, pero más tarde se dispersan para adquirir experiencia. Cuando alcanzan el nivel de madurez individual se encuentran de nuevo y se reúnen con los demás para llevar a cabo su parte en el plan Divino, en el cual sus vidas, así como su trabajo se convertirá en el reflejo del Santo.


No es necesario decir que una vida no es suficiente para completar el entrenamiento ni la misión de cada individuo. De acuerdo a la Kabbalah, el ciclo de la transmigración de las almas llamada Gilgulim o Ruedas, es necesario para completar un destino. Sin embargo, las almas gemelas a menudo tienen que separarse para aprender lecciones importantes antes de que puedan unirse como una pareja sabia y confiable que pueda llevar a cabo su función espiritual conjuntamente. Debido al libre albedrío y a los inevitables errores esta reunión se demora, ya que el karma o el Midah ke-neged Midah, “Medida por Medida”, como le llaman los kabalistas, se cumple. La búsqueda de la alma gemela es parte de este proceso y cuando todo llega a su término la pareja se encuentra y se une.


El individuo descarnado, entre vidas, regresa a los mundos superiores, primero para pasar a través de un período de limpieza purgatoria de reflexión, y después a su nivel apropiado. Esto puede ser Gehenna, o el Infierno, el sitio donde los pecadores persistentes se encuentran aislados soportando la desagradable compañía de todos los demás. O puede ser lo que se llama el Paraíso Terrestre, donde el Jardín del Edén es el medio ambiente para un buen merecido descanso. Algunas almas más avanzadas pueden ascender al Paraíso Celestial donde se vive un orden de vida más refinado después de la muerte. Algunos otros, aquellos que han desarrollado su capacidad espiritual, pueden elevarse para alcanzar uno de los Siete Vestíbulos del Cielo, donde las llamadas Academias de lo Alto se encuentran presididas por eminentes maestros.


El tiempo transcurrido en los mundos superiores depende de muchos factores. En la mayoría de los casos, se trata de una generación para que así los miembros de un solo grupo de almas puedan reunirse y descender a la tierra al mismo tiempo y así continuar su desarrollo o su trabajo colectivo cumpliendo con su destino kármico. Los individuos o los grupos más avanzados, los que han aprendido a vivir en el espíritu, pueden escoger cuándo y dónde renacer para cumplir con sus misiones especiales. Estos son las grandes mujeres y los grandes hombres que hacen la historia. Del otro lado de la balanza existen personas tales como los suicidas, que se encuentran atrapados en un limbo entre los vivos y los muertos. Estos se aparecen como fantasmas o dybbuks, que tratan de resolver su problema vagando por los lugares donde murieron o apoderándose de personas susceptibles a las que tratan de poseer y así poder re-entrar en la fisicalidad sin tener que pasar por el necesario proceso del post-mortem y del prenatal. Como puede verse, existe un vasto proceso en la progresión de los seres humanos que ascienden y descienden por La Escalera de Jacob. Este panorama está descrito en El Libro de Enoch, una obra del período Hekalot, en el cual Metatrón muestra a un cierto rabino, Ishmael, una enorme cortina cósmica que cuelga del Cielo, el Pargod. Su diseño representaba la forma total de la historia, desde el principio de los Tiempos hasta el Final de los Días, hasta completar el Plan Divino. Los hilos individuales que constituyen esta tela señalan la secuencia de los hados que una persona debe vivir para poder aprender y ejecutar su destino.

Existen muchas calidades de hilos, algunos son de oro; algunos de plata; y otros de toda clase de fibras. Sin embargo, cada uno tiene su lugar en la característica del patrón, que en su momento se ajusta dentro del gran diseño de esta cortina.

Se dice que el lugar central del Pargod es la residencia del Mesías. Esta es la persona que, estando encarnada, en cada generación sostiene la posición de ser la conexión entre todos los mundos. Solamente un pequeño número de personas en la Tierra sabe quienes son los Lamed Vav, los “Treinta y Seis” justos, aunque El Grande y Santo Concilio del Cielo presidido por Metatrón lo conoce a él o a ella. El Mesías es la punta de lanza de la humanidad encarnada, seguido por la compañía de seres iluminados.


Un día el gran santo del siglo dieciocho, el Baal Shem Tov, fundador del movimiento hasídico de la Europa oriental, iba con un estudiante conduciendo su carreta. De pronto se detuvieron ante una choza frente a la cual, El Maestro del Buen Nombre” (como le llamaban), se inclinó ante un anciano caballero judío. Curioso de saber la razón por la cual su maestro se mostraba tan respetuoso, el estudiante le preguntó a medida que se alejaban, que quién era este hombre. La contestación fue, “EL Mesías”.


Sabiduría Oculta

Todos nacemos con un cuerpo. Este contiene los estados sólidos, líquidos, gaseosos y de radiación; así como vestigios de metales y minerales. También tiene un componente vegetal que puede comer, beber, crecer, propagarse, envejecer y morir. La combinación física se complementa con el alma animal, que tiene una inteligencia instintiva y la habilidad de movilizarse, socializar y expresar estados de ánimo o intercambiar información. A este conjunto de capacidades vitales se le llama Nefesh, en Kabbalah. Esta es la fuerza conductora del mayor número de personas que buscan vivir confortablemente y tener una existencia social placentera. Sin embargo, hay quienes desean cultivar su humanidad y encontrar su lugar y su propósito en el universo. Después de una larga búsqueda dichos individuos eventualmente encuentran una tradición espiritual que instruirá al buscador en las labores del alma, las dinámicas del universo y su relación con el Absoluto.

La primera lección consiste en que cada individuo es una versión en miniatura de toda la Existencia. El cuerpo de un individuo, psique, espíritu y chispa corresponden al macrocosmos de los cuatro mundos. Por otro lado, estos innatos niveles son vehículos por medio de los cuales el aspirante puede realmente entrar y experimentar los reinos de Asiyyah, Yezirah, Beriah y Azilut, y así poder vislumbrar el extenso drama del cual forman parte. Paralelamente a los estudios de teoría, se encuentran las prácticas, que les darán la disciplina que les permitirá hacer frente al poderoso impacto del conocimiento directo y de la iluminación. Estos métodos se dividen dentro de los caminos de la Acción, la Devoción y de la Contemplación.


El primero son los ejercicios físicos y los rituales, el segundo se refiere a la oración o a las meditaciones del corazón, mientras que el tercero pueden ser los estudios intelectuales de la metafísica, tales como la comprensión de las Divinas Sefirot.


El grado de ejecución en todos estos caminos determinará el desarrollo del estudiante. Con el tiempo el aspirante tendrá la capacidad de distinguir entre los estímulos del cuerpo, los bajos impulsos psíquicos centrados alrededor del ego-yesódico y del elevado estado de consciencia del Ser interno, o de Tiferet, que es el pivote del Arbol psicológico. Más tarde, una concientización del alma surgirá mediante la percepción del sino como resultado de la elección y del temperamento. Después de esto, viene la evolución de la dimensión transpersonal del espíritu, que revelará al estudiante su destino o trabajo dentro del esquema Divino. A lo largo de estas fases del desarrollo habrá momentos de revelación de los reinos superiores. Puede ser que, en casos excepcionales, haya la visita de Elías para la instrucción avanzada. Esto es común, como muchos distinguidos kabalistas, a través de los siglos, han reportado o insinuado al visitante.


