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viernes, 29 de julio de 2016

El príncipe hijo de un millón de madres

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De Volver a Nacer: La ciencia de la reencarnación
de A.C Bhaktivedanta Swami Prabhupāda
(Capítulo 4: tres casos de reencarnación)

"Algunos consideran que el alma es asombrosa, otros la describen como asombrosa y otros más oyen hablar de ella como algo asombroso, mientras que hay otros que incluso después de oír hablar de ella, no logran comprenderla en absoluto''.

- Bhagavad-gītā (2.29)

En la siguiente narración histórica, tomada del Śrīmad-Bhāgavatam, el hijo del rey Citraketu revela sus nacimientos previos, e instruye al rey y la reina en la naturaleza imperecedera del alma y la ciencia de la reencarnación.

El rey Citraketu tenía muchas esposas, y aunque fértil, no había engendrado hijos en ninguna de ellas, porque todas sus bellas esposas eran estériles.

Un día, el gran sabio Aṅgirā visitó el palacio de Citraketu. El rey al verlo se levantó del trono y, conforme a la costumbre védica, le presentó sus respetos.

"¡Oh, rey Citraketu! Puedo ver que tu mente está perturbada. La palidez de tu rostro refleja una profunda amargura. ¿No has logrado tus propósitos?'', le preguntó el sabio.

Siendo un gran clarividente, Aṅgirā conocía la causa del sufrimiento del rey; pero tenía sus razones, para interrogarlo como si no supiese.

El rey respondió: "¡Oh, Aṅgirā! Gracias a las grandes penitencias y austeridades realizadas, has adquirido el conocimiento completo. Puedes comprenderlo todo, ya sea externo o interno, acerca de nosotros las almas encarnadas. ¡Oh, gran alma! Todo lo sabes; sin embargo me preguntas por qué estoy triste. Te responderé si me lo permites. Así como un collar de flores no puede satisfacer a un hambriento, tampoco mi vasto imperio e incalculables riquezas pueden satisfacerme, porque carezco de la verdadera riqueza del hombre: Carezco de un hijo. ¿No puedes ayudarme a ser verdaderamente feliz, determinando que yo tenga uno?''

Aṅgirā, que era muy misericordioso, accedió a ayudar al rey. Realizó un sacrificio especial a los semidioses, y ofreció los remanentes del alimento del sacrificio a las más perfecta de las reinas de Citraketu, Kṛtadyuti. "¡Oh, gran rey! Tendrás ahora un hijo que será causa de júbilo y de lamentación'', dijo Aṅgirā. Y desapareció sin esperar la respuesta del rey.

Citraketu se sintió colmado de felicidad al saber que finalmente tendría un hijo; pero se preguntaba por el significado de las últimas palabras del sabio.

"Aṅgirā sin duda ha querido decir que seré muy feliz cuando mi hijo nazca. Lo cual es verdad. Pero, ¿qué significa que el niño será causa de lamentación? Por supuesto, mi único hijo será el heredero forzoso del trono y el reino. Por lo tanto, es probable que se haga orgulloso y desobediente. Esto podría ser motivo de lamentación. Pero tener un hijo desobediente es mejor que no tener hijo.''

A su debido tiempo, Kṛtadyuti quedó encinta, y tuvo un hijo. Al escuchar la noticia, todos los habitantes del reino se regocijaron. El rey Citraketu estaba radiante de alegría.

Según el rey cuidaba de su hijito, su afecto por la reina Kṛtadyuti aumentaba, día a día, y gradualmente perdía el afecto por sus esposas estériles. Estas se lamentaban sin cesar de su suerte, porque a una esposa sin hijos el marido la descuida en el hogar, y las esposas fértiles la tratan como a una sirvienta. Las reinas estériles ardían de ira y envidia. Con el crecer de la envidia, perdieron la inteligencia, y sus corazones se hicieron duros como rocas. Se reunieron secretamente, y decidieron que había sólo una solución a su problema, una sola manera de recuperar el amor del rey: Envenenando al niño.

Una tarde, cuando la reina Kṛtadyuti se paseaba por el patio de palacio, pensó en su hijo que dormía apaciblemente en su aposento. Puesto que amaba entrañablemente al niño, y apenas podía sufrir estar sin él un momento, ordenó a la niñera que fuese a despertarlo de la siesta y lo trajese al jardín.

