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viernes, 25 de abril de 2014

El increíble Li Ching Yuen

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Li Ching Yuen (Sichuan, China, 3 de mayo de 1677 - 6 de mayo de 1933) fue un herborista chino que supuestamente vivió sobre 255 años, lo que lo convertiría en el ser humano más viejo que haya existido.

Li Chin Yuen nació, probablemente, en 1677, según los papeles de identidad que tenía un amigo suyo y que fue notificado al New York Times el 6 de mayo de 1933, día en que falleció. En ellos aparecía una felicitación a Li por su 150 y 200 cumpleaños. En 1928, un corresponsal del New York Times escribió que muchos de los ancianos en el barrio de Li afirman que sus abuelos le conocieron cuando eran niños, y que en ese momento era un hombre adulto. Desde niño aprendió artes marciales, y viajó a diferentes regiones de su país a recolectar hierbas medicinales y piedras de colorines. Después, toda su vida comenzó su ascética práctica de «alquimia interna» (práctica consistente en ingerir los ingredientes y después hacer ejercicio para que se mezclen bien) en solitario, mientras residía en el templo taoísta de Yu Qing del monte Lao Shan. Devoto asiduo del taoísmo, Li prácticamente abandonó el dormir para practicar Bu Dao Dan toda la noche durante décadas. A pesar de ser nonagenario, se rejuveneció delicadamente manteniendo una complexión fuerte, con agilidad de movimientos, una voz sonora, una mente aguda, y en general robusto y cordial.

Se dedicó a la recolección de hierbas en las sierras, a la edad de diez años, también comenzó a aprender de los métodos de la longevidad, que sobreviven con una dieta de hierbas y vino de arroz. Vivió así durante los primeros 100 años de su vida. En 1749, cuando tenía 71 años de edad, se trasladó a Kai Xian para unirse al ejército chino como un maestro del arte marcial y como un asesor táctico.

Era un experto boticario, sirvió como consejero táctico militar e instructor de artes marciales, se retiró y pasó mucho tiempo en las montañas del Tíbet, donde siguió recolectando hierbas medicinales que según decía le ayudaban a mantenerse joven y saludable. Además se sabe que tenía las uñas de su mano derecha muy largas, de 15 centímetros.

En 1927, fue invitado a un palacio de su región natal por el general Yang Sen, amigo suyo, quien estaba muy interesado por la fuerza y juventud que tenía Li a pesar de su avanzada edad (250 años). En la residencia de este general le tomaron una foto, la única existente de Li.

En 1930 el profesor Wu Chung-Chieh, decano del departamento de educación en la Universidad de Chengdu, encontró en los registros Imperiales del Gobierno de China dos felicitaciones del emperador a Li Ching Yuen en 1827 por su 150 cumpleaños y una posterior a los 200 años. Por lo que si este dato es riguroso seria una prueba irrefutable de la edad del hombre más longevo que jamás haya existido. Cabe destacar que al finalizar su vida, Li se encontraba en un grave problema de salud

Secreto de la longevidad


Uno de sus discípulos, el Taiji Quan Maestro Da Liu dijo del maestro:"a los 130 años de edad el Maestro Li encontró un viejo ermitaño en las montañas que le enseñó Baguazhang y un conjunto de Qigong con las instrucciones de la respiración, la formación movimientos coordinados con los sonidos específicos, y las recomendaciones dietéticas.

Da Liu también expresó que la longevidad de su maestro se debió a que realizaba los ejercicios todos los días con regularidad, correctamente y con sinceridad.

En un artículo publicado en una página del diario The New York Times, se informaba sobre su vida y se citaba la respuesta que tenía Li al secreto de su larga vida:

  
"Mantén un corazón tranquilo,

    siéntate como una tortuga,
    camina rápido como una paloma,
    y duerme como un perro".

Su dieta se basaba principalmente en el arroz y en el vino de este cereal. También consumía ginseng y una planta poco conocida, la Centella asiática (Hydrocotyl asiática). Muchos científicos de la época se burlaron de esto y no le dedicaron atención al tema, pero unos pocos visionarios fueron un poco más allá. Jules Lepine, bioquímico francés, encontró un poderoso alcaloide de efectos rejuvenecedores en las semillas de dicha planta.

Los herboristas saben de un factor de longevidad que posee la planta ‘Vitamina X de la juventud’ para el cerebro y las glándulas endocrinas’ y también extractos de la planta se usan para tratar problemas de circulación y de piel.