Muchos kabalistas hablan de tener un Maggid, o un maestro invisible. Este es a veces llamado un ángel guardián que protege a medida que instruye. Un ángel, como ya se ha dicho, es un mensajero. Estos seres particulares, sin embargo, son humanos desencarnados que actúan como tutores del místico. Algunos son santos o sabios que fallecieron hace mucho, otros de calibre inferior, dependiendo de la etapa en que se encuentra el kabbalista. Dichas entidades generalmente intervienen en las vidas de la gente buena y especialmente en la de los niños si éstos se encuentran en peligro. Pueden o no ser vistos, pero su presencia, no terrenal, usualmente se siente durante o después de una intervención milagrosa.


El efecto acumulativo de generaciones de místicos de cada tradición lentamente incrementa la conciencia de la humanidad acerca del universo y de Dios. Cada línea esotérica tiene sus propios métodos, códigos y metafísicas que traen consigo primero, una iluminación individual, y después una evolución masiva de almas. Cuando esto ocurra, el Mesías se le aparecerá a todos y comenzarán los Días de la Resurrección. Esto significa el levantamiento de los diligentes y los muertos o de los que están espiritualmente despiertos y los dormidos, para la última fase de la Existencia a medida que la humanidad se concientiza de todos los mundos.


En esa señal la gente será juzgada de acuerdo a su actuación total a medida que retornan a su origen. En la medida en que cada individuo ascienda y se fusione con su grupo, dentro de su lugar en el Adán Kadmón, así esta Divina imagen incrementará su realización con aquel a quien refleja. Cuando todas las chispas humanas se hayan reunido con el Ser Ultimo, “Yo Soy Quien Soy”, se volverá Uno, a medida que El Rostro se fusiona con El Rostro. En ese momento de conclusión, la Existencia no será más que un destello en el ojo del Anciano de los Ancianos. El Santo se encontrará solo de nuevo, quizá antes del comienzo de un nuevo Shemittah, o Gran Ciclo Cósmico.
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viernes, 26 de mayo de 2017

La abeja y la araña

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Cuento Kabbalista
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Hace muchos años había un conductor de carretas judío muy pobre. Trabajaba día y noche pero nunca pudo guardar un centavo. Ya no podía seguir viniendo a su casa y enfrentar a su mujer sin traer una moneda, por lo que decidió ir al Rebe en busca de ayuda. El consejo del Rebe fue: “Vuélvete un maguid” (Un maguid iba de pueblo en pueblo alentando a la gente a arrepentirse y esforzarse por seguir los senderos de la Torá).

"¡Rebe!", dijo shockeado el carretero, “¡¿cómo es posible que sea un maguid?!, ¡nunca he hablado en público y no se nada de nada!”. El Rebe le dijo: "aseméjate a la abeja y no a la araña. La araña guarda y guarda y se queda con todo para sí misma; pero la abeja recolecta y entrega todo a los demás”. El carretero siguió el consejo del Rebe, y en su trabajo comenzó a escuchar lo que la gente sabia decía, luego lo entregaba a los demás como maguid. Eventualmente tuvo éxito y pudo alimentar a su familia y educar a sus hijos en los caminos de la Torá.
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lunes, 15 de mayo de 2017

Baal Shem Tov

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Cuento jasídico

La siguiente es una historia hermosa que nos habla de Baal Shem Tov, un famoso rabino jasídico, quien era muy conocido dentro de su comunidad por ser un hombre tan piadoso, bondados y honesto, que Dios escuchaba cuando le hablaba.

Era tradición del pueblo jasídico que todo aquel que tenía un deseo insatisfecho o necesitaba algo que no había podido conseguir iba a ver al rabino. Éste se reunía con todos ellos una vez por año en un día especial y los guiaba a un lugar en medio del bosque y, una vez ahí prendia con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y hermosa, entonando una oración en voz baja casi como su fuera para él mismo.

Y dice el relato que a Dios le gustaban tanto esas palabras, y le encantaba de tal manera el fuego armado de esa manera, y gustaba tanto de la reunión de esas personas en el bosque, que no se resistía al pedido de los deseos de Baal Shem Tov.

El tiempo pasó y Baal Shem Tov, como cualquiera de nosotros, dejó su cuerpo material. Sus seguidores hasta entonces se dieron cuenta de que nadie sabía las palabras exactas que él decía. Sin embargo, conocían el lugar y sabían cómo armar el fuego. Una vez por año, siguiendo la tradición ya instituida, todos los que tenían necesidad y deseos insatisfechos se reunían en ese mismo claro del bosque, prendían el fuego de la manera en que habían acordado y como no conocían las palabras, cantaban cualquier canción, recitaban un salmo, una oración cualquiera o, simplemente guardaban silencio alrededor del fuego.

Dicen que Dios gustaba tanto del fuego encendido, de ese claro del bosque y de las reuniones de esas personas que, aunque nadie decía las palabras adecuadas, de cualquier forma concedía los deseos.

El tiempo ha pasado rápidamente. Han transcurrido ya alrededor de 500 años y una generación tras otra, y los conocimientos exactos se han ido perdiendo. Hoy ya no se sabe cuál es el claro del bosque, ni cómo encender el fuego, ni mucho menos cuáles son las palabras de Baal Shem Tov; de hecho, no se sabe siquiera ya cuál es el bosque.

Sin embargo... dicen que a Dios le gusta tanto ésta historia que basta que una sola persona en todo el mundo la quiera contar, y una sola persona en el mundo quien la quiera escuchar, para que él se sienta complacido y satisfaga cualquier necesidad, concediendo cualquier deseo tanto a quien la cuenta como a quien la escucha.
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martes, 3 de enero de 2017

Las tres gallinas

Cuento judío 

El célebre rey Shlomó era todavía un niño. Habia hecho su bar mitzvá cuando se convirtió en el rey de los judíos.

Como era tan joven, tenía miedo de no poder gobernar una nación tan grande. Le preocupaba que tal vez no tomara la decisión correcta; que quizás no pudiera resolver los problemas que surgieran entre gente más vieja y sabia que él.

Shlomó decidió rezar a Di-s y pedirle que le ayudara a ser un buen rey.

Cierta noche, tuvo un sueño.  En este, Di-s le preguntaba qué era lo que más deseaba en la vida.

"Si pido riquezas", pensó el joven rey, "no tengo ninguna duda de que Di-s me las concederá.  Si solicito que proteja a mi reino de sus enemigos, seguro que también lo hará.  Pero, ¿no he aprendido yo que a la persona sabia nunca le faltará nada?"

