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lunes, 4 de junio de 2018

अपघटन

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Del Aggañña - Sutta 41
del Dīgha - Nikāya

En el pasado, fuimos seres espirituales creados por la mente, nutridos por la alegría. Nos desplazábamos en el espacio, éramos luminosos y de una belleza imperecedera. Así permanecimos mucho tiempo.

Después del paso de tiempos infinitos, la tierra de dulce sabor surgió de las aguas. Tenía color, aroma y sabor. Empezamos a formarla transformándola en terrones y a comerla. Pero al comerla, nuestra luminosidad desapareció. Y cuando desapareció, aparecieron el sol y la luna las estrellas y las constelaciones, el día y la noche: las semanas y los meses, las estaciones y los años. Disfrutamos la tierra de dulce sabor, la aderezamos, nos nutrimos con ella; y así vivimos mucho tiempo... Pero cuando surgieron entre nosotros costumbres malas e inmorales, desapareció la tierra dulce y cando había perdido su agradable sabor, aparecieron en su superficie afloramientos dotados de aroma, color y sabor. Debido a las prácticas malsanas y a una realidad cada vez más burda... incluso esos nutritivos afloramientos desaparecieron, y otras plantas que se habían originado por sí mismas se deterioraron tanto que al final nada que pudiera comerse crecía por sí mismo y los alimentos tenían que producirse a base de mucho trabajo. Así la Tierra se dividió en campos y se formaron fronteras, con las que se creó la idea de "yo" y de mío, propio y "otro", y con ella las posesiones, la envidia, la codicia y la esclavitud a las cosas materiales. 
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martes, 22 de agosto de 2017

"ちんぷんかん"

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De Aware. Iniciación al haiku japonés de Vicente Haya
Capítulo 88: El haiku nos invita a comenzar un viaje

Issa, en su último haiku, haiku de muerte, quiso poner el acento en todo ese inútil borbotón de palabras que es nuestra vida:


たらからたらいに移るちんぷんかん
Tara kara tarai ni utsuru chinpunkan
(Issa)

Nos mudamos de una tina
a otra tina
¡Cuánta palabra sin sentido!

De la cuna al ataúd, de un barreño a otro, todo es chinpunkan. Chinpunkan, en japonés, es una frase hecha que trata de reproducir onomatopéyicamente el inútil sonido de las palabras que no significan nada. Cuando un japonés quiere decir “no te comprendo”, puede chistosamente usar la expresión chinpunkanpun. Issa, muriendo, confiesa no haber entendido nada; nada de su vida, nada de la vida humana, nada del sentido de tantas palabras y tantos versos. Issa comparte con nosotros su sospecha de que todos seamos extranjeros en el mundo escuchando un idioma que no comprendemos, un idioma que no responde a la realidad de las cosas, que nos hemos inventado para separarnos del flujo de la vida, palabras que sólo en ocasiones puntuales se prestan a ser haiku. Y que sólo excepcionalmente es entendido por los habitantes de ese mundo real que nos rodea y que nos interpela a cada paso: "Oh hombre, oh mujer, ¿qué eres? ¿Qué significas tú? ¿Qué es lo que significan tus palabras?".

Y la contestación del haijin es:

今まではなまたわごとを月夜かな
Ima made wa nama-tawagoto o tsukiyo kana
(Tokugen)

Hasta ahora
no he dicho más que tonterías…
¡Qué noche de luna!

Pretendemos que nuestro trabajo no se sume al chinpunkanpun de la oferta cultural del ocio de nuestra vida vanal; otro cómplice más de nuestros hábitos de consumo de literatura espiritual. Deberíamos ayudar con nuestro trabajo a fabricar a fuerza de palabras un silencio largo como una vida de hombre, como una vida de mujer.

Tal vez, deba ser eso nuestra vida: un silencio hecho de palabras… Tendemos un puente de palabras entre un silencio y otro silencio. Entre el silencio que fuimos y el silencio que seremos... Lo llamamos "nuestra vida", aunque, en realidad, las más de las veces, no es más que un ruido que se obstinara en el tiempo. Hasta que tenemos la suerte de rendirnos ante lo que nos sobrepasa, de ser doblegados por el misterio que nos envuelve y el misterio que somos, y nos decidimos con todas nuestras fuerzas a transformar nuestra palabra en silencio.

Así surge el haiku. Como una locura por no-decir con palabras, como un despropósito, como una paradoja llena de luz. Es con el haiku como comprendemos que hasta que no consigamos expresar audiblemente nuestro silencio, todo ha sido fracaso, todo ha sido insuficiente, todo un dolor inútil.
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lunes, 6 de marzo de 2017

Las artes adivinatorias más extrañas

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 Por Andrea Tamayo
(de Algarabía Edición de XV años)
 
Predecir el porvenir siempre ha despertado la curiosidad del ser humano. Desde tiempos remotos, las personas han querido saber qué pasará con ellos, su familia, la caza, el clima y cuanto les rodea.

Cada cultura creó sus propios métodos para hacerlo. Algunos caen en lo absurdo, muestra de que somos capaces de creen en cualquier estupidez con tal de tener cierto "control" de nuestras vidas. Hay muchas y muy variadas, pero en ésta lista presentaremos algunas de las artes adivinatorias más extrañas.

10. Alectomancia

Las gallinas tienen poderes adivinatorios, o al menos, eso pensaba el emperador romano Valente, quien, para conocer el nombre de los que se atreverían a sustituirlo, puso a una gallina entre varios sacos de grano. Cada bolsa representaba una letra y, según donde comiera el ave, era la respuesta a su pregunta.

9)Aruspicina

Técnica de origen etrusco que consiste en analizar las entrañas de los animales - en especial el hígado - para adivinar o modificar el futuro. Fue tanta su importancia en el imperio romano que Julio César llego a consultar a un arúspice, quien predijo su asesinato en el mes de marzo.
8) Orintomancia

Originario del sur de India, éste método se basa en interpretar el canto, vuelo, grito y movimientos de las aves, especialmente de los loros verdes. Es probable que de ésta adivinación haya surgido la frase: "ave de mil agüero".

7) Escatomancia
 
Técnica del Egipto donde se interpretaba la forma, olor y color de las heces fecales, tanto de animales como de las personas.

6) Asparamancia

Consiste en adivinar el futuro según la caída de espárragos en el suelo. Jemina Packington, creadora de éste método, asegura haber aprendido el arte adivinatorio de su madre, quien practicaba la taseomancia o adivinación a partir de las hojas de té.

5) Rumpología

Similar a la lectura de las manos, ésta forma de adivinar el futuro se base en el trasero de las personas: las líneas, hoyuelos, ciacatrices, lunares y pliegues tienen mucho que decir sobre el porvenir de quien consulta.

4) Adivinación por medio de los pezones

Técnica que analiza la forma, color y tamaño de las areolas de los pezones. Eri Koizumi, una "maga" y comediante japonesa, asegura que a través de éste método puede conocer el pasado, presente y futuro de la persona.

3) Patamancia

Traducido del inglés "pawmistry", pretende adivinar el futuro, pasado, influencia cultural y orígenes geográficos de los gatos a partir de sus patas. Los creadores de ésta técnica, Ken Ring y Paul Romhany, sostienen que ayuda a las personas a comprender a sus mascotas.

2) Adivinación en mesas

Desde el imperio Romano hasta la actualidad, muchas persona han acudido a ésta práctica, que consiste en colgar un anillo sobre una mesa que tiene letras grabadas. Supuestamente esto responde a toda pregunta.

1) Escritura automática

Técnica donde escribir en un estado de inconsciencia revela mensajes de entidades sobrenaturales. Supuestamente fue utilizada por las hermanas Fox, tres mujeres estadounidenses pioneras del espiritismo. A pesar de que una de ellas aceptó haber fingido sus "experiencias", éstas técnicas y métodos trascendieron.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Historias de chaneques (II)

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 De Acayucan: Cuna de la Revolución. 100 Aniversario 
de Alfredo Delgado Calderón
(Tomo II: Cultura y tradición Oral)

Los chaneques de la sierra

Lo contado hasta ahora son las creencias urbanas. Las creencias de los nahuas y popolucas, los grupos indígenas de la región, son más elaboradas y cumplen una función social precisa. Ellos piensan que los chaneques son espíritus que cuidan de los bosques y animales salvajes, cuevas y manantiales, cerros y lagunas, ríos y cascadas, acahuales y pantanos, playas y manglares. Están regidos por Chane, su rey, y viven en un paraíso subterráneo que se encuentra bajo el volcán San Martín Tuxtla. Ese lugar mítico se llama Taalogan y en él se resguardan los animales durante el día. Allí los venados son el ganado de los chaneques, sus butaques son los armadillos, las tortugas son las mesas, las víboras son sus perros y así cada animal cumple una función. Por la noche los sacan a la superficie de la tierra. Si algún cazador cobra una pieza, debe repartir lo cazado equitativamente con sus hijos y vecinos, pero si deja al animal mal herido, será castigado, pues lo hace sufrir innecesariamente; también es castigado si da parte de lo cazado a alguna amante.

