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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Un rey víctima de la ilusión

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De Secretos del Ser Desconocido
de Srila Bhaktivedanta Narayana Gosvami Maharaja

En la India antigua vivió un gran emperador muy poderoso  llamado Haricandra. Su mujer se llamaba Saibya, y su joven y apuesto hijo, Rohitasva. Haricandra era extremadamente veraz;  jamás decía una mentira ni toleraba la falsedad, y era famoso en el  mundo entero por su generosidad hacia todas las criaturas. Pero  aunque poseía esas cualidades, al sabio Visvamitra le preocupaba  su bienestar.

Visvamitra pensaba: “La verdad que persigue Haricandra  es solo una verdad mundana carente de valor real. Excepto los  devotos del Señor, nadie en este mundo puede decir realmente  la verdad. Si le preguntara: ‘¿Cómo te llamas?’, él respondería:

‘Haricandra’. ‘¿Quién eres?’ ‘Soy el emperador’. ‘¿Quién es ese?’  ‘Es mi hijo’. ‘¿Quién es ella?’ ‘Es mi esposa’. Pero, en realidad, solo  hay una verdad: No somos estos cuerpos mortales, sino almas  espirituales sirvientes de la Verdad Absoluta.”

Visvamitra Muni se sentía cada vez más preocupado. Sabía  que el rey Haricandra solo hallaría la felicidad y el bienestar eternos  con una comprensión espiritual correcta, y estaba convencido de  que la falta de esa comprensión sería su ruina.
 
Utilizando sus poderes místicos, una noche se apareció en  sueños ante el rey y le dijo:
 
— Eres un rey excelente. Eres muy generoso, dices siempre  la verdad y adoras a Dios. Como eres tan bondadoso, estoy seguro de que me darás cuanto te pida. Quiero que me des algo.
 
En ese momento, Haricandra se despertó y dijo en voz alta:
 
— Te daré todo lo que me pidas.

Visvamitra le dijo entonces:

— Quiero todo tu reino.

— Te lo daré — respondió Haricandra.

Visvamitra se marchó y el rey se volvió a quedar dormido.  A la mañana siguiente se despertó sin acordarse de lo ocurrido,  pero poco después Visvamitra se acercó a él y le preguntó:

— ¿Tuviste algún sueño anoche?

— Sí, recuerdo que tuve un sueño.

— Anoche me ofreciste todo tu reino.

— Puede que lo hiciera, pero era solo un sueño.

— No lo era. Yo fui en verdad a verte anoche.

El rey sabía que los grandes sabios pueden ir prácticamente  a cualquier parte y hacer grandes prodigios, de modo que creyó en sus palabras.

Visvamitra siguió diciendo:

— Ahora que estás despierto, debes decir: “Prometo entregarte todo mi reino”.

Haricandra dijo:

— Sí, yo declaro que el reino es tuyo.

Según la antigua cultura de la India, cuando alguien hace  una caridad entrega al mismo tiempo unas monedas. Visvamitra  pidió por tanto a Haricandra que le diera además algo de dinero.

— Si no me das unas monedas, la promesa no será completa

— dijo—. Me tienes que dar algo; aunque sea un uno por ciento del valor de tu regalo.

— Diez mil monedas de oro — respondió Haricandra

Y añadió dirigiéndose a su tesorero: — Da al sabio diez mil monedas de oro.
Visvamitra dijo sonriendo:

— Parece que te retractas de tu palabra. Si me has dado todo  tu reino, incluidas tus arcas, ¿cómo puedes ordenar a tu tesorero  que me dé oro? Tendrás que pensar en otro modo de hacer ese donativo.

Haricandra admitió que era cierto y dijo que pediría prestado a alguien del reino. Pero Visvamitra le recordó:

— Los ciudadanos también son míos. No puedes pedir prestado a ninguno de ellos.

El rey pensó: “Todo lo que me queda son mi esposa, mi hijo y yo mismo; no tengo nada más.

— Me venderé a mí mismo y tambén a mi mujer y a mi hijo, y entonces te pagaré.

— No puedes venderte dentro de mi reino. Tendrás que irte de aquí.

