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viernes, 12 de julio de 2013

Una respuesta de Humanyun Adil

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Humanyun Adil oyó decir a alguien:

- Si esta disertación del maestro (tal o cual) tuviese más sustancia, más densidad, ¡cuánto más útil sería!

Inmediatamente, Humanyun Adil exclamó:

- Eso me recuerda a aquel hombre que encontró un manuscrito de cuatro páginas y lamentó que tuviera espacios blancos, pensando que así se desperdiciaba papel. De pronto, mágicamente, el negro se extendió de las letras y las cuatro páginas quedaron completamente negras.
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viernes, 28 de junio de 2013

Indigencia

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Un mono dijo a un hombre:

- ¿No adviertes cuan indigente estoy? No tengo casa ni ropa, ni comida excelente como tú, ni ahorros, ni muebles, ni tierras, ni objetos de adorno; nada en absoluto. Tú, en cambio, posees todas esas cosas y muchas más. Además, eres rico.

El hombre, avergonzado, entregó al mono todo cuanto tenía, convirtiéndose en mendigo. 

Una vez que el mono hubo tomado posesión legal de todos los bienes, el hombre le preguntó:

- ¿Y ahora, qué piensas hacer con todo eso?

 El mono contestó:

- ¿Por qué habría de hablar yo con un tonto indigente como tú?
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viernes, 14 de junio de 2013

La enfermedad

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Un ruiseñor decía cierta vez a un pavo real:

- Cuando yo trino, la gente me rodea para escuchar la belleza y pureza de mi canto; el hombre tal vez sea asesino, pero también es esteta.

El pavo real, después de escuchar con atención, decidió atraer a una muchedumbre para que admirara su hermoso plumaje, incomparablemente más exquisito, que ningún ruiseñor podría exhibir.

Con ese propósito acudió a un lugar donde se congregaban seres humanos y se pavoneó frente a ellos, plegando y desplegando su cola, escondiendo y extendiendo sus plumas ante la mirada de todos.
Uno de los espectadores dijo:

- Ese infortunado pavo real tiene algo que no anda bien; no puede quedarse quieto. Debe ser alguna enfermedad.

En vista de lo cual tomaron al pavo real y lo mataron, no fuese que la enfermedad se propagase a sus aves domésticas.

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lunes, 6 de mayo de 2013

El hijo de un mendigo

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Cuando el maestro Salim, de Isfahán, visitó en la India la ciudad de Haidarabad, muchos compitieron entre si por el privilegio de que los aceptara como discípulos.
Algunos eran ricos, otros poseían un perfecto conocimiento de las tradiciones, pero todos deseaban ocupar un sitio a los pies de Salim.
Pero cuando la visita hubo terminado, Salim no dejó a nadie tras de si para que guiase a la gente y sólo se llevó consigo al hijo de un mendigo.
Unos diez años después, su delegado Muzaffar llegó a Haidarabad y retomó allí la enseñanza. Cuando los adeptos comprendieron su gran valor, les reveló que él era el hijo del mendigo, aquel a quien Salim había elegido.
Este hecho fue muy comentado, como algo asombroso, y se lo consideró una lección.
Pero de todo ello no se supo ver más que un aspecto.

Un día en que llevaba a cabo una reunión abierta, alguien dijo a Muzaffar:

- ¡Que poético y justo es que el más humilde se convierta en el jefe de todos! ¿Acaso no fue doloroso vivir en el ambiente del maestro como hijo de un mendigo y sobrellevar las pruebas a que se somete a quien aspire a transformarse en un jeque Sufí?

Muzaffar observó:

- Para mí fue algo penoso. Pero para uno de mis compañeros, a quien conocí allí, fue realmente doloroso, pues estaba experimentando un gran cambio.
 
Preguntáronle entonces:

- ¿Cuáles eran sus orígenes? ¡Debe haber sido una especie de hereje!

Muzaffar contestó:

- Él era hijo de un rey.