Mas, cuando la sirvienta se aproximó al niño, vio que tenía los ojos vueltos hacia arriba, y que no mostraba signos de vida. Horrorizada, puso un copo de algodón bajo las narices del niño, y vio que el algodón no se movía. Gritó entonces: "¡Estoy perdida!'', y se desplomó. Presa de una gran angustia, se golpeaba el pecho con los puños y lloraba a gritos.

Como la sirvienta no regresaba, la reina se aproximó al aposento del niño. Al escuchar los gemidos de la niñera, entró ansiosa y vio que su hijo se había marchado de este mundo. Profiriendo un gran lamento, con el cabello y los vestidos en desorden, la reina se desplomó inconsciente.

Cuando al rey le anunciaron la muerte de su hijo, casi enloqueció de dolor. Estalló en lamentos y corrió a ver al niño muerto, tropezando y cayendo en el trayecto. Rodeado de los ministros y cortesanos, entró en el aposento del niño y se desmayó a los pies de éste, con los cabellos y vestidos en total desorden. Cuando recuperó la conciencia, respiraba pesadamente, tenía los ojos bañados en lágrimas, y no podía hablar.

Al ver a su marido sumido en la desesperación por su hijo muerto, la reina comenzó a maldecir al Señor Supremo. Esto incrementó la congoja en los corazones de todos los residentes del palacio. Los collares de flores de la reina cayeron de su cuerpo, y su suave cabello negro azabache se enmarañó. Las lágrimas manchaban el cosmético debajo de sus ojos.

"¡Oh, Providencia! En vida del padre, has causado la muerte de su hijo. Ciertamente eres enemigo de los seres vivientes, y careces de toda misericordia.'' Volviéndose hacia el niño amado, dijo: "Mi querido hijo, estoy desamparada y herida. No debes separarte de mí. ¿Cómo puedes abandonarme? ¡Mira cómo se lamenta tu padre! Ya has dormido demasiado. Ahora, te lo suplico, levántate. Tus amiguitos te llaman a jugar. Debes de tener hambre; levántate pues, inmediatamente, y toma tu comida. Mi querido hijo, soy terriblemente desdichada, porque ya no puedo ver tu dulce sonrisa. Has cerrado para siempre los ojos. Has sido elevado desde este planeta a otro lugar, desde el cual no retornarás. Mi querido hijo, no pudiendo escuchar tu voz amada, no podré sobrevivir.''

El rey lloraba ruidosamente. Viendo a la madre y al padre lamentarse, todos se les unieron llorando la prematura muerte del niño. A causa de la súbita tragedia, los ciudadanos del reino se sentían abrumados de dolor.

Cuando el gran sabio Aṅgirā comprendió que el rey estaba casi muriendo, sumido en un océano de pesar, se dirigió al palacio con su amigo el santo Nārada.

Los dos sabios encontraron al rey, agobiado por la pena, tumbado como muerto junto al cadáver del niño. Aṅgirā se dirigió a él con dureza: "¡Despierta de la oscuridad de la ignorancia! ¡Oh, rey! ¿Qué relación tiene contigo ese cadáver, y qué relación tienes tú con él? Aunque puedes decir que ahora estáis relacionados como padre e hijo, ¿crees que esta relación existía antes de que él naciera? ¿Existe verdaderamente ahora? ¿Continuará existiendo cuando él ha muerto? ¡Oh, rey! Tal como las pequeñas partículas de arena a veces se juntan y a veces se separan, movidas por la fuerza de las olas del océano, las almas albergadas en cuerpos materiales a veces se juntan y a veces se separan, movidas por la fuerza del tiempo.'' Aṅgirā deseaba que el rey comprendiese que todas las relaciones corporales son efímeras.

"Mi querido rey —continuó el sabio—, cuando vine anteriormente a tu palacio, podría haberte obsequiado el mayor de los dones, el del conocimiento espiritual; mas al ver que tu mente estaba absorta en las cosas materiales, únicamente te obsequié un hijo, que te causó felicidad y lamentaciones. Ahora estás experimentando las miserias de quienes tienen hijos. Los bienes visibles, tales como la mujer, los hijos, y la propiedad, no son más que sueños. Por lo tanto, ¡oh, rey Citraketu!, trata de comprender quién eres verdaderamente. Considera de dónde vienes, adónde irás cuando abandones este cuerpo, y por qué estás bajo el dominio del sufrimiento material.''