Puesto que el reino de Haricandra comprendía la tierra entera, el rey no supo qué responder. Entonces Visvamitra dijo:

— Aunque Kasi..., la morada del Señor Siva, se encuentra dentro de mi reino, no se considera parte de este mundo, de modo que puedes ir a venderte allí. Pero no olvides pagarme. 

Haricandra, su mujer y su hijo tuvieron que ir a Kasi... a pie, ya que los cuadrigas y las caballos pertenecían ahora a Visvamitra.

Después de viajar durante muchos días, finalmente llegaron a Kasi...,y enseguida Haricandra se puso a preguntar a sus habitantes si a alguien de allí le interesaría comprarlo. El guardían del crematorio, una persona de origen muy humilde, le dijo que le compraría si estaba dispuesto a trabajar en el horno crematorio. Como nadie más se había ofrecido a comprarlo, Haricandra aceptó el empleo por el cual el hombre le pagó cinco mil monedas de oro. Para conseguir las cinco mil restantes, vendió a su mujer y a su hijo a una persona muy cruel de la casta sacerdotal, y entonces pagó a Visvamitra.

Igual que cuando alguien vende una vaca deja de ser su propietario, Haricandra ya no era el rey y tampoco el esposo de  su mujer o el padre de su hijo, si bien de algún modo él seguía identificándose como tal. Pensaba: “Yo fui rey, soy el marido de 
Saibya y el padre de Rohitasva.”

Algún tiempo después, por el poder místico de Visvamitra, una serpiente mordió al hijo de Haricandra y lo mató. Era una noche oscura en plena estación de las lluvias y caía un fuerte aguacero acompañado de un viento gélido. El cruel dueño de
Saibya dijo a esta:

— Arréglatelas como puedas para incinerar a tu hijo. Yo ya te compré y no pienso gastar más en ustedes. Y ahora saca a ese cadáver de aquí.

Y en aquella noche desapacible, la desconsolada
Saibya  tomó a su hijo en sus brazos y lo llevó hasta el crematorio situado a orillas del Ganges, el mismo en el que su marido trabajaba de guardián. Haricandra no reconoció a la mujer y, aunque podía ver que era muy pobre, le dijo:

— No puedes incinerar a ese niño sin pagar.

Ella respondió que no tenía dinero; su única posesión era el cuerpo muerto de su hijo envuelto en aquel velo.

En ese momento, un rayo iluminó la escena y Haricandra pudo ver que quien estaba ante él era su propia esposa. Nunca imaginó que vería a su hijo en aquel lugar, muerto, ni a su mujer en aquella condición tan lamentable y desesperada. Sintiendo que no podía resistir más aquello, se echó a llorar.

— ¡Oh, Dios mío! ¿Qué ha ocurrido?

Pero en medio de aquel dilema, y a pesar de sus lágrimas, intentó ser fiel a su nueva identidad. Sintiendo que debía ser muy estricto con lo que él consideraba el sentido del deber, dijo a
Saibya:

—Aún así, tienes que pagarme. Soy el guardián de este crematorio.

—Lo único que puedo darte es la mitad de este velo — respondió ella.

Y cuando
Saibya empezó a rasgar el velo, Visvamitra junto con el Señor Narayana (una de las encarnaciones de la Suprema Personalidad de Dios), y semidioses como Yamaraja (el señor de la muerte) y el Señor Brahma (el creador del universo y líder de los semidioses) aparecieron en medio de la escena proclamando:

— ¡Rohitasva será rey!

Visvamitra colocó su mano sobre el cadáver y dijo:

— Levántate, hijo mío.

El joven se puso en pie de inmediato con los ojos mirando al cielo. Visvamitra dijo entonces a Haricandra:

— Te quité cuanto tenías y ahora te lo devuelvo todo. El reino vuelve a ser tuyo. Ahora que tienes una nueva comprensión de las cosas puedes abandonar tus responsabilidades mundanas e ir al bosque a meditar en Dios.

Le explicó que había estado sumido en la ilusión por haber confundido su cuerpo y las designaciones corporales con su verdadero ser.

— En este mundo nadie puede decir la verdad en el sentido real de la palabra —siguió diciendo—. Tú no eres Haricandra; ese es el nombre de tu cuerpo físico. ¿Y de qué está hecho el cuerpo? Es una mezcla de sangre, carne, orina y excremento.

