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viernes, 7 de marzo de 2014

El contenido de un sueño...

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De Ciencia moderna y Sabiduría tradicional
de Titus Burckhardt
(Capítulo IV: Psicología moderna y Sabiduría tradicional)


El contenido de un sueño puede ser enfocado desde distintos puntos de vista: si se examina la materia de que está hecho, se observará que está constituido por toda clase de recuerdos; y atendiendo a ello es más o menos exacta la explicación corriente que concibe el sueño como expresión de residuos subconscientes de experiencias anteriores; también puede ocurrir, sin embargo, que un sueño contenga «materias» que en absoluto provengan de la experiencia personal del soñador y que son como las huellas de una transfusión psíquica de un individuo a otro; tal fenómeno, aunque no es frecuente, es un retazo psíquico que no consiste en una predisposición anímica determinada, sino en la aceptación de un fragmento psíquico hecho de recuerdos*. También existe la economía del sueño, y a este respecto estamos de acuerdo con la la tesis moderna según la cual el sueño manifiesta aquellos contenidos del inconsciente que vendrán a equilibrar las condiciones presentes de la vida psíquica consciente. No obstante, a la psicología moderna se le escapa la hermenéutica del sueño, a pesar de todo lo que sus representantes hayan escrito al respecto; las imágenes que se reflejan en el alma no puede ser válidamente interpretadas si no se sabe a qué nivel de realidad se refieren.

Las imágenes que se retienen de un sueño después del despertar, no representan generalmente más que las sombras de lo que fueron las formas psíquicos vividas en el mismo sueño; con el paso al estado de vigilia, se cumple algo así como una filtración, de la que es fácil darse cuenta, ya que parte de la realidad inherente al sueño se evapora con mayor o menor rapidez. Existe, sin embargo, una categoría de sueños cuyo recuerdo permanece claro y neto incluso si su sentido profundo parece ocultársenos. Estos sueños, que suelen presentarse al alba, justo antes de despertar, se acompañan de una irrefutable impresión de realidad objetiva; dicho de otro modo, implican una certeza más que mental; pero lo que les caracteriza, aparte de su influjo moral en el soñador, es la alta calidad de su lenguaje formal exento de cualquier componente turbio o caótico. Son los sueños que proceden del Ángel, es decir, de la Esencia que une el alma con los estados supraformales del ser.

Si existen sueños de inspiración divina, también debe existir su contrario, a saber, los sueños de impulso satánico que implican verdaderas caricaturas de las formas sagradas. La sensación que los acompaña no estará hecha de luminosidad fresca y serena, sino de obsesión y vértigo: es la atracción que ejercen los abismos. Los influjos infernales cabalgan a veces sobre la ola de una pasión natural que les abre la puerta, pero se distinguen de los movimientos de naturaleza elemental de la pasión por su tendencia orgullosa y negadora, acompañada bien de amargura, bien de depresión. «Celui qui veut faire l'ange fera la béte» (Quien quiera hacer el ángel hará la bestia), decía Pascal. En realidad, nada provoca tanto tan diabólicas caricaturas, en el sueño o en estado de vigilia, como la actitud inconscientemente pretenciosa que mezcla a Dios con el «yo» personal, motivo clásico de tantas psicosis estudiadas y explotadas por el psicologismo postfreudiano **.

A partir del análisis del sueño, fue como C. G. Jung desarrolló su conocida teoría sobre el «inconsciente colectivo». La comprobación de que una determinada categoría de imágenes oníricas no se explica simplemente con los residuos psíquicos de las experiencias individuales, sino que parece tener un carácter más universal y, por así decirlo, impersonal; induce a Jung a distinguir en el ámbito «inconsciente», del que se nutren los sueños, entre una zona «personal», que corresponde a la experiencia individual, y una zona «colectiva». Según la hipótesis de Jung, esta segunda zona consistiría en disposiciones psíquicas latentes de carácter no-personal que escaparían al campo inmediato de la conciencia para manifestarse sólo indirectamente a través de sueños «simbólicos» e impulsos «irracionales».