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viernes, 5 de abril de 2013

Disfraz

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah

Cierta vez una abeja descubrió que las avispas no sabían fabricar miel y se propuso
explicarles cómo hacerla, pero una abeja sabia le advirtió:

- Las abejas no gustan a las avispas, y si las abordas directamente no te escucharán pues están convencidas, desde hace ya mucho tiempo, que las abejas están en contra de ellas.

La abeja meditó sobre este problema largo tiempo, hasta que, finalmente, se le ocurrió que si se cubría de polen amarillo adquiriría aspecto de avispa, en tal grado que las avispas la tomarían como a una de ellas.

Entonces se presentó ante ellas como una avispa que había hecho un gran descubrimiento y empezó a enseñar a las avispas cómo se hace la miel. Las avispas se mostraron encantadas y, sometiéndose a su dirección, trabajaron fuertemente y muy bien.

Con el calor de la actividad, el disfraz de la abeja había desaparecido y, en una pausa de descanso, las avispas pudieron descubrir su verdadera identidad. Entonces, todas a un tiempo, se lanzaron sobre ella y la mataron a aguijonazos por intrusa y antigua enemiga; y, por supuesto, toda la miel producida quedó abandonada... ¿No era acaso la obra de una extranjera?
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viernes, 29 de marzo de 2013

Tres épocas

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah


1. Conversación del siglo V:

- Se dice que la seda es tejida por insectos y que no crece en los árboles

- ¡Supongo entonces que los diamantes se empollan en huevos! No prestes oídos a una mentira tan evidente!

- Pero es indudable que habrá muchas maravillas en tierras lejanas.

- Precisamente, esa ansia de lo anormal por parte de los crédulos es lo que produce esas fantasías disparatadas.

- Si. Presumo que, si se piensa en ello, resulta evidente... que todas esas cosas están muy bien para Oriente. Pero jamás podrían echar raíces en nuestra sociedad lógica y civilizada.
 

2. En el siglo VI:

- Ha llegado de Oriente un hombre que trae pequeñas larvas vivas.

- Algún charlatán, sin duda. Supongo que dirá que esas larvas curan el dolor de muelas.

- No; algo más divertido. Dice que pueden «tejer seda», que las ha llevado, con enormes sufrimientos, de una corte a la otra y que las ha obtenido con riesgo de su propia vida. Ese individuo pretende simplemente explotar una superstición, que ya era vieja en el tiempo de mi bisabuelo.

- ¿Qué debemos hacer con él, mi señor?

- Arroja al fuego sus larvas infernales y castígalo sin piedad, hasta que se retracte. Esos individuos son sorprendentemente audaces. Es necesario demostrarles que aquí no todos somos paisanos ignorantes, prontos a escuchar a cualquier vagabundo que venga de Oriente.
 

 3. En el siglo XXI:
 
- ¿Dices que en Oriente hay algo que nosotros aún no hemos descubierto aquí, en Occidente? Todos vienen diciéndolo desde hace miles de años. Pero en este siglo estamos dispuestos a probar cualquier cosa. Nuestras mentes no están cerradas. Hazme ahora una demostración. Dispones de 15 minutos hasta que atienda al que te sigue. Si prefieres explicarlo por escrito, aquí tienes media hoja de papel.
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jueves, 14 de febrero de 2013

Donde se inicia...

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah


Cierto maestro Sufí y uno de sus discípulos recorrían a pie un camino de campo. El discípulo le dijo:

- Sé que el mejor día de mi vida fue aquel en que decidí buscarte y descubrí que a tu lado me encontraría a mí mismo.
El Sufí dijo:


- La decisión, para apoyo o para oposición, es algo que no conoces hasta que conoces. No la conoces por el hecho de pensar que la conoces.


El discípulo comentó:


- El sentido de tus palabras me resulta oscuro, tu afirmación es confusa para mí y tu intención se me escapa.


El maestro dijo:


- Dentro de unos instantes podrás ver algo acerca de la decisión y de quién la toma.


Poco después el Sufí y su discípulo arribaron a una pradera donde un campesino se entretenía con un perro arrojando un palo para que lo buscara.


