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sábado, 12 de marzo de 2016

Huida de la sombra

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Cuento de Chuang Tzu 

Había un hombre que se alteraba tanto al ver a su propia sombra y se disgustaba tanto con sus propios pasos, que tomó la determinación de librarse de ambos. El método que se le ocurrió fue huir de ellos.

Así que se levantó y echó a correr. Pero cada vez que bajaba el pie había otro paso, mientras que su sombra se mantenía a su altura sin dificultad alguna.

Atribuyó su fracaso al hecho de que no estaba corriendo con la suficiente rapidez. De modo que empezó a correr más y más rápido, sin detenerse, hasta que finalmente cayó muerto.

No se dio cuenta de que, si simplemente se hubiera puesto a la sombra, su sombra se habría desvanecido, y si se hubiera sentado y quedado quieto, no habría habido más pisadas.
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miércoles, 25 de marzo de 2015

El néctar de los inmortales

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De Cuentos de los sabios taoístas
de Pascal Fauliot

Wang, que en chino significa "rey", era el nombre que llevaba de manera bastante irónica un humilde campesino que sólo reinaba sobre su miserable choza y su pedazo de tierra, en el valle del río Wei. Por más que se deslomaba en sus parcelas pedregosas, que se escalonaban sobre la ladera de una colina, el sudor no podía volver fértil una tierra ingrata. No todos los días saciaba su hambre y en ocasiones le  reprochaba al dios del Destino el haberle olvidado. Pero su corazón no estaba tan seco como su tierra y en más de una ocasión compartió su escasa comida con un vagabundo o con sus vecinos los gorriones.

Una noche en la que se había quedado dormido, exhausto, sobre su jergón, vio en sueños a uno de esos gorriones a los que a menudo obsequiaba algunas semillas. El pájaro le decía que saliera al exterior para probar suerte, ya que los Ocho Inmortales estaban atravesando el pueblo. Wang se despertó y sintió que un gorrión le estaba picoteando la cabeza. Se levantó, corrió hacia la puerta y, en medio de la bruma difusa que iluminaba un halo de luna, vio unas siluetas en la callejuela. Eran ocho.

Wang se puso su tunica, cogió su bastón, su bolsa, y se deslizó en medio de la noche, sin hacer ruido, para cerciorarse de si el pájaro estaba en lo cierto o si se trataba más bien de un grupo de bandidos, como le susurraba su instinto de campesino. Alcanzó a los viajeros y los observó manteniéndose a una istancia razonable. A través de la niebla creyó distinguir claramente a dos de los famosos inmortales fácilmente reconocibles: Zhang Guo Lao, que abría la marcha montando en su mula blanca, y Li Tieguai, que iba cojeando detrás de los demás con su muleta de hierro. Wang decidió seguirles discretamente con la esperanza de le condujeran al Reino de los Inmortales, donde los festines divinos se suceden en la despreocupación de la eterna juventud.

Al llegar ante el río Wei, el viejo que marchaba en cabeza dijo a su mula:

- Venga, despacio, bonita, procura caminar ligera para no salpicar a nuestros compañeros.

Y entonces Wang vio a la blanca montura cruzar el impetuoso curso de agua rozando apenas con sus pezuñas la superficie de las ondas. Tras ella, otros Inmortales caminaron a su vez sobre el río. Pero Li Tieguai, el mendigo cojo, llamó a sus compañeros y, sin girarse, les dijo a gritos:

- ¿Qué vamos a hacer con ese mortal que nos sigue? He Xiangu, la patrona de las magas, le contestó:

- ¡Si está preparado, pasará a la otra orilla; si no, se quedará en ésta! Hazle pasar la prueba.

Li Tieguai hizo señas a Wang para que se acercara y le dijo:

- Para cruzar el río sin ahogarte, debes cumplir tres condiciones. La primera, caminar sobre el agua mirando recto hacia adelante y sin pensamientos impuros. ¿Te sientes capaz de hacerlo?

Wang asintió con la cabeza. La perspectiva de entrar en el Reino de los Inmortales le daba alas.

- La segunda condición: debes abandonar todo lo que posees, sin tristeza.

- Eso tampoco es difícil, sobre todo para mí, que no tengo gran cosa!

Y Wang arrojó al río su bolsa y su bastón.

El mendigo deforme abrió su cantimplora, rió sarcásticamente y dijo:

- La tercera condición es harina de otro costal. Debes beber un trago de este remedio, que purificará tu cuerpo y lo hará tan ligero como una hoja. Tiéndeme el hueco de tus manos.

Li el cojo vertió en las palmas del pobre campesino un líquido verdoso, viscoso y nauseabuno. Wang quedó aún más  sorprendido por cuanto esperaba beber uno e esos legendarios licores divinos. Cuando acercó las manos a los labios, se le  encogió el estómago, y con una mueca de repugnancia dejó que la infame mixtura corriera entre sus dedos y se limpió las manos en el río.

- Miserable - refunfuñó el sabio inválido -, has desperdiciado el preciado Néctar de la Inmortalidad que con tanto esmero y paciencia prepara la Reina Madre de Occidente. ¡Que sacrilegio! Te has quedado en las apariencias. No eres digno de seguirnos.

- ¡Te lo ruego! - suplicó Wang -, dame otra oportunidad!

- Tu otra oportunidad - rió sarcásticamente Li el cojo - está en el hueco de tus manos. ¡Haz buen uso de ella!

Y mientras el inmortal desaparecía en la bruma, dando saltitos sobre la cresta de las olas con su muleta de hierro, Wang se miró la palma de las manos. Brillaba en la noche con un extraño resplandor, como dos lámparas de jade.

El campesino no tardó en descubrir el poder de sus manos. Aliviaba los dolores, curaba las enfermedades. Eran manos de curandero. Hizo buen uso de ellas, se convirtió en médico famoso. Se enriqueció porque sabía hacer que los poderosos le pagaran, pero hacía que los pobres se beneficiaran de ello. Se abstuvo de todo pensamiento egoísta y practicó sin descanso la compasión, condiciones principales para llegar a la otra orilla, la de los Inmortales. Afortunadamente, para él y para sus pacientes, ya que Li el cojo acudió en varias ocasiones, bajo la apariencia del más lamentable de los mendigos, para probar el corazón de nuestro curandero haciendo que le aliviara gratuitamente de sus dolencias. Y si Wang lo hubiese echado, habría perdido de inmediato su poder.

Los méritos de Wang quizá le permitieran más tarde encontrar el camino de la eterna juventud... En todo caso, quedó inmortalizado en la memoria de los chinos con el nombre de Rey de los dedos de Oro, y hay quienes le atribuyen la paternidad de la acupuntura digital, más conocida con su nombre japonés, shiatsu. ¡Una manera muy útil de hacerse inmortal!
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domingo, 18 de enero de 2015

La liberación del espíritu

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De Cuentos de los sabios taoístas
de Pascal Fauliot

Cuenta la leyenda que Li fue, hace mucho tiempo, uno de los discípulos de Lao Tse en persona, el patriarca de los taoístas. Li era un letrado de gran belleza, sumamente elegante. Estaba bastante orgulloso de su persona, sobre todo de su cuerpo, cuya eterna juventud conservaba con la gimnasia taoísta. Tenía al parecer, mucho éxito con las damas... sus poderes eran grandes. Médico, herbolario y taumaturgo, sabía preparar el elixir de los cinco elementos, remedio supremo, que siempre tenía a mano en su cantimplora. El arte del viaje astral tampoco tenía secretos para él. Pero no había alcanzado el grado más alto de realización espiritual, entorpecido sin duda por cierto narcisismo, y por tanto aún no se había forjado un cuerpo inmortal.