Cuando piensas que eres padre, esposo, rey y demás, ¿qué hay de verdad en ello? Tú, el alma situada dentro del cuerpo, eres un sirviente eterno de Dios. Eres parte integrante de Krishna, el Señor Supremo. No eres de este mundo. Intenta servir a Dios y cantar Su santo nombre.

El rey Haricandra había tenido hasta entonces una concepción vaga del Supremo y Le había adorado sumisamente, pero en su corazón no había verdadera devoción ni entrega. Era cumplidor con las verdades relativas de este mundo. Por eso nunca había llegado a experimentar una felicidad auténtica a pesar de toda su opulencia. Por la misericordia de Visvamitra Muni había obtenido la liberación total de su naturaleza trascendental, la liberación que ansía todo ser viviente. Lo que habría tardado muchas vidas en alcanzar, lo había logrado en unos momentos gracias al poderoso sabio. E igual que aprendió él, también otros pueden aprender de esta historia de los Vedas.
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viernes, 29 de julio de 2016

El príncipe hijo de un millón de madres

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De Volver a Nacer: La ciencia de la reencarnación
de A.C Bhaktivedanta Swami Prabhupāda
(Capítulo 4: tres casos de reencarnación)

"Algunos consideran que el alma es asombrosa, otros la describen como asombrosa y otros más oyen hablar de ella como algo asombroso, mientras que hay otros que incluso después de oír hablar de ella, no logran comprenderla en absoluto''.

- Bhagavad-gītā (2.29)

En la siguiente narración histórica, tomada del Śrīmad-Bhāgavatam, el hijo del rey Citraketu revela sus nacimientos previos, e instruye al rey y la reina en la naturaleza imperecedera del alma y la ciencia de la reencarnación.

El rey Citraketu tenía muchas esposas, y aunque fértil, no había engendrado hijos en ninguna de ellas, porque todas sus bellas esposas eran estériles.

Un día, el gran sabio Aṅgirā visitó el palacio de Citraketu. El rey al verlo se levantó del trono y, conforme a la costumbre védica, le presentó sus respetos.

"¡Oh, rey Citraketu! Puedo ver que tu mente está perturbada. La palidez de tu rostro refleja una profunda amargura. ¿No has logrado tus propósitos?'', le preguntó el sabio.

Siendo un gran clarividente, Aṅgirā conocía la causa del sufrimiento del rey; pero tenía sus razones, para interrogarlo como si no supiese.

El rey respondió: "¡Oh, Aṅgirā! Gracias a las grandes penitencias y austeridades realizadas, has adquirido el conocimiento completo. Puedes comprenderlo todo, ya sea externo o interno, acerca de nosotros las almas encarnadas. ¡Oh, gran alma! Todo lo sabes; sin embargo me preguntas por qué estoy triste. Te responderé si me lo permites. Así como un collar de flores no puede satisfacer a un hambriento, tampoco mi vasto imperio e incalculables riquezas pueden satisfacerme, porque carezco de la verdadera riqueza del hombre: Carezco de un hijo. ¿No puedes ayudarme a ser verdaderamente feliz, determinando que yo tenga uno?''

Aṅgirā, que era muy misericordioso, accedió a ayudar al rey. Realizó un sacrificio especial a los semidioses, y ofreció los remanentes del alimento del sacrificio a las más perfecta de las reinas de Citraketu, Kṛtadyuti. "¡Oh, gran rey! Tendrás ahora un hijo que será causa de júbilo y de lamentación'', dijo Aṅgirā. Y desapareció sin esperar la respuesta del rey.

Citraketu se sintió colmado de felicidad al saber que finalmente tendría un hijo; pero se preguntaba por el significado de las últimas palabras del sabio.

"Aṅgirā sin duda ha querido decir que seré muy feliz cuando mi hijo nazca. Lo cual es verdad. Pero, ¿qué significa que el niño será causa de lamentación? Por supuesto, mi único hijo será el heredero forzoso del trono y el reino. Por lo tanto, es probable que se haga orgulloso y desobediente. Esto podría ser motivo de lamentación. Pero tener un hijo desobediente es mejor que no tener hijo.''

A su debido tiempo, Kṛtadyuti quedó encinta, y tuvo un hijo. Al escuchar la noticia, todos los habitantes del reino se regocijaron. El rey Citraketu estaba radiante de alegría.