A simple vista, esta teoría no tiene nada de extravagante, prescindiendo del uso del término «irracional» en conexión con el simbolismo; se comprende fácilmente que la conciencia, centrada en el papel que el hombre asigna a su propio yo en el mundo, relegue a la sombra o a la oscuridad total ciertos campos psíquicos que no están directamente conectados con ese papel, así como una luz proyectada en una dirección determinada se difumina en la noche que la circunda. Pero Jung entiende el «inconsciente colectivo» de otra manera: para él, los contenidos de la zona no-personal del alma son inconscientes como tales, es decir, que no podrán nunca llegar a ser objeto directo de la inteligencia, sea cual fuese su modalidad o extensión: «... Así como el cuerpo humano tiene, al margen de todas las diferencias raciales, una anatomía común, también la psyché posee, al margen de todas las diferencias culturales y de conciencia, un substratum común que he definido como inconsciente colectivo. Esta psyché inconsciente, común a toda la humanidad, no consiste en contenidos susceptibles de llegar a ser conscientes, sino en disposiciones latentes hacia ciertas reacciones siempre idénticas»***.

El autor insinúa que se trata de estructuras ancestrales que tienen sus raíces en el orden físico: «El hecho de que este inconsciente colectivo existe es simplemente la expresión psíquica de la identidad de las estructuras cerebrales más allá de todas las diferencias raciales.
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* Tales transfusiones de «fragmentos - psíquicos han dado lugar a la falsa hipótesis de una “reencarnación” del alma. La reencarnación de las almas, enseñada por el Hinduísmo y el Budismo, se entiende en sentido simbólico y significa que el alma se «reviste» de aquello que, en otro plano existencial corresponde a la materia física; es probable que la masa de creyentes tome esta teoría al pie de la letra. También existe la comunicación de ciertos influjos psíquico-espirituales que tenía su importancia en la sucesión tibetana de los llamados -Budas vivientes». Cfr. René Guénon, L'erreur spirite, París, 1923.

** Generalmente la psicología moderna saca sus observaciones de los casos patológicos, de modo que sólo ve el alma desde una perspectiva clínica.

*** Introducción al libro Das Geheimnis der goldenen Blüte [El secreto de la flor de oro], traducido del chino por Richard Wilhelm, Munich, 1929, p. 16.

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sábado, 21 de septiembre de 2013

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" Lo que niegas te afetca, lo que aceptas te transforma" 

 - Carl Gustav Jung
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jueves, 6 de junio de 2013

Arquetipos

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 De Yoga - Nidra: El sueño consciente de Carmen Rodríguez Hochstrasser

Las palabras y los conceptos son el lenguaje del cerebro, pero el subconsciente tiene un lenguaje propio, basado en símbolos, colores y sonidos.
Estos son los símbolos individuales y arquetipos que emergen de los planos más profundos de la psique a la conciencia durante Yoga Nidra. Una única imagen, aunque dure sólo unos pocos segundos, puede transmitir una experiencia que no se podría expresar igual de bien en mil palabras. Esto explica la capacidad ilimitada de nuestra memoria subconsciente. La psicología dice que todo el cosmos está contenido en nuestra mente en forma arquetípica. Los neurofisiólogos comparan el cerebro con un holograma del universo entero.

La palabra arquetipo viene del griego y significa molde original y primario de cualquier manifestación de la realidad. El arquetipo es por consiguiente una especie de tipificación formal de aquello que se supone fundante o primigenio. Los arquetipos son, en palabras de J.M. Doria, las huellas antiguas y primordiales impresas en el psiquismo que se han ido acumulado desde tiempo inmemorial como consecuencias de las experiencias vitales de los seres humanos y los animales que les precedieron.
 
Jung lo explica de la siguiente forma:

 “Una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto “inconsciente” más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado. Ni se puede esperar definirlo o explicarlo. Cuando la mente explora el símbolo, se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón. […] Como hay innumerables cosas más allá del alcance del entendimiento humano, usamos constantemente términos y símbolos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razones por las cuales todas las religiones emplean un lenguaje simbólico o imágenes. Pero esta utilización consciente de los símbolos es sólo un aspecto de un hecho psicológico de gran importancia: el hombre también produce símbolos inconsciente y espontáneamente en forma sueños.”

