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sábado, 25 de octubre de 2014

Micro-mini Guía para afrontar los "Malos viajes" con alucinógenos. Parte I.

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Se supone que durante un mal viaje con un enteógeno (en éste caso LSD), debes mantener la calma, de recordar que estás teniendo un "mal viaje". Un viaje que comenzó como un "Buen-viaje" en una alfombra voladora, allá por entre el séptimo y el octavo cielo. Pero la cosa es que durante el vuelo, estabas tan alucinado bailando sensualmente la Danza de La Victoria Suprema, cuando caíste y no sentiste el madrazo.

La alfombra se fue sola al País de las Maravillas, probablemente a un burdel o una taberna cósmica, o a la Fiesta de las Deidades y Los Sabios, en donde Buda, Yisus Christ, Confucio, Moisés, Krishna, George Lucas, Shen Long, Kami Sama y Gokú te estarían esperando para compartir los secretos invaluables de la Noche de los Tiempos, pero tú estás en un sitio más o menos parecido a lo que es el Limbo de los comatosos, en donde podrías encontrarte otros seres, igual de confundidos, asustados y angustiados que tú, y de hecho, algunos de esos seres podrían tener tus mismas características físicas, ser proyecciones mentales tuyas.

Así mismo, podrían haber seres encabronados, encabronadísimos, que en apariencia podrían parecer demonios salidos de las fantasías masturbatorias de Lamberto Bava y Dario Argento.
 

Pero calma, chill out, babe. Se supone que por más desesperado que te encuentres, de-bes-de-re-cor-dar que te encuentras en una fase del viaje. Quizá estés en ese lugar-momento en donde los minutos parecen horas y las horas días. Bien, pues eso, recuerda, ¡Usa la fuerza, Luke! Usa la fuera para aguantar, tu abandonadora y sometedora es también la misma rescatadora: tu mente, y deberás de confiar en que aunque ella lo esté pasando de Puta-madre en la Mansión de las conejitas Playboy del centro de la Galaxia, podrá acordarse de ti y querrá que estés también allá donde es la fiesta de los deleites astrales.

Si no hay luces de lucidez, entonces, recuerda las siguientes instrucciones, pues podrían salvar tu alma.

Ahora, he aquí una micro-mini-guía sobre las cosas que debes y no debes hacer durante un mal viaje, ya sea que tú o algún amigo/a de confianza se encuentre contigo en el mismo estado, o los dos.
 
De hecho, imaginemos el peor de los escenarios: que tanto tú como tu acompañante del alucinante crucero al infinito cayeron de éste y se encuentran náufragos en el limbo. Y los dos están en pánico, debido a que es muy fácil que uno arrastre al otro a ese estado. Veamos,entonces:
 
Posibles soluciones a situaciones hipotéticas durante Malos viajes con alucinógenos
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Situación hipotética: El tiempo ha colapsado. Se ha roto.
Te encuentras desesperado, sientes que el tiempo no pasa, ves las manecillas o los dígitos, tú estás pasando la angustia de tu vida, y las cabronas manecillas no avanzan, los dígitos no cambian, y de hecho, ves que los números han cambiado: ahora son ojos, cuadritos de zanahoria vomitada, códices mayas, ideogramas en chino tradicional u orugas-dragón de neón.

Mala solución: Ponerte a gritar: ¡Dios mío! ¡Estamos atrapados en el tiempo! ¡Ya jamás podremos volver! ¡Dios, dios, no me quiero morir! ¡No me quiero morir!

Esto activaría una bomba de tiempo-sin tiempo que probablemente terminaría con carnicerías e incendios.

Tampoco hay que gritar cosas como: ¡Estamos muertos, estamos muertos! ¡Morimos y no alcanzamos a despedirnos de nadie!

Mejor solución: Simular que mantenernos la calma, con ojos de medio huevo y acento refinado, decir: "Hummh, estamos atravesando por una distorsión sensorial, percibimos el tiempo, como si estuviese detenido o como si estuviese yendo demasiado lento. Pero calma, en realidad si está transcurriendo, estos son los efectos del LSD. Ahora, propongo que busquemos unos Pterodáctilos y jugar carreritas con ellos, o al menos unos velocirraptors, que son más fáciles de atrapar, Podemos viajar en el tiempo, ¿sabes?"

O si los valientes exploradores viajeros son fervientes e incondicionales fans de Dragon Ball, como quién esto escribe, puedes proponer que se lancen en la búsqueda de las esferas del Dragón para invocar a Shen Long y pedirle de deseo que los regrese a la realidad. Total, si van a pasar "semanas" o hasta "meses" ahí, lo mejor será hacer algo productivo con la imaginación, y una aventura dragonballiana traerá recuerdos agradables a los delirantes.
(Recuerda que, aún y si sintieras que estás muerto, El Dios Dragón Shen Long, es la deidad por exelencia a quién debes acudir si quieres revivir)

Aún así: se recomienda no proponer ir a escalar la Torre Karin, probablemente ésta sea una torre de alta tensión o una antena radiotransmisora, y lo que esperaría en la cima no sería precisamente agua ultrasagrada, sino un ultrasagrado golpe de 10,000 voltios.

