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miércoles, 1 de febrero de 2017

El Contrabandista

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Cuento de Mulla Nasrudin, de Idries Shah

Nasrudin solía cruzar la frontera todos los días, con las cestas de su asno cargadas de paja. Como admitía ser un contrabandista cuando volvía a casa por las noches, los guardas de la frontera le registraban una y otra vez. Registraban su persona, cernían la paja, la sumergían en agua, e incluso la quemaban de vez en cuando.

Mientras tanto, la prosperidad de Nasrudin aumentaba visiblemente.

Un dia se retiro y fue a vivir a otro país, donde, unos años mas tarde, le encontró uno de los aduaneros.

- Ahora me lo puedes decir, Nasrudin, ¿Que pasabas de contrabando, que nunca pudimos descubrirlo?

- Asnos - contestó Nasrudin.
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El hecho de que la persona media piense según unas pautas determinadas y no pueda adaptarse a un punto de vista muy diferente, le hace perder gran parte del sentido de la vida. Puede vivir, incluso progresar, pero no puede comprender lo que ocurre.
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sábado, 2 de agosto de 2014

Ahogarse

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De Reflexiones de Idries Shah

Ahogarse en melaza es tan desagradable como ahogarse en lodo.
La gente, hoy en día, corre el peligro de ahogarse en información, pero, como se les ha enseñado que la información es útil, están más dispuestos a ahogarse que lo necesario.
Si supieran manejar la información no tendrían necesidad de ahogarse en absoluto.
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martes, 15 de julio de 2014

La mujer estéril

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 De El camino del Sufi de Idries Shah

Un hombre consultó a un médico pues su esposa no podía concebir. El médico examinó a la mujer, le tomó el pulso y dijo:

"No puedo tratar su esterilidad porque he descubierto que de todas maneras morirá dentro de cuarenta días."

Después de escuchar tal afirmación la mujer quedó tan preocupada que no pudo comer durante los cuarenta días siguientes.
Pero no murió en el plazo señalado.

Volvió el marido a consultar al médico quien le dijo:

"Sí, lo sabía; ahora será fecunda".

El esposo preguntó de qué manera había sucedido ese cambio y el doctor le respondió: "La exagerada obesidad de tu esposa interfería en su fertilidad. Sabía que lo único que le haría olvidar la comida sería el temor a la muerte. Por tanto, ya está curada". El conocimiento es un problema muy peligroso.
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lunes, 14 de julio de 2014

El mercado

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De Cien cuentos de la Sabiduría sufí
de Idries Shah

Shamsuddin se convirtió a partir de entonces en un discípulo más devoto, y aceptó que era cierto lo que había dicho Maulana: que como el tenía la impulsividad propia del Buscador espiritual, buscaba constantemente la compañía de todos los maestros posibles; pero lo que le había dicho Maulana le había abierto los ojos a la realidad de un maestro verdadero. Aquel día, Maualana recitó unos versos y mandó a todos sus discípulos que se los aprendieran de memoria. Decían así:

En este mercado
de los vendedores de medicinas de lo Oculto,
no corras de un lado a otro,
pasando por todas las tiendas.
¡Siéntate, más bien, en la tienda
del que te puede dar el verdadero remedio!
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sábado, 12 de julio de 2014

La Danza

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De El camino del Sufi de Idries Shah

Un discípulo había pedido permiso para participar en la "danza" de los Sufis.

El Sheikh le dijo: "Haz ayuno absoluto durante tres días. Luego pide que te preparen platillos exquisitos. Entonces, si aún prefieres la danza, podrás tomar parte en ella".
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miércoles, 4 de junio de 2014

Diferente cada vez

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De Reflexiones de Idries Shah


Un maestro Sufí fue visitado por un perplejo Buscador-de-la-Verdad, quien le dijo: “Tengo sólo una pregunta que hacer. ¿Por qué es que, donde vaya, siempre me parece recibir diferentes consejos de los Sufís?”

El maestro contestó: “Ven a caminar conmigo por este pueblo y veremos qué podemos descubrir acerca de este misterio.”

Fueron al mercado, y el Sufí le preguntó al verdulero: “Dígame, ¿qué hora de oración es?” El verdulero dijo: “La hora de la oración matutina.”