Si leemos a Jung, nos damos cuenta de que toda su concepción psicológica está basada en la teoría del inconsciente y sus arquetipos. Jung habla de la fuerza numinosa de los arquetipos, por tanto les atribuye una cualidad esencial de sagrado o divino, reconoce en ellos una realidad metafísica de fondo. En este sentido podemos entender el arquetipo también como una forma o molde que contiene una determinada energía cósmica. El arquetipo de Cristo y Buda, por ejemplo, se consideran una misma energía con moldes diferentes, así las energías divinas en esencia son las mismas para las distintas religiones. Y los moldes, formas o arquetipos, son necesarios porque la mente no puede recibir o conectar con la energía divina directamente, estallaría, se volvería loca. Por ello necesitamos de un molde, de una forma que contenga esa energía (esto se explica en la Bhagavad Guita cuando Krishna se muestra tal cual es ante Arjuna y éste le pide que vuelva a su forma anterior porque no soporta la visión completa y desnuda de la energía divina). Por tanto, la mente necesita una funda o molde para reconocer esa energía divina y poder recibirla. Luego una vez recibida esa energía, el símbolo que empleamos como "molde" va cambiando con el tiempo y se va ampliando, ensanchado, a medida que nuestra psique se va purificando y acerándose a la misma vibración y finalmente está preparada para ver la energía divina en su totalidad sin molde.

Y estos arquetipos de naturaleza metafísica o divina de los que habla Jung son los mantras, yantras y mandalas que se emplean en el Yoga y en el Tantra. Dentro de una clasificación jerárquica de los arquetipos, estos últimos se encuentran en el último y más alto escalón. A nivel de vivencia se explica de la siguiente forma: cuando nos encontramos en un estado ordinario de conciencia  experimentamos la realidad sobre todo a través de pensamientos y emociones. Cuando accedemos a niveles más profundos a través de técnicas de meditación o Yoga Nidra se produce una visión interna  basada en imágenes o mandalas, si se sigue profundizando la experiencia conecta con energías universales y se empiezan a ver símbolos abstractos o yantras. Por último cuando se alcanza el nivel  más profundo se vivencia la esencia de la experiencia en forma de sonido puro o mantra.

Los mandalas se consideran representaciones pictóricas de las fuerzas cósmicas y se construyen con los arquetipos del inconsciente colectivo de la humanidad, por tanto podría afirmarse que condensan varios arquetipos para llegar a representar el propio universo. Los mandalas se representan dentro de la simetría del círculo que es la forma más básica del universo y la hallamos  en toda la naturaleza cósmica. Empleados en la meditación y en Yoga Nidra sirven para purificar en un primer nivel la mente de los samskaras y despertar el conocimiento dormido en el practicante.

Los yantras son mandalas muy específicos, son más abstractos y se representan a través de figuras geométricas. Son representaciones gráficas y matemáticas de los arquetipos universales,  combinan las formas más primordiales: punto, círculo, cuadrado y triángulo. El yantra contiene en su estructura una energía muy poderosa y con la visualización y concentración en él se puede despertar esta energía en el practicante y le lleva a descubrir la esencia.

Los mantras son una sílaba, palabra o frase que tienen un gran potencial de energía y despiertan niveles superiores de conciencia. Según el Yoga y el Tantra, el sonido es el aspecto más sutily poderoso de la naturaleza, y muchas filosofías confluyen en que el universo se creó a partir del sonido (este es significado real de “En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios”),  así el sonido primordial es considerado el OM. En la práctica tántrica se suma la energía de los yantras y mandalas con la energía de los mantras. Danilo Hernández lo explica de la siguiente forma:

“Cada pensamiento tiene su correspondiente imagen o forma y cada forma posee una vibración sonora particular. De igual modo, todo yantra tiene un mantra propio que al ser emitido aumenta enormemente la eficacia del yantra. El mandala y el yantra representan la forma que adopta la conciencia y el mantra es su eslabón directo con el “Más Allá”. Como el mantra se ha originado en el sustrato de la Conciencia Cósmica o Suprema, puede utilizarse como vehículo de la conciencia individual para retornar a la fuente de la manifestación a lo no manifestado y alcanzar esa  Conciencia Cósmica.”