Es común que el chaneco pierda a los perros de los cazadores o que no los deje salir de alguna cueva donde se metieron a perseguir alguna presa. Si el perro es buen cazador y el perro no lo quiere perder, se tiene que bañar con agua bendita y meterse a la cueva o al acahual a buscarlo. Sólo así lo entregan a los espíritus protectores del monte.
 
Hay que pedirle permiso a los chaneques para cortar un árbol, para cazar, para pescar o incluso simplemente para internarse en el monte. Para ellos se quema copal y se les ofrece el humo aromático. Si no se hace ésta sencilla ceremonia nos pueden perder en el monte. Un viento suave y ligeros murmullos son la señal de que la ofrenda a los chaneques ha sido aceptada. Si todo es quietud, hay que retirarse de inmediato, pues los dueños no aceptaron el presente. Si no se encuentra el camino de regreso por culpa del chaneque se tiene que poner uno la camisa al revés o cortar un bejuco y partirlo por enmedio, a lo largo, dejando juntos los extremos, y pasar entre él abriéndolo como su fuera una puerta.
 
En el campo los chaneques trenzan las crines de los caballos. Hay caballos con los cuales se encariñan especialmente estos espítirus y les trejen trenzas complicadas y llamativas. También se mecen en las hamacas que se quedan solas o molestan a los niños que las madres dejan momentáneamente solos, durmiendo en el catre o en la cuna. Para evitar esto, se deja sobre la hamaca un sombrero boca arriba, y a los niños se les coloca una mazorca a cada lado, para que el espíritu del maíz los cuide del chaneco.

El chaneque también se aparece en los fandangos. Se dice que "bajó el chaneque" cuando se logra un momento mágico, como de ensueño, en que empalman perfectamente los músicos y bailadores, los versos fluyen con maestría y el ambiente se electriza. Pero en otras ocasiones, los jaraneros que van a alguna fiesta nocturna escuchan el lejano rasguear de las jaranas y orientados por el sonido van buscando el fandango, pero en realidad se van yendo monte adentro, subyugados por los chaneques.


El origen

Un mito tuxteco afirma que los chaneques fueron los dueños del jade y que labraron las cabezas colosales olmecas para inspirar temor y engañar a quienes las vieran, pues así pensarían que estaban labradas por gigantes. El líder de esos cganeques se llamaba Kun. Es uno de los pocos nombres que se conocen; otro nombre de chaneque es Tascarenas.

Una leyenda inspirada en el cristianismo cuenta que Eva, la madre primordial, tenía muchos hijos y que Dios llamó a todos para bendecirlos. Ya se había reunido una gran multitud, pero aún faltaban, de modo que cuando Dios les dio la bendición varios quedaron fuera, pues Eva tuvo pena de que Dios viera que tenía muchos hijos y no le pidió que esperara a todos para bendecirlos. Quienes no recibieron las bendición divina se quedaron viviendo en los montes. Ellos son los chaneques, duendes, chicones, aluxes, gnomos y demás espíritus elementales.
 
Otro mito cuenta que cuando Dios terminó de crear al mundo, se dio cuenta que nadie cuidaba la naturaleza, por lo que creó a los chaneques para que cumplieran ésta misión. Así que por mandato divino son los reyes de la tierra, y cuidan de los cuerpos de agua, plantas y animales. Igualmente se dice que los chaneques son como nosotros, pero no están bautizados, por lo que no tienen permiso de Dios para vivir en los pueblos.

Todavía es frecuente que cuando un niño deja de comer y comienza a enflacar o es muy miedoso, se piensa que está "enchanecado". En el centro del país se cree que las personas pierden su sombra; en el sur de Veracruz, en cambio, se cree que es el chaneque quien se apodera del alma de los niños o de los adultos, sobre todo cuando resbalan accidentalmente en algún manantial. En Oluta aún persiste la cura de chaneque.
 
Es en realidad una fiesta que se hace al niño enchanecado. Se llevan jaraneros y se invitan a otros niños. Mientras la curandera reza en popoluca y sahuma la comida, los niños comen y toman refrescos y cerveza. Después todos se dirigen a un arroyo, donde los niños juegan y se bañan al Son de los Enanos. Allí se deja comida y bebida a los chaneques, para que dejen libre el alma del niño enfermo. En otros lugares se cree que las figurillas arqueológicas son juguetes de chaneques y que éstas tienen poderes para curar el enchanecamiento.

El nombre de chaneque deriva del idioma nahua, de chan, casa o morada o del verbo chanita, vivir o morar en algún lugar. Algunos estudiosos lo derivan de achane o atlanchaneque, que significaría "los moradores del agua". Para los indígenas achane es el chaneque del agua, que vive en las lagunas u ojos de agua. En Zaragoza achane es una chaneca parecida a una sirena que vive en Estero Rabón, uno de los lugares sagrados de los nahuas. Chaneque significaría simplemente "los moradores" o "los habitadores" de una casa o de un lugar. Es curioso que la palabra duende tenga un significado parecido, pues significa "los dueños de la casa".


Aunque los chaneques son característicos del antiguo Sotavento, también se cree en ellos en otros estados, como Guerrero o Colima. En el Sur de Veracruz y en Tabasco esta creencia se originó sin duda desde los tiempos olmecas, pues en algunos altares tallados en basalto, encontrados en los sitios de San Lorenzo Tenochtitlán y Potrero Nuevo, se muestra a unos enanos rechonchos, vestidos con taparrabo, que sostienen sobre sus brazos una lápida que parece representar a la superficie terrestre.

La antigüedad de estos monumentos es de unos tres mil años y sus personajes corresponden con la apareiencia que la tradición oral atribuye a los espíritus guardianes de los bosques. Sin duda son chaneques, que treinta siglos  después nos miran impávidos con sus rostros de piedra.
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viernes, 23 de diciembre de 2016

Historias de chaneques (I)

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De Acayucan: Cuna de la Revolución. 100 Aniversario 
de Alfredo Delgado Calderón
(Tomo II: Cultura y tradición Oral)

Dicen que los chaneques habitan en el corazón de los manantiales, en las ceibas y amates, en las cuevas y en algunos cerros. También se les encuentra en los sitios arqueológicos, en los pozos petroleros o entre las maquinarias de las fábricas y talleres. Rara vez se les mira, pues son elusivos, nocturnos y solitarios. Los chaneques son una suerte de duendes, de espíritus chocarreros, de tlaloques ayudantes de los dioses antiguos. Son una especie de enanos rechonchos y simpáticos, con cabello crespo; algunos los imaginan desnudos, otros dicen que están vestidos de taparrabo, aunque también los han visto con un sombrero picudo y con jarana terciada al hombro. Aunque estos espíritus son esencialmente subterráneos, también los hay celestes: son los chaneques que ayudan a los hombres-rayo, los chamanes popolucas que provocan lluvias y detienen las tormentas dañinas. Esos chaneques, hijos del rayo viejo del sur, son de color verde, tienen la cabeza en forma de hacha y viven en las cascadas y en los saltos de agua.

La creencia en los chaneques es típica del sur de Veracruz y en Acayucan tiene un amplio arraigo. Cuentan que se aparecen a los niños pequeños y los pierden en las veredas o se los llevan a jugar a los acahuales. Numerosas historias dan cuenta de chiquillos que se perdieron horas o días enteros, y que fueron encontrados aparentemente jugando con amiguitos invisibles entre la vegetación tupida.

Estos espíritus chocarreros despiertan sentimientos encontrados. Hay quienes afirman que en realidad son juguetones y bromistas, pero inofensivos. Cuentan que a veces riegan por toda la casa ceniza de los fogones o de los hornos de panadería, pero que en otras ocasiones recogen y doblan cuidadosamente la ropa lavada y puesta a secar durante la noche, pero que si los hacen enojar ponen excremento en ella. Incluso hay quienes dicen que dan buena fortuna y se encariñan con las mascotas de la casa, y que hay casas y familias donde algunos chaneques se sienten a gusto.

Quienes trabajan de noche o gustan recorrer la parranda hasta la madrugada cuentan que han visto a niños deambular solos por las calles y veredas, y que cuando quieren hablarles para ver si están perdidos se desaparecen o corren apresuradamente perdiéndose en los lotes baldíos, en las casas abandonadas o en los terrenos montosos. Con las primeras sombras que siguen al crepúsculo es frecuente ver niños pequeños deslizándose por la pendiente de los montículos arqueológicos, jugando a las resbaladillas. Son chaneques, dicen. Algunas personas afirman que son molestados en las noches por ellos, que les jalan la sábanas en el momento justo en que inician su sueño o que les tiran cosas o desaparecen algo que se necesita con urgencia o que escuchan risas de niños jugando en el patio, pero cuando salen no hay nadie.