Continuaron su paseo. Después de un tiempo, el Sufí le preguntó a un sastre: “¿Qué hora de oración es?” El sastre contestó: “La hora de la oración del mediodía.”

Luego de pasar más tiempo en conversación y compañía con el Buscador, el Sufí se aproximó a otro hombre, un encuadernador. Le preguntó: “¿Qué hora de oración es?” El hombre respondió: “Es la hora de la oración vespertina.”

El Sufí se volvió a su compañero y le dijo: “¿quieres continuar el experimento o ya estás convencido de que, de hecho, la misma pregunta puede producir distintas respuestas, y todas corresponder a la verdad?”
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lunes, 2 de junio de 2014

Puntos de vista

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De Reflexiones de Idries Shah


Saadi de Shiraz, en su Bostan, afirmó una importante verdad cuando contó esta diminuta historia:

Un hombre se encontró con otro, que era apuesto, inteligente y elegante. Le preguntó quién era. El otro respondió:

- Soy el Diablo.

- Pero no puedes serlo - dijo el primer hombre -, ya que el diablo es malvado y feo.

- Mi amigo - dijo Satan -, has estado escuchando a mis detractores
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El cuento de las arenas

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Cuento de Awad Afifi el Tunecino
de Cuentos de los Derviches de Idries Shah


Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.
Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró: "El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río"

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto. "Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino"

- ¿Pero cómo esto podrá suceder?

"Consintiendo en ser absorbido por el viento".

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. "¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?" "El viento", dijeron las arenas, "cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río"

- ¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río."

- ¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó - ¿o le pareció? - que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad". El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: "Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña"

Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Las Tres formas de conocimiento

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De El camino del sufi
de Idries Shah

Ibn el-Arabi de España instruía a sus discípulos empleando esta antiquísima máxima:

Hay tres formas de conocimiento. La primera es el conocimiento intelectual, el que, en verdad, es sólo información y recopilación de hechos, y su utilización para acceder a otros conceptos intelectuales. Esto es intelectualismo.

La segunda es el conocimiento de los estados, que incluyen tanto los emocionales como los extraños al ser, en los que el hombre cree percibir un algo supremo pero de lo que no puede servirse. Esto es emocionalismo.

La forma tercera es el conocimiento genuino, esto es, el Conocimiento de la Realidad. Por medio de esta forma de conocimiento, el hombre puede percibir lo correcto y verdadero, más allá de los límites del pensamiento y de los sentidos.

Los académicos y científicos se concentran en la primera forma de conocimiento.

Los emocionalistas e investigadores utilizan la segunda. Otros emplean la combinación de ambas, o cualquiera de las dos alternadamente.

Pero quienes arriban a la verdad son los que saben la manera de conectarse con la realidad que yace más allá de las dos primeras formas de conocimiento. Estos son los verdaderos Sufis, los Derviches que han Logrado.
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viernes, 12 de julio de 2013

Una respuesta de Humanyun Adil

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Humanyun Adil oyó decir a alguien:

- Si esta disertación del maestro (tal o cual) tuviese más sustancia, más densidad, ¡cuánto más útil sería!

Inmediatamente, Humanyun Adil exclamó:

- Eso me recuerda a aquel hombre que encontró un manuscrito de cuatro páginas y lamentó que tuviera espacios blancos, pensando que así se desperdiciaba papel. De pronto, mágicamente, el negro se extendió de las letras y las cuatro páginas quedaron completamente negras.
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viernes, 28 de junio de 2013

Indigencia

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Un mono dijo a un hombre:

- ¿No adviertes cuan indigente estoy? No tengo casa ni ropa, ni comida excelente como tú, ni ahorros, ni muebles, ni tierras, ni objetos de adorno; nada en absoluto. Tú, en cambio, posees todas esas cosas y muchas más. Además, eres rico.

El hombre, avergonzado, entregó al mono todo cuanto tenía, convirtiéndose en mendigo. 

Una vez que el mono hubo tomado posesión legal de todos los bienes, el hombre le preguntó:

- ¿Y ahora, qué piensas hacer con todo eso?

 El mono contestó:

- ¿Por qué habría de hablar yo con un tonto indigente como tú?
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viernes, 14 de junio de 2013

La enfermedad

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Un ruiseñor decía cierta vez a un pavo real:

- Cuando yo trino, la gente me rodea para escuchar la belleza y pureza de mi canto; el hombre tal vez sea asesino, pero también es esteta.