"¡Señor del Universo!", dijo Shlomó en su sueño.  "No deseo riquezas.  Lo único que quiero es que me ayudes a ser un hombre sabio y compasivo. Un hombre que sepa juzgar correctamente todas las situaciones que se le presenten. De esa manera seré un buen ejemplo para mi gente y los judíos imitarán mi conducta".

Di-s reconoció en las palabras de Shlomó su fervoroso deseo de ser un buen rey, y le concedió su deseo.  Lo convirtió en el hombre más sabio del mundo.

Shlomó estudiaba Torá día y noche.  Examinaba las razones en virtud
de las cuales era bueno cumplir las Mitzvot, y explicaba a su pueblo todo lo que aprendía. Así, el pueblo compartía con su joven monarca todos sus conocimientos.

Cuenta la historia que cierto día Shlomó salió a pasear con tres hombres sabios. Ya casi habia comenzado el invierno, y hacia mucho frío.  Mientras andaban, se encontraron junto al camino con un hombre que, metido en el río, lavaba unas pieles.

"Perdóname si interrumpo tu trabajo", dijo el rey Shlomó al hombre, "pero... ¿no es siete más que cinco?"

El hombre inclinó la cabeza respetuosamente y respondió:

"Sí, Alteza.  Pero treinta y dos son más que doce".

Shlomó se mostró complacido por la respuesta, en tanto que los hombres sabios que lo acompañaban se miraron extrañados, sin comprender.¡Qué significaban estas adivinanzas?

"Dime", prosiguió Shlomó, "¿cuantas veces se quemó tu casa?"

"Tres veces", contestó el buen hombre. "Faltan dos, si Di-s quiere".

El Rey se mostró nuevamente satisfecho por la respuesta.

"¿De qué estarán hablando?", se preguntaron los hombres sabios.

"¿Si te envío tres gallinas, sabrás como desplumarlas?", volvió a preguntar el rey.

"Envíamelas, que yo me encargare del resto". 

El rey y sus acompañantes emprendieron el regreso.  Mientras caminaban de vuelta al palacio, el Rey preguntó a los tres sabios si habían comprendido la conversación mantenida con el hombre pobre.

"A decir verdad, Alteza, no hemos entendido nada".

"¿Y ustedes dicen ser sabios?", exclamó el Rey. "Cualquier persona común hubiera entendido nuestra conversación.  ¡Les doy tres días para que me digan de qué se trataba!  Si no aciertan, pueden ir buscándose otro empleo".

Los tres sabios pensaron y pensaron, pero por más que se esforzaban no daban con ninguna respuesta satisfactoria.  Finalmente y sin otro remedio, volvieron hasta al río para ver si encontraban al hombre que había estado allí lavando las pieles.

"Por favor, buen hombre", le imploraron apenas se encontraron con el, "explícanos la conversación que mantuviste con el rey. No entendimos nada, y nos gustaría saber de que han hablado".

"Lo siento mucho", respondió el hombre, "pero nada les puedo decir.  Es una cuestión privada".

Los tres sabios estaban desesperados. Tenían que saber cual habia sido el tema de la conversación. Finalmente, y como último recurso, le ofrecieron al pobre hombre todo el dinero que tenían si les explicaba que era lo que habia hablado con el rey.

"Si es así, acepto", respondió el hombre de buena gana.

Los hombres corrieron a sus casas y trajeron toda su fortuna. Entonces el buen hombre les dijo:

"El problema de ustedes es que son egoístas; si les hubiera interesado ayudar a la gente pobre como yo tanto como le importa al rey, lo hubieran entendido todo.

"Cuando el rey me vio parado en medio del agua fría", prosiguió, "sintió lastima por mí.  '¿No son siete más que cinco?', me preguntó. Es decir: '¿No puedes ganar suficiente dinero para mantenerte trabajando solo durante los siete meses cálidos del año?  ¿Tienes que trabajar también durante los meses de helada?'"

"Está bien", aceptaron los sabios la explicación.  "Pero, ¿qué significa la respuesta que tu diste al rey, que 'treinta y dos es más que doce'?"

"Le dije al rey que tengo treinta y dos dientes", contestó el hombre, "y para conseguir suficiente comida como para que todos ellos coman, me veo obligado a trabajar durante todo el año, doce meses y no solo siete, y tampoco eso me resulta suficiente".

Los sabios acariciaron sus barbas en señal de aprobación, y volvieron a preguntar:
"Y qué puedes decirnos respecto de la segunda pregunta que te hiciera el rey, aquello de '¿cuántas veces se quemó tu casa?'  ¿Qué quiere decir eso?"

"Señores, ¿es que todavía no entienden?", exclamó el hombre.  "Cuando un hombre pobre casa una hija, es como si quemara toda la casa. Todo lo que tiene se va en ayudar a la joven pareja a instalarse. Después, no le queda nada.  Nuestro sabio rey lo entendió; yo le dije que tenia cinco hijas, de las que hasta ahora he casado tres, y que, con la ayuda de Di-s, también casaré a las otras dos.  Y como el rey estaba deseoso de ayudarme, me hizo la tercera pregunta".

Dicho esto, el hombre dio media vuelta y continuó con su trabajo.

"¡Oye!  ¡Espera!", gritaron los tres sabios.  "¡Aún no nos explicaste lo de 'desplumar a las tres gallinas'!"

"Mis queridos amigos.  Ustedes son las gallinas que el rey me enviará. ¿No los desplumé lo suficiente?", respondió el hombre en medio de una sonora carcajada, al tiempo que levantaba las pesadas bolsas con el dinero recibido.

Los tres sabios se miraron entre sí, y se dieron cuenta de que el rey les había jugado una broma.

Al principio se enojaron un poco, pero luego reconocieron que debían considerarse afortunados por haber sido elegidos para ayudar al pobre hombre.
Y al mismo tiempo aprendieron otra lección del rey, que dice:

"Para tener un corazón que entiende, primero debes tener corazón".
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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Iniciativa

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Cuento judío

Un hombre se dirigió a un Maestro al cual le tenía mucha fe y confianza y le pidió que le diera una orientación respecto a su trabajo.
 
El Maestro le respondió: “Haz aguamiel y véndela en el mercado”, sin decirle nada más. 

Y el hombre, como tenía mucha confianza en el Maestro, se retiró aceptando el consejo.
 
Al mes siguiente, el hombre volvió, y el Maestro le preguntó:

- ¿Cómo te fue?

Y el hombre le contestó:

- Le vengo a preguntar como se hace el aguamiel.

El maestro le dijo entonces: “¿Ves?, tú tienes mucha confianza en mí, pero no tienes la suficiente confianza en ti como para realmente tomar la iniciativa”.
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viernes, 18 de noviembre de 2016

La ventana y el espejo

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Cuento judío

Un hombre muy rico fue a pedirle consejo al rabino, si debía o no dar dinero a los pobres, ya que estaba cansado de dar y dar. El rabino le tomó de la mano, lo acercó a la ventana y le dijo:

– Mira por esa ventana.

El rico miró por la ventana a la calle. El rabino le preguntó:

– ¿Qué ves?