En su ermita, el bello Li tenía un discípulo a quien solía confiar la tarea de velar por su cuerpo cuando realizaba viajes astrales. Una tarde se acostó y le dijo a su aprendiz:

- Mi espíritu va a levantar el vuelo hacia el monte Hua, donde va a tener lugar un conciliábulo de Inmortales. Espero encontrar allí a mi Maestro y beber una vez más el néctar de sus palabras. El viaje será largo y peligroso, pues tendré que cruzar puertos ventosos infestados de demonios. Si en seis días no he abierto los ojos, destruirás mi cuerpo. Ya no tendré entonces ninguna posibilidad de regresar a él y no quisiera que un espíritu maligno lo poseyera. Pero debes esperar hasta que los primeros rayos del sol apunten en el horizonte, en la mañana del séptimo día, para encender la pira funeraria. 

Durante la sexta noche, el hermano del discípulo vino a avisarlo de que su madre estaba moribunda y lo había llamado a su lado Debían apresurarse; sin duda no pasaría de aquella noche.
 
Al joven adepto le afligía la idea de llegar demasiado tarde. Pensó que el espíritu de su maestro sin duda estaba prisionero en alguna parte o se había extraviado. Pensó que ya no volvería. Como el alba estaba próxima, apiló leña, depositó el cuerpo sobre la pira y le prendió fuego. Luego corrió a la cabecera de su madre.

Justo antes de que los primeros rayos del sol llegaran a lamer la cima de la montaña, el espíritu de Li sobrevoló la ermita. Cuando vio la hoguera incendiar la noche, comprendió que sus restos se estaban convirtiendo en humo. Se dijo que era una lección del destino, que de ese modo quedaba liberado de aquel cuerpo al cual había estado demasiado apegado. Pero necesitaba encontrar otro para acabar su evolución espiritual y alcanzar la inmortalidad. No quería perder los conocimientos adquiridos en esta vida y que sin duda olvidaría si se reencarnaba por las vías naturales. ¡A veces se requiere más de una vida para recordar lo que uno ya sabe! Debía encontrar un cuerpo enseguida, antes de que sus poderes psíquicos se disolvieran. Y si no lo hacía antes  del alba, su espíritu perdería la fuerza para animar un cadáver aún caliente. Le quedaba muy poco tiempo.
 
Buscó desesperadamente en los alrededores unos restos adecuados, pero no los encontraba. ¡Algunos cuerpos estaban demasiado fríos y totalmente rígidos; otros todavía no habían sido totalmente abandonaos por sus propietarios! El horizonte palidecía, al espíritu de Li le entró pánico. Finalmente percibió un alma que se escapaba de su envoltura carnal. Se precipitó en el cuerpo. ¡era el de un mendigo deforme con un rostro simiesco!
Y fue en este cuerpo poco agraciado donde el espíritu del bello Li alcanzó su objetivo. Así pues, como les gusta repetir a los sabios chinos:

¡Todos los hombres quieren verse libres
de la muerte.
Pero no saben liberarse
de su cuerpo!


Ésta es la razón por la que uno de los Ocho inmortales tiene la apariencia de un mendigo cojo y jorobado. Se le conoce popularmente con el nombre de Li TieGuai. Li el de la Muleta de hierro. Es el patrono de los pobres y de los médicos.cuento
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viernes, 31 de octubre de 2014

La tortuga

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De El camino de Chuang-Tzu
de Thomas Merton

Chuang Tzu, con su caña de bambú, pescaba en el río Pu.

El príncipe de Chumandó a dos vicecancilleres con un documento oficial: "Por la presente queda usted nombrado primer ministro."

Chuang Tzu cogió su caña de bambú. Observando aún el río Pu, dijo:
 
"Tengo entendido que hay una tortuga sagrada, ofrecida y canonizada hace tres mil años. que es venerada por el príncipe, envuelta en sedas, en un precioso relicario sobre un altar, en el Templo. ¿Qué creen ustedes: es acaso mejor otorgar la propia vida y dejar atrás una concha sagrada como objeto de culto en una nube de incienso durante tres mil años, o será mejor vivir como una tortuga vulgar arrastrando su rabo por el cieno?"

"Para la tortuga", dijo el vicecanciller, "será mejor vivir y arrastrar la cola por el cieno."
 
"¡Váyanse a casa!", dijo Chuang Tzu. "¡Déjenme aquí para arrastrar mi cola por el cieno!"
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martes, 4 de febrero de 2014

La cólera del Señor Dragón

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De Tratado de Lao Tse sobre la respuesta del Tao
De Li Ying-Chang
(Versión de Eva Wong)


En la ciudad de Tai-shang vivía un hombre extremadamente rico y cruel llamado Shen. Era inhumano con sus subordinados e inconsiderado con sus conciudadanos. Shen disfrutaba también dificultando la vida de los demás saboteando su trabajo. En secreto se las arreglaba para estropear las herramientas de la granja, caza y artesanía, con el solo objeto de divertirse con la desgracia de los demás.

En cierta ocasión, Shen contrató a un escultor llamado Lu para que esculpiese figuras en las vigas y en las columnas de una casa de huéspedes que estaba construyendo. Cuando el artista acabó el trabajo, Shen se negó a pagarle. Lu llevó el asunto ante el magistrado local, y el tribunal falló en contra de Shen. Éste montó en cólera y decidió vengarse del escultor.

Poco tiempo después, el tiemplo budista de la ciudad estaba construyendo una nueva sala. Los sacerdotes habían oído la fama de Lu como escultor y lo invitaron a esculpir las efigies de los Quinientos Arhats. Shen pensó que había llegado su oportunidad para vengarse de Lu. Contrató en secreto a un malhechor y le dio instrucciones para que se uniese al equipo de ayudantes de Lu. Cuando se encaminaba hacia el templo, el malvado cumplió el encargo de Shen dañando algunas de las herramientas del escultor y huyendo con el resto. Cuando Lu llegó al templo sin las herramientas apropiadas no pudo competir con los demás escultores. Como consecuencia, Lu perdió el trabajo al ser rechazado.

La nuera de Shen no aprobaba sus estratagemas malvadas y le dijo que, a menos que se enmendase, sus actos traerían la cólera de los Señores del Cielo y que el justo castigo recaería sobre él y su familia. Shen rechazó su advertencia y la reconvino por ser irrespetuosa y atrevida. La expulsó de su casa y le dijo que nunca más volviera.

La nuera había caminado apenas dos kilómetros desde la casa de Shen cuando oyó el estruendo de un trueno. Los rayos atravesaron el cielo y empezó a caer una lluvia torrencial. Corrió hacia los bosques y se refugió en una choza abandonada. A través de la ventana vio abrirse los cielos y salir de las nubes cargadas de lluvia un dragón color escarlata que descendí a la mansión de Shen. Instantáneamente se vinieron abajo todos los edificios de la misma y todo lo que había dentro fue destruido.

El único miembro del hogar de Shen que sobrevivió fue su nuera. Los señores del Cielo la favorecieron y ella vivió una larga y próspera vida.
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Notas de la traductora:

* Los Arhats son discípulos del Buda y son considerados guardianes del Dharma (los principios del budismo).
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jueves, 16 de enero de 2014

Ho-Kuan visita el reino de las hormigas

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De Tratado de Lao Tse sobre la respuesta del Tao
De Li Ying-Chang
(Versión de Eva Wong)

Ho-Kuan, nacido en el pueblo de Kuang-nan, era un hombre bondadoso que nunca había matado a ningún ser vivo en su vida. Ho-Kuan no era muy rico, pero tenía una vasija que contenía mil monedas de oro, que constituían todos los ahorros de su vida. Guardaba la vasija en un cofre de madera, pero una noche las termitas que habían infestado la zona donde vivía se introdujeron al cofre y se comieron parte de la plata.