El pavo real, después de escuchar con atención, decidió atraer a una muchedumbre para que admirara su hermoso plumaje, incomparablemente más exquisito, que ningún ruiseñor podría exhibir.

Con ese propósito acudió a un lugar donde se congregaban seres humanos y se pavoneó frente a ellos, plegando y desplegando su cola, escondiendo y extendiendo sus plumas ante la mirada de todos.
Uno de los espectadores dijo:

- Ese infortunado pavo real tiene algo que no anda bien; no puede quedarse quieto. Debe ser alguna enfermedad.

En vista de lo cual tomaron al pavo real y lo mataron, no fuese que la enfermedad se propagase a sus aves domésticas.

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lunes, 6 de mayo de 2013

El hijo de un mendigo

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Cuando el maestro Salim, de Isfahán, visitó en la India la ciudad de Haidarabad, muchos compitieron entre si por el privilegio de que los aceptara como discípulos.
Algunos eran ricos, otros poseían un perfecto conocimiento de las tradiciones, pero todos deseaban ocupar un sitio a los pies de Salim.
Pero cuando la visita hubo terminado, Salim no dejó a nadie tras de si para que guiase a la gente y sólo se llevó consigo al hijo de un mendigo.
Unos diez años después, su delegado Muzaffar llegó a Haidarabad y retomó allí la enseñanza. Cuando los adeptos comprendieron su gran valor, les reveló que él era el hijo del mendigo, aquel a quien Salim había elegido.
Este hecho fue muy comentado, como algo asombroso, y se lo consideró una lección.
Pero de todo ello no se supo ver más que un aspecto.

Un día en que llevaba a cabo una reunión abierta, alguien dijo a Muzaffar:

- ¡Que poético y justo es que el más humilde se convierta en el jefe de todos! ¿Acaso no fue doloroso vivir en el ambiente del maestro como hijo de un mendigo y sobrellevar las pruebas a que se somete a quien aspire a transformarse en un jeque Sufí?

Muzaffar observó:

- Para mí fue algo penoso. Pero para uno de mis compañeros, a quien conocí allí, fue realmente doloroso, pues estaba experimentando un gran cambio.
 
Preguntáronle entonces:

- ¿Cuáles eran sus orígenes? ¡Debe haber sido una especie de hereje!

Muzaffar contestó:

- Él era hijo de un rey.

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lunes, 29 de abril de 2013

Dinero o justicia

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De Las hazañas del incomparable Mulá Nasrudín de Idries Shah

Un día el rey le preguntó a Nasrudín:

- Nasrudín si se te da a escoger entre el dinero y la justicia, poniendo ambas cosas frente a ti, ¿cuál prefieres?

- Prefiero el dinero -  contestó Nasrudín sin vacilar.

- ¡¿Cómo, Nasrudín?!, si me presentan ambas cosas, sin duda alguna tomaría la justicia. ¿Acaso puedo lograr algo sólo con el dinero? Debes saber que no es fácil conseguir la justicia.

- Majestad, cada quien quiere lo que le falta. La justicia es precisamente lo que le falta a usted.
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domingo, 14 de abril de 2013

El cerrajero

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 Cuento tradicional sufi de Idries Shah

Había una vez un cerrajero al que acusaron injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda. Cuando llevaba allí algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo se presentó al rey y le suplicó que le permitiera por lo menos llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día. El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración.

El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre ella. Pasado un tiempo el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conseguido, él explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, comenzó a ver lo que tenía justo bajo las narices. Un buen día vio que su mujer había tejido en la alfombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía prisionero. Cuando se dio cuenta de esto y comprendió que ya tenía en su poder toda la información  que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias. Y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión. Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros. También deseaban escapar pero no tenían los medios para hacerlo.

Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos le llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado.
Juntos amasarían recursos para la huída y del trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir el cerrajero haría una llave. Una noche, cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo. Dejó en la prisión  la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficientemente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar. Así se reunió con su mujer, sus ex-guardias se hicieron sus amigos y todos vivieron en armonía. El amor y la pericia prevalecieron.
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viernes, 12 de abril de 2013

Zanahorias

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De Las hazañas del incomparable Mulá Nasrudín de Idries Shah

Nasrudín fue enviado por el Rey a investigar sobre la sabiduría de varias clases de maestros místicos orientales. En todos los casos le relataron los milagros y dichos de los fundadores y los grandes maestros de dichas escuelas, muertos hacía ya tiempo.
A su regreso, el Mulá presentó un informe que sólo contenía una palabra: "Zanahorias".
El monarca lo hizo llamar a su presencia para que diera una explicación sobre esto. Nasrudín dijo:

- La parte mejor está enterrada; por el verde, muy pocos saben -salvo el experto- que existe anaranjado bajo la tierra. Si no se trabaja por ella, se deteriorará; a ella se encuentra asociada una gran cantidad de burros.
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viernes, 5 de abril de 2013

Disfraz

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Cierta vez una abeja descubrió que las avispas no sabían fabricar miel y se propuso
explicarles cómo hacerla, pero una abeja sabia le advirtió:

- Las abejas no gustan a las avispas, y si las abordas directamente no te escucharán pues están convencidas, desde hace ya mucho tiempo, que las abejas están en contra de ellas.

La abeja meditó sobre este problema largo tiempo, hasta que, finalmente, se le ocurrió que si se cubría de polen amarillo adquiriría aspecto de avispa, en tal grado que las avispas la tomarían como a una de ellas.

Entonces se presentó ante ellas como una avispa que había hecho un gran descubrimiento y empezó a enseñar a las avispas cómo se hace la miel. Las avispas se mostraron encantadas y, sometiéndose a su dirección, trabajaron fuertemente y muy bien.

Con el calor de la actividad, el disfraz de la abeja había desaparecido y, en una pausa de descanso, las avispas pudieron descubrir su verdadera identidad. Entonces, todas a un tiempo, se lanzaron sobre ella y la mataron a aguijonazos por intrusa y antigua enemiga; y, por supuesto, toda la miel producida quedó abandonada... ¿No era acaso la obra de una extranjera?
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viernes, 29 de marzo de 2013

Tres épocas

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah


1. Conversación del siglo V:

- Se dice que la seda es tejida por insectos y que no crece en los árboles

- ¡Supongo entonces que los diamantes se empollan en huevos! No prestes oídos a una mentira tan evidente!

- Pero es indudable que habrá muchas maravillas en tierras lejanas.

- Precisamente, esa ansia de lo anormal por parte de los crédulos es lo que produce esas fantasías disparatadas.

- Si. Presumo que, si se piensa en ello, resulta evidente... que todas esas cosas están muy bien para Oriente. Pero jamás podrían echar raíces en nuestra sociedad lógica y civilizada.
 

2. En el siglo VI:

- Ha llegado de Oriente un hombre que trae pequeñas larvas vivas.

- Algún charlatán, sin duda. Supongo que dirá que esas larvas curan el dolor de muelas.

- No; algo más divertido. Dice que pueden «tejer seda», que las ha llevado, con enormes sufrimientos, de una corte a la otra y que las ha obtenido con riesgo de su propia vida. Ese individuo pretende simplemente explotar una superstición, que ya era vieja en el tiempo de mi bisabuelo.

- ¿Qué debemos hacer con él, mi señor?

- Arroja al fuego sus larvas infernales y castígalo sin piedad, hasta que se retracte. Esos individuos son sorprendentemente audaces. Es necesario demostrarles que aquí no todos somos paisanos ignorantes, prontos a escuchar a cualquier vagabundo que venga de Oriente.
 

 3. En el siglo XXI:
 
- ¿Dices que en Oriente hay algo que nosotros aún no hemos descubierto aquí, en Occidente? Todos vienen diciéndolo desde hace miles de años. Pero en este siglo estamos dispuestos a probar cualquier cosa. Nuestras mentes no están cerradas. Hazme ahora una demostración. Dispones de 15 minutos hasta que atienda al que te sigue. Si prefieres explicarlo por escrito, aquí tienes media hoja de papel.
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jueves, 14 de febrero de 2013

Donde se inicia...

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah


Cierto maestro Sufí y uno de sus discípulos recorrían a pie un camino de campo. El discípulo le dijo:

- Sé que el mejor día de mi vida fue aquel en que decidí buscarte y descubrí que a tu lado me encontraría a mí mismo.
El Sufí dijo:


- La decisión, para apoyo o para oposición, es algo que no conoces hasta que conoces. No la conoces por el hecho de pensar que la conoces.