Y lo más importante de todo: No mencionar palabras como "eternidad", ni "infinito" ni "infierno", así como la combinacion de éstas tres palabras en una misma oración.
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 Hipotética situación: Bosques étereos y tímidos gnomos exhibicionistas
Se encuentran perdidos, en algún extraño y mágico bosque, lleno de árboles, plantas y flores encantados, cuyas cortezas y estructuras son piedras preciosas, que respiran, hablan y parpadean, porque poseen ojos que representan simbólicamente que son seres conscientes. No obstante, comienzan a sentir las miradas incómodas, demasiado incómodas. Deciden irse y de pronto se les aparece un gnomo en gabardina que hace lo propio de los exhibicionistas entre las más placentera y burlona de las carcajadas.

Mala solución: Salir corriendo como si el gnomo fuese a sodomizarlos. O peor aún tratar de encararlo.

Mejor solución: "Adoptar la misma actitud que en el punto anterior (gestos finos, ojos de medio huevo y acento refinado, de clase social alta, de preferencia con acento británico) y decir algo como "En realidad el gnomo es la manifestación de una alucinación colectiva de entre tú y yo, resultado de un conflicto de egos, la fusión de un lado introvertido y otro extrovertido, que da como producto de dicha fusión un gnomo negro exhibicionista. La figura simbólica no podría ser otra cosa que un monstruito deforme y chocarrero, un monstruo que se siente feo y sucio. El "Monstruo de la sexualidad". Sí es eso. Propongo entonces, que hagamos como él, despojémonos de ropa y sacudamos nuestras cosas al aire, dando a entender que somos y estamos libres, que no hay más represión ni conflicto en mostrar nuestra naturaleza". Entonces el horrible troll de desvanecerá entre chispitas y estrellitas doradas, sólo para transformarse en un bello ser andrógino, que los invite a tocarle, fajarle e incluso hacer un trío que los llevaría a "penetrar en la belleza" de la sexualidad en su máxima expresión.

(Por si no ha quedado claro, éstos son los "Ojos de medio huevo" a los que me refiero)

No obstante: Pudiera ser que en realidad los bosque y todos sus seres con ojos, sean personas, transeúntes, que miran asombrados a dos tipos/as desorientados/as moviéndose como ondinas recién salidas de un estanque de éter, y el enano negro exhibicionista en realidad se trate de un oficial de policía cabreado. Por lo cual se recomienda que no prosigan a despojarse de sus vestimentas. "Podría" salir contraproducente, y "probablemente" el gnomo se los llevaría a las mazmorras de los Orcos, en donde éstos les "penetrarían la más horrible de las fealdades" de la sexualidad en su máxima expresión.

Es mejor asegurarse de que se encuentran en un bosque encantado y no en un parque o zona céntrica, para esto, habría que preguntarle a algunas de las plantas por sus nombres. Sí estas respondiesen coquetamente, sonrojadas cosas como: "Rosa Damascena","Phalaenopsis hieroglyphica" o "Paphiopedilum concolor", entonces, sí, siéntete aliviado. Pero si la respuesta es un "Déjame en paz" "Cerdo" o un agudo grito de auxilio (o en el mejor de los casos, un "Me llamo Juan, pero puedes llamarme Janet, papi), entonces busquen otro camino, largo de ahí enseguida. Traten de buscar el camino a casa, pero aléjense de los arcoíris ascendentes.
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Situación hipotética: La emoción descontrolada del viaje en el tiempo
A alguno de ustedes, le ha cruzado por la mente que se encuentran en Hill Valley en 1985, y que su auto se ha transformado en un DeLorean.

¡Woaao! Ahora tienen una máquina del tiempo, con condensador de flujo en perfecto estado y el medidor de energía indica que hay gigavoltios infinitos.

Ahora pueden viajar en el tiempo, hacia el pasado más remoto o hacia el fin de los tiempos. Pueden presenciar la autofecundación de Dios, o pueden presenciar el Big Crunch.

Se han metido en el auto y han encendido los controles. Se encuentran emocionadísimas como dos adolescentes en el Multi-plaza más grande del mundo con tarjetas de crédito con dinero infinito (que no es lo mismo que crédito infinito).

Mala solución: Arrancar el automóvil-DeLorean para tratar de alcanzar las 88 millas por hora, logrando así que el condensador de flujo haga que el auto atraviese el umbral del continúo espacio-tiempo. Probablemente en el intento, al momento de estar acelerando el automóvil, la misma maleabilidad, volubilidad, e impredecibilidad de la mente les haga olvidar que se encuentren en una máquina del tiempo. Con toda seguridad, cuando vean que las carreteras son de arcoíris, lo más seguro es que el siguiente nivel de vívida imaginación les haga creer que se encuentren en el “Rainbow Road” de Mario Kart y querrán tomar los ítems (que no será otra cosa que niños o señaléticas) lo que traerá como consecuencia "probables" desprendimientos de brazos y otras articulaciones, debilo a la alta velocidad en que se están conduciendo. De igual forma los otros "competidores" no serán personajes de Nintendo, sino seres vivos, con seguridad humanos, que no se tomen la cosa como un videojuego.
 
Solución más viable: Nada mejor que la prevención, la premeditación. Es mejor tener una máquina del tiempo casera que puede fabricarse con facilidad y en poquito tiempo. A saber, tomando una caja, de refrigerador, o de lavadora por ejemplo, y llenarla de botones e indicadores. Los botones pueden ser de plastilina, de preferencia de todos los colores, para darle realismo a los paneles de control. En cuanto a los medidores, estos deben marcar siempre batería infinita (evitando así angustias que desencadenen aún más malos trips), año, mes, día y hora. Estos marcadores los pueden hacer con plumones.