El hombre le respondió:

– Veo gente.

El rabino volvió a tomarlo de la mano y lo llevó ante un espejo y le dijo:

– ¿Qué ves ahora?

El rico le respondió:

– Ahora me veo yo.

El rabino le contestó:

– ¿Entiendes? En la ventana hay vidrio y en el espejo hay vidrio. Pero el vidrio del espejo tiene agregado un poco de plata. Y cuando hay un poco de plata uno deja de ver gente y comienza a verse solo a sí mismo.
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domingo, 16 de octubre de 2016

Amistad: Unidad verdadera

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Cuento Judío

Una vez un padre estaba intercambiando ideas con su hijo sobre el tema de la amistad.

El padre dijo: 

—Sabes, hijo, es difícil hacer amigos.

El hijo le respondió: 

— ¿A qué te refieres papá? Yo tengo muchos amigos.

— ¿Cuántos amigos tienes? — preguntó el padre.

El hijo pensó un momento y dijo: 

— Los he contado. ¡Debo tener 200 amigos! (Y esto era antes de facebook).

— ¿200 amigos? ¿Un hombre joven como tú? — dijo el padre —. Es asombroso. No lo puedo creer.

— ¿Por qué papá? ¿Cuántos amigos tienes tú?

— ¿Yo? Durante toda mi vida he trabajado muy duro y sólo conseguí medio amigo.

— Pero papá, todos te quieren. Eres un hombre maravilloso. ¿De qué estás hablando... ¿sólo medio amigo? Y en todo caso, ¿qué es medio amigo?

— Mira hijo, tienes que saber si tus amigos son realmente tus amigos. Un amigo en los malos momentos es un verdadero amigo. ¿Por qué no haces la prueba y ves si tus amigos son realmente amigos?

El padre tuvo una idea. Siendo que esta historia tuvo lugar durante la ocupación romana de Israel, hace más de 2.000 años, debes saber que los romanos eran especialmente estrictos en lo que se refiere a la ley y el orden. Si agarraban a un asesino o a un ladrón, imponían un juicio rápido y duro sobre él. Y le hacían lo mismo a cualquiera que fuese cómplice del crimen. Era un asunto serio.

— Esto es lo que puedes hacer — sugirió el padre —. La sangre de una cabra se parece a la sangre humana. Toma una cabra, mátala y ponla en un saco. Luego, ve por la noche donde tus amigos y diles: “Tienen que ayudarme. Anoche fui a un bar y tomé demasiado. Había un hombre que comenzó a insultarme y nos pusimos a discutir. Me golpeó, y yo lo golpeé también, la pelea siguió en la calle, y lo golpeé demasiado fuerte y lo maté. Ahora tengo que deshacerme del cuerpo. Si no, estoy muerto”. Luego, pídele a tus amigos que te ayuden a deshacerte del cuerpo.

El hijo pensó que era una gran idea y lo intentó. Noche tras noche, tomó el saco con una cabra muerta en su interior y lo llevó donde sus amigos. Se demoró un par de semanas y unas cuantas cabras, pero visitó a los 200 amigos.

Como podrás adivinar, ninguno quiso ayudarlo. Todos entendieron que no era su culpa y que el otro hombre había comenzado la pelea, pero de ningún modo estuvieron dispuestos a hacerse partícipes del asunto.

Finalmente, el hijo volvió donde su padre y le dijo: 

— Papá, supongo que tenías razón. Mis amigos no son tan buenos amigos. ¿Qué hay sobre tu medio amigo? Quizás él me ayudaría.

El padre dijo: 

— Seguro, ponlo a prueba. Ve a su casa y dile que eres hijo de Jaim. Dile lo que pasó y ve si te ayuda o no.

Esa noche el hijo golpeó la puerta del amigo de su padre.

— ¿Quién es? —preguntó una voz asustada.

— Soy hijo de Jaim.

— Oh, ¡el hijo de Jaim! Entra. ¿Qué puedo hacer por ti?

El hijo le contó toda la historia sobre el bar y la pelea y el cuerpo.

— Bueno, la verdad es que no debería ayudarte, pero qué puedo hacer, eres hijo de Jaim.

Sacó el cuerpo al patio, cavó un hoyo y enterró el saco.

— Ahora vuelve a casa. Aléjate de los bares. Si alguien te insulta, mantén la calma. Pero sobre todo, olvida que alguna vez me conociste.

El hijo volvió donde su padre y le dijo:

— Papá, ¿por qué lo llamas medio amigo? ¡Es el único que me ayudó!

— ¿Qué te dijo?

— Dijo: “En realidad no debería ayudarte, pero eres hijo de Jaim, ¿qué puedo hacer?”.

— Eso es medio amigo —dijo el padre—. Alguien que hace una pausa y dice: “En realidad no debería hacer esto”, ese es medio amigo.

— Entonces, papá, ¿qué es un amigo de verdad?

Entonces su padre le contó la siguiente historia (citada en Shtei Yadot):

Dos jóvenes crecieron juntos y se volvieron muy buenos amigos. Vivieron en la época en la que el Imperio Romano estaba dividido en dos partes: una parte estaba controlada por un emperador en Roma y la otra mitad estaba dirigida por un emperador en Siria. Después de que ambos se casaron, uno se mudó a Roma y el otro a Siria. Comenzaron juntos un negocio de importación y exportación, y aunque vivían muy lejos, siguieron siendo muy buenos amigos.

Una vez, cuando el amigo de Roma estaba visitando Siria, alguien lo acusó de ser un espía de Roma y de estar planeando un complot en contra del emperador. Era un hombre inocente y sólo se trataba de un falso rumor. Entonces, lo llevaron frente al Emperador Sirio, quien subsecuentemente lo condenó a muerte.

Cuando lo llevaban para ser ejecutado, le preguntaron si tenía un último deseo. El hombre acusado suplicó:

— Por favor, soy un hombre inocente, pero no puedo probarlo. Entonces, si voy a morir, al menos déjenme volver primero a Roma, acomodar mis negocios y decirle adiós a mi familia. Ellos no saben de mis negocios, no saben quién me debe dinero ni dónde están mis bienes. Déjenme volver a Roma, poner mis asuntos en orden y luego volveré para que puedan ejecutarme.

El emperador se rió de él.

— ¿Acaso estás loco? ¿Crees que te dejaremos ir? ¿Qué garantía tendríamos de que volverás?

El judío dijo: 

— Espere. Tengo un amigo aquí en Siria que se quedará en mi lugar. Será mi garante. Si no vuelvo, lo puede matar a él en mi lugar.

El emperador estaba intrigado.

— Esto lo tengo que ver. Está bien, trae a tu amigo.

Entonces fue a buscar a su amigo de Siria. De acuerdo a lo esperado, el amigo accedió sin dudar a tomar el lugar del judío romano y a que lo mataran en su lugar si éste no volvía.

El emperador estaba tan sorprendido por este arreglo que accedió a dejar ir al judío romano.

