jueves, 24 de noviembre de 2016

Sung Ting-Po atrapa a un fantasma

 Cuento chino
(De Notas sobre la metamorfosis de Juang Fu, dinastía Tang)

Cuando aún era joven, Sung Ting-po, natural de Nan­yang, provincia de Jonán se encontró de noche con un fantasma en pleno camino. 

- ¿Quién es usted? - preguntó. 

- Un fantasma, señor. 

y a su vez demandó: - ¿y usted? 

- Un fantasma como usted - mintió Sung.

- ¿A dónde va usted? 

- A Wanshi. 

- j Qué casualidad I Yo - también. 

Marcharon juntos durante varios li*

- Andar así lleva mucho tiempo y resulta muy fatigoso. ¿No será mejor cargamos por turno uno al otro? - sugirió el fantasma. 

- Muy buena idea - aprobó Sung. 
 
Para comenzar, el fantasma lo cargó durante un largo trecho. 

- Lo encuentro muy pesado - se asombró el fantas­ma -. ¿Es usted realmente un espectro?
- Soy un espectro reciente - respondió Sung -. Por eso aún soy pesado. 

A su vez cargó al fantasma, que no pesaba absoluta­mente nada. 

Y así siguieron por el camino, cargando uno al otro por turno. 
 
- Como soy un nuevo aparecido - observó Sung-, aún no sé lo que más debemos temer como fantasmas. 

- Hay una sola cosa que tememos: que un hombre nos escupa. 

Siguiendo el camino, llegaron a un arroyo. Sung invitó al fantasma a que lo atravesara primero. Así lo hizo, sin el menor ruido. En cambio, Sung atravesó la corriente con un gran alboroto de agua revuelta. 

- ¿Por qué hace tanto ruido? - preguntó el fantasma. 

- No hace mucho tiempo que he muerto - respondió 

Sung, con la intención de adormecer la vigilancia del fan­tasma -. Por eso aún no tengo el hábito de caminar sobre el agua. Le ruego perdone mi torpeza. 

Cuando se aproximaron a la ciudad de Wanshi, Sung echó al fantasma sobre su espalda y lo mantuvo allí fuerte­mente agarrado. El fantasma se puso a gritar, suplicándole que lo dejara en el suelo. Sin inquietarse de esos gritos, Sung apuró el paso hacia la ciudad. Cuando dejó al fan­tasma en el suelo, ya había tomado la forma de un cor­dero. Después de escupido, para evitar que tomara otra forma, Sung se apresuró a venderlo. Y se fue, enriquecido con mil quinientas monedas. 

En esa época, Shi Chung* comentó este hecho con los siguientes términos: 

"Sung Ting-po hizo algo inmejorable: “ganó mil qui­nientas monedas vendiendo un fantasma”.
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* Un li equivale a medio kilómetro.

* Un noble rico de la dinastía Tsin. El autor del cuento se vale de este nombre para probar la autenticidad de la historia. 
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