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viernes, 6 de diciembre de 2013

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¿Por qué eres desdichado?
Porque el 99,9 por ciento
de todo lo que piensas, y
de todo lo que haces
es para ti mismo...
Y no hay uno.

- Wei Wu Wei
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jueves, 27 de junio de 2013

El gallo de pelea Zen

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De Zen y Artes Marciales de Taisen Deshimaru

En China, un discípulo de Lao Tsé, Mishotsu, escribió una historia interesante sobre los gallos de pelea:

“Un rey deseaba tener un gallo de pelea muy fuerte y había pedido a uno de sus súbditos que educara a uno. Al principio, este le enseño al gallo la técnica de la pelea. Al cabo de diez días, el rey pregunto: “¿Se puede organizar un combate con este gallo?” Pero el instructor dijo: “¡No. No. No! El es fuerte, pero esta fuerza esta vacía, siempre quiere pelear; esta excitado y su fuerza es efímera.”

Diez días mas tarde, el rey preguntó al instructor: “Y ahora, ¿se puede organizar esa pelea?” “No. No. Aún no. Todavía esta apasionado, siempre quiere pelear. Cuando oye la voz de otro gallo, incluso el de una aldea vecina, se encoleriza y quiere batirse.”
 
Después de diez nuevos días de entrenamiento, el rey preguntó de nuevo: “¿Y ahora, es posible?” El educador respondió: “Ahora ya no esta apasionado. Si oye la voz de otro gallo, permanece tranquilo. Su postura es justa, pero su tensión es fuerte. Ya no se encoleriza. La energía y la fuerza no se manifiestan en la superficie.”

“Entonces, ¿está listo para un combate?” dijo el rey. El educador respondió: “Quizás”. Se trajeron numerosos gallos de pelea y se organizó un torneo. Pero los gallos de pelea no podían acercarse a este gallo. ¡Huían asustados!.

Por eso no hay necesidad de combatir. El gallo de pelea se había convertido en un gallo de madera. Había superado el entrenamiento de los wasa. Interiormente tenía una energía fuerte que no se manifestaba en el exterior. El poder se encontraba desde entonces en él, y los demás gallos no podían hacer otra cosa que inclinarse ante su seguridad tranquila y su verdadera fuerza oculta.

Si continuáis, zazen, inconscientemente, naturalmente, automáticamente, podréis llegar al secreto del Budo. Entonces no será forzosamente necesario practicar el judo, el aikido, el kárate o el sable. Los demás no se acercaran. No será necesario combatir. La verdadera Vía del Budo no es competición ni conflicto: esta más allá de la vida y de la muerte, más allá de la victoria y de la derrota.
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lunes, 10 de junio de 2013

Mente de principiante

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De Mente Zen, Mente de rpincipiante
de Shunryu Suzuki


A la mente del principiante se le presentan muchas posíbilidades; a la del experto, pocas.

Se suele decir que la práctica del Zen es difícil, pero hay una gran equivocación en lo que respecta al porqué. No es difícil por el mero hecho de que resulte arduo sentarse en la posición de piernas cruzadas o alcanzar la iluminación. Es difícil porque lo arduo está en mantener nuestra mente y nuestra práctica puras en su sentido fundamental. El desarrollo de la escuela Zen tomó muchas formas después de establecida en la China y al mismo tiempo fue tornándose impura. Sin embargo, no es del Zen chino ni de la historia del Zen de lo que quiero hablar. Lo que me interesa es ayudar a impedir que la práctica del lector se vuelva impura.

En el Japón tenemos el término shoshin  (初心), que significa "mente de principiante". El propósito de la práctica es mantener siempre pura la mente de ese principiante. Supongamos que se recita el Sutra Prajña Paramita sólo una vez. Quizás esa recitación resulte de provecho. Pero ¿qué sucedería si se recitara dos, tres, cuatro o más veces? Tal vez se podría perder la actitud original hacia esa oración. Lo mismo ha de ocurrir con las otras prácticas del Zen. Se mantendrá la mente de principiante durante cierto tiempo. Pero si se continúa esa práctica por uno, dos, tres o más años, aunque quizás se mejore un poco, está uno propenso a perder el significado infinito de la mente original.