— Te daré 60 días. Pon tus asuntos en orden. Si no estás de regreso para el atardecer del día 60, tu amigo estará muerto.

Y así el judío romano emprendió rumbo y se fue corriendo donde su familia para decir adiós y para poner sus asuntos en orden. Después de muchas lágrimas y adioses, partió con tiempo de sobra antes de que terminasen los 60 días.

Esos eran los tiempos de viajar en galeras, y a veces podían pasar varios días hasta que soplara el viento indicado. Como lo quiso la suerte, no hubo viento por varios días, el barco se retrasó, y para cuando el judío llegó a Siria estaba empezando el atardecer del día 60.

Como había sido acordado, los carceleros sacaron al amigo de Siria para la ejecución. En esos días, una ejecución era un evento de gala, y temprano por la mañana las multitudes comenzaron a reunirse. Finalmente, cuando estaban a punto de realizar la ejecución, llegó corriendo el amigo de Roma.

— ¡Esperen! ¡Deténganse! Estoy de vuelta. No lo maten. ¡Yo soy el prisionero real!

El verdugo dejó ir al amigo de Siria y estaba a punto de poner al judío de Roma en su lugar.

— Espera un minuto —discutió el garante indultado—. No lo puedes matar a él. Su plazo se cumplió. Yo soy el garante. ¡Tienes que matarme a mí en su lugar!

Los dos amigos fueron inflexibles por igual.

— ¡Mátame a mí en su lugar!

— ¡No, mátame a mí!

El verdugo no sabía qué hacer. La multitud estaba alborotada mirándolos pelear.

Finalmente, el emperador intervino. Sorprendido y asombrado, se volvió hacia los dos amigos y dijo:

— Los dejaré ir a ambos con una condición. ¡Háganme su tercer amigo!

Eso es amistad. Eso es unidad verdadera.
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lunes, 19 de septiembre de 2016

El fuego del incendio

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Cuento judío

Cerrada y oscura era la noche, ni la luna ni las estrellas empalidecían la oscuridad, cuando el incendio comenzó a devorar algunas moradas de madera. Los habitantes del poblado rápidamente organizaron cadenas humanas, para pasarse los baldes con agua, y de ese modo extinguir eficazmente el fuego.

En poco tiempo las llamas fueron apagadas, sin embargo, el enojo de las personas contra Dios recién se estaba encendiendo.

Unos a otros se decían: "¿Cómo Dios que es tan bueno permite que acontezcan tragedias como ésta? ¿Por qué no mandó una lluvia que liquidará milagrosamente el incendio? De hecho, ¿por qué no realizó un milagro para que el incendio no sucediera? Es más, ¿por qué directamente no quitó el poder combustible al fuego, para preservar nuestras propiedades? ¿Qué Dios de justicia es este Dios?"
 
Y así, unos a otros los pobladores se iban preguntando tontamente, en tanto incrementaban su enojo y tontera.

Hasta que, gritó el que era considerado el más tonto entre todos los tontos habitantes, y dijo: "¡Dejen ya de culpar a Dios en aquello que es inocente! ¿O acaso no se dan cuenta que si no hubiéramos tenido el fuego del incendio no hubiéramos podido vernos para pasarnos los baldes con agua y así apagar el incendio?"
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domingo, 28 de agosto de 2016

El viento y la harina

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Cuento hebreo

Había una vez en el reino de Israel una mujer muy bondadosa. Su nombre era Rebeca.

Todas las mañanas amasaba y cocía cuatro hogazas de pan iguales. Tres se las daba a los mendigos que acudían diariamente a la puerta de su casa para pedir alimento y la otra era para su familia.

Un día después de repartir las tres hogazas a los mendigos de siempre apareció un cuarto mendigo que le dijo:

- Tengo hambre. ¿Podrías darme algo de comer?

El mendigo parecía tan hambriento que Rebeca le dio la hogaza que guardaba para su familia.

Cuando se dispuso a meter la mano en la tinaja para volver a amasar, no quedaba harina. Entonces, Rebeca metió un poco de trigo en su saco y se fue al molino que estaba a orillas del mar.

Cuando terminó de moler el cielo se lleno de oscuros nubarrones que amenazaban tormenta. De repente, el viento empezó a soplar muy fuerte y arrancó a Rebeca el saco de la mano. Ella corrió desesperadamente tras el saco… pero fue inútil porque el viento lo lanzó al mar. Rebeca disgustada gritó:

- ¿Qué he hecho yo para merecer esta injusticia? ¿Con qué voy a alimentar ahora a mi familia?

Justo entonces empezó a llover y en el rostro de Rebeca las gotas de agua se mezclaron con las lágrimas. Estaba sola en medio de la playa, así que se apretó el manto al cuello y regresó a casa con las manos vacías.

Cuando estaba casi llegando a su casa, dio media vuelta y se dirigió al palacio del rey. En aquellos tiempos reinaba Salomón que era famoso por la sabiduría con la que aplicaba justicia.

Al llegar ante Salomón dijo:

- ¡Vengo a denunciar al viento!

- ¿Al viento? -preguntó Salomón sorprendido - ¿Y qué maldad te ha hecho el viento para que estés tan enfadada con él?

Rebeca le contó todo lo ocurrido al rey. Cuando acabó de contar su historia, el rey iba a decir algo pero no pudo porque diez hombres entraron en la sala cada uno con un saco enorme.

- ¿A que venís? ¿Que traéis en esos sacos tan grandes? - preguntó Salomón.

- Estos sacos están llenos de monedas de oro - dijo uno de los hombres-,

y queremos dárselos a la persona que nos salvó la vida.

- ¿Y quien os ha salvado ya vida? - preguntó Salomón.

- Por desgracia no lo sabemos. Esperamos encontrarla, pero, si no damos con ella, donaremos todo el dinero a los pobres de este reino.

- Hay algo que no entiendo - admitió Salomón -.¿cómo puede ser que no sepáis quien os ha salvado la vida?

Entonces un segundo hombre tomo la palabra.

- Hace un rato, íbamos navegando por el mar. Ya se veía el puerto en el horizonte cuando, de repente, se abrió una gran brecha en nuestro barco. El agua entró con tanta fuerza a bordo que el barco comenzó a hundirse. Os aseguro, Majestad, que ha faltado poco para que naufragáramos .

- Sin embargo -continuó un tercer hombre -, algo llegó de pronto desde el aire y taponó la brecha por la que entraba el agua al barco. Se trata de este saco que traemos aquí.

- Al parecer el saco contenía algo de harina que al mojarse formó una argamasa que taponó la brecha -dijo un cuarto hombre -. La persona que lanzó este saco al mar nos ha salvado la vida, y es justo que se lo agradezcamos.

El rey Salomón observó el saco que portaban los hombres y vio que en él se leía un nombre bordado, ”REBECA”. Entonces Salomón le preguntó a Rebeca si reconocía el saco. Rebeca respondió que sí.