El discípulo comentó:


- El sentido de tus palabras me resulta oscuro, tu afirmación es confusa para mí y tu intención se me escapa.


El maestro dijo:


- Dentro de unos instantes podrás ver algo acerca de la decisión y de quién la toma.


Poco después el Sufí y su discípulo arribaron a una pradera donde un campesino se entretenía con un perro arrojando un palo para que lo buscara.


El Sufí dijo:


- Voy a contar hasta cinco, entonces ese hombre le lanzará tres palos al perro.


Y así fue. Cuando el Sufí hubo contado cinco, el campesino alzó del suelo tres palos y los arrojó al perro, a pesar de que hombre y perro se hallaban a una distancia en que no podían oír al Sufí y a su discípulo y el campesino no los había visto.


Entonces el Sufí dijo:


- Contaré hasta tres y el hombre se sentará.


Apenas el Sufí había contado hasta tres el campesino se sentó en el suelo.


El discípulo, que no cabía en sí de su asombro, preguntó:


- ¿Podrías inducirlo a que alce los brazos?


Apenas el Sufí asintió con un movimiento de cabeza el campesino alzó sus dos manos hacia el cielo.


El discípulo se mostró maravillado. El Sufí dijo:


- Acerquémonos para hablar con él.


Después de saludar al trabajador, el Sufí le dijo:


- ¿Por qué le arrojaste al perro tres palos, en lugar de uno, con el fin de que te los trajera?


Ésta fue la respuesta del hombre:


-Decidí probar si él podía seguir el trayecto de tres palos en lugar del de uno.


- ¿Ésa fue una decisión tuya?


- Nadie me mandó hacerlo.


- ¿Y por qué -prosiguió el Sufí- te sentaste tan repentinamente?


- Porque se me ocurrió descansar.


-¿Alguien te lo sugirió?


- No había nadie aquí que pudiese sugerírmelo.


- Y cuando llevaste las manos hacia el cielo, ¿por qué lo hiciste?


- Porque decidí que seguir sentado en el suelo era una holgazanería, y me pareció que levantando las manos hacia el cielo indicaría que debía trabajar en lugar de descansar y que la inspiración de sobreponerme a la pereza me llegaba desde las alturas.


-¿También ésa fue una decisión exclusivamente tuya?


- Así es. No había nadie que pudiese tomar la decisión por mí; además esa acción fue la consecuencia de mi acción anterior.


El Sufí se volvió ahora hacia el discípulo y le dijo:


- Antes de esta experiencia tú me decías que te sentías dichoso de haber tomado ciertas decisiones, como la de buscarme.


El discípulo se mantuvo en silencio. El campesino, en cambio, prorrumpió:


-Yo conozco a los derviches. Lo que buscas es impresionar con tus facultades a este desventurado muchacho, pero eso es sin duda una superchería.

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sábado, 2 de febrero de 2013

El Monasterio Mágico

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah


Un cierto derviche humilde y silencioso solía concurrir todas las semanas a las comidas que ofrecía un hombre culto y generoso. A tales reuniones se las conocía como Asambleas de los Cultos.
El derviche jamás intervenía en la conversación. Después de entrar estrechaba las manos a cada uno de los presentes, se sentaba en un rincón y comía lo que se servía. Terminada la reunión se ponía de pie, decía unas pocas palabras de despedida y agradecimiento y tomaba su camino. Nadie sabía nada de él. No obstante, cuando apareció por primera vez circularon rumores de que se trataba de un santo, y durante un largo tiempo los demás comensales pensaron que debía ser sin duda, un hombre santo y poseedor de conocimientos, y aguardaban con placer el momento en que el derviche les impartiese algo de su sabiduría. Incluso algunos se jactaban de que el extraño participara en esas reuniones de amigos, dando a entender que esa compañía les confería a ellos una especial distinción.