Cuando su familia descubrió el hecho, siguió el rastro de las hormigas hasta una profunda cueva y encontró allí una colonia de millones de termitas. Decidió entonces aniquilar a las hormigas, pensando que esto podría servir para recuperar algo de la plata perdida. Sin embargo, Ho-Kuan se opuso al plan, diciendo: «No puedo soportar ver tantas criaturas matadas a cuenta de una pequeña cantidad de plata.» Así que la familia dejó correr el asunto.

Aquella noche, Ho tuvo un sueño. Había muchos soldados con armadura blanca que llegaban hacia él y le invitaba a ver a su rey en el palacio. Ho se montaba en el carruje que llevaba consigo y era conducido a una magnífica y próspera cudad. Numerosos dignatarios le encontraban a la puerta del palacio y le escoltaban. El rey se levantó cuando vio a Ho y descendió del trono para ir a su encuentro. Saludó a Ho y le dijo: «Gracias a tu bondad hemos sido salvados de nuestro enemigo. Sin embargo, te hemos causado molestia en este proceso. Debido a tu bondad, mis súbditos han escapado a una gran desgracia. Nunca podré agradecerte suficientemente lo que has hecho por mi reino. Hay un pequeño árbol cerca de tu casa. Detrás del árbol hay una vasija de plata que fue enterrada en antiguos tiempos. Desentiérrala y guarda el tesoro como muestra de nuestro agradecimiento. Tú representas lo mejor que hay en la humanidad. Es una pena que seas demasiado viejo para disfrutar de los frutos de tu bondad. Sin embargo, tus descendientes se beneficiarán de lo que has sembrado.»

Tras su audiencia con el rey, Ho-Kuan fue escoltado de vuelta hasta su propia casa por los soldados revestidos de armaduras blancas. Cuando se despertó de su sueño, se dio cuenta de que habían sido las hormigas las que habían venido a su encuentro. Encontró el árbol que la hormiga reina había descrito, cavó debajo de él y recuperó una jarra de plata. Sus descendientes disfrutaron de la prosperidad aportada por este tesoro durante muchas generaciones.
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martes, 24 de septiembre de 2013

Artistas del Tao

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 De La Sabiduría de Chuang Tse: Textos fundamentales del taoísmo
de Sam Hamill y J.P. Seaton
(Capítulo 9: Aprendiendo a vivir)

Mientras Confucio salía de un bosquecillo que había en Ch'u, vio a un jorobado atrapando cigarras con la punta de un bastoncillo con tanta soltura como si estuviendo recogiendo moras.

— ¡Un artista! - exclamó Confucio -. ¿Hay un Tao en ello?

— Yo poseo el Tao - contestó el jorobado -. Me he pasado cinco o seis meses sosteniendo dos bolitas de barro en la punta de mi bastón hasta lograr que no se cayeran. Al final sólo se me escapaban las cigarras más diminutas. Cuando conseguí sostener tres bolitas a la vez, sólo una entre diez podía huir. Después practiqué con cinco bolitas hasta conseguir que no se cayera ninguna. Al llegar a este punto fue como recoger moras. Ahora mi cuerpo se eleva como el tronco de un árbol muerto, el brazo extendido no es más que una de sus ramas. Aunque el cielo y la tierra sean grandes y las diez mil cosas sean muchas, todo cuanto conozco son las alas de as cigarras. ¿Cómo podría no atraparlas?

Confucio, volviéndose hacia sus seguidores, dijo:

— «Usad el corazón indiviso del caballero. Y ahí cuajarán el espíritu.» Este antiguo proverbio sin duda es aplicable a este caballero jorobado.

Entonces Yen Hui dijo a Confucio:

- Mientras cruzaba en Ch'ang-shen las violentas y peligrosas aguas, el barquero conducía la barca como un espíritu. Así que le pregunté: «¿Es posible aprender a manejar una barca de ese modo?». Y el contestó: «Sí, lo es. Muchos buenos nadadores poseen esta habilidad. Y también los buceadores. Pueden incluso hacerlo antes de haber visto una barca». Le pedí que fuera más ecplícito, pero no quiso. ¿Podrías tú explicármelo?

Confució respondió:

— Muchos buenos nadadores pueden hacerlo porque se han olvidado del agua. En cuanto a los buceadores capaces de conducir una barca incluso sin haberla visto nunca, ven las violentas y peligrosas profundidades del mismo modo que verías un camino de carro de las tierras altas. Y una barca volcada es para ellos lo mismo que para ti un carro encallado. Encallado o volcado, cuando es algo que has visto ya miles de veces, no te impresiona. De modo que puedes seguir avanzando sin tener miedo.
Cuando un arquero dispara porque si - continuó Confucio -, puede hacer gala de una gran habilidad; pero si dispara para ganar una hebilla de bronce, intentará no ponerse nervioso y apuntar bien. Y si el premio consiste en el atractivo oro amarillo, se cegará.
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lunes, 9 de septiembre de 2013

El arte de pescar

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De Lie Tse: una guía taoísta sobre el arte de vivir
Versión de Eva Wong

Muchas cosas de este mundo dependen del equilibrio. Por ejemplo, un simple cabello puede mantener un peso si el equilibrio es adecuado. Ese cabello solo se rompe si desaparece el equilibrio.
La mayoría de las personas no entienden este principio del equilibrio, pero he aquí un ejemplo de alguien que lo entendió.

En el país de Chu vivía un hombre aficionado a la pesca. Hacía su hilo de pescar de seda, su anzuelo de corteza de trigo y su caña de un fino tronco de bambú. Como cebo se servía de un grano de arroz.

Uno de sus lugares favoritos de pesca era una zona de aguas profundas en un río de corrientes rápidas. Allí arrojaba su cebo y siempre volvía con un pez tan grande como su carreta. Y para colmo, su sedal no se rompía, su caña no se doblaba ni su anzuelo se partía.

El rey de Chu tenía mucha curiosidad por saber la forma en que este hombre pescaba. Así pues, lo invitó a su corte y le preguntó:

- ¿Cómo puedes pescar peces tan grandes con aparejos tan raros?

El pescador respondió:

- Yo he oído hablar a los antiguos sabios de un arquero que utilizaba un arco hecho con una débil vara de madera y una fina cuerda de algodón, que alcanzaba dos pájaros con una misma flecha. Podía hacerlo porque su atención estaba concentrada y comprendía el equilibrio de tensar y soltar. Decidí utilizarlo como ejemplo para perfeccionar mis habilidades de pesca porque admiraba sus hazañas. Desde entonces, he desechado cualquier otra cosa y paso todo mi tiempo aprendiendo el arte de la pesca.
Finalmente, después de cinco años, fui capaz de lanzar mi sedal sin distracciones. Cuando me siento a la orilla del río mi mente está totalmente concentrada en pescar y en nada más. Tengo una buena sensación al soltar y recoger el sedal, de forma que los peces ni siquiera se enteran cuando entran en el agua el anzuelo y el cebo. Para ellos, el cebo no es diferente del grano de arena o de una burbuja y se lo tragan sin sospechar nada.
Este es el principio de servirse de lo blando para vencer lo fuerte y de lo ligero para sostener lo pesado.
Majestad, si podéis gobernar vuestro país de esta forma, todas las cosas del mundo estarán al alcance de vuestra mano. ¿Acaso no es más efectivo que utilizar la fuerza?