Se consume en ensalada. El jugo de las hojas sirve para la hipertensión arterial; también como tónico. Un emplasto o cataplasma de hojas se usa para tratar llagas y úlceras.


Fuente: Wikipedia
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jueves, 16 de mayo de 2013

Las técnicas de la longevidad

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De Historia de las creencias y las ideas religiosas
(De Gautama Buda al triunfo del cristianismo. Vol II)
de Mircea Eliade


La terminología china distingue habitualmente entre el taoísmo filosófico (Tao-kia, literalmente « escuela taoísta ») y el taoísmo religioso o « religión taoísta » (Tao-kiao, literalmente « secta taoísta »). Algunos autores juzgan justificada y necesaria esta distinción; para ellos, el taoísmo de Lao tzu y de Tchuang tzu es una « filosofía pura » que contrasta radicalmente con la búsqueda de la inmortalidad física, objeto capital de la « religión taoísta ». Otro grupo de investigadores afirma la unidad fundamental de todas las formas históricas del taoísmo. En efecto, tanto los « metafísicos » y los « místicos » como los adeptos que buscan la inmortalidad física comparten la misma concepción paradójica del Tao y persiguen el mismo objetivo: reunir en su persona las dos epifanías de la realidad última (pangyyin, materia y espíritu, vida y muerte). Pero la distinción entre « taoísmo filosófico » y « religión taoísta » es útil y puede mantenerse.

El fin último del adepto era obtener la inmortalidad física. El ideograma para significar « Inmortal» (hsien), que representa un hombre y una montaña, sugiere un ermitaño, pero las formas más antiguas representaban un hombre danzando y batiendo sus mangas a la manera de un ave. El adepto que se disponía a obtener la inmortalidad era recubierto de plumas de ave; en sus espaldas le crecían alas. « Subir al cielo en pleno día » era la fórmula consagrada a la apoteosis final del Maestro. En una segunda categoría se incluían los adeptos, que vivían durante siglos en una especie de paraíso terrenal: las Islas maravillosas o la montaña santa K'uen-luen. Regresaban de tiempo en tiempo a este mundo para comunicar las fórmulas de la inmortalidad física a ciertos neófitos dignos de recibirlas. Finalmente, la tercera categoría estaba integrada por aquellos que no tenían acceso al paraíso terrenal sino después de morir. Pero su muerte era sólo aparente; dejaban en el ataúd un bastón, una espada o unas sandalias a las que habían dado el aspecto de su cuerpo. Es lo que se llamaba la « liberación del cadáver ». Se representaba a menudo a los inmortales con un cráneo desmesuradamente desarrollado, señal de que habían almacenado en su cerebro una gran cantidad de energía yang.

El adepto puede recurrir a numerosas técnicas para alcanzar la longevidad. Su principio básico consiste en « nutrir la fuerza vital » (gang-hsing). Dado que existe una correspondencia perfecta entre el macrocosmos y el cuerpo humano, las fuerzas vitales penetran y salen por los nueve orificios del cuerpo; es importante por ello vigilarlas cuidadosamente. Los taoístas distinguen tres secciones en el cuerpo, a las que dan el nombre de « campos de cinabrio ». El « campo » superior se totaliza en el cerebro, el segundo cerca del corazón y el tercero debajo del ombligo. Las prácticas dietéticas tienen un objetivo preciso: nutrir los órganos con alimentos y hierbas medicinales que contengan sus « energías » específicas. Recordemos que las regiones internas del cuerpo están habitadas no sólo por dioses y espíritus tutelares, sino también por seres maléficos: los « tres gusanos » que residen en los tres « campos de cinabrio » y que devoran la vitalidad del adepto. Para librarse de aquéllos, el adepto ha de renunciar a los alimentos ordinarios (cereales, carne, vino, etc.) y alimentarse de plantas medicinales y de sustancias minerales capaces de dar muerte a los tres demonios.

Al liberarse de los tres demonios interiores, el adepto empieza a nutrirse del rocío o de los « alientos » cósmicos; no inhala únicamente el aire atmosférico, sino también las emanaciones solar, lunar y estelar. Según ciertas recetas, atestiguadas en el siglo m d.C, debe absorberse la emanación solar al mediodía (cuando el yang está en su cénit) y la de la luna (que contiene el yin) a medianoche. Pero es preciso ante todo retener el aliento; en virtud de una visión interior y concentrando el pensamiento, se llega a visualizar el aliento y a conducirlo a través de los tres « campos de cinabrio ». Si se logra contener el aliento durante el tiempo correspondiente a mil respiraciones, se obtiene la inmortalidad.

