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jueves, 5 de marzo de 2015

Ignorancia, imaginación, experiencia y divinidad

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De Sistema de la Naturaleza de Barón de Holbach
(Segunda parte, capítulo 1: Origen de nuestras ideas sobre la divinidad)

Si los hombres tuvieran el coraje de remontarse a la fuente de las opiniones mas profundamente grabadas en su cerebro, se darían perfecta cuenta de las razones que le hicieron respetarlas como sagradas; si ellos examinasen con sangre fría el motivo de sus esperanzas y de sus miedos, observarían que deberían remover fuertemente sus ideas, no tienen ninguna realidad y no son sino palabras vacías de sentido, fantasmas creados por la ignorancia y modificados por una imaginación enferma. Su espíritu trabaja deprisa y sin resultado en medio del desorden de sus facultades intelectuales, engañadas por las pasiones que les impiden razonar justamente o de consultar la experiencia de sus juicios.
 
Emplazad un ser sensible dentro de una naturaleza cuyas partes estén en movimiento, el sentirá diversamente en razón de los efectos agradables o desagradables que esté obligado a probar: en consecuencia se encontrará feliz o desgraciado y según el tipo de sensaciones sentidas las amará o repudiará, buscará o huirá de las causas reales o supuestas de los efectos que operan en su cerebro.

Pero si es ignorante o privado de experiencia se engañará sobre sus causas, no podrá remontarse a ellas, no conocerá su energía ni su manera de actuar, y cuando estas experiencias reiteradas hayan fijado su entendimiento será preso de la desazón y de la incertidumbre.
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viernes, 31 de mayo de 2013

El malestar de la modernidad

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De Ideas y Creencias del hombre actual de Luis Gonzáles Carvajal
(capítulo 8: La cultura postmoderna
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Naturalmente, el "post" de postmoderno indica un deseo de despedirse de la modernidad. Estamos ante una paradoja. Por una parte, constituye un estigma para cualquier sociedad el no ser acreedora al título de "moderna"; y, por otra parte, los habitantes de las sociedades modernas parecen experimentar un malestar creciente.

Desde los años veinte existe un tema recurrente en la literatura: el vacío espiritual y la ausencia de sentido del mundo. Piénsese, por ejemplo, en la obra literaria de T. S. Eliot, James Joyce, Ezra Pound, W. B. Yeats, Kafka, Musil...
Eliot, en sus obras La tierra baldía ("The Waste Land"), los hombres vacíos ("The Hollow Men"), etc., no ve alrededor nada más que vulgaridad, decadencia y vacío. En su novela Ulysses, Joyce convierte la historia de un único día en Dublín _con los paseos sin rumba de Bloom y Dedalus por la ciudad_ en símbolo de la inanidad, la miseria, la falta de sentido y la inutilidad del mundo occidental moderno. Las mejores piezas de Ionesco muestran un universo donde ya no hay diálogos humanos significativos. El tema único de Beckett es el mundo sin Dios y sin significación, en el que sólo milagrosamente puede sobrevivir un resto de calor humano.

Se trata de un malestar ya antiguo. El romanticismo, aquel vasto movimiento que predominó en Europa durante la primera mitad del siglo XIX, puede considerarse quizá como la primera reacción  antimoderna. Lo que pasa es que en este caso fue una reacción nostálgica. Querían volver atrás, a la Edad Media.

Después del romanticismo ha habido otros muchos brotes inconformistas frente a la modernidad, pero sin estar dominados ya por la nostalgia del pasado. Tuvieron carácter progresista.
Un ejemplo típico es el de la "bohemia": ese estilo de vida que adoptaron a principio de siglo ciertos grupos de artistas, escritores, estudiantes, etc. y que fue muy bien descrito en las Scènes de la vie bohème, de Henri Murger, y después popularizado en la famosísima ópera de Puccini titulada La Bohème. Más cerca de nosotros, debemos recordar a los "hippies" y su "Flower Power", los "beatniks", los "proves" y, sobre todo, la espectacular revuelta de mayo del 68 en París.

Esos movimientos son muy distintos entre sí, pero todos se alimentan de una experiencia común: que en la sociedad actual el individuo se aliena, se enajena, se frustra. Es lo que Berger ha  designado como pérdida metafísica de "hogar" (homelessness). El hombre no logra sentirse ya "en casa" ni en la sociedad, ni en el cosmos, ni, en último término, consigo mismo.