O bien, hacer una máquina del tiempo al estilo de los 60´s. Se recomienda conocer, ver o informarse sobre la serie "El túnel del tiempo" o bien, simplemente pintar una espiral en la pared. Aunque tengo mis dudas, pues una espiral podría transformarse en un imparable e inevitable hoyo negro devorador de todo. Quedémonos con la "Caja del tiempo”.

Sin embargo: lo mejor debiera ser esconder las llaves del auto. O cuando menos, colocarlas en algún lugar inalcanzable en "estado de viaje"
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Situación hipotética: Los Monstruos
 
Se percatan de que hay presencias siniestras en el entorno. Estas presencias oscuras son terroríficas, monstruosas, demoníacas, y probablemente te vengan ideas de que son, en efecto, Seres interdimensionales de infiernos astrales que han venido a darte una lección por meterte - miserable e insignificante, patético humano - en sus dominios.

Dichos monstruos podrán parecer Demonios aztecas, ángeles caídos de la mitología hebrea, musulmanes yihadistas cabreados, anticristos, Freddy Kruegers, Payasos "Esos", cenobitas de Hellreiser, tarántulas de cien patas, zombies, o tus peores fobias irracionales, probablemente todas las mencionadas fusionadas en criaturas nuevas y únicas, que podrían inspirarte luego a escribir cuentos de terror.

Mala solución: gritar como cerdo en matadero. Esto excitará a los monstruos que terminarán por hacerte el gangbang de tu vida. Bestial orgía que terminará con un bukkake y todos los monstruos orinando sobre ti. Algunos de ellos hasta grabarán la situación en video y o publicarán en páginas web de porno interestelar hardcore, allá por los barrios bajos de los planetas aledaños a Alfa Cetauri.

Solución relativamente mejor: Confrontarlos. Entender que se trata de nada más ni nada menos de la sabia máxima que dice: "Eres lo que comes". Y esas visiones infernales se tratan la manifestación emergente de todos esos monstruos de todas las películas y literatura de terror que te has chutado dese la más tierna infancia.

La cosa te servirá de lección para que de ahora en adelante (si es que los monstruos no te están compartiendo ahora en banquete) en seleccionar el material audiovisual que te "comes".

Es decir, que seas más selectivo en tu alimento mental.

Como sea, ya sabes esa tan gastada frase de que "hay que tener comunicación", que "la comunicación es la base de una buena convivencia, de entendimiento mutuo" Pues bien, trata de razonar con las bestias. Trata de entender de que estos monstruos son en realidad también como tú, también tuvieron padres que también se enamoraron e hicieron el amor, que son monstruos que también fueron bebés, que tuvieron infancia y que... y que luego, algo, ocurrió en el camino, que los volvió los seres sedientos de sangre impregnada de adrenalina de víctimas horrorizadas. Entonces, trata de abrazar tus miedos. No pueden hacerte daño, son sólo alucinaciones. Acepta tu sombra, tus sombras, tu parte oscura. Asimílala, acéptala, ámala, deja que te penetre, que te lama las orejas, la cara, que te dé de cachetadas, nalgadas y que se corra dentro o fuera de ti, pero que se disuelvan en el aire, al final, estos monstruos, con el más amoroso de los gestos de gratitud.

Empero: Cabe la posibilidad de que los monstruos hayan sido reales, es decir, que sólo hayan sido una exageración visual y auditiva de rasgos feos de personas de donde te encuentras. Que los monstruos en realidad sean sucios, apestosos, vomitivos y horribles humanos, a saber: borrachos, drogadictos, drogadictos borrachos, prostitutas, travestidos y vagabundos. Y que lo más probable era que te encontrabas en una cantina de mala muerte o en un callejón del "wrong side of the town". Por lo que se recomienda discreción. 
Por lo general, los Monstruos del subconsciente no acceden a poseerte carnalmente, y en cuanto los confrontas cara a cara, estos parecen entender el mensaje de aceptación en tu interior. En cuanto sintieras contacto con ellos, y percibieras sus intenciones lascivas, aléjate. Los verdaderos monstruos tienen detalles románticos y -al ser cazadores natos - prefieren ir por su presa, poco a poco. Para esto podrían invitarte a salir, y con el tiempo te harían reír, te contarían cosas personales y así, quizá hasta un día, quieran algo serio contigo. Desconfía de primera mano de las intenciones sexosas. Si es así, se trata de humanos de quinta.
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Situación probable: Yendo hacia la luz... o más bien la luz viene hacia ustedes...
Tú o tu acompañante, o los dos, tienen un momento en que perciben cálidas luces de comprensión y entendimiento existencial se aproximan amorosamente hacia ti o ustedes, cubriéndolos en un manto de cariño luminoso reververante todo-poderoso conforme avanza hacia ustedes.

Mala solución: Recibir las luces con los brazos abiertos, como esperando a ser arrebatado por la misericordia divina.

Solución más prudente: Lo más conveniente y seguro es alejarse de la luz. Con seguridad se traten de luces de automóviles, tráiler o un tren en marcha. Quítense del camino, de la vía.

Sin embargo: Pudiera darse el caso en que el mismo sentimiento de invencibilidad y omnipotencia, o de haber creído comprender la realidad ilusoria absoluta en la que vivimos de fases anteriores, pudiera aflorar en ese crítico momento, haciendo que tú y/o tu amigo/a se sientan Neos de Matrix, o hasta Dios mismo, creyendo así que pueden detener cualquier embestida de cualquier objeto en movimiento, desde un tren hasta un metéoro del tamaño de Júpiter. Por ende, por lo que más quieran, apártense. 

つづく
Continuará...