El Sufí dijo:


- Voy a contar hasta cinco, entonces ese hombre le lanzará tres palos al perro.


Y así fue. Cuando el Sufí hubo contado cinco, el campesino alzó del suelo tres palos y los arrojó al perro, a pesar de que hombre y perro se hallaban a una distancia en que no podían oír al Sufí y a su discípulo y el campesino no los había visto.


Entonces el Sufí dijo:


- Contaré hasta tres y el hombre se sentará.


Apenas el Sufí había contado hasta tres el campesino se sentó en el suelo.


El discípulo, que no cabía en sí de su asombro, preguntó:


- ¿Podrías inducirlo a que alce los brazos?


Apenas el Sufí asintió con un movimiento de cabeza el campesino alzó sus dos manos hacia el cielo.


El discípulo se mostró maravillado. El Sufí dijo:


- Acerquémonos para hablar con él.


Después de saludar al trabajador, el Sufí le dijo:


- ¿Por qué le arrojaste al perro tres palos, en lugar de uno, con el fin de que te los trajera?


Ésta fue la respuesta del hombre:


-Decidí probar si él podía seguir el trayecto de tres palos en lugar del de uno.


- ¿Ésa fue una decisión tuya?


- Nadie me mandó hacerlo.


- ¿Y por qué -prosiguió el Sufí- te sentaste tan repentinamente?


- Porque se me ocurrió descansar.


-¿Alguien te lo sugirió?


- No había nadie aquí que pudiese sugerírmelo.


- Y cuando llevaste las manos hacia el cielo, ¿por qué lo hiciste?


- Porque decidí que seguir sentado en el suelo era una holgazanería, y me pareció que levantando las manos hacia el cielo indicaría que debía trabajar en lugar de descansar y que la inspiración de sobreponerme a la pereza me llegaba desde las alturas.


-¿También ésa fue una decisión exclusivamente tuya?


- Así es. No había nadie que pudiese tomar la decisión por mí; además esa acción fue la consecuencia de mi acción anterior.


El Sufí se volvió ahora hacia el discípulo y le dijo:


- Antes de esta experiencia tú me decías que te sentías dichoso de haber tomado ciertas decisiones, como la de buscarme.


El discípulo se mantuvo en silencio. El campesino, en cambio, prorrumpió:


-Yo conozco a los derviches. Lo que buscas es impresionar con tus facultades a este desventurado muchacho, pero eso es sin duda una superchería.

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sábado, 2 de febrero de 2013

El Monasterio Mágico

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De El Monasterio Mágico de Idries Shah


Un cierto derviche humilde y silencioso solía concurrir todas las semanas a las comidas que ofrecía un hombre culto y generoso. A tales reuniones se las conocía como Asambleas de los Cultos.
El derviche jamás intervenía en la conversación. Después de entrar estrechaba las manos a cada uno de los presentes, se sentaba en un rincón y comía lo que se servía. Terminada la reunión se ponía de pie, decía unas pocas palabras de despedida y agradecimiento y tomaba su camino. Nadie sabía nada de él. No obstante, cuando apareció por primera vez circularon rumores de que se trataba de un santo, y durante un largo tiempo los demás comensales pensaron que debía ser sin duda, un hombre santo y poseedor de conocimientos, y aguardaban con placer el momento en que el derviche les impartiese algo de su sabiduría. Incluso algunos se jactaban de que el extraño participara en esas reuniones de amigos, dando a entender que esa compañía les confería a ellos una especial distinción.

Sin embargo, como no se observaba relación alguna con aquel hombre, poco a poco los invitados empezaron a sospechar que en realidad se tratase de un imitador o de un farsante.
Algunos llegaron a sentirse incómodos por su presencia. Evidentemente él no hacia nada por armonizar con el ambiente y no aportaba siquiera un proverbio a las esclarecidas conversaciones que para ellos habían llegado a significar una parte entrañable de sus mismas vidas. Incluso algunos concurrentes no llegaban a percatarse de que el derviche estuviese presente, pues pasaba totalmente inadvertido.
Cierto día el derviche habló. Dijo:

- Yo os invito a todos a mi monasterio mañana por la noche. Cenaréis conmigo.