El rey quedó muy sorprendido por el consejo del pescador.
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jueves, 4 de julio de 2013

El cielo y el género humano

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De La Sabiduría de Chuang Tse: Textos fundamentales del taoísmo
de Sam Hill y J.P. Seaton
(Capítulo 20:El árbol de la Montaña)

Cuando Confucio se vio obligado a vivir en la más extrema pobreza en la frontera entre Ch’en y Ts’ai, pasando siete días sin nisiquiera tener leña para cocinar, se apoyó con su mano izquierda en un árbol que se estaba pudriendo, y golpeando con su mano derecha una rama seca, llevando el ritmo cantó «El Señor de Piao».

Aunque no pudiera afinar su instrumento y la voz no alcanzara ninguno de los modos clásicos prescritos, el sonido de la madera y su voz, como si fuera el sonido de un arado removiendo la tierra, penetraron directamente en el corazón de sus discípulos.

Yen Hui, rodeándose el pecho con los brazos, se volvió hacia él para escrutar su expresión. Confucio se preocupó pensando que Hui pudiera admirarle demasiado y se hiciera daño a sí mismo.

— Hui — le dijo —, es fácil evitar ser lastimado por el cielo, pero difícil evitar ser favorecido por el género humano. No hay un comienzo sin un final. El género humano y el cielo son uno. ¿Quién ha sido pues, ahora, el que ha estado tocando?

— Me gustaría preguntarte — dijo Hui — qué significa «Es fácil evitar ser lastimado por el cielo».

— El hambre, la sed, el frío y el calor, vivir en la pobreza y tener el camino cerrado son obra del cielo y la tierra. Es precisamente el fluir de las cosas. Cuando decimos «todo pasa», nos estamos refiriendo a ellas. Un ministro del estado no abandona a su señor. Si es así, ¡cuánto más fieles deberán ser los sirvientes del cielo!

Entonces Hui preguntó:

— ¿Qué significa «es difícil evitar no ser favorecido por el género humano»?

— Cuando tienes un empleo, todo te llega. El rango y la riqueza vienen juntos como su fueran inagotables. Es la cosecha de las cosas, pero no tiene nada que ver con el yo. El destino real de una persona está más allá de ello. Un caballero no es un bandido. Un hombre valioso no es un ladrón soplón. Pero si deseo cosas, «¿qué soy yo?» Por tanto, se dice: "No hay pájaro más sabio que la golondrina". Sus ojos no se posarán dos veces en un lugar inapropiado. Aunque caiga allí el fruto del que se alimenta, se irá abandonando el lugar. Teme a la gente, pero anida entre ella al encontrar la seguridad en los aleros, y la comida en los altares dedicados a la tierra y a las coesechas.

Hui preguntó:

— ¿Qué significa «no hay un comienzo sin un final?»

— Las diez mil cosas cambian — dijo Confucio —, pero ignoramos qué es lo que las hace cambiar. Si es así, ¿cómo podemos saber cómo acabarán? ¿De dónde surgen?

Simplemente sé recto y espéralas. Eso es todo.

—  Pero ¿qué significa «el género humano y el cielo son uno»?

Confució respondió:

— El género humano existe porque hay un cielo. Y el cielo existe porque hay un cielo. Que los humanos no podamos poseer el cielo es simplemente nuestra naturaleza. El sabio deja serenamente que su cuerpo vaya cambiando hasta agotar el hilo de su vida. Eso es todo.
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martes, 18 de junio de 2013

El músico Wen aprende a tocar el laúd

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 De Lie Tse: una guía taoísta sobre el arte de vivir
Versión de Eva Wong

Hace mucho tiempo había un músico que podía encantar pájaros y peces haciéndolos bailar con su música. Un músico que tocaba el laúd llamado Wen, del reino de Cheng, oyó esta historia y quiso adquirir esa habilidad. Así pues, abandonó a su familia y se fue a estudiar con el maestro músico Hsiang.

Durante mucho tiempo, Wen no pudo tocar nada. Sus dedos se agarrotaban y cada vez que tomaba el laúd no era capaz de tocar. Después de tres años no había aprendido nada. «Deberías volver a tu casa» - le dijo el maestro.

Wen puso su laúd en el suelo y asintió, y dijo: «No es que no haya aprendido ninguna canción o que no pueda afinar mi instrumento adecuadamente. Lo que ocurre es que no puedo tocar desde mi corazón y por ello la música nunca se ha convertido en parte de mi. Esta es la razón por la que no me puedo animar a tocar. Déjame descansar un poco y veamos qué ocurre»

No mucho después, Wen volvió a su maestro.

«¿Cómo te va con tu música?»

«Creo que he dado un salto adelante. Déjame que te lo muestre.»

Wen tomó el laúd y con suavidad acarició la cuerda llamada Otoño. Aunque era primavera soplaba un viento fresco, y las hojas crujían mecidas por la brisa de otoño, y el cielo estaba brillante y sin nubes. Después, en otoño, tocó la cuerda llamada Primavera y se produjo una suave brisa. Cayó una lluvia cálida y se abrieron las flores. En medio del verano, Wen tocó la cuerda llamada Invierno, y de repente cayó nieve y los ríos helaron. Cuando llegó el invierno, tocó la cuerda llamada Verano. Inmediatamente brilló el sol con fuerza, desapareció la nieve y se fundió el hielo de los ríos.
Finalmente, cuando tocó la última cuerda junto con todas las demás, sopló una brisa refescante, aparecieron flotando nubes celestes, cayó un dulce rocío en el suelo y brotaron manantiales fragantes.

El maestro músico Hiang se golpeó el pecho exclamando: - «Tu música supera con mucho cualquier palabra que pueda describirla. Los mejores músicos tendrán que aprender de tí a partir de ahora.»

Wen ya era un buen músico en la época en que acudió a estudiar con Hsiang, pero se percató de que la perfección solamente de la técnica no producía una gran música. Cuando fue finalmente capaz de disolver la dualidad entre sí mismo y la música, las canciones que tocaba no solo tenían poder de crear estados de ánimo, sino que literalmente cambiaban la realidad.
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sábado, 8 de junio de 2013

Así es como son las cosas

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 De La Sabiduría de Chuang Tse: Textos fundamentales del taoísmo
de Sam Hamill y J.P. Seaton
(Capítulo 8:  La dicha perfecta)


La esposa de Chuang Tse murió, y cuando Hui Tzu llegó para ofrecerle sus condolencias encontró a Chuang Tse agachado, golpeando una olla como si fuera un tambor y cantando.

Hui Tzu dijo:

- Has vivido con esta mujer, habeís criado a vuestros hijos y envejecidos juntos. ¡No llorar su muerte ya me parece mal! Pero ¿tocar el tambor y cantar no lo encuentras excesivo?

- No - contestó Chuang Tse -. Así es como son las cosas. Al morir ella, ¿cómo podría yo no haber sentido pesar? Pero he pensado en ello con mayor detenimiento y he comprendido que  antes de que ella naciera, no tenía vida. No sólo no la tenía, sino que carecía de forma. No sólo carecía de forma, sino que ni tan sólo tenía chi. Pero en alguna parte del vasto e imperceptible mundo hubo un cambio y ella adquirió el chi; después éste cambió y ella adquirió una forma; después ésta cambió y ella obtuvo la vida. Ahora ha habido otro cambio y ella está muerta. Es como el mutuo ciclo de las Cuatro Estaciones. Ahora mi esposa descansa silenciosamente en la Gran Cámara. Si tuviera que correr tras ella llorando sería sin duda demostrar que no comprendo lo que está predestinado. Así que he dejado de hacerlo.
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jueves, 30 de mayo de 2013

En lo profundo de la Montaña Ku She...