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sábado, 18 de octubre de 2014

ツ Diario de LSD. Parte IV ツ

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Fuga hacia el Desierto celeste de la Tranquilidad y La batalla introspectiva

Una vez más en el cuarto, me tiré a la cama, cayendo mi cabeza sobre mi cuarto, y no podía percibir más que un aroma, un único aroma agriamargo. No sabía si era mío o no. Pero lo odiaba, sentía toda mi espalda polvorosa y no sabía por qué. Algo había sucedido. ¿Dónde había estado? ¿Por qué tenía piedritas incrustadas en la nuca?

Me paso por la cabeza que estaba atravesando un agudo cuadro de amnesia. Y sí, había transcurrido una elipsis y no sabía por cuánto tiempo. Creí que habían pasado al menos dos semanas. Me encontraba cansado, desesperado, como si efectivamente, no hubiese dormido en dos semanas. Pero a la vez, volviendo con las paradojas, sentía como si siempre hubiese estado dormido y era la primera vez que estaba despierto. 

Me levanté - también por vez centésima, y de pronto me vi a mi mismo a través de los ojos de mi "compañera de viaje", aunque no me veía tal como yo lo hacía cuando me veía en el espejo. 

Me veía a través de su percepción visual, tal como yo me veía. Con distintas proporciones y distintas características. Me veía confundido, como girando sobre mi propio eje, como un huracán autoprrovocándose vorágines psicóticas. Era penoso, patético. 

"¡Basta!" le grité, "No soy tú. Déjame en paz, no soy tú, no soy tú" "Yo soy yo". Siendo su respuesta más bien silenciosa, como si no supiera de lo que hablara, lo cual me molesto, porque la veía tan calmada y como siendo responsable de todo lo que me sucedía. 

Los pensamientos mutaron y la perdí de vista otra vez. Era ahora una bestia sin raciocinio y no sé por qué se me ocurrió la idea de que era un hámster dentro de un pecera siendo tratado con drogas en un cruel experimento científico en un laboratorio. Y se lo dije entre risas irónicas "Sólo somos hámsters en observación, ¿verdad?, somos ratas de laboratorio dentro de una caja de cristal, yendo de un lado a otro confundidos, estamos atrapados aquí, no somos quienes creemos que somos". 

No recuerdo cuál fue su respuesta, y creo que en ese momento no hubiese escuchado cualquier cosa que me hubiese dicho, pero: "Jahahahahahahahaha" volvían loops auditivos de su risas de disco-rayado. Y volvían flashbacks de los momentos en que ingeríamos el ácido.

"Apenas han transcurrido 30 minutos desde que tomaron LSD" - sugirió una voz muy solemne proyectada desde mi cabeza -, "disfruta la fiesta". "¡Fiesta! ¡Eso es, estoy en la fiesta (una fiesta o más bien reunión con algo de alcohol, que se había llevado a cabo hacia una semana), puedo arreglar esto, sólo tengo que volver y cambiar las cosas, debo evitar el haber venido aquí. Sí, debo cambiar la historia, debo crear una paradoja para poder romperla, ¡eso es! ¡Crear una paradoja dentro de otra paradoja!" Pensé, creyendo que había logrado una iluminación intelectual desprovista de lógica.

Nuevamente, salí a toda marcha de la habitación, y no fue sorpresa verme a mi mismo entrando a la habitación. Supuse ahora que me estaba moviendo más rápido que la luz y que había logrado "arrebasar" la "velocidad normal" del tiempo, que podía moverme adelante y atrás en el tiempo. 

Al cruzar el umbral de la puerta, me vi a mi mismo en un determinado momento, con la cara tensa por la angustia y la confusión, pero no me importo, me dije mentalmente algo como "Tranquilo, ahorita haré que todo se termine".

Bajé las escaleras, que ahora aparentaban sobriedad y al contacto con mis pies descalzos, provocaba chispas rosazulosas que atribuí a la súper-velocidad con la que creí que me estaba moviendo.

En cuanto crucé el pasillo que da a la entrada de su casa, vi nuevamente la biblia que había roto momentos antes y la imagen de la Virgen santificada se encontraba distinta, difusa, pero no me importó en lo absoluto.

Abrí la puerta y - creo que en ese momento habría pasado algún avión, o algún automóvil que habría distorsionado la percepción de las luces - comencé a ver como el cielo tornaba sus colores, de negro a morado, de morado a rosa y de rosa a anaranjado y de anaranjado a ámbar. El cielo se volvió una traslucidez vidriosa de color ámbar. "¡Perfecto!" exclamé "puede funcionar, hagámoslo".

La suposición era que debía de salir de la casa por dónde había venido y así lograría retroceder el tiempo, y la intensión fue enfocada hacia donde mi suposición apuntaba.

Me dirigí corriendo hacia las rejas, que estaban cerradas con candado. "¡Ah, sí, claro, tengo que saltar la cerca, son candados, son bloqueos, se trata de quitar los bloqueos, encontrar soluciones fuera de detenciones obvias!", asocié. 

Salté entonces alegre de que mi plan estuviese funcionando. Pero la alegría se amargó al ver que tras los primeros pasos, el camino que antes me era familiar, identificable, comenzó a cambiar en la cosa más irreconocible. Las casas vecinas comenzaron a alejarse, y las calles se retrajeron. Los espacios vacíos dejados por las casas, pronto fueron sustituidos por arena, y la colonia donde me encontraba se había vuelto el desierto. Paré. Desesperanza. Abandoné mi intento de fuga. ¡Basta! "Está bien, esa cosa que me tomé es en verdad potente, es poderosa" pensé, recordando que había ingerido media dosis de LSD. 