- Si este saco es tuyo también lo será el oro que traen estos hombres. Te lo mereces por tu bondad. Ya ves tu saco de harina ha salvado diez vidas. Dime ahora si es justo castigar al viento… Ahora ya has descubierto, Rebeca, que Dios siempre premia a la persona generosa, aunque a veces elija el camino más largo y asombroso para hacerlo.

Salomón bendijo a Rebeca, le entregó los sacos de oro y ella se volvió a casa admirada por la valiosa lección que acababa de aprender.
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sábado, 18 de junio de 2016

בראשית

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Del primer tomo del Sefer-Ha Zohar

Está escrito "En el principio Rab Hammenunna el viejo, dice: al comienzo del Génesis hallamos una inversión de las letras iniciales.

Así las dos primeras palabras del Génesis tienen como iniciales la letra beth: bereschit (= en el principio), bara (= creó), y las dos palabras siguientes tiene como inicial la letra aleph: Elohim (= Dios), Eth (= Él). He aquí la razón de ésta inversión. Ya dos mil años antes de la Creación del mundo, las letras estaban ocultas y el Santo, bendito sea él, las contemplaba delectándose con ellas. Pero cuando  quiso crear el mundo, todas las letras, pero en orden invertido, acudieron ante él. La primera fue la letra thav.

- Señor de los Mundos - dijo -complácete en servirte de mí para realizar la creación del mundo, puesto que soy la letra final de la palabra Emeth (= Verdad), grabada en tu sello; y puesto que tú mismo eres llamado Emeth, conviene que el Rey comience por la letra final de la palabra Emeth y se sirva de ella para crear el mundo.

El Santo, bendito sea, respondió:

- Tú eres, en verdad digna; pero no es conveniente que yo me sirva de ti para realizar la creación del mundo, porque tú estás destinada a ser grabada en la frente de los hombres fieles que han observado la ley desde el aleph hasta el thav, y también a estar ligada a la muerte, puesto que tú formas la letra final de la palabra maveth (= muerte). Por estas razones no me interesa servirme de ti para realizar la creación del mundo.

La letra thav se alejó inmediatamente. Y entró entonces la letra schin, y tras formular la misma solicitud la apoyó con el hecho de ser la inicial del nombre del divino Schadai:

- Conviene que te sirvas de la inicial del nombre divino Schadai para realizar la creación del mundo.

Dios le respondió:

- En efecto, tú eres digna, eres buena y verdadera. Pero los falsarios se servirán de ti para afirmar sus mentiras, asociándote a las dos letras qoph y resch para formar así la  palabra scheqer (= mentira). De estas palabras se sigue que los mentirosos, para hacer aceptar sus mentiras, se ven obligados a mezclar también un principio de verdad. Por eso la palabra scheqer (= mentira) es el anagrama de la palabra qescher (= nudo, haz), porque para aceptar las mentiras del mentiroso está obligado a empezar diciendo una verdad (sch), a la que enseguida añade la mentira (q y r), de manera que vayan juntas. Así, aunque tú seas verdadera, letra schin, ya que los tres patriarcas se reunirán en ti, no conviene que me sirva de ti para realizar la creación del mundo, porque tú serás frecuentemente asociada a las dos letras q y r que están del lado malo, del lado del demonio.

Cuando la letra schin oyó estas palabras, se alejó. Y viéndolo, las letras q y r no se atrevieron a presentarse y se alejaron también. Entró luego la letra caadi y formuló la misma petición, apoyándola en el hecho de que la palabra justo (caddiq) aplicada a los hombres y a Dios comienza por la letra caadi, como está escrito: "Porque el Señor es justo (caddiq) y ama la justicia (cedaqoth)." Dios le respondió:

En efecto, tú eres justa, letra caadi; pero no me conviene servirme de ti para realizar la creación del mundo, ya que conviene que tú permanezcas oculta para que no haya lugar a
malentenidos. Porque tu forma primitiva es un noun oblicuo, proncipio hembra, sobre el que ha venido a añadirse un yod, principio masculino. Y tal es el misterio de la creación del primer hombre, que fue creado a doble faz, espalda contra espalda, y es por ello que el Yod es presentad de espaldas y no de frente, tanto si mira para arriba como para abajo. Tú también caddi, serás un día dividida en dos, pero irás a otra parte.

La letra caddi salió y se alejó. Entró luego la letra pe y formuló la misma petición, haciendo valer el hecho de que la palabra pedouth (= Liberación que un día consumará Dios en el mundo) comienza por una p. Dios le respondió:

- Tú eres digna, en efecto,; pero también la palabra pescha (= pecado) comienza por una p. Además, tienes la cabeza baja, símbolo del pecador que, avergonzado, baja la cabeza y extiende los brazos.

A la letra ayin, Dios le respondió que con ella comienza la palabra avon (crimen); y aunque ella replicó que también comenzaba con ella la palabra anava (modestia), el Santo, bendito sea, le respondió:

- No me serviré de ti para realizar la creación del mundo.

Cuando ayin salió, entró la letra samekh y formuló la misma petición que las anteriores apoyándose en el hecho de que el versículo donde se dice: "El Señor sostiene a todos los que vacilan", comienza con una palabra cuya inicial es la letra samekh (=sostén). Dios le respondió:

- Precisamente por tu oficio es por lo que debes permanecer en tu lugar; porque si yo te quitara de tu lugar para servirme de ti para realizar la creación del mundo, ¿qué sería de aquellos que están a punto de caer, ya que se apoyan en ti?

La letra salió inmediatamente. A la letra noun, que hizo valer el hecho de que las palabras nora (= temor) y nava (= hermoso) comienzan por ésta letra, Dios le respondió:

- Vuelve a tu lugar porque por tu causa samekh volvió al suyo y apóyate en ella (ya que el noun es la inicial de nopheleim "los que vacilan" del versículo citado).

Enseguida salió volviendo a su lugar. La letra Mem hizo valer que es la inicial de la palabra Melekh (= Rey).

- Es verdad, le respondió Dios -, pero no me serviré de ti para la creación del mundo, puesto que el mundo necesita un Rey; permanece pues en tu sitio con las demás letras que forman esta palabra, es decir, la letra Lamed y Kaph, ya que no es conveniente para el mundo que se quede sin rey.

En este momento, la letra caph, vivamente impresionada, descendió del trono glorioso y exclamó:

- Señor del Universo, dígnate servirte de mí para realizar la creación del mundo, puesto que soy la inicial que exprea tu gloria (cabod = Gloria).

Cuando la letra caph bajó del trono, doscientos mil mundos se conmovieron y con ellos el mismo trono: la sacudida fue tan violenta que amenazó con el derrumbe a todos los mundos. El Santo, bendito sea, dijo entonces a ésta letra:

- Oh, caph, caph, ¿por qué sigues aquí? Vuelve a tu sitio, porque no me serviré de ti para realizar la creación del mundo, porque también eres la  inicial de la palabra que expresa el exterminio (cala = exterminio). Así que vuelve a tu sitio y quédate allí.

