jueves, 25 de agosto de 2011

Cuentos malísimos: los más patéticos, estúpidos y absurdos que...ttsss XD

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Aprovechando que me encuentro en un estado emocional muy depresivo (estar aquí mata y enferma).
Recordé que hace unos meses me encontraba con un camarada "lúdico" con el cuál hicimos muchas actividades artísticas mamilezcas que rompen el umbral del absurdo. Tales como los chistes más estúpidos del mundo (enlace) (también llamados "metainfrarealistas, para recalcar su calidad de exageradamente absurdos).
Eran tiempos que, aunque eran deprimentes y desmoralizantes, tenía en lo que cabe, algo de bonito, ya que estaba practicando el sueño lúcido. De lo cual tomé bastantes apuntes de las experiencias de sueño controladas tan...maravillosas. Pero de eso habré de comentarlo luego, con más calma y algo más de estructuración.

Es entonces que anoche, por consecuencia del aburrimiento fatal que sufro aquí, me puse a rayonear las hojas del cuaderno, dejando que la mano escribiera lo que le viniera en su reching$%"ada gana, resultándo de este ejercicio de escritura automática 10 bonitos y estúpidos cuentos metainfrarealistas cargados de absurdismo propio de sociópatas desauhicados.

Como sea, y como sé que no pueden leer bien, ni mucho, transcribo solamente 5, para que no se les fundan las ya de por si muy jodidas neuronas.
Se recomienda leerse en noches de insomnio o de güeva osciosa, de esas que se pasan buscando cualquier tontería para leer en internet.
Bien, ya fue mucha palabrería, absurda también, aquí mi aportación al absurdo:

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1

Una vez la mamá le reprochó a Ruperto de 6 años, quien estaba comiendo en ese momento puras chucherías:

- Eres todo lo que comes, ¿sabes?

Entonces Ruperto soltó la barra de chocolate que estaba comiendo y se le lanzó de un brinco, directo a la yugular a su mamá y se la comió completa, con todo y huesos. Y una vez terminado, euctó y dijo mientras soltaba un sonoro y apestoso flato:

- "Ahora soy tú"

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2

Un día, el tiempo se cansó de transcurrir y se quedó aquí en esta línea de texto.


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3.

Un maestro que se creía muy listo, llegó una mañana al salón de clases donde impartía filosofía cuántica elemental a los niños de Segundo B.
Quizo poner en práctica una ocurrencia abstracta que se le había ocurrido hacía ya tiempo.

Entró al salón, los niños saludaron y guardaron silencio.
El maestro colocó los libros sobre el escritorio. Los recorrió con la vista uno a uno, con una sonrisa propia de los gurús que se sienten iluminados.
Los niños estaban atentos al maestro, y entonces el maestro alzó su dedo al aire y profirió:

"La verdad absoluta sólo puede ser expresada con carcajadas"

Y acto seguido, el maestro agrandó su sonrisa y río forzadamente, y se carcajeo, forzadamente también.
Los niños miraban al maestro sin decir palabra alguna, miraban serios, en aparente confusión y desentendimiento.

El maestro, que en un principio tuvo que forzarse a reír a carcajadas, ahora estaba riendo realmente a carcajadas, con sinceridad, esperando que alguno de sus alumnos lo entendiera, o que al menos uno se contagiara de dicho estado de euforia. Mas no fue así.
Fue hasta que Alonso, el niño con Down que siempre tenía espesas burbujas de mocos verdosos en sus fosas nasales, se levantó de su pupitre, y se dirigió directo al pizarrón
donde se recargaba el profe que se ahogaba de risa.
Se paro frente al maestro y le metió reverenda patada destesticulizadora, directa a la entrepierna.
El maestro perdió la voz de inmediato y cayó casi al instante de rodillas, luego se giró y cayó tendido en el suelo, en donde perdió completamente el aliento.

Alonso regresó a su pupitre y entonces todos los niños comenzaron a reír a carcajadas y a gritar de euforia, mientras el pobre hombre se revolcaba de dolor en el suelo.

Fue en ese instante que todos los niños y el maestro se iluminaron.
Y una luz cegadora llenó todo llenó el salón, la escuela, el pueblo, el estado, el país, el continente, el planeta, el sistema solar entero, la galaxia, hubo una explosión en cadena de supernovas, la existencia entera explotó e implosionó violentamente, convirtiéndose el universo en un non-plus ultra hoyo de luz blanca que engulló todos los hoyos negros y todos los universos colapsaron y el todo y la nada, toda la materia y la antimateria se hicieron uno solo y estalló con setecientos setenta y siete mil trillones de veces la intensidad del estallido del big bang...
Y un minuto más tarde el profe, empapado en sudor y los ojos hinchados, vino a decirme que escribiera esto y aquí estoy. Y aquí estás tú leyendolo y ya.
Fin por ahora. lol.