Una vez ahí en el desierto, abandoné la idea de luchar. Más quería aún tener el control de la cordura. Quería estar cuerdo, pero, una brisa fresca que definiría como una "corriente de aire de espíritus" me recorrió. Me tranquilicé. Se fueron todas las palabras de mi cabeza. Me sentí como un perro, como un cachorro de labrador. Manso, tranquilo.

Me sentía en paz conmigo mismo. No había nadie más que yo. El cielo era ahora azul marino, y había sólo un astro en cénit, no sabía decir si se trataba de un sol o una luna. Era más bien como el foco de una lámpara de luz mercurial. Supongo ahora que eso había sido, o que la visión de una de esas lámparas de un poste cercano se me había quedado impreso en las pupilas.

Silencio. Había silencio. Silencio sagrado. Silencio purificante. Silencio que había lavado toda la basura mental. Silencio que había detenido las querellas mentales, que se sentía como una gran cascada detenida. El tiempo transcurría, pero a un - valga la redundancia - "tiempo" sutil, a un ritmo sedoso, sabroso. 

Me eché a las dunas de las arenas de color celeste, donde me encontraba, contemplando el cielo, el astro de cálida luz naranja. 

Sentí como si hubiese pasado una hora observando el cielo, el desierto, mis manos, mis pies descalzos, las uñas de los dedos de mis pies. ¡Mi cuerpo! Volví a tener conciencia de mi cuerpo. 

Estaba ahí, ¿cuánto tiempo había transcurrido? ¡Oh! Más o menos me importaba, por un lado, no me molestaba ni me asustaba la soledad, ni ser el único ser en ese mundo inhóspito de cielos y arenas.

Por un lado me sentía muy tranquilo, muy cómodo, muy relajado, en paz conmigo mismo. No habían voces que me dijeran lo que debía, tenía, no debía o no tenía que hacer. Y por el otro, a sentir piedritas bajo las pantas de mis pies, recordé que ese cuerpo pertenecía al "mundo real". 

La visión del desierto comenzó a desvanecerse poco a poco y me pareció ver en la distancia, una ballena de un morado obscuro lleno de ojos amarillos fluorescentes por todo el cuerpo.

La ballena emergía de ese océano de olas de dunas de arenas celestes del "desierto de la tranquilidad", y esa tranquilidad se vio interrumpida por mi deseo creciente de volver al "mundo real".
 
  (Otro de los dibujos inspirados por el viaje, hecho a tres semanas luego de la travesía psicodélica)

Pero ¡horror! volví al mundo real, y me encontraba semidesnudo y extraviado, sin saber cómo ni cuándo ni por qué me había largado de la casa del LSD. De mi dulce captora. Mi "Bruja negra".

Me encontré de pronto entre las calles a mitad de la noche, en una colonia desconocida, y no sabía si me encontraba en Cadereyta, Monterrey, Tampico, México, Brasil, Noruega, Seúl o Angola.

Vi mi pecho y por fin me sentía "yo mismo" otra vez, es decir, "humano". Humano e impotente. Humano e indefenso. No tenía playera ni tennies y la idea que sobrevolaba y aterrizó sobre mis pistas craneales fueron que era un vagabundo. Asumí que sí me había "quedado en el viaje". Que el cartoncito había sido adulterado por malvivientes que querían tenían ganas de joderle la mente y las vidas a incautos como yo. 

"Tranquilo, tranquilo, consumiste LSD, eso es lo que pasa, estas bajo sus efectos, tranquilo" Me decía está ve, haciéndola de tranquilizador.  Pero al caminar por las calles así, y doblar en cada esquina, sentía que me perdía cada vez más. "¿A dónde quieres ir?" Me pregunté, "No lo sé, no lo sé" Me respondí. "A casa, tengo que ir a casa", surgió una ahogada voz dentro de mi pecho. 

"Pero, ¿dónde está mi casa?" "¿En dónde estoy?" No podía pensar claramente y sentía como poco a poco, conforme aceleraba mi paso, mis recuerdos se borraban y mis capacidades cognitivas disminuían.

Experimenté un nuevo terror, el terror más irracional y nocivo de todos, el más fatal, el más indeseable e indecible: el olvido. 

Olvidé como me llamaba, de dónde venía, lo que había sucedido, a dónde iba y por qué había llegado ahí. Estaba extraviado y no podía distinguir un punto de referencia para poder volver a mi casa o a la casa de donde había escapado. Quería volver aunque fuese, a ese último lugar donde había abierto la puerta de las realidades.

"¿Cómo me llamo?" "¿Cómo me llamo?" me pregunté repetidamente. "Recuerda, recuerda, recuerda. Tienes que recordar. Recuerda lo que sea", me respondía una y otra vez, a forma de mantra como mecanismo forzado que me impulsara a echar a andar mi cerebro.

Luego de muchos intentos y de seguir caminando entre las calles, en esa fatídica madrugada, volví la vista la suelo, como buscando pistas, pero no veía nada que pudiese traer de vuelta mi memoria. De pronto, de golpe, me fue arrebatada el habla y la capacidad de expresar mis emociones. Me sentí nuevamente como un recién nacido, o como un moribundo al que se le ha ido la voz, justo segundos antes de expirar. Jamás había experimentado tanta angustia, como esa de no poder querer expresar lo que quería y sentía por ningún modo.

Me desplomé al suelo de rodillas, y me quedé observando los detalles de la textura del concreto, quizá por cosa de segundos, o minutos, muy lentos y pesados minutos. Vi que había tierrita, arena, y me puse a revolverla con el dedo índice. 