También tiran a la gente cuando se mece en las hamacas o tocan la puerta de las casas por la noche y luego se esconden, apagan el fuego de los candiles o lanzan piedras a los techos de lámina de zinc de las casas.

Hay quienes dicen que los chaneques devuelven las cosas que esconden si se les deja un puñito de semillas de mostaza, y para que no molesten en los patios de las casas o caminos, hay que dejarles algunos cigarros. Para que no escondan las cosas valiosas (una de sus travesuras preferidas), otros creen que hay que escribirles encima la palabra "compadre", pues los chaneques odian ese término. De esa manera no se atreven a tomar nada que lleve escrita esa expresión.
También hay personas que dan a los chaneques un carácter diabólico y malvado, que de las bromas pesadas pasan a la agresión, provocando daños y echando abajo negocios seguros. Esto lo explican algunos diciendo que hay chaneques blancos y negros, buenos y malos, bonachones y antipáticos.

Hace algunos años era frecuente que los chamacos se fueran a bañar a los arroyos o pozas ubicados en los alrededores de los pueblos. Los de Acayucan iban al Michapan, al Arroyo de Cañas, a Correa o al Apompal. Muchos cuentan que los chaneques les escondían la ropa, por lo que preferían nadar vestidos; a veces había que meterse con todo y sombrero.

Por si las dudas, mucha gente evita ir de noche a lo pozos por agua, para no encontrarse con los chaneques, aunque por otra parte los pozos de agua o cazimbas van desapareciendo ante la comodidad del agua potable entubada, que llega directamente a la cocina de la casa. Antes se decía que estos duendes jalaban la cubeta a los niños que intentaban sacar el agua del pozo, o a las muchachas que "ya no eran señoritas". Para evitar sorpresas y malos entendidosen muchos manantiales públicos preferían poner una especie de fuente donde se podía llenar cómodamente los cántaros, como sucedía en el legendario Temoyo, donde tampoco faltaron los chaneques. Junto con los pozos y norias se van extinguiendo también los fogones donde se cocinaba con leña y los viejos hornos de panadería, de manera que en los espacios urbanos quedan pocos escondrijos para estos espíritus menudos.

Adopte un chaneque
Cuentan los que saben que las huellas de los chaneques marcan una dirección cuando en realidad caminan en sentido contrario, pues tienen los pies al revés. Cuando en el suave lodo de los pozos y manantiales quedaban impresas huellas de pies de niños se pensaba que en realidad eran huellas de chaneque. Si se veían llegando al pozo, en realidad el chaneque ya se había ido; si se veían alejándose, seguramente estaba escondido en el pozo, manantial o arroyo de donde partía. Se piensa que algunas plantas, como el cempasúchil o la flor de asusa, también conocida como gagalaxochitl, sirven de morada a estos duendes. Cuando a medio día las matas de chipile derraman su olor, lo que en realidad sucede es que las chanecas están guisando.

Se piensa que si se logra atrapar a un chaneque, se le puede pedir cualquier cosa antes de liberarlo, con la seguridad de que le será concedida. Una estratagema es dejar un vaso estrellado, pero entero, boca abajo en los lugares que frecuentan los chaneques. El vaso atrae la atención del duende y se queda fascinado mirándolo. Inmediatamente antes de la alborada hay que sorprenderlo y tomarlo fuertemente por los brazos, y no dejarlo ir hasta que se comprometa cumplir un deseo.

Como no pueden exponerse al sol, generalmente cumplen antes de que amanezca. Otros dicen que basta poner una baraja española, bebidas alcohólicas y una mesa pequeña. De esa manera los chaneques se sientan a jugar y bajan la guardia, por lo que se les puede atrapar fácilmente. El peligro es que el chaneque puede aficionarse a la persona que pudo dominarlo y seguirlo a todas partes, sin dejarlo dormir, instalándose debajo de la cama, en el closet o en los jardines densos y fincas umbrías. De hecho se cree que hay chaneques enamorados que por las noches besan las piernas de las mujeres bonitas mientras duermen, dejándoles marcados moretones y que esconden la ropa de las muchachas cuando se bañan en los arroyos.
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martes, 6 de diciembre de 2016

"الحكيم"

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De Islam: espíritu y forma
de Osman Nuri Topbaş

Sheik Sanbul Sinan (que Allah esté satisfecho con él) les hizo a sus discípulos la siguiente pregunta:

- ¡Hijos míos!, ¿quá harían si Allah les diese el derecho de dirigir el mundo?

Todos empezaron a dar sus respuestas. Uno dijo:

- Yo exterminaría a los incrédulos

Otro dijo:

- Yo eliminaría a los que beben

- Yo exterminaría a los fumadores

Entre los discípulos había uno que se llamaba Mustafa Muslikiddin Affendi. No decía nada. El sheik se dirigió a él y le preguntó:

- ¿Y tú qué harías?

- ¡Maestro! ¿Y qué hay de malo, que Allah me perdone, con la manera en la que Él lo está dirigiendo? Yo mantendría las cosas como están.

Sheik Sanbul Sinan se alegró y dijo: “La cosa tiene ahora el centro en el que debe estar.” Y desde aquel día Mustafa Muslikhiddin Affendi fue considerado el centro de los maestros y sucedió al sheik.
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jueves, 1 de diciembre de 2016

Travesuras, aventuras y desventuras de Ikkyū Sōjun

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De Wabi Sabi: El arte de la impermanencia japonés
de Andrew Juniper
(Capítulo "La ceremonia del té")

Ikkyu fue el hijo ilegítimo del emperador Go-komatsu. Su potencial político le granjeó, desde el momento de nacer, muchos enemigos, por lo que su madre, una dama de la corte de Kioto, y él, fueron obligados a abandonar el palacio. Al cabo de varios años Ikkyu entrócomo novicio en el monasterio zen de Ankoku-jí, donde recibió una extensa formación en las artes y los clásicos japoneses y chinos.

Dede una temprana edad demostró tener una inteligencia increíblemente aguda, y en la actualidad circulan aún algunas historias sobre sus travesuras. Una de esas historias cuenta que en el monasterio donde residía Ikkyu había un abad que sentía una gran debilidad por un dulce que guardaba celosamente en su habitación, y siempre estaba asustando a los jóvenes acólitos que intentaban hacerse de él diciéndoles que era un dulce venenoso para los niños.

Por desgracia para el abad, el pequeño Ikkyu no se creyó ésta patraña y en una ocasión, tras entrar en la habitación del abad y compartir la golosina con sus amigos, rompió adrede una pieza de cerámica que había en ella. Cuando el abad regresó a su habitación después de cumplir con sus obligaciones, el joven Ikkyu le contó que había roto sin querer la pieza de cerámica y que para reparar su falta había intentado suicidarse ingiriendo el dulce venenoso. Pero como al probar el primer bocado no había sentido nada, se había visto obligado a comérselo todo para que el veneno surtiera efecto. Al dejar en evidencia las mentiras y la hipocresía del abad, éste no pudo darle un castigo ejemplar al joven Ikkyu.

La pícara naturaleza de Ikkyu ni siquiera se suavizó cuando el sogún Yoshimitsu le hizo llamar. Al preguntar a Ikkyu si podría cazar a un tigre, el muchacho contestó afirmativamente. El sogún le pidió irónicamente que usara la cuerda que le ofrecía para atrapar al tigre que aparecía en la pintura de un biombo. Sin la menor vacilación, el joven monje se levantó de un salto y, apostándose ante el biombo, le pidió al sogún que hiciera salir al tigre de allí.
A pesar de su evidente sentido del humor, era en realidad un estudiante de zen muy motivado y sincero que sentía un vivo deseo por alcanzar la verdadera sabiduría en esta vida. La corrupción que había en el monasterio donde residía no tardaría en defraudarle y el siguiente poema, que compuso al abandonarlo, capta su estado de ánimo en aquella épica:
 
Tan avergonzado me siento,
que no puedo callar por más tiempo,
las victoriosas fuerzas demoníacas están suplantando
a las enseñanzas zen
Los monjes deberían estar hablando del zen
en lugar de jactare de sus antecedentes familiares.

Decidió continuar sus estudios con un monje ermitaño llamado Ken´o que vivía en las colinas que rodeaban Kioto y cuyas enseñanzas resonaban con la sinceridad y la coherencia que Ikkyu tanto deseaba.