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De La Sabiduría de Chuang Tse: Textos fundamentales del taoísmo
de Sam Hamill y J.P. Seaton

Chien Wu dijo a Lien Shu:

- He escuchado a Chieh Yu, el Loco de Ch'u. Ha dado un gran discurso, pero sin demasiado sentido. Habló y habló sin llegar a decir nada. Me sorprendió y asustó.
Habló y habló como el Río del Cielo que fluye sin cesar. Fue demasiado. Y además sus palabras no tenían la calidez del sentimiento humano.

Lien Shu le preguntó:

- ¿Qué es lo que ha dicho?

- Dijo: << En lo profundo de la Montaña Ku She, hay un espíritu femenino cuya carne y huesos son como el hielo y la nieve, y su porte gentil y dulce como el de una virgen. No se alimenta de los Cinco Cereales, pero sorbe la brisa y el rocío. Trepa hasta las nubes más altas, conduce un carruaje tirado por dragones voladores y vaga por placer por los Cuatro Mares. Cuando su espíritu se concentra, impide que las cosas decaigan y hace que las cosechas fructifiquen >>
Creí que sin duda estaba loco y no di crédito a sus palabras.

Lien Shu contestó pensativamente:

- Así es. Así es en realidad. El ciego no puede conocer la belleza del símbolo ni del artificio; el sordo no puede percibir el increíble sonido de la campana ni del tambor.
¿Pero cómo puede ser que la sordera y la ceguera se encuentren sólo en la carne y los huesos? La mente que comprende también puede padecerlas. Lo mismo ocurre con las palabras de Chieh Yu. Y sin embargo, existe ese espíritu femenino, ese principio femenino que puede unir las diez mil cosas en Una. No obstante, nuestro mundo sigue sujeto al desorden, hoy todo el mundo está dispuesto a hacerse cargo de todo -cuanto-hay-bajo-el-cielo. Pero el mundo no puede lastimar a ese espíritu. Si las aguas se alzaran e inundaran el cielo, no se ahogaría; si la Gran Sequía regresara, si las montañas y las laderas se cubrieran de piedras y de hierro candente, no se abrasaría. Con los desechos y el polvo que deja a su paso podrías fundir y moldear imágenes de tan sabios emperadores como Yao y Shun. ¿Por qué habría de rebajarse y ponerse al servicio de las meras cosas?

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domingo, 12 de mayo de 2013

Las preguntas de un niño

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De Lie Tse: una guía taoísta sobre el arte de vivir
Versión de Eva Wong

En cierta ocasión, cuando Confucio estaba paseando por la plaza del mercado, vio a dos niños que parecían discutir acaloradamente sobre alguna cuestión.
Confucio tuvo curiosidad y se acercó para preguntarles el motivo de su disputa.
Uno de los niños le dijo:

-  Yo digo que el Sol esta más cerca de nosotros cuando sale y que esta mas lejos a mediodía.

El otro niño inmediatamente replicó:

- Yo digo que el Sol esta más lejos cuando se levanta y mas cerca a mediodía.

El primero que habló añadió entonces:

- El sol parece más grande cuando está en el horizonte y se hace más pequeño cuando está en lo alto del cielo.  ¿No parecen las cosas más pequeñas cuando están lejos y más grandes cuando están cerca?.

El segundo niño no se desalentó y respondió:

- El Sol calienta más a mediodía que cuando se levanta por la mañana. ¿No es más caliente algo cuando esta más cerca y más frió cuando esta mas lejos?.

Ambos niños acosaron a Confucio para que respondiera a sus preguntas. Confucio estaba perplejo y les contesto que no podía decirles cual de los dos tenía razón.
Los niños se rieron mientras comentaban:

- Vaya, se supone que tú eres un hombre instruido, ¡y ni siquiera puedes responder a nuestras preguntas!".
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domingo, 5 de mayo de 2013

El Cocinero Taoísta

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 De La Conservación de la Vida, capítulo 3 del Libro de Chuang-tzu

El cocinero del príncipe Huei estaba cortando un buey. Cada golpe de su mano, cada elevarse de sus hombros, cada paso de su pie, cada movimiento de su rodilla, cada whshh de la carne cortada, cada chhk del cuchillo, estaba en ritmo perfecto, como la danza del Bosquecillo de Moras, como los acordes armoniosos de Ching Shou.

"¡Bien hecho!", exclamó el príncipe. "¡La suya es pericia, por cierto!"

"Señor", respondió el cocinero bajando el cuchillo, "siempre me he dedicado al Tao, que es más alto que la mera pericia. Cuando comencé a cortar bueyes, veía delante de mí bueyes enteros. Después de tres años de práctica no vi más animales enteros. Y ahora trabajo con mi mente y no con mi ojo. Mi mente trabaja sin el control de mis sentidos. Respaldándome en principios eternos, me deslizo a través de junturas o cavidades tan grandes como pueda haberlas, de acuerdo con la constitución natural del animal. Ni siquiera toco las circunvalaciones de un músculo o un tendón, menos aún intento cortar los grandes huesos".
 
"Un buen Cocinero cambia su cuchillo una vez al año, por corta. Un cocinero común una vez por mes porque taja. Pero yo tengo este cuchillo desde hace diecinueve años, y aunque he cortado muchos miles de bueyes, su filo está tan fresco como si recién hubiera salido de la piedra de afilar. Porque en las articulaciones existen siempre intersticios y como el filo del cuchillo no tiene espesor alguno, sólo resta insertar aquello que no tiene espesor en estos intersticios. Y así la hoja tiene en verdad mucho espacio para moverse".

"Es en esa forma como he mantenido a mi cuchillo por diecinueve años, como si recién hubiera salido de la piedra de afilar".

"Sin embargo, cuando llego a una parte nudosa que es difícil de embestir, soy todo precaución. Fijo mi ojo en ella, detengo mi mano y aplico mi hoja suavemente, hasta que con un hwah, la parte cede como tierra desmoronándose hasta el suelo. Entonces saco mi cuchillo y me pongo de pie, miro alrededor y hago una pausa con un aire de triunfo. Luego limpio mi cuchillo y lo dejo cuidadosamente".

"íBravo!", exclamó el Príncipe. "De las palabras de este cocinero he aprendido cómo cuidar de mi vida".

Esta historia se encuentra en el tercer Capítulo del Libro de Chuang-tzu, titulado "La conservación de la vida". El tema de este capítulo es enunciado por Chuang-Tzu así: La vida humana es limitada, pero el conocimiento es ilimitado. Conducir lo limitado en persecución de lo ilimitado es fatal; ¡y presumir que realmente sabemos es por cierto fatal!

Al hacer el bien, evita la fama. Al hacer el mal, evita la desgracia. Que tu principio sea seguir un curso medio. Así cuidarás tu cuerpo de daños, conservarás tu vida, cumplirás tus deberes para con tus padres, y vivirás el lapso de vida que te ha sido concedido.

El ejemplo del cocinero muestra la práctica del Tao en la vida cotidiana, aplicada a una actividad tan simple como la de un faenador de reses. En Occidente, muchos tienden a limitar la práctica del Tao a actividades específicas tales como el Tai Chi Chuan, la meditación, etc., pero la verdadera práctica se lleva a cabo en todo lugar y a cada momento. El ejemplo del cocinero pasó a ser un clásico en China, y la expresión "no ver los bueyes sólo como bueyes enteros" se transformó en una alusión para referirse a encontrar el Tao en cada cosa, por insignificante que ésta parezca.
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lunes, 22 de abril de 2013

El Libro Almohada (El sueño de Avena)

De Las mejores leyendas Taoístas de Lieh - Tzu, Chuang - Tzu y otros

En el año sexto del reinado de Kai Yuan (719 d. C.), un taoísta estaba viajando y se detuvo a descansar en una posada al costado del camino. Después de sacarse el sombrero, intentó dormir usando su bolso como almohada. Al cabo de un rato, un joven llamado Lu Sheng entró en la posada. Vestía un saco corto y cabalgaba un asno. Comenzó a charlar con Lu el taoísta y se hicieron amigos rápidamente. Entonces, Lu miró su saco viejo y gastado y suspiró: "¡Un verdadero hombre debería lograr algo en el mundo, en vez de vivir en tal decrepitud!". El taoísta le dijo: "Por lo que puedo ver, usted no tiene ni dolor ni enfermedad. Los dos estábamos hablando de muchas cosas placenteras. ¿Por qué está repentinamente tan melancólico?"