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4.

En la sala de partos, los doctores le dicen a la señora que está alumbrando:

- ¡Puje, puje señora, una vez más, ya casi está afuera, sólo un poco más, aquí viene, 3,2,1...!¡Ya! ¡Lo tenemos!

Y los médicos tomaron el prodcuto, lo envolvieron en una sábana gris y se lo mostraron a la mujer, la cual estaba empapada en sudor y lágrimas.

- ¡Felicidades señora! - exclamó el ginecobstetra congratulandola - ¡es una hermosa tortuga japonesa hembra!

De inmediato, el ginecoobstetra le dio una bofetada a la señora, se desgarró su bata quirúrgica, quedándose en ajustados calzoncillos rojos de latex, y gritó a todo pulmón:

- ¡Uaaaaaauuuuh! ¡Es hora del funk!

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5.

Toñito era un niño muy travieso. Y una noche, cuando todos estaban en la mesa a la hora de la cena. Toñito quizo hacer una travesura, y así lo hizo:
Toñito le tiró la sopa caliente en la cara a su mamá. La mamá de Toñito gritó muy fuerte porque le ardió. Toñito se fue corriendo riendo a carcajadas a encerrarse con llave en su cuarto, para que no le pegaran.
Ahí en su cuarto Toñito siguió riendose hasta caer agotado y se quedó dormido.
A la mañana siguiente, Toñito se dirigió a la sala para desayunar, pero no vió a nadie y la mesa tampoco estaba lista. Esto le pareció muy raro a Toñito y entonces se fue hacia la habitación de su mamá. Al abrir la puerta, vío que sus papás aún no se levantaban y estaban aún bajo las sábanas. Esto le molestó mucho a Toñito, porque él tenía hambre y ya era hora de que le dieran de comer.
Pensó que sus papás eran malos e irresponsables y entonces se acercó a ellos y enojado, les retiró de un jalón, las sábanas de un jalón con las que estaban cubiertos.

Toñito se asustó bastante cuando vió con horror que sus papás tenían los ojos hundidos y sus bocas bien abiertas, y sus cuerpos llenos de hormigas. Miles de hormigas y moscas, y gusanos. Muchos gusanos.

Toñito comprendió entonces que sus papás habían muerto de tristeza durante la noche, por su culpa, porque él era un niño muy malo.

Toñito comenzó a llorar arrepentido y se acercó a su mamá para pedirle perdón, pero se retiro de inmediato, dando un grito de espanto al ver que salió una enorme tarantula de la boca de ella.
Voltéo a ver a su papá y también de la boca de él salió algo: un cangrejo de los que son naranja con azul.

Toñito se dió cuenta de que sus papás estaban muertos. Que lo hecho hecho estaba y de que ya nada podía hacerse. Y se fue a su recámara llorando amargamente.
Se sentía el niño más malo del mundo. No sabía que hacer y se acostó en su cama y lloró toda la mañana y todo el día hasta que se hizo tarde, casi de noche.
Volvió a la recámara de sus papás y vió como ya casi no quedaba nada de ellos porque las hormigas y las larvas ya casi se los terminaban de comer.
Y ahí se quedó Toñito viendo como las hormigas se llevaban los últimos pedacitos de huesos de sus papás.
A las doce de la noche, sonó el reloj de la sala, con macabras campanadas.
Entonces vio como la neblina entraba por la puerta de la entrada de su casa. Y vio como la neblina tomo forma poco a poco hasta transformarse en un señor muy gordo y muy feo, con ojos rojos, muy rojos, que comenzó a caminar en dirección a Toñito, quien
estaba austadísimo, acorralado en la esquina de la sala.
El señor gordo de ojos rojos se bajo los pantalones y se sacó la pipí y se la sacudía bien recio y reía a carcajadas mientras se acercaba cada vez más hacia Toñito, quien temblaba incontrolablemente, aterrorizado.
El señor gordo de ojos rojos llegó finalmente en frente de Toñito, y ahí frenté a él, El señor gordo de ojos rojos lo sujeto de los cabellos y metió su pipi llena de granos verdes en la boca de Toñito.
Fin.

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Esto es todo por ahora, coño. Nos vemos, si es que no se me empeora este virus de la pusilamería. La paz sea con ustedes y pásenla bonito y coman mucho sushi. Si me llego a morir, sepúltenme por favor bajo tres toneladas de sushi con mucha salsa de soya.



Ahí se ven, larvas.
Paz.
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1 comentario:

stefany dijo...

el segundo fue muy bueno

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