Así pues, no debemos pensar que los postmodernos han sido los primeros desilusionados por la modernidad. Otros les precedieron con lúcida e intempestiva anticipación. Hay una diferencia, sin embargo. Hasta ahora, las posturas antimodernas fueron patrimonio de individualidades atormentadas. La postmodernidad, en cambio, aparece como un creciente y generalizado espíritu de la época.
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martes, 21 de mayo de 2013

Los taoístas y la alquimia

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 De Historia de las creencias y las ideas religiosas
(De Gautama Buda al triunfo del cristianismo. Vol II)
de Mircea Eliade


Los alquimistas adoptaron y reinterpretaron algunos ritos y mitologías de los metalúrgicos, fundidores y herreros. En las enseñanzas de los alquimistas reaparecen las creencias arcaicas relativas al desarrollo de los minerales en el « vientre » de la tierra, la transmutación natural de los metales en oro, el valor místico del oro e igualmente el complejo ritual «herreros-cofradías iniciáticas-secretos de oficio ».

Los especialistas no están de acuerdo acerca de los orígenes de la alquimia china; se discuten todavía las fechas de los textos más antiguos en los que se habla de operaciones alquímicas. En China, como en otros sitios, la alquimia se define por una doble creencia:

a) en la transmutación de los metales en oro, y
b) en el valor « soteriológico » de las operaciones realizadas a fin de obtener ese resultado.

Las referencias precisas a estas dos creencias están atestiguadas en China a partir del siglo IV a.C. Se admite generalmente que fue Tzu Yen, un contemporáneo de Mencio, el « fundador » de la alquimia.
En el siglo II a.C, Liu An y otros autores reconocen claramente la relación entre la preparación del oro alquímico y el logro de la longevidad-inmortalidad.

Los recursos de la alquimia china, en tanto que disciplina autónoma, son:

a) los principios cosmológicos tradicionales;
b) los mitos relacionados con el elixir de la inmortalidad y los santos Inmortales;
c) las técnicas para la obtención de la longevidad, la felicidad y la espontaneidad espiritual.

Estos tres elementos —principios, mitos y técnicas— pertenecen al legado cultural de la protohistoria; sería erróneo suponer que las fechas de los primeros documentos que los mencionan señalan también su antigüedad. Es evidente la relación entre la «preparación del oro», la obtención de la « droga de la inmortalidad » y la « evocación » de los Inmortales. En efecto, Luán Tai se presenta ante el emperador Wu y le asegura que es capaz de realizar estos tres milagros, pero no logra «materializar» a los Inmortales.


El mago Li Chao-feiun recomienda al emperador Wu de la dinastía Han: « Sacrificad al horno (tsaó) y podréis hacer venir a los seres (sobrenaturales), el polvo de cinabrio podrá ser transformado en oro amarillo; cuando haya sido producido el oro amarillo podréis hacer con él utensilios para comer y beber, y entonces poseeréis una longevidad dilatada. Cuando vuestra longevidad sea prolongada, podréis ver a los bienaventurados (hsien)  de la isla P'ong-lai, que está en medio de los mares. Cuando los hayáis visto y hayáis realizado los sacrificios fong y chan, entonces ya no moriréis ».
La búsqueda del elixir, por consiguiente, estaba ligada a la de las islas lejanas y misteriosas en que vivían los Inmortales. Reunirse con los Inmortales significaba superar la condición humana y participar de una existencia atemporal y beatífica.

El deseo de obtener oro implicaba también una búsqueda de algo espiritual. El oro tenía carácter imperial: se encontraba en el «centro de la Tierra» y poseía relaciones misteriosas con el chúe (rejalgar o sulfuro), el mercurio amarillo y la vida futura (las « Fuentes Amarillas »). Con estas características aparece en un texto del año 122 a.C, el Huai-nan-tzu, en el que hallamos también atestiguada la creencia en una metamorfosis precipitada de los metales.105 El alquimista no hace en realidad otra cosa que acelerar el crecimiento de los metales.
 
Como su homólogo occidental, el alquimista chino contribuye a la obra de la naturaleza precipitando el ritmo del tiempo. El oro y el jade, por el hecho de participar del principio yang, preservan el cuerpo de la corrupción. Por el mismo motivo, los vasos hechos de oro alquímico prolongan la vida hasta el infinito. Según una traducción conservada en el Lie Hsien Ch 'tan chuan (« las biografías completas de los Inmortales »), el alquimista Wei Po-yang logró preparar las « pildoras de inmortalidad » ; después de ingerir, junto con uno de sus discipulos y su perro, algunas de aquellas pildoras, abandonaron la tierra en carne y hueso y marcharon a unirse a los demás Inmortales.