Fue aquí cuando recordé las vocales. A-e-i-o-u... trace. "Sí, si, eso, recuerda, recuerda" "A-e-i-o-u" volví a trazar, ahora en mayúsculas. Y seguí trazando las letras del alfabeto que recordaba. "B-c-d-e-f-j-k-m-p-s" repetidamente, hasta que recordé la palabra "alfabeto" "¡Alfabeto! ¡Exacto, debo de invocar a la lógica!” 

Y al terminar de decir “lógica” vino al rescate el recuerdo del “Hangeul” el alfabeto koreano. Comencé a trazar de inmediato sílabas como “ma”( ), “shi”( ) “da” () y de inmediato recordé su significado: “beber” y “comer”, luego escribí “si”( ): tiempo. “Sí, beber, comer, tiempo”. “Es tiempo de comer”, pensé que había pasado muchísimo tiempo desde que había ingerido alimentos, líquidos, y aunque no sentía hambre ni sed, debía de comer algo, para no morir ni de hambre, deshidratación ni locura, además de que creí que también la comida provocaría alguna clase de interferencia con el LSD, causando una especie de corto circuito de las neuronas implicadas en ese atroz estado alucinatorio de confusión. Pero debía asegurarme además de que debía recordar lo suficiente, así que volví a la arena del suelo, borre las sílabas y me concentré en otra palabra. “Bien, bien, comida, comida, eso es, comida en chino es “shi” y trace el ideograma (食), y suena a sushi, ¡exacto! ¡Me gusta el sushi, me encanta el sushi, amo el sushi! Ya recuerdo, debo volver y comer sushi. Sushi, suchi…chi… “Kimchi” comida koreana, y escribí en koreano “Kimchi” (김치), de lo cual seguido de pronunciar chi, se adjuntó la asociación simbólica del “Chi” () energía en “Chi kung” y el “chi de la pronunciación de “ji”( 极)en “Tai ji quan, o Tai Chi Chuan”. Perfecto, sonreí nerviosamente “¡Así es! Comida, bebida, sushi, kimchi, energía, sí, shí, chí, Chi Kung, Tai chi chuan, artes marciales! ¡Me gustan las artes marciales, practico Tae Kwon Do, capoeira! ¡Chi kung! ¡Me gusta entrenar, practico artes marciales! ¡Me gusta la energía! ¡Korean0o, música Koreana, Kim Gun Mo!” 

Nombré repetidamente estas palabras –descubrimientos que eran pistas para recordar mi identidad en el mundo real. Pero no era suficiente, había logrado una hilación mental, basada en fonemas, pero no me resultaba lo suficientemente revelador para reforzar el recuerdo del camino a casa. 

“Debo recordar personas, esforzarme por recordar todo lo que pueda, sobre mi vida ¡Quiero mi vida de vuelta!" Y así, apresuré el paso entre las ajenas calles nocturnas, bajo las luces mercuriales de los postes. "¡Evoca personas lógicas! ¡Invócalas!"

"Piensa en personas lógicas" "La lógica puede salvar mi vida" "¡Mi vida!" "¡Elijo mi vida!, quiero una vida!" Pensé, y comenzaron a llover ideas introspectivas, a la vez que percibía como las casas volvían a recobrar aspectos realistas, y sobre las bardas adyacentes, garabatos formaban letras de anuncios, aunque aún no recobraba la capacidad de reconocer palabras escritas y mucho menos los números de las placas que indicaban nombres y números de calles por donde caminaba y corría errante.

Mencioné a manera de mantras los nombres de las personas lógicas, demasiado lógicas y lineales que conocía, personas racionales, científicas, de pensamientos predecibles.
Pasaron por mi mente mis padres, mi hermana, mis vecinos, familiares, amigos "¡Perfecto, sí, sí, debo quedarme con ellos! está funcionando, hay esperanza"...

La híper-angustia del olvido. Dudas tóxicas. Visión del Bardo.

Pero la esperanza se decantó en desesperanza cuando por fin vino a mi mente mi nombre. Lo repetí en voz alta... y luego mi apellido... me quedé trabado con mi nombre, "Mi nombre es..." "Mi nombre es..." “Me llamo…” “Me llamo…” Y repetía una y otra vez mi nombre y apellido en voz alta. Me detuve.

Surgió la fatalista y sombría idea de que me encontraba así, repitiendo mi nombre porque me encontraba en la estación de policía declarando mi sangriento crimen: había asesinado a mi inductora de ese infernal estado de confusión. Confusión que se había agudizado y me había llevado a matarla salvajemente en un ataque de pánico indescriptible. Tenía lógica. Supuse que mi cuerpo se encontraba en la hipotética estación de policía, contestando automáticamente mi nombre, y de las personas que conocía, mientras mi mente, o sea el yo de ese momento, se encontraba aun vagando sin rumbo, tratando de evadir la funesta realidad.

