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A veces pienso y presiento que irremediablemente moriré viejo, sólo, tonto, enfermo, débil, amargado y angustiado.
La certeza es tal que decaigo y me envuelvo y me retraigo en un capullo de sábanas, queriendo hundirme en algún hoyo negroque se formase en la cama, colapsar y dejar de existir de una vez por todas.
Me invade un sentimiento de soledad, de un vacío devorador de toda esperanza y ánimo que me lleva a olvidar como respirar...
Y...
Es entonces cuando bajo lentamente de la cama, atravieso la habitación con lentitud y pesadez de nube, casi arrastrándome como oruga hambrienta y herida. Desciendo las escaleras que parecieran interminables. Hago un esfuerzo supremo por abrir mis párpados de ciruela pasa. Me dirijo a la cocina, y me dispongo con todas las fuerzas que se me escapan a cada segundo, a hervir el agua, y preparar un café bien cargado (3 cucharadas son suficiente por ahora)...Termino y espero un larguísimo minuto a que se entibie un poco, entonces, a punto de desfallecer, en agonía y mareo de desahuciado, con sombría somnolencia, me acerco la taza lentamente, y sorbo el primer trago.

Y...
¡Entonces no hay más tristeza ni desgano, la sangre se dispara como maniáticos fuegos pirotécnicos, no hay más dudas sobre el futuro! ¡Todo lo sé! ¡Todo lo puedo! ¡Todo lo hago! ¡Vuelvo a tener la energía y la furia espermática de un toro tántrico! ¡La inteligencia y la rapidez mental suben diez tonos! ¡Si doy un talonazo puedo desviar de órbita al planeta y quebrar en millones de fracturas todas las placas téctonicas de la tierra!
Y...
Y entonces...
¡Y entonces ya!: Moraleja: El café es un excelente antidepresivo. Jo-jó.
La certeza es tal que decaigo y me envuelvo y me retraigo en un capullo de sábanas, queriendo hundirme en algún hoyo negroque se formase en la cama, colapsar y dejar de existir de una vez por todas.
Me invade un sentimiento de soledad, de un vacío devorador de toda esperanza y ánimo que me lleva a olvidar como respirar...
Y...
Es entonces cuando bajo lentamente de la cama, atravieso la habitación con lentitud y pesadez de nube, casi arrastrándome como oruga hambrienta y herida. Desciendo las escaleras que parecieran interminables. Hago un esfuerzo supremo por abrir mis párpados de ciruela pasa. Me dirijo a la cocina, y me dispongo con todas las fuerzas que se me escapan a cada segundo, a hervir el agua, y preparar un café bien cargado (3 cucharadas son suficiente por ahora)...Termino y espero un larguísimo minuto a que se entibie un poco, entonces, a punto de desfallecer, en agonía y mareo de desahuciado, con sombría somnolencia, me acerco la taza lentamente, y sorbo el primer trago.

Y...
¡Entonces no hay más tristeza ni desgano, la sangre se dispara como maniáticos fuegos pirotécnicos, no hay más dudas sobre el futuro! ¡Todo lo sé! ¡Todo lo puedo! ¡Todo lo hago! ¡Vuelvo a tener la energía y la furia espermática de un toro tántrico! ¡La inteligencia y la rapidez mental suben diez tonos! ¡Si doy un talonazo puedo desviar de órbita al planeta y quebrar en millones de fracturas todas las placas téctonicas de la tierra!
Y...
Y entonces...
¡Y entonces ya!: Moraleja: El café es un excelente antidepresivo. Jo-jó.
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