La homologación tradicional entre macrocosmos y microcosmos relacionaba los cinco elementos cosmológicos (agua, fuego, madera, aire, tierra) con los órganos del cuerpo humano: el corazón con la esencia del fuego, el hígado con la esencia de la madera, los pulmones con la esencia del aire, los ríñones con la esencia del agua, el estómago con la esencia de la tierra. Ese microcosmos que es el cuerpo humano se interpreta a su vez en términos alquimicos: « El fuego del corazón es rojo como el cinabrio y el agua de los ríñones es negra como el plomo », etc. En consecuencia, el hombre posee en su propio cuerpo todos los elementos que constituyen el cosmos y todas las fuerzas vitales que aseguran su renovación periódica.
Se trata únicamente de reforzar determinadas esencias. De ahí la importancia del cinabrio, debida menos a su color rojo (color de la sangre, el principio vital) que al hecho de que, puesto al fuego, produce el mercurio. Está, por consiguiente, emparentado con el misterio de la regeneración por la muerte (pues la combustión simboliza la muerte). De ahí resulta que el cinabrio puede asegurar la regeneración perpetua del cuerpo humano y, en resumidas cuentas, puede proporcionar la inmortalidad.

El gran alquimista Ko Hung (283-343) escribe que diez pildoras de una mezcla de cinabrio y miel tomadas durante un año hacen que los cabellos blancos se vuelvan negros y salgan de nuevo los dientes caídos; si el tratamiento se mantiene
más de un año, se obtiene la inmortaíidad.


Pero también se puede criar cinabrio dentro del cuerpo humano, especialmente por medio de la destilación del esperma en los « campos de cinabrio ». Otro nombre de estos campos de cinabrio, región secreta del cerebro provista de la « cámara semejante a una gruta », es k'uen-luen. Resulta, sin embargo, que el Kuenluen es una montaña fabulosa del mar del Oeste, morada de unos Inmortales. « Para penetrar ahí a través de la meditación mística, se entra en un estado "caótico" (huen), parecido al estado primordial, paradisíaco, "inconsciente" del mundo increado.»

Fijémonos en estos dos elementos:

a) la homologación de la montaña mística Kuen-luen y las regiones secretas del cerebro y el vientre;
b) la función asignada al estado « caótico », que, una vez logrado a través de la meditación, permite penetrar en los campos de cinabrio y hacer posible de este modo la preparación alquímica del embrión de la inmortalidad. La Montaña del mar del Oeste, morada de los Inmortales, es una imagen tradicional y muy antigua del « mundo en pequeño », de un universo en miniatura.

La montaña Kuen-luen tiene dos partes: un cono erguido elevado y un cono invertido." Dicho de otro modo: tiene la forma de una calabaza, igual que el hornillo del alquimista y la región secreta del cerebro. En cuanto al estado « caótico » obtenido a través de la meditación, indispensable para la operación alquímica, puede compararse con la materia prima, la massa confusa de la alquimia occidental." No ha de entenderse esta materia prima únicamente como una estructura primordial de la sustancia, sino también como una experiencia interior del alquimista. La reducción de la materia a su condición primordial de absoluta indiferenciación corresponde, en el plano de la experiencia interior, a la regresión al estado prenatal, embrionario. Pero, como ya hemos visto, el tema del rejuvenecimiento y la longevidad mediante el regressus ad uterum constituye uno de los primeros objetivos del taoísmo. El método más frecuentemente aplicado es la « respiración embrionaria » (tai-si), pero el alquimista obtiene también este retorno al estado embrionario por la fusión de los ingredientes en su hornillo.

A partir de determinada época, la alquimia externa (wai-tan) se consideró « exotérica », opuesta, por tanto, a la alquimia interior de tipo yoguico (nei-tan), declarada única « esotérica ». 
El nei-tan es esotérico por el hecho de que el elixir es preparado en el cuerpo mismo del alquimista mediante la aplicación de unos métodos de « fisiología sutil » y sin ayuda de sustancias vegetales o minerales. Los metales « puros » (o sus « almas ») son identificados con las distintas partes del cuerpo, y los procesos alquímicos, en lugar de realizarse en el laboratorio, se desarrollan en el cuerpo y en la conciencia del adepto. El cuerpo pasa a ser el crisol en el que el «puro» mercurio y el « puro » plomo, al igual que el semen viriíe y el aliento, circulan y se funden.