Ikkyu sirvió fielmente a su maestro Kenó, a quien amaba profundamente, y al morir éste se quedó tan consternado que cuatro años más tarde intentó suicidarse lanzándose al lago Biwa, pero el sirviente de  su madre, que había sido enviado para que vigilara al abatido joven monje, se lo impidió.

Al cabo de varios años decidió estudiar bajo el estricto régimen de otro maestro llamado Kaso, el cual le otorgaría el preciado inká, un certificado que acreditaba que Ikkyu había alcanzado la iluminación, pero él se lo lanzó de nuevo rechazándolo, a pesar de saber que al hacerlo estaba excluyendo de la posibilidad de llevar una vida lucrativa como abad en otro monasterio. Ikkyu no estaba interesado en adquirir un certificado oficial que acreditara que había obtenido la iluminación ni el prestigio que éste le confería, sino que tan sólo aspiraba a alcanzar una completa libertad personal.

La deteriorada relación que mantenía con su maestro acabó rompiéndose al cabo de un tiempo e Ikkyu se dedicó a llevar una vida de monje itinerante vagando por las calles de Kioto y durante los cincuenta y cinco años restantes de su vida nunca llegaría a establecerse en ningpun lugar.

Su excéntrica conducta y su agudo ingenio le granjearon el cariño de los habitantes más ricos de la ciudad, lo cuál le permitió disfrutar de algunos de los placeres más sensuales de Kioto, incluyendo los del "mundo flotante".

Ikkyu era bastante inusual al mostrar abiertamente su afición por el sexo femenino y el evidente placer que le proporcionaba, y en lugar de negar los hechos defendía que era una actividad muy saludable tanto para los laicos como para monjes.

Con su pasión por la vida y su desdén por la formalidad y las reglas Ikkyu promovió la ceremonia del té e inclusó llegó a sugerir que podía ser más productiva que las horas pasadas en solitaria meditación. Con su sentido del zen cambió las ostentosas muestras de riqueza de la ceremonia del té por una comunión espiritual entre dos o más personas que, entrando en un estado de sereno y controlado abandono, podían meditar sobre la belleza y la fugacidad de la vida.

Aunque se suele decir que Sen-no Rikyu fue el padre de la ceremonia del té, Ikkyu fue el promotor de muchas de las ideas originales y de la adopción de los  utensilios rústicos para la misma. La influencia que ejerció sobre el espíritu del té fue de gran alcance y posiblemente tan importante como la contribución que más tarde aportaría Sen-no Rikyu.
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miércoles, 23 de noviembre de 2016

El paraíso existe y no está aquí

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De El arte de no amargarse la vida de Rafael Santadreu

Antes de que estallase la Primera Guerra Mundial, en la década de 1910, un artista alemán llamado Erich Scheurmann tuvo la oportunidad de pasar un tiempo en algunas islas de la Polinesia.

Como todos los primeros viajeros que visitaron aquel lugar, todavía virgen, Scheurmann quedó fascinado con el estilo de vida samoano. Sus habitantes eran saludables, alegres y pacíficos. No conocían la propiedad privada tal y como la entendemos nosotros, y se abrían a los extranjeros con sencillez, ofreciéndoles sus posesiones en un clima de armonía general. Sin duda, vivían de una forma muy ecológica, respetando la naturaleza y sin la obsesión de acumular bienes, tan propia de Occidente.

Durante su estancia en aquellas islas paradisíacas, estalló la Primera Guerra Mundial y Scheurmann fue detenido por ser de nacionalidad alemana y conducido a Estados Unidos.

Al finalizar la contienda, fue devuelto a Alemania, donde decidió escribir un libro sobre su experiencia en Samoa. Sin embargo, lo hizo desde la perspectiva de los samoanos e inventó el personaje de un jefe polinesio llamado Tuiavii de Tiavea que viajaba a Europa invitado por un hombre blanco y hacía una descripción del modo de vida occidental. El libro se titula Los papalagi y fue publicado en 1920.

Como si de un antropólogo se tratase, se suponía que el jefe Tuiavii había visitado Alemania y hacía una reflexión sobre la loca vida del hombre moderno. Tuiavii les explicaba a sus compañeros cómo eran los papalagi (los hombres blancos), seres enfermos de codicia: Los papalagi realizan infinidad de cosas a base de mucho trabajo y privación, cosas como anillos para los dedos, matamoscas y recipientes de comida. Ellos piensan que tenemos necesidad de todas esas cosas hechas por sus manos, porque ciertamente no piensan en las cosas con las que el Gran Espíritu nos provee.

Pero ¿quién puede ser más rico que nosotros? y ¿quién puede poseer más cosas del Gran Espíritu que justamente nosotros? Lanzad vuestros ojos al horizonte más lejano, donde el ancho espacio azul descansa en el borde del mundo. Todo está lleno de grandes cosas: la selva, con sus pichones salvajes, colibríes y loros; las lagunas, con sus pepinos de mar, conchas y vida marina; la arena, con su cara brillante y su piel suave; el agua crecida, que puede encolerizarse como un grupo de guerreros o sonreír como una flor; y la amplia cúpula azul que cambia de color cada hora y trae grandes flores que nos bendicen con su luz dorada y plateada. ¿Por qué hemos de ser tan locos como para producir más cosas, ahora que ya tenemos tantas cosas notables que nos han sido dadas por el mismo Gran Espíritu?

A principios del siglo XX, mucho antes de que apareciera el ecologismo, Erich Scheurmann fue capaz de ver la diferencia abismal que existía entre el modo de vida de ese pueblo «no civilizado» y el de sus compatriotas europeos, y la relación entre las dos filosofías de vida y
la salud mental. En otra parte del libro, Tuiavii dice:

"Actualmente esos papalagi piensan que pueden hacer mucho y que son tan fuertes como el Gran Espíritu. Por esa razón, miles y miles de manos no hacen nada más que producir cosas, del amanecer al crepúsculo. El hombre hace cosas, de las cuales no conocemos el propósito ni la belleza."

Sus manos arden, sus rostros se vuelven cenicientos y sus espaldas están encorvadas, pero todavía revientan de felicidad cuando han triunfado haciendo una cosa nueva. Y, de repente, todo el mundo quiere tener tal cosa; la ponen frente a ellos, la adoran y le cantan elogios en su lenguaje.

Pero es signo de gran pobreza que alguien necesite muchas cosas, porque de ese modo demuestra que carece de las cosas del Gran Espíritu. Los papalagi son pobres porque persiguen las cosas como locos. Sin cosas no pueden vivir. Cuando han hecho del caparazón de una tortuga un objeto para arreglar su cabello, hacen un pellejo para esa herramienta, y para el pellejo hacen una caja, y para la caja, una caja más grande. Todo lo envuelven en pellejos y cajas. Hay cajas para taparrabos, para telas de arriba y para telas de abajo, para las telas de la colada, para las telas de la boca y otras clases de telas. Cajas para las pieles de las manos y las pieles de los pies, para el metal redondo y el papel tosco, para su comida y para su libro sagrado, para todo lo que podáis imaginar.
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jueves, 17 de noviembre de 2016

Archivo de riqueza no. 11

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De Los Secretos de la mente millonaria de T. Harv Eker

Los ricos eligen que se les pague según los resultados.
Los pobres eligen que se les pague según el tiempo empleado.

¿Has oído alguna vez este consejo: "Ve a la escuela, saca buenas notas, consigue un buen trabajo con un sueldo fijo, sé puntual, trabaja mucho...
y vivirás feliz toda tu vida"? Por desgracia, este sabio consejo procede directamente del Libro de cuentos de hadas, Volumen 1, justo después del cuento del ratoncito Pérez.

No voy a molestarme en desacreditar toda la frase: eso puedes hacerlo tú mismo revisando tu propia experiencia y la vida de todos los que te rodean. Lo que sí discutiré es la idea que se halla detrás del sueldo «fijo». No hay nada malo en obtener un sueldo fijo, a menos que interfiera en tu capacidad de ganar lo que mereces. El problema es que, generalmente, interfiere

La gente pobre prefiere que se le pague un salario fijo o por horas. Necesitan la «seguridad» de saber que está entrando exactamente la misma cantidad de dinero en exactamente el mismo tiempo, un mes sí y otro tam- bién. De lo que no se dan cuenta es de que esa seguridad tiene un precio, y el coste es la riqueza. Vivir basándose en la seguridad es vivir basándose en el miedo. Lo que en realidad estás diciendo es: «Me da miedo no poder ganar lo suficiente de acuerdo con mi rendimiento, así que me conformaré con ganar lo justo para sobrevivir o estar cómodo». La gente rica prefiere que se le pague según los resultados que produce, si no totalmente, al menos en parte. Los ricos, por lo general, de alguna forma poseen sus propios negocios. Los ingresos les vienen de sus beneficios.