Entonces Nārada Muni hizo algo maravilloso. Mediante un misterioso poder, trajo el alma del fallecido hijo del rey a la vista de todos. El aposento se inundó de una brillantez deslumbrante, y el niño muerto comenzó a moverse. Nārada dijo: "¡Oh, entidad viviente! Te deseo toda suerte de felicidad. Mira a tu padre y madre. Todos tus amigos y familiares están abrumados de pesar por tu muerte. Sin embargo, debido a que moriste prematuramente, todavía dispones de lo que te quedaba por vivir. En consecuencia, puedes volver a entrar en tu cuerpo, y gozar de los restantes años que te fueron concedidos en él, junto a tus amigos y familiares, y más tarde podrás recibir el trono real y todas las opulencias de tu padre.''

Gracias al poder sobrenatural de Nārada, el alma había retornado al cuerpo muerto. El niño, resucitado, se sentó y comenzó a hablar, no con una inteligencia infantil, sino con el pleno conocimiento de un alma liberada: "Conforme a los resultados de mis actividades materiales, yo, el alma, transmigro de un cuerpo a otro, a veces yendo a las especies de los semidioses, a veces a las especies de los animales inferiores, a veces encarnando en los vegetales, y apareciendo a veces en la especie humana. ¿En cuál de mis nacimientos fueron mis padres esta mujer y este hombre? En realidad nadie es mi padre ni mi madre. He tenido millones de supuestos padres. ¿Cómo puedo admitir que estas dos personas son mis padres?''

Los Vedas enseñan que el alma eterna entra en un cuerpo hecho de elementos materiales. Aquí vemos que un alma entró en un cuerpo, producido éste por el rey Citraketu y su esposa. Mas en realidad no era hijo de ellos. El alma es un hijo eterno de la Suprema Personalidad de Dios; pero, debido a que ella desea gozar de este mundo material, Dios le permite entrar en variados cuerpos. No obstante, el alma pura no tiene una verdadera relación con el cuerpo material que obtiene de los padres. En consecuencia el alma en el cuerpo del hijo de Citraketu, terminantemente negó que el rey y la reina fuesen sus padres.

El alma continuó: "En este mundo material, que es como un rápido río, todos llegan a ser, sucesivamente, amigos, familiares, y enemigos, con el correr del tiempo. También actúan como seres neutrales, y en muchas otras variedades de relación. Pero en ninguna de tan diversas situaciones se mantiene una relación permanente.''

Citraketu se lamentaba por su hijo, ahora muerto; pero bien podría haber considerado la situación de otra manera: "Esta entidad viviente—podría haber pensado— era mi enemigo en mi última vida, y ahora, después de haber encarnado como hijo mío, se ha marchado prematuramente, tan sólo para producirme dolor y agonía.'' ¿Por qué no habría el rey de considerar que su hijo muerto era quizás un antiguo enemigo y, en vez de lamentarlo, mostrarse aliviado por su muerte?

El alma en el cuerpo del niño dijo: "Tal como el oro y otros bienes están continuamente transfiriéndose de un lugar a otro, a consecuencia de la compraventa, también el alma, a consecuencia del karma vaga por el universo, siendo inyectada sucesivamente en la matriz de diferentes especies de vida, por el semen de un nuevo padre cada vez.''

Según lo explica el Bhagavad-gītā, no es la actuación de los padres la que determina que nazca el ser viviente. La verdadera identidad de éste es por completo independiente de aquellos que se consideran su padre y su madre. La ley de la naturaleza fuerza al alma a entrar en el semen del padre y ser inyectada en la matriz de la madre. El alma no puede determinar directamente la clase de padres que tendrá; eso depende por entero de sus actividades en las vidas previas. Las leyes del karma le obligan a ir a diferentes padres y madres, tal como si fuese un objeto de compraventa.

El alma a veces se cobija en unos padres animales, y otras en padres humanos. A veces recibe unos padres que son aves, y otras unos que son semidioses de los planetas celestiales.

Según el alma transmigra a diferentes cuerpos, cada uno de éstos, cualquiera que sea la forma de vida — humana, vegetal, o de semidiós—, tiene un padre y una madre. Estos no son muy difíciles de obtener. Lo verdaderamente difícil de obtener es un padre espiritual, es decir, un maestro espiritual fidedigno. En consecuencia, el deber del ser humano es buscar tal maestro espiritual; porque, bajo su guía, uno puede liberarse del ciclo de la reencarnación, y retornar a su hogar de origen en el mundo espiritual.