Según el rey cuidaba de su hijito, su afecto por la reina Kṛtadyuti aumentaba, día a día, y gradualmente perdía el afecto por sus esposas estériles. Estas se lamentaban sin cesar de su suerte, porque a una esposa sin hijos el marido la descuida en el hogar, y las esposas fértiles la tratan como a una sirvienta. Las reinas estériles ardían de ira y envidia. Con el crecer de la envidia, perdieron la inteligencia, y sus corazones se hicieron duros como rocas. Se reunieron secretamente, y decidieron que había sólo una solución a su problema, una sola manera de recuperar el amor del rey: Envenenando al niño.

Una tarde, cuando la reina Kṛtadyuti se paseaba por el patio de palacio, pensó en su hijo que dormía apaciblemente en su aposento. Puesto que amaba entrañablemente al niño, y apenas podía sufrir estar sin él un momento, ordenó a la niñera que fuese a despertarlo de la siesta y lo trajese al jardín.

Mas, cuando la sirvienta se aproximó al niño, vio que tenía los ojos vueltos hacia arriba, y que no mostraba signos de vida. Horrorizada, puso un copo de algodón bajo las narices del niño, y vio que el algodón no se movía. Gritó entonces: "¡Estoy perdida!'', y se desplomó. Presa de una gran angustia, se golpeaba el pecho con los puños y lloraba a gritos.

Como la sirvienta no regresaba, la reina se aproximó al aposento del niño. Al escuchar los gemidos de la niñera, entró ansiosa y vio que su hijo se había marchado de este mundo. Profiriendo un gran lamento, con el cabello y los vestidos en desorden, la reina se desplomó inconsciente.

Cuando al rey le anunciaron la muerte de su hijo, casi enloqueció de dolor. Estalló en lamentos y corrió a ver al niño muerto, tropezando y cayendo en el trayecto. Rodeado de los ministros y cortesanos, entró en el aposento del niño y se desmayó a los pies de éste, con los cabellos y vestidos en total desorden. Cuando recuperó la conciencia, respiraba pesadamente, tenía los ojos bañados en lágrimas, y no podía hablar.

Al ver a su marido sumido en la desesperación por su hijo muerto, la reina comenzó a maldecir al Señor Supremo. Esto incrementó la congoja en los corazones de todos los residentes del palacio. Los collares de flores de la reina cayeron de su cuerpo, y su suave cabello negro azabache se enmarañó. Las lágrimas manchaban el cosmético debajo de sus ojos.

"¡Oh, Providencia! En vida del padre, has causado la muerte de su hijo. Ciertamente eres enemigo de los seres vivientes, y careces de toda misericordia.'' Volviéndose hacia el niño amado, dijo: "Mi querido hijo, estoy desamparada y herida. No debes separarte de mí. ¿Cómo puedes abandonarme? ¡Mira cómo se lamenta tu padre! Ya has dormido demasiado. Ahora, te lo suplico, levántate. Tus amiguitos te llaman a jugar. Debes de tener hambre; levántate pues, inmediatamente, y toma tu comida. Mi querido hijo, soy terriblemente desdichada, porque ya no puedo ver tu dulce sonrisa. Has cerrado para siempre los ojos. Has sido elevado desde este planeta a otro lugar, desde el cual no retornarás. Mi querido hijo, no pudiendo escuchar tu voz amada, no podré sobrevivir.''

El rey lloraba ruidosamente. Viendo a la madre y al padre lamentarse, todos se les unieron llorando la prematura muerte del niño. A causa de la súbita tragedia, los ciudadanos del reino se sentían abrumados de dolor.

Cuando el gran sabio Aṅgirā comprendió que el rey estaba casi muriendo, sumido en un océano de pesar, se dirigió al palacio con su amigo el santo Nārada.