Al combinarse, las fuerzas yang y yin engendran el « embrión misterioso » (el « elixir de la vida », la « flor amarilla »), el ser inmortal, que terminará por evadirse del cuerpo a través del occipucio para subir al cielo. El nei-tan puede ser considerado como una técnica análoga a la « respiración embrionaria », con la diferencia de que los procesos son descritos en el lenguaje de la alquimia esotérica.
La respiración se homologa con el acto sexual y la operación alquímica, mientras que la mujer es asimilada al crisol.

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jueves, 16 de mayo de 2013

Las técnicas de la longevidad

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De Historia de las creencias y las ideas religiosas
(De Gautama Buda al triunfo del cristianismo. Vol II)
de Mircea Eliade


La terminología china distingue habitualmente entre el taoísmo filosófico (Tao-kia, literalmente « escuela taoísta ») y el taoísmo religioso o « religión taoísta » (Tao-kiao, literalmente « secta taoísta »). Algunos autores juzgan justificada y necesaria esta distinción; para ellos, el taoísmo de Lao tzu y de Tchuang tzu es una « filosofía pura » que contrasta radicalmente con la búsqueda de la inmortalidad física, objeto capital de la « religión taoísta ». Otro grupo de investigadores afirma la unidad fundamental de todas las formas históricas del taoísmo. En efecto, tanto los « metafísicos » y los « místicos » como los adeptos que buscan la inmortalidad física comparten la misma concepción paradójica del Tao y persiguen el mismo objetivo: reunir en su persona las dos epifanías de la realidad última (pangyyin, materia y espíritu, vida y muerte). Pero la distinción entre « taoísmo filosófico » y « religión taoísta » es útil y puede mantenerse.

El fin último del adepto era obtener la inmortalidad física. El ideograma para significar « Inmortal» (hsien), que representa un hombre y una montaña, sugiere un ermitaño, pero las formas más antiguas representaban un hombre danzando y batiendo sus mangas a la manera de un ave. El adepto que se disponía a obtener la inmortalidad era recubierto de plumas de ave; en sus espaldas le crecían alas. « Subir al cielo en pleno día » era la fórmula consagrada a la apoteosis final del Maestro. En una segunda categoría se incluían los adeptos, que vivían durante siglos en una especie de paraíso terrenal: las Islas maravillosas o la montaña santa K'uen-luen. Regresaban de tiempo en tiempo a este mundo para comunicar las fórmulas de la inmortalidad física a ciertos neófitos dignos de recibirlas. Finalmente, la tercera categoría estaba integrada por aquellos que no tenían acceso al paraíso terrenal sino después de morir. Pero su muerte era sólo aparente; dejaban en el ataúd un bastón, una espada o unas sandalias a las que habían dado el aspecto de su cuerpo. Es lo que se llamaba la « liberación del cadáver ». Se representaba a menudo a los inmortales con un cráneo desmesuradamente desarrollado, señal de que habían almacenado en su cerebro una gran cantidad de energía yang.

El adepto puede recurrir a numerosas técnicas para alcanzar la longevidad. Su principio básico consiste en « nutrir la fuerza vital » (gang-hsing). Dado que existe una correspondencia perfecta entre el macrocosmos y el cuerpo humano, las fuerzas vitales penetran y salen por los nueve orificios del cuerpo; es importante por ello vigilarlas cuidadosamente. Los taoístas distinguen tres secciones en el cuerpo, a las que dan el nombre de « campos de cinabrio ». El « campo » superior se totaliza en el cerebro, el segundo cerca del corazón y el tercero debajo del ombligo. Las prácticas dietéticas tienen un objetivo preciso: nutrir los órganos con alimentos y hierbas medicinales que contengan sus « energías » específicas. Recordemos que las regiones internas del cuerpo están habitadas no sólo por dioses y espíritus tutelares, sino también por seres maléficos: los « tres gusanos » que residen en los tres « campos de cinabrio » y que devoran la vitalidad del adepto. Para librarse de aquéllos, el adepto ha de renunciar a los alimentos ordinarios (cereales, carne, vino, etc.) y alimentarse de plantas medicinales y de sustancias minerales capaces de dar muerte a los tres demonios.

Al liberarse de los tres demonios interiores, el adepto empieza a nutrirse del rocío o de los « alientos » cósmicos; no inhala únicamente el aire atmosférico, sino también las emanaciones solar, lunar y estelar. Según ciertas recetas, atestiguadas en el siglo m d.C, debe absorberse la emanación solar al mediodía (cuando el yang está en su cénit) y la de la luna (que contiene el yin) a medianoche. Pero es preciso ante todo retener el aliento; en virtud de una visión interior y concentrando el pensamiento, se llega a visualizar el aliento y a conducirlo a través de los tres « campos de cinabrio ». Si se logra contener el aliento durante el tiempo correspondiente a mil respiraciones, se obtiene la inmortalidad.