Sin embargo, como no se observaba relación alguna con aquel hombre, poco a poco los invitados empezaron a sospechar que en realidad se tratase de un imitador o de un farsante.
Algunos llegaron a sentirse incómodos por su presencia. Evidentemente él no hacia nada por armonizar con el ambiente y no aportaba siquiera un proverbio a las esclarecidas conversaciones que para ellos habían llegado a significar una parte entrañable de sus mismas vidas. Incluso algunos concurrentes no llegaban a percatarse de que el derviche estuviese presente, pues pasaba totalmente inadvertido.
Cierto día el derviche habló. Dijo:

- Yo os invito a todos a mi monasterio mañana por la noche. Cenaréis conmigo.

La inesperada invitación suscitó en todos un revuelo de opiniones. Algunos pensaron que el derviche, que vestía muy pobremente, debía ser un loco y que con toda certeza no podría ofrecerles nada. Otros supusieron que la conducta anterior había sido una prueba. Algunos se dijeron que, por fin, el derviche les compensaría la paciencia con que habían soportado tan pesada compañía. Hubo quienes se alertaron entre sí:

- ¡Cuidado! Podría ocurrir que busque tentarnos para someternos a su poder.

Pero la curiosidad indujo a todos, incluso al anfitrión, a aceptar la invitación, y a la noche siguiente el derviche los condujo desde la casa hasta un monasterio escondido, de tal magnitud y magnificencia que quedaron atónitos.
El edificio estaba poblado de discípulos que practicaban toda clase de ejercicios y tareas.
Los invitados transitaron por salas de contemplación donde gran número de sabios de distinguido aspecto se levantaron respetuosamente para saludar la proximidad del derviche con inclinaciones de cabeza.
El banquete con que fueron agasajados fue indescriptible y sobrepasó toda expectativa.
Los visitantes se sintieron anonadados. Todos le suplicaron que a partir de ese mismo instante los aceptase como discípulos.
Pero a todas esas instancias el derviche respondía tan sólo:

- Esperad hasta la mañana.

Llegó la mañana y los invitados, en lugar de despertar en las suntuosas camas de seda que se les habían brindado la noche anterior, se encontraron yaciendo tiesos y desnudos, dispersos en el suelo, en el interior de un pétreo recinto de una enorme y fea ruina, sobre una yerma ladera de montaña. Ni señales del derviche, de los bellos arabescos, de las bibliotecas, fuentes y alfombras.

- Ese canalla infame nos ha traicionado con artes de brujería - vociferaban los invitados, quienes alternativamente se lamentaban y felicitaban entre sí por sus sufrimientos y porque; finalmente, habían desenmascarado al villano, cuyos poderes sin duda se habrían extinguido antes de que pudieran cumplirse vaya a saber qué pérfidos propósitos. Muchos atribuyeron la salvación a su propia pureza espiritual.

Pero lo que ellos ignoraban era que, por los mismos medios de que se había valido para introducirlos en aquella mágica experiencia del monasterio, el derviche les había inducido a creerse abandonados en medio de ruinas. La verdad era que no estaban ni habían estado ni en un sitio ni en el otro.
En ese instante, como surgiendo de la nada, el derviche se presentó a sus invitados y les dijo:

- Regresaremos al monasterio.

Hizo un movimiento con sus manos y todos se encontraron otra vez en los salones palaciegos. Entonces se sintieron arrepentidos de sus reclamos, pues inmediatamente se convencieron de que las ruinas no habían sido más que la prueba y el monasterio la verdadera realidad. Algunos musitaron:

- Es una gran suerte que no haya oído nuestras censuras. Con sólo que nos enseñe este extraño arte, habrá valido la pena.

Pero el derviche movió nuevamente sus manos y todos se encontraron otra vez en la mesa de la comida en común, de la cual, en realidad, nunca se habían apartado.
El derviche continuaba sentado en su rincón habitual, comiendo su acostumbrado arroz con especias, sin decir palabra. Entonces, mientras lo contemplaban inquietos, todos oyeron su voz hablar dentro de sus propios pechos, aun cuando los labios del derviche estaban inmóviles. Dijo:

- Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad, nada real os podrá enseñar un derviche: sólo ilusiones. Aquellos cuyo alimento es autoengaño y fantasía sólo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.

Todos los presentes en aquella ocasión siguieron frecuentando la mesa del hombre generoso, pero el derviche nunca volvió a hablarles.
Al cabo de un tiempo, los componentes de la Asamblea de los Cultos descubrieron que su rincón estaba siempre vacío.
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