"El alma es eterna —continuó el niño—, y no tiene una relación permanente con sus supuestos padres. Erróneamente admite que es el hijo de ellos, y los ama en consecuencia. Con la muerte, sin embargo, la relación se termina. Siendo así, es inadecuado lamentarse o regocijarse. El alma es eterna, imperecedera; no ha tenido principio ni tendrá fin; no ha nacido ni morirá. El alma es igual, en calidad, al Señor Supremo. Ambos son personalidades espirituales. Pero, debido a su pequeñez, el alma es propensa a sentirse fascinada por la energía material, y a crearse cuerpos apropiados a sus diferentes deseos y actividades.''

Los Vedas nos enseñan que el alma es la responsable de sus vidas en el mundo material, donde queda atrapada en el ciclo de la reencarnación recibiendo un cuerpo material tras otro. Si así lo quisiere, podrá permanecer sufriendo en la prisión de la existencia física, o retornar a su hogar originario en el mundo espiritual. Aunque Dios, mediante la energía material, les da los cuerpos que desean, en verdad el Señor quiere que las almas materialmente condicionadas salgan del remolino punitivo que es la existencia física, y retornen al hogar, a Él.

Repentinamente, el niño quedó en silencio; el alma pura se marchó, y el cuerpo se desplomó sin vida. Citraketu y todos estaban atónitos. Rotos los grilletes del afecto, cesaron de lamentarse. Luego realizaron las ceremonias funerarias, e incineraron el cadáver. Las otras esposas del rey, que habían envenenado al niño, estaban muy avergonzadas. Lamentándose y recordando las instrucciones de Aṅgirā, deseo de tener hijos. Obedeciendo las instrucciones de los sacerdotes brāhmaṇas, acudían diariamente a las orillas del río Yamunā, a bañarse y orar para expiar así sus pecados.

Habiéndose hecho plenamente conscientes del conocimiento espiritual, que incluye la ciencia de la reencarnación, el rey Citraketu y su esposa, la reina Kṛtadyuti, fácilmente se liberaron del afecto, que es causa de dolor, temor, angustia e ilusión. Aunque el apego por el cuerpo es muy difícil de aniquilar, pudieron vencerlo muy fácilmente, cercenándolo con la espada del conocimiento espiritual.
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miércoles, 17 de febrero de 2016

Sistemas planetarios superiores, medios e inferiores

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De Más allá del nacimiento y de la muerte
de Bhaktivedanta Swami Prabhupada
(Capítulo III: Liberándose de los planetas materiales)

Una persona inteligente sabe que no quiere sufrimientos, pero éstos le son impuestos por la fuerza. Como se planteó antes, nosotros siempre estamos en una condición de sufrimiento debido a la mente, al cuerpo, a los disturbios de la naturaleza, y a otras entidades vivientes. Siempre se nos impone alguna clase de sufrimiento. Este mundo material está destinado para sufrir; a menos que existan los sufrimientos, no podremos volvernos conscientes de Krishna. Los sufrimientos son en realidad un incentivo y nos ayudan a elevarnos a la conciencia de Krishna. 

Un hombre inteligente se pregunta por qué estos sufrimientos le son impuestos por la fuerza. Sin embargo, la actitud de la civilización moderna es: “Déjenme sufrir. Déjenme cubrir el sufrimiento con la embriaguez o con drogas. Esto es suficiente para mí”. Pero cuando se termina la embriaguez vuelven los sufrimientos. No es posible encontrarles solución a los sufrimientos de la vida con la embriaguez artificial. La solución se encuentra en el proceso de conciencia de Krishna. 

Se puede señalar que mientras los devotos de Krishna están tratando de entrar en el planeta de Krishna, el interés de la sociedad está en ir a la Luna. ¿Acaso ir a la Luna no es también la perfección? La tendencia a viajar a otros planetas siempre se encuentra presente en la entidad viviente. Un nombre de la entidad viviente es sarva-gata, que significa “aquel que quiere viajar a todas partes”. Viajar es parte de la naturaleza de la entidad viviente. El deseo de ir a la Luna no es algo nuevo. Los yogis también están interesados en entrar a los planetas superiores, pero en la Bhagavad-gita (8.16) Krishna señala que esto no les servirá de nada: 

"abrahma-bhuvanal lokah
punar avartino ‘rjuna
mam upetya tu kaunteya
 punar janma na vidyate"

“Desde el planeta más elevado del mundo material hasta el más bajo de ellos, todos son lugares de sufrimiento en los que ocurre el reiterado proceso del nacimiento y la muerte. Pero aquel que llega a Mi morada, ¡oh, hijo de Kunti!, nunca vuelve a nacer.” 

