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martes, 1 de diciembre de 2015

Más allá de los sentidos y de la mente...

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De Las Eneñanzas Místicas de la Reina Kunti
de Bhaktivedanta Swami Prabhupada)
(Capítulo 22: Belleza en presencia de Kṛṣṇa)

A la mente se le considera el undécimo sentido. Hay diez sentidos — cinco sentidos de trabajo y cinco sentidos de adquisición de conocimiento —, y el centro de los sentidos es la mente. El bhagavad-gita (3.42) dice:

indriyāni parāny āhur
indriyebhyah param manah
manasas tu parā buddhir
yo buddheh paratas tu saḥ

En este verso, Kṛṣṇa explica que aunque consideremos que los sentidos son muy importantes, más allá de los sentidos hay algo superior — la mente  —, más allá  de la mente está la inteligencia, y más allá de la inteligencia está el alma.

¿Cómo podemos apreciar la existencia del alma, si ni siquiera podemos entender los movimientos psicológicos de la mente? Más allá de la mente está la inteligencia, y, mediante la especulación, uno a lo sumo puede acercarse al plano intelectual. Pero para entender el alma y a Dios, uno debe ir más allá del plano intelectual. Es posible entender todo, pero debemos adquirir la comprensión a través del canal indicado. Por consiguiente el mandamiento védico dice:

Tad-vijñānārthaṁ sa gurum evābhigacchet
samit-pāṇiḥ śrotriyam brahma-niṣṭham

"Si uno verdaderamente es sincero en querer entender los temas trascendentales y sobrenaturales, debe acudir a un maestro espiritual genuino" (Mundaka Up. 1.2.12).
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sábado, 14 de noviembre de 2015

El pájaro y la jaula

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(De Las Enseñanzas Místicas de la Reina Kunti 
de Bhaktivedanta Swami Prabhupada)
(Capítulo 16: Recobrando nuestro estado de conciencia natural)

En la sociedad humana debe de haber un buen balance entre el espíritu y la materia. Nosotros somos de hecho alma espiritual, pero de una forma u otra hemos sido enjaulados en cuerpos materiales, y, mientras tengamos estos cuerpos, tenemos que aceptar las necesidades corporales de comer, dormir, aparearnos y defendernos, aunque el alma en sí, no necesita esas cosas. El alma no necesita comer nada; todo lo que comemos es para la conservación del cuerpo. Pero una civilización que simplemente cuida estas necesidades corporales y a la que no le importa las necesidades del alma, es una civilización necia y desbalanceada. Supóngase que sólo lava su abrigo, pero no se ocupa de su cuerpo. O supóngase que uno tiene un pájaro en una jaula, pero sólo se ocupa de la jaula y no del pájaro que está dentro de ella. Eso es una necedad. El pájaro está exclamando: "¡Ka, Ka! ¡Denme de comer, denme de comer!". Si uno sólo se ocupa de la jaula, ¿cómo puede el pájaro ser feliz?
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Así que, ¿por qué estamos infelices? En los países occidentales no hay escasez de riqueza, ni escasez de comida, ni escasez de carros, ni escasez de vida sexual. Todo se halla disponible en abundancia. Entonces, ¿por qué hay un sector de gente que está frustrada y confundida, como los "hippies"? Ellos no están satisfechos. ¿Por qué? Porque no hay un equilibrio. Nos estamos ocupando de las necesidades del cuerpo, pero no tenemos información alguna del alma y de sus necesidades. El alma es la verdadera escencia, y el cuerpo es únicamente su cobertura. Por consiguiente, descuidar el alma es una forma de dharmasya glāniḥ, contaminación del deber.
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La palabra "dharma" significa "deber". Aunque la palabra dharma se traduce a menudo como "religión", y la religión se define por lo general como una clase de fe, no obstante, el dharma no es en realidad una clase de fe. Dharma significa el verdadero deber constitucional de uno. Es nuestro deber conocer las necesidades del alma, pero desgraciadamente carecemos de información acerca de alma, y simplemente estamos ocupados de proveernos de las necesidades para la comodidad corporal.
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La comodidad corporal, sin embargo, no es suficiente. Supóngase que un hombre está en un situación muy cómoda. ¿Significa eso, acaso, que no morirá? Por supuesto que no. Hablamos de una lucha por la existencia y de la supervivencia del más apto, pero las comodidades corporales solas no pueden permitirle a nadie que exista o sobreviva permanentemente. En consecuencia, ocuparse únicamente del cuerpo se denomina dharmasya glāniḥ, o contaminación del deber de uno.
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Uno debe conocer las necesidades del cuerpo y también las necesidades del alma. La verdadera necesidad que hay en la vida consiste en roporcionarle comodidades al alma, y a ésta no se le puede hacer sentir cómoda mediante ajustes materiales. Como el alma es de una identidad diferente, debe dársele comida espiritual, y esa comida espiritual es la conciencia de Kṛṣṇa. Cuando uno está enfermo, debe dársele una dieta adecuada y una medicina adecuada. Ambas cosas se requieren. Si a uno simplemente se le da la medicina, pero no una dieta adecuada, el tratamiento no tendrá mucho éxito. Por consiguiente, el movimiento de consciencia de Kṛṣṇa tiene por objeto dar tanto la medicina como la dieta adecuada para el alma.
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jueves, 17 de julio de 2014