Volviendo a la clasificación jerárquica de los arquetipos, podemos afirmar que los arquetipos de orden superior como los que acabamos de ver, contienen y engloban a los inferiores, son por así decir, una semilla. Después estarían los arquetipos culturales símbolos distintos que se refieren a una misma energía, y a medida que vamos descendiendo los arquetipos se van haciendo más específicos e individuales. Se podría decir que los arquetipos universales forman parte del inconsciente universal o colectivo, los arquetipos culturales del inconsciente de una cultura o  época, y los arquetipos personales del subconsciente de la persona. Y no hemos de olvidar que siendo los arquetipos el sedimento de experiencias constantemente repetidas por la humanidad,  no incluyen solamente lo más hermoso y sagrado, sino también lo más abyecto y execrable de que el hombre es capaz, ya que fuera de todo calificativo, no dejan de ser energías de la naturaleza.
Dentro de los arquetipos culturales hay una lista interminable que varía, como es obvio, en función de la cultura que estemos mirando, citaré algunos a modo de ejemplo: está el arquetipo de la madre, el padre, el héroe, el sacerdote, el chamán, el rey, el sabio, la muerte, la belleza, etc. Así el arquetipo universal de la Gran Madre o Madre Cósmica se refleja en las formas de María,  Pacha Mamma, Isis, Parvati, la Diosa, la Emperatriz y muchas más, pero podemos acceder a él a través de la simple imagen de una madre cualquiera, porque representa la maternidad. De hecho el viaje a través de los arquetipos se hace desde lo particular hasta lo universal, igual que la apertura de conciencia que se produce cuando trabajamos con ellos en Yoga Nidra.
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miércoles, 29 de mayo de 2013

Sol y Sol Negro en Alquimia

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Extractos de Mysterium coniunctionis de Carl Gustav Jung

... De lo que se ha dicho sobre la sustancia solar activa se deduce que el Sol de la alquimia no es tanto una sustancia química definida como una "virtus," un poder misterioso al que se le creía con un efecto generativo y transformador. De la misma manera que el sol físico alumbra y calienta el universo, así, existe en el corazón del hombre un arcano semejante al sol de donde fluyen la vida y el calor. "Por ello el Sol," dice Dorn, "es situado justo el primero después de Dios, y es considerado padre y engendrador de todo, porque en él se encuentra escondida la virtud seminal que da forma a todas las cosas que existen." Ese poder es denominado "azufre." Se trata de un principio de vida cálido y daemónico, que tiene las más estrechas afinidades con el sol de la tierra, ese "fuego central" o "ignis gehennalis" (fuego del infierno). Por eso vemos que existe también un Sol niger, un sol negro que coincide con la nigredo y la putrefactio, el estado de muerte. El Sol de la alquimia es ambivalente, como lo es igualmente Mercurio.
 

(...) Generalmente, el Sol es considerado como la mitad masculina y activa de Mercurio, un concepto supraordenado cuya psicología he analizado en otro estudio. Dado que, en realidad, Mercurio no existe en su forma alquímica, debe tratarse de una proyección inconsciente, y como constituye un concepto fundamental de la alquimia, debe simbolizar al propio inconsciente. Mercurio es por naturaleza el inconsciente, en donde no puede diferenciarse nada; pero, como spiritus vegetativus (espíritu viviente), es un principio activo que aparece siempre en forma diferenciada.

Por ello se le define correctamente como "duplex," porque es tanto activo como pasivo. Su parte activa "ascendente" es llamada Sol, y solo a través de éste puede percibirse la parte pasiva. Esta última tiene asignado el nombre de Luna, porque toma prestada del sol su luz.
 
Mercurio se corresponde claramente con el Nous cósmico de los filósofos clásicos. La mente humana es un derivado de éste y por ello, es la vida diurna de la psique, lo que llamamos consciencia. La consciencia requiere necesariamente de su contraparte, un aspecto oscuro, latente, y no manifiesto: el inconsciente, cuya presencia puede conocerse solamente a la luz de la consciencia. Así como la estrella diurna se eleva en el mar nocturno, así, ontogenética y filogenéticamente, la consciencia nace de lo inconsciente y se hunde cada noche de nuevo en su condición primigenia. Esta dualidad de nuestra vida psíquica es el prototipo y arquetipo del simbolismo Sol-Luna. En tal grado sentía el alquimista la dualidad de sus pensamientos inconscientes que, contra toda evidencia astronómica, dotó al sol de una sombra: "El sol y su sombra llevan el trabajo a la perfección." Michael Maier, de quien se recoge esta afirmación, elude tener que dar una explicación al sustituir la sombra de la tierra por la sombra del sol en el cuarentaicincoavo discurso de su Scrutinium. Evidentemente no podía cerrar completamente sus ojos a la realidad astronómica. Pero después cita el clásico dicho d Hermes: "Hijo, extrae del rayo su sombra," dándonos así a comprender claramente que la sombra está contenida en los rayos del sol, y que por ello podía ser extraída de ellos (sea lo que sea lo que esto pueda significar). Estrechamente relacionada con estas afirmaciones se encuentra la idea alquímica del sol negro, que menciona a menudo la literatura. Esta noción está basada en el hecho evidente de que sin la luz no puede existir la sombra, por lo que, en cierto sentido, la sombra es también emitida por el sol. Para esto la física requiere de un objeto oscuro interpuesto entre el sol y el observador, algo que no se puede aplicar al Sol alquímico, porque éste aparece ocasionalmente como negro. Este Sol negro contiene tanto luz como oscuridad. 
Maier se pregunta "¿Para qué existe, finalmente, un sol carente de sombra? Es lo mismo que una campana sin badajo." 