Los dos sabios encontraron al rey, agobiado por la pena, tumbado como muerto junto al cadáver del niño. Aṅgirā se dirigió a él con dureza: "¡Despierta de la oscuridad de la ignorancia! ¡Oh, rey! ¿Qué relación tiene contigo ese cadáver, y qué relación tienes tú con él? Aunque puedes decir que ahora estáis relacionados como padre e hijo, ¿crees que esta relación existía antes de que él naciera? ¿Existe verdaderamente ahora? ¿Continuará existiendo cuando él ha muerto? ¡Oh, rey! Tal como las pequeñas partículas de arena a veces se juntan y a veces se separan, movidas por la fuerza de las olas del océano, las almas albergadas en cuerpos materiales a veces se juntan y a veces se separan, movidas por la fuerza del tiempo.'' Aṅgirā deseaba que el rey comprendiese que todas las relaciones corporales son efímeras.

"Mi querido rey —continuó el sabio—, cuando vine anteriormente a tu palacio, podría haberte obsequiado el mayor de los dones, el del conocimiento espiritual; mas al ver que tu mente estaba absorta en las cosas materiales, únicamente te obsequié un hijo, que te causó felicidad y lamentaciones. Ahora estás experimentando las miserias de quienes tienen hijos. Los bienes visibles, tales como la mujer, los hijos, y la propiedad, no son más que sueños. Por lo tanto, ¡oh, rey Citraketu!, trata de comprender quién eres verdaderamente. Considera de dónde vienes, adónde irás cuando abandones este cuerpo, y por qué estás bajo el dominio del sufrimiento material.''

Entonces Nārada Muni hizo algo maravilloso. Mediante un misterioso poder, trajo el alma del fallecido hijo del rey a la vista de todos. El aposento se inundó de una brillantez deslumbrante, y el niño muerto comenzó a moverse. Nārada dijo: "¡Oh, entidad viviente! Te deseo toda suerte de felicidad. Mira a tu padre y madre. Todos tus amigos y familiares están abrumados de pesar por tu muerte. Sin embargo, debido a que moriste prematuramente, todavía dispones de lo que te quedaba por vivir. En consecuencia, puedes volver a entrar en tu cuerpo, y gozar de los restantes años que te fueron concedidos en él, junto a tus amigos y familiares, y más tarde podrás recibir el trono real y todas las opulencias de tu padre.''

Gracias al poder sobrenatural de Nārada, el alma había retornado al cuerpo muerto. El niño, resucitado, se sentó y comenzó a hablar, no con una inteligencia infantil, sino con el pleno conocimiento de un alma liberada: "Conforme a los resultados de mis actividades materiales, yo, el alma, transmigro de un cuerpo a otro, a veces yendo a las especies de los semidioses, a veces a las especies de los animales inferiores, a veces encarnando en los vegetales, y apareciendo a veces en la especie humana. ¿En cuál de mis nacimientos fueron mis padres esta mujer y este hombre? En realidad nadie es mi padre ni mi madre. He tenido millones de supuestos padres. ¿Cómo puedo admitir que estas dos personas son mis padres?''

Los Vedas enseñan que el alma eterna entra en un cuerpo hecho de elementos materiales. Aquí vemos que un alma entró en un cuerpo, producido éste por el rey Citraketu y su esposa. Mas en realidad no era hijo de ellos. El alma es un hijo eterno de la Suprema Personalidad de Dios; pero, debido a que ella desea gozar de este mundo material, Dios le permite entrar en variados cuerpos. No obstante, el alma pura no tiene una verdadera relación con el cuerpo material que obtiene de los padres. En consecuencia el alma en el cuerpo del hijo de Citraketu, terminantemente negó que el rey y la reina fuesen sus padres.

El alma continuó: "En este mundo material, que es como un rápido río, todos llegan a ser, sucesivamente, amigos, familiares, y enemigos, con el correr del tiempo. También actúan como seres neutrales, y en muchas otras variedades de relación. Pero en ninguna de tan diversas situaciones se mantiene una relación permanente.''

Citraketu se lamentaba por su hijo, ahora muerto; pero bien podría haber considerado la situación de otra manera: "Esta entidad viviente—podría haber pensado— era mi enemigo en mi última vida, y ahora, después de haber encarnado como hijo mío, se ha marchado prematuramente, tan sólo para producirme dolor y agonía.'' ¿Por qué no habría el rey de considerar que su hijo muerto era quizás un antiguo enemigo y, en vez de lamentarlo, mostrarse aliviado por su muerte?

