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martes, 4 de febrero de 2014

La cólera del Señor Dragón

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De Tratado de Lao Tse sobre la respuesta del Tao
De Li Ying-Chang
(Versión de Eva Wong)


En la ciudad de Tai-shang vivía un hombre extremadamente rico y cruel llamado Shen. Era inhumano con sus subordinados e inconsiderado con sus conciudadanos. Shen disfrutaba también dificultando la vida de los demás saboteando su trabajo. En secreto se las arreglaba para estropear las herramientas de la granja, caza y artesanía, con el solo objeto de divertirse con la desgracia de los demás.

En cierta ocasión, Shen contrató a un escultor llamado Lu para que esculpiese figuras en las vigas y en las columnas de una casa de huéspedes que estaba construyendo. Cuando el artista acabó el trabajo, Shen se negó a pagarle. Lu llevó el asunto ante el magistrado local, y el tribunal falló en contra de Shen. Éste montó en cólera y decidió vengarse del escultor.

Poco tiempo después, el tiemplo budista de la ciudad estaba construyendo una nueva sala. Los sacerdotes habían oído la fama de Lu como escultor y lo invitaron a esculpir las efigies de los Quinientos Arhats. Shen pensó que había llegado su oportunidad para vengarse de Lu. Contrató en secreto a un malhechor y le dio instrucciones para que se uniese al equipo de ayudantes de Lu. Cuando se encaminaba hacia el templo, el malvado cumplió el encargo de Shen dañando algunas de las herramientas del escultor y huyendo con el resto. Cuando Lu llegó al templo sin las herramientas apropiadas no pudo competir con los demás escultores. Como consecuencia, Lu perdió el trabajo al ser rechazado.

La nuera de Shen no aprobaba sus estratagemas malvadas y le dijo que, a menos que se enmendase, sus actos traerían la cólera de los Señores del Cielo y que el justo castigo recaería sobre él y su familia. Shen rechazó su advertencia y la reconvino por ser irrespetuosa y atrevida. La expulsó de su casa y le dijo que nunca más volviera.

La nuera había caminado apenas dos kilómetros desde la casa de Shen cuando oyó el estruendo de un trueno. Los rayos atravesaron el cielo y empezó a caer una lluvia torrencial. Corrió hacia los bosques y se refugió en una choza abandonada. A través de la ventana vio abrirse los cielos y salir de las nubes cargadas de lluvia un dragón color escarlata que descendí a la mansión de Shen. Instantáneamente se vinieron abajo todos los edificios de la misma y todo lo que había dentro fue destruido.

El único miembro del hogar de Shen que sobrevivió fue su nuera. Los señores del Cielo la favorecieron y ella vivió una larga y próspera vida.
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Notas de la traductora:

* Los Arhats son discípulos del Buda y son considerados guardianes del Dharma (los principios del budismo).
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jueves, 16 de enero de 2014

Ho-Kuan visita el reino de las hormigas

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De Tratado de Lao Tse sobre la respuesta del Tao
De Li Ying-Chang
(Versión de Eva Wong)

Ho-Kuan, nacido en el pueblo de Kuang-nan, era un hombre bondadoso que nunca había matado a ningún ser vivo en su vida. Ho-Kuan no era muy rico, pero tenía una vasija que contenía mil monedas de oro, que constituían todos los ahorros de su vida. Guardaba la vasija en un cofre de madera, pero una noche las termitas que habían infestado la zona donde vivía se introdujeron al cofre y se comieron parte de la plata.

Cuando su familia descubrió el hecho, siguió el rastro de las hormigas hasta una profunda cueva y encontró allí una colonia de millones de termitas. Decidió entonces aniquilar a las hormigas, pensando que esto podría servir para recuperar algo de la plata perdida. Sin embargo, Ho-Kuan se opuso al plan, diciendo: «No puedo soportar ver tantas criaturas matadas a cuenta de una pequeña cantidad de plata.» Así que la familia dejó correr el asunto.

Aquella noche, Ho tuvo un sueño. Había muchos soldados con armadura blanca que llegaban hacia él y le invitaba a ver a su rey en el palacio. Ho se montaba en el carruje que llevaba consigo y era conducido a una magnífica y próspera cudad. Numerosos dignatarios le encontraban a la puerta del palacio y le escoltaban. El rey se levantó cuando vio a Ho y descendió del trono para ir a su encuentro. Saludó a Ho y le dijo: «Gracias a tu bondad hemos sido salvados de nuestro enemigo. Sin embargo, te hemos causado molestia en este proceso. Debido a tu bondad, mis súbditos han escapado a una gran desgracia. Nunca podré agradecerte suficientemente lo que has hecho por mi reino. Hay un pequeño árbol cerca de tu casa. Detrás del árbol hay una vasija de plata que fue enterrada en antiguos tiempos. Desentiérrala y guarda el tesoro como muestra de nuestro agradecimiento. Tú representas lo mejor que hay en la humanidad. Es una pena que seas demasiado viejo para disfrutar de los frutos de tu bondad. Sin embargo, tus descendientes se beneficiarán de lo que has sembrado.»

Tras su audiencia con el rey, Ho-Kuan fue escoltado de vuelta hasta su propia casa por los soldados revestidos de armaduras blancas. Cuando se despertó de su sueño, se dio cuenta de que habían sido las hormigas las que habían venido a su encuentro. Encontró el árbol que la hormiga reina había descrito, cavó debajo de él y recuperó una jarra de plata. Sus descendientes disfrutaron de la prosperidad aportada por este tesoro durante muchas generaciones.
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