Mientras que el Sol es la cosa más preciosa, su sombra es una res vilissima o quid viluis alga (menos valiosa que las algas). El pensamiento antinómico de la alquimia opone a cada proposición una negación y viceversa. "Externamente son cosas corporales, pero interiormente son espirituales," dice Senior.
Esta visión es algo cierto en todas las cualidades alquímicas, en que cada cosa lleva en sí misma a su opuesta.

 
(...) Para la forma de pensar alquímica la sombra no es una mera privatio lucis; y así como la campana y su badajo son de una sustancialidad tangible, así también lo son la luz y la sombra. Sólo de este modo puede comprenderse el dicho de Hermes, que en su integridad dice: "Hijo mío extrae  del rayo su sombra, y también la corrupción que surge de las nieblas que lo rodean, lo ensucian y velan su luz: pues ésta es consumida por la necesidad y por su rojez." Aquí se considera la sombra como algo muy concreto; es una niebla capaz no sólo de oscurecer el sol, sino de ensuciarlo ("coinquinare" - una expresión fuerte). La rojez (rubedo) de la luz del sol es una referencia al azufre rojo que contiene ese principio activo ardiente, que es destructor en sus efectos. Dorn dice que en el hombre el "azufre natural" es idéntico al "fuego elemental" que es la "causa de la corrupción," y este fuego es "encendido por un sol invisible y desconocido para muchos, esto es, el sol de los Filósofos."

El azufre natural tiende a volver a su primera naturaleza, con lo cual el cuerpo se vuelve "sulfuroso" y así se dispone para recibir el fuego que "corrompe al hombre llevándolo a su esencia primera." El sol sirve evidentemente de instrumento en el drama fisiológico y psicológico de regreso a la materia prima, esa muerte que se debe experimentar si el hombre quiere volver a la condición original de los elementos simples y alcanzar la naturaleza incorrupta del paraíso primigenio. Para Dorn este proceso era espiritual y moral, tanto como físico.

 

(..) A pesar de todos los intentos de negación y ofuscación existe un factor inconsciente, un sol negro, que es el responsable del fenómeno sorprendentemente común de la escisión de la mente masculina, que se produce cuando la mano derecha no tiene que conocer lo que está haciendo la izquierda. Esta escisión de la psique masculina y el oscurecimiento regular de la luna en la mujer explican juntamente el hecho descollante de que la mujer esté acusada de toda la oscuridad que existe en un hombre, mientras él mismo se recrea con el pensamiento de que es una verdadera fuente de vitalidad e iluminación para todas las mujeres de su entorno. El debería estar realmente mejor aconsejado e intentar envolver la brillantez de su mente dentro de la más profunda duda. No es difícil para un tipo de mente así (que además de otras cosas es una gran embaucadora, como Mercurio) admitir de buen grado un montón de errores de la manera más convincente, y combinar además todo ello con un sentimiento espurio de superioridad ética, sin aproximarse lo más mínimo a una introspección genuina. Esto no puede nunca lograrse sin la participación del sentimiento, pero el intelecto admite al sentimiento sólo cuando le conviene. El novilunium de la mujer es una fuente de decepciones incontables para el hombre que se transforma fácilmente en amargura, aunque si se comprendiera, podría ser igualmente una fuente de sabiduría. Naturalmente, esto es posible cuando se está preparado para reconocer su sol negro, esto es, su sombra.

