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Por Jeff Foster
“Sin ti, no puedo vivir”.
“Tú me completas”.
“Sin ti, no soy nada”.
“Nunca me vayas a dejar”.
“Tú me completas”.
“Sin ti, no soy nada”.
“Nunca me vayas a dejar”.
Te vendieron una hermosa mentira sobre el amor.
Y en tu inocencia, compraste la mentira, la tomaste como verdad. Porque
todos a tu alrededor estaban haciendo lo mismo, y querías encajar, y
sentías miedo de estar solo, porque nunca te sumergiste en la alegría
oceánica de tu propia soledad para encontrar la seguridad allí.
Nadie viene a salvarte, ya ves. No hay ningún príncipe a caballo,
ninguna Julieta. Ninguna madre sustituta. No existe "Una Persona
Especial". No hay ningún mesías que venga a quitarte el dolor, tus
sentimientos de vacío, ese sentido de separación y abandono que te ha
acompañado desde que eras joven. Nadie será capaz de sentir y
metabolizar tus sentimientos por ti. Nadie puede vivir ni morir por ti.
Nadie tiene el poder de distraerte permanentemente. Nadie puede
apropiarse de ti o ser de tu propiedad.
Tu otra mitad, tu
realización, no está allá fuera, ya ves, sino en lo más profundo de ti.
Ella vive como tu propia presencia, arde como el Sol dentro de ti.
Muchas personas están buscando amor. O están tratando de aferrarse a un
amor que parece escaparse de entre sus dedos. O sienten que han perdido
el amor, y están tratando de recuperarlo, huyendo de los sentimientos
desagradables que implica una separación, adormeciéndose con más sueños,
alejándose cada vez más de sí mismos, buscando algo que nunca
encontrarán, soñando aún con "Una Persona Especial" que los complete,
que les ofrezca una vida de seguridad psicológica, que sea la perfecta
madre o padre que nunca tuvieron en la Tierra.
Por supuesto, eso no es amor. Eso es miedo, una huida inminente de la soledad.
Si puedes hallarlo o perderlo,
si puedes estar 'dentro' o 'fuera' de él,
si te puede ser dado o quitado,
si tienes que luchar por él, rogar por él, manipularte a ti o a los demás para obtenerlo,
si crees que debes merecértelo,
si duele,
entonces es la versión del amor que proviene de la mente.
Esta es la mentira.
Porque si amas, estás presente. Eso es todo.
si puedes estar 'dentro' o 'fuera' de él,
si te puede ser dado o quitado,
si tienes que luchar por él, rogar por él, manipularte a ti o a los demás para obtenerlo,
si crees que debes merecértelo,
si duele,
entonces es la versión del amor que proviene de la mente.
Esta es la mentira.
Porque si amas, estás presente. Eso es todo.
Si amas a alguien, estás presente con él. Tan presente como lo estás
contigo mismo. Tan presente como el Sol en el cielo, a pesar de las
nubes, las tormentas, del clima siempre cambiante.
No confundas
amor con deseo, entonces. El deseo viene y va. Arde intensamente, o la
flama se extingue. Pero el deseo no es congruente, como el amor.
No confundas amor con atracción. La atracción es hermosa, pero sube y
baja, se eleva y cae como las olas en el océano. Cambia con las
estaciones, los días, las horas, los momentos. No está siempre presente,
como el amor.
No confundas amor con sentimientos agradables,
cálidos, incluso con los extravagantes sentimientos de estar
"enamorado". Los sentimientos agradables se tornan en dolorosos muy
rápidamente. El amor no es ni placer ni dolor, no es éxtasis ni
sufrimiento; es el campo que perdura, incluso cuando la felicidad se
disuelve en desesperación.
No confundas amor con urgencia de
poseer o ser poseído por alguien. El amor no es un capricho. El amor no
es ni obsesivo ni compulsivo. El amor no se aferra a nada. El amor no
posee nada; es sin peso, sin forma. El amor no dice, "eres necesario
para mi felicidad, mi alegría, mi vida”. No, el amor es sinónimo de
libertad, tiene un corazón abierto de par en par, dispuesto a sentir
cada sentimiento, a pensar cada pensamiento.
El mito más
peligroso que hay es el que dice que otra persona puede 'hacerte' feliz.
No, no. La felicidad, la verdadera felicidad, la clase de felicidad que
no puede comprarse o venderse o empacarse sofisticadamente, es idéntica
a tu presencia, algo que nadie puede darte, y nadie puede quitarte. Si
buscas a alguien más para conseguir felicidad, siempre dependerás de él,
siempre sentirás miedo de perderlo, y el temor y el resentimiento
retumbarán por debajo de tu 'amor'. Te acostumbrarás a complacerlo,
adormecerás tus pensamientos y sentimientos, cerrarás tus ojos a la
verdad y vivirás en la fantasía y en la esperanza. Te harás infeliz para
ganar su amor, para mantenerlo a tu lado, para controlarlo. Te harás
infeliz tratando de hacerlo feliz... o forzándote a ti mismo a ser
feliz. Eso no es amor, es adicción a una persona. Es miedo disfrazado de
'romance'. Esta es la mentira.
Pero subyacente a cada adicción
está el anhelo por llegar a casa, por la Madre, en el sentido más
profundo de la palabra. Encuentra el sentido más profundo de casa dentro
de ti mismo, entonces. Haz de tu cuerpo tu hogar, de tu aliento y tu
vientre, a medida que se elevan y relajan en este momento presente.
Encuentra tu suelo en la sensación de estar vivo. Y en ese lugar de
presencia, pasa el tiempo con quienes te nutran, con quienes te ayuden a
sentirte vivo, con quienes resuenes y sean capaces de validar tus
preciosos sentimientos. Cuando no tratas de ganar amor, cuando no huyes
de tus propios sentimientos dolorosos, puedes darte el lujo de amar y
ser amado verdaderamente.
Invita a los demás a tu campo de amor;
deja que se queden, deja que se vayan, honra su camino y recorre el
tuyo con valentía. Pero ni por un momento compres la mentira de que la
salvación se encuentra en cualquier lugar excepto en el corazón de tu
exquisita presencia, en el lugar donde no hay nadie que pueda ser
salvado. El lugar en donde tocas la vida, y en donde eres tocado a
cambio, momento a momento...
Porque tú eres El Indicado, El Uno, tu mejor amante, compañero, amigo, gurú y Madre.
Y así puedes decirte a ti mismo:
“Sin ti, no puedo vivir”.
“Tú me completas”.
“Sin ti, no soy nada”.
“Nunca me vayas a dejar”.
“Tú me completas”.
“Sin ti, no soy nada”.
“Nunca me vayas a dejar”.
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