"LSD, tomé LSD" "LSD, tomé LSD y todo se salió de control" pensé, "No sé dónde vivo o dónde estoy" pero tengo que lograr llegar a una avenida y caminar hasta casa, aún y con que sólo esté en pantalones. De seguro soy un viejo loco, me quedé en el viaje, pero al menos tengo que llegar a casa, y reunir a mi familia. Decirles que los quiero, que los amo, y que quiero verlos felices, decirles que estoy bien, que tienen que estar bien, que la vida es bella, que deben vivirla, atreverse a vivirla"

"Amar" "Atreverse" Hilé estas dos palabras, y pensé, quizá así pueda volver. Quizá la lección de éste viaje fue para atreverme a amarme a mí mismo, después de todo, siempre he tenido aversión, asco ante la melosa y absurda idea de amarse a sí mismo" acepté "quizá sea cierto que debo amarme a mí mismo para pasar la prueba, debo intentarlo, debo atreverme, debo de hacerlo, se sentirá y se verá muy estúpido si alguien me está viendo, pero debo de hacerlo"

Y se me ocurrió que debía besarme a mí mismo, por más narcisista que me resultase. Y como no podía besarme a mí mismo, opté por la solución más viable que era besando mi brazo, mi bíceps. Y así lo hice. Cerré los ojos y besé con aparente apasionamiento mi brazo izquierdo, y luego el derecho.

Abrí los ojos y... nada. Seguía en el mismo lugar.

"¡Coño! ¡¿Entonces?!" Exclamé... "Ah, entonces quizá tengo que besar a la pacha-mama, demostrarle mi amor a la tierra. Bien, la besaré, de seguro se trata de un prueba iniciática de mi maga obscura" Y me puse de rodillas, me postre con sincera reverencia y besé el suelo como si se tratara de una ardiente amante.

Pero nada. Seguía en el mismo lugar y me sentía de lo más estúpido. Me paré, y nuevamente afloró la desesperación.

"¡LSD, maldita basura! ¡Si salgo de ésta, jamás volveré a tomarlo!" Maldije. "¡Espera!, salir...salir, sacar, sacar... ¡eso es, debo de correr y correr, sudar hasta sacar de mi organismo toda esa cochinada!”¡Tengo que sacarlo, expulsarlo a través del sudor, de la orina! Y sin más tiempo que perder, en una alucinante carrera por recuperar la cordura y volver a casa, me bajé la bragueta y me dispuse a orinar frente a una barda, pero nada salía. "Vamos, vamos, concéntrate..." me concentré, más nada salía. "Bien, está bien, entonces corramos, corramos y corramos hasta que saquemos todo, o encontremos la casa"

Corrí, corrí, corrí. Doblaba esquinas, salté bardas de casas ajenas, con velocidad y agilidad de gato, crucé jardines, parques, solares baldíos, y nada.

No logré ni sacar las toxinas de ácido lisérgico, ni llegar a casa. Me tiré a la tierra de un terreno y maldije el haber tenido tan excelente condición física. Por entrenar tan duro. Dije "bueno... tranquilo, echémonos al suelo, descansemos, tomémoslo con calma, de seguro cerraré los ojos y al abrirlos me encontraré nuevamente sobre la cama, como si todo esto hubiese sido sólo un mal sueño".

Me recosté por cosa de... 5 minutos, quizás. Crucé los brazos por detrás de la nuca, y cerré los ojos. Pero al cerrar los ojos, venían nuevamente ideas de que quizás si había asesinado a mi amiga, o que tal vez me había suicidado, o las dos cosas, o que quizás habíamos muerto por sobredosis los dos y yo era en realidad mi alma que vagaba por el mundo.

No, no podía ser. Y de ser así tenía que averiguarlo. Tenía que volver y afrontar la realidad de mis irresponsables actos. Tenía que asegurarme de que todo estaba bien, de que mi amiga se encontraba bien, y si en realidad le había hecho algún daño... habría de confrontar los hechos, aceptar la culpa y... huir cobardemente de la ciudad, del país.

Me levanté y entonces, como por obra de un milagro, las calles me parecían más familiares. Reconocibles. Seguí el camino que creí que era por el que había venido, sentí las piedritas incrustadas en mi espalda, a la altura de la nuca y los omóplatos, sintiendo un escalofriante Deja-Vú: Recordé que había sentido esa misma sensación de las piedritas hacia algunas horas en la habitación, antes de mi escape, y tres ideas dieron una estocada simultánea atravesándolas sienes y la frente: La primer sensación-pensamiento, fue que estaba viviendo una retrospectiva reciente, la segunda, que el tiempo estaba yendo a la inversa y tercero, que estaba repitiendo la misma actuación, escena. ¡Otro maldito y jodido loop! Pero con la misma rapidez, me desencajé las filosas ocurrencias y seguí caminando, con determinación.

Nuevamente surgieron alucinaciones. Quizá la idea de la muerte había tocado fibras sensibles y reactivas en mi subconsciente que no quería tocar.

"Vamos, no pienses en la muerte, piensa en la vida, piensa en la vida, la vida es bella! ¡La vida es bella, carajo!, ¡La realidad es bella, quieres volver a la realidad!, ¿recuerdas?" me atosigaba.

Inmediatamente después, una macabromista voz hizo titubear la determinación de seguir adelante “Hey, tal vez eres un condenado a muerte, quizá por eso sientes esa mórbida fascinación fetichista por la silla eléctrica, piensa en Linus Bragg, en George Stinney Jr., en este estado probablemente puedas experimentar tu propia electrocución, tal vez ya tengas los electrodos conectados a tu pierna y cabeza. ¡Es más, a lo mejor acaban de accionar el interruptor y la corriente de alto voltaje apenas acaba de hacer contacto con tu cuerpo y estás teniendo un desdoblamiento evasivo de la personalidad” e inmediatamente repliqué renegando "¡No, no, ssssh, ya cállate, yo soy yo, estoy seguro de eso, quiero estar seguro de eso!