Lu Shen dijo: "Estoy meramente viviendo. Ni siquiera me he aproximado a alcanzar mis sueños".

El taoísta contestó: "Si esto no es suficiente para usted, ¿qué necesita para estar contento?"

 Lu Sheng respondió: "En la vida, un verdadero hombre de cultura debería realizar muchas cosas y alcanzar mucho honor. Debería por lo menos llegar a ser un general o un Primer ministro. Debería comer las delicadezas del mundo, escuchar las más maravillosas músicas y mirar la danza de mujeres hermosas. No debería estar satisfecho hasta ser capaz de llevar riqueza y poder a su familia. En cuanto a mí, he puesto mucho esfuerzo en mis estudios y he aprendido muchas cosas. Pensé que la erudición podría proporcionarme riqueza y honor, pero ahora ya estoy en mi mejor edad y aún debo trabajar en el campo y vivir del sudor de mi esfuerzo. ¿No es esto razón suficiente para estar melancólico?". Cerró los ojos fatigadamente y se preparó para dormir.

Para entonces, el posadero estaba cocinando avena en la cocina. El taoísta sacó una almohada de su bolso y se la dio a Lu Sheng. "¿Por qué no duerme sobre esta almohada? Yo le prometo riqueza y fama tal como la desea".

Era una almohada hecha de porcelana azul. De cada lado de la almohada había un pequeño agujero. Cuando Lu Sheng apoyó su cabeza sobre ella, el tamaño del agujero comenzó a agrandarse. Lu Sheng se levantó, caminó dentro del agujero y se encontró de vuelta en su propia casa. Después de unos meses, se casó con la hija del poderoso clan Tsui. Su esposa era hermosa. A causa del monto de la dote, se volvió rico. Y debido a la influencia de su familia política, su  prestigio creció gradualmente.

Al año siguiente, pasó los exámenes del nivel más alto para el servicio civil. Se elevó con rapidez a la jerarquía del gobierno. Después de tres años, llegó a ser prefecto de Shanchou. Utilizando sus habilidades, hizo un canal que trajo mucho comercio a la prefectura. La gente estuvo muy agradecida y le hicieron un monumento. Luego fue asignado a la gran ciudad de Kaifeng como procurador, más tarde ascendido nuevamente como intendente de la capital imperial.

En ese tiempo, el emperador se estaba concentrando en expandir el territorio del imperio. Entonces, los tibetanos atacaron y ocuparon una ciudad de frontera. El emperador consideró muchos candidatos para la incipiente guerra con Tíbet. Decidió elegir a Lu Sheng como comandante general para el teatro de operaciones de Hoshi. Lu Sheng luchó contra los tibetanos y los derrotó. Entonces construyó tres grandes fortalezas para proteger la frontera del imperio. La gente de la frontera estuvo muy agradecida por la paz, y se erigió otro monumento en su honor.

Cuando retornó a la capital, el emperador acumuló honores y títulos sobre él. Lo convirtió en Ministro de Documentos y Ministro del Servicio Civil, así como Censor en jefe; su prestigio no tenía igual y el pueblo lo amaba. Pero el Primer Ministro estaba celoso de su poder y esparció rumores maliciosos. Lu Sheng fue degradado al rango de administrador local.

Al cabo de tres años, el emperador lo llamó de regreso y lo hizo Ministro de Rituales. Luego llegó a ser Primer Ministro Auxiliar. Gobernó el imperio en conjunto con el Primer Ministro Hsiao Sung y con Pei Kuang-ting; el emperador confiaba en él, implícitamente. Su consejo era sabio y muchos admiraban su sabiduría. El otro Primer Ministro lo odiaba. Nuevamente esparcieron rumores y proporcionaron evidencia de su intención de rebelarse contra el emperador. Éste dio orden de que lo arrestaran. Cuando los soldados fueron a buscarlo a su casa, para llevar a cabo la orden, Lu Sheng se atemorizó mucho. Le dijo a su esposa: "En mi hogar tengo cincuenta acres de buena tierra. Eso es más que suficiente para una buena vida. ¿Por qué tuve que meterme en política? ¡Ahora, aunque sueñe con vestir una chaqueta corta de algodón y cabalgar un burro para ir a trabajar, sé que nunca podré alcanzar ese sueño!"

Desenvainó su espada y se preparó para suicidarse, pero su esposa le arrebató la espada. Después de que lo arrestaron, todos los que habían estado involucrados con él fueron ejecutados. Pudo escapar con vida tan sólo porque los sirvientes del emperador hablaron bien de él. Fue exiliado a una prefectura muy lejana.

Transcurridos muchos años, el emperador descubrió que lo habían engañado. Lo llamó de vuelta a la corte y lo designó Primer Ministro. También obtuvo el título de Duque de Yen.

A lo largo de los años nacieron cinco hijos. Todos ellos llegaron a ser grandes oficiales de la corte. Tuvo diez nietos. Ejerció poder en la corte imperial durante cincuenta años, aunque sufrió el exilio dos veces. Dispuso de más concubinas hermosas de las que pudo contar. Escuchó música ejecutada por los mejores músicos del imperio. El emperador almacenó sobre él regalos de valor inestimable, incluyendo tierras, mansiones, caballos de pura sangre y cosas así.

Ya de viejo, intentó renunciar y volver a su tierra natal, pero el emperador se rehusó. Cuando enfermó, el emperador envió muchos eunucos para que cuidaran de su salud y los mejores médicos para que atendieran. Para agradecerle al emperador escribió:

"Yo era simplemente un pobre estudioso, en la provincia de Shantung. Vivía de trabajar la tierra. Cuando Su Majestad generosamente me vistió, llegué a ser un oficial del Imperio. Mediante el aliento de Su Majestad, me convertí en general fuera del Imperio y en sirviente civil dentro del mismo. Estoy endeudado con Su Majestad por muchos, muchos años. Cuando advierto cuánto carezco de talento y sabiduría, siento como si hubiera estado caminando sobre hielo fino. Ahora que he ocupado el más alto de los cargos y alcanzado la edad de ochenta años, me doy cuenta de que ya no puedo pagar mi deuda con Su Majestad. Tan sólo puedo hacer Kowtow (muestra de respeto, en la que se toca el sueño con la frente) en su presencia".

El emperador respondió a su carta así:

"Usted utilizó su talento y conocimiento para servirme. Fuera del Imperio venció a mis enemigos. Dentro del mismo, puso a la corte en buen orden. Nos ha dado más de veinte años de paz. Cuando oí hablar de su enfermedad, pensé que era solamente un pequeño malestar. Ahora advierto lo seria que es. Cuídese mucho por mí. Espero que mejore pronto".

Esa noche, Lu Sheng murió.

Entonces Lu Sheng despertó y bostezó. Miró alrededor. Aún estaba en la posada del costado del camino. El posadero todavía cocinaba la avena. Su sueño había sido tan breve que la avena aún no estaba lista. Murmuró para sí mismo: "¿Fue todo un sueño?"