El alma en el cuerpo del niño dijo: "Tal como el oro y otros bienes están continuamente transfiriéndose de un lugar a otro, a consecuencia de la compraventa, también el alma, a consecuencia del karma vaga por el universo, siendo inyectada sucesivamente en la matriz de diferentes especies de vida, por el semen de un nuevo padre cada vez.''

Según lo explica el Bhagavad-gītā, no es la actuación de los padres la que determina que nazca el ser viviente. La verdadera identidad de éste es por completo independiente de aquellos que se consideran su padre y su madre. La ley de la naturaleza fuerza al alma a entrar en el semen del padre y ser inyectada en la matriz de la madre. El alma no puede determinar directamente la clase de padres que tendrá; eso depende por entero de sus actividades en las vidas previas. Las leyes del karma le obligan a ir a diferentes padres y madres, tal como si fuese un objeto de compraventa.

El alma a veces se cobija en unos padres animales, y otras en padres humanos. A veces recibe unos padres que son aves, y otras unos que son semidioses de los planetas celestiales.

Según el alma transmigra a diferentes cuerpos, cada uno de éstos, cualquiera que sea la forma de vida — humana, vegetal, o de semidiós—, tiene un padre y una madre. Estos no son muy difíciles de obtener. Lo verdaderamente difícil de obtener es un padre espiritual, es decir, un maestro espiritual fidedigno. En consecuencia, el deber del ser humano es buscar tal maestro espiritual; porque, bajo su guía, uno puede liberarse del ciclo de la reencarnación, y retornar a su hogar de origen en el mundo espiritual.

"El alma es eterna —continuó el niño—, y no tiene una relación permanente con sus supuestos padres. Erróneamente admite que es el hijo de ellos, y los ama en consecuencia. Con la muerte, sin embargo, la relación se termina. Siendo así, es inadecuado lamentarse o regocijarse. El alma es eterna, imperecedera; no ha tenido principio ni tendrá fin; no ha nacido ni morirá. El alma es igual, en calidad, al Señor Supremo. Ambos son personalidades espirituales. Pero, debido a su pequeñez, el alma es propensa a sentirse fascinada por la energía material, y a crearse cuerpos apropiados a sus diferentes deseos y actividades.''

Los Vedas nos enseñan que el alma es la responsable de sus vidas en el mundo material, donde queda atrapada en el ciclo de la reencarnación recibiendo un cuerpo material tras otro. Si así lo quisiere, podrá permanecer sufriendo en la prisión de la existencia física, o retornar a su hogar originario en el mundo espiritual. Aunque Dios, mediante la energía material, les da los cuerpos que desean, en verdad el Señor quiere que las almas materialmente condicionadas salgan del remolino punitivo que es la existencia física, y retornen al hogar, a Él.

Repentinamente, el niño quedó en silencio; el alma pura se marchó, y el cuerpo se desplomó sin vida. Citraketu y todos estaban atónitos. Rotos los grilletes del afecto, cesaron de lamentarse. Luego realizaron las ceremonias funerarias, e incineraron el cadáver. Las otras esposas del rey, que habían envenenado al niño, estaban muy avergonzadas. Lamentándose y recordando las instrucciones de Aṅgirā, deseo de tener hijos. Obedeciendo las instrucciones de los sacerdotes brāhmaṇas, acudían diariamente a las orillas del río Yamunā, a bañarse y orar para expiar así sus pecados.

Habiéndose hecho plenamente conscientes del conocimiento espiritual, que incluye la ciencia de la reencarnación, el rey Citraketu y su esposa, la reina Kṛtadyuti, fácilmente se liberaron del afecto, que es causa de dolor, temor, angustia e ilusión. Aunque el apego por el cuerpo es muy difícil de aniquilar, pudieron vencerlo muy fácilmente, cercenándolo con la espada del conocimiento espiritual.
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miércoles, 17 de febrero de 2016

Sistemas planetarios superiores, medios e inferiores

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De Más allá del nacimiento y de la muerte
de Bhaktivedanta Swami Prabhupada
(Capítulo III: Liberándose de los planetas materiales)

Una persona inteligente sabe que no quiere sufrimientos, pero éstos le son impuestos por la fuerza. Como se planteó antes, nosotros siempre estamos en una condición de sufrimiento debido a la mente, al cuerpo, a los disturbios de la naturaleza, y a otras entidades vivientes. Siempre se nos impone alguna clase de sufrimiento. Este mundo material está destinado para sufrir; a menos que existan los sufrimientos, no podremos volvernos conscientes de Krishna. Los sufrimientos son en realidad un incentivo y nos ayudan a elevarnos a la conciencia de Krishna. 