Entonces la letra salió y volvió a su sitio. Entró entonces la letra yod y formuló la misma petición haciendo valer el hecho de ser la inicial del nombre sagrado. Dios le respondió:

- Ya es bastante para ti el estar grabada y marcada en mí mismo y ser el punto de arranque de toda mi voluntad; y no conviene que te separes de mi nombre.

La letra teth entró a su vez e hizo la misma demanda que las letras anteriores, haciendo valer el hecho de ser la inicial de la palabra tob (= bueno), que es  uno de los atributos de Dios, llamado: el bueno, el justo. Dios le respondió:

- No me serviré de ti para la creación del mundo. Sobre todo porque el bien que tú representas está encerrado y oculto en mí, como está escrito: "¿Cuán grande es la abundancia de tu bondad, que tú ocultas para aquellos que te temen", luego el bien está reservado para el mundo futuro; así que tú no tienes nada que ver con el mundo que yo quiero crear ahora. Pero además es porque es precisamente a causa del bien que tu guardas en ti que las puertas del temmplo serán derribadas en tierra." Y finalmente porque tienes junto a ti a la letra heth, con la cual constituyes la palabra que designa el pecado: pescha. Y por esa razón tampoco estas dos letras figurarán en ninguno de los nombres de las doce tribus santas.

La letra teth salió entonces sin más. Entró luego la letra zayin que formuló la misma petición que las letras precedentes, haciendo valer el hecho de que es la  inicial de la palabra con que comienza el versículo que se refiere al mandamiento del reposo sabático, como escrito está: "Acuérdate de santificar el sábado". Dios le respondió:

- No me serviré de ti para realizar la creación del mundo porque eres la imagen de la guerra ya que tienes la forma de un sable afilado y de un puñal de guerra, parecido al de la letra final noun.

La letra salió entonces enseguida. Y entró la letra vav y formuló su petición, igual que las letras anteriores, haciendo valer el hecho de formar parte del nombre sagrado. Dios le respondió:

- Bastante tienes tú y tu vecina la letra he con figurar en mi nombre y constituir el misterio encerrado en mi nombre y estar grabadas y marcadas en mi nombre. Por ello no me serviré de vosotras  para realizar la creación del mundo.

Las letras daleth y ghimmel entraron y formularon la petición a su vez, como las letras anteriores. Dios les respondió:

- Ya tenéis bastante vosotras dos también con permanecer siempre una junto a la otra; porque siempre habrá pobres en el mundo, a los que hay que socorrer; porque daleth (= pobreza) designa al pobre, y ghimmel (=socorrer) designa al bienhechor que asiste al primero. Así pues quedaos una junto a la otra para que una alimente a la otra.

La letra beth entró enseguida diciendo:

- Señor del Universo, dígnate servirte de mí para realizar la creación del mundo, puesto que soy la inicial de la palabra de la que nos servimos para bendecirte (barukh = bendito sea)
arriba y abajo.

El Santo, bendito sea, le respondió:

- De ti me serviré, en efecto, para realizar la creación del mundo, y así tú serás la base de la obra de la creación.

La letra aleph se quedó en su sitio sin presentarse. El Santo, bendito sea, le dijo:

- Aleph, Aleph, ¿por qué no has venido también tú, como todas las demás?

Aleph respondió:

- Señor del Universo, después de ver cómo todas las demás letras se presentaban a ti nutilmente, ¿para qué iba a presentarme también ante ti? Por lo demás como ya he visto que habías resevado don tan precioso para la letra beth, he comprendido que el Rey de los cielos no le es propicio quitarle el don que ha hecho a uno de sus servidores para dárselo a otro.

El Santo, bendito sea, le respondió:

- Oh, Aleph, Aleph, aunque yo me sirva de la letra beth para realizar la creación del mundo, tú serás compensada, porque tú serás la primera de todas las letras, y yo no tendré unidad sino en ti; tú serás la base de todos los cálculos y de todos los actos realizados en el mundo, y en ninguna parte podrá hallarse la unidad como no sea en la letra Aleph.

De todo cuanto acontece se sigue que el Santo, bendito sea, creó las formas de las grandes letras celestes a las que corresponden las letras pequeñas de aquí abajo. Y por
eso las primeras dos palabras de la Escritura tienen como iniciales dos beth y las dos siguientes dos aleph: para indicar las letras celestes y las del mundo.
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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Siempre hay que sacar de nuestra boca palabras positivas

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Cuento judío

Había un hombre muy rico, quién poseía dos hijos y pretendía que no se conviertan en holgazanes, sino que se ocupasen en trabajos de los cuales obtubiesen ganancias de ellos, aunque sea que no necesitase el dinero que ellos podrían aportar, ya que tenía tierras arrendadas que lo que percibía a cambio ascendía cien veces al dinero requerido para los gastos de su casa.

Con todo eso, deseaba que se ocuparan y no se hicieran haraganes por causa del ocio.

Por tal razón, dio a cada uno un capital de doscientas monedas de oro para que cada uno se ocupara con ese dinero en una mesa en la feria.

Además les puso la condición de que fueran hacia él cada vísperas de "Shabat" antes de la plegaria vespertina. Y si le dijeren  a él, que les fue bien y obtuvieron ganancias en esa semana, él les daría en calidad de obsequio la suma de cincuenta monedas de oro de su propio bolsillo a aquel que ganó, y si no obtuvieron ganancias, no daría siquiera un céntimo. Más aun si perdieron esa semana, que no les daría nada.

Ellos procedieron así por varias semanas, y tomaban de su padre cada uno la suma de cincuenta monedas de oro como habían convenido.

Solo que una semana ambos perdieron, y vino uno a su padre en vísperas de "Shabat" y le comunicó a su padre la noticia de que había tenido pérdidas, y no le dio nada.

Sin embargo, su hermano pensó "¿Para qué voy a decir ‘perdí’ y le voy a abrir la boca al Satá’n?. Sino que le informaré de modo tal para que entienda por si solo que perdí y no me de nada".

Fue entonces y le dijo: "Gané la semana pasada".

Y por cuanto que abrió su boca con algo bueno, aconteció que provocó que gracias al Cielo, su padre sólo escuchara la primera palabra "gané", sin prestar atención al final de la oración que tendría que ser "esta semana" y le dio las cincuenta monedas de oro.
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De aquí debe aprender toda persona en no abrir su boca para pronunciar algo malo en absoluto y así no provocará que su destino negativo caiga sobre él.

Además no debe menospreciar las situaciones, ya que un pacto se promulgó con los labios, y si requieren a él para dar caridad, otorgar un préstamo, generosidad, etc. que no diga "mis bolsillos están vacíos, o no tengo", puesto que el tiempo se pronunciará contra él en algún momento invirtiendo las cosas a menos que haga obras de bien.
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jueves, 26 de febrero de 2015

La buena lengua

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Cuento judío

Rabí Shemuel Ha-Naguid era un importante ministro en la corte de los Reyes de España. Una vez, uno de los ministros, el cual envidiaba la posición que tenía el ministro judío, decidió delatar a Rabí Shemuel Hanaguid ante el Rey de España, profiriendo toda clase de argumentos en su contra.