Trabajan a comisión o con un porcentaje de los ingresos. Eligen la opción de comprar acciones y participar en los beneficios en lugar de recibir salarios más altos. Fíjate en que con ninguna de las formas de obtener dinero que se han mencionado en este párrafo existe garantía alguna. Como he dicho anteriormente, en el mundo financiero las recompensas son, generalmente, proporcionales al riesgo. La gente rica cree en sí misma. Cree en su valor y en su capacidad de entregarlo. La gente pobre, no, por eso necesita «garantías».

Los pobres canjean su tiempo por dinero. El problema de esta estrategia es que tu tiempo es limitado. Eso significa que invariablemente acabas transgrediendo la Regla de la Riqueza n.° 1, que dice: «Jamás pongas techo a tus ingresos». Si eliges cobrar por tu tiempo, estás cargándote casi todas tus probabilidades de obtener riqueza. 
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viernes, 4 de noviembre de 2016

"德"

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 De La vida como juego de Alan Watts
(Capítulo 5: Vida, muerte y lo no nacido)

En el desarrollo de la autoconciencia y la habilidad para reflexionar sobre el propio conocimiento reside la gran dificultad de la humanidad; es una bendición y una maldición a la vez.Ser y saberse feliz es rebosar la copa de la vida, pero también existe el reverso, que es ser miserable y saberlo. A menudo recuerdo el estribillo:

Había una vez un joven que decía:
"Aunque parezca que sé que yo sé,
lo que me gustaría ver es el yo que me sabe,
cuando sé, que yo se que sé"

Uno puede ver cómo una persona, al estar demasiado consciente de sí misma, puede ser un obstáculo a su propia existencia. Los taoístas tienen una manera de hacer frente al problema. Practican lo que se llama "ayunar el corazón", que tiene relación con la idea de vaciarse. En chino, la palabra para corazón no significa corazón en el sentido fisiológico, significa mente-corazón. Una persona que tiene mushin, ni mente ni corazón, es una persona de un nivel muy alto. Significa que su centro físico no se interpondrá en su camino. Actúa como si no estuviera allí.

Chuang-Tzu, el filósofo taóista, escribió:

Cuando los gansos vuelan sobre el agua
y se reflejan en el agua,
los gansos no intentan proyectar su reflejo,
y el agua no tiene intención de retener su imágen

Ésta es la idea fundamental taoísta sobre estar ausente como condición de estar presente. Como apuntó Chuang-tzú:

Cuando el cinturón te está cómodo no lo sientes,
cuando los zapatos te van bien es como si no los llevases.

El mismo principio aparece en el Tao Te King de Lao-tzú, que fue escrito por varios motivos, pero que sobre todo es un libro de  sabiduría para los gobernantes. Puede tomarse como una guía de la ley mística, pero sobre todo, es una introducción al arte de gobernar.

(...) De igual manera, por ejemplo, a menos que se esté enfermo, no hay que preocuparse por el funcionamiento del propio cuerpo. Sucede de manera automática. Funciona un día tras otro y cuanto mejor está menos hay que pensar en ello, y cuanto menos se piense en ello mejor estará.

La segunda palabra en el título del Tao Te King, te, se suele traducir como "virtud; con el mismo sentido que las virtudes curativas de las plantas. Significa la excelencia de las cosas en el sentido de que un árbol sobresale en ser un árbol, y nadie sabe  verdaderamente cómo lo hace. No hay manera de imitar a un árbol. La única forma es ser uno de ellos. Igualmente, cuando un ser humano da muestras de  una extraordinaria habilidad para algo, sobresale en ello de manera natural.

Te es una manera de hablar sobre un ser humano que ha aprendido a vivir en armonía con el tao. Es como en una situación en la que flotamos en un río y el río nos lleva con él. Algunos de los que están en el río nada contra la corriente, pero aun así el río se los lleva. Otros han aprendido que el meollo de la cuetión está en nadar a favor, y a ellos también se los lleva. La única diferencia es que los que nadan  a favor del río saben que se los lleva, mientras que los que nadan en contra piensan que nadan en diferente dirección. Pero en realidad es así. Se puede nadar contra orriente en un río y pretender no fluir con él, pero lo cierto es que es así. Una persona que sabe que debe ir con el río, adquiere, en todo lo que hace, la fuerza del río. El río entero está tras él y sutilmente puede dirigir su curso al igual que una embarcación utiliza el timón, o todavía mejor, como un velero utiliza el viento. Cuando un velero vira y navega contra el viento no lo hace sin dejar de utilizarlo. El arte de la navegación a vela es taoísmo perfecto. Es un arte que requiere de consumada habilidad. El hombre que rema en un bote utiliza esfuerzo, pero el que tiene inteligencia para izar una vela usa la magia de la naturaleza.
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miércoles, 8 de junio de 2016

El desequilibrio femenino

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De Un abrazo para el alma
de Rubén Armendáriz Ramírez
(Segunda sección:  Mujeres y Hombres maduros)

El desequilibrio más fuerte en la formación de la mentalidad femenina radica en la necesidad de pertenencia, patentizado por la gran necesidad de compañía que suelen tener las mujeres y que en ocasiones llega a lamentables extremos, lo cual se traduce en miedo a la autonomía, la soledad, la reflexión introspectiva, prefiriendo "desaparecer" en una relación; con ello, anulan el desarrollo de una identidad propia.

Podemos definir este desequilibrio típico femenino como el funcionamiento de un excesivo "tú y yo", por la excesiva importancia que algunas dan al hecho de tener compañía (a costa incluso, a veces, de su propia dignidad y crecimiento).

En efecto, muchas mujeres prefieren la "comodidad" de una vida bastante limitada (hogar, crianza de niños) cuando podrían desplegar una diversidad de habilidades y aportar beneficios reales no sólo a su familia, sino a su comunidad.

La mujer común no requiere ser totalidad, ni única, sino formar parte de algo (una pareja o familia). La consecuencia es una desarmonía que fácilmente llega al exceso cuando permite cualquier trato, por denigrante que sea, al otorgar una exagerada prioridad a ésta clase de meta, para muchas la principal, y en casos extremos la única en su vida, lo cual la orilla a llevar una existencia casi psico-patológica.

Tradicionalmente, la imagen destinada para la mujer ha sido más bien pasiva, receptiva en espera de un ideal romántico (obviamente una pareja adecuada). Pero este modelo formativo no le ayuda mucho en su desarrollo psicoespiritual. Por el contrario, su interés por mejorar como ser humano se ve disminuido (una mujer con tales atavismos no está preocupada por la realización de una conciencia plenamente iluminada).

(...) Pero todo esto no se hace con actitudes competitivas, imposiciones, demandas, quejas, ni rivalidad. Y cuando lo hace, como el reclamo al esposo por ir a la calle prohíbida, es capaz de reaccionar con flexibilidad y demostrar la intención de sostener la relación funcionando. Es decir, su prioridad es sostener la relación, no despreciar ni amargarle la vida al compañero.

Es una mujer, entonces, que metafóricamente nos habla de las capacidades y opciones que puede (¿o acaso debe?) mostrar una mujer para su realización total. Y no sólo en los cuentos existen mujeres que saben encarar madura y hasta contemplativamente la vida.Como ejemplo, consideremos la voz de Ryo-Nen (monja Zen de gran belleza y poetisa consumada):

Atended sólo a la voz de los pinos y cedros, cuando ningún viento se agita
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jueves, 2 de junio de 2016

La naturaleza del budismo, de la religión, del hombre y de la mente

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De Sé tu propio terapeuta de Thubten Yehse
Capítulo 2: La Religión: El camino de la investigación

En el budismo no estamos especialmente interesados en la búsqueda del puro conocimiento intelectual. Nos interesa mucho más comprender lo que está sucediendo aquí y ahora, comprender nuestras experiencias actuales, lo que somos en este mismo momento, nuestra naturaleza fundamental. Queremos saber cómo hallar satisfacción, cómo encontrar felicidad y alegría, en lugar de depresión y sufrimiento, cómo eliminar el sentimiento de que nuestra naturaleza es totalmente negativa.
 
El propio Buda enseñó que la naturaleza humana es básicamente pura, sin ego, del mismo modo que el cielo es claro por naturaleza y no nuboso. Las nubes vienen y van, pero el cielo azul está siempre ahí; las nubes no alteran la naturaleza fundamental del cielo. La mente humana es, asimismo, fundamentalmente pura, no forma una unidad con el ego. De cualquier forma, tanto si eres religioso como si no, vas muy desencaminado si no puedes separarte de tu ego; has creado una filosofía de la vida completamente irreal que no tiene nada que ver con la naturaleza de las cosas.
 