ॐ9ॐ

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De El mundo está en la mente. Yoga Vásishtha de Valmiki
(Extractos de las Instrucciones del Sabio Váshishta
a su discípulo el príncipe Rama. Capítulo 9)

Dijo el bienaventurado Vásishtha:

«En una región del norte, entre las cumbres del Himalaya, hay una cima llamada Kailasha. Allí es donde Shiva, la gran Divinidad, pasea observando las cascadas que brotan de las cavernas de la montaña y vuelven a ser tragadas por ellas.

Allí una vez vivió una raza de hombres que tenían a Surghu como jefe. Era poderoso, hospitalario y reflexivo.

Los sabios acostumbran a viajar, aliviando sufrimientos y reduciendo la ignorancia, y así ocurrió que, un día, el sabio Mandavya visitó a ese pueblo.

Surghu dio la bienvenida al sabio y dijo: ‘Me siento tan sumamente gozoso de recibir esta visita como la tierra cuando llega la primavera. El pensamiento de las recompensas y castigos que he distribuido entre mis súbditos atormenta sin cesar mi corazón.
Dígnate, pues, bienaventurado sabio, aliviarme de este dolor y permite al sol de la paz y la serenidad iluminar la oscuridad de mi mente.’

Mandavya respondió: ‘Oh príncipe, con el esfuerzo y con la confianza en las propias fuerzas es como las dudas de la mente se funden, como la nieve bajo los rayos del sol. El autoconocimiento, oh príncipe, es también esencial.

Pregúntate en tu mente: ¿Quién soy yo? ¿Qué es esta vida nuestra y qué es esa muerte que nos acecha? Seguramente estas preguntas te conducirán al discernimiento. Cuando, reflexionando sobre la condición de tu mente, llegues a conocer tu verdadera naturaleza, permanecerás imperturbable tanto ante la alegría como ante la pena, y serás firme como una roca.

A los desapasionados se les honra como a los más afortunados de los hombres, y quien conoce esta verdad conserva el contento interior y es un sabio. Las grandes almas evitan preocuparse de las cosas exteriores para poder contemplar la pura luz del Espíritu supremo en su propio interior. Hasta que no te hayas liberado de los desvelos por tus fruslerías particulares no podrás tener ninguna visión del Espíritu
universal. Sólo tras la desaparición de todo interés por el mundo el Espíritu trascendente se da a conocer.

Deshazte de todo sentimiento hacia las cosas particulares y tendrás un conocimiento de lo que es universal; empezarás a comprender al Atman que lo engloba todo.
Sólo a condición de empeñarte en conocer al supremo Espíritu de todo corazón y con toda la mente y de sacrificar en esa búsqueda cualquier otro objeto o intención se convierte en posible conocer ese Espíritu en Su plenitud. Todos los objetos visibles que parecen ligados por el hilo de las causas y de los efectos son creación de la mente, que los mantiene unidos como el cordón sujeta las perlas de un collar. Aquello que permanece tras la disolución de la mente y de sus cuerpos creados en sólo Atman, que es el Dios supremo, Aquel que es más exaltado que todo.’

El jefe Surghu ofreció regalos, frutos y flores al sabio, que partió hacia otras regiones para seguir su misión.

Entonces Surghu, siguiendo la enseñanza del sabio, meditó asiduamente durante tres años en el silencio de su mente y se percató de su divinidad.

Dijo: ‘Mi Atman está dotado de toda belleza y es la luz que ilumina todo objeto. ¡Veo! ¡Veo! Mi Atman carece de forma y, sin embargo, es capaz de tomar toda forma y manifestación.

La causa de la felicidad y miseria humanas consiste en una falsa representación de la facultad de entender. Este mundo es un escenario instalado por la mente, que juega a protagonista mientras Atman asiste silencioso como espectador de la obra.
Contemplo esta maravillosa esfera del intelecto que ahora brilla sobre mí con todo su esplendor, y yo te saludo, oh luz santa, a quien veo ante mí resplandecer.’

El jefe Surghu reinó cien años en ese estado de iluminación, tras lo cual, por impulso propio, abandonó la habitación de su frágil cuerpo.