El taoísta dijo: "¿Alcanzaste tu sueño? Eso es todo lo que hay"

Lu Sheng respondió: "He probado la grandeza y el ser degradado, la destitución y la riqueza, la vida y la muerte. ¿No me está enseñando usted que yo ya no debería añorar el poder y la riqueza? ¿Cómo puedo no aprender esta lección?". Le hizo una reverencia al taoísta y partió.

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Este cuento clásico muestra la importancia de ser consciente de lo efímero de la vida y no dejarse atrapar por los sueños y proyectos personales sino prestar atención a la práctica del Tao. Esto no significa no tener proyectos ni ambiciones. Significa no ser su esclavo ni sufrir como consecuencia de ellas. Luego de todas las grandes obras llevadas a cabo en la vida, hemos de abandonar este mundo. Si las circunstancias se presentan favorables, debemos aprovechar la oportunidad de hacer algo por los demás, pero tratar de provocar afanosamente estas circunstancias...


Es interesante advertir que se dice que el inmortal Lü Tongpin decidió abrazar el camino de la Inmortalidad, después de una experiencia similar a la de esta historia.
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domingo, 21 de abril de 2013

El tiempo para dibujar un cangrejo

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Se rumoreaba entre el pueblo que Chuang Tzu tenía muy buenas dotes para el dibujo. Cuando este rumor llegó a oídos del rey, éste lo mandó llamar a la corte y una vez allí, le dijo:

- Sé que estás muy dotado para el dibujo, ¡quiero que me dibujes un cangrejo!

A lo que Chuang Tzu respondió:

- Muy bien, pero ahora no puedo, necesito tiempo

Entonces el rey le dijo:

“De acuerdo, puedes tomarte el tiempo que necesites” Y esperando una respuesta muy diferen te, el rey le preguntó:

- ¿Cuánto tiempo necesitas?

Chuang Tzu, sin más respondió:

- Necesito cinco años

El rey se sintió contrariado, pero como ya le había concedido previamente lo solicitado, tuvo que acceder a la petición y a continuación Chuang regresó a su casa.

Pasados los cinco años, el rey mandó llamar a palacio de nuevo a Chuang Tzu y una vez en su presencia le dijo:

- Han pasado ya los cinco años, ¿habrás tenido tiempo suficiente para dibujarme el cangrejo o es que necesitas más?

A lo que Chuang Tzu respondió:

- No he tenido el tiempo suficiente para dibujarlo, necesito cinco años más

Y nuevamente Chuang Tzu abandonó el palacio sin haber dibujado nada.
Pasado el plazo de los cinco nuevos años y agotado el tiempo, Chuang Tzu fue llamado otra vez al palacio. Entonces nada más entrar a la presencia del rey y sin mediar palabra, tomó un pincel y en un instante y de un solo movimiento, dibujó el cangrejo más perfecto que jamás se había visto, entregándoselo al rey. Había necesitado diez años para hacerlo.
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domingo, 14 de abril de 2013

La alegría de los peces

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Cuento clásico taoísta

Chuang Tzu y Houei Tzu conversaban mientras atravesaban un puente sobre el río Hao. Chuang Tzu, dijo:

- Mira como las carpas nadan a su antojo, ésta es la alegría de los peces

Houei Tzu, le respondió:

- Si no eres un pez, ¿Cómo sabes en que consiste la alegría de los peces?

A lo que Chuang Tzu respondió:

- Si tú no eres yo, ¿Cómo sabes que yo no se en qué consiste la alegría de los peces?
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miércoles, 10 de abril de 2013

Milagros Taoístas


 De Las mejores leyendas Taoístas de Lieh - Tzu, Chuang - Tzu y otros
 
En Chi-nan Fu vivía cierto monje taoísta.
No se de dónde venía ni cuál era su nombre. Invierno y verano por igual, vestía sólo una túnica sin forrar, un cinto amarillo alrededor de la cintura, y no usaba ni camisa ni pantalones. Se peinaba el cabello con un peine roto, tomando los extremos de su boca, como si éstos fueran las cuerdas de un sombrero. Durante el día vagaba por los mercados, por la noche dormía en la calle y, a una distancia de varios pies a la redonda de donde se echaba, el hielo y la nieve se derretían.

Cuando llegó a Chi-nan, acostumbraba realizar milagros, y la gente rivalizaba entre sí para hacerle regalos. Un día, un hombre de mala reputación le dio una cantidad de vino y, a cambio, le pidió que le revelara el secreto de su poder. Cuando el monje se rehusó, el joven esperó a que éste entrara al río para bañarse y huyó con sus ropas. El monje lo llamó para que se las devolviera, prometiéndole que haría lo que el joven le había pedido. Pero el último, desconfiando de la buena fe del monje, rechazó la oferta.
Entonces, el cinto del monje se transformó en una serpiente de varios palmos de circunferencia, que se enroscó alrededor de la cabeza de su nuevo amo y siseó terriblemente. El joven cayó de rodillas y le rogó humildemente al monje que le salvara la vida, ante lo cual el monje se puso otra vez el cinto; la serpiente que había parecido ser el cito, se fue reptando y desapareció.

La fama del monje quedó así firmemente establecida, y la gente y los oficiales lo invitaban constantemente a sus fiestas. Poco a poco, el monje dijo que pensaba convidar a sus anfitriones a una fiesta de agradecimiento y, en el momento oportuno, cada uno de ellos encontró en su mesa una invitación formal para un banquete en el Pabellón del Oeste.
Nadie supo quién había llevado las cartas. Todos asistieron y fueron recibidos en la puerta por el monje, con su atuendo habitual. Sin embargo, cuando entraron en el lugar, se encontraron con que éste era un sitio desolado y yermo, y que no había banquete alguno.

"Me temo que estaré obligado, caballeros, a pedirles que me permitan utilizar a sus ayudantes", les dijo el monje a sus huéspedes. "Soy un hombre pobre y no tengo sirvientes". En cuanto todos consintieron, el monje dibujó una puerta doble en la pared y llamó, golpeando con sus nudillos sobre ella. Alguien contestó inmediatamente desde adentro, y la puerta se abrió al instante. Un arreglo espléndido de hermosas sillas y mesas cargadas con exquisitas viandas y vinos costosos irrumpió ante la vista de los sorprendidos huéspedes. El monje les pidió a los ayudantes que recibieran esas cosas desde el interior de la puerta y las llevaran afuera, advirtiéndoles que por ninguna causa hablaran con la gente de adentro. Y así fue como un entretenimiento más que lujoso les fue dado, para gran asombro de todos los presentes.

Ahora bien, este Pabellón estaba asentado sobre la orilla de un pequeño lago, y todos los años, en la estación propicia, quedaba literalmente cubierto de lirios; pero en el momento de la fiesta, el tiempo era frío, y la superficie del lago tenía un color verde ahumado. "Es una lástima", dijo uno de los huéspedes, "que los lirios aún no hayan florecido", un sentimiento que todos compartieron, pero repentinamente, un sirviente vino corriendo para decir que en ese instante, el lago era una perfecta masa de lirios. Todos saltaron y corrieron hacia la ventana, y... ¡era así! Al minuto siguiente, el fragante perfume de las flores fue traído por una suave brisa. Sin saber muy bien qué hacer ante esta extraña vista, enviaron a algunos de sirvientes en un bote para que juntaran lirios, pero volvieron con las manos vacías, diciendo que las flores parecían cambiar de posición cuando se les acercaban. El monje se rió de esto y dijo: "Son sólo los lirios de la imaginación de ustedes y no tienen existencia real". Más tarde cuando se sirvió el vino, las flores comenzaron a caer, y poco a poco, una brisa desde el norte se llevó todo signo de ellas, dejando el lago tal como había estado antes.