Caminé unos minutos más, con la cabeza hecha “piedra aplanada”, “sapo contorsionado atorado en sí mismo”, “tortuga volteada, recostada sobre su espalda”

Se invitaron solas las alucinaciones. Alucinaciones que tomaron forma de "almas en pena". Eran seres descarnados, pseudo-transparentes, putrefactos, y algunos otros eran personas con rasgos que denotaban cansancio. “¿Ves lo que pasa cuando te pones a cavilar o invocar pensamientos sobre la muerte?” – Pensé.

Observé las almas, a las que podría describir como "vagabundos astrales", unos se veían algo nítido y otros difusos, borrosos. Unos flotantes y otros pesados, arrastrando sus pies, unos tenían pies completos, otros ya muy apenas y parecían garrotes. "Comprendí" aquí que estas eran realmente "almas" de personas fallecidas, de comatosos, de drogadictos que se habían quedado en el viaje, y... bueno. Percibí de inmediato dos características que compartían en común toda esa procesión de desdichadas almas caminantes: Todas parecían cansadas, exhaustas, perdidas. Como si hubiesen abandonado las esperanzas de regreso a sus vidas ordinarias, a sus cuerpos, rendidas. Y la otro era que parecía que no lograban verse entre ellas. Como si cada una estuviese orbitando alrededor de su propio mundo, que no les permitían ver el mundo de las demás almas, establecer contactos. Quizá por falta de sensibilidad, por egoísmo, o por bloqueos y auto-limitaciones, no lo sé. Pero eso fue lo que se me ocurrió en ese instante.

Las almas iban ahí todas zombies, siguiendo cada una sus rumbos, el extravío indeterminado, quizá por la eternidad, hasta que experimentaran la auténtica muerte, la segunda muerte: El olvido. Su propio olvido. Y quizá este profundo y macabro terror primigenio era o que les impedía extinguirse a pesar de su agotamiento.

Sea como sea, me recorrió el escalofrío y pude sentir nuevamente el palpitar de mi corazón. Me sentí vivo. Como un rayo, me golpeo la luz del impulso vital de la trascendencia: "Quiero ser alguien", "No quiero olvidarme de quién soy" "No quiero que me olviden" "No quiero olvidar" "No quiero el olvido", y muchas otras frases que parecieran sacadas de libros de motivación personal de bolsillo me acribillaban. "Quiero trascender" "No quiero ser un junkie" "No quiero ser un drogadicto haragán" "No quiero acabar en la calle" "Quiero hacer las cosas bien" "No quiero hacer lo que quiera, quiero hacer lo que debo" "Quiero hacer el bien" "Quiero hacer lo que es importante" "Quiero ser responsable" "Respetaré a los demás" "No juzgaré" "Me atreveré a ser feliz, a trascender, a darme a mí mismo totalmente" “Estudiaré duro, trabajaré duro” “Me esforzaré en mejorar las áreas matemáticas” “Pondré atención del dónde me encuentro, tendré sentido de la orientación, me esforzaré en entender los mapas”... fueron tantas cosas que me dije a mí mismo, a la vez que sentía una profunda pena pena por esas "almas en pena". Pero luego pensé que quizás ellas se habían puesto ahí por ellas mismas, que habían llegado a ese estado debido a que habían caído en las trampas de sus egos, de sus placeres, de sus ensimismamientos.

Así que seguí adelante, no sin antes ver antes, como si fuesen proyecciones de un proyector de cine, en el cielo, escenas del Bardo Tibetano. El reino intermedio entre la muerte y los renacimientos. "Dios, es Real... el Bardo es real" recuerdo que susurré... "real, es cierto, debo de seguir buscando mi camino de regreso a lo real, a la realidad" continué y proseguí mi intento de retorno.


Afrontar los hechos. Redención. Disolución convulsiva
de los efectos alucinógenos. Apresuré mi paso y no sé cómo ni cuándo fue que llegué a la calle de la casa de mi dadora de luciférica luz. A escasos metros, vi que había automóviles de lo que parecía ser una patrulla de policía o del ejército y una ambulancia. Justo afuera de su casa.  

"¡Mierda!, ¡Sí la mate! ¡Sí la maté! ¡Dios, no! Me detuve esperando que en cualquier momento sacaran su cuerpo, o posiblemente nuestros cuerpos de la casa, dentro de bolsas para cadáveres. Titubeé, y luego, en un acto de valentía, me animé con pesadez "Vamos, querías ser responsable ¿no? pues ahora tienes que demostrarlo y asumir las consecuencias, si debes de ir a la cárcel, entonces irás y cumplirás la condena, es el precio que debes de pagar por tu estupidez, quizá sólo así puedas madurar y valorar tu vida" Fue la auto-sentencia mental que me juzgó.

Caminé temeroso, pero con la sensación de que hacía lo correcto, de que me había redimido, y que debí llegar la resolución.

Me sentía fresco a pesar de haber corrido y caminado a toda prisa durante horas. Me sentía aliviado, a pesar de que me enfrentaría a violento, vengativo y corruptible puño de la ley.

Pero mientras más me acercaba, vi como la patrulla y la ambulancia de desvanecían en el aire, dejando sólo una camioneta oscura afuera. Volví a saltarme las rejas, entré a la casa sin seguro. Observé la biblia rota. Seguía rota y entré a la sala...

Ya estaba en casa, aunque no en la mía, ya habían transcurrido casi 5 horas luego de la ingesta del elíxir de la locura, y los efectos parecían desvancerse... ¿Qué más podía pasar ahora?...

Pues sí. Habrían de pasar más cosas. Cosas reveladoras.
 

つづく
Continuará...
..

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