Al escuchar el Rey las acusaciones, no solo que hizo caso omiso a las palabras de aquel malvado ministro, sino que mando llamar a Rabí Shemuel Ha-Naguid ordenándole que le corte la lengua al ministro que tan malignamente había hablado de él. ¿Qué hizo Rabí Shemuel Ha-Naguid al escuchar la orden real? Invitó al ministro enemigo a su casa, lo recibió ofreciéndole deliciosos manjares y grandes honores, y le hablo hermosas palabras que lograron ablandar a su malvado corazón.

Posteriormente, con mucho tacto y delicadeza le explicó la importante función que cumple la “lengua“, la cual debe de ser utilizada únicamente para decir cosas buenas o de provecho, y no para hacer daño a través de ella, insinuándole acerca del error que había cometido al hablar mal acerca de su persona.

La manera como trato Rabí Shemuel Ha-Naguid a aquel hombre, causaron el efecto que Rabí Shmuel había esperado, provocando que el ministro se disculpase, comprometiéndole corregir su conducta para convertirse en una nueva persona.

Luego de un tiempo, cuando llegó a oídos del Rey que Rabí Shemuel Ha-Naguid no había cumplido con su orden de cortarle la lengua al ministro, tal como lo había ordenado, lo mando llamar para pedirle explicaciones por el incumplimiento de su orden real.

Rabí Shemuel Ha-Naguid se dirigió al Rey de España y le dijo: “Yo si he cumplido con la orden de Su Majestad, pues a través a través de mis cálidas y sinceras palabras, logré extirpar la “mala lengua” que tenía aquel hombre, logrando que se transforme en una lengua sana y buena…
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* Este cuento, nos enseña dos lecciones a través del Rabí Shemuel Ha-Naguid. La primera es que con la violencia solo generas violencia. Yo me preparo para la paz... una frase que oímos de los mandatarios de la mayoría de los países.

Segunda que el Ego, la vanidad, la idea que tenemos de nosotros mismos hay que dejarla a un lado. El Rabí Shemuel Ha-Naguid, al ser un sabio, entendía claramente que si se hubiera sentido ofendido, hubiera atacado al calumniador, y por tanto hubiera visto justificado atacar, defenderse, aplicar la violencia, que en el caso del cuento era cortar le la lengua.

Si hubiera hecho lo que el Rey le mandaba, probablemente se hubiera creado un enemigo peor.
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sábado, 20 de diciembre de 2014

Moisés y las Tres “Injusticias”

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 Cuento hebreo

El Midrash cuenta que un día Moisés estaba en el desierto, descansando detrás de unos arbustos, cerca de un oasis. De repente vio llegar un viajero que se asomó a la fuente para tomar agua y al agacharse se le cayó su bolso de dinero. No se dio cuenta y siguió su camino.

Al rato llega otra persona a tomar agua. Encuentra el dinero, se lo lleva y se va.

Llega una tercera persona a tomar agua y se acuesta a descansar en la sombra de los árboles.

Mientras tanto el primero se da cuenta que había perdido su dinero y vuelve al oasis a buscarlo. No lo encuentra y acusa al hombre que estaba descansando. El hombre negó haberlo encontrado. El primero no le cree, se enoja y lo mata.

Moisés levanta sus ojos al cielo y dice: ¡Amo del universo! ¿Dónde está la justicia?

D-os le responde: Te voy a explicar el tema esta única vez.

El dinero que el primero perdió no era suyo. Lo había heredado de su padre quien, a su vez, lo había robado.

El segundo fue a quien el padre del primero le había robado. Hoy le devolví lo suyo.

¿Y el tercero?

El tercero fue el asesino del padre del primero. El hijo hizo la justicia, sin saberlo.

Vemos de esta historia que realmente no podemos juzgar la justicia únicamente en base a  lo que nuestros ojos ven. Está en nosotros aceptar o no la justicia suprema e infalible del Creador del Universo, aún sin entenderla.

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jueves, 11 de diciembre de 2014

Todo lo que hace el Misericordioso es para bien

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Relato talmúdico

El Talmud relata cómo cierta vez el Rabí Akiva estando de viaje llegó a cierto pueblo donde los habitantes, poco hospitalarios, se negaron a albergarlo. Aun así, el Rabí Akiva dijo, kol deavid Rajmana, le-tov avid - "Todo lo que hace el Misericordioso es para bien", y de este modo fue a pasar la noche en el campo. 

Llevaba una lámpara, un gallo para despertarlo y un burro. Un viento apagó su lámpara, un gato comió su gallo y un león mató el burro. El Rabí Akiva quedó solo en la oscuridad, pero aún así dijo:  "Todo lo que hace el Misericordioso es para bien".

En medio de la noche un grupo de bandidos atacó el pueblo y se llevó cautivos a sus habitantes.

Entonces el Rabí Akiva dijo: "Ahora veo cómo todo lo que hace el Santo, bendito sea, es para bien. Si mi lámpara hubiera estado encendida ellos me habrían visto. Si el gallo hubiera cantado y el burro rebuznado, ellos habrían sabido que estaba aquí y me habrían llevado también"
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domingo, 28 de octubre de 2012

El secreto de la riqueza


 De La Sabiduría de los cuentos de Alejandro Jodorowsky


Una madre judía le dijo un día a su hijo:

- Hijo mío, tienes ya veinticuatro años. Y ha llegado la hora de afrontar tu futuro. Tu padre tiene un amigo rico.¡Ve, pues, a verle y pregúntale cómo se las ha arreglado él para hacerse rico!
El joven, siguiendo los consejos de su madre, concertó una cita con el amigo de la familia. Había caído la noche cuando se encontraron.

- ¿Podría confiarme usted el secreto de su éxito?-preguntó el joven visitante.

- Por supuesto - asintió el hombre- Es una historia muy larga-. Y, echando una mirada a su huésped, añadió: ¡Dado que no tomas notas,apagemos la luz! ¡No vale la pena gastar electricidad si no es necesario!

A estas palabras, el joven sonrió y dijo:

- Lo he comprendido. Acaba usted de darme la respuesta.
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El joven había comprendido que, para ser rico, hay que ser ahorrador, consciente de todo.
Aplicándolo al terreno que a nosotros nos interesa, para adquirir la riqueza espiritual, nos conviene estar, de igual modo, extremadamente vigilantes. No malgastar nuestra vida inútilmente.

Por esta razón es por lo que pido a las personas que vienen a consultarme si han estudiado su árbol genealógico a fin de ver lo que se preparan a vivir en el futuro. ¿Vivimos en el pasado, en nuestra herida, o bien en el presente, en esa maravilla que es el instante? Hay que tomar conciencia de lo que nuestro árbol nos ha legado a fin de no dilapidar nuestra vida.

Son numerosas las historias zen que hablan de economizar el agua. Es una manera de decir que no hay que malgastarse. O dicho de otro modo, vivir o en el pasado o en el futuro, pero no en el presente.
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