Cierto Taot'ai (un alto oficial del gobierno) en Chi-nan había simpatizado con el monje y le había dado habitaciones en su yamen (residencia). Un día, unos amigos habían ido a cenar, y el Taot'ai puso ante ellos un vino añejo muy selecto que tenía, del cual sólo sacaba una pequeña cantidad cada vez, ya que no quería terminarlo muy rápidamente. A los huéspedes, sin embargo, les gustó tanto que pidieron más, ante lo cual el Taot'ai dijo que "lo lamentaba mucho, pero se había terminado". El monje sonrío y dijo: "Yo les puedo dar un poco a los caballeros, si ellos lo aceptan", e inmediatamente insertó la olla de vino en su manga, sacándola llena de esta bebida, y les sirvió el vino a los huéspedes. Este vino tenía exactamente el mismo sabor que el que habían estado bebiendo, y el monje les dio tanto como desearon. El Taot'ai tuvo sospechas de que algo andaba mal. De manera que, después de la cena, fue a la cava a mirar su depósito. Entontró las botellas perfectamente cerradas, con los sellos intactos... pero cada una de ellas estaba vacía. Con gran furia hizo que el monje fuera arrestado por hechicería y procesado con golpes de bambú. Pero no bien el bambú comenzó a tocar al monje, era el Taot'ai mismo quien sentía el dolor, que aumentaba con cada golpe, y en un momento el monje estaba chillando y gritando, mientras el Taot'ai se sentaba en un charco de sangre*. En consecuencia, el castigo se detuvo rápidamente y el monje fue condenado a abandonar Chi-nan, lo que hizo de inmediato, sin que nadie supiera hacia dónde se había dirigido. Más tarde fue visto en Nanking, vestido exactamente como antes, pero cuando le hablaban, sonreía y no respondía en absoluto.
 
* El monje taoísta fingía sentir el dolor de los golpes, pero éste era transferido al cuerpo del Taot'ai, mediante el arte mágica.
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Éste es un cuento popular que narra las hazañas de un monje taoísta con mucho sentido del humor y también de la justicia..
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jueves, 28 de marzo de 2013

Colecta para el Dios Sapo

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De Las mejores leyendas Taoístas de Lieh - Tzu, Chuang - Tzu y otros.


El Dios Sapo, frecuentemente utiliza a un mago para dar sus oráculos a aquellos que tienen fe. Si el mago declara que el Dios está stisfecho, es seguro que habrá felicidad; pero si dice que el Dios está enojado, las mujeres y los niños se sienten apesadumbrados y hasta olvidan sus comidas.

Había un mercader llamado Chou, que era muy avaro. Una vez, cuando el templo del Dios de la Guerra necesitaba reparaciones, ricos y pobres por igual donaron tanto como podían, y sólo Chou no dio nada. Poco a poco, los trabajos se detuvieron por falta de fondos y el comité administrativo no sabía qué hacer.
Sucedió que justo entonces había un festival en honor al Dios Sapo, en el cual el mago repentinamente gritó: "El General Chou ha dado órdenes para una nueva colecta. Traigan los libros".
La gente asintió a esto con gritos, y el mago continuó: "Aquellos que ya han donado, no estarán obligados a volver a hacerlo; quienes todavía no lo han hecho deben dar de acuerdo con sus medios".
Entonces, varias personas comenzaron a anotar sus nombres, y al cabo de esto, el mago examinó los libros. Luego preguntó si el Señor Chou se hallaba presente, y éste - que estaba oculto detrás de la multitud - temeroso de ser detectado por el Dios, no tuvo más alternativa que pasar al frente.

"Anótese con cien taels", le dijo el mago. Cuando Chou vaciló, el mago le gritó enojado: "Usted pudo dar doscientos para sus propios malos propósitos: ¿cuánto más debería dar para una buena causa?", aludiendo a una intriga escandalosa de Chous, cuyas consecuencias había disipado pagando la suma mencionada. Esto hizo sonrojar a nuestro amigo, y fue obligado a anotar su nombre con cien taels, ante lo cual su esposa se enojó mucho. Dijo que el mago era un farsante y que cuando viniera a buscar el dinero, se lo despachara con cualquier excusa.

Poco después, una noche, cuando Chou estaba por ir a dormir, escuchó un ruido fuera de la casa, como los resoplidos de un buey, y vio a un enorme sapo que entró caminando tranquilamente por la puerta principal, la cual era apenas lo suficientemente grande como para dejarlo pasar. Una vez adentro, la criatura se echó a dormir con su cabeza en el umbral, para gran horror de todos los que vivían en la casa.
Chou pensó que tal vez había venido a cobrar la donación y, quemando incienso, hizo voto de que pagaría treinta taels en el acto y mandaría el resto después. Sin embargo, el sapo no se movió, de manera que Chou prometió cincuenta y entonces hubo una pequeña reducción en el tamaño del sapo. Otros veinte lo llevaron a la medida de un pec, y cuando Chou dijo que abonaría toda la suma en el acto, el sapo repentinamente se volvió de un tamaño no mayor del de un puño y desapareció por un agujero en la pared.
Chou mandó de inmediato cincuenta taels, ante lo que todos los demás donantes se sorprendieron mucho, sin saber lo que había ocurrido.

Pocos días después, el mago dijo que Chou aún debía cincuenta taels y que era mejor que los enviara pronto. De manera que Chou envió otros diez, esperando con eso dar por terminado el asunto. Sin embargo, otro día, cuando él y su esposa se estaban sentando para cenar, el sapo reapareció e, iracundo, tomó posición sobre la cama, la cual crujiói bajo él como si no pudiera sostener su peso. Apoyando la cabeza sobre la almohada, el sapo se puso a dormir, y su cuerpo se dilató gradualmente, hasta que fue casi tan grande como un búfalo y faltó poco para que llenara la habitación, lo que hizo que Chou enviara el resto de la donación, sin un momento de demora.
Esta vez no hubo disminución en el tamaño del cuerpo del sapo y, poco a poco, multitudes de pequeños sapos entraron saltando, pasando a través de agujeros en las paredes, saltando sobre la cama, cazando moscas sobre la cocina y muriendo en las ollas, hasta que el lugar fue insoportable.
Así transcurrieron tres días, y entonces Chou buscó al mago y le preguntó que había que hacer. El mago dijo ser capaz de manejar el asunto, y comenzó prometiendo, en nombre de Chou, veinte taels más en donación. Ante eso, el sapo levantó la cabeza; un aumento en la suma hizo que moviera un pie; y para cuando llegó a cien taels, el sapo se fue caminando por la puerta. Sin embargo, al llegar a ésta, se detuvo y se echó otra vez.
El mago explicó que requería un pago inmediato. De manera que Chou le entregó la suma inmediatamente, y el sapo, encogiéndose a su tamaño habitual, se mezcló con sus compañeros y partió con ellos. En consecuencia, las reparaciones al templo fueron terminadas.

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Existe un inmenso panteón de la Religión Popular de China. Algunos de esos dioses pasaron a formar parte del panteón Taoísta. En el caso de la Religión Popular, hay una cantidad innumerable de dioses locales de montes, ríos, etc., uno de los cuales es el Dios Sapo.
Este cuento narra con mucho humor cómo el Sapo realizó un ajuste de cuentas con un mortal avaro y corrupto.
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jueves, 27 de septiembre de 2012

El caracol y los monjes taoístas


De El día de las hormigas de Bernard Werber

 
Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal. "Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación." Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.

"¡Inconsciente!", exclamó furioso el otro monje. Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.

Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: "Vamos a contarle este caso al gran sacerdote, él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón."

Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había

intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: "Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien". El segundo monje dio un brinco. "¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo "Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón."

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. "¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?" El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: "Es verdad. También tú tienes razón."
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