miércoles, 15 de mayo de 2013

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" El Universo no nos juzga; sólo nos provee de consecuencias y de lecciones y de oportunidades para equilibrarnos y aprender a través de la Ley de la causa y el efecto.
La Compasión nace del reconocimiento que cada uno de nosotros lo estamos haciendo tan bien como podemos dentro de los límites de nuestras creencias y capacidades actuales.
Que yo alimente a los hambrientos, perdone un insulto, y ame al enemigo – Estas son grandes virtudes. Pero si tuviera que descubrir que los más pobres entre los mendigos y el más imprudente entre los ofensores están todos dentro de mí, y que yo sobrevivo necesitando de las limosnas de mi propia caridad; que yo mismo soy el enemigo que tiene que ser amado – ¿Entonces qué?
"

C.G.Jung
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jueves, 1 de noviembre de 2012

A propósito de los mándalas...

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(Mándala de Vajrayogini)

 Texto de Saelas Jarrel

En sánscrito, mandala significa círculo, en especial círculo mágico, pero en sentido más amplio representa medios auxiliares de concentración y de meditación construidos a partir de círculos y de formas derivadas del círculo, como flores o ruedas, en el ámbito indo-budista y también en el Tibet lamaísta. Tales estructuras son generalmente dibujadas y pintadas, pero también se emplean arquitectónicamente como planos en la construcción de templos. En sentido propio son reproducciones espirituales del orden del mundo, a menudo combinadas con elementos derivados del cuadrado. La dirección hacia un centro tiende hacia la concentración y la meditación. En el centro del mandala, según la doctrina y el grado de iniciación, se encuentran diversos símbolos.

Como ayudas para la meditación, estas imágenes de mandalas se designan con el nombre sánscrito de yantras. Se emplean en técnicas de visualización en las que, después de contemplar largamente un mandala y memorizar sus intrincadas figuras, se cierran los ojos y se trata de representarlo internamente con todos sus detalles. Cada cierto tiempo se abren los ojos y se compara con el original. Una vez que el practicante adquiere mayor pericia, se complica la técnica haciendo desaparecer en la imagen mental cada uno de sus componentes, en un orden riguroso hasta quedar en un absoluto blanco. Después se empieza a poblar ese espacio mental en el mismo orden de la desaparición hasta reconstruir el mandala en su totalidad.

No debe pensarse que la representación plástica del mandala sea propia sólo de los budistas. Ellos solamente han elaborado con mayor precisión una intuición antiquísima de origen asirio-babilónico. Es ante todo un cosmograma, una proyección geométrica del universo entero en su esquema esencial, en su proceso de emanación y reabsorción (los días y noches de Brahma). El mismo principio regula la construcción de los templos, cada templo es un mandala. El ingreso al templo no es solamente a un lugar consagrado, sino que es la entrada al mysterium magnus. Quien cumpla el rito de circunvalación según las reglas prescritas, recorre el mecanismo secreto del mundo, hasta transfigurarse junto al sanctum sanctorum, ya que al alcanzar el centro místico del edificio sagrado se identifica con la unidad primordial.

El mandala es el paradigma de la evolución y la involución cósmica en su retorno al centro del universo; pero simboliza también el refluir de la experiencia de la psiquis en busca de la unidad de consciencia para descubrir el principio ideal de las cosas. No es solamente un cosmograma sino también un psicograma, el esquema de la desintegración del uno en lo múltiple y la reintegración de lo múltiple en el uno, en la consciencia absoluta, entera y luminosa, que tendría que brillar en lo profundo de nuestro ser. El hombre tiene en el centro de sí mismo el principio recóndito de su propia vida, la esencia misteriosa, el punto luminoso de consciencia del que irradian las facultades psíquicas. Él tiene la vaga intuición de esa luz que podría brillar dentro de sí, expandiéndose y propagándose hacia planos espirituales.