Un hombre inteligente se pregunta por qué estos sufrimientos le son impuestos por la fuerza. Sin embargo, la actitud de la civilización moderna es: “Déjenme sufrir. Déjenme cubrir el sufrimiento con la embriaguez o con drogas. Esto es suficiente para mí”. Pero cuando se termina la embriaguez vuelven los sufrimientos. No es posible encontrarles solución a los sufrimientos de la vida con la embriaguez artificial. La solución se encuentra en el proceso de conciencia de Krishna. 

Se puede señalar que mientras los devotos de Krishna están tratando de entrar en el planeta de Krishna, el interés de la sociedad está en ir a la Luna. ¿Acaso ir a la Luna no es también la perfección? La tendencia a viajar a otros planetas siempre se encuentra presente en la entidad viviente. Un nombre de la entidad viviente es sarva-gata, que significa “aquel que quiere viajar a todas partes”. Viajar es parte de la naturaleza de la entidad viviente. El deseo de ir a la Luna no es algo nuevo. Los yogis también están interesados en entrar a los planetas superiores, pero en la Bhagavad-gita (8.16) Krishna señala que esto no les servirá de nada: 

"abrahma-bhuvanal lokah
punar avartino ‘rjuna
mam upetya tu kaunteya
 punar janma na vidyate"

“Desde el planeta más elevado del mundo material hasta el más bajo de ellos, todos son lugares de sufrimiento en los que ocurre el reiterado proceso del nacimiento y la muerte. Pero aquel que llega a Mi morada, ¡oh, hijo de Kunti!, nunca vuelve a nacer.” 

El universo está dividido en sistemas planetarios superiores, medios e inferiores. La Tierra es considerado un miembro del sistema planetario medio. Krishna señala que aunque uno entre al planeta más elevado de todos, llamado Brahmaloka, aun así encontrará la repetición del nacimiento y la muerte. Los otros planetas del universo están llenos de entidades vivientes. No debemos pensar que nosotros estamos aquí y que todos los demás planetas están vacíos. Por la experiencia práctica podemos ver que ningún lugar de la Tierra carece de entidades vivientes. Si cavamos profundamente la tierra, encontraremos gusanos; si nos sumergimos profundamente en el agua, encontraremos plantas y animales acuáticos; si subimos al cielo, encontraremos muchísimas aves. ¿Cómo es posible concluir que en otros planetas no haya entidades vivientes? Pero Krishna indica que aunque entremos en los planetas donde residen los grandes semidioses, continuaremos sujetos a la muerte. De nuevo, Krishna repite que al llegar a Su planeta, no tendremos que nacer de nuevo. 

Debemos ser muy serios por alcanzar nuestra vida eterna, plena de bienaventuranza y conocimiento. Hemos olvidado que éste es el verdadero propósito de la vida, nuestro verdadero interés. ¿Por qué lo hemos olvidado? Sencillamente porque hemos quedado atrapados a causa del brillo material, por los rascacielos, las grandes fábricas y los juegos políticos, aunque sabemos que no importa lo grande que construyamos los rascacielos, no podremos vivir aquí indefinidamente. No debemos malgastar nuestra energía construyendo poderosas industrias y ciudades y entramparnos aún más en la naturaleza material; más bien, debemos usar nuestra energía para desarrollar conciencia de Krishna a fin de conseguir un cuerpo espiritual con el cual podamos entrar al planeta de Krishna. La conciencia de Krishna no es una fórmula religiosa o alguna diversión espiritual; es la parte más importante de la entidad viviente. 
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jueves, 3 de diciembre de 2015

Tú eres eso

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Del Chāndogya- Upaniṣad (6.12.1)

Cuando Svetaketu tuvo doce años, fue mandado a un maestro, con el que estudió hasta cumplir los veinticuatro. Después de aprender todos los Vedas, regresó al hogar lleno de presunción en la creencia de que poseía una educación consumada, y era muy dado a la censura. Su padre le dijo:

- Svetaketu, hijo mío, tú que estás tan pagado de tu ciencia y tan lleno de censuras, ¿has buscado el conocimiento por el cual oímos lo inaudible, y por el cual  percibimos lo que no puede percibirse y sabemos lo que no puede saberse?