Esa mente inteligente, liberada de la servidumbre de la reencarnación, se convirtió en uno con el Espíritu inmaculado y fue absorbida en el supremo único, al igual que el aire contenido en un recipiente se une con el firmamento que lo engloba todo cuando el recipiente se rompe.»

El bienaventurado Vásishtha continuó:

«Estas son algunas de las enseñanzas de ese noble príncipe, oh Rama-ji, que te ofrezco para el bien de la humanidad: ‘Qué es samadhi? La insensibilidad de la mente al tumulto del orgullo y el rencor es conocida por el sabio con el término samadhi; cuando la mente es inquebrantable como una roca, resistiendo con firmeza al viento rugiente de las pasiones, está en samadhi. Soy puro, iluminado y plenamente consciente en todo momento. Mi mente está tranquila y mi corazón descansa en cualquier circunstancia.


Nada podría perturbar el dulce reposo de mi mente, anclada en una comunión ininterrumpida con el Santo Espíritu, Brahman.

Nada hay en el mundo que podamos considerar como anterior a nosotros, porque todo lo que brilla y reluce aquí abajo en realidad no es nada y está desprovisto de valor intrínseco.

Como aquí no hay nada que pueda desear, tampoco hay nada que me repela, porque la ausencia de una cosa también implica la ausencia de su contrario.
El sabio silencioso que conoce todo, que es santo, tranquilo y sereno dentro de sí, jamás es molestado por una mente rebelde.

Con la seguridad que proporciona el servicio al magnánimo Maestro, la mente dotada de sabiduría recibe el saber y medita para salvarse del océano de este mundo exactamente igual que un viajero obtiene de un barquero el batel que le permitirá atravesar un río.

Este es el verdadero camino que conduce a la mente a la pureza y que te volverá capaz de desenredarte de las trampas de tu mente, liberando a tu corazón de las redes del egoísmo.»

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miércoles, 22 de mayo de 2013

Todos los dioses dentro de ti

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Apertura de un curso sobre filosofía india de Heinrich Zimmer, 
organizado en 1942 [ Philosophies of India pp. 1-2] )
Del capítulo 10: "El paraíso terrenal" (1.- Todos los dioses dentro de ti)

 de Las Máscaras de Dios 4: Mitología Creativa de Joseph Campbell

Los occidentales estamos a punto de alcanzar la encrucijada a la que los pensadores indios llegaron unos setecientos años antes de nuestra era.
Esta es la verdadera razón por la que nos sentimos turbados y estimulados, inquietos y, sin embargo, interesados ante los conceptos e imágenes  de la cultura oriental. Es el cruce de caminos al que llegan las personas de todas las civilizaciones en el desarrollo típico de su capacidad  y necesidad de experiencia religiosa, y las doctrinas de la India nos obligan a comprender cuáles son los problemas de dicha experiencia.
Pero nosotros no podemos adoptar las soluciones indias. Debemos entrar en ese nuevo periodo por nuestro propio camino y resolver sus problemas por  nosotros mismos, porque la verdad, el resplandor de la realidad, si bien es una y la misma universalmente, muestra una imagen distinta según donde se refleje. La verdad aparece de forma diferente en distintos países y épocas de acuerdo con los materiales vivos en los que estén labrados sus símbolos.

Los conceptos y las palabras son símbolos, igual que las visiones, los rituales y las imágenes; como también lo son las formas y costumbres de la vida diaria.
En todos ellos se refleja una realidad trascendente. Son otras tantas metáforas que reflejan e implican algo que, aunque esté expresado de tantas maneras, es inefable; y aunque se nos aparezca múltiple, permanece inescrutable. Los símbolos hacen que la mente se adhiera a la verdad, pero no son la verdad en sí mismos, de ahí lo engañosos de tomarlos prestados. Cada civilización, cada época, debe producir los suyos.

Por lo tanto, deberemos seguir el difícil camino de nuestras propias experiencias, reaccionar por nosotros mismos y asimilar nuestros sufrimientos y vivencias. Sólo entonces la verdad que manifestamos será carne y sangre nuestra como el hijo lo es de la madre; y la madre, por amor al Padre, se regocijará al ver en su hijo Su imagen.
La semilla inefable, debe concebirse, gestarse y generarse a partir de su propia substancia, alimentarse de nuestra sangre, para que sea un verdadero hijo en el que la madre renazca: y el Padre, el Principio Trascendente divino, también renacerá entonces - rescatado, por así decirlo, del estado de no-manifestación, no acción, aparente no-existencia.
No podemos tomar prestado a Dios. Debemos realizar Su nueva encarnación desde nuestro interior. La divinidad debe trascender, de alguna forma, a la materia de nuestra substancia y participar en este peculiar proceso vital.
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