En lugar de aferrarte al conocimiento intelectual queriendo dar respuesta a las grandes cuestiones, sería mucho mejor que intentaras comprender la naturaleza básica de tu propia mente y el modo de relacionarte con ella en este mismo momento. Saber cómo actuar con eficacia es esencial: el método es la llave a cualquier religión, es lo más importante que debemos aprender. Si oyes hablar de una casa asombrosa que contiene un inmenso tesoro de joyas preciosas que no pertenecen a nadie, pero no tienes la llave de la puerta, todas tus fantasías sobre lo que harás con la riqueza que acabas de descubrir son una auténtica alucinación.
 
Del mismo modo, es poco realista fantasear sobre ideas religiosas maravillosas y sobre experiencias excepcionales y no interesarse por los métodos para lograrlas o por la acción inmediata. Si no tienes un método, una llave o un modo de integrar la religión en tu vida diaria, vale más que te bebas un refresco; al menos saciarás tu sed. Si tu religión es tan sólo una idea, es tan insustancial como el aire. Debes asegurarte bien de que has comprendido exactamente lo que es la religión y el modo en que debes practicarla.

El propio Buda dijo: «Creer no es importante. No creas lo que yo digo porque lo digo yo». Éstas fueron sus últimas palabras antes de abandonar su cuerpo. «He enseñado muchos métodos distintos porque existen muchos individuos distintos. Antes de que adoptéis alguno de ellos, utilizad vuestra sabiduría para comprobar que corresponden a vuestro temperamento psicológico, a vuestra propia mente. Si mis métodos parecen tener cierta lógica y traen resultados, adoptadlos por todos los medios. Pero si no os identificáis con ellos, a pesar de que puedan parecer estupendos, dejadlos de lado. Han sido enseñados para otras personas».

Hoy día, la gente no está dispuesta a creer en algo simplemente porque el Buda lo dijo, porque Dios lo dijo. No es suficiente para ellos y lo rechazan; quieren una prueba. Pero los que no puedan comprender que la naturaleza de su mente es pura, serán incapaces de ver la posibilidad de descubrir su pureza innata y desaprovecharán una gran oportunidad.
 
Si piensas que tu mente es fundamentalmente negativa corres el riesgo de perder toda esperanza. Es evidente que la mente humana tiene aspectos positivos y negativos. Pero los negativos son transitorios, muy temporales. Tus emociones constantemente variables son como nubes en el cielo; más allá, la naturaleza verdadera y básica del ser humano es clara y pura.
 
Son muchas las personas que tienen una idea equivocada respecto al budismo. Hay, incluso, algunos profesores de estudios budistas que consideran sólo las palabras e interpretan literalmente la enseñanza del Buda. No comprenden sus métodos, la verdadera esencia de sus enseñanzas.
 
En mi opinión, el aspecto más importante de cualquier religión son sus métodos: cómo integrar dicha religión en tu propia experiencia. Cuanto mejor comprendes cómo integrarla, más efectiva es tu religión. Tu práctica se vuelve tan natural, tan realista que llegas a comprender sin dificultad tu propia naturaleza, tu propia mente, y no te sorprenderás de lo que descubras en ella. Después, cuando hayas comprendido la naturaleza de tu mente, serás capaz de controlarla de un modo natural; no tendrás que hacer grandes esfuerzos. Comprender de una manera natural aporta control.
 
Hay quienes piensan que el control de la mente es como un tipo de atadura apretada y restrictiva. En realidad, el control es un estado natural. Pero no vas a decir eso, ¿verdad? Vas a decir que la mente carece de control por naturaleza, que lo natural es que la mente esté descontrolada. Sin embargo, no es así. Cuando comprendes la naturaleza de tu mente descontrolada, el control surge con tanta naturalidad como surge tu estado de descontrol actual. Además, el único modo de adquirir control sobre tu mente es comprendiendo su naturaleza. No puedes cambiar tu mente a la fuerza, a que cambie tu mundo interior. Ni puedes purificar tu mente castigándote físicamente a base de palos. Es totalmente imposible. La impureza, el pecado, la negatividad o como quieras llamarlo, es un fenómeno psicológico, un fenómeno mental, así que no puedes acabar con él empleando medios físicos. La purificación requiere una combinación hábil de método y de sabiduría.
 
Para purificar la mente no necesitas creer en algo especial que se encuentra allí arriba –Dios o el Buda–. No te preocupes por eso. Cuando comprendas realmente la naturaleza inestable de tu vida diaria, la naturaleza característica de tu propia actitud mental, querrás aplicar automáticamente una solución.
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lunes, 30 de mayo de 2016

¿Y si no sé cuáles son mis metas?

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De La mente o la vida: Una aproximación
a la terapia de aceptación y compromiso

de Jorge Barraca (Capítulo 4: camino a Ítaca)

No es un trabajo fácil dilucidar cuáles son los valores que, a cada uno, nos resultan lo suficientemente motivantes para volver a actuar a pesar de la pereza, las dificultades o los problemas psicológicos. El descubrimiento de esos valores a veces llega pronto y a veces tarda en alcanzarnos. En cualquier caso, nuestra actitud no puede ser la de sentarnos y esperar a que la inspiración nos ilumine. Debemos movernos, intentar cosas distintas, mantener una mente abierta, probar... y, sobre todo, tomar en consideración qué sucede cuando nos enfrascamos en unas actividades u otras.

No emprender ningún camino o adoptar cualquier decisión por temor a equivocarse es también una mala opción. Todos tenemos la experiencia de que muchos sucesos que creímos un error o un fracaso se convirtieron, a la larga, en un acierto o trajeron un bien que no podíamos figurarnos. Por ejemplo, ser despedido de un trabajo o no empezar determinados estudios que en su momento nos atraían supuso, más tarde, un trabajo mejor u optar por una enseñanza que nos enriqueció más. El desengaño amoroso con una pareja en el pasado se convirtió en el medio para estar con la actual. Naturalmente, esos aciertos sólo se ven al cabo de los años. Por eso, aunque, lógicamente, no deben tomarse decisiones a tontas y a locas, gastar un tiempo excesivo para inclinarse por una vía u otra no trae cuenta. Nunca podremos tener todos los datos para adoptar una decisión, pero si ya hemos reunido varias razones importantes para optar por un camino no debemos seguir dando más y más vueltas a las cosas. Por supuesto, hay que emprender cualquier cosa con razones, pero no exactamente por ellas; pues, realmente, tampoco podemos estar seguros de cuál es la causa de que nos inclinemos por una opción determinada.
 
El hecho de que hayamos intentado varias (o muchas) veces emprender una vía y la hayamos abandonado no implica que ese camino no nos conduzca en una dirección que realmente valoramos. Imaginemos que nos regalan un coche. Sentados ya al volante viene la dificultad de decidir hacia dónde dirigirnos. Una posibilidad es dar vueltas alrededor de la vía de circunvalación de la ciudad (por ejemplo, la M-30 de Madrid). Otra, dirigirnos a la costa porque tenemos como objetivo algo hermoso: ver salir el sol sentados en la arena de la playa. En ambos casos nos ponemos en marcha, y, también en ambos, si conducimos durante mucho tiempo, aparecerán los inconvenientes: cansancio, falta de gasolina, pinchazos, averías... Aunque estos problemas pueden ser similares en los dos casos, nuestra vivencia de ellos no lo es. Si sólo damos vueltas y vueltas en esa carretera de circunvalación, cada vez nos desalentarán más y nos sentiremos hundidos, pues no veremos objeto a tanta desgracia. ¿Qué sentido tiene volver a cambiar la rueda si al cabo del tiempo estoy en el mismo sitio? En cambio, si estas cosas pasan cuando nos encaminamos al mar, podemos observar que repararlas nos acerca más y más a nuestro objetivo. Naturalmente, no dejaremos de pensar que llegar al mar no sea importante, sino que el camino parece jalonado de dificultades. Observe que en ambas situaciones nuestra intención no es sufrir, pero, a veces, llegar a la playa implica pasar por estas penalidades. Además, fíjese que en este ejemplo usted opta por una meta externa (llegar a un sitio real como es el mar) y no un estado interno (ser feliz, divertirse...). Además, dado todo lo que acaece, no hay por qué suponer que durante el viaje usted vaya a pasárselo bien. No es esto lo fundamental, sino el encaminarse hacia algo que uno considera importante, tener un propósito. Y, para terminar, tenga en cuenta que a todos nos dieron un coche: nuestra vida.