Hay un procedimiento especial que recibe el nombre de « respiración embrionaria » (tai-si); se trata de un « aliento» interior, en circuito cerrado, semejante al del feto en el claustro materno. « Retomando a la base, volviendo al origen, se expulsa la vejez, se regresa al estado de feto.» La « respiración embrionaria » no es, como el pránayáma yóguico, un ejercicio preliminar a la meditación. Sin embargo, esta práctica hace posible una cierta experiencia extática. Según el Tai-p'ing king (siglo m d.C), es posible llegar, en virtud de una visión interior, a discernir los dioses que residen en los cinco órganos, que, por otra parte, son los mismos que habitan en el macrocosmos. Cuando medita, el adepto puede entrar en comunicación con ellos y hacerles visitar y fortalecer su propio cuerpo.


Otro método para obtener la longevidad incluye una técnica sexual que es a la vez un rito y un método de meditación. Las prácticas llamadas del « dormitorio » (fang shung) son muy antiguas; su fin era aumentar la vitalidad y asegurar la longevidad y la procreación de hijos varones. Pero la técnica taoísta, el « camino del yin * del Inmortal Yang-tcheng (siglo I d.C.) consiste en « hacer retroceder el semen para reparar el cerebro ». Se trata en realidad del mismo ideal de ataraxia específicamente taoísta: evitar la dispersión de la energía vital. El adepto debe realizar el acto sexual sin que se produzca emisión seminal. La retención hace posible que el semen circule en el interior del cuerpo mezclado con el « aliento » o, más exactamente, su ascensión desde el « campo inferior de cinabrio » hasta el « campo » situado en la cabeza, a fin de revitalizar el cerebro. Normalmente, de este rito se beneficia la pareja. Un texto del siglo V d.C. precisa que por «la meditación perfecta, hombres y mujeres podrán practicar el método de la vida eterna». En virtud de la meditación, la pareja debe « perder la conciencia de sus cuerpos y la conciencia del mundo exterior »; luego, una vez pronunciadas las plegarias, el hombre debe concentrarse sobre los ríñones y la mujer sobre el corazón. «Este es el método para no morir.»

El Inmortal Jong Tch'eng Kong conocía perfectamente el método de « reparar y conducir ». « Sacaba la esencia de la Hembra misteriosa. Su principio era que los espíritus vitales residentes en el valle nunca mueren, pues gracias a ellos se mantiene la vida y se nutre el aliento. Sus cabellos, que se habían vuelto blancos, ennegrecieron de nuevo, y sus dientes, que se le habían caído, le salieron otra vez. Sus prácticas eran idénticas a las de Lao tzu. Se dice también que él fue el maestro Lao-tzu.» Algunos adeptos aplican un método que Kaltenmark ha designado con el nombre de « vampirismo » y que fue condenado por heterodoxo. La práctica consistía en absorber la energía vital de las mujeres con las que se tenía trato carnal; « esta energía, procedente de las íuentes mismas de la vida, procuraba una considerable longevidad »

Uno de los principales objetivos de la técnica sexual taoísta consiste en lograr la mezcla del semen con el aliento en el « campo de cinabrio » inferior para formar allí, bajo el ombligo, el « embrión misterioso » del nuevo cuerpo inmortal. Nutrido exclusivamente del « aliento », este embrión se desarrolla como «cuerpo puro » que, tras la muerte aparente del adepto, se desprende del cadáver y va a unirse con los demás Inmortales. A fin de « reparar el cerebro », el adepto ha de absorber grandes cantidades de yin; por este motivo cambiaba a menudo de pareja. Esta práctica dio origen más tarde a la « unión de los alientos » colectiva, ceremonia frecuentemente criticada, especialmente por los budistas. Pero aquella « orgía » era rigurosamente ritual; de hecho, se remonta a las ceremonias agrícolas de la protohistoria

En las prácticas sexuales taoístas se advierte una cierta influencia india, concretamente del tantrismo de la « mano izquierda », que había elaborado un método yóguico para obtener la posibilidad de retener a la vez la respiración y la emisión seminal." AI igual que en el tantrismo, la terminología sexual taoísta se refiere por igual a operaciones mentales y a experiencias místicas.

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