El universo está dividido en sistemas planetarios superiores, medios e inferiores. La Tierra es considerado un miembro del sistema planetario medio. Krishna señala que aunque uno entre al planeta más elevado de todos, llamado Brahmaloka, aun así encontrará la repetición del nacimiento y la muerte. Los otros planetas del universo están llenos de entidades vivientes. No debemos pensar que nosotros estamos aquí y que todos los demás planetas están vacíos. Por la experiencia práctica podemos ver que ningún lugar de la Tierra carece de entidades vivientes. Si cavamos profundamente la tierra, encontraremos gusanos; si nos sumergimos profundamente en el agua, encontraremos plantas y animales acuáticos; si subimos al cielo, encontraremos muchísimas aves. ¿Cómo es posible concluir que en otros planetas no haya entidades vivientes? Pero Krishna indica que aunque entremos en los planetas donde residen los grandes semidioses, continuaremos sujetos a la muerte. De nuevo, Krishna repite que al llegar a Su planeta, no tendremos que nacer de nuevo. 

Debemos ser muy serios por alcanzar nuestra vida eterna, plena de bienaventuranza y conocimiento. Hemos olvidado que éste es el verdadero propósito de la vida, nuestro verdadero interés. ¿Por qué lo hemos olvidado? Sencillamente porque hemos quedado atrapados a causa del brillo material, por los rascacielos, las grandes fábricas y los juegos políticos, aunque sabemos que no importa lo grande que construyamos los rascacielos, no podremos vivir aquí indefinidamente. No debemos malgastar nuestra energía construyendo poderosas industrias y ciudades y entramparnos aún más en la naturaleza material; más bien, debemos usar nuestra energía para desarrollar conciencia de Krishna a fin de conseguir un cuerpo espiritual con el cual podamos entrar al planeta de Krishna. La conciencia de Krishna no es una fórmula religiosa o alguna diversión espiritual; es la parte más importante de la entidad viviente. 
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sábado, 14 de noviembre de 2015

El pájaro y la jaula

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(De Las Enseñanzas Místicas de la Reina Kunti 
de Bhaktivedanta Swami Prabhupada)
(Capítulo 16: Recobrando nuestro estado de conciencia natural)

En la sociedad humana debe de haber un buen balance entre el espíritu y la materia. Nosotros somos de hecho alma espiritual, pero de una forma u otra hemos sido enjaulados en cuerpos materiales, y, mientras tengamos estos cuerpos, tenemos que aceptar las necesidades corporales de comer, dormir, aparearnos y defendernos, aunque el alma en sí, no necesita esas cosas. El alma no necesita comer nada; todo lo que comemos es para la conservación del cuerpo. Pero una civilización que simplemente cuida estas necesidades corporales y a la que no le importa las necesidades del alma, es una civilización necia y desbalanceada. Supóngase que sólo lava su abrigo, pero no se ocupa de su cuerpo. O supóngase que uno tiene un pájaro en una jaula, pero sólo se ocupa de la jaula y no del pájaro que está dentro de ella. Eso es una necedad. El pájaro está exclamando: "¡Ka, Ka! ¡Denme de comer, denme de comer!". Si uno sólo se ocupa de la jaula, ¿cómo puede el pájaro ser feliz?
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Así que, ¿por qué estamos infelices? En los países occidentales no hay escasez de riqueza, ni escasez de comida, ni escasez de carros, ni escasez de vida sexual. Todo se halla disponible en abundancia. Entonces, ¿por qué hay un sector de gente que está frustrada y confundida, como los "hippies"? Ellos no están satisfechos. ¿Por qué? Porque no hay un equilibrio. Nos estamos ocupando de las necesidades del cuerpo, pero no tenemos información alguna del alma y de sus necesidades. El alma es la verdadera escencia, y el cuerpo es únicamente su cobertura. Por consiguiente, descuidar el alma es una forma de dharmasya glāniḥ, contaminación del deber.
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La palabra "dharma" significa "deber". Aunque la palabra dharma se traduce a menudo como "religión", y la religión se define por lo general como una clase de fe, no obstante, el dharma no es en realidad una clase de fe. Dharma significa el verdadero deber constitucional de uno. Es nuestro deber conocer las necesidades del alma, pero desgraciadamente carecemos de información acerca de alma, y simplemente estamos ocupados de proveernos de las necesidades para la comodidad corporal.
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La comodidad corporal, sin embargo, no es suficiente. Supóngase que un hombre está en un situación muy cómoda. ¿Significa eso, acaso, que no morirá? Por supuesto que no. Hablamos de una lucha por la existencia y de la supervivencia del más apto, pero las comodidades corporales solas no pueden permitirle a nadie que exista o sobreviva permanentemente. En consecuencia, ocuparse únicamente del cuerpo se denomina dharmasya glāniḥ, o contaminación del deber de uno.
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Uno debe conocer las necesidades del cuerpo y también las necesidades del alma. La verdadera necesidad que hay en la vida consiste en roporcionarle comodidades al alma, y a ésta no se le puede hacer sentir cómoda mediante ajustes materiales. Como el alma es de una identidad diferente, debe dársele comida espiritual, y esa comida espiritual es la conciencia de Kṛṣṇa. Cuando uno está enfermo, debe dársele una dieta adecuada y una medicina adecuada. Ambas cosas se requieren. Si a uno simplemente se le da la medicina, pero no una dieta adecuada, el tratamiento no tendrá mucho éxito. Por consiguiente, el movimiento de consciencia de Kṛṣṇa tiene por objeto dar tanto la medicina como la dieta adecuada para el alma.
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sábado, 18 de agosto de 2012