Pasar revista a distintas áreas de la vida puede ser una manera de acercarse al problema de concretar las metas. Una pregunta tan general como “¿qué es lo que quiero en esta vida?” es siempre difícil de responder. Por eso es mejor pensar durante un momento en qué es lo que usted quiere en distintas áreas de su vida como, por ejemplo: en sus relaciones con sus padres, con hermanos o con otros parientes; en sus relaciones con sus hijos; en su matrimonio o pareja; en sus relaciones con amigos y conocidos; en sus relaciones con vecinos y conciudadanos; en sus relaciones con sus compañeros de trabajo o actividad; en su propio trabajo u ocupación (aspiraciones, deseos de mejora o consolidación...); en sus aficiones, tiempo libre y entretenimientos; en su educación o en formaciones específicas; en su interés por actividades culturales o de información de cualquier tipo; en su crecimiento personal (como quiera que usted desee entender éste); en su actividad cívica y social; en su mejora física; etc.

A lo mejor en esta selección de áreas comunes no encuentra nada importante para usted, o puede que ya tenga muy claro qué desea en cada una de ellas, mientras que necesita un gran esfuerzo de imaginación para saber a qué aspira en otras. El listado sólo pretende facilitar las cosas y no es una guía que haya que seguir en ningún orden.
 
Por otro lado, cuando se elige una meta y se dirige uno hacia ella es importante especificar las acciones concretas que representan realmente caminar en esa dirección. De lo contrario, todo quedará en buenos propósitos. Esos pasos pueden ser medianos, pequeños o muy, muy pequeños. Eso no importa. Lo fundamental es no tener una sensación de estancamiento. Por ejemplo, usted puede tener una meta como “ser un buen padre para mis hijos” y, durante un período de su vida, concretarlo en acciones como estar todos los días (o no importa que sea sólo un día) diez minutos más con ellos. 

Insisto en que no debe plantearse la meta desde el punto de vista del estado mental deseable. En el ejemplo anterior, no debe proponerse algo como “estar siempre de buen humor cuando esté con mis hijos”. Eso no es realista. Puede usted haber pasado muy mal día y mostrarse incapaz de estar alegre. En cambio, una meta como “pasar más tiempo con mis hijos”, es algo que posiblemente se frustrará muchos días por avatares del trabajo o de lo que sea, pero es algo físico y real, perfectamente objetivo, sobre lo que tiene control, no como el “estar de buen humor”.
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miércoles, 25 de mayo de 2016

Beatniks, hippies y xipitecas

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De La Imaginación y el poder de Jorge Volpi
(Acto Segundo. I want to live in America: 
La idea revolucionaria en los sesenta)

La actitud de desencanto de estos jóvenes hacia su gobierno no era, ni con mucho, novedosa. Por el contrario, en Estados Unidos existía ya una amplia tradición de crítica social o de indiferencia política centrada en lo que se llamó contracultura. El antecedente de esta postura ante la guerra —ante la vida— fue la revuelta cultural iniciada a fines de la segunda guerra mundial por los miembros de la llamada generación beat.

El peligro de la “bomba”, nacido al amparo de la guerra fría, había provocado que, durante la década de los cincuenta, surgiese en todas partes una nueva actitud vital: si el mundo podía desaparecer en cualquier momento, ésta merecía ser vivida con mayor intensidad. El movimiento beat nació al término de la segunda guerra mundial, cuando pequeños grupos de jóvenes estadounidenses “locos de vivir, locos de hablar, locos de ser salvados” que acababan de regresar al país se dieron cuenta de que su viejo mundo se había acabado y que poco tenían que hacer en una sociedad de la cual ya no se sentían parte. Para ellos, el “sueño americano” fue sustituido por un ansia de libertad. Su forma de vivir reflejaba esta desazón. Según resumió un estudioso del movimiento, “hacían el amor libremente con mujeres negras, bailaban y tocaban jazz y vivían en cuartuchos sórdidos, fascinados por las drogas”.

Bajo la influencia de William Burroughs, en 1956 Allen Ginsberg publicó el poema Howl, una especie de manifiesto beat, en el cual se hablaba por primera vez abiertamente de sexo y drogas. En 1957, Jack Kerouac contribuyó con su novela On the Road a resumir el entorno en el que se desenvolvían estos jóvenes: el destino al garete, la falta de oportunidades, la indiferencia y oposición de los jóvenes a un mundo burgués que ya no les pertenecía. Fue el propio Kerouac quien, en 1948, había inventado el término beat para referirse a sus contemporáneos: su nombre (derivado del vocabulario del jazz y del tráfico de drogas) resume la forma como se veían a sí mismos estos muchachos, su condición de víctimas de una sociedad incapaz de comprenderlos. Como en aquellos años se vivían también los mejores momentos de la carrera espacial y los rusos acababan de lanzar su satélite Sputnik, los beats se transforman en beatniks.

Casi en la misma época, un ritmo de los negros, el rhythm and blues, comenzó a ser cantado también por blancos; pronto se transformó en el rocanrol, y, por su éxito inmediato, parecía destinado a cambiar profundamente los hábitos de los jóvenes en todo el mundo. Según el novelista José Agustín, el término “podría traducirse como ‘mécete y gira’, pero, según The Rolling Stone Rock’n Roll Encyclopedia, en realidad se trata de un eufemismo usado en el medio del blues que significa ‘intercambio sexual’”.De acuerdo con este mismo escritor, el primer éxito masivo de esta corriente fue “Al compás del reloj”, de Bill Haley y sus Cometas, que fue tema musical de la película Semilla de maldad en 1955. A partir de entonces, el rocanrol se popularizó en todo el mundo.

Gracias a Elvis Presley y a los Beatles, un grupo inglés formado en 1960, las viejas tendencias del movimiento beatnik tomaron por asalto los medios de comunicación y comenzaron a extenderse por todo el mundo. La prensa, el radio y el cine, y al poco tiempo también la televisión, se encargaron de provocar un fenómeno inédito de inmediatez noticiosa y de comunicación sin fronteras. Los Beatles resumieron, en más de un sentido, el espíritu de la época: su éxito descomunal provenía de una identificación directa con los jóvenes, capaz de llegar a todos los países. Tras asimilar el rock estadounidense, crearon una nueva variante que logró unir a miles de jóvenes; vestidos como sus coetáneos, se dieron a la tarea de exaltar la libertad y las drogas —los puntos que los ligan con los beats— con discos como Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band (1967).

Líderes indiscutibles de los jóvenes, los Beatles ejercieron, a lo largo de los sesenta, una influencia mucho mayor que la de los principales teóricos de la revolución. Acaso por este motivo el rocanrol fue tan atacado por las sociedades conservadoras tanto de Estados Unidos como de México. José Agustín recuerda que “desde los hogares, las escuelas, el gobierno, los púlpitos y los medios de difusión se satanizaba al rocanrol porque era la puerta a la disolución, el desenfreno, el vicio, la drogadicción, la delincuencia, la locura, ¡el infierno!: el rock era cosa del demonio. O comunista, porque en esos tiempos se vivían Los Grandes Furores Anticomunistas”.

En México, los jóvenes no tardaron en copiar —y adaptar— la nueva música que provenía del norte. Decenas de grupos comenzaron a traducir las canciones de los ídolos de moda, alcanzando hacia principios de los sesenta gran éxito de ventas. La apertura en esta misma época de los “cafés cantantes” —pequeñas cafeterías a las cuales asistían quienes deseaban escuchar rock— proporcionó uno de los pocos espacios de entonces que permitía la reunión de los jóvenes, a pesar de las continuas clausuras a las que eran sometidos.

Paralelamente al rock, una nueva moda — de hecho, una nueva forma de contemplar la vida — marcó la actitud de los jóvenes de los sesenta: el movimiento hippie. De algún modo, éste también había tenido su origen en los beats.

En su constante enfrentamiento con el sistema, los beatniks gustaban de huir hacia lugares exóticos, sitios en los cuales la vida salvaje aún estuviese, en su opinión, a flor de piel. Para ellos, México cumplía estas condiciones: ahí, su principal hallazgo fue la marihuana, que pronto transportaron a sus cuartos de San Francisco. Curtidos por las experiencias con las drogas, los beatniks se autonombraban hipsters, puesto que la expresión “to be on the hip” significaba estar bajo el efecto de las drogas. No pasó mucho tiempo para que el ejemplo de estos outsiders veteranos despertara el interés de muchos jóvenes; cariñosa y burlonamente, comenzaron a llamar hippies a los muchachitos que comenzaban a seguirlos. Según José Agustín, el término fue empleado por primera vez por el periodista Michael Fallón, del San Francisco Examiner, para referirse a la gente que vivía en el barrio de Haight Ashbury.