Hay un procedimiento especial que recibe el nombre de « respiración embrionaria » (tai-si); se trata de un « aliento» interior, en circuito cerrado, semejante al del feto en el claustro materno. « Retomando a la base, volviendo al origen, se expulsa la vejez, se regresa al estado de feto.» La « respiración embrionaria » no es, como el pránayáma yóguico, un ejercicio preliminar a la meditación. Sin embargo, esta práctica hace posible una cierta experiencia extática. Según el Tai-p'ing king (siglo m d.C), es posible llegar, en virtud de una visión interior, a discernir los dioses que residen en los cinco órganos, que, por otra parte, son los mismos que habitan en el macrocosmos. Cuando medita, el adepto puede entrar en comunicación con ellos y hacerles visitar y fortalecer su propio cuerpo.


Otro método para obtener la longevidad incluye una técnica sexual que es a la vez un rito y un método de meditación. Las prácticas llamadas del « dormitorio » (fang shung) son muy antiguas; su fin era aumentar la vitalidad y asegurar la longevidad y la procreación de hijos varones. Pero la técnica taoísta, el « camino del yin * del Inmortal Yang-tcheng (siglo I d.C.) consiste en « hacer retroceder el semen para reparar el cerebro ». Se trata en realidad del mismo ideal de ataraxia específicamente taoísta: evitar la dispersión de la energía vital. El adepto debe realizar el acto sexual sin que se produzca emisión seminal. La retención hace posible que el semen circule en el interior del cuerpo mezclado con el « aliento » o, más exactamente, su ascensión desde el « campo inferior de cinabrio » hasta el « campo » situado en la cabeza, a fin de revitalizar el cerebro. Normalmente, de este rito se beneficia la pareja. Un texto del siglo V d.C. precisa que por «la meditación perfecta, hombres y mujeres podrán practicar el método de la vida eterna». En virtud de la meditación, la pareja debe « perder la conciencia de sus cuerpos y la conciencia del mundo exterior »; luego, una vez pronunciadas las plegarias, el hombre debe concentrarse sobre los ríñones y la mujer sobre el corazón. «Este es el método para no morir.»

El Inmortal Jong Tch'eng Kong conocía perfectamente el método de « reparar y conducir ». « Sacaba la esencia de la Hembra misteriosa. Su principio era que los espíritus vitales residentes en el valle nunca mueren, pues gracias a ellos se mantiene la vida y se nutre el aliento. Sus cabellos, que se habían vuelto blancos, ennegrecieron de nuevo, y sus dientes, que se le habían caído, le salieron otra vez. Sus prácticas eran idénticas a las de Lao tzu. Se dice también que él fue el maestro Lao-tzu.» Algunos adeptos aplican un método que Kaltenmark ha designado con el nombre de « vampirismo » y que fue condenado por heterodoxo. La práctica consistía en absorber la energía vital de las mujeres con las que se tenía trato carnal; « esta energía, procedente de las íuentes mismas de la vida, procuraba una considerable longevidad »

Uno de los principales objetivos de la técnica sexual taoísta consiste en lograr la mezcla del semen con el aliento en el « campo de cinabrio » inferior para formar allí, bajo el ombligo, el « embrión misterioso » del nuevo cuerpo inmortal. Nutrido exclusivamente del « aliento », este embrión se desarrolla como «cuerpo puro » que, tras la muerte aparente del adepto, se desprende del cadáver y va a unirse con los demás Inmortales. A fin de « reparar el cerebro », el adepto ha de absorber grandes cantidades de yin; por este motivo cambiaba a menudo de pareja. Esta práctica dio origen más tarde a la « unión de los alientos » colectiva, ceremonia frecuentemente criticada, especialmente por los budistas. Pero aquella « orgía » era rigurosamente ritual; de hecho, se remonta a las ceremonias agrícolas de la protohistoria

En las prácticas sexuales taoístas se advierte una cierta influencia india, concretamente del tantrismo de la « mano izquierda », que había elaborado un método yóguico para obtener la posibilidad de retener a la vez la respiración y la emisión seminal." AI igual que en el tantrismo, la terminología sexual taoísta se refiere por igual a operaciones mentales y a experiencias místicas.

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