- ¿Cuál es este conocimiento, padre mío? - preguntó Svetaketu

Su padre respondió:

- Como conociendo un terrón de arcilla se conoce todo lo que está hecho de arcilla, pues la diferencia es sólo en el nombre, pero la verdad es que todo es arcilla, así, hijo mío, es el conocimiento que una vez adquirido, nos hace saberlo todo

- Pero sin duda esos venerables maestros míos ignoran este conocimiento; pues, si lo poseyesen, me lo habrían comunicado. Dame, pues, tú, padre mío, este conocimiento.

- Así sea - contestó el padre. Y dijo - : Tráeme un fruto del árbol nyagrodha

- Aquí está, padre

- Rómpelo

- Roto está, padre

- ¿Qué ves ahí?

- Unas simientes, padre, pequeñísimas

- Rompe una

- Rota está

- ¿Qué ves ahí

- Nada

El padre dijo:

- Hijo mío, en la esencia sutil que no percibes ahí, en esa esencia está el ser del enorme árbol del nyagrodha. En eso que es la sutil esencia, todo lo que existe tiene su yo. Eso es lo Verdadero, eso es el Yo, y tú, Svetaketu, eres Eso.

- Por favor, padre -dijo el hijo -, dime más.

- Así sea, hijo mío - respondió el padre; y dijo -: pon esta sal en agua, y vuelve mañana por la mañana

El hijo cumplió lo mandado.

A la mañana siguiente, el padre dijo:

- Tráeme la sal que pusiste en el agua

El hijo la busco, pero no pudo encontrarla; pues la sal, por supuesto, se había disuelto.

El padre dijo:

- Prueba el agua de la superficie de la vasija. ¿Cómo es?

- Salada

- Prueba del medio. ¿Cómo es?

- Salada

- Prueba del fondo. ¿Cómo es?

- Salada.

El padre dijo: - Tira el agua y vuelve.

Así lo hizo el hijo, pero la sal no se perdió, pues la sal existe para siempre.
Entonces dijo el padre:

- Ahí igualmente, en ese cuerpo tuyo, hijo mío, no percibes lo Verdadero; pero ahí está realmente. En eso que es la esencia sutil, todo lo que existe tiene su yo. Eso es lo Verdadero, eso es el Yo, y tú, Svetaketu, eres Eso.
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martes, 1 de diciembre de 2015

Más allá de los sentidos y de la mente...

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De Las Eneñanzas Místicas de la Reina Kunti
de Bhaktivedanta Swami Prabhupada)
(Capítulo 22: Belleza en presencia de Kṛṣṇa)

A la mente se le considera el undécimo sentido. Hay diez sentidos — cinco sentidos de trabajo y cinco sentidos de adquisición de conocimiento —, y el centro de los sentidos es la mente. El bhagavad-gita (3.42) dice:

indriyāni parāny āhur
indriyebhyah param manah
manasas tu parā buddhir
yo buddheh paratas tu saḥ

En este verso, Kṛṣṇa explica que aunque consideremos que los sentidos son muy importantes, más allá de los sentidos hay algo superior — la mente  —, más allá  de la mente está la inteligencia, y más allá de la inteligencia está el alma.

¿Cómo podemos apreciar la existencia del alma, si ni siquiera podemos entender los movimientos psicológicos de la mente? Más allá de la mente está la inteligencia, y, mediante la especulación, uno a lo sumo puede acercarse al plano intelectual. Pero para entender el alma y a Dios, uno debe ir más allá del plano intelectual. Es posible entender todo, pero debemos adquirir la comprensión a través del canal indicado. Por consiguiente el mandamiento védico dice:

Tad-vijñānārthaṁ sa gurum evābhigacchet
samit-pāṇiḥ śrotriyam brahma-niṣṭham

"Si uno verdaderamente es sincero en querer entender los temas trascendentales y sobrenaturales, debe acudir a un maestro espiritual genuino" (Mundaka Up. 1.2.12).
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