Los hippies son a la vez una continuación y una negación de los beatniks. Mientras éstos eran serios y apagados, buscaban la realización personal en experiencias que se acercaban a la meditación oriental, los hippies transformaron el movimiento, llenándolo de vida y colorido. Pronto Haight Ashbury y Greenwich Village en Nueva York comenzaron a poblarse con estos jóvenes vestidos con colores chillantes que usaban el cabello largo y dejaban que collares con símbolos extraños pendiesen de sus cuellos, al tiempo que se dedicaban todo el día a oír rock y a consumir LSD. El sacerdote Enrique Marroquín — de quien se decía que oficiaba misas habiendo consumido drogas —, en su estudio La contracultura como protesta, calcula que en 1967 habría unos doscientos mil hippies en Estados Unidos.21 Y, según José Agustín, a mediados de 1966 ya habría unos quince mil sólo en San Francisco.

El movimiento hippie trajo consigo una parafernalia de símbolos que le daba un sello distintivo; combinaba el pacifismo con el culto a la droga, el rock con el colorido de los sueños alucinógenos, la libertad sexual con el desprendimiento material y las religiones orientales. Sin embargo, acaso el elemento más importante y perdurable del movimiento fuese, asimismo, su carácter contracultural, su abierto rechazo a los valores del momento.


Otro de sus rasgos altamente significativos fue su carácter pacifista: sus lemas eran “Flower Power” y, desde luego, “Peace-and-Love”. Su actitud, aunen los casos menos politizados, era de enfrentamiento al espíritu belicoso del gobierno estadounidense. El conocido símbolo de la paz que llevaban colgado al cuello era un auténtico desafío al estado, una objeción de conciencia que resultaba subversiva y que ese mismo estado castigaba y perseguía sin tregua.

Amparado en un rechazo a los valores conservadores de la civilización occidental, el movimiento hippie — con figuras emblemáticas como la del escritor Ken Kesey — se convirtió en una verdadera contracultura. A cada uno de los valores determinantes de la sociedad occidental adulta, los jóvenes comenzaron a oponer otros, rescatados de las más diversas tradiciones, con elementos cuyo origen puede remontarse a Rousseau y su bon sauvage, los románticos alemanes, las religiones orientales y en general todos los exponentes del irracionalismo. Jerry Rubin, uno de los líderes del movimiento yippie de Berkeley, dice al respecto en su libro Do it!:

"Los adultos te han llenado de prohibiciones que tú has llegado a ver como naturales. Te dicen “haz dinero, trabaja, estudia, no forniques, no te drogues”. Pero tú haz precisamente lo que los adultos te prohíben, y no hagas lo que ellos te recomiendan. No creas a nadie mayor de treinta años"

Stuart Hall, en su importante estudio Los hippies, una contracultura, señala que éstos fueron “un islote de significados desviacionistas en el mar de su propia sociedad”, encargados de negar los valores tradicionales de Occidente.

La influencia de este movimiento contracultural fue mucho más amplia de lo que pudiese haberse previsto entonces. A pesar de su carácter marginal y de la oposición directa del gobierno y de la sociedad tradicionalista mexicana, los valores hippies impregnaron las actitudes de los jóvenes mexicanos.

En México, las experiencias del movimiento hippie fueron copiadas, en primera instancia, por los jóvenes de clase alta como una forma de identificarse con los patrones estadounidenses a los que estaban acostumbrados. Sólo después de un tiempo, las clases media y baja se encargaron, a su vez, de imitar esta moda de los ricos y adaptarla a su idiosincrasia particular. Pronto eran miles los jóvenes que se dejaban crecer el cabello, vestían ropas psicodélicas y se lanzaban a peregrinar en busca de droga a lugares como Real de Catorce y Huautla. Enrique Marroquín, uno de los pocos que en esa época se dedicaron a estudiar su comportamiento, ha llamado “xipitecas” a los jipis mexicanos.

Nuevamente, la discusión que entonces se llevaba a cabo en torno a ellos giraba sobre un polo común de la historia cultural mexicana: ¿Eran sólo la copia de un modelo extranjero? ¿O gracias a la apropiación de elementos autóctonos se convirtieron en parte de un movimiento mundial con sólidas características personales? Sin importar que una cosa u otra fuese cierta, el primer argumento fue el escogido a priori por el sistema para descalificarlos. En medio de la particular xenofobia mexicana, la condena que sufrieron fue casi unánime: no son verdaderos mexicanos, imitan lo extranjero sin conciencia, encarnan una subversión que no conviene. 

En el conjunto de símbolos que copiaron del modelo estadounidense, acaso el más importante y el que más molestaba a la sociedad tradicional fue el cabello largo. Esta simple muestra de individualidad fue atacada una y otra vez y, por ello mismo, se convirtió en un emblema de la juventud. Marroquín afirma que el pelo largo fue condenado en virtud de una asociación primaria típica de una sociedad represora: el pelo largo es para las mujeres, si lo usa un hombre existe la posibilidad de confundirlo, con lo que aparece el horror a la homosexualidad.

Los jóvenes estaban convencidos de que se trataba de un signo de autonomía individual, una forma de regresar a cierto salvajismo en contra del carácter represivo de la civilización y de sus padres. No es casualidad que tanto los beatniks como los combatientes de la Sierra Maestra —con Castro y el Che como principales figuras— tuviesen largos mechones. De este modo, el cabello largo adquirió un tono de franco desafío: un jefe no podía soportar a un subordinado con el pelo largo porque ello significaba un desafío a la autoridad. Éste fue el motivo, también, por el cual las razzias llevadas a cabo por la policía mexicana contra los jóvenes tuviesen siempre el extravagante objetivo de raparlos.

Correlativo al cabello largo de los muchachos, las jóvenes comenzaron a vestir minifaldas. Surgidas en Inglaterra en la década de los cincuenta, estas prendas se popularizaron al asociarse al rock y de inmediato encontraron la oposición de los mayores. Desplazando el interés sexual hacia los muslos, las minifaldas se convirtieron, igualmente, en el símbolo de la época. Sin embargo, aun a pesar del carácter restrictivo de la sociedad mexicana, las minifaldas se volvieron lo suficientemente populares como para que su uso se extendiera a todas las clases sociales.

El lenguaje era, asimismo, otro signo distintivo de los jóvenes. En contra del comedimiento y la discreción que siempre habían caracterizado la vida pública mexicana — se trata de que las palabras, pronunciadas a media voz, nunca digan algo concreto, sino que lo eludan, que lo cerquen, que lo susurren al interlocutor —, empezaron a utilizar un vocabulario descarnado, lleno de groserías y términos explícitamente sexuales. De acuerdo con José Agustín, “utilizaban un caló que combinaba neologismos con términos de los estratos bajos, carcelarios, y se mezclaba con coloquialismos del inglés gringo, así es que se producía un auténtico espanglés: jipi, friquiar, fricaut (freak out), yoin (joint), díler (dealer), estón o estoncísimo (stoned), jai (hight)”. Gracias a este nuevo argot, los jóvenes habían vuelto a creer en el poder subversivo de las palabras: ellas le habían servido a la sociedad burguesa para ocultar la realidad y ahora serían las encargadas de propiciar la liberación. Compartían la idea, tan común entre intelectuales como Carlos Fuentes, de que el lenguaje es capaz de liberar a los hombres y de transformar a las sociedades.

Por último, un nuevo factor determinó el desarrollo de la cultura hippie: el consumo de drogas. La exploración de los psicotrópicos se convirtió en una verdadera moda. Su origen, como se sabe, estaba en las experiencias casi religiosas de los beatniks con la marihuana y el peyote, así como en el hecho de que las tropas estadounidenses en Vietnam pudiesen adquirir drogas a precios muy bajos. Desde el lado académico, también resultó notoria la influencia de Timothy Leary, un médico de Harvard que se convirtió en el principal impulsor de la experimentación con LSD. 

Aunque su consumo en México era mucho menor que en Estados Unidos, la cultura del “ácido” se extendió en ambos países. Lo “psicodélico”, la mezcla de colores y formas cambiantes tan característica de los años setenta deriva en gran medida de la sensibilidad ocasionada por el ácido lisérgico y diversos psicotrópicos. En México, el peyote, empleado por los indígenas desde tiempos inmemoriales, y que había fascinado a muchos viajeros, era otra de las drogas que se consumían con frecuencia.

Si bien el número de auténticos xipitecas era reducido, sus ideas se expandieron rápidamente en toda la sociedad. Su aura de libertad individual y de rompimiento atraía la mirada de miles de jóvenes que quizás nunca habían leído a Marx, a Marcuse o a los demás teóricos de la revolución. Acaso sin diferenciar las diversas influencias que sufrían, estos muchachos se “contraeducaban” unos a otros con elementos hippies y revolucionarios, con los símbolos de la paz y los carteles del Che Guevara. Así, usos y costumbres innovadores se extendían de un lugar a otro. El carácter a la vez individualista y comunitario de los jipis habrá de marcar de modo indeleble la naturaleza de los movimientos estudiantiles que habrán de producirse a lo largo de 1968. 
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