La inesperada invitación suscitó en todos un revuelo de opiniones. Algunos pensaron que el derviche, que vestía muy pobremente, debía ser un loco y que con toda certeza no podría ofrecerles nada. Otros supusieron que la conducta anterior había sido una prueba. Algunos se dijeron que, por fin, el derviche les compensaría la paciencia con que habían soportado tan pesada compañía. Hubo quienes se alertaron entre sí:

- ¡Cuidado! Podría ocurrir que busque tentarnos para someternos a su poder.

Pero la curiosidad indujo a todos, incluso al anfitrión, a aceptar la invitación, y a la noche siguiente el derviche los condujo desde la casa hasta un monasterio escondido, de tal magnitud y magnificencia que quedaron atónitos.
El edificio estaba poblado de discípulos que practicaban toda clase de ejercicios y tareas.
Los invitados transitaron por salas de contemplación donde gran número de sabios de distinguido aspecto se levantaron respetuosamente para saludar la proximidad del derviche con inclinaciones de cabeza.
El banquete con que fueron agasajados fue indescriptible y sobrepasó toda expectativa.
Los visitantes se sintieron anonadados. Todos le suplicaron que a partir de ese mismo instante los aceptase como discípulos.
Pero a todas esas instancias el derviche respondía tan sólo:

- Esperad hasta la mañana.

Llegó la mañana y los invitados, en lugar de despertar en las suntuosas camas de seda que se les habían brindado la noche anterior, se encontraron yaciendo tiesos y desnudos, dispersos en el suelo, en el interior de un pétreo recinto de una enorme y fea ruina, sobre una yerma ladera de montaña. Ni señales del derviche, de los bellos arabescos, de las bibliotecas, fuentes y alfombras.

- Ese canalla infame nos ha traicionado con artes de brujería - vociferaban los invitados, quienes alternativamente se lamentaban y felicitaban entre sí por sus sufrimientos y porque; finalmente, habían desenmascarado al villano, cuyos poderes sin duda se habrían extinguido antes de que pudieran cumplirse vaya a saber qué pérfidos propósitos. Muchos atribuyeron la salvación a su propia pureza espiritual.

Pero lo que ellos ignoraban era que, por los mismos medios de que se había valido para introducirlos en aquella mágica experiencia del monasterio, el derviche les había inducido a creerse abandonados en medio de ruinas. La verdad era que no estaban ni habían estado ni en un sitio ni en el otro.
En ese instante, como surgiendo de la nada, el derviche se presentó a sus invitados y les dijo:

- Regresaremos al monasterio.

Hizo un movimiento con sus manos y todos se encontraron otra vez en los salones palaciegos. Entonces se sintieron arrepentidos de sus reclamos, pues inmediatamente se convencieron de que las ruinas no habían sido más que la prueba y el monasterio la verdadera realidad. Algunos musitaron:

- Es una gran suerte que no haya oído nuestras censuras. Con sólo que nos enseñe este extraño arte, habrá valido la pena.

Pero el derviche movió nuevamente sus manos y todos se encontraron otra vez en la mesa de la comida en común, de la cual, en realidad, nunca se habían apartado.
El derviche continuaba sentado en su rincón habitual, comiendo su acostumbrado arroz con especias, sin decir palabra. Entonces, mientras lo contemplaban inquietos, todos oyeron su voz hablar dentro de sus propios pechos, aun cuando los labios del derviche estaban inmóviles. Dijo:

- Mientras vuestra codicia os impida distinguir entre el autoengaño y la realidad, nada real os podrá enseñar un derviche: sólo ilusiones. Aquellos cuyo alimento es autoengaño y fantasía sólo con engaño y fantasía pueden ser alimentados.

Todos los presentes en aquella ocasión siguieron frecuentando la mesa del hombre generoso, pero el derviche nunca volvió a hablarles.
Al cabo de un tiempo, los componentes de la Asamblea de los Cultos descubrieron que su rincón estaba siempre vacío.
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