Para los estudiantes de Zen lo más importante es evitar el dualismo. La "mente original" lo incluye todo en sí misma. Es siempre rica y suficiente por sí misma. No se debe perder esa autosuficiencia del estado mental. Esto no significa tener la mente cerrada, sino, en realidad, mantenerla vacía, pronta. Cuando la mente está vacía, se encuentra siempre dispuesta para cualquier cosa, abierta a todo. A la mente del principiante se le presentan muchas posibilidades; a la del experto, pocas. Cuando uno discrimina demasiado, se limita. Cuando se es demasiado exigente, o demasiado ambicioso, la mente no es rica ni autosuficiente. Cuando la mente original deja de ser autosuficiente, se pierden todos los preceptos. Cuando la mente se torna exigente, cuando se anhela algo, se termina por contravenir los propios preceptos: no mentir, no robar, no matar, no ser inmoral, etc. En cambio, cuando se mantiene la mente original, los preceptos se mantienen por sí mismos.

En la mente de principiante no surge el pensamiento "he alcanzado algo". Todos los pensamientos basados en el propio yo, tienden a limitar la vasta mente. Cuando no se abriga ningún pensamiento de logro, ningún pensamiento del propio yo, es cuando uno llega a ser verdadero principiante. Entonces es cuando se puede aprender algo realmente. La mente de principiante es compasiva. Y cuando la mente es compasiva, es infinita. Dogen-zenji, el fundador de nuestra escuela, recalcaba siempre la importancia de recobrar la mente original infinita. Con ella somos siempre sinceros para con nosotros mismos, resonamos simpáticamente con todos los seres, y verdaderamente podemos practicar.

En resumen, lo más difícil de todo es mantener siempre la mente de principiante. Para ello no es necesario lograr primero una profunda comprensión del Zen, por mucho que se lea sobre el tema del Zen, la lectura de cada oración o frase debe hacerse con la mente fresca y abierta. No se ha de decir nunca "sé lo que es el Zen" o "he logrado la iluminación." Éste es también el verdadero secreto en lo tocante a las artes. Hay que ser siempre principiante. Hay que tener mucho, mucho cuidado en este asunto. Si se comienza a practicar el zazén, se tiene que empezar a apreciar la mente de principiante. Éste es el secreto de la práctica del Zen.
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viernes, 15 de marzo de 2013

La energía sexual

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De Zen y Artes Marciales
de Taisen Deshimaru

La energía cósmica se concentra en el bajo vientre, y en particular en los órganos genitales. La energía sexual es, en efecto, la manifestación principal de esta vida universal en nosotros.
Ella permite la relación entre la vida del universo y la vida individual, entre el mundo de los fenómenos y el mundo invisible de ku.
El sistema cerebro-espinal y los cinco sentidos nos permite vivir; el sistema neurovegetativo y los órganos sexuales nos permiten ser vividos a través de la vida del universo.
La energía sexual desde el momento de la procreación permite la manifestación en el mundo fenomenal de la fuerza (ki) de la vida universal. Al ser creado de esta manera el ser humano recibe, además de esta vida universal, eterna, vida de ku, un karma surgido de los que le han engendrado.

Al morir, cuerpo y conciencia individual desaparecen, mientras que el karma y la vida universal continúan eternamente: morir es volver a ku, a la verdadera esencia de nosotros mismos.

Hasta ahora, las religiones y las morales tradicionales han considerado el problema sexual como tabú, provocando miedos, ascetismos, frustraciones. Es importante que la educación moderna devuelva a nuestra sociedad el sentido auténtico y natural de la sexualidad.
Concebida ésta como una energía surgida de la vida universal, aporta a las relaciones humanas una nueva calidad. El amor humano, la vida humana alcanza la más alta dimensión y la verdadera felicidad.

La práctica de zazen crea en cada individuo una revolución interior aportando “la conciencia justa”, la “respiración justa”, el “sueño justo”, la “sexualidad justa”, que son la base de una auténtica civilización.

Zazen significa fijarse en el centro del orden del universo, del cosmos. Por la práctica de zazen, aquí y ahora, a través de todo nuestro ser, existimos en el centro del sistema cósmico.
Esta es la más alta dimensión que podamos alcanzar. Esta verdad no puede ser alcanzada a través de una concepción puramente materialista o puramente espiritualista. Una tercera concepción del universo sería la fusión de estas dos visiones; no una mezcla, no un medio
justo, sino una profunda armonía, porque espíritu y materia no están separados, son interdependientes como en el ser humano.

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