Cuando el pintor de la India o del Tíbet dibuja un mandala, no obedece a un arbitrio de la fantasía: sigue una tradición precisa que le enseña a representar de una manera especial el drama mismo de su alma. No pinta las imágenes de un ícono, sino que vuelca los fantasmas de su yo profundo y así los conoce, y de ese modo se libera,

El mandala en psicoterapia


En sus Memorias, Jung cuenta que durante la Primera Guerra Mundial, siendo comandante de un campamento de prisioneros en Suiza, empezó a dibujar cada mañana un mandala que - según él - reflejaba su estado de ánimo interno. Era como una radiografía de su psiquis. En ella iba observando cambios sutiles en su crecimiento personal. Era como si fuera armonizándose en torno a un núcleo, un punto central, un centro magnético que lo iba conduciendo hacia una paulatina integración. En aquel punto central estaban condensadas todas sus posibilidades, esperando desplegarse para llegar a un desarrollo pleno y armonioso, tal como un director de orquesta da vida a lo escrito en un lenguaje cifrado.

Al principio, comprendía muy poco lo que esto significaba, pero gradualmente fue dándose cuenta que estaba teniendo una experiencia extraordinariamente significante: aquellos dibujos eran informes diarios sobre el trabajo interno que ese punto central estaba efectuando en él. Comprendió que la meta del desarrollo del individuo es su Ser, que su evolución no es lineal sino en espiral, en una circunvalación ascendente que se va acercando cada vez más al centro y cúspide de esa espiral.

Continuó investigando y dibujando mandalas, sobre todo cuando en su práctica como psiquiatra empezó a ver que sus pacientes hacían dibujos espontáneos que iban evolucionando a medida que avanzaban en lo que él llamó «proceso de individuación». Esos dibujos iban siendo cada vez más definidos y más armónicos durante este período. Algunos aparecían en los sueños de los pacientes y ellos los dibujaban para hacer más explícito el relato de su sueño.

Como fenómeno psicológico aparecen espontáneamente en los sueños en ciertos estados de conflicto, también en algunos casos de esquizofrenia. Con frecuencia contienen una cuaternidad o un múltiplo de cuatro, como una cruz, un cuadrado, un octagono. Por lo general aparecen en casos de disociación o desorientación psíquica cuando la persona se siente atrapada entre impulsos divergentes de igual potencia, que le producen una sensación de desgarramiento interior. Algunos son conscientes de ello y dicen: «Necesito centrarme». También sucede en los comienzos de un estado esquizofrénico, cuando el paciente empieza a sentir que su visión del mundo se está haciendo confusa debido a la invasión de contenidos del inconsciente que no es capaz de procesar. Entonces pueden aparecer mandalas como instancia salvadora (¿acaso los salvavidas no son circulares?). Es posible observar cómo la imagen reguladora de un círculo se impone compensando el desorden y la confusión de la psiquis al mostrar un punto central alrededor del cual se organiza la dispersa y contradictoria multiplicidad de elementos, aparentemente irreconciliables. Por tratarse de una figura arquetípica, trae consigo un impulso de autosanación ancestral que no se origina en una reflexión consciente.

Mientras que los mandalas rituales siempre muestran un estilo definido y un número limitado de motivos típicos en su diseño, los mandalas individuales presentan una riqueza ilimitada de símbolos o alusiones simbólicas. Su fundamento es la representación de una contradicción entre el Ser y el ego, siendo el primero la totalidad de nuestra psiquis incluyendo el inconsciente y el segundo, sólo un punto de referencia de nuestra consciencia. A menudo aparecen en series, mostrando una secuencia de estados desordenados, caóticos, llenos de conflictos y angustia. Estas imágenes pintadas con gran devoción, a veces por manos tan inexpertas como las de un niño, son yantras a la manera hindú, instrumentos de concentración, meditación y visión introspectiva, que permiten realizar la experiencia interna de un refugio seguro, de reconciliación y de totalidad.

La voluntad consciente no puede alcanzar tal unidad simbólica, pues la consciencia sólo es parte de algo. Su opositor es el inconsciente colectivo, el que no entiende ningún lenguaje de la consciencia. Por lo tanto, se tiene necesidad de símbolos mágicamente efectivos que contengan aquellos analogismos primitivos que hablan a lo inconsciente. Sólo mediante el símbolo puede ser alcanzado y expresado el inconsciente. Por ese motivo - según Jung - jamás podrá el proceso de individuación abstenerse de símbolos. El símbolo es, por un lado, la expresión primitiva de lo inconsciente y, por otro, una idea que corresponde al más alto grado de intuición que pueda ser dado a la consciencia. 
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