Hari Om

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Muchos Upaniṣads, tratados de yoga o textos espirituales en general comienzan con la sílaba sagrada OM. En la ciencia sagrada, este sonido reviste una importancia excepcional porque crea determinados efectos en varios niveles de conciencia. El universo entero es la síntesis de un sonido.

En el Chāndogya- Upaniṣad (छान्दोग्योपनिषत्) encontramos escrito:


La esencia de todos los seres es la tierra;
La esencia de la tierra es el agua;
Las plantas son la esencia misma del agua;
El ser humano es la esencia de las plantas;
La esencia del hombre es el Verbo;
La esencia del Verbo es el Rig veda
La esencia del Rig veda es el Sámaveda
La esencia del Sámaveda es el Udgitha (ॐ Om);
Este Udgitha es la mejor, la más alta de todas las esencias,
y merece el más alto lugar: el octavo.


En otros términos: las fuerzas y las propiedades latentes de la tierra y del agua se concentran y se transforman en el organismo más elevado de las plantas; las fuerzas de éstas son transformadas y concentradas en el ser humano; las fuerzas del hombre se concentran en su aptitud para la reflexión intelectual y en su posibilidad de expresión por medio de equivalencias sonoras que, uniendo la forma interior (pensamiento) a la forma externa (palabra audible), producen la palabra, por medio de la cual el ser humano se distingue de las formas vivas inferiores.

La expresión más preciosa de este logro intelectual, la suma de sus experiencias, constituye la ciencia sagrada (veda), bajo la forma de poesía (ऋग्वेद - Rig veda) y de música (सामवेदः - Sámaveda). La poesía está más allá de la prosa, porque su ritmo crea una unidad superior que rompe las cadenas que sujetan al espíritu. Pero la música es aún más sutil que la poesía, en tanto que nos hace trascender el sentido de las palabras y nos coloca en un estado de receptividad intuitiva. Finalmente ambas, lo mismo que el ritmo y la melodía, encuentran su síntesis y su conjunción (que podría aparecer incluso como una disolución del intelecto ordinario) en las vibraciones profundas y penetrantes del fonema sagrado OM. Aquí se alcanza la cúspide de la pirámide, elevándose desde la llanura de las grandes diferenciaciones y de las materializaciones de los elementos groseros (los mahábhüta), hasta la cima de la máxima unificación y espiritualización, que contiene las propiedades latentes de todos los grados intermedios, como es el caso de la semilla o del germen (bija). En este sentido, OM es la quinta esencia, la sílaba germen (bija mantra) del universo, la palabra mágica (este era el sentido original de la palabra brahman), la fuerza universal, la conciencia capaz de penetrarlo todo.

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